Autora: Mara Loneliness

Categoría: One Piece

Pareja: LuffyxZoro

Tipo: Yaoi (Relación homosexual explicita, si no te gusta no lo leas)

Advertencia: Lemon (Sexo explicito)

Genero: Romance, Angustia, Acción, Drama, sobrenatural

Clasificación: No menores de 16 años

Status: En progreso

Notas del Fanfic:

One Piece y todos sus personajes son propiedad de su autor, el grandioso Eiichiro Oda. Este material es expuesto sin ningún fin de lucro y para uso exclusivo de la promoción de los personajes y la serie mencionada.

Notas de la autora:

Disfrutenlo!


OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

CAPITULO 13

~º~ Desaparecidos ~º~

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


El tirador estaba corriendo lo más rápido que le era posible en la única dirección que consideraba segura. No es que aquella realmente fuera una dirección segura, pero en una cueva bidireccional en la que un minotauro te está persiguiendo desde uno de los lados, el único lugar que te parece seguro es el sentido contrario.

Sus ojos negros estaban nublados por las lágrimas de pánico que escapaban de ellos. No tenía idea de que estaba pasando, o de donde estaban sus nakama, lo único que sabía era que Nami había sido arrastrada por un árbol y que criaturas que él consideraba mitológicas e inexistentes estaban tratando de matarlo.

Voy a morir, pensó , este definitivamente es el fin del grandioso capitán Ussop.

El moreno sorbió su nariz con fuerza mientras sentía los pasos de aquella criatura cada vez más cerca.

Adiós chicos.

La borrosa imagen de algunos de sus nakamas se dibujó en sus ojos mientras sacaba una munición de su bolsillo, con manos temblorosas.

Tuvimos grandes aventuras. Luffy, Zoro, Chopper, Franky... todos...

Volvió a sorber la nariz mientras en su rostro se dibujaba una mirada de determinación. Se detuvo en seco, se dio la vuelta y apunto a la cara de la enorme bestia que se acercabaa él a pasos agigantados.

- ¡Esto es por mis nakamas! – Exclamo acorde al tiempo en que disparaba -. ¡Súper bombas eléctricas del gran capitán Usopp!

Las diminutas, pero numerosas municiones del joven de nariz larga entraron directamente en la boca de aquella criatura, activando su efecto eléctrico al contacto con la saliva, provocando una descarga tan fuerte que todo aquel lugar se ilumino de manera cegadora.

ooooooooooooooooooooooooooooooooo

Robín permaneció en silencio mientras escuchaba aquellas declaraciones, las cuales no podía refutar.

- Aun ahora que se supone que estas con tus nakamas, no confías del todo en ellos.

- Lo intento – respondió la morena, simplemente.

- Les mientes, les ocultas cosas...

- Yo...

- Solo eres una gran mentirosa.

La joven arqueóloga desvió la mirada sin poder decir nada más, y una sonrisa macabra se dibujó en la cara de su madre.

- Ahora ve a donde perteneces – exclamo mientras una grieta se abría en el espacio detrás de la morena, y esta era arrojada hacia adentro sin compasión.

ooooooooooooooooooooooooooooooooo

Los Straw-Hat contemplaron como el tirador de su tripulación peleaba contra aquella mítica criatura de una manera magistral, tan poco común en él, que por un momento dudaron que fuera el verdadero nariz-larga, sin embargo tras la estridente luz que provoco y de la que apenas alcanzaron a cubrirse, contemplaron a un ciego Ussop caminar algunos pasos sin rumbo hasta tropezarse con una voluminosa roca y enseguida caer al suelo con la cara por delante.

Una gota de sudor resbalo por la frente de cada uno de los piratas, mientras cada uno pensaba para sus adentros que ya no cabía duda, aquel era su nakama.

Chopper corrió rápidamente hasta él, como buen doctor que era debía cerciorarse que se encontrara bien.

Por otro lado, Franky se acerco a la criatura para buscar algún indicio de realidad en aquella especie de grieta dimensional donde estaban metidos, no obstante a breves centímetros de aquel monstruo, lo único que alcanzo a contemplar era como este empezaba a ser absorbido por el suelo, y antes de que se diera cuenta el mismo estaba siendo arrastrado.

- ¿¡Pero qué demonios…!?

El resto de los piratas giraron la vista hasta el cyborg, solo para contemplar cómo la mitad de su cuerpo estaba bajo tierra y el resto de él se hundía rápidamente, pese a los esfuerzos que el enorme peliazul estaba haciendo.

- ¡Franky! – grito "el sombrero de paja" mientras estiraba su brazo de goma con la intención de alcanzar al cyborg, pero su intento fue inútil, pues conforme su brazo se acercaba la velocidad con la que su carpintero se hundía iba en aumento, al punto de desaparecer ante sus ojos, justo cuando la mano de goma llego hasta el punto predeterminado.

La impotencia que el capitán sintió en aquel momento no se comparaba con nada de lo que hubiera sentido hasta entonces.

- ¡Luffy!

El lloroso chillido de Chopper hizo al capitán salir de su ensimismamiento.

En cuanto Luffy giro la vista pudo contemplar como el espadachín se debatía en un duelo en contra de lo que parecían las raíces de una planta, para evitar que esta pudiera llevarse al doctor, a quien ya tenía atrapado entre sus ramas.

- ¡Chopper! – exclamó el frustrado capitán mientras intentaba ayudar a sus nakamas, sin embargo una muralla de espinas se formo delante de él, impidiéndole el paso por unos breves momentos, no obstante, poco le importo herirse para poder llegar a donde sus nakamas lo necesitaban.

Con ayuda de un Gomu gomu no Metralleta, el chico de goma logra, literalmente, despedazar a las raíces que estaban intentando llevarse a sus nakamas.

- ¡Se llevaron a Franky! – anunció de manera desesperada mientras corría al lugar donde su nakama había desaparecido.

Zoro guardó sus katanas y observó como su joven capitán comenzaba a remover la tierra de manera ansiosa. Suspiró con pesar, sabía que las cosas estaban saliéndose de control. La verdad era que desde que habían desembarcado en aquel maldito lugar, todo estaba de cabeza.

No pudo evitar pensar en lo que le había sucedido al mismo, días atrás. Aquella había sido una experiencia horrible, pesé a su innegable gusto por los hombres y a lo que, hasta horas antes, había considerado una atracción insana hacia su capitán, aquella experiencia con Mihawk, falso o real, había sido la peor de su vida. Estaba seguro que jamás lograría olvidar aquello, que incluso cuando tuviera que enfrentarse al shishibukai, sería algo que recordaría por el simple hecho de ver su cara.

Observo como Chopper sacaba algo de su mochila, probablemente para despertar al tirador, quien seguía inconsciente en el suelo. Camino de manera lenta hacia su capitán, nunca lo había visto así.

Luffy se encontraba de rodillas, cavando en el suelo descorazonadamente.

El peliverde se paró a un lado suyo y coloco una mano en el hombro del más joven, logrando de esta forma que el pelinegro lo mirara.

Los ojos de Luffy estaban llorosos, sin embargo seguía cavando con determinación.

- No creo que siga ahí – sentenció el espadachín.

- ¡No lo sabes! – espetó el más joven, mientras continuaba con su tarea.

- Luffy...

Zoro quería decir algo para calmar las ansias de su capitán, pero en realidad no se le ocurría nada, el mismo sentía una impotencia terrible, derivada de todos los acontecimientos ocurridos en aquella isla. La tripulación se estaba desamorando y parecía que no hubiera nada que pudieran hacer.

El pelinegro cerró los puños con impotencia, tomando un montón de tierra en ellos. No podía creer que de un momento a otro todos sus nakamas estuvieran desapareciendo sin que pudiera hacer nada, y todo por querer patearle el trasero al bastardo que se había atrevido a lastimar a su primer oficial, y ahora, por su culpa toda su tripulación se encontraba en grave peligro. Jamás se perdonaría si aquel bastardo volvía a dañar a uno de sus nakamas.

El espadachín observó a su capitán en silencio, no sabía que pasaba por su mente, pero sabía que, de una u otra forma, aquella situación lo hacía sentir culpa.

- Voy a salvarlos a todos – anunció al tiempo que se ponía en pie. Su expresión era seria.

- Se a donde ir.

La voz de Ussop capto la atención de todos. Chopper había logrado despertarlo, y a pesar que se encontraba un poco lastimado, y de que estaba muerto de miedo, con Zoro y Luffy acompañándolo se sentía más seguro.

El "nariz larga" se puso de pie de forma dificultosa mientras el pequeño reno insistía en que esperara.

- En aquella dirección… – señaló justo por donde había llegado, sin embargo antes de que pudiera continuar una diminuta sombra negra llego a toda velocidad, golpeándolo en la nuca y haciéndolo caer al suelo, noqueado.

- ¡Ussop! – gritaron los tres piratas restantes, al unisonó.

La diminuta sombra que ataco al tirador, regreso a la oscuridad tan rápido como había llegado.

El joven doctor se apresuro en revisar a su nakama, esperando que estuviera bien, con los ojos llorosos y expresión lastimera.

Un hombre de cabello dorado y escultural figura salió de las sombras, junto a sus piernas se movía ágilmente un pequeño conejo negro, el precioso joven se inclino hacia lo que parecía ser su mascota, acaricio las orejas de esta y le dio uno de sus dedos, para que el pequeño conejo lo mordiera y bebiera algo de su sangre.

- ¿¡Donde están mis nakamas!? – cuestionó el chico del sombrero de paja.

El joven rubio sonrió a su conejo antes de dedicarle una mirada fulminante al pelinegro. Se levanto lentamente y observo al peculiar grupo que seguía ahí.

- Aquí no nos gustan los piratas – anunció, ignorando exponencialmente la pregunta que Luffy le había hecho tan enérgicamente.

- ¡Contéstame! – Insistió el frustrado capitán - ¡Maldita sea!

El muchacho siguió ignorando al pelinegro y centro su vista en Chopper y Ussop, levantó su brazo derecho lentamente, para enseguida dejarlo caer rápidamente, mientras al mismo tiempo se abría un enorme hueco en el suelo, por el cual comenzaron a caer el doctor y el tirador.

Los ojos de Luffy y Zoro se abrieron de par en par.

El capitán estiro su brazo lo más rápido que pudo para alcanzarlos, sin embargo, tras un nuevo movimiento del brazo derecho del rubio, la tierra se cerro, con sus nakamas dentro.

- ¡No!

La voz de Luffy resonó en un largo eco, que solo fue contrastado con el sonido del choque de dos metales.

Zoro se había abalanzado sobre aquel extraño en el mismo momento que su capitán había intentado salvar a sus nakamas, pero para ambos había resultado inútil. El brazo de aquel chico rubio se había convertido en una especie de espada que no hizo más que recordarle su pelea con Mr.1.

El joven rubio sacudió su brazo con una fuerza descomunal que arrojo al peli verde de regreso con su capitán.

- Váyanse – exclamó el joven al tiempo que se daba la vuelta -, si no quieren correr con la misma suerte que los demás.

ooooooooooooooooooooooooooooooooo

Franky observó su derredor con genuina incredulidad. Todo eran árboles secos y deformes, a lo lejos se observaban unas extrañas criaturas que bajaban de cuando en cuando a romper las ramas de los arboles, y era entonces cuando se escuchaban desgarradores gritos humanos, que al buscar su procedencia no lograba encontrarla.

Todo era demasiado confuso, desde el instante que aprecio delante de aquel enorme sujeto con aspecto de juez, hasta el momento que aprecio en aquel desolado y seco bosque.

Mientras caminaba empezó a escuchar galope y gruñido de bestias, y una voz angelical, pero con atormentada le grito desde alguna parte de aquel bosque: "¡Corre!".

ooooooooooooooooooooooooooooooooo

- No me voy a ir sin mis nakamas – sentenció el chico del sombrero de paja mientras tomaba una posición de batalla.

De entre las sombras salió una mujer de cabello rojo escuálida figura.

- Puedo hacerme cargo, ¿si quieres? – sugirió, dirigiéndose al joven rubio que ya había dado la espalda a los piratas y caminaba hacia las sombras de aquella cueva.

- Diviértete.

La joven sonrió mientras el desconocido desaparecía en la oscuridad.

- ¡Espera! – refunfuño Luffy, enfadado -. ¡Devuélveme a mis nakama!

Pero antes de que pudiera intentar perseguir a aquel joven, la chica se paro delante de él. Su sonrisa era lasciva, y no paraba de lamerse los labios apetitosamente.

- Nos divertiremos mucho – masculló mientras su cuerpo comenzaba a deformarse, tomando un aspecto grotesco y gelatinoso.

Los piratas se pusieron en guardia, pero cuando aquella chica termino de transformarse, la expresión de Zoro se desfiguro incrédula.

- ¿Verdad?, Roronoa.

Ahí, delante suyo, con el elegante aspecto que le caracterizaba y sus penetrantes ojos dorados, se encontraba Taka no me, sonriéndole de la misma manera lasciva de hacia un momento y lamiendo sus labios.

Entonces, cegado por la ira y el deseo de vengarse, el espadachín se lanzo con arrojo en contra de aquella misteriosa figura que no hizo más que sonreír aun más ampliamente.

CONTINUARA…