Capitulo 13

–Ha sido… Ha sido... –empezó Bella de nuevo. Pero se detuvo sin terminar la frase.

Edward empezaba a ponerse de mal humor y eso era nuevo para él. Se había disculpado por el beso, ¿no? Por tocarla en público, por estar casi dispuesto a hacerle el amor allí mismo, en el aparcamiento, algo que la seria Bella Swan no toleraría. Sin embargo, ella le había devuelto el beso, ¿no? Y la había oído gemir mientras se apretaba contra su cuerpo, su lengua bailando con la suya… Pero después había rechazado sus disculpas y había vuelto todo el camino rígida como una tabla en el asiento, como si el contacto que tanto parecía haberle gustado antes de la cena pudiese contaminarla ahora. Sólo una extraña perversión había hecho que volviese a abrazarla. Sí, bueno, y el deseo de rebobinar. ¿Pero qué borraría? ¿El brillo de vacilación en sus ojos antes de que se decidiera a subir a la moto? ¿La expresión maravillada mientras miraba el paisaje en la puerta del restaurante? "Puede que al propietario no le guste que estemos aquí". En realidad, el propietario estaba pensando en subir a la moto y llevarla a su casa para poder aliviar algo de… aquello que sentía. Una excitación tremenda. Pero no sólo eso. Edward debía reconocer, muerto de miedo, que también había habido ternura. Que la estirada señorita Swan había logrado meterse en su corazón. –Gracias por la cena –Bella le ofreció su mano, como si fueran colegas. Cuando Edward miró esa mano, sin estrecharla, ella pareció vacilar. –Bueno, yo… –nerviosa, se mordió esos gloriosos labios que parecían hechos para besar–. ¿Cuándo quieres empezar? –¿Empezar? –repitió él. Entonces reapareció la estirada señorita Swan, poniendo los ojos en blanco. –A reunir los papeles para el inspector de Hacienda. –Ah, eso –murmuró Edward tontamente–. No lo sé. Bella se mordió los labios de nuevo, haciendo que él, de nuevo, tuviera que tragar saliva. Luego se estiró todo lo que pudo. –Yo te seguiré… o puedes seguirme tú a mí. Como quieras. –¿Que? –Edward arrugó el ceño–. ¿Por qué? –Tu oficina era un caos la última vez que la vi y si Bear ha estado persiguiendo un gato… –Bella tembló dramáticamente–. En fin, no hay tiempo que perder. Y si el inspector va a ir el viernes, puede que tenga que tomarme unos días de vacaciones. Porque si no lo hago, podrías tener un serio problema con Hacienda. –¿Vas a ir a mi oficina… a ayudarme? –Concéntrate, Edward –Bella volvió a clavar un dedo en su pecho y él no recordaba un gesto que le hubiese gustado tanto en toda su vida–. No podemos perder un segundo –añadió, tirándole el casco–. Nos vemos en el taller. Edward tuvo que sonreír. Menuda mujer su estirada señorita Swan, pensaba, mientras la veía subir a su coche y desaparecer calle abajo. Luego arrancó su moto y la siguió.