17 de Agosto de 1947

Hoy por la mañana fui con Ellie al río Las Animas, es realmente un lugar precioso, me recordó mucho al río Cahaba, donde pasé tantos momentos maravillosos con Albert.

Ellie estaba muy contenta, desde que murió su madre, ella no había vuelto a ese lugar. A veces siento pena por ella, si no fuera por mí, Ellie se la pasaría encerrada en esa casa, sin nadie con quien salir o con quién platicar.

Yo me molesté tanto cuando Terry se la llevó de manera prepotente a la casa, entiendo que se preocupe por ella, pero no tiene por qué tratarla de esa manera, ella también tiene derecho a divertirse.

Espero no tener problemas con Terry después de hoy, realmente me gusta vivir aquí con Ellie, pero a veces me pregunto si podré soportar la forma de ser de su hermano.

A la mañana siguiente, Terry fue a tocarme la puerta muy temprano.

- Candy, ya casi nos vamos – Me dijo.

- En un momento salgo – Le contesté.

Me levanté de la cama y fui a enjuagarme la cara, agarré mi vestido y me di cuenta de que ya se había secado, me cambié lo más rápido posible y salí al patio, intenté entrar a la casa por la puerta trasera, pero estaba cerrada, vi que había un pequeño pasillo que conectaba al patio con la entrada de la casa, así que caminé hacia él, al final del pasillo había una reja, la abrí y vi a Ellie y a Terry sentados en el pórtico.

Nos subimos a una vieja camioneta que estaba estacionada a unos metros de ahí, cuando comenzó a rodar, noté que la pobre hacía más ruido de lo que avanzaba. Me di cuenta que el pueblo no estaba tan lejos, Terry se hizo menos de 10 minutos en llegar, el día anterior el trayecto se me había hecho más largo, probablemente porque estaba ansiosa de conocer a mi hermano.

Pasamos primero a dejar a Ellie a la escuela, después Terry se dirigió a la posada.

- Si quieres te espero, en lo que vas por tus cosas – Me dijo él.

- No gracias, vine con un tío y él me debe estar esperando, además me gustaría hablar con él un momento. Si quieres dime donde está la tienda y yo te alcanzo después.

La tienda se encontraba a dos calles de la posada, antes de que Terry se fuera, le agradecí de nuevo por su amabilidad. Cuando entré a la posada, me dirigí hacia el cuarto de George, toqué la puerta y él me abrió enseguida.

- Señorita Candy, me tenía muy preocupado, estaba a punto de ir a buscarla.

- Discúlpame George, pero comenzó a llover y ya no pude regresar, lo bueno fue que me dieron alojamiento en ese lugar.

- ¿Pudo hablar con su hermano?

- No, al parecer ya no viven ahí.

- Que lástima. Supongo que vamos a regresar hoy mismo a Chicago.

- De eso precisamente quería hablarte, pienso quedarme a vivir aquí, sola.

- Pero señorita Candy…

- Creo que me hará bien alejarme de todo por un tiempo y este parece ser un lugar tranquilo, además ya conseguí trabajo y hospedaje.

- Usted no necesita trabajar.

- Ya sé que no necesito trabajar, pero quiero hacerlo. Por favor, respeta mi decisión.

- Y al menos puedo saber dónde se va a quedar.

- En la que era la casa de la señorita Baker, ahora vive ahí un joven muy amable y voy a trabajar para él.

- Esta bien señorita Candy.

- Gracias George, solo quiero pedirte un último favor, no quiero que le digas a nadie dónde estoy.

- Como usted guste.

Después de hablar con George, me dirigí hacia mi cuarto, me bañé y me cambié de ropa, antes de irme a la tienda, me despedí de George, él me dio una buena cantidad de dinero por cualquier cosa que yo pudiera necesitar, la guardé en una de mis maletas y salí de la posada. Caminé hasta la tienda, al entrar vi que Terry estaba atendiendo a un muchacho, pude ver que se conocían porque los dos estaban en grandes pláticas, cuando el muchacho notó mi presencia, me recorrió de pies a cabeza con la mirada.

- Buenos días señorita – Me dijo.

- Buenos días – Le respondí sin prestarle mucha atención, lo que yo menos estaba buscando era otra relación amorosa, estaba convencida de que mi destino era quedarme sola. Me dirigí hacia el mostrador y me paré a lado de Terry.

- Terry, ¿no me vas a presentar a tu amiga? – Le dijo el muchacho.

- Es mi nueva empleada, se llama Candice.

- Hola señorita Candice, yo soy Jack, déjeme decirle que es usted muy, pero muy bella – me dijo él, mientras me extendía la mano.

Yo no quise ser grosera, así que le di mi mano – Mucho gusto Jack y gracias por el cumplido – Le dije y después me dirigí a la parte de atrás de la tienda, yo quería dejar ahí mis maletas, además no me sentía muy cómoda con el galanteo de Jack.

- ¿De verdad va a ser tu empleada? – Le dijo Jack a Terry casi murmurando.

- Sí, ella me va a ayudar a atender la tienda por las mañanas y se va a quedar con Ellie por las tardes.

- Pensé que la situación económica de la tienda no era muy buena.

- No, no lo es.

- Entonces ¿Cómo vas a pagarle?

- Con ella en la casa, ya no tendré que cerrar la tienda por las tardes, con eso espero poder sacar un poco más de dinero.

- Créeme que con una empleada como ella, vas a tener muchos más clientes, al menos creo que yo vendré diario – Le respondió él bromeando, después Jack tomó su compra y salió de ahí.

Yo me encontraba espiando su conversación cerca de la puerta, cuando vi que Terry se dirigía a la parte trasera de la tienda, me hice la tonta mirando los anaqueles.

- Ven, te voy a enseñar la distribución de la tienda – Me dijo Terry, después comenzó a enseñarme dónde se encontraban cada una de las cosas.

Estuvimos en la tienda por varias horas, pude darme cuenta de que la mayoría de la clientela era del género femenino, casi todas muchachas jóvenes, ellas se comían a Terry con la mirada. Aunque él se daba cuenta de sus coqueteos, parecía no hacerles mucho caso.

- Ven, vamos, ya es hora de ir por Ellie, te voy a enseñar dónde está su escuela y después te voy a enseñar el camino hacia la casa. ¿Sabes manejar? – Me preguntó Terry.

- No, no sé.

- Mmm, que lástima, tal vez después te enseñe, así podrías llevarte la camioneta. Aunque el camino no es peligroso, no es bueno que dos mujeres solas lo recorran.

Terry me enseñó el camino más corto hacia la escuela, después de recoger a Ellie, nos fuimos a la casa, él nos dejó ahí y se regresó de nuevo a la tienda. Ellie se dirigió a la cocina y comenzó a sacar algunas cosas para hacer de comer.

- Si quieres yo cocino – Le dije.

- ¿De verdad?

- Sí, me gusta cocinar y creo que no lo hago tan mal.

- A mí no me gusta mucho la cocina, pero casi siempre tengo que cocinar yo, por el simple hecho de ser mujer.

- Bueno, pues a partir de ahora seré yo quien haga la comida.

- De verdad te lo agradezco.

Ellie prendió la radio y después fue por un libro a su cuarto, cuando ella regresó, se sentó en el comedor y comenzó a leerlo en lo que yo cocinaba. Después de comer, nos quedamos platicando por un largo rato, ella me contó sobre los señores Adams, una pareja de viejecitos que vivían en la casa más próxima

- Los señores Adams nos quieren mucho, sobre todo a Terry, ellos fueron los primeros amigos que hicieron mis padres al llegar aquí, en ese entonces yo era muy pequeña, pero desde que tengo memoria, ellos siempre se han portado muy amables con nosotros. Cuando Terry tiene que ir a la ciudad, me quedo con ellos en su casa, ellos tienen una nieta de mi edad, se llama Amy, ella suele pasar las vacaciones aquí con ellos, Amy y yo nos llevamos muy bien – Me contó Ellie.

- ¿Ellos siempre han vivido aquí?

- Creo que sí.

En ese momento pensé que tal vez esos señores pudieran decirme algo de Eleanor.

- ¿Podrías presentármelos? – Le pregunté a Ellie.

- Sí, si quieres mañana saliendo de la escuela vamos a su casa.

Terry llegó a la casa en la noche, para ese entonces yo ya había preparado la cena, después de cenar, me despedí de ellos y me fui a descansar.

Al día siguiente Ellie me llevó a casa de los señores Adams, los dos eran muy mayores, yo calculé que tenían como 70 años de edad.

- Hola Sra. Adams, le presento a Candy, ella está viviendo con nosotros y va cuidar de mi por las tardes y a ayudar a Terry con la tienda por las mañanas – Dijo Ellie.

La señora Adams se acercó a mí y me dio la mano – Mucho gusto Candy, mi nombre es Jane y él es Robert, mi esposo – Dijo ella señalando a un señor sentado en una silla de ruedas.

- Hola Sr. Adams, mucho gusto en conocerlo – Le dije.

El señor Adams me sonrió dulcemente – Hola Candy, a mi también me da mucho gusto conocerte. ¿Eres familiar de los chicos? – Me preguntó.

- No, yo solo estoy trabajando para Terry.

Los dos señores se miraron extrañados.

- Mmm, que raro – Murmuró Jane.

- ¿Por qué raro? Le pregunté yo.

- Bueno, es que Terry no es el tipo de persona que deje entrar a cualquiera a su casa, además tengo entendido que no está en su mejor situación económica, hace algunos días le propuse que contratara un ayudante y me dijo que no tenía dinero para pagar un sueldo.

- Tal vez lo pensó mejor – Le dije yo.

- Sí, tal vez – Me respondió Jane no muy convencida.

Los señores Adams nos invitaron a comer con ellos, los dos eran muy amables y muy platicadores, me cayeron muy bien, decidí esperar a que nos tuviéramos más confianza para preguntarles sobre la mamá de mi hermano, no quería que ellos fueran a malinterpretar las cosas.

Las siguientes semanas se me pasaron volando, como había predicho Jack, la clientela masculina comenzó a hacerse presente en la tienda, no era raro que me dijeran algún cumplido al verme, aunque realmente yo no les prestaba demasiada atención, alguno que otro aventado me llegó a invitar a salir, pero yo siempre me negué amablemente a tener una cita con alguno de ellos. A veces yo sentía que a Terry le molestaba esa situación, cuando algún cliente se ponía insistente conmigo, me mandaba a buscar cosas inexistentes a la parte de atrás de la tienda.

Terry era bastante serio conmigo, casi no teníamos conversaciones largas, ni en el trabajo, ni en la casa, aunque yo trataba de platicar con él, casi siempre me respondía con monosílabos, después de mucho intentar conversar con él sin éxito, decidí darme por vencida.

Ellie, en cambio, era igual de parlanchina que yo, podíamos pasarnos toda la tarde platicando de mil y un cosas sin aburrirnos, durante la cena hablábamos sin parar, Terry siempre permanecía callado, a menudo él parecía estar muy absorto en sus pensamientos, muchas veces me pregunté si él escuchaba algo de lo que Ellie y yo hablábamos. Mucho tiempo después, para mi sorpresa, me di cuenta de que no solo escuchaba cada una de las palabras que yo decía, sino que además, las tenía bien grabadas en su memoria.

El domingo era mi día libre, generalmente me iba caminando al pueblo por la mañana y regresaba en la tarde, al principio iba sola, pero algunas semanas después, Ellie comenzó a acompañarme, me di cuenta de que ella era una niña muy solitaria, algunas veces me recordaba a mi cuando me fui a vivir a Alabama, supuse que debió ser muy duro para ella perder a su madre y quedarse a cargo de su poco expresivo hermano.

- ¿Y de qué murió tu mamá? – Le pregunté yo a Ellie en uno de nuestros paseos dominicales.

- Murió ahogada en el río.

- ¿En el río? ¿Hay un río por aquí?

- Sí, está a unos quince minutos de distancia, en carro. Antes solíamos ir cada domingo a nadar, pero desde que mi madre murió, Terry no quiso volver ahí jamás.

- Yo lo siento mucho.

- Tal vez tú y yo podríamos ir a escondidas, a mí me gustaba mucho ir. Hay un puente que cruza el río, por ahí pasa el tren, Terry y yo solíamos subirnos al puente a contemplar el paisaje.

- Te prometo que el próximo domingo vamos a ir a nadar.

- Gracias Candy, no sabes lo feliz que soy desde que llegaste a vivir con nosotros.

El siguiente domingo me fui con Ellie al río, realmente era un lugar hermoso, por un momento recordé las tardes que pasaba con Albert en el rancho, no pude evitar preguntarme qué sería de él. Nos instalamos cerca de la orilla, yo noté que había varias personas nadando en el lugar, un hombre se acercó a saludar a Ellie, ella me dijo que él era un viejo conocido de la familia, unos minutos después, el señor se retiró del lugar.

Yo llevé una canasta con algo de comida para hacer un pequeño picnic, nos metimos un rato a nadar y después nos sentamos a almorzar, realmente nos estábamos divirtiendo mucho, hasta que vimos llegar a Terry, él se veía bastante enojado.

- ¿Cuántas veces te he dicho que no quiero que vengas al río? – Le dijo Terry a Ellie.

- Pero, ¿qué tiene de malo? Además no vengo sola, Candy está conmigo.

- No me interesa con quién vengas, ahora súbete al carro, ¡rápido!

Ella tomó sus cosas y se dirigió a la camioneta, pude ver en sus ojos que tenía ganas de llorar, yo no me moví, me sentía molesta, no me parecía justa la manera en cómo Terry trataba a su hermana.

- ¿Y tú no te vas a subir? – Me preguntó él.

- No tengo por qué hacerlo, es mi día de descanso y puedo hacer en él lo que se me venga en gana.

Terry no dijo nada, pero pude ver en su cara lo mucho que le había molestado mi respuesta, él se dio la vuelta y caminó hacia la camioneta, se alejó rápidamente del lugar. Me sentí mal por haber dejado sola a Ellie, pero no iba a permitir que él me mangoneara como lo hacía con su hermana.

Estuve un par de horas en el río y después me fui al pueblo a pasear un rato, pasé a comer algo antes de irme a la casa, no quería tener que ver su cara de palo durante la cena. Entré a mi cuarto por el pasillo al lado de la casa, traté de hacer el menor ruido posible, no quería que él me viera llegar.

Poco antes de acostarme a dormir, alguien tocó mi puerta, cuando abrí, vi a Ellie que me traía una pieza de pan y un poco de leche.

- Te vi llegar hace rato, esperé que fueras a cenar con nosotros, iba a venir por ti, pero mi hermano no me dejó, creo que él está muy molesto contigo. Te traje esto por si tenías hambre.

- Gracias Ellie, si quieres pasa.

Ellie pasó al cuarto, estuvimos platicando por horas, hasta que ella se quedó dormida en la cama, no quise despertarla, me senté a escribir en mi diario, cuando terminé apagué la luz y me acosté a dormir con ella.