Quince años.

—Última noche, ya— comentó Robert Evans mientras cerraba el periódico y le dejaba en la mesita que estaba al lado del sillón, donde estaba sentado.

Lily asintió con aire ausente.

El hombre le echó una mirada a su hija preocupado. Se encontraba sentada en el sofá con las piernas recogidas y sus ojos clavados en un punto indefinido de la pared, perdida en sus pensamientos.

Y llevaba así desde que volvió de ese colegio al que iba.

Su pequeña Lily, la alegría de la casa, siempre riendo y feliz… ¿qué le habían hecho allí? El señor Evans supo que algo iba mal desde el mismo momento que su hija la abrazó después de bajarse del tren en aquella estación. En ese instante deseó llevarse a su hija de allí, encerrarla en su habitación y que no se fuera de allí jamás.

Pero, a pesar de sus deseos, la parte racional de su mente sabía que su hija estaba creciendo y no podía hacerlo. Sin embargo, odiaba ver a su hija siempre metida en sus pensamientos, taciturna o pensativa. Quiso preguntarle muchas veces lo que le pasaba, al igual que su querida esposa, pero siempre conseguían evasivas. Finalmente, desistieron con pesar, esperando que pronto ese estado llegara a su fin.

¿Qué le había pasado en ese mundo suyo?

—¿Alguien quiere tarta? — cortó el silencio Brianne Evans entrando al salón con una sonrisa.

—Claro, cariño, me encantaría— le sonrió su esposo. Brianne le correspondió la sonrisa y después se giró hacia la joven.

—¿Y tú, Lils?

No obtuvo respuesta, como la mayoría de las veces que se le hablaban directamente. Brianne suspiró y su mirada se cruzó con la de Robert, como ya venía siendo habitual. No sabían qué hacer con su hija. La mujer cogió aire y lentamente se dirigió hacia el sofá donde estaba la niña para sentarse a su lado. Robert se irguió en el asiento y clavó sus ojos en las dos féminas.

—Lily, cariño— la llamó la madre con tono preocupado, poniendo una mano en el hombro, causando que se sobresaltara.

—¿Sí? — preguntó la pelirroja parpadeando para alejar los pensamientos de su cabeza. Alternó la mirada entre sus padres y se maldijo interiormente. Otra vez lo había hecho.

—Hija… ¿estás bien?

—Tu madre y yo estamos muy preocupados— añadió Robert.

Brianne cogió las manos de su hija para aferrarlas con ternura mientras clavaba su mirada en la de ella.

—Cuéntanos, cariño. Podemos ayudarte. ¿Qué te ha pasado para que te comportes así?

—¿Comportarme cómo, mamá? — inquirió la chica, confundida. Aparentando confusión, ignorancia. No quería que sus padres estuvieran al tanto. Demasiado sufrían sus padres cuando ella se iba durante un año entero… No quería que supieran la aversión a los de su… condición— Yo estoy bien.

—No, no lo estás— insistió Robert entrelazando sus dedos bajo su mentón. Ese gesto hizo que Lily recordara su infancia, cuando, mientras ella jugaba en el salón de pequeña, su padre se dedicaba a observarla en esa postura con una sonrisa llena de amor en sus labios.

Papá… mamá… no merecéis sufrir por mí, fue el pensamiento que cruzó su mente. Aferrándose a eso, Lily cerró los ojos e inspiró profundamente.

—No tenéis que preocuparos por mí, mamá, papá— les habló al cabo de unos segundos, mirándolos. Curvó sus labios en una pequeña sonrisa tranquilizadora— Los TIMOS fueron demasiados duros para mí y tengo un poco de miedo por el siguiente curso.

Supo que la habían creído cuando sus padres cruzaron una mirada que destilaba alivio, pues suponían que era algo más grave. Brianne rio suavemente y atrajo a su niña a sus brazos.

—Oh, cariño…— musitó con ternura. Lily se acomodó en su pecho, sintiendo la calidez de su madre rodearla. Parecía como si allí no hubiera nada malo— No pienses en esas cosas… Eres la niña más lista que he conocido. Seguro que podrás.

—En eso— habló el señor Evans—, hija mía, has salido a tu madre.

Lily notó una caricia en su cabeza y supo que fueron los labios de la mujer.

—Tu padre y yo no sabemos muy bien cómo va ese mundo, cariño, pero sí sabemos una cosa— apartó a Lily para poder mirarla a los ojos y sus labios se curvaron— Tú eres una Evans y puedes con todo lo que se te venga encima. La vida está llena de momentos en los cuales debemos luchar por lo que creemos. Cuando somos capaces de enfrentarnos a ellos, cuando lo intentamos… ahí reside la fuerza de cada uno.

Algo dentro de la joven saltó ante las palabras de su madre. Asintió, notando como la emoción la embargaba y apretó sus labios, intentando contener las ganas de llorar.

No era una borde como le decía Potter, no era una aguafiestas como le decía Black, no era una sangre sucia como le decía Snape… y muchos de los estudiantes de Hogwarts… Ella era Lily Evans. Y estaba orgullosa de ello.

—Gracias mamá— musitó y sus labios formaron la primera sonrisa después de mucho tiempo— Gracias papá.

Abrazó con fuerzas a su madre y después se levantó para hacer el mismo gesto con su padre.

—Eres una gran luchadora, calabacita— le susurró su padre al oído cuando la tenía entre sus brazos.

Tiempo después, la joven pelirroja se encontraba subiendo las escaleras directo a su habitación, después de haber dado las buenas noches. Esa era su última noche por ese verano. Mañana era 15 de Julio e iría a la Mansión Potter. Por un lado lo deseaba, pues echaba mucho de menos a los señores Potter. Quería verlos, abrazarlos y charlas de un montón de cosas con ellos… pero, por otro lado, allí también se encontraba James Potter. Alguien a quién no quería ver ni en pintura.

Después de la charla de sus padres, Lily había llegado a una conclusión: no podía quedarse estancada. Tras la charla que tuvo con Potter y Snape esa tarde en los jardines de Hogwarts, la chica se había sentido realmente mal. Había sido un duro golpe que Sev, su amigo de la infancia, la hubiera llamado sangre sucia con esa frialdad, como si el tiempo que ellos habían pasado juntos, sus charlas, sus risas, sus riñas, sus secretos… como si todo eso hubiera desaparecido. Y encima había sido delante de ese estúpido Potter. El ególatra e egoísta de Potter.

Ambos solamente la habían usado para su propio beneficio. Estaba segura de que para Severus su amistad solamente había sido una burla, una ocasión de la cual reírte después con tus amigos… Y Potter… Bueno, lo de Potter había sido puro encaprichamiento. Ella se había resistido a los encantos de ese… animal, así que, como es bien sabido por las personas, lo imposible atrae más. Da igual como lo hiciera, Potter se cansaba de ella, se alejaba y cuando… se aburría volvía a ella.

Los dos eran unos estúpidos.

Y ella estaba harta de dejarse manipular por ambos.

—Oh, eres tú— escuchó, entonces, una voz aguda. Alzó la mirada se encontró con el rostro asqueado de su hermana Petunia en la puerta de su habitación, justo al lado de la de la pelirroja— Todavía sigues aquí.

Genial, lo que le faltaba. El odio de su querida hermana.

—Da la casualidad de que vivo en la misma casa que tú, hermanita— contestó e intento que el dolor no se reflejara en el tono de voz, sin mirarla.

—Yo no vivo en la misma casa que un bicho raro. Además, ¿consideras vivir el pasar un mes en una casa? Tú estás con los anormales de tus amigos— espetó alzando la barbilla con orgullo y una mueca en sus labios.

No quería que ella lo supiera, demasiado se había expuesto años anteriores, pero cada una de las palabras de su hermana se clavaba en su corazón, haciéndole daño. Mucho daño. ¿Por qué sus seres más queridos le causaban tanto dolor? Sev, Petunia… James…

Lily no contestó. Apretó los labios y pasando por su lado, rápidamente se internó en su habitación. No quería discutir.

—Maldita rarita— creyó escuchar que decía Petunia antes de cerrar la puerta.

·

—¿Nadie?

Sintiendo el calor en sus mejillas, Lily ladeó la cabeza y escondió el rostro de la mirada inquisidora de la señora Potter.

—Vamos, cariño—sonrió Dorea dándole otro sorbo a su taza de café— Seguro que hay alguno. Eres una muchachita muy hermosa.

—Tía, no es eso— sacudió la pelirroja la cabeza— Es solo no hay nadie que me llame la atención.

Se levantó, aún sin mirarla por la vergüenza de sus preguntas, y cogiendo su taza se dirigió al fregadero para lavarla a mano. Siempre se había criado como una persona normal y había veces en las que fregaba a mano, a pesar de que sabía que podía hacerse con un movimiento de varita. El agua fría cayó en sus manos y Lily suspiró con satisfacción. Hoy era un día muy caluroso.

Después se daría una ducha.

—Entonces eso significa que sí hay chicos por ahí— insistió la mujer emocionada.

Lily se tensó.

—¿Qué? No— se apresuró a negarse, dándose la vuelta para mirarla— No hay nadie, tía.

Pero, a pesar de sus palabras, a su mente llegó la imagen de James Potter. Ese idiota, ególatra, inmaduro y estúpido chico.

—Esa mirada no me dice lo mismo, cariño— dio una palmada entusiasmada— ¡Ya verás cuando se lo cuente a tu madre!

—¡Tía! — se quejó, ruborizada. Se secó las manos y colocándose frente a ella, se cruzó de brazos— No me gusta nadie. No quiero a nadie. Así que quítate esas cosas de la cabeza.

No quiero a nadie… No me quiere… Juega conmigo…

Dorea hizo una mueca disgustada.

—Vaya, creía que sí. Tu amiga Denise…— empezó a contar, pero, de pronto se calló, dándose cuenta de que hablaba de más.

Las cuencas de Lily se abrieron, asombradas y su boca formó una "o"

—¿Denise?

—No, no, nada— se apresuró a decir la mujer levantándose con prisa. Pasó por su lado y se dirigió hacia el fregadero para dejar allí su taza.

—Tía… ¿Qué te dijo Denise?

—Cosas nuestras, cariño— le sonrió inocente.

El ceño de la pelirroja se frunció.

—Hablabais de mi. Creo que tengo derecho de enterarme, ¿no?

Dorea se encogió de hombros con una sonrisa perspicaz e iba a abrir la boca para hablar cuando, de pronto, se escuchó un fuerte estruendo. Ambas mujeres se sobresaltaron.

Lily se metió la mano en el bolsillo y de allí sacó su varita. Sabía que no podía hacer magia fuera de Hogwarts, pero de un tiempo para acá, después de tanto rumores que corrían sobre los sangre sucia, ella prefería tenerla siempre a mano. ¿Qué había sido eso? Tío Charlie se encontraba trabajando y James no sabía dónde estaba (ni le interesaba).

Con mucho cuidado, la pelirroja se dirigió hacia donde había ocurrido el ruido y cuando llegó al salón, el aire salió de sus pulmones con una exhalación.

Sirius Black se encontraba en suelo.

¿Qué demonios hacía Black ahí? Si recordaba bien, ayer creyó haber escuchado a James decir en la cena que Black estaba de viaje con sus padres.

Se quedó mirándolo quieta en sitio, todavía sin bajar la varita.

—¿Esta es la bienvenida, pelirroja? — inquirió Black mirándola desde su posición en el suelo. Algunos mechones de su pelo los tenía frente a sus ojos, obstaculizándole la visión, así que sacudió su cabeza con elegancia, con ese mismo movimiento que hacía suspirar a miles de chicas—Qué poco hogareña eres.

—Oh, ¡Sirius, cariño! — exclamó Dorea Potter llegando ella también a la sala — Lily, cielo, ¿por qué no lo has ayudado? — regañó a la chica, acercándose ella hacia donde estaba el joven para tenderle la mano. Sirius aceptó y se levantó con una sonrisa ladeada en su rostro.

Los dientes de Lily chirriaron. Ahí estaba su estúpido rostro.

—Es un idiota, tía— respondió de mal humor— Está mucho mejor en el suelo.

—¡Lily!

—No se preocupe, señora Potter, ella es así de encantadora— le guiñó un ojo, acto que molestó aún más a la chica— Yo también te quiero, pelirrojilla— anduvo hacia ella y pasó un brazo por su hombros, atrayéndola a ella.

—¡Suéltame, idiota! — exclamó dándole golpes en el pecho y retorciéndose. Estúpido Black, estúpido Potter…. Estúpidos todos los chicos.

—En el fondo lo haces, hermosa— le dijo el chico y bajó la voz, intentando que la señora Potter, la cual los miraba con una ceja arqueada, no se enterara— Pero es una pena. Estás pillada y yo nunca traiciono a un hermano.

—Maldito seas, Canuto— se oyó, entonces, la voz grave de James por la habitación— Déjala.

—¡James, esa boca! — gruñó Dorea mirando mal a su hijo, el cual actuó como si no la hubiera escuchado, pues sus ojos estaban fijos en ambos muchachos.

Sirius soltó una carcajada, pudiendo ver los celos que irradiaban el cuerpo de su amigo, mientras, asintiendo, se alejó unos pasos de la pelirroja con las manos en alto.

—Claro, hermano. Sabes que no hago nada.

Tuvieron que pasar unos segundos antes de que un suspiro saliera de los labios de James, el cual se maldijo en su interior. No podía controlarse. Daba igual que Lily no le hablara, que no le mirara, que lo odiara… para él era imposible sacarla de su mente y… de su corazón. Maldita pelirroja, ¿por qué no podía olvidarla? Ella lo odiaba por algún motivo que no podía llegar a entender… Bueno, sí, admitía que a veces se portaba como un estúpido con ella… pero eso era algo que salía solo. Apenas podía procesar sus movimientos cuando ella estaba delante, pues su mente se quedaba en blanco y lo único que la ocupaba era su sola presencia. Estaba de acuerdo con que no era alguien… agradable con ella… pero tampoco era para llegar a ese nivel. Cada vez que sus miradas se encontraban por unos segundos, James creía encontrar un brillo extraño en sus ojos que no sabía muy bien identificar. Daba igual cuantas veces intentara hablar con ella… Apenas le dirigía la palabra, más que lo imprescindible para que sus padres no se pisparan que pasaba algo.

—¿Qué pasa, colega? — preguntó James, decidiendo alejar esas cosas de su mente para concentrarse en Sirius. Caminó hasta colocarse a su lado y le dio una palmada en su hombro— Te creía en Holanda.

El rostro del joven se ensombreció por unos segundos.

—Las cosas cambiaron— habló en tono grave.

Las alarmas sonaron en el cuerpo de James. Esas palabras junto con el tono de voz no le había gustado nada. Conocía la situación de su casi hermano y sabía que la relación con su familia pendía de un fino hilo. Lily, quién también lo escuchó, compartió una mirada con Dorea.

—¿Qué ha ocurrido, Canuto?

—Pues lo que tenía que pasar— afirmó con una risa seca— Mi paciencia se ha terminado y hoy, finalmente, he explotado.

—Sirius, cariño, ¿qué es eso? — se oyó la voz de la señora Potter incrédula.

Las tres personas que estaban en la habitación se giraron para mirarla en el momento en el que ella se acercaba al joven Black, antes de alzar la mano y rozar suavemente la mejilla del chico. Una mancha roja le cruzaba la mejilla. James, el cual estaba al otro lado y no lo había visto, cuando lo hizo, sintió su sangre hervir.

—Oh, ¿esto? — sonrió con ternura a la señora Potter— Un obra maestra de mi madre, pero no es nada.

El entrecejo de la señora Potter se frunció.

—Se van a enterar— masculló, entonces, James separándose de su amigo y caminando con paso decido hacia la chimenea. No pudo dar dos pasos cuando tenía a Sirius cogiéndole del brazo. Le echó una mala mirada.

—¿Qué demonios crees que haces?

—¡Voy a decirle unas cuantas cosas!

Una sonrisa surcó los labios del joven Black.

—Claro que sí, fiera. Anda quédate aquí. No es más que una tontería… Además, no pienso volver.

—¿Cómo? — murmuró James mirándolo sorprendido.

Fue la primera vez en los seis años que llevaba conociendo a estos chicos, en el que Lily vio a Sirius Black avergonzado. Su ceño estaba poblado de arruguitas y en sus labios tenía una mueca y, a pesar de eso, se veía igual de guapo que siempre. Es más, en ese momento lucía muy adorable.

—Estoy cansado de sus tonterías. Se los he dicho hoy. Estoy harto de que mi propia familia me mire con desprecio. No pienso volver. Sirius Black se fue de la casa para no volver, como bien dije allí—expresó y Lily creyó distinguir rabia en cada una de sus palabras.

—Oh, Sirius…— musitó la señora Potter— ¿Y qué vas a hacer ahora?

El chico se encogió de hombros.

—¿Alquilar una habitación en el Caldero Chorreante? — comentó indeciso— No lo sé todavía. En realidad no paré pesarlo mucho cuando vine— echó una mirada a su amigo— Fue el primer sitio al que se me ocurrió venir…

—Oh, vamos, idiota. Deja de decir tonterías ahora tú. Las puertas de mi casa siempre están abiertas para ti, hermano.

—Gracias, Cornamenta.

—¿Al Caldero Chorreante? — exclamó la señora Potter con disgusto como si hubiera caído en eso, después de haberse quedado mirado la maravillosa amistad de su hijo con el chico el cual también consideraba su hijo. Sirius la miró y asintió. Dorea chasqueó la lengua— ¡Qué dices, cariño! ¡Aquí tienes tu casa!

Los ojos del joven Black se abrieron de la impresión, James sonrió estando de acuerdo y Lily se sorprendió.

—Pero…

—¡Nada de pero! — lo cortó acercándose a él para abrazarlo— No pienso dejar que uno de mis hijos alquile una casa cuando perfectamente puede quedarse con nosotros.

Sirius notó como la emoción lo embargaba ante el cariño materno que mostraba la señora Potter. Aquel que no le había dado su fría madre…

—Ahora mismo voy a preparar una habitación para ti.

Se apartó, sonrió a los presentes y murmurando cosas para ella, salió del salón, metida en sus propios pensamientos.

—Será mejor que no repliques, Canuto— habló James riendo ante la cara de desconcierto del joven— Cuando a mamá Potter se le mete algo en la cabeza, es muy difícil sacárselo de la cabeza.

Saliendo del estupor, Sirius soltó una carcajada.

—No soy yo quién me queje y si me permitís quedarme con ustedes…

—¡Pero qué cosas dices! — le dio un suave golpe en la nuca James— Llevaba tiempo pensando cuanto tardarías en reventar, así que, en realidad no me ha cogido de improvisto.

—Yo tampoco sé cómo he podido aguantarlos tanto— murmuró sombrío.

—Todo estamos muy felices de que estés aquí…— dijo James pasando un brazo por encima de sus hombros.

—Todos no— se escuchó una voz femenina con fastidio.

Ambos chicos se giraron con sorpresa y se encontraron con una Lily, la cual había permanecido todo el tiempo en silencio y observando, con los brazos cruzados. James distinguió el familiar brillo en sus ojos, aquel que lo traía tan loco.

—Oh, vamos, pelirroja, sabes que estás encantada con mi compañía— le guiñó un ojo Sirius.

La joven resopló y sintió su cuerpo temblar cuando notó la firme mirada de James en ella.

¿Para qué había hablado?

—No necesito otro niño chico al que aguantar— espetó alzando la barbilla— Lo único que hacéis es incordiarme.

Sirius arqueó una ceja y, observando de reojo como el rostro de su amigo se ensombrecía, masculló para él. ¿Es que la pelirroja no se daba cuenta? ¡Cornamenta se comportaba como un imbécil por ella! ¡Ya no sabía que más tonterías hacer para llamar su atención! ¡Estaba coladito por ella! Sí, bueno, a veces metía la pata hasta el fondo, no había dudas… pero eso era algo innato en James.

—¡Por Merlín! — replicó sonriendo Black— Sabes que nosotros somos un trozo de pan.

Lily soltó una carcajada escéptica.

—Sigue diciéndote eso— masculló y empezó a caminar para salir de allí. Tenía que salir ya.

Pero a pocos pasos de la puerta se paró. Una idea estaba rondando en su mente desde que lo vio llegar, desde que Sirius habló y quería saber la respuesta. Se cruzó los brazos y cogiendo aire profundamente se giró, encontrándose con los dos chicos mirándola. Notó como su corazón aumentaba de velocidad ante la mirada castaña.

Apretó los labios, firmes.

—¿Por qué te has ido?

Las cejas del joven Black se alzaron.

—¿Cómo?

—Bueno— musitó apartando la mirada y moviéndose incómoda— ¿qué ha sido tan importante para que te escaparas de tu casa?

Cuando los miró, se encontró como ambos rostros se había endurecido. Sirius había apretado sus manos en puños y James se había pasado la mano por el cabello, aunque esta vez el movimiento había sido más tosco y mecánico. Lily sabía que estos dos… jóvenes eran unos idiotas, pero también sabían que algo muy grave había tenido que pasar para que se comportaran así, porque ellos eran capaces de ponerse serios cuando la situación lo requería. Y escaparse de casa…

—¿De verdad quieres saberlo? ¿Realmente te importo, pelirroja? — cuestionó Sirius, esbozando una sonrisa aunque eso no alegró su rostro. Su intento de quitarse hierro al asunto fracasó. Lily no cayó, así que, simplemente asintiendo, esperó a que le respondieran. El joven Black suspiró y cruzó su mirada con la de James— En realidad es algo muy simple a lo que ya estás acostumbrada, Evans.

—¿Yo?

—Mis padres… Bueno, mis padres son aquellos idiotas que piensan que la sangre es importante.

Oh. Ya sabía por dónde iban los tiros.

De fondo, Lily recordaba esa tarde en la que se escapó de su casa después de unas palabras con su hermana… A su mente le llegó lo que le dijo James en ese momento:

"Su familia lo odia porque no comparte sus ideales de la sangre y porque quedó en la mejor casa de todas, Gryffindor"

¿Significaba que…?

—Los Black son una antigua familia de magos sangre puras— añadió James en tono suave, mirando a Lily. Ella sintió como se estremecía ante la mirada cálida que le estaba dirigiendo— Y no ven con buenos ojos a los magos que son hijos de muggles.

—Yo veo eso una tontería— habló Sirius haciendo una mueca— Todos somos iguales y no hay por qué marginar a nadie, pero eso ellos no lo entienden. Hoy hemos tenido una conversación sobre eso y finalmente, como tantas otras veces, hemos acabado discutiendo.

Siempre te lo he dicho, hermano. Tus padres son unos idiotas. Mira que pensar eso…

Frente a ella, la pelirroja pudo apreciar una parte nueva de esos chicos que no había visto nunca. O no había querido ver… No era tan malos como ella creía… No eran tan idiotas… Y James… A su mente llegó ese último día de los TIMOS, esa pelea que hubo.

—¡Miserable! ¡Pídele disculpas a Lily por haberle dicho eso!

—¡No necesito que me defiendas, idiota! ¡Tú eres igual que él!

—¿Qué? ¡Yo jamás te diría… eso que tú sabes!

Le había gritado sin pensar… Su mente, hecha un remolino de pensamientos, con el enfado y el dolor bullendo en su interior, las palabras habían salido casi sin pensarla. ¿Y si en realidad James no era tan malo?

No. James era un idiota. James solo jugaba con ella. Tenía que recordar eso y no dejarse llevar por sus miradas, sus sonrisas, sus palabras…

Siento mucho que te pase eso, Black replicó, de pronto, deseando escabullirse de allíTengo que irme.

Y sin mirar atrás se marchó de allí con la imagen de un sonriente James en su cabeza.


Milenios después he vuelto. ¿Queda alguien por ahí o puedo irme a llorar a un rincón? :(

¿Qué os ha parecido? En este capítulo he querido ponerlo un poco de transición antes de que empiece todo el salseo (¡por fin!). Se refleja como vive Lily esta nueva situación de los "sangre sucia" y otro de los momentos más importantes del libro: la huida de Sirius. En mi opinión, creo que algo MUY importante ya que Lily empieza a darse cuenta de que no es un juego... y ellos no son tan infantiles. ¿Qué creéis?

¡Nos vemos!