CAPÍTULO 13

Candy Candy y sus personajes no me pertenecen

Después de escuchar el nombre del hombre que tenía parado enfrente de ella, Candy al fin reaccionó:

-Disculpe que no le haya contestado, es que me agarró en un momento de distracción. Aunque si lo pienso bien, creo que poner atención no es mi fuerte. Mi nombre es Candice White, mucho gusto-dijo ella extendiendo su mano al extraño.

-El gusto es mío señorita Candice-contestó el con un galante gesto.

-Y dígame, ¿ha visto al Doctor Johnson? Lo que pasa es que conocí al doctor hace un par de años en Inglaterra, y como ahorita me tomé un tiempo para mí, decidí venir a visitarlo.

-Yo también estaba buscándolo, la verdad no sé a dónde pudo ir. Por lo visto usted es inglés, ¿verdad?

-Así es, soy inglés. ¿Usted tampoco es de aquí, no es cierto?, su acento no parece sudafricano.

-No, yo soy americana. De hecho, soy veterinaria, hace más de medio año que estoy viviendo aquí en Sudáfrica, porque quería especializarme en animales salvajes.

-Mire que casualidad, yo no soy veterinario, pero ambos trabajamos con animales, solo que yo estudié biología y trabajo como investigador en una universidad de Londres.

Mientras los dos jóvenes conversaban, el todoterreno llegó y se estacionó cerca de ellos. George venía con Albert y este se preguntaba con quien estaba hablando Candy. Los hombres se bajaron y George alcanzó a ver a Terrence.

-¡Terry, pero qué sorpresa tan más agradable! ¿Por qué no me avisaste que venías muchacho?-preguntó Johnson acercándose y abrazando al joven.

-Pues ya ves George, yo tampoco sabía que venía, pero aquí me tienes-contestó el con una sonrisa.

Albert como queriendo dejar claro quien era, se acercó a la rubia y le dio un pequeño beso en los labios, causando el sonrojo de Candy y la curiosidad de Terry.

-¿No me vas a presentar a tu amigo George?-preguntó el rubio

-Oh sí, perdona Albert, el es Terrence, lo conocí en una conferencia en Londres y desde ese momento hemos estado en contacto por cuestiones de trabajo.

Albert le extendió la mano a Terry y le dijo:

-Mucho gusto Terrence, yo soy Albert.

-Un placer Albert, pero por favor llámeme Terry, así me siento más en confianza.

-Está bien, gracias por la confianza.

-Supongo que ya conociste a Candy, ¿verdad Terry?-preguntó George.

-Si claro, hace rato tuve el placer de conocerla.

Los cuatro entraron a la base y siguieron conversando. Después de un par de horas, Terry se despidió y dijo que tenía que regresar a su hotel, pues estaba algo cansado y necesitaba descansar. Se puso de acuerdo con George para regresar en la mañana, porque quería hacer una especie de Safari por la reserva y distraerse un rato.

Cuando los rubios y George quedaron solos, Albert le preguntó al doctor:

-¿Por qué nunca me habías contado de Terry?

-Supongo que lo olvidé, hace dos años que lo conocí, ¿te acuerdas cuando fui a dar una conferencia sobre la esterilización de elefantes en Londres?

-Ajá, si recuerdo.

-Pues ahí lo vi y el se me acercó porque quería conocer más sobre el tema. Conversamos un rato y el amablemente me invitó a comer y a dar una vuelta por la ciudad. Entonces yo le dije, que cuando el quisiera venir para acá, me avisara porque yo mismo me encargaría de atenderlo. Pero parece que es un poco cabeza dura porque ni siquiera sabía yo que el planeaba venir.

-Mmm ya veo. Pues tenemos que ser hospitalarios con el.

-Así es, bueno chicos, si me disculpan yo me voy a dormir un rato. Como que el calor me ha dado un poco de pereza-dijo George dando un gran bostezo.

-Cuidado que nos vas a tragar jajajaja-dijo Albert.

Al ver que George se alejaba, Albert le preguntó a Candy:

-¿Y qué tanto platicabas con Terry Candy?-dijo el con mirada inquisitiva.

Candy lo notó, y comenzó a reírse, así que le contestó:

-¿Acaso estás celoso?

-Claro que no, yo solo te estoy haciendo una pregunta para tener un tema de conversación-dijo el guapo rubio con los brazos cruzados y cerrando los ojos.

-Pues cosas triviales, le dije que soy veterinaria y el me comentó que es biólogo y que trabaja en una universidad de Londres, solo que no me dijo cuál. Sabes, me pareció un muchacho muy agradable, siempre he tenido la impresión de que los ingleses son algo pedantes, pero este parecía ser diferente. Además, ¿te diste cuenta del intenso azul de sus ojos?, parecía que estaba viendo un par de zafiros-dijo ella con cara pensativa.

-Candy, ya estuvo bueno. Por qué mejor no vas y se lo dices, por lo visto a el también le pareciste muy "agradable"-dijo Albert con un tono de reclamo

-Jajaja, está bien. No te enojes, solo quería hacerte rabiar. ¿Que no te das cuenta que solo te estoy fastidiando?-contestó ella rodeando su cintura con sus esbeltos brazos.

-Como de costumbre, ¿no?-dijo el poniéndose tenso.

Candy lo apretó más e hizo que el se volteara para mirarla. Ella lo veía intensamente y Albert poco a poco comenzó a sonreír.

-Candy, eres la única persona que tiene el poder de hacerme sentir feliz y en un segundo cambiar mi humor. No juegues con mis sentimientos-dijo haciendo una mueca de enojo fingido.

-¿Eso quiere decir que ya no estás enojado?

-No estoy enojado, solo me puse un poquitito celoso, pero nada grave.

-Está bien- y comenzó a besarlo despacio. Poco a poco Albert tomó el control de la situación y la abrazó más fuerte. Con un suave movimiento de su lengua, pidió permiso para entrar a la boca de ella y comenzó a jugar deliciosamente con la lengua de Candy.

Esto hizo que Candy le echara los brazos alrededor del cuello mientras el enredaba sus dedos en los rizos rubios. De repente, Candy soltó un pequeño gemido por las maravillosas sensaciones que solo Albert podía hacerla sentir. Al escuchar el gemido de su novia, paró y solo la abrazó. Se sentía orgulloso de ser el primero en enseñar a Candy esas demostraciones físicas de amor, y también deseaba ser el único en deleitarse con ella.

Ella comprendió que el no quería ponerla en una situación incómoda, pero a decir verdad, incomodidad era lo que menos sentía, al contrario se sentía extasiada por la manera en que Albert la besaba.

-Me tengo que ir Candy, voy a arreglar unas cuantas cosas en mi casa. Ya es un poco tarde, mañana te veo princesa, adiós.

-Hasta mañana Albert, te amo no lo olvides.

Mientras tanto, en uno de los hoteles más lujosos de Pretoria, el chico inglés descansaba tranquilamente en su habitación. El realmente no necesitaba trabajar, porque su padre era nada menos que Richard Grandchester, uno de los más altos duques en el Reino Unido. Así que auque no quisiera, la sangre real corría por sus venas. Sin embargo, el sentía que ese tipo de vida no encajaba con el de el. Sus padres se habían separado cuando el apenas era un niño, cosa que a el le afectó grandemente.

Su niñez y adolescencia las pasaba en un ir y venir de casa de sus padres, pues su madre era una actriz americana muy famosa, Eleanor Baker. La verdad nunca tuvo una relación estrecha con su padre, pues el constantemente peleaba con el duque por haberse casado nuevamente y a su madrastra la odiaba terriblemente.

En cuanto a su madre, al principio la relación era muy tirante, pero conforme fue madurando física y emocionalmente las cosas cambiaron radicalmente, ya que el por fin pudo desechar ese rencor contra ella y comenzó a demostrarle lo mucho que la amaba.

Al cumplir 18 años, ingresó a la universidad, ya que estaba decidido a no seguir usando el dinero de su padre, pues este cada vez que podía se lo echaba en cara. La biología le atraía demasiado y decidió que eso era lo que el estudiaría. En el campus, conoció a una linda muchacha de largos cabellos castaños ondulados y hermosos ojos azules. Karen Klaise era su nombre.

Realmente el nunca había tenido problemas con las chicas, pues debido a su atractivo físico y poderosa posición social, nunca le faltaban "amigas" con las cuales pasar el rato. Al conocer a Karen le impresionó que ella parecía no notar su existencia, ya que por más que el trataba de llamar su atención esta no le daba la menor importancia.

Eso fue como un reto para su orgullo masculino, y dijo que tarde o temprano esa chica sería para el. Un día, obstruyéndole el paso, se paró enfrente de ella y le dijo:

-Hola Karen, que linda te ves hoy-dijo sonriendo de medio lado

Ella solo se limitó a seguir su camino y le contestó:

-Gracias-y dicho esto trató de seguir caminando pero el se lo impidió.

-¿Solo gracias?, ¿que tal si hoy en la noche te llevo a cenar?

-¿Es que acaso te debo algo?, ¡quítate de mi camino ahora mismo!-gritó ella llamando la atención de los demás estudiantes en el pasillo.

Terry avergonzado se hizo a un lado y la dejó seguir su camino. Esto lo único que logró fue hacer que Terry siguiera molestándola, pero ella siempre que lo veía le ponía mala cara o era grosera con el.

Habían pasado dos años y Terry se dijo que era imposible que aquella chica alguna ves se fijara en el. Justó cuando iba a darse por vencido, la encontró en el jardín de la universidad sollozando. A el se le oprimió el corazón pues nunca la había visto llorar, según el, ella era una chica muy fuerte. Se le acercó y le preguntó:

-¿Por qué lloras Karen, hay algo que pueda hacer para ayudarte?

-Tú otra vez, por favor, deja de molestarme-dijo tratando inútilmente de esconder sus lágrimas.

-Solo quiero ayudarte-dijo el con un toque de dulzura en su voz.

-No creo que haya algo que puedas hacer.

-Bueno, quizá tengas razón. Pero creo que te haría muy bien sacar todo lo que llevas dentro, si tú quieres, yo puedo escucharte. No quiero molestarte, solo déjame ser tu amigo, ¿quieres?

Karen no podía creerlo, el chico arrogante y rebelde que ella conocía, le estaba ofreciendo su ayuda sin esperar nada a cambio. Entonces decidió contarle lo que le sucedía.

Desde ese momento, ella y Terry se hicieron amigos, el ya no la presionaba, al contrario, con ella solamente podía demostrar quien era en realidad. Después de algunos meses el le pidió que fuera su novia, y ella por fin lo aceptó, causando una verdadera dicha para Terry. La amaba con locura, porque si que le había costado trabajo convencerla.

Todo parecía ir bien entre ellos, hasta que un día el le propuso que se casaran. Esto sorprendió mucho a Karen, pero ella sentía que no estaba preparada para el matrimonio, pensaba que eso no era para ella.

Terry se desilusionó mucho. Nunca pensó que ella le rechazaría, el quería hacer las cosas de manera más formal pero Karen se resistía. Hablaron mucho sobre el tema y decidieron que lo mejor era darse un tiempo, quizá la distancia los ayudaría a comprender si realmente estaban hechos el uno para el otro.

Dolido, Terry pensó que le caería bien salir de viaje, pues no podía ir a algún lugar sin recordar a Karen. Fue así como decidió ir a Sudáfrica y encontrarse con el doctor Johnson, era probable que el estar en una tierra tan lejana y tan diferente sanara sus heridas del corazón.

Todos esos pensamientos llegaban a su mente, si que no le había ido bien en el amor. De repente recordó a Candy, que linda era aquella rubia. Su carácter era dulce, y esos ojos, nunca había visto unos ojos verdes tan bellos como los de Candy.

Pero por lo que observó, la rubia tenía dueño, otro rubio como ella. Sin saber por qué, sintió que el y Candy podían ser buenos amigos, ya que aunque reconocía que era una mujer muy bella, el no podía ver a ninguna mujer como a Karen. Solo ella estaba en su mente y corazón por lo que dudaba mucho que esos sentimientos fueran a cambiar.

Continuará...

Nota: Hola de nuevo mis queridas amigas. Tuve un tiempito de escribir y aproveché para subir otro capítulo de esta historia, esperando que sea de su agrado. Me han hecho muy feliz todos los comentarios que recibí, creo que el capítulo pasado fue el que más reviews ha tenido en todo el fic. Les estoy muy agradecida. Ahora bien, hay algo que me gustaría aclararles. Al leer los comentarios, pude ver que hay chicas que prefieren a Albert y otras que de seguro prefieren a Terry, pues me dijeron que con la aparición del chico inglés las cosas se pondrían interesantes. Lamento decirles, que yo soy Albertfan de hueso colorado, por lo que en el fic Albert quedará junto a Candy al final. Así que les digo a las chicas que prefieren a Albert que no se preocupen, Terry no será ningún problema en la relación de los dos rubios, les adelanto que habrán algunos roces, pero muy leves, nada de que preocuparse. En cuanto a las chicas Terrytanas, quiero decirles que es un honor que se hayan interesado en esta humilde historia, es un gran halago. Lamentablemente, en este fic, Terry no se verá interesado románticamente en Candy, pues solo puede pensar en Karen. Y ya no les platico más porque si no, ya no van a querer leerme jajaja. De todas maneras, a todas les agradezco infinitamente por sus comentarios y pedirles que no dejen de mandarme todos sus comentarios, pues estos son los que me dan las fuerzas para continuar.

Quiero hacer un agradecimiento especial a las lindísimas chicas que me dejaron sus comentarios, Vane234, Pauli, Lore de Brower, Jenny, Arual y Lucero. Y si es que hay algunas que leen anónimamente se los agradezco de corazón también.

Hasta el próximo capítulo. Cuídense mucho y éxito!