Hola a todos a mi capítulo número trece de este fanfic!

Quiero agradecer a todos los que siguen, comentan, y dan favorito a mi historia!

No soy dueño de ningún personaje, eso es trabajo de Riordan. Aunque me hubiese gustado que las versiones de cine fuesen un poquito más fieles a los libros.

Capítulo 13: Little Monster

A primera vista, las cosas no parecían tan diferentes a como las recordaba. Bueno, sin contar con la ausencia de la voz chillona de Chase.

Pero no podía evitar percibir la disconformidad en el aire, no solo por el envenenamiento a Thalia, sino también por la presencia de Tántalo. Tia debe de estar sobre esforzándose a la hora de avivar el fuego de la hoguera para traer esperanza a los corazones de los campistas.

Tampoco podía obviar el aspecto enfermizo del campamento, con la hierba del prado de un color amarillo pálido y las marcas de fuego en la ladera de la colina, resaltando como cicatrices. Toda la gente armada ante cualquier ataque que sobrepase la barrera, incluso las ninfas, quienes se hallaban en las copas de los árboles armadas con arcos y flechas.

Mientras nos encaminábamos a la Casa Grande, vi a un montón de niños del verano pasado, inquietos en sus lugares de vigilancia, pero sin decir palabra alguna. Tan solo dedicaban algunas miradas de extrañeza a Tyson, pero solo duraban segundos al ver que venía hablando de lo más bien con Clar. Sin darse cuenta, Castellan y Chase habían convertido al campamento en al mucho más similar al Campamento Júpiter, les habían abierto los ojos a los habitantes, de que en cualquier momento tendrían que estar alerta y entrenarse mucho más. Esto no era un juego.

Eso me hizo acordar que tendría que ayudarle a Hylla y a Reyna a entrenar una vez que las saque de la isla de Circe. Creo que voy a tener que pedir prestado a la cabina de Apolo algunos elementos de arte para dibujarme con tinta y niebla el tatuaje romano, sino me será mucho más complicado el extraer a las chicas sin tratar de generar una revuelta.

Mientras caminaba perdido en mis pensamientos, pude oír fragmentos de la charla que mi hermano y mi novia tenían, a lo cual tuve que contenerme la risa, pues preguntaba por cada pequeña cosa que divisaba, haciendo que Clar suspirase cada diez segundos. Casi de la misma manera que cuando trajimos a Christian la primera vez a conocer el lugar.


Cuando llegamos a la Casa Grande, encontramos a Quirón en su apartamento, escuchando su maravillosa música de los años sesenta que todos adorábamos oír. Tanto que había veces que íbamos desesperados a pedirle prestado uno que otro disco.

Para matar a los pájaros de Estínfalo. Claro, de otra forma solo lo utilizaríamos para hacerles puntería con la primera piedra que encontrásemos. Incluso Arty tomó algunos para destruirlos con sus flechas.

Nada más verlo, Tyson se detuvo en seco. Sabía perfectamente lo que venía, así que hice lo más sabio que puede existir…me di la vuelta y me mordía la lengua, cosa que Clar vio extrañada.

-Poni! – es genial la cara que pone Quirón cada vez que Tyson lo llama así. Él ya había perdido las esperanzas en tratar de enseñarle a mi hermano que no era un maldito poni.

Quirón se volvió con aire ofendido. Clar estaba riéndose a carcajadas y yo lo disimulaba bastante bien, pues tan solo tenía una pequeña sonrisa en mi cara.

-Hola, niña. Y Percy, cielos. Has crecido mucho este año- menos mal, odiaría seguir siendo un enano que puede ser llevado en los hombros de su novia como un saco de papas.

-Clarisse ha dicho que te han echado para reemplazarte con un idiota que debería de estar en los Campos de Castigo tratando de alcanzar un fruto- voy a amar el momento en que lo vea y empiece a torturarlo psicológicamente.

-Despedido! Bueno, alguien debía cargar con la culpa porque el señor Zeus estaba sumamente disgustado. El árbol que creó con el espíritu de su hija ha sido envenenado! El señor D tenía que castigar a alguien- para eso le hubiesen dado un látigo y que se auto flagele. Después de todo, es su trabajo el cuidar del Campamento Mestizo.

-A alguien que no fuera él – refunfuñe de solo pensar que pudo haberle echado la culpa a Hestia, cosa que, si hubiese sucedido, tendría los segundos contados.

-Sin embargo, algunos en el Olimpo ya no confían en mí, dadas las circunstancias- y ahí volvemos al punto de que todos se vuelven unos paranoicos, al menos sé que esta vez es en menor grado y que están más atentos a lo que sucede. Zeus está realmente escuchando los consejos de sus pares como un rey debería de hacerlo.

-Sé que me será imposible el poder ayudarte en algo, pero si te sirve, puedes ir al Olimpo y decirle a mi tío que he podido quitar el veneno sustancial que le inyectaron al pino. Sigue envenenado, pero en mucho menor medida, lo que hace que tengamos más tiempo para hallar una cura- especifico lo más detallado posible sin revelar demasiado a la vez. Sería una gran sorpresa si se enterasen que Thals es consciente en esa forma.

Quirón me miró con sorpresa. De la misma forma que lo hicieron Clar y Tyson, en menor medida él, ya que me había visto practicar en clases de química a la hora de sacar ácido de un frasco sin utilizar instrumental requerido.

-Có-có-cómo lo hiciste? – no te culpo, no es común ver a alguien que pueda dominar los fluidos de tal manera para curar o matar a alguien.

-Practica, nunca se sabe que pueda ocurrir en las misiones. Así que es mejor estar preparado. Detestaría ver a alguien fallecer en mis brazos por mi incompetencia- aún me odio por no haber podido salvar a Zoe. Realmente me odio.

Pude ver un destello de orgullo en los ojos del entrenador, un destello que evité ver. No es algo de lo que estoy orgulloso, es algo que debí de aprender la primera vez en lugar de estar jugando como un crío.

-Entonces, ya sabemos quién es el responsable. Castellan y su séquito, porque obviamente no va a hacer todo el trabajo solo, y más si fue revocado de las barreras del campamento- explayo mi pensamiento para que al menos pueda distraerlo de pensamiento fatídicos.

-Quizá. Pero temo que me consideran responsable a mí porque no lo impedí ni puedo curar al árbol. Antes le quedaban unas semanas de vida, pero ahora con tu ayuda será un poco más de tiempo. Espero que puedan conseguirlo- oye! Que yo sepa tu currículum dice que eres entrenador de héroes no un maldito boticario con solución a todas las pestes provenientes del Tártaro…

Quirón cerró las alforjas y pulsó el stop de su equipo de música. Luego se volvió, puso una mano en mi hombro y me miró a los ojos.

-Percy, tienes que prometerme que no actuarás de manera irreflexiva. Ya le dije a tu madre que no quería que vinieras este verano, es demasiado peligroso. Pero ya que has venido, quédate, entrénate a fondo y aprende a pelear. Y no salgas de aquí- no crees que me pides demasiado? Es como pedir que nunca más vuelvas a comer tu chocolate.

Era cierto, si todavía actuase como aquel niñato que era la primera vez, pondría en mucho peligro a las personas que quiero. Pero ahora eso no así, me quedaré…hasta que sea hora de partir al mar de los monstruos. Mientras tanto me preocupare en entrenar a todos los que pueda, magnificando sus rendimientos. Pero, primero que nada, tendré que hablar con Silena para que solucione su problema, lo último que necesito es que muera y destruya emocionalmente a Clar. Maldita sea la hora en que se dejó llevar por una cara bonita y terminó siendo manipulada para llevar a cabo los planes de Kronos.

En un intento de ofuscar el ambiente deprimente que nos estaba empezando a rodear, decido responderle lúdicamente.

-Se lo prometo por mi honor de niño explorador- y levantando dos dedos e irguiéndome, saco unas risas de mis acompañantes. Aún tengo ese toque para eliminar esos momentos depresivos.

-Muy bien. Quizá recobre mi buen nombre y pueda volver. Hasta entonces, iré primero al Olimpo a informar sobre lo que hiciste y, luego a visitar a mis parientes salvajes en los Everglades. Tal vez ellos conozcan algún antídoto contra el veneno que a mí se me ha olvidado. En todo caso, permaneceré en el exilio hasta que este asunto quede resuelto… de un modo u otro- dijo Quirón, al parecer más aliviado. Cosa que agradezco, porque la vez anterior hizo prometer a la estúpida de Chase que debía protegerme las veinticuatro horas del día.

La caracola resonó en todo el valle. No me había percatado de lo tarde que se había hecho. Era la hora de reunirse con todos los campistas para cenar.

-Tienen que irse. Encontraran a su nuevo director en el pabellón- ni me lo recuerdes amigo…ya estoy perdiendo el apetito de solo pensar en eso.

Y dicho esto, salió del apartamento y cruzó el vestíbulo con un redoble de cascos, mientras Tyson le gritaba:

-Poni, no te vayas! – por más que intentamos evitar reírnos con Clar, fracasamos estrepitosamente, Tyson se ponía muy dramático cada vez que Quirón se despedía.


El sol se estaba poniendo tras el pabellón del comedor cuando los campistas salieron de sus cabañas y se encaminaron hacia allí. Con Tyson los miramos desfilar mientras permanecíamos apoyados contra una columna de mármol. Habíamos acompañado a Clar a su cabina para que cambie su muda de ropa y se limpie las manchas de suciedad que había recibido durante la pelea contra los toros.

Luego de unos diez minutos pasó Clarisse, encabezando el grupo de la cabaña de Ares. Había logrado evitar que llevase su brazo en un cabestrillo. Aunque no puedo decir lo mismo del cartel que los Stoll le habían pegado en la espalda un trozo de papel que ponía: «¡Muuuu!». Llamándola con un gesto de la mano, ella se acercó rápidamente a donde me encontraba y, velozmente le quité el papel pegado, haciéndolo un bollo y dándole un beso en la mejilla. Ella me miró extrañada en un principio, pero luego sonrió y volvió a su fila.

Iba a tener una hermosa y larga plática con los Stoll, con respecto a quienes deben hacerles bromas mientras yo esté aquí. Mientras no molesten a Clar, Katie y Lou, no tengo ningún problema. Las últimas dos en recomendación si quieren que en un futuro los tengan en cuenta como posibles parejas.

Cuando hubo desfilado todo el mundo, entré con Tyson en el pabellón y lo guie entre las mesas. Las conversaciones se apagaron al instante y todas las cabezas se volvían a nuestro paso.

-Quién ha invitado a… eso? - murmuró alguien en la mesa de Apolo.

-Lee, enséñale a tu hermano modales por favor- respondo lo suficientemente alto para que toda la mesa me oiga, silenciándolos efectivamente.

Desde la mesa principal el tarado de Dionisio comenzó a balbucear:

-Vaya, vaya, pero si es Peter Johnson… lo único que me quedaba por ver en este milenio- créeme, nadie en el consejo olímpico quiere verte, no solo apestas a vino picado, sino que tu ropa mata los ojos de la gente.

Sonreí descaradamente ante lo que estaba a punto de decir.

-Es un gusto volver a verlo Señor…Donoso? Espera, creo que era Gomoso…o acaso era Goloso? Rayos! Todos suenan similares…- todos podemos jugar a reinventar el nombre de una persona, gordito.

Todos se habían vuelto a callar, por excepción de la cabina de Hermes, ellos habían tenido que salir del comedor para reírse a todo pulmón. Incluso Tia estaba tratando de ahogar una risita desde su lugar en la mesa de mi cabina.

Dionisio carraspeó un poco y volvió su mirada a Tántalo.

-A este chaval has de vigilarlo. Es el hijo de Poseidón, ya sabes- no puede vigilar a su comida sin que se le escape, y le pides que me vigile…Geez.

-Ah! Ése… Yo soy Tántalo. En misión especial hasta… bueno, hasta que el señor Dionisio decida otra cosa. En cuanto a ti, Perseo Jackson, espero que te abstengas de provocar más problemas- las únicas personas que podían mandarme eran mis esposas y mi madre…o en su defecto Caos. Y como veo que no eres ninguno de ellas, púdrete!

-Problemas? – pregunté, queriendo ver que me mostrarían esta vez, ya que no había incendiado la escuela en esta línea del tiempo.

Dionisio chasqueó los dedos y aparecieron sobre la mesa varios periódicos viejos, para ser más específicos, las ediciones del año pasado del New York Post.

-Sí, problemas. Causaste un montón el verano pasado, según tengo entendido- suponiendo que todo lo que oíste vino de un dios resentido porque su padre lo castigó, y saca sus frustraciones con los semidioses que se supone que debe cuidar…deja mucho que desear.

-Oh! Sí, lo recuerdo! Esa foto fue tomada luego de comer unas sabrosas hamburguesas, con unas deliciosas papas fritas y una refrescante soda…El solo pensar en ello me dio hambre, a ti no Tántalo? – vamos desecho humano, respóndeme, acaso no eras tan bravo hace unos segundos?

Un sátiro se aproximó nervioso a Tántalo y le puso delante un plato de asado. Se relamió los labios, miró su copa vacía y dijo:

-Gaseosa. Una Barq's especial del sesenta y siete- sigo pensando que eres un masoquista, hace siglos debiste aprender que nunca podrás probar bocado alguno.

-Vamos, adelante, viejo amigo. Tal vez ahora funcione- de la misma manera que tú puedes brindar todas las noches con una rebosante copa de vino tinto.

Es una lástima, si fuese un poco, tan solo un poco, más humilde, le diría la solución más fácil para que pueda volver a beber durante su estadía en el campamento.

Una verdadera lástima.

Traté de no reírme demasiado fuerte ante el espectáculo que Tántalo estaba dando a todos los campistas. Moviéndose como un niño desesperado por un juguete. Dionisio ocultaba su sonrisa tras su máscara de apatía, pero Tia ni se esforzaba. Luego de haberla hecho comer esa maldita cena hace ya muchos siglos, ella siempre le tuvo demasiado rencor. Hasta el punto de gozar viéndolo sufrir.

Imaginen mi cara de sorpresa cuando ella me lo confesó y agachó su cabeza creyendo que la iba a despreciar y alejarme de ella por eso. Yo tan solo pude reírme hasta que mi pecho empezó a arder para hacerle entender que no tenía que preocuparse por pequeñeces.

-Maldita sea! – pobrecito, debes tener mucha hambre…

-Vaya. Quizá unos cuantos días más. Créeme, camarada, trabajar en este campamento ya es bastante tortura. Estoy seguro de que tu antigua maldición acabará desvaneciéndose tarde o temprano- eso ni tú te lo crees Dionisio.

-Tarde o temprano…Te haces una idea de lo seca que se te queda la garganta después de tres mil años? – no tres mil años, pero un buen mes bajo los cuidados de mi amado ex padrastro cuando era un niño de cinco años.

-En vida debió de hacer algo terrible para recibir semejante carga. Qué, exactamente? – pregunté burlonamente.

Él entornó los ojos. A sus espaldas, los sátiros sacudían la cabeza intentando prevenirme. Pero incluso ellos no podían evitar que las comisuras de sus labios asciendan.

-Voy a estar vigilándote, Percy Jackson. No quiero problemas en mi campamento- dijo Tántalo.

-Tu campamento ya tiene problemas por si no te diste cuenta- respondo secamente, estaba cansado de verle la cara ya.

-Venga, ve a sentarte ya, Johnson. Creo que esa mesa de allí es la tuya: ésa a la que nadie quiere sentarse- yo que tú me fijaría dos veces en esa afirmación, o es que acaso desprecias hasta ese punto a tu tía?

Respiré profundamente, me importaba una mierda lo que la gente opinase de mí a menos que venga de alguien que aprecio. Pero aquí a que denigres de tal manera a una de las chicas, pone en juego mi paciencia. Tan solo espero que no llegue a un punto crítico o terminará de la misma forma que Chase en la línea temporal anterior.

-Vamos, Tyson- le dije.

-No, no. El monstruo se queda aquí. Tenemos que decidir qué hacemos con esto- te lo juro Tántalo, voy a destriparte aquí mismo de tal manera que Arty me aplaudiría.

-Con él. Se llama Tyson. Y se sentará conmigo- declaro toscamente.

El preso alzó una ceja. Inhalo profundamente, despejando mi mente, eliminando toda idea homicida que mi cerebro está produciendo sin parar.

En serio, creo que definitivamente necesito esos títeres para explicarle a gente estúpida como Tántalo, o Ares cuando tiene una idea fija y no quiere dar el brazo a torcer.

-Mira, no sé si es la falta de comida por la que fuiste castigado, o por haberte comido a tu familia, pero por si no lo sabes Tyson, es un cíclope, y por ende es un hijo de Poseidón, el cual es mi padre, lo que lo haría mi medio hermano. O acaso quieres que te haga un dibujo para que tu famélico cerebro lo entienda? Sin contar además que Tyson ha salvado el campamento. Machacó a uno de esos toros de bronce. Si no, habrían quemado este lugar entero- vi un brillo de orgullo en los ojos de Tia, ella siempre adoraba cuando la gente protegía a su familia sin importar como fuesen.

-Sí, habría sido una verdadera lástima…- respondió con un tono despechado, creyendo seguro que aún él era inocente de lo que se le acusaba.

Dionisio reprimió una risita. Intentó hacer uno de sus comentarios sarcásticos, pero luego de ver la cara de Hestia, bajó rápidamente la cabeza y se dio cuenta que estaba metiendo la pata y que ahora estaba hasta el cuello de mierda.

-Ven Tyson, vamos a sentarnos y disfrutemos la comida- poniendo una mano en su hombro y guiándolo hasta la mesa.

Caminamos hasta la mesa de Poseidón y me desplomé penosamente en el banco. Una ninfa del bosque me trajo un plato de pizza olímpica de olivas y pepperoni, pero yo no tenía hambre. De hecho, desde que los síntomas comenzaron, era muy extraño que vuelva a comer demasiado a menos que fuese algo dulce. Tia se había dado cuenta, pues había retomado su lugar en mi regazo y me indicaba que comiese con una mirada anhelante. No podía negarme ante los pedidos que cualquiera de ellas me dijese.

Comí un poco, para satisfacer a mi esposa, y de paso para promover a Tyson a que hiciese lo mismo. También le enseñe a hacer ofrendas en el brasero de bronce, a pesar de que mi plato no tuviese lo favorito de mi padre o mis esposas, lo recompondría para la cena.

Antes de darme cuenta, varios minutos habían pasado y yo tan solo había comido dos porciones de pizza, sin preocuparme demasiado y más enfocado en alimentar a Tia que sonreía desde mi regazo. Alegrándome un poco más el día.

Hasta que Tántalo volvió a hablar con su voz rasposa que hacía chirriar mis oídos.

-En mi primer día de mando, quiero decir que estar aquí resulta un castigo muy agradable. A lo largo del verano espero torturar, quiero decir, interaccionar con cada uno de vosotros; todos tenéis pinta de ser nutri… eh, buenos chicos-

Dionisio aplaudió educadamente y los sátiros lo imitaron sin entusiasmo.

-Y ahora, algunos cambios! Vamos a instaurar otra vez las carreras de carros! - Tántalo dirigió una sonrisa torcida a los campistas.

Un murmullo de excitación, de miedo e incredulidad, recorrió las mesas. No me extrañaba, ya que habían sido suspendidos debido a unas muertes y varias mutilaciones.

-Ya sé que estas carreras fueron suspendidas hace unos años a causa, eh, de problemas técnicos- enserio Sherlock?

-Tres muertes y veintiséis mutilaciones! – escuché que gritó Will desde la mesa de su padre.

-Sí, sí! Pero estoy seguro de que todos coincidirán conmigo en celebrar la vuelta de esta tradición del campamento. Los conductores victoriosos obtendrán laureles dorados cada mes. Mañana por la mañana pueden empezar a inscribirse los equipos! La primera carrera se celebrará dentro de tres días; los liberaremos de vuestras actividades secundarias para que puedan preparar los carros y elegir los caballos. Ah, no sé si he mencionado que la cabaña del equipo ganador se librará de las tareas domésticas durante todo el mes-

Hubo una objeción. Clar iba a expresar su preocupación por la seguridad del campamento. Cosa que Tántalo eludiría y la tomaría como ejemplo de broma delante de todos, cosa que no dejaría pasar fácilmente.

-Pero señor! Qué pasará con los turnos de la patrulla? Quiero decir, si lo dejamos todo para preparar los carros… - una pregunta que si se la hicieses a Quirón, él la tomaría en cuenta, pero con este idiota no.

-Ah, la heroína del día. La valerosa Clarisse, que ha vencido a los toros de bronce sin ayuda de nadie! -

Clar parpadeó y luego se ruborizó. Pues la verdad ella derrotó a uno, no yo.

-Bueno, yo no…- tendré que hablar con ella luego para hacerle saber que fue ella quien lo derrotó en verdad.

-Y modesta, además. No hay de qué preocuparse, querida! Esto es un campamento de verano. Estamos aquí para divertirnos, verdad? – no, este es un campamento para enseñar a los jóvenes a sobrevivir el día a día.

-Pero el árbol…- ella estará bien Clar, encontrarás el vellocino y la salvaremos.

-Y ahora, antes de continuar con la fogata y los cantos a coro, un pequeño asunto doméstico. Percy Jackson ha creído conveniente por algún motivo traer eso al campamento- dijo señalando con una mano a Tyson.

Un murmullo de inquietud se difundió entre los campistas y muchos me miraron de reojo. Tuve ganas de matar a Tántalo. Demasiadas para mi propio gusto.

-Ahora bien, los cíclopes tienen fama de ser monstruos sedientos de sangre con una capacidad cerebral muy reducida. En circunstancias normales, soltaría a esta bestia en los bosques para que la cazarais con antorchas y estacas afiladas, pero…quién sabe? Quizá este cíclope no sea tan horrible como la mayoría de sus congéneres; mientras no demuestre que merece ser aniquilado, necesitamos un lugar donde meterlo. He pensado en los establos, pero los caballos se pondrían nerviosos. Tal vez la cabaña de Hermes? – respira Perseo, respira. Él sabe que puedo ser incontrolable como mi padre, pero él no sabe a qué nivel puedo llegar…

Se hizo un silencio en la mesa de Hermes. Travis y Connor experimentaron un repentino interés en los dibujos del mantel. No podía culparlos.

-Vamos. El monstruo quizá pueda hacer tareas menores. Alguna sugerencia sobre dónde podríamos meter una bestia semejante? –

Tia y Clar me miraron preocupadamente, creyendo que iba empezar a gritar y revolear espadazos a diestra y siniestra. Pero cuando vieron que yo solo sonreía con complicidad, ellas me miraron con completa curiosidad. Levanté mi mano izquierda y, despacio fui bajando cada uno de los dedos, hasta que quedó solo el meñique.

De repente, todo el mundo ahogó un grito.

Un deslumbrante tridente holográfico había aparecido sobre la cabeza de Tyson. Padre había vuelto a hacer de las suyas.

Hubo un momento de maravillado silencio.

-Bueno! Creo que ahora ya sabemos dónde meter a esta bestia. Por los dioses, yo diría que incluso tiene un aire de familia! – exclamó jubiloso Tántalo, pero nadie se reía con él, ni siquiera Dionisio.

-Me gustaría decir lo mismo de la tuya Tántalo…Oh! Cierto! Me había olvidado que te los comiste! Disculpa, no fue mi intención hacerte ver como un caníbal ególatra que rasguña las paredes para quedar en la historia como un rey justo y no como un tarado que devoró a su herencia- respondo llevando una mano a mi boca y haciendo una cara de sorpresa fingida.

Todo el mundo se reía.

Tántalo hervía de rabia. Sabía que había entrado en un campo a oscuras y si no tenía cuidado, algo le mordería las piernas. Lo vi intentar replicarme mordazmente, pero antes de que pudiese decir algo cuando nos estábamos yendo, me giré con Tia en mis brazos y le dije:

-Por cierto, Tántalo…has comido tus cereales? –

El miedo en sus ojos apareció rápidamente, y antes de que alguien pudiese percatarse, estaba en un rincón arrodillado y llorando. Pidiendo a cualquier deidad superiora que hagan callar esas cuatro palabras que lo habían estado torturando durante todo un año.


Los siguientes días fueron una auténtica tortura.

Para Tántalo obviamente.

Ninguno de los campistas dejaba pasarle un minuto de descanso sin recordarle que debía comer sus cereales. Hasta el punto en el que había días donde me sentaba frente a él con un plato repleto de ellos y los comía gustosamente. Algunos me miraban raro, mientras que Katie y Miranda me miraban como si hubiesen encontrado un hermano perdido, cosa que no era tan errada a la relación que tenía en la línea anterior.

Una mañana, luego de que la manipuladora de Chase regresase de su inconsciencia, nos armó un escándalo a Tyson y a mi en medio del comedor acusándonos de haberla abandonado en medio de Nueva York. A lo que nosotros, como honestos y respetables personas, negamos rotundamente haberla visto en algún momento. Mi hermano dijo que era la primera vez que la veía y yo dije que desde el año pasado. Llegamos a ser tan veraces que hasta su propia cabina la miraba como si estuviese loca.

Si realmente supiesen con quien están compartiendo una litera…

Tampoco faltó la graciosa de Drew Tanaka, que pasaba por allí y me preguntó si no necesitaría un lápiz de ojo…

A lo que simplemente me digné a mirarla fijamente a los ojos. Tan solo eso. Ni una palabra. Tan solo la observaría y en mi mente recrearía esos momentos en los que Piper la golpeaba cuando hablaba mal de Silena.


Durante los dos días siguientes me dediqué a solucionar ciertas asperezas que afectaron en mi tiempo.

Silena Beauregard, una de las chicas más guapas de la cabaña de Afrodita…por detrás de Piper y su madre misma, me dio mi primera lección para montar un pegaso. Cabe decir que la clase duró exactamente trece segundos, pues todos los caballos corrieron presurosamente a donde me hallaba y rápidamente un alazán me tomó con su boca por el cuello de mi camiseta y salimos volando por unos diez minutos.

Después de pasar tres minutos hablando con todos ellos, llegamos a un acuerdo en que sí, Tyson los trataba con sumo cuidado, y ellos se dejaban montar por él, se ganarían una bolsa gigante de manzanas y mucha avena azucarada. Ni bien escucharon eso, aceptaron gustosamente y se fueron a volar por un buen rato, dejándome a solas con Silena.

-Entonces…cuándo le dirás a Charles que le gustas? – pregunto solo para verla balbucear alguna incoherencia.

-Có-có-cómo lo sabes? – todo el maldito campamento lo sabe, incluso los monstruos están enterados.

-Me lo dijo una hermosa palomita- triunfante le contesté, sólo para ver como tomaba asiento y suspiraba sonoramente.

-No es fácil Percy. Desearía poder decírselo, pero algo me impide- un poseído y una manipuladora.

-Hasta cuándo seguirás siendo manipulada? – voy a hacerte abrir los ojos, no quiero ver a Clar volver a sufrir de nuevo.

-A qué te refieres? – no vale la pena engañarme Silena.

Me acerqué lentamente a ella y de un veloz movimiento, tomo la pulsera que Castellan tenía en su posesión el año pasado de su bolsillo izquierdo. Años de práctica en hurto con los Stoll dieron sus frutos. Sin contar que también es algo innato en los hijos de Poseidón.

-A esto. Puede que no preste demasiada atención debido a las constantes discusiones con Tántalo. O debido a los entrenamientos que les doy, pero hay algunos detalles que no puedo pasar por alto. Ahora, hasta cuando piensas seguir siendo manipulada por Castellan? –

-Cómo sabías que era él? – la última vez me lo dijiste tú cuando estabas muriendo por querer imitar a Patroclo durante la pelea en Manhattan.

-Tiro en la oscuridad. Pero ya no importa. Quieres que te de un consejo? Ve a la hoguera y habla con quien la atiende, ella te ayudará, es de máxima confianza, hasta el punto en que daría mi vida por ella sin dudarlo. Y no se lo cuentes a nadie, excepto a tu madre, a Clarisse y a Charles. Ya que estoy seguro que el traidor a dejado resquicios aquí en el campamento- quisiera ser de más ayuda, pero no puedo estar guiando de la mano a todo el mundo. Al menos sé que Tia es la persona más segura en ayudarte a esclarecer lo sucedido.

Antes de darme cuenta, ella me está abrazando. Siento un poco de humedad en mi pecho, y me doy cuenta que está llorando. Vaya uno a saber por cuanto tiempo el bastardo poseído ha estado aprovechándose de su pequeño enamoramiento para seguir adelante con sus planes. Ella murió sin saber siquiera que Chase era la que estaba detrás de todos los hilos de su desgracia.

-Venga, vamos. No sigas perdiendo el tiempo, va a la hoguera y antes de que te des cuenta, un gran peso se habrá ido de tu alma. Tan solo debes tener esperanza y todo se solucionará- respondo mientras golpeo suavemente en su frente, de la misma forma que solía hacerlo con mis hijos cuando estaban tristes.

-Gracias Percy- no me agradezcas, era algo que necesita hacer obligatoriamente, tú y Charles merecían ser felices.


Llevé a Tyson a la cabina de Hefestos, debido a que pasó casi treinta minutos rogándome a ir a ver la forja. Hay que decir que cuando Charles lo vio, prácticamente nos llevó a rastras a trabajar con el metal adquirido de los toros de Cólquide. Él era feliz, Tyson era feliz y yo quería irme a mi cabina a buscar el escudo de plata lunar para transformarlo en un reloj o pulsera, hasta que vuelva a ver a Arty y le pida formalmente permiso para utilizarlo de manera seguida.

Después del almuerzo me dediqué en hacer entrenar a todos los campistas, ya sean novatos o con años de experiencia, pacíficos o rudos. No hacía diferencia alguna, todos eran niños a mis ojos, niños que los Sinos se habían encargado de llenar sus vidas con monstruos cada quince metros. Y era mi deber el entrenarlos para que puedan tener un final feliz.

Si eran buenos con el arco, los entrenaba con espadas y combate cuerpo a cuerpo. Si eran buenos con una lanza, los entrenaba con dagas. Si confiaban en bastones o palos, les enseñaba a arrojar a distancia. Cubría cualquier debilidad que tuviesen para que luego algo no los sorprenda o queden expuestos. A pesar de que todavía mi aspecto físico no sea el óptimo, podía con replete facilidad ganar pelear mano a mano contra cualquiera de ellos. Pero eso no significaba que me dejaba estar, cada mañana me la pasaba entrenando en mi cabina.


Por las noches tenía más sueños en los que aparecía la versión travesti de Grover. Avisándome que a Polifemo le gustaban las ovejas y que se hallaba en el Mar de los Monstruos.

Definitivamente iba a volver a llevar una cámara este año. Por nada en el mundo me perdería la oportunidad de sacarle fotos a Grover y vendérsela a los Stoll.

La noche antes de la carrera, Tyson y yo terminamos nuestro carro. Era prácticamente igual al de la vez pasada. Tyson había hecho las partes de metal en la forja de la armería, y yo lijé las maderas y lo monté todo. Era azul y blanco, con un dibujo de olas a ambos lados y un tridente pintado en la parte delantera.

Cuando íbamos a acostarnos, Tyson me vio ceñudo y preguntó:

-Estás enfadado? – eh? A qué viene eso ahora?

-No, no estoy enfadado- al menos no contigo…

Se echó en su litera y permaneció callado en la oscuridad. Su cuerpo era mucho más grande que el colchón y cuando se cubría con la colcha, los pies le asomaban por debajo. Por alguna razón estaba actuando como la primera vez, pero ahora mis respuestas eran distintas, aclarando varias cosas.

-Soy un monstruo- y dale de nuevo con ese tema…

-Y? Teníamos un hermano que era un mujeriego empedernido, uno que era un completo bastardo violador y, tenemos uno que tiene cola de pescado, sin contar obviamente el palo que tiene metido en el culo- en serio Tritón, si llego a escuchar quejarte conmigo el día que nos volvamos a ver…te noqueo y te arrojo en medio del campamento de las cazadoras.

Desnudo.

-Entonces, por qué estás enfadado? – por la salud de Thals, porque los hijos de puta la envenenaron y yo no puedo salir a buscar el vellocino todavía.

-Porque me siento impotente. Porque no puedo ir a buscar lo necesario para curar el pino que nos resguarda a todos aquí en el campamento- tantos problemas y yo a contrarreloj para solucionarlos a todos.

Geez…

Oí un ruido sordo y grave. Tyson estaba roncando. Nuevamente.

Suspiré.

-Buenas noches, hermanito, te prometo que serás feliz con Ella cuando la encuentres-

Y yo también cerré los ojos. Extrañaba el calor de Tia en mis brazos. Es una pena que esté en su templo ahora mismo.


La mañana de la carrera hacía calor y mucha humedad. Una niebla baja se deslizaba pegada al suelo como vapor de sauna. En los árboles se habían posado miles de pájaros.

Pájaros de Estínfalo.

Gracias a Caos que había dejado preparado el disco de música horrible que Quirón había guardado en su habitación. De esa manera evitaría que haya una gran cantidad de heridos.

Había gradas de piedra para los espectadores: Tántalo, los sátiros, algunas ninfas y todos los campistas que no participaban. El señor D no apareció. Nunca se levantaba antes de las diez de la mañana. Incluso Hestia había venido, y estaba sentada cerca de Juniper, consolándola por la ausencia de Grover.

-Muy bien! Ya conocéis las reglas: una pista de cuatrocientos metros, dos vueltas para ganar y dos caballos por carro. Cada equipo consta de un conductor y un guerrero. Las armas están permitidas y es de esperar que haya juego sucio. Pero tratad de no matar a nadie! Cualquier muerte tendrá un severo castigo. Una semana sin malvaviscos con chocolate en la hoguera del campamento! Y ahora, a los carros! – eres el alma de las fiestas Tántalo…

Por el brillo fogoso en los ojos de Tia, sabía que algo estaba planeando para torturar al preso. Casi estaba empezando a sentir lástima por él. Casi.

-Competidores! A sus puestos! - gritó Tántalo.

Tomé las riendas y llevé el carro hasta la línea de salida. A Tyson le di una estaca de tres metros y le encomendé mantener lejos a los rivales que se acercaran demasiado, así como desviar cualquier cosa que pudieran arrojarnos.

Excepto a Chase. A ella podía partirle el palo accidentalmente en la cabeza. Total, tan solo nos quedaríamos sin malvaviscos por una semana. Ninguno de los dos iba a morir de inanición.

Tántalo hizo un movimiento con la mano y dio la señal de partida. Los carros cobraron vida con estruendo. Los cascos retumbaron sobre la tierra y la multitud estalló en gritos y vítores.

Casi de inmediato se oyó un estrépito muy chungo. Miré atrás justo a tiempo de ver cómo volcaba el carro de Michael y Lee; los Stoll los habían embestido; tal vez sin querer, o tal vez no.

Dos carros fuera de combate en los primeros metros. Aquel deporte me encantaba.

Volví a centrarme en la cabeza de la carrera. Íbamos a buen ritmo, por delante de Clar, pero el carro de Malcolm y Chase nos llevaba mucha ventaja, ya estaba dando la vuelta al primer poste. Sería una lástima que justamente, en ese preciso instante, la sangre que iba a la cabeza de Chase se detenga unos segundos, desmayándose nuevamente.

El carro de Charles y Nyssa también empezaba a adelantarnos.

Beckendorf apretó un botón y se abrió un panel en el lateral de su carro.

-Lo siento, Percy! – exclamó.

Tres bolas con cadenas hubiesen salido disparadas hacia nuestras ruedas como la primera vez, de no ser porque Tyson le diese un buen empujón al carro y los mandase a dar tumbos de lado mientras nosotros nos alejábamos.

Avanzábamos tan deprisa que apenas oíamos ni veíamos nada, pero Tyson señaló hacia el bosque y entonces vi lo que lo inquietaba. Los pájaros de Estínfalo hacían acto de presencia.

Hicimos el primer giro con las ruedas chirriando y el carro a punto de volcar, pero ahora estábamos más concentrados en acercarnos lo más cerca de donde había dejado preparado el disco de música que por la carrera. Tenía total fe en que Clar ganaría de nuevo.

Vi que Clar ordenaba a su hermano que cubriese el carro con una malla de acero, impidiendo que los pájaros les hagan daño alguno. Y ya que sus caballos eran tan solo esqueletos, eran inmunes a los picotazos.

Antes de que los espectadores no tuviesen tanta suerte, y sufriesen por los ataques, decidí manipular el aire de nuestro alrededor, provocando brevemente un pequeño viento cuyo sonido chirriante desconcertó a los pájaros y les dio tiempo a Tia y los demás para que tomen resguardo. Me sorprende la cantidad de veces que la gente se olvida que mi padre es el dios de las tormentas y sacude tierra. Lo cual implica que manipula tanto la tierra y el agua, así como el aire para los tornados. Sin contar que las tormentas provocan rayos, los cuales generan fuego. En síntesis, al cabo de mucho, pero mucho tiempo de práctica tuve que especializarme en controlar hasta el aspecto más diminuto de cada elemento. Agradezco a Tena que ella me ayudó con sus libros de la biblioteca que poseía.

Clar acababa de cruzar la línea de meta sin la menor oposición, y sólo entonces pareció darse cuenta de lo grave que era la situación. Había ocasiones en las que me sorprendía cuan despistada podía volverse cuando se enfocaba en una sola meta.

-Percy? Qué rayos está pasando?! –

-Clar, ve con tu hermano a ayudar a los más jóvenes a resguardarse! Por el miedo están quedando paralizados y Tia no puede ayudarles! – exclamé, a lo que me hizo caso y emprendió viaje hasta donde se hallaban unos niños de Deméter escondidos tras unos arbustos.

Puse los caballos al galope; el carro cruzó retumbando los campos de fresas y la pista de voleibol, y se detuvo con una sacudida frente a la Casa Grande. Tyson y yo corrimos hacia el interior y derribamos la puerta del apartamento de Quirón.

Su equipo de música seguía en la mesilla de noche, y también sus discos favoritos. Tomamos con prontitud el equipo y nos dirigimos rápidamente en la línea de meta, poniendo a todo volumen uno de los Grandes Éxitos de Dean Martin.

Rogaba por que los pájaros empezasen a ascender para dejar de oír esa maldita música. Cosa que ellos hicieron sin dudar, dándome pie a que ordene a Lee y sus hermanos para que empiecen a disparar a la enorme nube oscura que habían conformado.

El campamento estaba salvado, y los daños eran mínimos esta vez. Excepto por los carros y Chase, que aún seguía desmayada a un costado de la pista, todo el mundo estaba sano y salvo. Clar y Tia habían sido veloces a la hora de resguardar a los niños para que no sean víctimas de los picotazos.

-Bravo! Ya tenemos al primer ganador! - exclamó Tántalo, pero sin mirarme.

Caminó hasta la línea de meta y le entregó los laureles dorados a Clar, que lo miraba estupefacta. Claro, ella no comprendía bien que rayos estaba pensando el tarado, pero he de admitir que la corona le queda muy bien en su hermoso pelo.

Luego el preso se volvió hacia mí con una sonrisa. Aunque ya sabía lo que me iba a decir, él no sabía que estaba por hacerlo sufrir un poco más el día de hoy.

-Y ahora, vamos a castigar a los alborotadores que han interrumpido la carrera- bueno…una está durmiendo la mona, cubierta de heridas detrás de un árbol.

-Agh! Ya cierra la maldita boca Tántalo! Vete a comer tus cereales! – adoro cuando te dicen eso y te vas corriendo a un rincón a lloriquear.


Espero que les haya gustado este capítulo que acaban de terminar de leer.

Quiero felicitar a Ryckers Dragneel por su excelente trabajo en su adaptación a mi historia. Seguí así.

En cuanto a Fanpercyjackson y JohanDaniel210, les quiero decir que voy a estar esperando con ansias sus regresos, y así seguir viendo sus versiones que me habían enganchado desde el principio.

Por favor, déjenme sus comentarios y críticas, ya que con ellos podré mejorar de a poco.

Hasta la próxima!