Chapter 13:

¡Madre miaaaaaaaaaaaaaaa! ¡¿Pero cuanto tiempo llevo sin subir un capitulo? 1 millón de años por lo menos… Dios, lo siento de verdad, aparte de tener muchos deberes, no tenía nada de imaginación, y además, tenía que escribir otros fic (que por cierto, no tengo ninguno acabado -.-) Bueno pues lo siento de verdad y espero que os guste :) ¡A leer!

Goenji: (TN)… ¿Quieres ser mi novia?

Tú: Yo… - Las lágrimas caen por tus mejillas, mientras esbozas una bella sonrisa. No te salen las palabras, ni siquiera eres capaz de mirar directamente a la cara a Goenji, no sin antes volver a llorar.

Goenji: Lo primero, tranquilízate. Ya está – Te acoge entre sus brazos. – Vamos… Tranquila. Respira hondo. – Coges todo el aire que puedes y lo echas lentamente, ahora, estás más calmada.

Tú: Si, si quiero… - El rubio te acaricia lentamente, sin dejar de sonreír, sin dejar darte calor con su propio cuerpo. Te besa, muy cálidamente para no hacerte sentir incómoda.

Goenji: Te prometo que serás feliz. Te lo prometo por quien sea…

Tú: ¿Por Jason…?

Goenji: Por Jason. – Le abrazas tan conmovida que, hasta le haces sentir culpable de esas lágrimas. Ya te calmas, cierras los ojos y miras arriba, dejas que las gotas de esa fría lluvia mojen aún más tu cara, incluida la sonrisa. Goenji te mira deseoso de besarte, pero estas tan perfecta en ese ángulo, tan frágil, tan bella, que no se atreve a moverse. – Nunca pensé que te fijarías en mí.

Tú: ¿por qué pensaste eso? – Dices sin abrir los ojos.

Goenji: Siempre pensé que estabas fuera de mi alcance. – Abres los ojos azules, miras a tu novio, feliz.

Tú: ¿Sabes? Debería ser al revés, no todos los días se es novia de un campeón del mundo.

Goenji: Ni tampoco se es novio de una chica como tú.

Tú: ¿Cómo yo? ¿Qué tengo yo de diferente?

Goenji: Tu forma de ser, tu manera de mirar las cosas ya las personas, tu físico… - Se acerca a tu boca, y después de una pequeña pausa divertida, te besa, pícaramente. – Anda, vamos adentro. No quiero que te resfríes.

Tú: Por favor, Goenji. No me sueltes. No quiero que este momento se acabe.

Goenji: Vale, pero… Por lo menos vamos a ponernos a resguardo. Acabaremos con una neumonía de caballo.

Tú: Valdría la pena. – Te coge en brazos y te lleva hasta un merendero que había allí cerca, para pasar vuestra primera tarde juntos.

No estarías tan a gusto si supieras que yo estoy aquí, maldiciendo a Afrodita y a Cupido, por no recompensarme tantos años amándote con mi alma. También maldigo al demonio, por no llevarse de una maldita vez a ese cabronazo. Pero, ¿Qué puedo hacer yo? Aguantarme y sufrir en silencio. Igual que he hecho hasta ahora. A partir de hoy, a todas horas, cuando haga sol, nieve, viento, o en este caso, cuando llueva y yo esté tras un árbol, empapado, espiado todo lo que haces y con los ojos mojados, rogaré a dios o a quien sea, que por favor suceda un milagro que me ayude a curar este tremendo dolor que tengo en mi interior desde hace bastante, que me tortura a todas horas cada vez que te veo.

Más o menos dos horas después, los dos decidís que ya era hora de volver y ayudar a los que estaban de resaca en esa impresionante fiesta de anoche. Sigue lloviendo incesablemente. Os dais de la mano y cada uno se despide del otro con un largo beso. Él se va a su edificio y tú al tuyo. Entras en el salón principal y te encuentras con un montón de gente por todas partes lamentándose de dolor de cabeza o de dolor de estómago. No pudiste echar una carcajada al oír a los dos gemelos discutir de nuevo, pero teniendo la cabeza encima de mesa, sin poder siquiera abrir los ojos.

Ulises: La mía estaba más buena…

Romeo: Que dices imbécil… La mía estaba para tirar cohetes.

Luis: Pero… Si ni siquiera os liasteis con unas tías, eran travestis. – Los dos se levantan de golpe y salen corriendo al baño, para vomitar.

Tú: ¿Es verdad?

Luis: No, pero así se callan un rato. – Después de reírte de nuevo, seguiste andando por al salón, hasta que Alejandro salió de aquella esquina, más serio que nunca.

Tú: ¿Qué pasa?

Alejandro: Nada, tú verás.

Tú: Pero… Yo solo venía a contarte algo maravilloso.

Alejandro: ¿No has pensado que no es maravilloso para todo el mundo? ¿Qué hay quienes están en contra de todo lo que te ha pasado?

Tú: ¿Ya lo sabías? Espera… ¿Me has estado espiando?

Alejandro: Si. Y ahora me arrepiento, prefiero vivir sin haberlo sabido, por lo menos tendría ilusiones. Pero ahora… Ya no tengo nada.

Tú: Pensé que éramos amigos.

Alejandro: Ya… ¿Y por eso me besaste, te disfrazaste a juego conmigo, y dejaste que te quitara la virginidad por ello, no?

Tú: Si, por eso mismo lo hice. – Intentabas contener las lágrimas.

Alejandro: Mira, (TN). No sé en qué demonios estás pensando. ¿Crees que siempre alguien te seguirá? ¿Qué siempre tendrás un hombro en el que llorar? No. La vida no es así. Puede que ahora tengas a Goenji, pero no siempre lo tendrás.

Tú: ¿Y cómo lo sabes?

Alejandro: Pues porque él es japonés, y en algún momento tendrá que volver a su país. – Se te rompe el corazón. No contabas con eso… Dentro de unos días se celebraría el partido contra Inazuma Japan y se acabaría todo para los dos. Lamentablemente, Alejandro tiene razón. – Pronto te quedarás sola y aprenderás que la vida no es de color de rosa.

Tú: Eso ya lo sabía desde que Jason murió.

Alejandro: No lo parece.

Tú: Lo que has dicho… ¿Quiere decir que ya no vas a estar conmigo…?

Alejandro: Has jugado demasiado conmigo. He estado durante toda mi vida queriéndote. Ya estaba a punto de tirar la toalla cuando me besaste esa tarde. Entonces, dejaste que me hiciera ilusiones. Y para rematarlo, dejaste que te quitara la virginidad. Hasta te compré flores, (TN), flores que he tenido que tirar a la basura por tu culpa. No quiero volver a pasar por eso. – Le agarras de la mano, intentando que no se fuera.

Tú: Por favor Ale' (mote diseñado exclusivamente para él) no te vayas… Te necesito.

Alejandro: Yo también te necesitaba, pero nunca te quedaste a mi lado y quererme como yo te quería a ti. – Se suelta bruscamente de un manotazo. – Vete a llorar a tu novio y déjame en paz. – Se va hacia dios sabe dónde.

Destrozada, sales corriendo hasta llegar al edificio vecino. Llamas a la puerta, abre el entrenador. Sin siquiera saludar, entras corriendo, llorando. Esquivas a todo aquel que estaba en el suelo, medio moribundo por la resaca, los que están en las sillas, en el sofá, en la mesa. Hasta llegar a tu novio, que está contando lo ocurrido a su capitán, quien se acaricia su cabeza suavemente e intentaba calmarla de aquel dolor, haciendo caso omiso al goleador de fuego. El rubio, al verte entrar por la puerta llorando, desesperada, buscando rápidamente su apoyo. Se levanta y se acerca a ti. ¿Tanto me echa de menos? Se pregunta extrañado. Por si acaso, prefiere asegurarse.

Goenji: Mi amor… ¿Qué ha pasado? – Te abraza, mientras lloras desconsoladamente en su pecho.

Tú: Goenji… Estoy sola, sola de verdad.

Goenji: Pero qué dices, si yo estoy contigo.

Tú: Pero volverás a Japón y yo me quedaré sola. – El rubio intenta parecer seguro, pero no se fía ni un pelo de ese tal "Ale'" del que su novia habla constantemente.

Goenji: Tendrás a Alejandro.

Tú: No, ya no. Me ha dicho que no quiere ser más mi amigo, que ya no va a estar a mi lado.

Goenji: Pues… Eso quiere decir que no es persona en la que se puede confiar. Sabes que si fuera por mí, me quedaría, pero… Mi familia vive allí, y no estaría muy de acuerdo en venir aquí por nosotros.

Tú: Entonces iré yo.

Goenji: (TN), no puedes… Estudias aquí, todos tus amigos están aquí, incluso tu familia.

Tú: Los estudios no me importan, no tengo amigos ni tampoco familia,

Goenji: ¡Claro que sí! Todos tus compañeros son tus amigos, tienes a Diana y a Aurora, y además está tu madre. ¿Qué harán todos ellos sin ti?

Tú: ¿Qué haré yo sin ti? – Sin saber qué contestar, Goenji te coge de la barbilla y te clava su mirada en la tuya, sin apartarle ni un momento.

Goenji: Dejemos de pensar en el futuro. Pensemos en el presente y en todo lo que podemos disfrutar.

Tú: Pero…

Goenji: No hay peros. Vamos. – Te coge de la mano y se encamina hacia la salida.

Tú: Shuuya, está lloviendo. – Paras en seco. Acababas de entrar en calor y estabas seca por fin, no querías volver a mojarte. Él se para, al caer en la cuenta. Piensa un momento se acerca al pasillo de al lado, mira a un lado y a otro, bajo la atenta mirada de su novia. - ¿Qué haces? – Preguntas divertida.

Goenji: ¿Vienes a mi cuarto?

Tú: ¿A hacer qué?

Goenji: A jugar al parchís. ¿Tú qué crees?

Tú: ¿No crees que es un poco pronto?

Goenji: No esperaba llegar hasta el final. Simplemente, un par de caricias. Pero si no quieres… - Antes de que pueda acabar la frase ya le has cogido de la mano y estabais dentro de la habitación. Te coge y te besa, más apasionado que nunca. Te sorprendiste tanto que te separaste de él un momento. Abrió los ojos al no seguir sintiendo tus labios. Observó que le estabas mirando extrañada. - ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara?

Tú: No, claro que no.

Goenji: ¿Entonces?

Tú: Nunca me habías besado así antes.

Goenji: No tuve oportunidad. – Mira el reloj. – Además, tenemos que celebrar algo.

Tú: ¿Celebrar el qué?

Goenji: Feliz "Cuatro-horas-aniversario". – Ríes. Antes de acabar la carcajada, él te besa, y esta vez, te dejas llevar hasta la cama.

Cuando te tumba con esa suavidad, ese cariño, y sobre todo esos cariños, decides cerrar los ojos y dejarte llevar por esa oleada de besos, lametones y caricias. Consigue deshacerse de tu camiseta, lamiendo y acariciando suavemente las parte que antes estaban tapadas por ella. Empieza a desabrochar tu pantalón vaquero corto, lo baja un poco y para en seco. Abres los ojos, para encontrarte a tu novio mirando fijamente el tatuaje que tenían a un lado en la cadera, era bastante pequeñito. Se trata de un corazón, con unos cascos para escuchar música puestos y una "J" en la mitad.

Goenji: ¿Qué es eso?

Tú: Un tatuaje. Me lo hice hace tres meses, más o menos.

Goenji: ¿Y qué quiere decir esa "J"? – Pregunta, algo celoso.

Tú: Jason. – Respondes, algo triste. Él lo nota, se arrepiente de haber hecho esa pregunta. Te besa, ahora dejando que los dos cuerpos se junten totalmente, sientes un sonrojo en tu cara, está metiendo su lengua en tu boca, pero era mucho más placentero que cualquier otra vez que te pasó eso. ¿Qué dominios…? Soy la mujer, yo mando. Piensas, apoderándote de la posición de arriba, y ahora, eres tú la que se apodera de su camiseta, dejando que sus músculos estén al aire. Divertida y algo excitada, empiezas a lamer y a besar sus abdominales, sujetando sus morenas manos contra la cama, intentando que no se moviera.

Justo en ese momento, Toramaru abre la puerta.

- Goenji-san. ¿No tendrás una pastilla para Fu…?– Pregunta, trabándose al ver semejante escena. Goenji, sonrojado, intenta taparse con algo, para disimular. Pero tú, le paras, y miras al recién llegado.

- Toramaru… ¿Por qué no has llamado a la puerta? – Preguntas, con tono de madre.

- Y-Yo… Pensaba que Goenji-kun estaba leyendo y… Lo siento…

- Por favor (TN), no lo mates. – Ruega el rubio, debajo de ti.

- Pero, ¿quién creéis que soy? Toramaru, ¿me haces un favor?

- C-Claro…

- Cuando salgas de aquí, cuéntale esto a todo el mundo: Goenji y yo somos novios. ¡Ah! Y las pastillas están en el botiquín de recepción. – Con un "Sí, señora" Toramaru se va de allí con mucha prisa.

- Pero (TN)… ¿Por qué quieres que lo sepa todo el mundo? – Pregunta Goenji, más que confuso.

- Quiero que sea oficial. – Le besas suavemente en los labios, sueltas sus muñecas y miras el reloj. – Me tengo que ir.

- Pero… ¿A dónde vas? – Pregunta, quedándose con las ganas de llegar hasta el final.

- A entrenar. Que sea tu novia no quiere decir que tenga que dejar de entrenar para derrotar a tu equipo, ¿sabías? – Contestas, con una sonrisa tentadora en la cara.

- ¡Es verdad! Dentro de dos días es el partido, ¿no? – Dijo, torciendo un poco la cabeza para llegar a ver algo más de lo debido mientras te ponías el pantalón.

- Pues sí. Y cariño, te pienso pegar una paliza que no vas a poder levantarte. – Coges tu sudadera y te marchas de allí.

- ¡Gracias, cariño! – Grita por el pasillo, mientras le dedicas una sonrisa entre miradas y comentarios de los compañeros que están escondidos por alguna parte. El rubio sigue el movimiento de tus caderas, encandilado como siempre, sabiendo que por fin ese movimiento es suyo y de nadie más. Sin duda, has acertado con tu elección. No te arrepentirás. Piensa, mientras te ve desaparecer por la esquina, echándole una última mirada llena amor y muchas más cosas que no las puede expresar.

Oh shit, ya está, y como siempre, intentaré subir el siguiente capi lo más rápido que pueda, i'm sorry T-T Pero si me demoro otros dos millones de años en subirlo, que no os extrañe, estoy hasta el culo de deberes y exámenes los que atender. Bueno, sé que es un poco egoísta después de haceros esperar tanto, pero… ¿reviews?

¡Gracias por leer!