Realmente juntos
El aire fresco de la noche la mantenía alerta y podía sentir como la adrenalina corría por sus venas, agitando un poco su respiración. Había soñado, esperado y temido ese momento por cinco años, ahora debía enfrentarlo en la realidad.
Cuando estaban a pocos metros de la casa, Scorpius tomó a Leo de los brazos de Rose. Ella no entendió la acción en ese momento aunque más adelante lo agradecería. Casi al mismo tiempo Teddy bajó a su ahijada, que se acercó a su hermana y tomó firmemente su mano.
Estaban tan cerca que podían oírse perfectamente las voces de la familia reunida dentro del edificio. Las risas, las bromas, las charlas a los gritos para escucharse entre la muchedumbre. Sonrió al reconocer todas aquellas cosas que la hacían sentir en su hogar, que había vuelto a donde debía.
-¿Listos?- Preguntó Teddy mientras se adelantaba para abrir la puerta trasera de la Madriguera.
-Listos- Respondieron al unísono Rose y Scorpius. Entonces el metamorfo abrió la puerta y saludó casualmente a los Weasley's, mientras atravesaba la cocina hasta llegar al comedor mágicamente ampliado para contener a todos los miembros del clan.
-Traigo una sorpresa.- Comentó como si nada y se hiso a un lado para dejar ver a Rose, apretando sus propias manos con nerviosismo y mirando velozmente los rostros de cada una de las personas frente a ella.
Se había preparado para las recriminaciones, las quejas y los gritos, incluso tenía bien armadas sus escusas y respuestas. También había soñado y añorado aquel reencuentro en el que se familia la rodeaba en un gran abrazo y su madre le besaba las mejillas con lágrimas de alegría corriendo por su rostro. Nunca se imaginó aquel silencio mortal, pesado como el mundo y tan denso que parecía endurecer el aire sin permitirle respirar.
No sabía qué hacer o decir. A sus espaldas podía notar a Scorpius tenso, esperando la reacción de los pelirrojos. Frente a ella, su familia la miraba. Entonces alguien salió en su rescate y rompió el horrible silencio.
-¿Rosie? ¿Eres tú?-La joven de cabello color del fuego se levantó de su silla para acercarse un poco más a ella.
-Claro que sí, Lilly. ¿Es qué he cambiado tanto?- La menor sonrió y se acercó a su prima para abrazarla con cariño.
-T e extrañado mucho, Ro.
-Y yo a ti, Lils.
A partir de ese momento algo pareció comenzar a funcionar en la familia y sus otros primos se acercaron a saludarla. También algunos tíos, como Harry y Ginny, felices de ver de nuevo a su ahijada.
-¡Rosie!- Los brazos de su hermano le rodearon el cuello sorprendiéndola más que nada. Al momento correspondió el gesto.- No te vuelvas a desaparecer así, ¿con quién discutiría sino?- Como siempre, Hugo logró sacarle una risa.
Fue justo después de ese encuentro cuando Hermione se puso en pie y caminó hasta su hija. Sus ojos se habían llenado de lágrimas y sólo pudo pronunciar una palabra al verla allí, justo frente a ella: "volviste".
-No podría alejarme de ustedes para siempre.- Abrazó a la mujer con todo su amor, recordando aquella última noche en su habitación, cuando se había despedido de ella sin que la castaña lo supiera. Ambas mujeres derramaron sendas lágrimas de felicidad.- Te amo, mamá.
-Y yo a ti pequeña. Lamento el mal que te hicimos.
-Perdóname tú por haberme fugado y hacerte sufrir tanto.- Pero sólo hiso falta ver en los ojos de la otra para notar que ya se habían perdonado, mucho antes siquiera de pronunciar esas palabras.
-¿Yo también puedo disculparme?- Azul sobre azul. Padre e hija se miraron frente a frente, por primera vez después de tanto tiempo.- Rosie, yo… no tienes idea de cuánto te he extrañado. Yo lamento mucho…- Quiso acercarse a ella para rodearla con sus brazos como cuando era menor.
-No.- La pelirroja se hiso un paso atrás, restableciendo la distancia entre Ron y ella.- Yo… aún no decido si te he perdonado.- El gesto del hombre se descompuso en una mueca de dolor y arrepentimiento. Sabía que su hija no lo perdonaría fácilmente, pero aquellas palabras lo golpeaban como mil bludgers en la cabeza. Le dolían en lo más profundo, pero aún así las entendía.
-Rosie… Rose, - Se corrigió recordando que su hija no era más una niña.- Yo entiendo que debes estar muy enojada conmi…
-¡No! Papá, tú no entiendes. Nunca lo has hecho.- Aquellas palabas que se oían como furia eran en realidad un dolor que se acumuló con el tiempo; un dolor que oprimía el pecho de Rose desde el momento en el que Ron le prohibió ser amiga de Scorpius.- No entendiste que a mí no me importaba que Scorpius fuera un Malfoy, no entendiste que estaba enamorada, no entendiste que escapé porque temía tu reacción… ni tampoco entendiste que me estabas persiguiendo como si fuera una criminal…- La voz de Rose fue bajando el volumen hasta desaparecer en la última palabra.
-Tienes razón.- Las débiles palabras salieron de la boca del pelirrojo con esfuerzo.- Pero todo lo que hice, y lo que no hice, fue creyendo que era lo mejor para ti.
-¿Lanzarme un Avada Kedavra con el que casi se matas era lo mejor para mí?- La frase impactó en cada uno de los miembros de la familia de manera diferente. Muchos abrieron los ojos incrédulos, otros miraron a Ron con desaprobación. Harry se acercó a su mejor amigo y posó una mano en su hombro; había visto como su ánimo se venía abajo con aquella acusación.
-Es que me volví loco… yo no, no pensaba… fui un tonto Rose. No quería perderte y no supe cómo actuar… Nunca he estado más arrepentido de algo en mi vida.- Las lágrimas se agolparon en los ojos azules y no le importo si corrían por sus mejillas. No quería perder a su hija y aún así sentía que ella se alejaba con cada palabra que pronunciaba.
Su hija lo miraba atentamente, analizando cada palabra de él y luchando por no dejar que la invadieran todos los recuerdos felices con su padre. Por supuesto que le encantaría arrojarse a sus brazos y decirle que siempre sería su niña. Pero ahora tenía una familia propia, y debía estar segura que su padre la aceptaría por completo.
-Mira, yo no quiero tu arrepentimiento.- Destrabar las palabras de su lengua nunca se le había hecho tan difícil.- Quiero que me aceptes, tal como soy; y a Scorpius también, porque lo amo y simplemente es mi otra mitad, es también una parte de mí.
-Rose, con tal de tenerte de nuevo… aceptaré todo lo que tú ames y te haga feliz. Sólo quiero tener a mi hija de vuelta.- La miró esperando una reacción por parte de ella y luego finalmente agregó.- Lo lamento, Rose.- La pelirroja se acercó un poco a su padre y rodeó su cuello con ambos brazos. A Ron le tomó unos segundos reconocer el gesto, pero luego correspondió el abrazo con cariño, besando el cabello de su hija.
-Te perdono.- Susurró la joven dulcemente, aquello era lo que realmente le hacía feliz. Sentir de vuelta el amor de su padre, sin prejuicios ni secretos.
Luego de unos minutos de conmoción familiar, Rose pudo apartarse del semicírculo que habían armado gran parte de sus primos y tíos a su alrededor luego de que abrazara a su padre. Volteó la vista y se encontró con Albus, Natalí, Teddy y Victorie haciéndole compañía a Scorpius y sus hijos, que estaban medio ocultos detrás de la puerta que conectaba con la cocina. La pelirroja se aclaró la voz, llamando la atención de toda la familia.
Caminó nerviosamente hasta la abertura y tomó en brazos al pequeño Leo, que se encontraba mirando a su prima Adele con mucha curiosidad desde los brazos de Ted. Scorpius tomó una mano de cada niña y se acercó junto a Rose al resto de la familia.
Los ojos de los espectadores pasaban constantemente de los rostros de los niños a los de sus padres. Ron se había puesto pálido y Hermione se tapaba la boca con una mano, asombrada.
-Buenas noches a todos.- Saludó cordialmente el rubio a los Weasley's. Algunos respondieron con brevedad, otros simplemente asintieron con la cabeza. La madre de Rose se acercó a él y beso su mejilla. Luego miró a las niñas un momento y dirigió su mirada interrogante a su hija.
-Familia, les presento a nuestros niños.- Rose sonrió y su esposo se acercó un poco más a ella.- Este de aquí es Leo. Saluda a la familia, cielo. Mira, esta es tu abuela Hermione. ¿Recuerdas que te contamos sobre ella?- El pequeño asintió y le dedicó una sonrisa tímida a la mujer antes de agitar su manita en el aire, saludando a los demás presentes.- Mamá, ¿Quieres cargarlo?- Ella simplemente asintió y abrazó contra su pecho al pequeño cuando le rodeo el cuello con su brazos.
-Ellas son Crystal y Jazmin.- Las dos niñas de cinco años dieron un paso al frente. Dos pares de ojos, uno azul y otro gris, miraron a la multitud que las examinaba con ojos curiosos.- Tienen cinco años y Leo tres.
Ron se arrodilló hasta estar a la altura de sus nietas y las miró detenidamente. Ambas eran la mezcla perfecta de los genes Malfoy-Weasley. Pudo reconocer sus mismos ojos en los de Jazmin y sus propias pecas en las de Crystal. Sonrió al darse cuenta cuánto las quería sin siquiera conocerlas, simplemente por el hecho de que eran sus nietas… y la palabra le sonó dulce en la boca.
-Son preciosas. Tan bonitas como su mamá.- Ambas sonrieron y comenzaron a tomar más confianza.
-El pequeño Ronnie ya es abuelo.- Bromeó George palmeando el hombro del pelirrojo.
-Lo dices como si ti te faltara mucho para serlo.- Retrucó Ron señalando a Roxanne con su panza de siete meses de embarazo.
Con esos comentarios se terminó de romper finalmente el hielo. Leo le pidió a su abuela que lo bajara al suelo y al momento se hiso amigo de Adele, con la que correteó por toda la casa. Crystal y Jazmin sorprendieron a todos con su inteligencia y los comentarios que hacían. Scorpius rodeaba la cintura de Rose, quien sonreía feliz, contando a su familia del nuevo trabajo de su esposo en Inglaterra.
-Sí, volvimos para quedarnos.- Confirmó la pelirroja con una brillante sonrisa.- Scor tendrá que viajar de vez en cuando a Francia, para comprobar que todo va bien allí, pero nuestro hogar es aquí y ya extrañabamos Inglaterra y la familia demasiado.
El resto de la noche continuó como si la ausencia de cinco años nunca hubiera existido, como si los tres asientos para los pequeños Malfoy hubieran estado preparados para ellos con anticipación, como si Scorpius fuera parte de la familia, porque así era.
Las risas, las bromas, las conversaciones, todo retomó su curso anterior. Pero ahora había más oídos, más palabras y más risas que compartieran experiencias e historias.
Los celestes ojos de Rose recorrieron la mesa de punta a punta y tomó con fuerza la mano de su esposo bajo la mesa. Luego les dedicó una tierna mirada a sus hijos sentados a su lado.
Al fin tenía a su familia, a todos los que amaba con ella. Si antes se había sentido dividida ahora sus mitades se unían en aquella familia que la rodeaba. Su nuevo apellido no importaba porque las personas que la rodeaban la querían por lo que era y eso era lo más importante para ella.
-¿Estás bien?- La voz suave de Scorpius la sacó de sus pensamientos.
-Perfectamente.- Le sonrió y se dejó perder en sus ojos grises unos momentos.- Te amo.
-Y yo a ti, Rose.- La besó dulcemente, un beso corto para no provocar las bromas de los demás comensales, pero lo suficientemente significativo para que Rose entendiera el mensaje "Lo logramos, al fin realmente juntos".
