Hola. ¿Qué tal les va?
Espero que bien.
Feliz navidad y feliz año nuevo(?
Por fin estoy de regreso con esta sensual historia.
Este capitulo es el más largo que he escrito hasta ahora. Tiene en total 74 paginas en word, así que lean con calma, es mi regalo para ustedes(?.
Muchas gracias por sus lindos comentarios de verdad que los aprecio demasiado.
Gracias : XxKoyakusixX ,hitomi79, Izumi-nyu-FTW , NinjaSamuraiGirl , xxXkmiXxx ,LaV3nus6 , Karinio , Nashira Trancy , Momokamatsu, Azul Ackerman , antinoo , A08, MaryJezhuChan y nomasrun (gracias por el dibujo )
Muchas gracias por todo el apoyo que me dieron este año, espero poder seguir recibiéndolo el año que viene.
Gracias a Yuki por ayudarme a no volverme loco con este capitulo, por dejarme molestarte y por el pene que me dibujaste bro. XD
Este capitulo es divertido. *-*
Espero que les guste y les divierta tanto como yo me divertí escribiéndolo (Casi muero, no miento)
Disfruten su lectura~ Nos leemos
Save my Soul.
XII. -Rosso e bianco.
Desesperado tus temblorosos dedos marcaban de nuevo el número de Ichiko, otra vez te llevabas el celular hasta el oído solo para escuchar nuevamente como la línea te pasaba directamente al buzón. Estabas desesperado y cada uno de esos timbres que se alargaban no hacía más que desesperarte, tus piernas habían empezado a temblar ligeramente y habías empezado a caminar en círculos para evitar entrar en pánico, pero no parecía estar sirviendo de mucho.
Hiciste un último intento en comunicarte con tu hermana los timbres se alargaron igual que las veces anteriores, pensaste que te iba a mandar a buzón, pero el teléfono por fin fue tomado.
—...
—¿Ichiko? -preguntaste con voz temblorosa, justo en el momento en el que Karamatsu entraba a la habitación. El mafioso empujaba un carrito con el desayuno, adornado con una rosa roja en un pequeño florero, casi estabas sintiéndote mal por arruinar lo que seguramente era un desayuno romántico, pero entonces lo que escuchaste del otro lado de la línea no te dejo pensar en nada más.
—Voy a matarla si no vienes pronto. -la suave voz que antes te había llamado ahora te contestaba desde el celular de tu hermana, sentiste como tus piernas dejaban de sostenerte y caíste de rodillas sobre la alfombra persa que adornaba la habitación. Tu teléfono había caído cerca de tus rodillas y aun cuando estaba lejos de tu oído podías escuchar el tono de colgado.
—¿Ichimatsu? -De inmediato sentiste las manos del mafioso tomar tu rostro con cuidado levantándolo un poco haciendo que lo miraras, pero Karamatsu no era más que una imagen borrosa con las lágrimas agolpándose en tus parpados. Tus dedos se aferraron a su ropa casi de manera inconsciente. Tomaste un poco de aire con dificultad. —Cálmate ¿Qué fue lo que paso?
Karamatsu parecía preocupado, sus dedos acariciaron suavemente tu rostro buscando calmarte, mas no sirvió de mucho.
—Ichiko...él llamo y tiene a... -no sabías como explicarlo, no ayudaba de nada que estuvieras tan asustado como para no poder articular ninguna oración completa, sentías que te ahogarías con tu propia desesperación.
Balbuceaste un par de cosas tratando de darle sentido a tus palabras para que el mafioso pudiera comprender, pero por la expresión de confusión de Karamatsu podías darte cuenta que era inútil, no estabas transmitiendo lo que querías decir.
Al final tus intentos por explicar lo que estaba pasando fueron callados por los labios de Karamatsu, un ruido lastimoso salió del fondo de tu garganta cuando los brazos del mafioso te envolvieron con cuidado. Podías sentir el calor del cuerpo de Karamatsu, uno de sus brazos te atraía desde la cintura mientras que el otro pasaba desde tu espalda hasta tu nuca donde su mano te sujetaba firme, pero cuidadoso para que no escaparas.
Tus ojos se resistieron a cerrarse como siempre, pero al menos esta vez mientras entrecerrabas la mirada podías ver el rostro de Karamatsu, de alguna manera te hacia saber que estaba allí y que ese beso era muy real. Cuando abrió los ojos y el azul de su mirada se encontró con el violeta de la tuya no pudiste evitar dar un pequeño salto. Estabas nervioso de nuevo y acababas de notar que por un momento mientras Karamatsu te besaba te habías olvidado de todo.
—Si aún no te tranquilizas seguiré besándote hasta que te calmes. -susurro contra tus labios semis abiertos, ahora te costaba más trabajo respirar. ¿Qué demonios tenía ese tipo en la cabeza? ¿En qué mundo la razón para que tu corazón se paralice amenaza con acelerar tu pulso para que logres calmarte?
Karamatsu te ponía más y más ansioso.
—¡Eres un idio...! -y sin que pudieras decir nada más los labios de mafioso te besaron de nuevo.
Esta vez sí cerraste los ojos, porque si volvías a ver esa intensa mirada cobalto estabas casi seguro de que se te olvidaría hasta tu nombre. Y en ese mundo donde todos sabían todo sobre ti eso era lo único que tenías.
Después de marearte con un par de besos más, Karamatsu te ayudo a ponerte de pie. En rápidos movimientos que parecían parte de una rutina cómica te envolvió en su chaqueta de cuero negra, apago tu celular metiéndolo a uno de los bolsillos de la chaqueta y te acomodo el gorro con orejas de gato que antes te había dado tu padre, puso un pan de melón en tus manos y después te cargo en su hombro hasta la recepción.
—¡¿Qué haces?! ¡B-bájame ahora mismo! -te quejaste, los otros huéspedes que pasaban por allí los señalaban y susurraban entre ellos. Como si no fuese lo suficiente vergonzoso Karamatsu había empezado a palmear tu trasero mientras se dirigía a la recepción. —¡D-deja de tocarme, idiota!
—No decías eso anoche~ -canturreo acelerando el paso.
—¡Yo no.…! -dejaste de forcejear, estabas demasiado ocupado ocultando tu sonrojo. Por alguna razón todo el nerviosismo había desaparecido, aunque claro, ahora estabas nervioso de una manera diferente.
Cuando por fin fuiste dejado en el suelo estabas frente a la recepcionista que no paraba de ver a Karamatsu y después a ti, como preguntándose que relación tenían los dos. Terminaste agachando la cabeza ante su insistente mirada, tomaste el teléfono aun apagado girándolo entre tus dedos mientras Karamatsu se encargaba de los gastos de la habitación, tener un momento de silencio te hizo recordar de nuevo a Ichiko.
Antes Atsushi te había dicho que no creyeras nada de lo que él te dijera por teléfono, que no importaba que dijera no podías ir a buscarlo, pero luego estaba Ichiko, claramente la habías escuchado gritar antes y además la voz misteriosa había contestado desde el teléfono de tu hermana, no podías comprender lo que estaba pasando.
Aunque la voz de Atsushi sonara del otro lado de la línea, por su manera de hablar y de expresarse, no podía ser él ¿verdad? Entonces Ichiko...
—Ichiko... -tus dedos a penas estaban precionando ligeramente el botón para encender el teléfono cuando sentiste los dedos del mafioso en tu barbilla y después sus labios chocando contra los tuyos en un beso ligero.
—Dije que iba a besarte cada vez que te pusieras ansioso. -arrugaste ligeramente las cejas mientras Karamatsu se llevaba consigo tu celular, la mujer de la recepción te veía fijamente, tenía la boca ligeramente abierta, pensabas que se había quedado en shock después de ver al atractivo hombre al cual le estaba tratando de coquetear, besándote.
Esta vez no bajaste la mirada. Por un segundo pensaste que tu semi mueca de una sonrisa podría mal interpretarse, como si estuvieras presumiendo de que tu si podías tener la atención del mayor y sin siquiera intentarlo. Entrecerraste la mirada sobre la mujer cuando le dedico una sonrisa al hombre de ojos azules.
¿Acaso le pagaban para que fuese así de amable con todos? Karamatsu se despidió de las recepcionistas antes de caminar hacia ti.
—Deja de ponerte celoso de la recepcionista y vámonos. -Karamatsu susurro a tu oído, pasando su brazo por tu cintura te empujo ligeramente hacia la salida.
—¿Celoso? -te dejaste guiar hasta donde estaba estacionada la motocicleta del mayor.
—¿No te diste cuenta? -Karamatsu rio bajito. —Dios, eres tan lindo que me es difícil contenerme.
Su voz fue como un susurro, te pareció que incluso era similar a un ronroneo acompañada de esa sonrisa gatuna. Los labios del mafioso recorrieron desde tu oído hasta tus labios, rosando a penas contra tu piel antes de robarte el aliento con un apasionado beso.
La mano en tu nuca no te dejaba terminar el beso y su brazo envolviendo tu cintura te atraía contra su cálido cuerpo, te imposibilitaba moverte. Aun así, pudiste dar un pequeño salto cuando la mano en tu cintura bajó y sentiste la mano del mafioso apretar tu trasero.
Te crispaste como un gato, con el rostro rojo como la grana mientras el mafioso se alejaba riendo.
Ni siquiera sabias que había sido eso, pero al menos por un momento Karamatsu había logrado que te olvidaras de todo.
{}-{}-{}{}{}{}{}
Mientras iban de regreso no podías dejar de pensar en Ichiko, Karamatsu había hecho bien entreteniéndote y haciendo que pensaras en otras cosas, pero ahora que el ruido de la motocicleta no te dejaba escucha su voz lo único que tenías era todo ese ruido en tu cabeza. Todos esos pensamientos y temores que surgían de pronto.
Te asustaba tanto que no podías evitar temblar.
Mientras te sujetabas con fuerza al mafioso la motocicleta redujo la velocidad haciéndose a un lado del camino, te preguntabas si algo iba mal cuando Karamatsu, quitándose el casco se giró hacia ti y sus labios se estamparon contra los tuyos de manera suave.
—Dije que iba a besarte cada vez que te pusieras ansioso.
—Así nunca vamos a llegar… -susurraste desviando la mirada, los dedos de Karamatsu recorrieron la línea de tu quijada en una suave caricia.
—Puedo hacer esto todo el día. -No podías hacer nada contra la brillante sonrisa que te dedicaba, parecía decidido a hacerlo.
Después de unos cuantos besos que aceleraban tu pulso, Karamatsu volvía a ponerse en marcha y tu mente seguía adormilada por los besos previos, hasta que de pronto los pensamientos negativos taladraban tu cabeza te hacían ponerte intranquilo, entonces la motocicleta disminuía la velocidad y se detenía por completo a un lado del camino. Karamatsu se giraba quitándose el casco y como había "amenazado" te besaba hasta que te calmabas.
Aunque protestaste casi de manera automática no podías hacer nada, incluso pensabas que esas últimas veces lo habías hecho a propósito solo para que el mafioso te besara.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
El camino que había tomado Karamatsu para regresar a la ciudad era diferente, por esa razón no habías caído en cuenta de a dónde te llevaba hasta que se detuvo frente al edificio de apartamentos donde vivía Ichiko.
Bajaste de un salto de la motocicleta y esperaste un poco como preguntándote si el mayor te iba a acompañar. Karamatsu te lanzo una mirada antes de bajar también, te siguió de cerca mientras subías las escaleras hasta el segundo piso.
Al llegar a la puerta tocaste con insistencia el timbre. Tus dedos nerviosos golpeaban contra tu pierna simulando el galopar de un caballo, el departamento estaba silencioso, incluso la calle parecía silenciosa, trataste de no imaginar nada ya que tus pensamientos siempre terminaban siendo negativos.
—Fukuyama... -La ronca voz de Karamatsu te hizo dar un pequeño salto, giraste el rostro hacia él un poco estupefacto, era la primera vez que te llamaba por tu nombre familiar. Tu mueca debía ser extraña incluso para que el mayor se quedara en silencio viéndote fijamente, antes de señalar el letrero a un lado de la puerta. —Fukuyama Ryoko… Tu madre se llamaba así.
—¿Sí?
—¿No sabes el nombre de tu madre? -Karamatsu preguntó riendo bajito, suponías que pensaba que estabas bromeando. Pero aparte de unas cuantas cosas no recordabas mucho sobre tu madre.
Lo único que tenías de ella era su apellido, un par de cicatrices que nunca sanarían y esos malditos ojos que tanto le gustaban a Karamatsu.
No recordabas mucho de ella y considerando lo que Kami te había dicho sobre tu nacimiento, suponías que estaba mejor así.
Golpeaste con fuerza la puerta del departamento, solo para tener algo que golpear. Karamatsu te detuvo cuando tus nudillos estuvieron rojos.
—Parece que no hay nadie.
—No, tiene que… solo… -volviste a golpear antes de tocar el timbre. -estabas empezando a desesperarte de nuevo, la incertidumbre estaba apoderándose nuevamente de ti.
Entonces escuchaste su voz.
—¡Hey! -La morena te saludaba bajando de un auto junto con su prometida, te acercaste a la barandilla aferrándote con fuerza a ella. Te sentías tan aliviado que incluso te parecía estar soñando.
Ichiko subió rápidamente las escaleras y tu caminaste hacia ella para abrazarla con fuerza. Tu hermana mayor correspondió el abrazo.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien? -preguntó de inmediato, se alejó un poco para poder examinarte rápidamente. Ni siquiera habías dicho media palabra y ya se había dado cuenta que algo pasaba.
—¿Tu estas bien?
—Lo estoy… -la mirada de Ichiko reparo en el hombre detrás de ti. —Nakamura-san, buenos días.
—Good morning Fukuyama.
¿Nakamura? Entrecerraste la mirada sobre el mayor, ¿porque respondía a ese nombre? Lo que te dejaba más intrigado aún era la manera en la que Ichiko y Karamatsu se veían, era como si estuvieran compartiendo información solo con la mirada.
—¡Buenos días cariño! -Karako se arrojó contra ti abrazándote con fuerza. Sacándote de tus pensamientos y sacándote de balance, estuviste a punto de caer, pero ella te sostuvo apretándote contra ella.
Quizás el sueño de cualquier hombre era tener la cara donde la tenías tú, pero no te dejaba respirar.
—¡Karako, deja de ponerle los pechos en la cara a mi hermano!
Después de un regaño y una mirada severa tanto de tu hermana como del mafioso la mitad americana por fin se alejó de ti.
Karamatsu se sentó a tu lado en el sillón una vez que los cuatro entraron, sus dedos recorrieron tu brazo tomando tu mano y entrelazando sus dedos. Te calmaba y te ponía nervioso al mismo tiempo era algo paradójico.
—Karako Jones, mucho gusto. -se presentó la mujer de ojos azules, Ichiko regresaba de la cocina con tres tazas de té caliente, te avergonzaba un poco que fueras el único al que le sirvió chocolate caliente.
Era como si fueras un niño.
—Karamatsu Matsuno. -El mafioso se presentó, ahora que los veías el uno al otro te dabas cuenta que los ojos de Karako eran de un azul más claro y no iguales a los de Karamatsu como habías pensado en un principio. Aun así, había algo en su forma casi amenazante de verse que te hacia preguntarte si esos dos se conocían también. —Pensé que sería "Doe".
—Pensó mal, señor. Gracias, cariño. -Karako voló un beso en dirección a Ichiko cuando ella se acercó a darle su té, tu hermana rodo los ojos, un pequeño sonrojo adornaba sus mejillas.
Quizás era como tú con Karamatsu, que no importaba que tan pequeña fuera su acción de coquetería siempre te ponías nervioso.
—Y… ¿Qué los trae por aquí? -pregunto Ichiko una vez que le había servido el té al mafioso.
—No lo sé, Ichimatsu quería verla con mucha desesperación. -Karamatsu lanzo una mirada hacia ti, de pronto los tres mayores habían clavado su mirada en ti.
—Bueno…
Explicaste la situación de la manera más sencilla que pudiste, alguien había llamado a tu teléfono y habías escuchado que tenía a tu hermana. Para hacerlo peor recalcaste que el sujeto (omitiendo la parte de que sonaba como Atsushi) había contestado también en el teléfono de Ichiko, así que habías entrado en pánico pensando que habían capturado a tu hermana.
Ichiko dio un largo suspiro antes de acomodarse un mechón de cabello detrás de la oreja, miro a Karako antes de hablar.
—Ichimatsu, cuando estábamos en la playa, alguien entro a nuestra habitación. No robaron nada más que mi celular y los empleados dicen que… fue un hombre de cabello castaño.
—¿Qué?
—Los videos muestran que fue…Atsushi.
—Atsushi no…-ibas a negar que hubiera estado cerca del lugar, pero recordabas bien que había estado allí contigo, incluso la mirada de Karamatsu parecía recalcar que el castaño había estado cerca del lugar. —¿Por qué haría algo así?
—Quizás trabaja para alguien que quiere sacarte del camino. -comento Karako de manera despreocupada, la miraste sin entender. Karamatsu e Ichiko le lanzaban una feroz mirada, como esperando que se explicara.
—¿Qué quieres decir?
—Bueno, sí tu fueses importante para algo y por lo tanto no pudiera matarte ya que eres intocable. -La morena se inclinó hacia ti. —Me encargaría de volverte loco para que fueras fácil de manejar, no hay nada mejor que doblegar el espíritu de alguien, jugar con su psique hasta que sea un cascaron manejable. Entonces te utilizaría, posiblemente te torturaría o dejaría que te torturaras tu solo, no hay peor enemigo que no mismo~ -Karako acaricio tu rostro, sus labios estaban tan cerca de los tuyos que casi podías sentirla.
—¡Bueno ya basta! -Ambos, Karamatsu e Ichiko se interpusieron. Tu hermana pellizcaba las mejillas de su prometida mientras Karamatsu te llevaba hacia el pasillo.
—Nos vemos luego~ Cuídate gatito. -Karako se despidió, solo alcanzaste a asentir como respuesta. —Cuídese también señor Matsuno.
—Saluda a Minnie de mi parte. -gruño Karamatsu, obtuvo un "claro" por parte de Karako antes de salir del departamento.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
—¿Quieres tener una cita conmigo? -pregunto Karamatsu mientras te acomodabas el casco para subir a la motocicleta. La pregunta había sido tan repentina que te habías quedado como idiota procesando la información antes de responder.
—No quiero…
—No importa, igual te llevare. -canturreo el mayor arrancando la moto.
—¡¿Entonces porque demonios me preguntas?! ¡Waa! -te aferraste con fuerza al cuerpo contrario cuando la velocidad aumento repentinamente.
Karamatsu reía apretando el acelerador, a veces pensabas que se comportaba como un niño.
El lugar al que te llevo era una pequeña cafetería con pequeños cubículos que separaban las mesas y les daba un toque de privacidad a cada una. Te habías sentado a esperar ya que el mayor dijo que quería hacer el lugar más agradable y especial. Diferenciarlo de uno de los demás cubículos que eran iguales.
Te sentaste a esperar, tus dedos golpeando la mesa tratando de distraerte. Quizás lo que Karako había dicho era cierto y alguien estaba tratando de volverte loco, pero dudabas que se tratara de Atsushi. Desde que lo conocías ni una sola vez hizo algo que pudiera dañarte, tu confianza estaba puesta en él. Tal vez ese era tu más grande error, confiar ciegamente en Atsushi.
Suspiraste cerrando los ojos, recargando tu frente en la mesa.
Tenías que hablar con Atsushi, tu mente estaba llena de ese pensamiento hasta que sentiste algo tocar tu cabeza.
Levantaste la mirada encontrando que la mesa ya estaba decorada con un enorme ramo de rosas rojas y la ventana había sido cubierta para que el interior se oscureciera, unas pequeñas velas iluminaban el pequeño espacio y los ojos de Karamatsu te recordaban al azul profundo del mar cuando era de noche.
—Buenos días dormilón. El desayuno está servido. -te regalo una enorme sonrisa que te hizo sonreír también, casi embobado por el galante gesto. — Lo siento por esto,
tuve que improvisar.
—Improvisas muy bien. -Incluso las velas te recordaban a las de la primera cita.
—Se me da eso de organizar cosas, la próxima vez te cocinare algo yo. Solo imagina justo aquí en medio un enorme pavo. -tu risa resonó en el cubículo, era algo tan extraño que te parecía ajena.
—Tú y tu maldito pavo.
Al menos Karamatsu siempre parecía saber cómo hacer que dejaras de pensar en cosas innecesarias.
—¿Por qué eres tan bueno organizando cosas? -preguntaste curioso mientras jugabas nervioso con la cuchara que sostenías, acababas de dejar a medias tu postre porque no podías comer más y te ponía nervioso la manera en la que Karamatsu te veía fijamente.
—Cuando era pequeño, antes de querer ser cantante de Swing en realidad quería ser organizador de bodas. -bufaste pensando que se trataba de una broma, Karamatsu rio. —¡Es verdad! Yo organice la boda de Jyushi y Homura, que salió casi… -su voz se volvió un susurro, recordando lo que había pasado esa noche con Hanako.
—Fue linda hasta que paso eso… -susurraste, tenías que admitir que había sido divertida hasta cierto punto, además, seguramente lo hubiera disfrutado más si en ese entonces hubieras conocido bien a Karamatsu. Según recordabas tu percepción de él era muy mala en ese entonces.
—Si te gusto entonces pondré especial atención a los detalles de nuestra boda. -Tosiste de manera estrepitosa casi ahogándote con la cereza del pastel que estabas comiendo.
Karamatsu dio unas palmaditas a tu espalda.
—¡¿Qué?!
—Pues yo te di un anillo y tu dijiste "acepto". ¿No cuenta eso como estar comprometidos?
—¡Yo nunca dije eso! -replicaste de inmediato, podías sentir tus mejillas sonrojarse.
—Entonces tengo que pedírtelo bien ¿no? -se levantó de su asiento y empujo la mesa quitándola del frente. Puso una rodilla en el suelo y con una sonrisa y su profunda voz empezó a hablar. —Ichimatsu, my love. Me harías el hombre más feliz del mundo si acep…
Sus palabras callaron cuando pusiste las manos sobre su boca, estabas tan avergonzado que habías empezado a temblar.
—Detente… -dijiste con un hilo de voz, los ojos zafiro del mayor seguían fijos en tu rostro. —Si continuas mi corazón va a estallar.
Karamatsu arrugo ligeramente las cejas, sus manos envolvieron con facilidad tus delgadas muñecas, alejo tus manos quitándolas de su boca y se inclinó hacia adelante terminando el espacio entre sus bocas de manera abrupta.
El peso de su cuerpo te hizo retroceder hasta que tu espalda quedo contra la pared seguido de tus mulecas que fueron detenidas a cada lado de tu cabeza, como si temiera que fueses a escaparte, pero es que cuando te besaba de esa manera, rosando tus labios, explorando tu boca sin prisa en un suave, caliente y húmedo beso, ni siquiera había lugar en tu cuerpo para la resistencia.
Cuando sentías que no podías más Karamatsu termino el beso, suspirando contra tus labios. Puso su frente contra la tuya, sus enigmáticos ojos índigo contra el violeta.
—Te amo, cásate conmigo.
—Demonios Kusomatsu… al menos espera a que sea mayor de edad.
—Trato hecho. Sera un reto pedirles tu mano a tus padres.
No sabias si eso era una buena idea.
Cuando regresaron a casa Jyushi y Homura esperaban por ti, no pasó desapercibido para nadie la mirada feroz que le lanzaron al jefe. No era buena idea que se metieran con su "bebé".
Karamatsu se disculpó con ambos, fingiendo estar realmente preocupado de lo que podrían hacerle, pues si bien Jyushimatsu podría dar bastante miedo cuando estaba molesto eso no se comparaba a cuando Karamatsu se ponía serio. Aun así, el mafioso hacia lo que podía parea respetar la autoridad de tus padres adoptivos.
—Tengo que trabajar, así que nos vemos luego. Cuídate~ -Karamatsu susurro a tu oído antes de besarte suavemente en los labios.
Lo miraste fijamente hasta que desapareció en el pasillo, a veces olvidabas que ese hombre era el jefe de la mafia que debía tener demasiado trabajo cuidando su negocio y a sus hombres y, aun así, siempre encontraba la forma de estar contigo.
Te sentías un poco especial.
-{-{-{-{-{-
Regresaste a tu habitación a penas estuviste solo, alimentaste a Nyanko antes de ir al baño tomaste una larga ducha antes de verte en el espejo. La línea de marcas de besos que había hecho Karamatsu aún estaban en tu piel. Recordar ese momento te hacia avergonzarte un poco, más todavía recordando que tú también lo habías mordido mientras te aferrabas con fuerza a él.
Mientras secabas tu cabello alguien golpeo ligeramente la puerta.
—Cariño, ¿podrías acompañarme a comprar algunas cosas? -la voz de Homura pregunto desde el otro lado de la puerta.
—Claro, espera… -rápidamente te vestiste, estaba empezando a hacer un poco de aire fresco así que te aseguraste de ir bien abrigado, la chaqueta de cuero de Karamatsu aún estaba sobe tu cama ya que habías olvidado dársela-
¿Estaría mal si te la pusieras de nuevo? Nervioso la tomaste entre tus manos, giraste el rostro hacia donde Nyanko yacía acostado y el no parecía estar viéndote. Así que pegaste la nariz a la prenda, el masculino olor del perfume de Karamatsu lleno tus fosas nasales. Era relajante.
—Oh, qué lindo. -la voz de Homura te dejo congelado por un segundo antes de que arrojaras la chaqueta lejos.
—¡Yo no estaba haciendo nada! -dijiste de inmediato antes de jalar a la mujer fuera de la habitación.
El clima afuera era incluso más frio de lo que pensaste, mientras recorrías las tiendas con Homura pudiste notarlo. La gente parecía ir más de prisa de un lugar a otro y los negocios estaban siendo adornados de manera vistosa. No sabias porque hasta que Homura lo comento.
—Pronto va a ser navidad. ¿Qué te gustaría de regalo de cumpleaños?
—¿Eh? -la miraste sin entender antes de girar la cabeza como buscando a quien le estaba hablando.
—Mr. Pinstripe nos dijo que tu cumpleaños era el 25 de diciembre, así que celebraremos Navidad y tu cumpleaños al mismo tiempo. ¿Qué te gustaría que hiciéramos?
—En realidad nada… Mm, no es como si necesitara una fiesta.
—Nos la arreglaremos. Déjate consentir. -Homura te dio unas palmaditas en la espalda antes de seguir con sus compras.
En realidad, no sabías exactamente qué día era tu cumpleaños, Atsushi e Ichiko habían acordado que sería el 25 de diciembre porque era la fecha en la que los dos podían estar contigo y a veces lo celebraban, pero desde que habías estado en el bando de Osomatsu te habías olvidado de celebrarlo porque cada año era solo día en el infierno. Al menos esta vez podrías estar en paz.
Después de unas horas Homura se detuvo para comprar una crepa, te compro una que tenía tantas cosas que no sabías si ibas a poder comerla. Ambos se sentaron frente al parque cerca del rio, donde unas personas parecían estar acomodando algunas pequeñas carpas con dirección a la colina.
—Ahora que lo pienso, pronto será también el festival del cambio de estaciones. ¿Quieres que vayamos juntos? ¿O tienes planes con Karamatsu-sama?
—¿Qué? No, en realidad.
—Genial, le diré a Jyushi que te prepare una yukata. Yo también llevare una y podremos tomarnos una foto como familia. -parecía emocionada con la idea, realmente podías imaginarte a la pareja disfrutando de un festival
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro ¿Qué pasa?
—E-es solo… me preguntaba… ¿Cómo se conocieron Jyushimatsu y tú? ¿Cómo es que llegaste a quererlo o algo así...?
—Bueno, ese fue hace cinco años. Lo conocí en el hospital al que me llevaron. Al principio no podía levantarme de la cama por las heridas y en realidad yo no quería ser salvada. -dio un suspiro mientras que con una mirada nostálgica a sus muñecas.
—Lo siento, no debí…
—No, está bien. Tienes que saber cómo tus papis se enamoraron. -te dedico una sonrisa antes de seguir. —¿Sabes? De verdad admiro a Jyushimatsu-kun, su convicción, su manera de hacer las cosas. Te juro que fue muy difícil para él acercarse a mí, porque a mí me daba miedo, pánico y yo sentía unas enormes ganas de salir corriendo siempre. -la castaña rio bajito. —Cuando me conoció él estaba herido también, un brazo roto y tenía un corte en la garganta, los doctores decían que fue milagroso que se salvara y que posiblemente nunca volvería a hablar. Y aun así él intentaba con todas sus fuerzas acercarse a mí, a veces iba a mi habitación y me llevaba algunas flores y algunos dibujos. De nosotros dos tomados de las manos y esas cosas. -sus mejillas se sonrojaron al mencionar eso, lo encontrabas como un gesto bastante tierno. —Pero Jyushimatsu era muy silencioso a veces y cuando llegaba a mi habitación para sorprenderme, el solo rose de sus dedos contra mi mano hacia que recordara aquellas cosas. Y yo lo maltrataba mucho, no sé cómo fue posible que no llegara a odiarme después de lo que le decía. Entonces un día después de que le dije que no se me acercara él me envió una grulla de papel. Y una carta. ¿Sabes la leyenda de las mil grullas?
—No, lo siento.
—Dicen que, si tienes un deseo muy fuerte, algo que desees con todo el corazón y haces mil grullas de papel los dioses te concederán tu deseo. Jyushimatsu escribió eso en la carta y después de eso cada día él me dejaba una grulla y una nota. Lo hizo por cinco meses hasta que salí del hospital, luego él las enviaba a mi casa. En algún momento mientras él seguía enviando grullas empezamos a salir, eran solo pequeños encuentros que no se si podían ser llamados "citas", al principio él iba a visitarme a la florería donde trabajaba, a veces nos veíamos en un café cerca de la estación y algunas otras veces él simplemente me acompañaba a casa después del trabajo. Durante todo ese tiempo Jyushimatsu -kun no decía ni una sola palabra, nos comunicábamos por medio de notas y de gestos. -Homura sonrió amplio, juntando la punta de sus dedos. —Durante todo ese tiempo Jyushimatsu-kun fue muy paciente conmigo, tardamos algunos meses en poder tomarnos de las manos y casi un año besarnos. Él siempre fue muy gentil conmigo y me hizo volver a reír, algo que no creí posible. Cada vez que nos veíamos él me daba una grulla y yo las estaba guardando todas, pero cuando casi llegaba a las mil Jyushimatsu y yo tuvimos problemas.
—¿Qué clase de problemas? -preguntaste curioso, por cómo se sonrojaron violentamente las mejillas de la castaña suponías que o debías haber preguntado.
—Bueno estábamos besándonos y de pronto él metió sus dedos en...
—¡Waa no tienes que decírmelo! -te cubriste las orejas por un segundo, aun así, escuchabas la escandalosa risa de Homura.
—Bueno, justo por esos días me habían ofrecido un trabajo lejos de aquí y ya que Jyushi y yo habíamos peleado pensaba irme, me sentía mal porque yo tal vez nunca podría estar con él como quería y le dije que tenía que buscarse a alguien más, alguien que no se pusiera a temblar de miedo cada vez que la tocara y que no saliera huyendo cuando las cosas fueran en serio. Aun no me puedo perdonar del todo la expresión que le hice poner, se me rompió el corazón. -la castaña puso sus manos contra su pecho. —Aun así, él siguió enviando las grullas hasta que fueron 999 y entonces, ese día, cuando yo iba a abordar el tren él apareció. En sus manos tenía la última grulla que faltaba, él me vio directamente a los ojos y se esforzó mucho, tanto que quizás se lastimo la garganta… Y su voz aun suena en mi cabeza, aun puedo recordar la primera vez que escuche su voz diciendo "Te amo, por favor no te vayas". -Homura dio un largo suspiro. —¡Dios lo amo tanto!
—Homura-san estas gritando.
—¡De verdad amo a Jyushimatsu-kun! -grito la castaña con las mejillas rojas.
—¡Amo a mi esposa Homura-san! -respondió una energética voz del otro lado de la calle, Jyushimatsu iba vestido con un traje negro y lentes oscuros, aun así, su enorme sonrisa te hacia saber que estaba de buen humor.
—¡Amo, de verdad amo mucho a mi esposo! -Homura se levantó de la banca y poniendo sus manos frente a su boca volvió a gritar. —¡Te amo!
—¡Amo con locura a mi hermosa esposa! ¡De verdad te amo! -Karamatsu quien acompañaba a Jyushimatsu parecía divertido con la escena, aun cuando las personas alrededor miraban a la pareja como si estuvieran locos.
El mafioso cruzo la calle para parase a tu lado, Jyushimatsu se había quedado en su lugar y le seguía gritando su amor a su esposa. Por tu parte tu sentías demasiada pena ajena y habías pensado irte.
—Dios esto es vergonzoso. -susurraste cuando Karamatsu estuvo cerca, el hombre de ojos color índigo soltó una carcajada.
—Bueno, ellos son tus padres, es su trabajo dejarte en vergüenza. -Negaste ligeramente encogiendo los hombros cuando la castaña te señalo.
—¡También amo mucho a mi hijo! -grito a pesar de estar a tu lado.
—¡Yo también lo amo mucho! -Grito también Jyushimatsu del otro lado de la calle, las miradas de los transeúntes de pronto se pusieron en ti.
Te cubriste el rostro. ¿Por qué esas cosas eran tan vergonzosas? Sentiste entonces la cercanía de alguien y por su perfume podías saber que era Karamatsu. Su voz susurrante te dijo al oído.
—Solo para que lo sepas, también te amo. Pero no voy a gritarlo a menos que tú quieras.
—¿Qué demonios? Esto no es el evento de "ama a tu esposa". -refunfuñaste cruzando los brazos. Ahora estabas más avergonzado y de alguna forma feliz.
Después de que gritaran un par de veces más por fin Jyushimatsu cruzo la calle para atrapar a Homura en un abrazo, la levanto un poco y dieron unas cuantas vueltas antes de besarse de manera melosa. Decidiste alejarte un poco para darles su espacio. Estaba haciendo un poco de frio, por suerte con tus guantes no tenías frio en los dedos, al menos hasta que Karamatsu deslizo sus dedos dentro de tus guantes. Le lanzaste una mirada fulminante y él voló un beso en tu dirección.
—¿Tu cuerpo se encuentra mejor? -pregunto curioso Karamatsu, su pulgar se deslizo ligeramente por el vendaje en tu mano. Tenías prácticamente las dos manos heridas (algunas heridas y las uñas que te faltaban) Además la ortesis de hombro era un poco incomoda.
—Estoy bien… -susurraste, era más fácil que decir que algo te dolía. —¿Qué hacen aquí?
—Ah, vine para hablar con Atsushi, su tienda está cerca ¿sabes? Jyushimatsu está cuidando de mí. ¿Y ustedes que estaban haciendo?
—Homura-san estaba comprando algunas cosas. Luego nos sentamos a comer. Em… Karamatsu. ¿Qué vas a hacer mañana?
—¿Hum?
—Me preguntaba si no estás muy ocupado… ¿te gustaría ir conmigo al festival… o a-algo así? ¡N-no tienes que ir en realidad!
—¿Me estas invitando a una cita? -negaste con fuerza. —Iré~ Pero para que lo sepas eso será una cita.
Karamatsu te dedico una seductora sonrisa, no servía de nada refutar que no era una cita. Después de que los mayores volvieran a su trabajo acompañaste a Homura a casa antes de volver a la ciudad para buscar a Atsushi.
Tenías que hablar con él sobre lo que Kami te había dicho y también querías disculparte por haberlo rechazado antes.
El parecía tener mucho trabajo atendiendo a algunos hombres mayores, a penas te vio te dedico una pequeña sonrisa y te hizo un gesto para que lo esperaras un momento.
Te sentaste mientras el castaño ayudaba a un hombre al cual no habías alcanzado a ver claramente. Mientras esperabas una mujer de cabello castaño se sentó a tu lado, giro la cabeza agitando ligeramente su cabello que llegaba hasta sus hombros, pudiste darte cuenta que ella estaba viéndote fijamente así que, algo incómodo, giraste la cabeza para encontrarte con su mirada.
—Hola. -saludo la castaña.
—Hola. -respondiste en un susurro. La mujer sonrió, sus ojos centellearon al encontrarse con los tuyos. Eran de un exótico color escarlata. —¿Nos conocemos?
—No lo creo, recordaría a alguien tan adorable como tú. -la mujer rio con tu mueca de confusión. —Minnie. -se presentó tomando tu mano y dando un fuerte apretón. —Tu puedes llamarme Osoko si quieres.
—¿Minnie?
—Así que tú eres "ese chico" del que tengo que encargarme. -tu cuerpo se tengo cuando escuchaste el conocido sonido del seguro de un arma siendo retirado. —No te preocupes no voy a matarte, al menos no por ahora. Antes tengo cosas importantes que hacer. Es solo que, todos hablan tanto de ti que no pude esperar a conocerte. Además, ni de broma arruinaría mi manicure. -te mostro sus alargadas uñas pintadas de color rojo.
—¿Q-quien demonios eres tú?
—¿Yo? Soy solo una chica normal. -se levantó de su asiento. —Una chica que controla al señor "T", así que, por favor, no interfieras en mis asuntos o hare que él te corte en pedazos. ¿Entiendes?
—¿Qué es lo que quieres? -preguntaste levantándote de tu asiento también.
—Solo quiero …-la mujer calló unos segundos poniendo la mano en su oído. —Defender lo que es mío, así que no interfieras en este asunto familiar entre los Matsuno y no saldrás muy herido. ¿Si?
Cuando ibas a responder el probador se abrió y un hombre salió rápidamente de allí.
—Nos vamos. -su voz hizo ligero eco como si estuviera hablando por algún aparato.
—Saluda a Karamatsu de mi parte~ -dijo la castaña con una sonrisa antes de irse también.
¿Qué demonios había sido eso? Ni siquiera lo entendías, habías recibido una amenaza de la nada.
Cuando Atsushi cerró la tienda para hablar contigo le contaste lo que recién había pasado. Dio un largo suspiro.
—Minnie está empezando a mover sus cartas y creo que eres un inconveniente para ella.
—Yo no he hecho nada contra esa tal Osoko.
—Minnie no es Osoko, como decirlo Minnie es… Bueno, no importa. Es solo un nombre clave que usa Karamatsu para llamar a su socia americana. Él tiene una extraña manía por poner nombres que tienen que ver con canciones. Ya sabes, yo soy Mr. Pinstripe, su socia americana es Minnie, Osomatsu es Bourbon, Jyushimatsu es Jumpin Jack y un gran etcétera.
—¿Y cuál es mi nombre clave? -preguntaste con curiosidad, en realidad no te creías tan importante para tener uno.
—Soul… -susurro el castaño. —¿Necesitabas algo? -pregunto de inmediato, estaba claro que trataba de cambiar de tema.
—Viste todo el video ¿verdad? Estoy hablando de "esa" parte. -Atsushi soltó el aire en sus pulmones mientras se acomodaba el cabello hacia atrás. Frunció el ceño viendo hacia el techo.
—¿Quién te lo dijo?
—No importa. -Atsushi refunfuño algo que no alcanzaste a entender. —¿Puedes hacer una lista de los que participaron?
—¿Vas a matarlos? ¿Eso te hará sentir mejor? -pregunto lanzándote una mirada analítica. Sostuviste su mirada por unos minutos hasta que Atsushi la esquivo, parecía algo nervioso. —L-la mayoría están muertos.
—Aun así, quiero sus nombres y sus caras. -Aunque Atsushi negó ligeramente al final termino por ayudarte, su lista detallaba el nombre y el lugar donde se había visto al sujeto por última vez. Entre los nombres te pareció extraño encontrar tres nombres de hombres muy peligrosos. Dos parecían intocables pero el ultimo… Quizás podrías tener una charla con él pronto.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
El clima estaba bastante frio ese día, Nyanko se acurrucaba contra ti cuando despertaste y fue un trabajo muy difícil salir de la cama sin despertarlo.
Tomaste un largo baño matutino después de haber tenido un extraño sueño con Karamatsu, no querías recordar los detalles porque eran demasiado vergonzosos. Después de vestirte y alimentar a Nyanko ayudaste un poco a tus compañeros de cobranza antes de almorzar junto con tus padres.
Homura se veía emocionada con salir los tres al festival y Jyushimatsu apoyaba su emoción hablando más animadamente de lo normal. Por tu parte tú estabas algo decaído y más sombrío de lo normal, antes por la mañana Karamatsu te había mandado un mensaje diciendo que algo había surgido y que por tal razón no podría estar libre ese día. Así que su cita estaba cancelada.
No querías admitir en voz alta que eso te ponía mal.
—Estúpido Kusomatsu…Yo me puedo divertir incluso si no estás. -refunfuñaste cruzando los brazos, aunque en realidad estabas siendo como un niño. Era culpa de tus padres por pedirte que fueras más consentido.
Homura había cumplido con lo que había dicho y preparo yukatas para los tres, la de Jyushimatsu era de color negro con algunas figuras bordadas de color amarillo (incluido un dragón bordado en toda la espalda), el obi era de color amarillo al igual que los bordados, realmente le quedaba muy bien. Homura estaba vestido con una yukata de color blanco con algunos patrones de girasoles, su obi era de color rojo formando un moño en la espalda. Su largo cabello castaño estaba sujetado completamente en un moño, adornado por un kanzashi de pequeñas flores amarillas que caían a un lado de su cabeza. Jyushimatsu sumo a los adornos de Homura una peineta plateada con un pequeño cascabel.
Los dos se veían muy bien y luego estabas tú, depresivo y con cara de pocos amigos.
Homura había preparado una yukata también para ti, era de color violeta con algunos bordados en color plata que no formaban nada realmente, pero que asemejaban relieves, un obi negro que también tenía algunos detalles plateados. Homura se quedó viéndote por unos minutos, realmente no sabías que esperaba que hicieras ya que no decía nada. Al juego de miradas se unió Jyushimatsu y tenerlos a los dos viéndote fijamente hizo que te pusieras nervioso. Agachaste un poco la cabeza ocultando tu mirada con tu cabello.
—¡Eso es! -exclamaron al unísono.
Y de alguna manera habías terminado con parte del cabello peinado hacia atrás, adornado con un broche de pequeñas flores color violeta con pequeños cascabeles igual al de Homura. Al menos agradecías que Karamatsu no te iba a ver así.
—Así está mucho mejor, no es bueno que cubras tu lindo rostro con tu cabello. -Homura parecía complacida, Jyushimatsu asentía con fuerza. Ni siquiera te ibas a quejar, se veían tan felices que no querías contradecirlos.
Finalmente, cuando estaba oscureciendo los tres se dirigieron al festival, recorrieron todos los puestos antes de detenerse a comer takoyaki, después de eso Jyushimatsu insistió en jugar a atrapar peces dorados, pero era tan energético que sumergía la red más tiempo y tiraba con fuerza rompiendo la red de papel. Cuando te obligaron a jugar te diste cuenta que era más difícil de lo que parecía, aunque al final lograste atrapar un pez beta de color negro.
Más tarde también se detuvieron en el juego de tiro al blanco y en el de dardos, donde fuiste campeón por tus tiros certeros. Te llevo un poco darte cuenta, pero cuando tus manos se llenaron de manzanas acarameladas y algodones de azúcar te diste cuenta que estabas siendo tratado como un niño (más que nada porque un niño pequeño que camina a tu lado llevaba lo mismo). Era algo patético que a tus 17 años fueras tratado como un niño y ahora recordabas como habías llorado de manera escandalosa días atrás y te sentías más avergonzado. Pero, aun así, había una pequeña parte de ti que estaba emocionado con recibir tanta atención.
Continuaron su caminata hasta llegar al templo de la colina, y aunque diste algunas monedas como ofrenda, juntaste tus manos y tocaste la campana del templo no sabías exactamente que estabas haciendo. Sí de verdad existía un dios o no, estabas más seguro de que no existía. Sino deliberadamente había permitido todo lo malo que había pasado en tu vida ¿No era eso peor? ¿Cómo podían creer en algo que no podía ayudarlos?
Aun así, colgaste tu papel de la buena suerte junto con el de Jyushi y Homura para no arruinar el buen ambiente soltando que tu no creías en esa mierda.
Bajaste las escaleras antes de la pareja que estaba pidiendo información sobre los fuegos artificiales, justo debajo de la colina había un puesto de máscaras, zorros, demonios, una de un gato.
—¿Quieres una? -preguntó Jyushimatsu viendo sobre tu hombro.
—Ah… n-no.
—Vamos, vamos ¿Cuál quieres? -Homura insistió, revisaste cada una de nuevo, pero irremediablemente tus ojos terminaban yendo a donde estaba la de gato.
—Esa. -la señalaste, el hombre que atendía el puesto te la dio de inmediato, pagaron por ella igual de rápido y Homura insistió en ponértela para sacar una foto. La máscara te dejaba en una oscuridad de la cual seguías acostumbrado.
Cuando Jyushimatsu llegó hasta donde estaban dejo caer los dangos que acababa de comprar, dio un paso hacia atrás casi cayendo al suelo.
—¡waa!
—Jyushimatsu-kun ¿No se ve genial? -te levantaste la máscara de inmediato al ver la reacción de Jyushimatsu. —¿Qué pasa?
—N-nada. -exclamó de inmediato el mayor poniéndose de pie. —Te ves genial Ichimatsu, pero ¿Por qué un gato? ¡Me asuste!
—Lo siento. -te disculpaste poniendo la máscara a un lado de tu cabeza.
Mientras caminaban buscando un lugar para ver los fuegos artificiales Jyushimatsu le contaba a Homura la aterradora historia del asesino con la máscara de kabuki, un sigiloso y peligroso sujeto que había acabado con muchas vidas aliadas y enemigas. Aun la mención de su nombre hacía temblar a muchos, Jyushimatsu no era la excepción. Tu padre hizo énfasis en que debías cuidarte de cualquiera que llevara una máscara como la tuya y tú te limitaste a asentir como si de verdad estuvieras preocupado por eso.
Mientras caminaban hacia el prado cerca del río alguien detuvo tu caminata tomándote por la muñeca. Cuando te giraste dispuesto a atacar a quien sea que te estaba tocando te quedaste congelado.
—Hola gatito~ -su brillante sonrisa te hizo retroceder avergonzado por la cercanía, casi caíste al perder tu sandalia, pero los brazos de Karamatsu detuvieron tu caída. Lástima que no la de tu mascara que cayó al suelo.
—¡No me asustes así, idiota! -gruñiste golpeando el pecho del mafioso, el mayor rio bajito antes de darte un suave beso en los labios.
—Lo siento. -te soltó agachándose para ayudarte a ponerte de nuevo la sandalia, lo pateaste alejándote dando saltos. Entonces Karamatsu se apresuró a levantar tu mascara e ir tras de ti. —Ah, tu mascara se rompió.
—No importa, no es como si fuese a usarla. -no pudiste evitar hacer un pequeño puchero. Karamatsu acomodo la máscara sobre tu rostro, se había roto de un costado haciendo la abertura del ojo más grande, dejando ver parte de tu rostro.
—Te queda bien. Y si puedo ver al menos uno de tus ojos no da tanto miedo.
—¿Tu también le tienes miedo al asesino de la máscara de kabuki? -preguntaste burlón, Karamatsu enarco una ceja. —Jyushimatsu acaba de contarnos acerca de él…Dijo que me cuidara de ese tipo.
—Sí, sé que es imposible de creer, pero él me asusta. -por el tono que estaba usando suponías era una broma. —Jyushimatsu hizo bien en advertirte. -Karamatsu dio una mirada alrededor. —Hablando de Jyushimatsu, acaba de desaparecer.
—¡¿Qué?! -los buscaste con la mirada, pero se habían perdido.
—Por cierto, ese yukata te queda muy bien. Apuesto a que te verías mejor sin ella. -Bromeo Karamatsu, se inclinó un poco viendo hacia tu espalda tú te cubriste el trasero que era su verdadero objetivo. No sabias porque ese tipo le gustaba tanto verte el trasero, aunque ahora que tenía esos pantalones ajustados tenías que admitir que también lo habías visto a él. ¡Te estabas convirtiendo en un pervertido igual a Karamatsu!
—D-deja de verme…
—Lo siento, mis ojos se sienten atraídos por ti como un imán. Bueno ya que fuimos dejados atrás deberíamos ir a buscar un buen lugar nosotros. Creo que sé de uno.
Sus fríos y largos dedos buscaron los tuyos entrelazándose. Te dejaste guiar por el mayor hasta un lugar alejado de todo.
Estaba silencioso y frio, pero con Karamatsu a tu lado parecía ser el lugar perfecto. Te sentaste a su lado en el pasto viendo los primeros destellos de color que iluminaban el cielo. Una luz subía y explotaba en el cielo en un espectáculo multicolor del cual no podías apartar la mirada. Los dedos de Karamatsu jugaban suavemente con los tuyos en un suave contacto que te llenaban de calidez.
Pero era aún más cálido el aliento del mayor cuando se acercó recorriendo sus labios suavemente por tu cuello desnudo. Causando escalofríos que te recorrían rápidamente y se expandían como las luces multicolores en el cielo.
—Encuentro un inconveniente con tu mascara. -su voz profunda susurrante en tu oído te hizo dar un pequeño salto. —No puedo besarte si la traes puesta.
—Es cierto. -respondiste en un murmullo, nunca tus manos habían sido tan torpes para quitar una máscara como en ese momento. Al final Karamatsu fue quien termino de quitarla. Sus dedos recorrieron el hueso de tu mandíbula y sus pulgares dibujaron el contorno de tus labios antes de acercarse y sellarlos con los suyos en un beso.
No pudiste evitar contener la respiración. Sobre sus cabezas brillaban y se apagaban las luces de colores y nada te importaba más que aferrarte con fuerza al mayor. Las campanillas sonaron cuando los dedos del mafioso las tocaron al hundir sus dedos en tu cabello, atrayéndote más hacia él, haciendo el beso profundo y apasionado. Contuviste un reclamo cuando el beso termino, entreabriste la mirada para ver a Karamatsu, las luces centelleaban reflejadas en su cabello y en esos orbes de color añil que tanto te gustaban.
—Te amo. -murmuro. Nunca un susurro había hecho tanto eco en tu cabeza.
Su mirada intensa sobre ti te hacia ponerte más nervioso. ¿Acaso quería que le contestaras? Sentiste tu rostro arder mientras buscabas las palabras adecuadas.
—Em… yo…
—Está bien si no puedes decírmelo, esperare a que me ames también. Yo daré lo mejor de mí para lograr que me ames. -la sonrisa sincera que te entregaba solo hacía que fuese más vergonzoso.
Karamatsu levanto el rostro viendo las ultimas estelas de luces, te dedicaste a hacer lo mismo escuchando el lejano y estridente ruido de los fuegos artificiales. Dándote valor para romper ese nudo que repetidamente había aparecido en tu garganta.
—Ti voglio bene… -fue solo un susurro mientras tu mirada fija se encontraba en la última estela azul que se hacía violeta al apagarse. Ya que había sido un murmullo dudabas que hubieras sido escuchado, pero cuando giraste el rostro hacia el mafioso y lo encontraste con esa mueca de sorpresa impregnada en el rostro te diste cuenta que había logrado escucharte.
—¿Esa es la manera tsundere de decir que me amas?
—N-no yo…-negaste de inmediato tratando de ponerte de pie y alejarte, pero tus intentos fueron detenidos antes de que lograras nada. Los brazos del mafioso envolvieron tu cintura atrayéndote hacia él.
—Dilo de nuevo. -Farfulló, pero antes de que pudieras decir nada más un apasionado, caliente y húmedo beso llegó hasta tu boca. Tus dedos se aferraban sin fuerza a la chaqueta de cuero negro del mayor, mientras tu lengua trataba de corresponder las húmedas caricias de la de Karamatsu, pero era imposible, te robaba la respiración y nublaba tu mente con sus besos. —Dilo de nuevo. -musitó contra tus labios semi abiertos.
Soltaste un suspiro.
—Olvide como decirlo… -confesaste en voz baja sin apartar la mirada de Karamatsu, lo viste reír apretando los parpados.
—¿Qué con eso? -sonrió amplio antes de acercarse y besarte de nuevo.
Y es que era imposible que no te olvidaras hasta de tu nombre cuando te besaba de esa forma.
Era una de esas cosas que solo Karamatsu podía lograr.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Cuando la función de fuegos artificiales termino no paso mucho tiempo para que Jyushimatsu y Homura los encontraran. Después de eso los cuatro regresaron juntos, aunque pensabas que era algo vergonzoso ir caminando tomados de la mano tenías que admitir que era algo agradable sentir los dedos de Karamatsu entre los tuyos. Tras llegar a casa y un pequeño beso de despedida el mafioso regreso a su trabajo dejándote en el pasillo hacia tu habitación.
Había sido una noche divertida.
Acariciaste a Nyanko y tomaste algunas fotos de los dos juntos mientras aun llevabas la yukata. Jugaste un poco con él antes esperando que fuese tarde, entonces te quitaste la yukata y te vestiste enteramente de negro y preparaste tus afilados cuchillos.
—Voy y vuelvo, Nyanko. -le susurraste antes de ponerte la máscara de gato y saliste por la ventana hacia el tejado.
[]-[]-[]-[]-[]-[]
Habías olvidado lo tranquilo que se volvía todo cuando te fundías con la oscuridad, cuando te dejabas envolver en ella y te ocultabas, automáticamente regulabas tu respiración para hacerla imperceptible y te movías con la rapidez de un gato sobre el tejado.
Encontraste tu objetivo en el edificio que decía la información de la cual Atsushi te había proveído. Desde la sombra lo observaste sigiloso mientras caminaba mirando entra las cajas de cargamento. La caja rechino por un segundo cuando pasaste sobre ella, él objetivo giro el rostro hacia donde habías estado segundos antes pero ya te encontrabas en un lugar distinto.
—¿Quién está allí? ¿Eres tu Kami? -la ronca voz del sujeto hizo eco en la bodega. —¿Eiji? Si has venido adentro para molestar voy a matarte. -gruñó el mayor mirando hacia la salida.
Ni siquiera estabas preocupado de que ese tal Eiji te descubriera, los hombres muertos no hablan.
—Maldición. -malhumorado busco en su bolsillo sacando su teléfono y con una precisión impecable un cuchillo oso negro se clavó en el aparato. —¡Mierda!
El hombre de ojos escarlata apunto con su arma hacia dónde habías estado antes. La gente debía empezar a pensar que uno no se queda en el lugar desde donde hizo su ataque. Eso te lo había enseñado Osomatsu y también la manera cobarde de la que ibas a atacar; por la espalda.
Tu pie impactó con fuerza contra la espalda del hombre haciendo que cayera de manera estrepitosa contra el suelo. Para cuando se giró hacia tu dirección con intención de alcanzar el arma que había soltado cuando cayó al suelo. En un vertiginoso movimiento tu cuchillo se clavó con fuerza entre el espacio de su dedo medio y anular, haciendo un corte profundo donde los dedos se unían. Aku contuvo un grito y en un rápido movimiento tomo el arma con su ensangrentada mano, para entonces ya habías clavado un cuchillo cerca de su cuerpo en forma de advertencia.
—Hola, posible padre. Es increíble que hicieras eso después de lo que el paso a Kami. -Aku palideció ante tus palabras, no sabías sí era por el hecho de que estabas enterado de lo que paso con Kami en el pasado o por el hecho mismo por el cual lo habías llamado padre, porque gracias a la máscara rota podía reconocerte o por el hecho de que tenías un wakizashi apuntando hacia su cuello.
Los ojos de Aku se abrieron como platos por la sorpresa. La mano que sostenía su arma tembló ligeramente y cambio la dirección de su cañón que estaba contra tu pecho.
—Era joven y estúpido… -gruñó
—Claro, porque todos los que son jóvenes y estúpidos violan a una mujer después de matar a golpes a su bebé…
—Matarme no te devolverá a tu madre…
—No busco traer a esa mujer de regreso, ni siquiera venganza…
—Tu mirada es como la de un demonio… -susurro soltando su arma. —¿Vas a matarme?
—Te necesito vivo para compensarme. -más inexpresivo de lo normal le lanzaste una mirada al hombre.
La mueca de una sonrisa en Aku te hacia saber que no se esperaba para nada lo que ibas a proponerle.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]_[]
Al día siguiente cuando te levantaste todo era de color blanco, una pequeña capa de nieve cubría toda la ciudad y se pronosticaban más tormentas de nieve en los próximos días.
Equipado con guantes, gorro y una chaqueta caliente saliste de tu habitación, ese día te tocaba hacer guardia en a puerta por la mañana y te daba un poco de pereza por todo el frio que estaba haciendo. Te pusiste la bufanda que antes te había dado Karamatsu y cubriste tu nariz antes de salir al portón. Tu compañero estaba acompañado de su amigo así que mantuviste distancia.
—Buenos días… -saludaste en un susurro.
—Buenos días~
—¡¿Qué tienen de buenos?! -replico tu compañero. —¡Todos vamos a morir! -lo miraste sin entender.
—Ah, no le hagas caso. Ha estado trabajando en exceso y ahora alucina cosas. -su amigo le restó importancia, sin embargo, el hombre insistió.
—No estoy alucinando. ¡Yo lo vi! ¡El asesino con la máscara de kabuki está cerca y si de verdad es él nos va a matar a todos!
—Amigo, ve adentro, toma algo y tranquilízate ¿sí? Yo te cubro. -el más cuerdo insistió hasta que al final se quedaron los dos solos. —No le hagas caso, hace mucho que ese tipo no se aparece, con suerte ya debe estar muerto. -bufaste cubriéndote con la bufanda. —Pero en serio, cuídate de él.
—Lo hare.
Era más fácil cuidarte de ti mismo que de Tougou.
[]-[]-[]-[]-[]-[]
Cuando tuviste tiempo por la tarde fuiste al parque junto con Jyushimatsu y Homura, por alguna razón que no entendías del todo te obligaron a participar haciendo un muñeco de nieve que al final resultó ser una familia completa. Allí estaba el muñeco de nieve Jyushi, el muñeco de nieve Homura y el más pequeño que era el tuyo.
Jyushimatsu y Homura se habían alejado un poco para traer más nieve, querían hacer también una casa para la helada familia, tú estabas dándole los últimos toques al pequeño tu cuando de pronto algo impacto contra tu pecho haciéndote caer de espaldas contra la nieve.
—¡Ichimatsu! -Homura corrió hacia dónde estabas, te sentaste en el suelo sujetándote el pecho, tu guante blanco se había empapado de rojo.
—Maldición…
Buscaste con la mirada en la dirección contraria de donde había llegado el impacto y te pareció ver a un hombre de gabardina gris y cabello castaño estar viendo en tu dirección y desaparecer doblando la esquina. ¿Atsushi?
—¡¿Estás herido?! -Homura parecía a punto de entrar en un ataque de pánico al ver tu ropa manchada de rojo.
—Estoy bien, es pintura. -te tomo un momento poder respirar adecuadamente de nuevo. Miraste el muñeco de nieve que te representaba, tenía la cabeza hecha pedazos. Suponías que el primer impacto había terminado allí.
Era una clara advertencia. Pero ¿de quién?
[]-[]-[]-[]-[]
—Fue un tiro limpio Jo!, si hubiera sido una bala de francotirador te habría atravesado de manera limpia. -Hatabou parecía entretenido viendo la marca roja que había dejado el impacto en tu piel, incluso aunque tenías ropa gruesa la bala falsa había golpeado con fuerza en tu pecho.
—Si me matan no quiero que me vuelvas hamburguesas. -te quejaste mientras Todomatsu te cubría la herida con un extraño ungüento.
—Serias una mala hamburguesa, ni siquiera tienes carne. Mejor hazlo un estofado. -sugirió Todomatsu. —Y dáselo de comer a Atsushi.
La sonrisa burlona de Todomatsu te hacía creer que él era satanás.
Karamatsu llego apresurado cuando estabas poniéndote la camisa, de manera precipitada se lanzó hacia tu dirección atrapándote en un abrazo.
—¿Estas bien? ¿Qué paso? -preguntó mientras te revisaba.
—Estoy bien, fue solo una bala falsa.
—Aun así, es preocupante. -el mafioso se cruzó de brazos pensativo. —¡Ustedes! Necesito que vayan… -no pudiste escuchar lo que siguió ya que Hatabou interrumpió.
—Jefe, tengo información jo!. -Hatabou agito sus pequeños brazos buscando llamar la atención de Karamatsu, pero no lo consiguió. Ya que era el único que estaba prestándole atención se acercó a ti.
—¿Qué es lo que sabes? Hatabou.
—Los hombres de Tougou se están moviendo. Están planeando algo, algo grande jo!. Mis hombres los vieron buscar en Funland y reunirse con una mujer que parecía extranjera jo! -el pequeño hombre dejo de agitar sus pequeños brazos y con una expresión seria dijo. —Se aproxima una cacería. Y esa marca te hace el objetivo.
Tus dedos fueron de inmediato a la marca en tu pecho como si fueras capaz de borrarla solo con eso. Cuando levantaste la mirada Karamatsu veía hacia tu dirección.
—A partir de hoy, no saldrás de este lugar sin vigilancia. -sentencio el mafioso, la fría expresión de sus ojos parecía advertirte que no lo contradijeras.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
El pasar de los días era tan aburrido cuando estabas dentro de casa. Aunque podías pasar tiempo con Nyanko y hablar con Karamatsu, Jyushimatsu y Homura no podías permanecer más tiempo encerrado. Eras como un gato y si no te dejaban salir ibas a terminar escapando.
El día 23 mientras veías otra capa de nieve caer y sumarse a la que ya estaba en el suelo alguien llamo a tu puerta: Era Homura.
Jyushi y Homura querían llevarte a comprar ropa, no sabías porque estaban tan emocionados por eso, pero cualquier cosa seria buena para despejarte. Lo malo estaba que ahora Karamatsu estaba preocupado, pensando que eras un blanco fácil para el "hombre misterioso". Tenían que encontrar una manera de que pasaras desapercibido hasta que pudieran descubrir algo sobre ese sujeto.
Jyushimatsu estaba sugiriendo que te disfrazaran de un anciano, con todo y bastón, que de esa forma tendrías una forma de defenderte si te atacaban, Hatabou sugirió que fueses un pedazo de carne, obviamente todos lo ignoraron después de eso. Karamatsu por su parte insistía en que quería verte usando su ropa, no sabías si eso era alguna clase de fetiche, pero parecía muy ansioso de hacerlo. Ni de broma querías ponerte esa ropa brillante.
Entonces entre los que discutían una tímida mano se alzó, todas las miradas se fijaron en la castaña que levantaba la mano ansiosa por dar su sugerencia.
—¿Si? Homura-chan.
—Yo siempre quise tener una hija.
Y entonces todos fijaron su mirada en ti.
[}-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Esta vez no te parecías a Ichiko, quizás tenías cierto parecido, pero no eras igual a ella como la vez que la sustituiste en su último día de trabajo.
Homura no dejaba de rodearte tomando fotos en todos los ángulos posibles, al menos tenías que agradecer que esta vez no estabas usando solo un vestido.
Había empezado a hacer algo de frio, señal de que el invierno estaba presente y los abrigos iban bien. Homura fue la encargada de vestirte. Preparo unas medias negras largas con dibujos de gatito, botas altas de color café, una camisa de cuello alto de color violeta y lo que resaltaba además de la peluca risada de color castaño era el abrigo tipo vestido con solapas amplias de color blanco y grandes botones negros. Incluso llevabas un poco de maquillaje que Homura se había encargado de poner.
Cuando te miraste en el espejo no te reconociste. Tenías que admitir que no te veías tan mal.
Seguiste a Homura por el pasillo donde Karamatsu esperaba verte. Abrió los ojos como platos por un segundo al ver tu disfraz, sonrió complacido antes de aclararse la garganta.
—Tengo que admitir que te ves muy bien, pero obviamente me gusta más él "tú" que se ve como un hombre. -se acercó a ti, por las botas altas podías verlo directo a los ojos sin levantar la cabeza como siempre. Sus manos jugaron con un mechón de la peluca risada antes de bajar tomando tu cintura y deslizándose ligeramente hacia abajo mientras decía. — Aunque tengo que reconocer que quiero meter mis manos debajo de tu ropa.
—I-idiota… -sentiste tus mejillas sonrojarse, más aún cuando el mafioso se acercó para besarte. Pero de pronto, un periódico le dio un golpecito en la cabeza al mayor.
—Pss fuera, fuera Karamatsu malo. -Jyushimatsu le daban golpecitos al mafioso con un periódico. Tenía un rociador en la otra mano y amenazaba con usarlo.
"No soy un perro" se quejó Karamatsu mientras Homura te llevaba por el pasillo hacia la salida te pareció escuchar a Jyushimatsu decir "Eres un perro calenturiento".
Parecía que habían dado en el clavo con Karamatsu.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Estuviste recorriendo las tiendas con Homura por unas horas, por suerte la ropa que habían comprado para ti era toda de hombre. Definitivamente esa sería la última vez que ibas a vestirte como una chica, no querías ser llamado Okama otra vez como cuando conociste a Karako. Ahora que pensabas en ella estabas un poco preocupado, sabias que ella trabajaba para Minnie y habías conocido a una Minnie, peor aún te había amenazado.
¿Acaso la prometida de tu hermana estaba en el bando equivocado?
No querías creer que la mitad americana era mala, pero no podías evitar preocuparte por si el futuro de tu hermana podría estar comprometido por tu culpa. Te sentías intranquilo.
Mientras estaban comprando Homura decidió pedir tu opinión sobre el regalo de navidad que iba a hacerle a Jyushimatsu, ahora que lo pensabas debías regalarle algo a Karamatsu. Pero ¿Qué podías darle a alguien que prácticamente lo tenía todo?
—Deberías regalarle lo que creas mejor, no importa lo que sea seguro Karamatsu-sama lo apreciará porque vendrá de tu parte. Como yo con Jyushimatsu-kun, amare por siempre cualquier cosa que él me dé, incluso si no me da nada, si tan solo puedo pasar tiempo a su lado seré muy feliz.
Como siempre tus padres eran demasiado melosos y adorables.
Miraste de nuevo a tu alrededor tratando de buscar algo que le gustara a Karamatsu, al final te decidiste por algo pequeño que se terminaba casi todo tu presupuesto. Prácticamente Karamatsu te daba ese dinero por ayudar, así que era como si él mismo comprara su regalo.
Solo esperabas que le gustara.
Mientras buscabas un lugar para descansar junto a Homura tu celular empezó a sonar, era Atsushi.
—Hola~
—Hola. Buonasera.
—¿Estas ocupado? Estaba pensando que podrías salir y recordar las guerras de bolas de nieve en las cuales nunca me derrotaste. -sabias que bromeaba porque ninguno había jugado a eso antes.
—Estaba de compras, pero acabo de terminar.
—Oh de compras, yo también tengo que comprar algo. Veras, mañana es el cumpleaños de mi persona favorita en el mundo.
—Me pregunto quién será.
Te separaste un momento de Homura, aun sosteniendo el teléfono contra tu oreja.
—Atsushi, ¿estas cerca? -preguntaste mientras caminabas más rápido, ignorando la mirada de algunos hombres que se quedaban viéndote al pasar.
—Estoy cerca de la fuente.
—¡Ya te vi! -corriste hacia donde se encontraba el castaño, Atsushi aun sostenía el teléfono cerca de su oído cuando se giró para verte con una gran sonrisa en los labios. Sonrisa que se borró cuando te vio.
El teléfono de Atsushi cayo de su mano y se estrelló contra el suelo de manera estrepitosa mientras él, boquiabierto, seguía viéndote.
—¿Qué pasa? -preguntaste arrugando ligeramente las cejas.
—Tu sei bellicimo… Eres lo más hermoso que he visto en el mundo. -El castaño murmuró. Aún mantenía su expresión desencajada cuando lo dijo así que pensando que estaba bromeando contuviste una carcajada.
—Grazie mille, Atsushi~ -respondiste haciendo una pequeña reverencia.
Guardaste el teléfono en el bolsillo y te recargase junto a él en la fuente, su teléfono había quedado algo roto de la pantalla, ahora tenías la idea del regalo perfecto para Atsushi. Aun así, parecía que, sí servía los suficiente como para tomar una foto, Atsushi paso su brazo por tu cintura atrayéndote hacia él, era unos cuantos centímetros más alto que Karamatsu así que aun con tus zapatos altos él ganaba en estatura y le fue fácil recargar su barbilla en tu cabeza. Te quedaste quieto para que la foto saliera bien, te preguntabas que iba a hacer tu amigo con ella.
—Y ahora, ¿De quién se supone que estas disfrazado? -pregunto viendo su teléfono.
—De nadie, es solo una manera de que no me reconozcan. Karamatsu está algo preocupado porque hace unos días alguien disparo contra mi pecho una bala falsa.
—¿Estas bien? -pregunto inmediatamente, parecía preocupado.
—Estoy bien. -respondiste igual de rápido, pero más tranquilo, Atsushi dio un suspiro antes buscar una de tus manos tomándola con cuidado entre las suyas.
—Deberías tener más cuidado, ¿Qué hare yo si algo te pasa? -su semblante demostraba preocupación y algo más que no podías reconocer. Desviaste la mirada sintiéndote un poco incómodo por la manera tan extraña en la que Atsushi estaba actuando. —Yo daría mi vida por ti.
—¡No digas eso! -alejaste tu mano de la de él. —No digas que darías tu vida tan fácilmente, yo ni siquiera merezco que hagas algo así por mí.
—Pero es verdad, solo vivo por ti.
—Pues no deberías, no deberías confiarle tu vida a alguien que ni siquiera puedo corresponderte de la misma forma. -agachaste la mirada pensando en todas esas personas que habían muerto por tu culpa, Hanako y Hashimoto habían muerto sin que pudieras hacer nada para salvarlas solo porque estaban cerca de ti.
Atsushi era importante, era el único amigo que aun tenías y no querías perderlo. Aun sí el de tus aterradores sueños era el mismo que ahora te veía con esa expresión de preocupación. No eras lo suficientemente fuerte para salvarlo a él o a Ichiko, mucho menos a Karamatsu. La única parte que tenías que era un poco valiente era tu alter ego con la máscara de Kabuki, pero ahora que no lo hacías bajo la opresión de Osomatsu ni siquiera podías seguir usándolo.
Ahora que eras libre del dominio de Osomatsu te dabas cuenta de que estabas aún más temeroso de lo que podría pasar, porque ahora tenías personas a las que podían herir para destruiste.
Y tenías miedo.
Vivías aterrado cada segundo de no poder verlos más. De que solo para llegar a ti alguien importante fuese lastimado. El pánico te atacaba cada vez más seguido y era demasiado para ti, era una carga casi insoportable para tus hombros.
—¿Ichimatsu? -la voz de Atsushi te saco de tus cavilaciones, habías empezado a temblar ligeramente y no era a causa del frio.
—Y yo, no sé qué voy a hacer. E-estoy todo el tiempo temeroso de todo y es demasiada presión para mí, es muy injusto… no poder salvar a nadie y no poder hacer nada… -las lágrimas se agolpaban en tus palpados cayeron mojando tus mejillas.
Homura tenía razón, tenías que empezar a exteriorizar todo lo que sentías para que ese dolor no te ahogara. Pero era difícil hacerlo cuando estabas acostumbrado a cargar con todo tu solo.
Atsushi se acercó, su suave pañuelo seco las lágrimas en tus mejillas y sus pulgares pasaron por debajo de tus ojos llevándose las que estaban a punto de salir.
—Per favore non piangere (por favor no llores) -susurro, pero antes de que pudieras decir nada sus labios se estamparon contra los tuyos. Cuando trataste de alejarte Atsushi te apretó con fuerza, la resistencia hizo que pudiera profundizar el beso. Quedaste en shock por unos segundos antes de romper el beso a la fuerza, mordiéndolo para que se alejara.
—¡¿Qué demonios?! -querías gritarle, pero la voz de Todomatsu había ganado. Te giraste encontrando al chico de cabello rosa a unos metros de distancia.
—Eres un hijo de puta! -a paso apresurado Todomatsu termino la distancia dando un fuerte puñetazo que lo hizo trastabillar hacia atrás. Cuando el chico te lanzo una mirada feroz pensaste que te esperaba un golpe igual, sin embargo, Todomatsu se limitó a verte por unos segundos antes de chasquear la lengua con fuerza. —Maldito imbécil.
No sabias si eso iba dirigido hacia ti ya que el de cabello rosado se giró hacia el castaño que ya había recuperado la compostura y se sujetaba la mejilla que mostraba una marca roja por el golpe que recién había recibido.
—Totty cálmate. -Atsushi dijo con voz tranquila, su serena voz pareció hacer enojar aún más a Totty.
—Nada de "cálmate", ¡vete al diablo! Estoy harto de ser tu tapadera, quizás para ti sea fácil, pero para mí no lo es, eres cruel al hacer esto cuando sabes lo que siento por ti. -la voz de Todomatsu, que hasta ese momento hacia sonaba ruda se quebró al decir esa última frase. Cuando viste a sus ojos llenarse de lágrimas no pudiste evitar sentir un pinchazo en el pecho. Por otra parte, Atsushi lucia inesperadamente calmado. Era como si no le importara que Todomatsu estuviera así, a punto de llorar por su culpa. —Pero ¿sabes qué? Esto se termina ahora. -Todomatsu le arrojo el anillo al castaño, Atsushi ni siquiera trato de detenerlo y el dorado anillo cayó al suelo. — No pienso seguir más con esto, todo para protegerlo a él. -te señalo, no pudiste evitar sobresaltarte. ¿Qué tenías tu que ver en lo que estaba pasando? Aunque te sentías un poco mal no habías provocado a Atsushi para que te besara.
Entonces ¿de que hablaba? Miraste al castaño con una mueca perpleja, por fin Atsushi parecía reaccionar.
—Todomatsu, calla por favor. -pidió sereno.
Todomatsu rio dolido.
—¡Nada de eso! Tienes una semana para decírselo o se lo diré yo. -sentencio el pelirosa antes de alejarse por donde había llegado.
Esperaste a que Atsushi fuera detrás de él, pero el castaño parecía tener la cabeza en otro sitio. Cuando sus ojos grises se encontraron con los tuyos le dedicaste la mirada más severa que podías poner.
Estabas decepcionado de él y seguramente fue fácil que se diera cuenta.
—¡Todomatsu espera! -fuiste por el camino por donde el de cabellera rosa se había ido.
Te llevo unos minutos correr con todas tus fuerzas, pero al final lograste alcanzar a Todomatsu. Cuando escucho tu voz llamarlo se detuvo en seco.
Se giró hacia ti y sentiste una de sus manos sujetarte con fuerza por la solapa del abrigo vestid que tenías puesto, y viste su puño cerrarse con fuerza. Apretaste con fuerza los parpados en espera de un puñetazo, pero el golpe nunca llego. Y cuando abriste los ojos encontraste el puño tembloroso de Todomatsu, su rostro agachado y las gruesas lagrimas que se agolpaban en sus ojos.
—Te odio… -susurro con un hilo de voz. —¿Por qué tiene que amarte a ti? Lo sé ahora, pero…aun así te odio.
—L-lo siento. -te disculpaste sin saber muy bien porque, Todomatsu bajo el puño y soltó el agarre a tu ropa.
Miraste a Todomatsu que trataba de contener sus lágrimas, pero era inútil. Verlo tembloroso y cabizbajo te recordaba a como lo habías encontrado en esa habitación con Osomatsu. Era como un niño frágil, tan parecido a ti.
Ahora que lo pensabas ¿Qué edad tenia? Debía ser dos o tres años mayor que tú.
—Todomatsu lo siento. -volviste a disculparte, él te lanzo una mirada furiosa antes de recargar su frente en tu pecho, sus manos fueron a tus costados, pero sin rodearte del todo. Era algo parecido a un abrazo, por tu parte tu si lo envolviste entre tus brazos.
—Quizás en un mundo diferente, yo sea el que no lo ama. -susurró.
—Quizás…
—Me pregunto porque todo se complica tanto… -acariciaste la cabeza de Nyanko mientras veías el techo.
Después de que Todomatsu te abrazara Homura los encontró, y los llevo a casa tomándolos de la mano como si fuesen dos niños perdidos. No podías evitar sentirte terriblemente mal por Totty, la manera en la que había sido lastimado hacia que te sintieras culpable.
Tal vez lo más sensato era alejarte por un tiempo de Atsushi. Sería fácil, después de todo habías estado viviendo los últimos dos años sin saber nada de él.
—Presiento que algo va a ocurrir…Es un muy mal presentimiento. -le susurraste a Nyanko, el pequeño gato bostezo acomodándose en tu pecho.
Por alguna razón te sentías intranquilo.
[}-[]-[]-[]-[]-[]-[][]-[
El esperado día llego, saliste de tus pesadillas para encontrarte a la pareja cantando.
"Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti"
Era algo extraño, no estabas acostumbrado a tener tanta atención. Algunos compañeros también te felicitaron, incluso Hatabou hizo un pastel de carne para (pastel que no tenías planeado comer pero que le habías agradecido de todas formas).
El comedor se había llenado de bullicio con decoración multicolor y luces parpadeantes. Celebrando las vísperas de navidad y tu cumpleaños al mismo tiempo, era algo entretenido de ver, pero te ponía nervioso cada vez que alguien se acercaba para felicitarte.
Karamatsu por su parte observaba todo desde la entrada al comedor, cruzando los brazos y sonriendo complacido de que por fin pudieras tener un poco de contacto con tus compañeros. Era como si se estuvieran cobrando esa bienvenida que no habían podido darte meses antes debido a tu fobia a ser tocado.
—Feliz cumpleaños bastardo. -Todomatsu te golpeo en el hombro con algo de fuerza, justo cuando Karamatsu se acercaba a ti. —Toma para ti.
El de cabellera color rosa te entrego un pequeño paquete forrado en un papel de gatos con sombrero navideño. Tu mirada recorrió de la caja hasta el rostro del chico, aunque te sonreía de manera burlona podías notar su mirada triste, esa línea rojiza debajo de sus parpados que delataban que había estado llorando recientemente.
Te sentías mal por él. Pero sabias que Todomatsu, siendo como era, no iba a aceptar tu compasión.
Si no podían ser amigos ya que le te odiaba al menos podías intentar llevarte bien con él y ser un buen compañero ¿no? Se notaba que era lo que Totty estaba tratando de hacer.
—¿No va a explotarme en la cara o sí? -preguntaste enarcando una ceja, Todomatsu rio bajito.
—No… por ahora. -entrecerró la mirada sobre ti. —Ábrelo~
Aun un poco receloso de que de verdad aquello fuera a explotarte en la cara abriste el regalo. Eran dos cuchillos mariposa con mango de color violeta, y un dibujo de un gato alargado en la hoja del puñal.
—Wow, gracias.
—Es para que te defiendas si alguien trata de matarte, aunque espero que te apuñalen con alguno de ellos. ¡Lo deseo tanto! ¡Es mi deseo para navidad! ¡Santa-san, por favor haz mi deseo realidad! -pidió a una escultura de un rechoncho Santa Claus que adornaba la mesa central.
—¿Cuántos malditos años tienes? -preguntaste entrecerrando la mirada sobre él y es que encontrabas demasiado inmaduro su comportamiento.
—Posiblemente los mismos que tú. Incluso podríamos ser hermanos. -te paso un brazo por los hombros. —¿No crees que somos parecidos Karamatsu? ¿Verdad que podríamos ser hermanos?
Karamatsu rio bajito antes de lanzarle una mirada a Todomatsu, el de cabello rosado te soltó a regañadientes.
—Bien, aún quedan unos días para que sea una semana… -tanto Karamatsu como tu vieron sin entender a qué se refería, Todomatsu negó antes de alejarse.
—¿Estas disfrutando tu sesión de regalos? -pregunto el mafioso una vez que todos se habían alejado, la mayoría de regalos eran cupones para comer ramen y guantes. Aun así, estabas feliz de que tus compañeros te felicitaran. —Listo para recibir el regalo de mi parte?
—No tienes que darme nada.
—Demasiado tarde, ven conmigo. -tomándote por la muñeca el mafioso te arrastro hacia la entrada, te pidió que cerraras los ojos y para estar seguro que no ibas a espiar te cubrió los ojos. Te daba mucha curiosidad, también estabas preguntándote en que momento estaría bien darle el regalo que habías comprado para él.
Estabas nervioso.
—Abre los ojos. -la ronca voz del mafioso susurrada en tu oído te hacia erizar la piel.
Abriste los ojos para ver su regalo, tu mandíbula cayó por la sorpresa al encontrarte con una enorme moto.
—¿Una moto?
—No es cualquier moto cariño, es una harley davidson night rod. ¿Te gusta? Vamos intenta subirte. -Con facilidad el mayor te levanto por la cintura para montarte en la moto.
—¡No! -pataleaste tratando de alejarte, pero fue inútil, Karamatsu te dejo sobre el asiento.
—Ah, había olvidado que te daban miedo las motos. Creí que ya lo habías superado, normalmente cuando vas conmigo no te pones como un gato arisco.
—Es porque tú estás conmigo. -gruñiste, de inmediato Karamatsu se sentó detrás de ti, pasando sus manos por tu abdomen.
—Ahora estoy contigo así que estarás bien, vamos a dar un paseo y si chocas te manoseo.
—¿Quién demonios aceptaría algo así? -te quejaste antes de darle unos cuantos golpes con el codo al mafioso detrás de ti.
Al final los dos terminaron dando una vuelta en la motocicleta (conducida por Karamatsu) Pero la idea de que deberías aprender a conducirla no fue dejada de lado por el mafioso.
Más tarde ese día te llego por paquetería una caja que contenía un regalo por parte de Atsushi, era un traje blanco de dos piezas corte ingles cruzado, con botones dobles. Un chaleco violeta oscuro y una camisa de un violeta más claro completaba el conjunto. Venía acompañado con una nota que simplemente decía.
"Feliz cumpleaños…Lo siento."
Tenías que ir a verlo, pero justo cuando pensabas en ir Karamatsu te intercepto, estaba emocionado por pasar su primera navidad contigo como pareja.
Tenías que admitir que estabas igual de emocionado.
[]-[] -[]-[]-[]-[]-[]-[]
El lugar que había reservado Karamatsu para pasar navidad junto con su gente era amplio y elegante, ubicado en un hotel que seguramente era propiedad del mafioso. Tener tantas cosas elegantes te hacia ponerte nervioso, después de todo nunca te habían gustado mucho las cosas refinadas.
Estabas nervioso, sin embargo, pues el pequeño paquete que habías comprado para Karamatsu parecía pesar más de la cuenta en el bolsillo de tu traje negro.
Tenías que encontrar un buen momento para armarte de valor y dárselo, de preferencia que estuvieran solos para que no fuese más vergonzoso si lo rechazaba.
La fiesta era alegre, la compañía era grata. Aun cuando Jyushimatsu y Homura se emborracharon un poco era gracioso verlos.
—No te metas conmigo, voy a partirte la cabeza con un bat como a ese tipo. -decía Homura amenazando a Hatabou cuando trato de llevarse la botella de la mesa.
—Es cierto, yo la vi hacerlo. -Jyushimatsu asintió con fuerza. —Le partió completamente la cabeza en dos como si fuera una sandía, pero ese tipo se lo merecía.
¿Acaso se refería a…?
—¿Me permite esta pieza, señorito? -la invitación galante de Karamatsu te hizo que perdieras el hilo de la conversación que tus padres tenían con Hatabou.
Pusiste la mirada en el mafioso, este vestía un elegante traje color azul eléctrico, llamativo, formal, ajustado, le iba como anillo al dedo.
La canción que sonaba en ese momento era "Jumpin´Jack" demasiado movida y complicada como para que la bailaras.
—No sé si sepa como bailar eso…
—No te preocupes, bailaremos la que sigue. La pedí especialmente para nosotros. -Karamatsu te dio un coqueto guiño antes de tomar tu mano.
—Vas a arrepentirte. -te quejaste haciendo un pequeño puchero antes de dejarte llevar a la pista. Aún seguía sonando el tema de Big bad voodo daddy para cuando llegaron a la pista. Karamatsu te dio algunas vueltas mientras terminaba la canción.
—Estoy emocionado porque es la primera vez que aceptas bailar conmigo.
—No es como si hubiera aceptado, todos vieron que me arrastraste a la pista. -bromeaste, la ronca risa de Karamatsu resonó ligeramente cerca de tu oído. —¿Qué canción pediste?
—Una muy especial… Otra de las canciones que me recuerdan a ti.
D verdad te preguntabas cuantas eran en total.
La alegre melodía de Jumpin´Jack acababa de terminar y era ahora reemplazada por una melodía más suave y relajada, la guitarra acústica resonó con suaves notas seguida del bajo, la batería y el piano.
Karamatsu empezó a moverse meciéndote en suaves movimientos al ritmo de su cuerpo.
La canción no parecía tener letra, a menos no hasta que Karamatsu empezó a cantar a tu oído. Como susurrando palabras de amor.
Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am whole again
Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am young again
El vello de tu nuca se erizo con la cercanía de la profunda voz de Karamatsu. Sus brazos te envolvieron acercándote más a su cuerpo mientras seguía cantando a tu oído.
However far away I will always love you
However long I stay I will always love you -sus cuerpos continuaban moviéndose al lento ritmo de la melodía. Karamatsu aprovechaba cada espacio entre fragmentos de la letra para robar pequeños besos de tus labios y no podías más que ver embelesado esos ojos añil que te atraían como una polilla era atraída a la luz.
Whatever words I say I will always love you
I will always love you.
La canción termino con una dramática vuelta, Karamatsu te inclino ligeramente hacia atrás mientras una enorme sonrisa se dibujaba en sus labios.
—Feliz navidad, Ichimatsu~
—F-feliz navidad. -respondiste nervioso, tras tu respuesta los labios del mafioso te besaron sin premura. Correspondiste el contacto envolviendo tus brazos sobre los hombros de Karamatsu.
Uno, dos… tres besos antes de que intentaras separarte.
—Bueno ya es suficiente. -empujaste a Karamatsu con ambas manos este se quedó ligeramente boquiabierto al ver que llevabas puesto el anillo que te había dado esa mañana en el hotel cerca del mar.
—Lo estas usando…
—Bueno, es porque soy tu prometido. -bromeaste, pero la mirada de Karamatsu se ilumino. Con apremio te envolvió en un abrazo dando un par de atropelladas vueltas en la pista. Entonces te besó efusivamente.
Correspondiste de manera torpe algunos de los besos, pero era imposible seguirle el paso. Al final tuviste que detener la sesión de besuqueos poniendo tus manos en la boca de Karamatsu.
—Basta, vas a hacer que muera.
Karamatsu rio bajito antes de tomar con cuidado tus manos, acariciando con el pulgar tus dedos mientras sus labios dejaban un suave ósculo en tus nudillos. Tu mirada atenta siguió los labios del mafioso cuando besó el dedo en el cual tenías puesto el anillo.
—¿Qué debería hacer?... Estoy tan feliz que solo quiero hacerte mío.
—¿Qué?
—¿Quieres…ir conmigo arriba? -sus ojos índigo te veían fijamente sin perderte de vista, intensos y penetrantes. Su mirada te hacía temblar de un deseo que ni siquiera sabias que podías sentir.
—Sí…
[]-[]
Paso a paso, cada centímetro que recorrías no podías evitar estar más intranquilo. Tu corazón golpeaba con fuerza que te parecía que podías escucharlo en tus oídos, como el golpeteo de un tambor o el intenso galopar de un caballo de carreras.
Karamatsu apacible se mantenía a tu lado tomando tu mano con un agarre seguro y fuerte, como transmitiéndote toda esa seguridad que no tenías. Entonces el elevador por fin llego al último piso, salir del elevador nunca te había causado tantos nervios.
Karamatsu busco entre su ropa una tarjeta dorada que servía como la llave de la habitación. Abrió la puerta entregándote la llave, más no entro.
Su mano se recargo en la pared detrás de ti, inclinando el cuerpo se acercó mirándote directamente a los ojos.
—Reserve una habitación especialmente para los dos. ¿Sabes lo que significa? -Su penetrante mirada índigo parecía incluso más magnética que antes, te veía con algo que al principio no podías reconocer del todo, pero que ahora con el contexto adecuado entendías: deseo.
Él te deseaba…
Tu cuerpo se estremeció.
—¿Q-quiere decir que quieres dormir conmigo…? -y habías agachado la mirada porque ni siquiera te atrevías a mirarlo. El cuerpo de Karamatsu se acercó más a ti, la proximidad te hacía sentir más acalorado.
Y este calor se expandió con fuera por todo tu cuerpo cuando Karamatsu, con su profunda voz susurro.
—Esta noche quiero hacer algo más que solo abrazarte.
Sentiste tu rostro arder y antes de que Karamatsu pudiera decir nada más lo empujaste y entraste a la habitación cerrando la puerta.
—¿I-Ichimatsu? -su voz demostraba sorpresa, se había recargado del otro lado de la puerta. —¿Puedes dejarme entrar?
—¡N-no cambie de opinión! ¡No quiero hacerlo! -pero, aunque habías dicho eso una parte de ti si lo quería, pero otra parte aún más grande estaba asustada. Asustado de que tu cuerpo no le gustara a Karamatsu, asustado de que los malos recuerdos te invadieran.
Al final tu miedo estaba ganándole al deseo.
—Lo siento, no quería asustarte. -El mayor se disculpó, podías escuchar su voz muy cerca así que suponías que estaba apegado a la puerta. Te deslizaste con la espalda en la madera.
—T-tú de verdad no quieres hacerlo, mejor dicho, no deberías… n-no voy a gustarte.
—¿Eh? Pero eres hermoso. Vamos Ichi abre la puerta ¿sí? -golpeo ligeramente la puerta.
—Estoy seguro de que no te gustara… mi cuerpo. -de nuevo regresaban tus inseguridades y es que, aunque la ropa podía ocultar tu cuerpo no podías hacer nada para borrar las cicatrices, todas esas marcas que estabas seguro el mafioso encontraría desagradables.
No soportarías que Karamatsu sintiera repulsión por tu cuerpo.
El mafioso se mantuvo dando pequeños golpecitos del otro lado de la puerta, pidiendo de vez en cuando "Ichi por favor abre" con una voz que intentaba sonar aniñada. Pero tu seguías negándote a abrir.
Del otro lado de la puerta todo parecía muy silencioso, al menos hasta que Karamatsu empezó a cantar a capela.
Please baby... let's get it right
I don't think I can take it...one more night.
I know I love you, I love you, I love you as
Though the stars are mine
So please baby, show me that you are mine. -pegaste la oreja a la puerta para escuchar más atentamente la canción
Please baby...let's keep it right
I wanna make love to you baby -esa parte fue casi como un susurro, casi podías imaginarlo cantándola a tu oído y tu cara se llenaba de rubor.
All through the night
I know I love you, I love you, I love you as
Though the stars are mine
So please baby, show me that you are mine…
Diste un largo suspiro, como si con eso pudieras estar listo para lo que ibas a hacer. Te levantaste y abriste la puerta rápidamente, Karamatsu que estaba de espaldas contra la puerta cayó hacia tus pies. Te lanzo una mirada sorprendida, como si no pudiera creer que de verdad estuvieras allí.
—¿V-vas a entrar o quieres que vuelva a cerrarte la puerta en la cara? Idiota. -trataste de sonar molesto, pero el rubor en tus mejillas y el ligero temblor por tu nerviosismo no ayudaba de mucho.
—Ichimatsu…
Karamatsu se levantó con una gracia casi gatuna, rápidamente sus brazos te atraparon en un abrazo que no solo te acercaba a su cuerpo, sino que te aprisionaba para que no pudieras escapar en un cálido y suave contacto.
Te dedico una sonrisa antes de acercarse y entonces te besó. Lentamente aun mientras te besaba empezó a dar pequeños pasos que recorrían la habitación casi de manera imperceptible.
Los suaves besos eran tantos que te era imposible seguirle el ritmo, lentamente la caminata avanzó. Tu cuerpo se tensó cuando tu espalda cayó contra el colchón, era notorio la manera en la que estabas temblando, Karamatsu se detuvo.
—¿Ichimatsu?
—¿P-puedes encender la luz…? -preguntaste nervioso, estabas asustado de la reacción que el mafioso podía tener si veía claramente tu cuerpo, pero estabas más asustado de no poder distinguir que se trataba de Karamatsu en la oscuridad.
Tus demonios internos luchaban por atormentarte.
Karamatsu extendió su brazo hasta la lámpara de noche que había al lado de la cama, aunque la luz era tenue era suficiente para poder distinguir su rostro y esos ojos azules que te gustaban tanto.
—Está bien…Gracias… -aun así, cuando volvió a besarte el temblor regreso.
—Calma, no voy a lastimarte. -susurró, suaves ósculos eran dejados en todo tu rostro, buscando detener ese temblor en tu cuerpo.
—N-no es eso. -tus manos se aferraron con fuerza a la ropa del mafioso. Habías pedido que dejara la luz encendida y no sabías si eso era un error pues te ponía demasiado nervioso ver esos enigmáticos ojos añil nublados por el deseo.
—¿Entonces…? ¿Quieres que nos detengamos?
—No… -te encontraste sorprendido respondiendo negativamente, estabas asustado y muy inseguro, sin embargo todo eso no impedía que también te encontrabas deseoso de estar con el mafioso. —E-estoy asustado… -confesaste.
Karamatsu permanecía sereno acariciando suavemente tu rostro buscando clamarte.
—¿De qué?
—D-de que… mi cuerpo lleno de cicatrices no te guste. -confesaste ocultando tu rostro con tus brazos.
—Ichimatsu… -El mayor te llamo, moviste un poco para verlo, se había posicionado sobre tu cuerpo con una rodilla de cada lado.
Su mirada añil parecía deslumbrar con la poca luz de la lámpara de noche.
—¿Q-qué estas …? -te sentiste avergonzado cuando el mafioso empezó a quitarse la ropa. Desato su corbata dejando que se deslizara hasta ti, desabrocho con premura los botones de su camisa azul, sus ojos seguían fijos en ti y tú estabas tan nervioso que no podías ni moverte para quitar tus ojos de él. Por fin Karamatsu se quitó la camisa y tomando tu mano la dirigió por su cuerpo. Ni siquiera te diste cuenta cuando saco sus pantalones, con movimientos tan gráciles que lo hacían ver aún más sensual.
Contuviste un suspiro, la piel del mafioso estaba caliente. Podías sentir su cuerpo marcado por el ejercicio y su suave piel solo interrumpida por pequeños bultos casi imperceptibles.
Te recordaba a esa vez en Funland, pero ahora esa mirada añil estaba llena de deseo.
—Yo también estoy lleno de cicatrices, cuando mi padre murió recién había obtenido esta. -dirigió sus dedos a la cicatriz en su cadera. —Mi herida se abrió durante su funeral y dejo una marca peor… ¿La sientes? -podías sentir algo más que solo su cicatriz con esa posición. Tus mejillas se sonrojaron violentamente. —¿Acaso ya no te gusto por estas cicatrices? ¿Te desagrado?
—No…
—Es lo mismo para mí.
—N-no lo es…
—Ichimatsu, te amo. -su voz era serena pero firme. —Amo cada parte de ti y eso no va a cambiar. Así que, ten un poco más de fe en lo que siento por ti. ¿Confías en mí?
Tus ojos inseguros escaparon un momento de los de él, entonces aun con nerviosismo tus manos se movieron por si solas por la piel del mafioso subiendo por su abdomen, su pecho, su cuello, hasta tomar su rostro entre tus manos.
—Confió en ti… -y para demostrar que era cierto, juntaste tu valor para unir tus labios con los de Karamatsu en un suave, inocuo, amoroso ósculo.
{}-{}-{}
Un beso, otro más. El húmedo contacto solo era interrumpido cuando las habilidosas manos de Karamatsu retiraban tu ropa con lentitud. Pero aun cuando se había tomado su tiempo había llegado al final, nada más que tus bóxeres cubrían tu cuerpo.
Y aunque el ambiente estaba frio no podías sentirlo, tu cuerpo estaba tan cálido que parecía que te ibas a derretir.
Karamatsu dio unos cuantos besos en tus labios antes de bajar lentamente, recorriendo pausadamente su boca por cada centímetro de tu piel. Tu cuerpo se estremecía con cada uno de los contactos. Tu voz escapaba en ligeros suspiros casi sin poder evitarlo.
Era tan vergonzoso. Te cubriste la boca con las manos mientras Karamatsu se posicionaba entre tus piernas. Sus pulgares dentro del elástico de tu ropa interior acariciando ligeramente los huesos en tus caderas.
Apretaste con fuerza los parpados mientras sentías la última prenda deslizarse fuera de tu cuerpo.
—Eres hermoso… -la voz de Karamatsu te hizo abrir los ojos lentamente,
Karamatsu te veía embelesado, recorriendo de forma pausada sus dedos como si tuviera miedo de romperte.
—Ahh… -un extraño sonido escapo de tus labios semiabiertos cuando la mano del mafioso acaricio sin reparo tu erguido pene. Cubriste tu boca como si fueses capaz de regresar aquel sonido.
—No hagas eso… déjame escucharte. -Los dedos de Karamatsu se movieron lento casi de manera tortuosa en una caricia que te hacia estremecer como no sabías que se podía. —Esta noche quiero todo de ti.
Su cálido aliento choco contra tu piel, no podías evitar estremecerte ante eso. Sus labios atraparon uno de los botones rosados en tu pecho, tu cuerpo se estremeció de placer. Ni siquiera sabias que esa parte de tu cuerpo poda ser sensible, pero ahora que Karamatsu los besaba, lamia y mordía tus pezones tu cuerpo entero sentía el placer.
El mafioso dejo en paz tus sensibles tetillas, estirando un brazo alcanzo lo que había dentro del pequeño cajón debajo de la lámpara de noche. Era una pequeña botellita con un líquido viscoso y una pequeña caja de condones.
Parecía que venía preparado, atento lo miraste mojar sus dedos con el viscoso líquido, también dejo caer un poco sobre tu erguido pene, el líquido era espeso y estaba un poco frio, te hizo dar un pequeño salto. Karamatsu dirigió su mano hacia tu entrada, frotando, dibujando pequeños círculos antes de abrirse paso lentamente.
Diste un respingo antes de morder tu labio inferior con fuerza, Karamatsu se detuvo.
—Si duele dímelo.
—E-estoy bien. -Era una extraña sensación y aunque dolía no era algo que no pudieras soportar. Karamatsu dio un suspiro, se inclinó hacia tu rostro entregando pequeños y cariñosos besos en tus mejillas antes de llegar a tus labios, separándolos, obligándote a que dejaras de morderlos. Sus manos se alejaron un momento de tu intimidad y tomaron tus delgadas muñecas pasándolas por sus hombros.
—Aquí… -susurro. —Si te duele, puedes apretarme con fuerza.
Asentiste mansamente, abrazando a Karamatsu. Buscaste sus labios en un beso que fue inmediatamente bien recibido y correspondido mientras los dedos del mafioso bajaban nuevamente a ese lugar.
Contuviste la respiración, uno de los dedos de Karamatsu se abrió paso, tus dedos se apretaron un poco contra la espalda de Karamatsu.
Sus besos lograban distraerte en parte mientras su dedo despacio se movía suavizando y preparando aquella parte en tu interior. Cuando otro dedo se sumó a la tarea tu cuerpo se tensó.
Los dedos de Karamatsu se detuvieron y otra lluvia de besos cayó sobre tu rostro antes de que la voz del mayor llegara hasta tus oídos en un susurro.
—Relájate.
Era fácil decirlo. Respiraste profundo antes de soltar el aire de manera lenta, aun así, no lograbas calmarte. No al menos hasta que la otra mano de Karamatsu tomo suavemente tu dureza. Su pulgar dibujo pequeños círculos mientras sus labios dejaban húmedos besos en tu cuello.
—Ahh… -soltaste el aire en tus pulmones en un gemido ahogándolo contra el hombro de Karamatsu.
Los dedos del mafioso se movían ahora con un poco más de facilidad, aunque era una sensación extraña no era incomoda y la única razón por la que era un poco dolorosa era porque tu cuerpo se tensaba de pronto.
Aun así, Karamatsu no se rindió, continuo paciente y sereno su labor. Pasando el miedo inicial en verdad estabas disfrutándolo. Karamatsu te trataba de manera tan gentil que no había espacio en tu cabeza para malos recuerdos.
Sus dedos salieron y no pudiste contener un pequeño gemido que parecía una queja. Karamatsu rio bajito, no pudiste evitar seguir sus movimientos cuando sus dedos alcanzaron uno de los pequeños paquetes plateados. Se acomodó el cabello hacia atrás antes de abrir el paquete.
—Aún podemos detenernos si no estás listo. -Dijo, Karamatsu estaba siendo considerado contigo. Pero ese bulto en su ropa interior que antes se había frotado contra te dejaba claro que Karamatsu no quería detenerse.
Estabas asustado, pero después de todo lo que acababa de hacer y de cómo tu cuerpo temblaba con ansiedad era más que obvio que estabas listo, es más lo deseabas.
—Yo… te deseo Karamatsu. – tu voz fue solo un murmuro, pero fue suficiente para que el mafioso lo escuchara, su seductora sonrisa parecía decirte que acababas de encender su interruptor y que no había vuelta atrás.
Antes ya habías visto el miembro de Karamatsu, en las aguas termales no habías resistido la tentación de ver hacia abajo cuando te había acorralado, pero ahora que estaba erguido era más intimidante. Karamatsu se puso el condón, tus ojos se desviaban buscando otra cosa que ver, pero irremediablemente terminaban sobre el mafioso. La espera fue casi tortuosa, entonces finalmente prosiguió.
—Mm… -apretaste con fuerza las sabanas cuando su miembro comenzó a entrar. Los dedos de Karamatsu buscaron los tuyos sobre la cama, fue casi un alivio para ti cuando sus dedos se entrelazaron.
Tu cuerpo se tensaba haciendo más difícil que Karamatsu entrara por completo, pero cada vez que eso pasaba él dejaba de forcejear y te besaba con dulzura, era tener sus dedos entre los tuyos, recibir sus suaves besos, escuchar su ronca voz en tu oído y ver esos ojos azules lo que te hacia tranquilizarte.
Poco a poco, beso a beso, muy despacio Karamatsu fue adentrándose hasta que se quedó quieto.
—Tu cuerpo es tan cálido… -su voz enronquecida por el deseo resonó en tus oídos.
—C-cállate… -te quejaste, era demasiado vergonzoso en realidad.
—Dime cuando estés listo y me moveré. -besó la comisura de tus labios antes de atrapar tu boca en un beso.
La sensación de tu cuerpo adaptándose al cuerpo de Karamatsu, tus paredes internas lo envolvían y se ajustaban a su tamaño. Y él esperaba paciente hasta que tus caderas chocaron ligeramente contra las suyas.
En la semi oscuridad de la habitación sus ojos índigo te miraban deseosos.
—Puedes hacerlo… -susurraste soltando la mano del mafioso, tus brazos se envolvieron en el cuerpo contrario. Karamatsu asintió ligeramente ante tus palabras, empezó a moverse lentamente.
Era un poco incómodo, nada que no pudieras soportar. La sensación de su cuerpo te tranquilizaba y cuando sentías que los recuerdos malos iban a regresar te bastaba con aferrarte con fuerza a Karamatsu, era suficiente con su voz susurrando a tu oído.
Sus manos ahora libres recorrieron en suaves caricias tu cuerpo, tu piel se estremecía a su paso, cuando sus manos llegaron a tus caderas las tomo firme, pero con cuidado. Los movimientos aumentaron un poco arrancando largos gemidos que tratabas de contener.
Profundo y caliente, Karamatsu hacia estremecer tu cuerpo desde el interior. Una sensación de dolor y placer se mezclaban haciendo difícil reconocer la diferencie entre una y otra.
Casi te asustaba, tu cabeza estaba llena de malos recuerdos que tratabas de disipar, mientras el cuerpo de Karamatsu chocaba contra el tuyo.
Karamatsu estaba allí. Karamatsu estaba amando ese cuerpo que creíste nadie amaría nunca.
Y la felicidad que sentías era tanta que tu pecho dolía y las lágrimas se acumulaban en tus mejillas.
—¿Duele?
—No duele… ahh… -tu espalda se arqueo, justo antes los embistes de Karamatsu habían tocado un punto que ni siquiera sabias que existía, tu cuerpo se estremeció de placer.
—¿Aquí? -pregunto, su mirada felina parecía resplandecer con un tono añil que era enigmático y atrapante. Te hacía temblar de deseo, más aún cuando sus embistes volvieron a tocar esa parte que te llenaba de placer y dejaba a tu cabeza ser una maraña de pensamientos inconclusos.
—Karamatsu… ¡ahh…! -no podías controlar tus gemidos, tus piernas se habían ceñido alrededor de las caderas del mafioso atrayéndolo más cerca, más profundo. No ayudaba en nada que Matsuno atrapara tu tensa y deseosa por atención erección entre sus dedos. Acariciando al mismo ritmo que sus embistes, te ibas a volver loco de placer.
"Karamatsu. Karamatsu. Karamatsu."
Lo único que salía de tus labios además de gemidos y largos suspiros era su nombre, no podías pensar en anda más, no podías más que aferrarte con fuerza a él, clavando las uñas en su espalda embriagado por el placer.
Frente contra frente. Sus cuerpos chocaban en sincronía tan cerca el uno del otro que parecían ser solo uno. El placer se expandía por tu cuerpo, el éxtasis era tanto que a penas podías soportarlo.
—No, Karamatsu yo…no puedo…
—Ichimatsu… -El mayor aumento la rapidez de sus caricias y de sus embistes, era demasiado para ti.
No paso mucho tiempo antes de que terminaras, tu cuerpo se apretó con fuerza al del mafioso tu boca se había cerrado con fuerza sobre su hombro callando un gran gemido, mientras tu cabeza se nublaba llena de placer.
Tus piernas le habían abrazado con fuerza atrayéndolo y atrapándolo en lo profundo, tu cuerpo estaba temblando, pero ahora por una razón diferente.
[]-[]-[]-{]
No sabias que podías quedar tan agotado, pero allí estabas, respirando agitado aún. Karamatsu recostado a tu lado busco tu rostro con sus labios, dándote una lluvia de besos amorosos.
Giraste su cabeza para recibirlo gustoso, tus manos se enredaron en el cabello de la nuca del de ojos azules y Karamatsu se tomó su tiempo para besarte de manera suave y pausada.
—Te amo…
Un susurro que se quedó suspendido por un momento en la oscuridad de la habitación. Haciendo eco en sus cabezas y quedándose guardado para siempre.
—También te amo. -respondió Karamatsu con una gran sonrisa.
[}-[}
Cuando abriste los ojos por la mañana la luz entraba por la enorme ventana, suponías que era tarde. Habías dormido tan a gusto que ahora te daba pereza despedrarte. Además, la almohada sobre la que estabas era calentita y cómoda.
Era Karamatsu.
—Good Mornig. -te saludo el mafioso. Moviste tu cabeza hasta la almohada donde se suponía habías dormido. ¿Cómo habías terminado dormido con la cabeza sobre el pecho del mafioso?
—Buona mattina. -saludaste en un susurro, tu voz sonaba rasposa.
—¿Estas bien? ¿Te duele algo? -se sentó en la cama viéndote fijamente.
—Claro que me duele, bastardo… pero está bien, porque eres tú. -te ocultaste en las sabanas a penas lo dijiste. ¿Cómo habías podido decir algo tan vergonzoso?
—Lo siento. -se disculpó de inmediato buscándote entre las sabanas. —Te compensare. ¿Qué tal si te traigo el desayuno a la cama?
—Bueno… -Karamatsu te dio un pequeño beso antes de levantarse y salir de la cama.
Mientras esperabas buscaste tu ropa, la caja del regalo de Karamatsu cayó rodando hasta sus pies cuando regresaba.
—¿Qué es esto? -dejo la bandeja a un lado sobre la mesita de noche.
—Eh… bueno yo… l-lo compre para ti, pero… -de pronto te invadía el nerviosismo, ni siquiera habías pensado como dárselo.
Karamatsu dibujo una sonrisa mientras abría la pequeña caja, la comisura de sus labios bajaron borrando la sonrisa por un segundo.
—…
—¡L-lo siento, en realidad no tienes que aceptarlo! Yo no…
—Pónmelo… -la sonrisa volvió al rostro de Karamatsu, incluso te parecía que sus ojos mostraban unas pequeñas lágrimas. Te entrego la caja abierta y puso su mano izquierda frente a ti.
Un poco tímido y nervioso, tomaste el anillo que había dentro de la caja, era plateado con un diamante de color azul como sus ojos. Lo deslizaste por su dedo anular, por suerte era de su talla.
—Acepto… -susurro antes de atraerte hacia sus brazos.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]-[]
Cuando Karamatsu te llevó a casa fue recibido de inmediato por un grito.
—¡Tu, maldito bastado! -El bate de Jyushimatsu paso a centímetros de la cara del mafioso, golpeando violentamente contra el piso cuando este se hecho hacia un lado.
Te quedaste perplejo al igual que Karamatsu. No era Jyushimatsu quien lo había golpeado, sino Homura.
—Como te atreves a llevarte a mi bebé de esa forma, sucio pervertido. -La castaña tenia las mejillas rojas y se tambaleaba ligeramente. Iba a intentar darle otro golpe al mafioso, pero Jyushimatsu detuvo el bat con facilidad.
—¡Lo siento, Homura esta borracha! -le quito el bat a la castaña y se giró hacia Karamatsu. —Pero como te atreves a llevarte a nuestro bebé.
Ahora era tu padre el que quería matar a Karamatsu.
Asegurándote de que iban a estar bien pediste permiso para ir a ver a Atsushi, Karamatsu mando a un compañero contigo para protegerte. No paso gran cosa salvo que cuando llegaste al negocio de Atsushi este estaba completamente cerrado.
Según el chico que te hizo compañía era raro que Mr. Pinstripe cerrara su tienda.
¿Qué estaba pasando?
Estabas preocupado por Atsushi, pero sin duda seguirías insistiendo.
[]-[]
Los siguientes días continuaste yendo a buscar a Atsushi, pero no importaba cuantas veces fueras hasta su negocio este siempre prestaba cerrado.
Peor aun, cuando intentabas llamarle la línea te enviaba directamente al buzón. Sabías que ese día su teléfono se había caído, pero aun servía lo suficiente para que al menos contestara tus llamadas. Estaba claro que Atsushi estaba evitándote.
¿Y si algo le había pasado? ¿Cómo podrías saberlo?
Obviamente Todomatsu seguía molesto con él, pues desde ese día casi no había salido de su habitación a menos que fuese para hacer sus rondas.
Estabas preocupado por Atsushi.
Tenías que hablar con él sí o sí el año que viene. Te resultaba algo gracioso decirlo ya que solo faltaban unas horas para que el año finalizara.
Esa noche te vestiste con el traje blanco que Atsushi te había regalado por tu cumpleaños, pantalón, y saco blanco, chaleco violeta oscuro (casi negro) y camisa de un violeta un poco más claro.
Con cuidado et aseguraste de acomodar tu cabello hacia atrás, te miraste en el espejo, casi no reconocías a la persona que te regresaba la mirada. Te veías tan feliz que casi parecía mentira.
Delineaste tus labios con la punta de tus dedos como la noche anterior Karamatsu lo había hecho con sus labios, si cerrabas los ojos incluso te parecía que podías sentirlo. Bajando por tu piel. Era vergonzoso encontrar tu rostro sonrojado en el espejo, ¿Qué te estaba pasando?
Todo era culpa de Karamatsu desde luego.
[}-[]-[]-{]-[]-[]
El lugar en el que celebraban esta vez era incluso más grande y elegante que el de la vez anterior, como siempre todo era demasiado elegante para sentirte cómodo con ello.
Karamatsu se abalanzo hacia ti a penas te vio, sus brazos te envolvieron con cuidado antes de que sus labios sellaran los tuyos con un suave beso. Aunque te gustaban sus atenciones no podías evitar ponerte un poco tímido con tanta gente alrededor.
Como siempre tus sobreprotectores padres te alejaron del mafioso antes de que intentara algo más en ese lugar.
Seguiste a Jyushimatsu y Homura hasta la mesa, podías darte cuenta que esta vez eran aún más personas que en la fiesta de navidad donde solo estaban los hombres de Karamatsu, el lugar parecía ser una reunión de socios y algunos otros curiosos que se alojaban en el hotel.
Te pareció que incluso había una persona que aparecía en la televisión. Una razón más para pasar desapercibido.
Karamatsu se sentó a tu lado, mientras la música empezaba a sonar, casi de manera automática tu mano busco la del mafioso. El mayor sonrió entrelazando sus dedos.
—Creo que va siendo hora de que le pida tu mano a tus padres. -dijo con una sonrisa gatuna, señalando ligeramente a la pareja que parecía tener intensión de emborracharse de nuevo.
—Dios no…
—Bueno, esperare hasta el próximo año. -Karamatsu dio un dramático suspiro. —Así que no te alejes mucho de mí, que después de que hagamos la cuenta regresiva voy a pedir tu mano aquí en frente de todos.
Te ponía ansioso.
[]-[]-[]-[]-[]-[]-{]
El gran reloj que marcaba la cuenta regresiva para el año nuevo estaba a media hora de llegar a cero, te preguntabas sí de verdad cuando el reloj terminara su conteo Karamatsu pediría tu mano.
En realidad, no lo necesitabas, pero ese hombre sabía cómo ponerte nervioso incluso sin hacer nada. Karamatsu se había levantado de la mesa prometiendo volver para besarte justo en la última campanada, para ser la última persona que te besara el año que terminaba y la primera que lo hiciera al inicio de año, ahora mientras esperabas ansioso una canción empezó a sonar.
Era el sonido de fuertes tambores que retumbaban en un tono de jazz, Homura y Jyushimatsu se vieron a la cara con ojos abiertos como platos.
—¡Nuestra canción! -exclamaron al unísono, según sabias esa canción salía en la primera película que vieron los dos juntos. "The mask" Y era algo gracioso que ambos estuvieran vestidos como si la estuvieran parodiando, (Jyushimatsu de traje amarillo y Homura con un vestido corto de color durazno).
Sonreíste viendo como Homura arrastraba a Jyushimatsu a la pista, bailando como si hubieran coreografiado la canción y ensayado por días.
Ellos eran increíbles.
Estuviste atento a la primer parte de la canción, pero tenías que ir al baño. Aprovechaste que aún faltaban cuarenta minutos para el final de la cuenta regresiva y saliste del salón en busca del baño.
El pasillo estaba repleto de gente con gorros y anteojos enormes con letras que decían "Happy new year" y cosas del mismo calibre. Aun así, esa gente se veía refinada, incluso el baño se veía elegante, no como aquellos de la estación de trenes en la cual casi siempre pasabas el año nuevo.
Recordar eso hizo que te dieran escalofríos.
Con tus necesidades atendidas lo único que quedaba era regresar al gran salón y esperar los minutos que faltaran. Caminabas de regreso cuando una chica que parecía estar algo distraída se detuvo de pronto, tuviste que rodearla casi pegándote a la pared para poder pasar. La chica entonces volteo la mirada hacia ti y por un segundo reconociste su mirada fiera antes de que alguien te sujetara por la espalda.
Trastabillaste un poco cuando una mano sujeto un pañuelo con fuerza contra tu nariz, en un segundo la puerta que estaba a unos pasos de la pared donde te recargabas fue abierta y fuiste empujado con fuerza contra el suelo.
—¡Ugh! -te quejaste, lo que sea que te habían puesto en la nariz te había dejado desorientado. Todo parecía estar girando de pronto. Había una risa a tus espaldas , eran tres tonos diferentes por lo que suponías se trataba de tres hombres.
Pero estabas equivocado, pues cuando trataste de manera inútil de levantarte tu mano estuvo a centímetros de tocar unos zapatos Oxford negros con blanco.
—Hola, gatito. Nos volvemos a encontrar. -Su ronca voz fue reconocida inmediatamente por tus oídos y aun atontado, con movimientos torpes levantaste la mirada encontrando al hombre de tus pesadillas.
—T-Tougou… -tu cuerpo empezó a tiritar notoriamente, incluso te parecía que el terror había disminuido ligeramente los efectos del aturdidor.
—Estoy contento de verte de nuevo. -Dijo mostrando sus afilados dientes.
Tus temblosos dedos buscaron el cuchillo mariposa que Todomatsu te había regalado en tu cumpleaños, pero ni siquiera lograste usarlo para defenderte ya que fuiste descubierto por uno de los hombres que vigilaban desde atrás.
Un fuerte golpe impacto contra tu pierna cuando recién empezabas a ponerte de pie, caíste de nuevo al suelo soltando por un momento el cuchillo.
Cuando volviste a tomarlo Tougou piso tu mano con fuerza. "Suelta" Ordenó, pero como te reusabas a soltar la única cosa con la que podías defenderte otra patada impacto contra tu cuerpo alejándote del cuchillo lo suficiente para que el mayor lo tomara.
—Ugh… -no pudiste evitar toser con fuerza.
Del otro lado de la puerta te pareció escuchar a alguien decir que había oído algo provenir de la bodega. Estabas rodeado de personas, quizás si gritabas.
—¡Ayu…! -Tu grito se quedó a medias, el pie de Tougou se estampo con fuerza en tu rostro haciéndote caer vertiginosamente contra un estante. Te retorciste de dolor, antes de que pudieras intentar gritar de nuevo algo se enredó en tu cabeza cubriendo tus labios con fuerza, era la corbata de Tougou usada como mordaza.
—Sujétenlo y si trata de escapar rómpanle un hueso. -ordeno Tougou, te quedaste quieto.
Tus ojos lo siguieron mientras se ponía en cuclillas delante de ti, uno de sus largos y fríos dedos toco tu adolorido rostro bajando lentamente por el cuello.
—¿Recuerdas lo que dije ese día en el casino? – Abriendo tu cuchillo acerco el filo a tu ropa cortando los botones del saco. —Dije que el día que tuviera que matarte, primero me divertiría con tu cuerpo. ¿Lo recuerdas? Adivina que… Hoy es el día en el que te matare. ¿No estas ansioso por divertirte?
La burlona sonrisa de Tougou te hicieron temblar, tus piernas dejaron de sostenerte y casi caíste al suelo de nuevo de no ser porque los hombres te sujetaban son fuerza.
Negaste ligeramente, el ruido de la tela al romperse hizo eco en la pequeña bodega.
Agitaste los brazos un poco tratando de liberarte, pero un dolor agudo te hizo dejar de forcejear. El hombre a tu costado reía apretando tu ahora roto dedo.
Tougou sonrió, la mueca de éxtasis en su cara no parecía delatar nada bueno. Se puso delante de tu cara, pasando los dedos por el notable bulto en sus pantalones. El mayor te lanzo una mirada lasciva.
—Aquí las reglas, si me muerdes voy a tirarte todos los dientes… pero primero iniciare con tus colmillos. Y para demostrar que voy en serio… -Extendió la mano hacia uno de sus subordinados, el hombre se apresuró a abrir un maletín de dolor negro que llevaba. Del maletín el hombre saco unas pinzas de color plateado que entrego a Tougou, este las tomo ansioso antes de dirigirse a ti. La corbata que servía como mordaza fue retirada y aunque forcejeaste las pinzas entraron en tu boca.
—Mírame… -ordeno Tougou, sentías el metal de las pinzas sujetarse con fuerza a tu diente, a penas levantaste la mirada hacia él tiro con fuerza, un dolor agudo te hizo grita contra la mano del hombre que cubrió tu boca evitando que hicieras ruido. —Me excitan las muecas de dolor.
El sabor metálico de la sangre invadía tu boca, ni siquiera sabias que se podía sangrar tanto al perder un diente (quizás era más que había sido la fuerza bruta).
Cuando la mano del hombre se retiró de tu boca pudiste escupir la sangre que se había acumulado en tu boca, la mano de Tougou tomo con fuerza tu rostro, restregando el frente de sus pantalones en tu mejilla.
—Mira lo que has provocado, ahora encárgate de ello.
—No, por favor…-suplicaste cuando el frente de su pantalón fue desatado y su miembro erguido toco tu mejilla.
—shh, shh… Atiende a papi, y te recuerdo, si me muerdes te arrancare los dientes. -Cubrió tu nariz con su mano. —En algún momento vas a tener que tomar aire y entones empezaremos a divertirnos.
La risa de los cuatro hombres resonó en la pequeña bodega.
Deja tu cuerpo… Abandónalo y ve a tu lugar feliz.
Era inútil, tu mente y tu cuerpo estaban en el mismo lugar. No importaba cuanto lo intentaras la asquerosa sensación de algo golpeando profundo en tu garganta te mantenía en ese lugar.
Todo se había vuelto oscuro, ahora incapaz de gritar la mordaza se había convertido en una venda que cubría tus ojos.
Tu cabello, ese que habías peinado especialmente para lucir bien para Karamatsu era ahora tomado con fuerza por el sádico que había matado a su padre y había vuelto un retorcido a su hermano mayor.
Sangre, saliva, semen, realmente no sabías que era, pero algo estaba cayendo por la comisura de tus labios. Aquellos labios que Karamatsu había sanado con sus suaves besos eran ahora violentados por ese hombre que disfrutaba de tu sufrimiento.
"Resiste, lo has hecho antes"
¿Cuántas veces habías pasado por eso antes? Habías sobrevivido a tantas vejaciones y abusos que estabas al límite.
Tu cabello fue sujetado con más fuerza y el nauseabundo pedazo de carne fue empujado más rápidamente dentro hasta que por fin algo atravesó tu garganta.
—¡Ngh! -sentiste arcadas. Sentías que ibas a vomitar. Lo escupiste fuera a penas Tougou salió.
—¡Maldito mocoso! -Tougou gruño, un puño se impactó con fuerza en tu mejilla, como tenías los brazos atados no pudiste detenerte y el golpe termino haciéndote caer sobre tu costado. —No creas que hemos terminado.
Tu cuerpo fue empujado hacia abajo y la tela de tu pantalón y ropa interior fue cortada con precipitación.
—¡N-no, por favor no! -suplicaste al sentir algo hacer presión contra tu entrada. —¡No, por favor! -te retorciste tratando de escapar, lo que provoco que los hombres rieran. Sin embargo, con facilidad Tougou te arrastro hacia él lo poco que habías logrado escapar. Lo sentiste posicionarse entre tus piernas. —¡No!
Forcejeaste más liberando una de tus manos, tu palma se estampo contra el rostro del ladrón y empujaste para alejarlo. Un nuevo golpe en tu rostro te desoriento, la venda que curia tus ojos se había caído y te permitía ver a Tougou delante de ti.
Su erguido pene se froto contra tu entrada.
—¡por favor no! -pediste con desesperación en la voz, sorprendentemente Tougou se detuvo. Te miro directo a los ojos antes de chasquear con fuerza. Empujo tu cabeza contra el suelo antes de alejarse.
—Maldición, tenías que sacar sus putos ojos… -gruño. —Encárguense ustedes. Viólenlo por turnos y cuando se canses, viólenlo también con esto. -arrojo el cuchillo mariposa hacia tus piernas. —Asegúrense de dejarlo vivo para Karamatsu, será su advertencia de que no debe meterse con lo que es mío.
Los hombres de inmediato asintieron a sus órdenes, Mientras un hombre se posicionaba entre tus piernas y los otros dos te sujetaban los brazos Tougou salió de la bodega, mirándote con sus ojos de demonio mientras lentamente te hundía en la oscuridad.
"Solo cierra los ojos y deja que hagan lo que quieran contigo, mientras menos te resistas. Más pronto terminara todo"
La voz de la mujer hizo eco en tu cabeza mientras que la repugnante sensación de algo espero se abría paso dentro de tu cuerpo.
No.
No ibas a dejarlos.
Tomando fuerza de quien sabe dónde lograste patear al hombre que se disponía a adentrarse en tu cuerpo. Te giraste de inmediato arrastrándote para alcanzar el cuchillo mariposa para liberar tus manos mientras los otros hombres estaban distraídos pero el hombre al que habías pateado se había recuperado más rápido de lo que esperabas y ahora, iracundo te sostenía contra el suelo.
—¡Maldito mocoso! -empujo algo contra tu cuerpo enojado, de primer instante no sentiste nada más que un pequeño tirón a tu ropa. Tu cuerpo fue obligado a girarse espalda contra el suelo y tus piernas fueron elevadas sobre sus hombros.
Retorcerte ahora era más doloroso, un agudo dolor se expandía con rapidez en tu espalda baja, era como pinchazos, se sentía como si te quemara.
Y fue hasta que el suelo debajo de ti se empapo de sangre que caíste en cuenta que te habían apuñalado, que eso de antes no había sido más que un cuchillo entrando y saliendo de manera limpia.
Era doloroso, el dolor en todo tu cuerpo era tanto que sentías que ibas a desmayarte. De lejos escuchabas a los hombres saludar a su jefe ¿Acaso Tougou había regresado?
Tu cuerpo era empujado una y otra vez y ni todo ese dolor podía sustituir el asco, la repulsión que sentías.
Solo deseabas que el infierno terminara rápido.
Un sonido muy familiar llego hasta tus oídos. Sabias reconocerlo porque antes habías usado silenciadores para las armas, que si bien eran silenciosos a distancia no pasaban desapercibidos si la distancia era corta.
El hombre que estaba sobre ti recargo todo su peso en tu adolorido cuerpo antes de retirarse, la venda que cubría tus ojos fue retirada.
Y entonces lo viste.
Sus ojos escarlatas centelleaban con una ira que no podías olvidar.
—Osomatsu… -tu voz no era más que un susurro, no tenías fuerzas ni para hablar.
—Calma perrito, la ayuda viene en camino. -Susurro con un tono de voz tan tranquilo que no podías reconocer. -se quitó la chaqueta y la puso sobre tu cuerpo mientras sostenía el teléfono en su oído pidiendo una ambulancia.
Tus ojos recorrieron la bodega, dos hombres yacían muertos en el suelo con un disparo en la frente, el único que seguía vivo era el que antes te había atacado.
Osomatsu colgó después de dar indicaciones a la ayuda médica. La mueca de tristeza que te dedico te desconcertó.
Ah, esto era una alucinación antes de morir. Sí, debía ser eso. Solo así podías explicar porque Osomatsu acababa de salvarte.
El mafioso de camisa escarlata se inclinó a tu lado, tomando tu mano como si intentara tranquilizarte.
—¿Sabes? A-ahora recuerdo la razón por la que te salve ese día en el callejón. No fue tu petición y mucho menos tu presencia. Fueron esos ojos… esos malditos ojos, él me entreno bien para que los amara… Como lo amo a él.
—… -respiraste con dificultad, cuando Osomatsu te ayudo a sentarte el dolor regreso haciéndote saber que aun estabas vivo. Le miraste con confusión.
—¿No lo sabes? La razón por la que te salve… es porque tu… Eres hijo de Tougou.
Si pudieras sentir un balde de agua fría seguro que se sentiría como en ese momento. ¿Por qué él? ¿De todos los que habían hecho algo horrible a tu madre porque había tenido que ser él?
Sentiste arcadas de nuevo, pero tu estomago estaba vacío.
—Tengo que irme, si Karamatsu me encuentra aquí me matara.
Karamatsu…
El esperaba por ti….
Karamatsu…
Cuando Osomatsu se fue usaste la fuerza que te quedaba para ponerte de pie, tu mente estaba en blanco. No pensabas nada más que en Karamatsu.
Querías verlo.
Querías verlo con desesperación.
Querías que te sanara. Que te atrapara entre sus brazos y te asegurara que todo iba a estar bien.
Arrastrándote, dejando un camino de sangre y algunos otros fluidos… ni que la gente se horrorizara contigo podía detener tus lentos pasos.
Y entonces lo viste, distraído, sereno, hermoso.
A penas sus ojos azules se encontraron con los tuyos su expresión cambio totalmente. Karamatsu recorrió rápidamente la distancia que los separaba y corrió hacia ti justo en el momento en que tus piernas dejaron de contestarte.
—¡Ichimatsu…!
No lograbas entender lo que estaba diciendo, no podías seguirles el paso a sus palabras, estabas muy cansado. Estabas agotado.
Pero ahora que estabas en los brazos de Karamatsu sentías una calidez y una tranquilidad casi absurda. Sentías que te estabas perdiendo de algo, de algo importante, pues el rostro de dolor de Karamatsu era algo insuperable.
¿Era así como iba a acabar todo?
Volvías a él sucio y hecho un desastre de nuevo.
Y tal vez, era la última vez.
Mientras perdías la sensación de tus extremidades solo podías pensar en algo. Todo aquello había sido imposible de resistir porque Karamatsu te había enseñado lo que era el amor, lo que era que tocaran tu cuerpo con gentileza. Hasta ese momento nadie además de él había hecho eso.
Y él te amaba aun siendo un desastre
¿Seguiría amándote después de eso? ¿Y si no eras así, si después de eso sentía asco de tu cuerpo?… Entonces al menos una vez...
Al menos una última vez, querías responder a sus palabras.
—Ti amo…
Y fue como un susurro que se quedó suspendido, igual que tu primer te amo se quedó en esa habitación. Y ese se quedó resonando en tu cabeza antes de que todo se volviera oscuridad. Después de eso no sentiste nada, ni el dolor, ni la calidez de Karamatsu.
[]-[]-[]
[Karamatsu]
El clima estaba demasiado frio, era una de esas lloviznas que llegaban a veces en los días de invierno.
El traje negro que tenías puesto era incomodo, ni siquiera recordabas como habías logrado ponértelo.
Tu fría mirada se posó en el mármol frente a ti, leer su nombre una y otra vez te mantenían en la realidad.
A tus espaldas unas mujeres lloraban desconsoladas. Tu no podías moverte ni alejar tu mirada de ese ataúd que poco a poco era cubierto por tierra fresca.
Ese era el adiós… Nunca más ibas a poder ver su sonrisa, nunca más ibas a poder escuchar su voz… nunca más ibas a poder abrazarlo o dedicarle canciones…
—No… -tu ronca voz rompió el nudo en tu garganta. —¡No, no, no! ¡No puede ser cierto! ¡No puede estar muerto! - tus rodillas cayeron al húmedo suelo mientras una ligera llovizna empezaba a caer. Con desesperación tus dedos, tus uñas trataron de quitar la tierra que cubría su ataúd.
—Jefe, por favor deténgase. -tus hombres trataron de detenerte, pero tu luchaste. Tenías que verlo una última vez, no podías dejarlo ir tan fácilmente.
El dolor te hizo detenerte.
Tu traje ahora estaba lleno de barro y sangre. Y aun así nada dolía más que perderlo.
Tus hombres guardaron distancia, dejándote llorar a todo pulmón, dejando que dieras puñetazos contra el suelo hasta lastimarte los nudillos.
Con fuerza apretaste un puño de tierra viendo de nuevo su nombre en la lápida
—Voy a matarlo… juro que voy a matarlo.
Juraste venganza desde el fondo de tu corazón.
Espero de verdad que les guste.
si les gusta comenten por favor.
Un reconocimiento especial a Antinoo quien acerto con quien era el padre de Ichi.
nos leemos pronto.
Felices fiestas~
Saludos
