ALEVOSÍA II

\o/ Me ha encantado la semana Korroh. Todas las historias que se han publicado son tan hermosas, los invito a leerlas y pasarse por tumblr donde encontrarán también los arts de ésta semana ¡Cuánto talento! Al final publicaré una lista en tumblr con todos los trabajos :D

¿A alguien le faltó que le respondiera su review? Es que me confundí xD Algunos estoy segura que los comenté dos veces :P

Éste capítulo va dedicado a Alo-chan que estuvo de cumpleaños (hace casi un mes :S) y para Alex Darklight quien se graduó \o/ Muchas felicidades chicas.

Oficialmente (porque ya empezó el libro 3) éste fic es un Semi AU o un What if? XD Así que no coincidirá lo que pase en la serie a lo que escriba aquí. :/ Espero les siga gustando, ya quedan pocos capítulos para que termine T.T


Nada envidio a la voracidad de tu amante más letal

Él espera tu fatalidad, yo pretendo lo inmortal.

El espíritu que habita tu belleza más carnal.

Esa luz que resucita del pecado original.

Ay amor, ay dolor, yo te quiero con alevosía.


Era extraño regresar a Ciudad República después de todas ésas semanas, no es que hubiera cambiado el lugar pero de alguna manera se sentía diferente. Los colores eran más borrosos, la gente más distante, los olores no eran comunes: Korra se sentía como si estuviera caminando entre una bruma invisible.

Le emocionaba la posibilidad de ver de nuevo a la familia de Maestros Aire y a Bolin, pero esperaba no tener que encontrarse con Mako o con Asami.

— ¡No entiendo! Mi hermano debería estar ya aquí. — Exclamó Bumi en el embarcadero mirando de un lado a otro, buscando señales de Tenzin.

Korra lo miró por el rabillo de su ojo, durante el recorrido se la había pasado murmurando algo sobre una apuesta y su hermano; le había preguntado en varias ocasiones qué era lo que tenía que reclamar como premio y por qué, pero no obtuvo respuesta.

— Vamos Bumi, dime de qué se trata toda ésa apuesta.

El ex comandante sonrió de manera picara y miró a la de ojos azules un momento antes de centrar su atención sobre el collar de compromiso que estaba en su muñeca izquierda.

— Aún no es tu momento, querida Korra, sólo es cosa de que lo aceptes.

— No entiendo ¿Aceptar qué? — Rebatió con un puchero y los brazos cruzados.

— Lo sé, por eso aún no te lo digo. — Respondió el mayor colocando su dedo índice sobre la nariz de la Avatar haciendo que sus ojos se cruzaran. Ella resopló por lo bajo y le dio un manotazo, sintiéndose completamente perdida en la extraña mente del hijo mayor de Aang.

¿No se le habría caído a Katara de bebé? Tal vez quisieron probar si era Maestro Aire y el pobre Bumi se golpeó la cabeza.

De repente la ráfaga de aire de un verdadero Maestro llegó hasta ella unos segundos antes que alguien tomara su muñeca y unos brillantes ojos la mirarán emocionada.

— ¿Es esto un collar de compromiso? ¿Por qué lo traes como pulsera y no en el cuello? ¿Quién te lo dio? ¿Fue el General Iroh? ¿Se van a casar por qué se aman? ¿Vienes a darnos la invitación de boda? ¿Dónde está él?

La morena se sintió; como siempre, un poco ofuscada con tantas preguntas repentinas e incomodas, pero ése era el estilo de la pequeña Ikki.

Con una ligera risa incomoda colocó su mano libre sobre el cabello café y lo revolvió.

— ¿No deberías estar dándome la bienvenida primero?

Ikki contempló las palabras de la Avatar unos segundos, mirándola con cuidado, después sonrió alegremente y de un salto llegó a los brazos de la joven.

— ¡Bienvenida de regreso Korra! — La abrazó, pero aún emocionada como se sentía no dejó que el momento durara mucho. Se separó ligeramente. — ¿Ahora sí me contestarás?

Un par de manos mucho más pesadas la levantaron estrellándola contra un pecho amplio en un abrazo extremadamente fuerte; salvando a Korra intencionalmente.

— ¿Y no hay un abrazo para tu tío el más guapo?

Ikki rió bajito, infantilmente.

— La tía Kya es más bonita.

Bumi levantó una ceja y negó con la cabeza.

— Creo que necesitas lentes.

— ¡Korra! ¡Korra!

Un par de pequeños Maestros Aire llegaron también, descendiendo de sus bastones para arrojarse contra la sorprendida Avatar quién terminó en el piso.

— ¡Jinora! ¡Meelo!

Bumi suspiró fingiendo tristeza y miró a la niña en sus brazos.

— ¿Cómo es que prefieren saludar a Korra antes que a mí? ¡Yo soy su tío!

— Pero Korra es divertida.

— ¡Hey! Yo soy más divertido.

— Ella nos deja hacer lo que queramos.

— Yo también. — Respondió Bumi ligeramente molesto que no se recordara todas las ocasiones que se metió en problemas con su hermano por dejar que sus sobrinos dieran rienda suelta a su lado salvaje; afortunadamente aún infantil… Aunque Meelo sí podía ser peligroso.

Ikki colocó un dedo en su mentón un momento y luego señaló a Korra.

— Pero ella es el Avatar.

El ex Comandante suspiró derrotado: Avatar le ganaba a todo.

— Touché.

La morena se estaba incorporando del piso aun riendo, cuando una sombra en forma de bisonte volador cubrió a las personas en el embarcadero, no había que ser un genio para pensar de quién se trataba.

Después de aterrizar, Tenzin bajó con tranquilidad y se acercó al grupo, seguido; para horror de la Avatar, de Asami.

Korra vacilantemente miró al piso, torciendo la boca ligeramente… Esto era un muy mal comienzo en Ciudad República.

Tomó aire y se acercó a Tenzin, saludándolo de manera respetuosa con una inclinación como el Maestro que había sido para ella.

— Es un gusto verte de nuevo, Maestro Tenzin.

El hijo de Aang se quedó congelado un momento y volteó a ver a su hermano, como pidiendo explicaciones de qué le había pasado a Korra en ése tiempo ¿A qué se debía ése comportamiento?

Bumi encogió los hombros despreocupadamente.

— Entrenamiento para manipular relámpagos.

— Oh.

El hombre con tatuajes se inclinó respetuosamente también, sintiéndose bastante extraño.

— El gusto es mío, Avatar Korra.

Un par de segundos después de enderezarse sintió el abrazo de emocionado de su ex alumna que había brincado hacia él y reía alegremente.

— Según Iroh debo ser respetuosa contigo por haber sido mi maestro, pero también debo ser consciente que no puedo evitar alegrarme al ver a un amigo. Hay que ser equilibrados.

El heredero de la cultura de los nómadas aire levantó una ceja. ¿Qué demonios le había pasado a Korra? Cierto que no dejaba de ser efusiva, pero, parecía más… serena.

Colocó las manos en los hombros femeninos y la separó para verla de frente, tenía tantas dudas.

— ¿Pero qué rayos te pasó? ¿Bebiste jugo de cactus?

Ante la ironía Korra y Bumi rieron a carcajada abierta.

— De hecho sí, pero eso fue hace algunas semanas.

— ¡¿Qué?!

Antes de que la Avatar revelara la verdad y que con ello el ex Comandante se llevara un nuevo regaño por parte de su hermano, éste carraspeó y se colocó frente a él, con un saludo militar.

— Ex Consejero Tenzin, he traído a Avatar Korra para solicitar una audiencia con el Presidente Raiko ¿Podría escoltarnos?

El de tatuajes en forma de flecha miró al par incrédulamente; eran tan… tan… extraños.

Suspiró.

— ¿Tú también Bumi? ¡Por todos los espíritus! ¿Navegar por tanto tiempo afecta el cerebro o qué?

Los "extraños" volvieron a reír divertidos, ésta vez Bumi colocando un codo en el hombro de la de ojos azules, buscando soporte. El Maestro Aire era tan divertido enfurecido.

— Tranquilo, sabes que no queremos molestarte, estamos tratando de ser profesionales. — Trató de recomponer Korra, sonriendo ampliamente y haciendo gestos pacificadores con las manos.

Tenzin suspiró, un poco fastidiado, pero haciendo su mejor esfuerzo para controlarse, así como aparentemente lo estaba haciendo Korra.

— Bueno, eso no importa. Korra… — Hizo una pausa volviéndose completamente serio y mirando a la joven, momento que Asami aprovechó para alejar un poco a los niños; ya saludaría a su amiga en unos minutos, además había notado su incomodidad al verla. — No sé cómo decirte esto, pero el Presidente Raiko se enteró de tus peticiones en otros lugares y me pidió que te dijera que no tienes apoyo en Ciudad República para eso.

La morena se quedó en silencio, eso no podía estar pasando.

Iroh y ella estaban seguros que Ciudad República sería pan comido y ahora sólo notaba con desesperación que no era así.

— ¡Voy a patearle el…! — Se detuvo completamente enfurecida y apretó los puños, junto con los dientes. ¿Qué iba a hacer? El de la Nación del Fuego le había dicho que confiaba en ella para lograr sus objetivos en el lugar ¡No podía fallarle! Respiró profundamente y enfocó sus pensamientos agresivos en buscar soluciones. — ¿Al menos dijo por qué?

Tenzin sintió un pinchazo de orgullo al notar ese autocontrol, tal vez él no era exactamente quien le enseñó a calmarse, pero le había dado las bases para ello. Después le preguntaría a detalle en qué consistía ése entrenamiento.

— ¿Honestamente? Yo pienso que sólo quiere oponerse a cualquier cosa que digas. Cuando yo le pregunté las razones dijo solamente que siempre tus ideas causaban destrucción.

— ¡Me odia! Ése tipo me odia.

Tenzin rodó los ojos, aunque secretamente le daba la razón. El grupo se quedó en silencio buscando en sus mentes algún plan para salvar el día.

Jinora había observado todo desde la distancia, sus ojos pacifistas absorbiendo la conversación de los adultos. Caminó lentamente hacia ellos, seguida de sus hermanos y una aprensiva Asami.

— ¿Y si le muestras la importancia de los espíritus? Podrías llevarlo al mundo espiritual.

La Avatar contempló la idea. Jinora era una niña muy inteligente y tal vez mucho más madura que ella misma, sus ideas eran completamente dignas de ser tomadas en cuenta.

— Aunque es buena idea no creo que el Presidente quiera ir. — Rechazó Tenzin sintiéndose un poco mal de desmotivar a su hija.

Korra suspiró.

— Me encantaría hacerlo, sería lo ideal, pero no tengo tiempo, debo regresar lo más pronto posible a la Nación del Fuego. Allí la situación es inestable también, además, Iroh…

— ¿Iroh? ¿Ya no hay formalidades? — La interrumpió Tenzin acariciando su barba nerviosamente y notando; por primera vez, la forma en que Korra se refería al General, aunque unos minutos atrás ya lo había hecho.

Pasó saliva un poco asustado cuando la vio sonrojarse, de inmediato volteó a ver la sonrisa gigante de su hermano. Sus ojos parecían centellar con alegría.

— Bueno, hemos estado prácticamente juntos todo el tiempo, sería raro si…

— ¡Te lo prohíbo Korra! ¡No puedes… agarrar de la mano al General! — Gritó el ofuscado Maestro no teniendo muy claro si estaba asustado por la aparente perdida de la apuesta o por las señales que indicaban que ellos ya no eran sólo aliados.

Bumi rió a carcajada abierta sujetándose el estomago y dejándose caer después en el piso, saboreando el sabor de su victoria.

La Avatar sólo lo vio de manera incrédula.

— ¿Agarrarle la mano? ¿Crees que eso es lo "peor" que puedo hacer con él? — Y se unió también a la festividad del ex Comandante.

El calvo: voluntariamente, del lugar, se sonrojó.

— Hay niños Korra. No puedo hablar de… "eso". Pero sabes que "eso" también está prohibido.

La de ojos azules le frunció el ceño de manera retadora. Cierto que tenía respeto por el Maestro Aire, pero no podía prohibirle cosas. Lo que Iroh y ella decidieran hacer era cosa de ellos… ¡Oh, espíritus! Estaba pensando en "eso" por culpa de Tenzin, le había dado ideas peligrosas.

Se sonrojó notablemente.

— Escucha Tenzin, Iroh y yo no…

— ¿Te refieres al sexo, papi? — Preguntó Meelo mirando con sus grandes ojos inocentes a su progenitor que ahora tenía un curioso rostro de color morado.

— ¡Mira lo que hiciste Korra! ¡Meelo está hablando de "eso"!

— ¿Yo? ¡Fuiste tú quien empezó con eso de "eso"! ¡No me culpes!

Bumi seguía riendo, pero ahora también lloraba gustoso por la escena frente a él. ¡Espiritus! Cuanto los había extrañado.

— Así es Meelo, papi se refería al sexo. — Comentó Jinora dándole respuesta a su hermano que comenzaba a desesperarse al ser ignorado. El pequeño asintió.

— ¡Mi pequeña también sabe que es "eso"!

— ¿Eso quiere decir que Korra y el Principe Iroh ya han…? — Ikki no pudo completar su pregunta, puesto que Asami le había puesto la mano sobre la boca, tranquilizando un poco a los sonrojados Maestros del lugar.

— ¡No! ¡No! Aún no… Quiero decir… No es que lo piense, pero nos casaremos y existe la posibilidad… ¡Oh, espíritus!... ¡Sólo no! — Respondió la Avatar balbuceando, asustada, sin aire y sorpresivamente gritando en ocasiones.

Los tres niños del lugar la miraron curiosos unos segundos y después asintieron, satisfechos con su respuesta.

Meelo giró a ver al de los tatuajes una vez más.

— ¿Y cuando tendré sexo yo?

Al ver la mortificada cara de Tenzin, Asami y Korra no pudieron evitar reír también.

Finalmente el Maestro Aire carraspeó y colocó su puño fingiendo toser frente a su boca.

— Sólo se la hoja Meelo, se la hoja.

La Avatar rió aún más fuerte al recordar ése momento ganándose una mirada enfurecida de su ex Maestro.

— ¿Puedo ser la hoja también? — Preguntó entre risas, apenas logrando seguir de pie.

— ¡No! ¡Tú no puedes ser la hoja!... No así.

— ¿Estás hablando de sexo de nuevo papi?

Tenzin suspiró y colocó su mano sobre el rostro calvo de su curioso hijo.

— Ya hablaremos de eso después Meelo… Mucho después.

— Está bien. — Y el pequeño Maestro Aire formó una esfera y comenzó a jugar, aburrido por el extraño comportamiento de los adultos.

— Korra, Avatar mata todo, deberías ir a recordárselo al Presidente. — Exclamó Ikki encogiéndose de hombros y después giró sobre sus talones para ir a jugar con su hermano, dejando a los mayores completamente extrañados por el cambio de tema y porque uno de ellos, entendió lo que la pequeña quiso decir.

— ¡Es cierto! ¡Avatar mata todo! — Exclamó Bumi brincando en el aire con un puño de victoria alzado.

— ¿Mata todo? No te ofendas Bumi, pero Korra es amab… bueno, no le gusta matar. Eso no tiene sentido. — Habló por primera vez Asami haciendo que la de ojos azules la mirara un segundo antes de hacerlo hacia otro lugar. De verdad no es que la odiara ni nada por el estilo, sólo era incomodo.

— ¡Por supuesto que Korra no mataría! Eso va contra todo lo que le he enseñado.

— No, no es eso. — Trató de aplacar Bumi. — A lo que Ikki se refiere es a un juego que inventamos.

— ¡Sí! Ahora entiendo, es cierto. — Intervino Jinora sonriendo alegremente hacia la de ojos azules quién levantó una ceja y la miró con curiosidad.

— Explícanos Jinora.

La joven asintió.

— Inventamos un juego muy parecido a piedra, papel o tijeras, sólo que lo hacemos con los elementos: Aire vence a Agua, Agua a Fuego, Fuego a Tierra y Tierra a Aire. Sin embargo si alguno gana cuatro veces seguidas, gana el poder del Avatar y el Avatar vence a todos. Podemos aplicarlo en el momento que consideremos, sólo una vez.

La castaña seguía sin entender y al mirar a los demás, sólo Bumi parecía saber de qué estaba hablando Jinora.

Finalmente Tenzin expresó su sentir.

— No entiendo ¿Eso como resolverá el problema del Presidente Raiko?

El ex Comandante cruzó los brazos sonriendo de forma autosuficiente.

— Korra debe recordar, que por mucho poder que tenga Raiko, ella es el Avatar…

— Y el Avatar es la máxima autoridad. — Completó Jinora, haciendo que la de ojos azules sonriera lentamente; sus ojos entrecerrandose con determinación.


El presidente Raiko no estaba teniendo un buen día, de hecho, podía decir que a ciencia cierta nunca había tenido un buen día desde que se aceptó el cargo.

Era el primero en la historia de Ciudad República y quería ser recordado como alguien efectivo, que cumplió su papel adecuadamente. Deseaba que las futuras generaciones lo recordaran por haber hecho que la Ciudad tuviera grandes progresos.

Firmó la autorización de construcción de un orfanato.

Había iniciado su gestión con grandes esperanzas, pero siempre, en cada momento crucial, la misma persona se interponía o le dificultaba las cosas.

— ¡Avatar Korra! ¡No puede pasar!

— Escucha, sé que sólo estás cumpliendo con tu trabajo pero ¡A un lado!

— ¡No, por favor!

Raiko resopló levantándose de su silla al escuchar la conmoción afuera que había terminado con su custodio estrellado en su puerta y abriéndola por el impacto.

Aquí venía, esa tonta chiquilla de nuevo.

— Avatar Korra ¿En qué estaba pensando? Dije claramente que no quería…

La de ojos azules llegó de un salto hasta él, lo sujetó del cuello por la fuerza y lo sentó sobre su escritorio, haciendo que la mirara fijamente.

— No, no ésta vez. Ahora yo hablo y tú escuchas.

Para sorpresa del de lentes ella no estaba actuando tan violentamente como solía hacerlo, su enojo era prácticamente palpable, pero notaba su esfuerzo por controlarse.

— Su opinión no es importante aquí. — Dijo con una sonrisa de medio lado queriendo descontrolarla.

Ella sólo apretó los dientes recordando a Iroh con la Reina Tierra: Carismático, diplomático y sutil con sus amenazas… ¡Bueno! Ella no era así, pero adaptaría eso a su estilo.

— ¿En serio? — Preguntó sonriendo y haciendo una pausa intencionalmente dramática. Después le dio la espalda y se cruzó de brazos. — El problema, Raiko…

— Presidente Raiko para ti.

La morena lo ignoró y siguió caminando, observando la decoración de la oficina presidencial.

—…Es que se te olvida que Ciudad República es sólo una pequeña parte del mundo y te guste o no quienes hemos tomado todas las decisiones del mundo en general somos mis encarnaciones y yo. Tú podrás ser el Presidente, pero yo soy el Avatar. Tu tiempo se acabará en unos años, el mío seguirá hasta que muera y después nacerá un nuevo Avatar que seguirá lidiando con gente como tú, que su ego no le permite hacer lo correcto.

— ¿Ego dices? ¡La persona aquí con el ego por las nubes eres tú! ¿Quién te crees que eres para venir a imponer tus ideas en mi ciudad? — Cuestionó a gritos el hombre, perdiendo la paciencia.

— ¿Tu ciudad? — Korra rió a carcajada abierta, mirándolo de nuevo, con las manos en la cintura. — No, Raiko, nada aquí nos pertenece. Ésta no es tu ciudad, no es la mía tampoco. Todas las especies que habitamos en el mundo somos parte de él, le pertenecemos al planeta. Incluyendo a los espíritus.

— ¡Porque tú los trajiste!

— De regreso, olvidaste mencionar que están de regreso y que ellos estaban aquí junto con nosotros.

El de lentes se puso de pie encarándola.

— Tus ideas sólo logran caos ¿O ya se te olvidó que pasó con Vaatu?

— Te recuerdo que pedí tu ayuda, si lo hubieras hecho ni siquiera se hubiera llevado a cabo la convergencia armónica.

— Ese tipo de situaciones son tu obligación.

— ¿Sólo es mi obligación cuando las cosas se ponen feas? ¿Por qué no aceptas que de haberme ayudado nada se hubiera destruido aquí?

— ¿Estás entonces pidiendo mi ayuda de nuevo? — Preguntó él tratando de ganar el control de nuevo, no se dejaría dominar sin una pelea.

— Si quieres llamarlo así me da igual, pero esto no es un consejo Raiko, te estoy exigiendo que implementes leyes de protección para los espíritus aquí. No seas estúpido y asegura una buena convivencia.

— No veo el por qué debo poner a los espíritus sobre mis ciudadanos.

— Sigues con tus problemas de pertenencia, nada ni nadie aquí es tuyo. Y los espíritus vivirán aquí también ¡Idiota! — Hizo una pausa, recordando exactamente las palabras-amenaza de Iroh a la Reina Tierra. — Escucha, todas las demás naciones han aceptado esto, tengo el respaldo de todo el mundo. Si Ciudad República no asegura el bienestar de los espíritus, no me sorprendería que ellos ataquen al sentirse ofendidos y tú me estarás atando las manos para evitar algo así.

El hombre se quedó en silencio varios minutos analizando sus posibilidades. De verdad odiaba al Avatar; era como su némesis personal y ahora le estaba exigiendo cosas a las que sabía, dentro de sí, que ella tenía derecho. Era frustrante no poder estar del todo en su contra ¡Era mujer!

— ¿Ya tienes redactada la ley que quieres sea aprobada?

Korra sonrió sabiendo que había triunfado.

— La están elaborando en la Nación del Fuego, en cuanto esté terminada será enviada a todos los representantes para que adapten lo que consideren necesario a sus ciudades.

— ¿Y no lo supervisas?

— La Señora del Fuego se está encargando en persona, confío ciegamente en ella.

Raiko suspiró derrotado y miró hacia su asiento con intenciones de ir de inmediato hacia allá.

— Bien, entonces hazme llegar la ley en cuanto la tengan. Ahora sal de mi oficina y para la próxima vez toca.

La de ojos azules rió por lo bajo, giró sobre sus talones, recogió al inconsciente hombre sobre la puerta con intensiones de llevarlo a alguna enfermería.

— Entonces no me niegues el paso en la siguiente ocasión. Te trato como tú lo haces conmigo.

Raiko asintió aún frustrado y ella con un movimiento de sus manos levantó la puerta valiéndose de aire control, atascándola en el marco.


Korra veía algunos peces pasar cerca de la orilla del estanque a unos metros de ellas, en el parque de Ciudad República, el lugar era muy cercano a donde le había dado la noticia a Bolin de su matrimonio.

En unos meses todo había cambiado demasiado.

Había regresado siendo otra persona, tenía pensamientos diferentes y definitivamente su manera de comportarse era otra: Sentía que había madurado un poco.

La tarde estaba comenzando a caer en el lugar y se sorprendió al encontrarse un poco nostálgica. Extrañaba a Iroh.

Suspiró.

Quizás su sentimiento incomodo se debía a la compañía, puesto que después de contarle a su grupo sobre lo que había pasado con Raiko, Asami le pidió hablar con ella, pero no podía negar que sus pensamientos constantemente volaban hacia el heredero de la Nación del Fuego deseando que estuviera con ella.

Pasarían la noche en el templo de la isla, pero por la mañana partirían de regreso al lugar que había sido su hogar por algunas semanas y del que sentía bastante apuro por llegar, para saber si la Señora del Fuego estaba bien, si los democráticos realmente habían planeado envenenarla.

Quería estar al lado de Iroh lo más pronto posible, él debería estar llegando a la Nación del Fuego en un par de días y a ella le tomaría casi una semana.

Volvió a suspirar.

— ¿Y Bolin? Me gustaría verlo antes de irme. — Preguntó esperando no parecer demasiada ansiosa por estar con la de ojos verdes.

Asami le sonrió ligeramente.

— Dijo que necesitaba encontrarse a sí mismo y se fue de viaje.

Korra levantó una ceja de manera incrédula.

— ¿Y Mako lo dejó ir así sin más?

— No, lo persiguió un par de días, pero le perdió el rastro… ¿Crees que esté bien?

Una pausa se hizo presente, ambas chicas pensando en el jovial Maestro Tierra.

— Probablemente se meta en algunos problemas, pero de alguna manera escapará de ellos. — Respondió la morena riendo confiada. Su amigo era de ésas personas que se metían en situaciones por demás extrañas y siempre salían airosos.

Asami asintió riendo un poco y después guardó silencio. En verdad necesitaba hablar con Korra, toda la situación entre ellos tres estaba afectando al grupo.

Tomó aire junto con valentía.

— Korra, quiero disculparme…

— No es necesario Asami, entiendo. — Interrumpió mirando de nuevo el estanque esperando no sonar muy dura. Cerró los ojos un momento y después volteó a ver a la de ojos verdes de manera amigable. — En cierta manera nosotros te hicimos algo muy parecido.

La de cabello negro sacó el aire que llevaba en los pulmones, recargó los codos en las rodillas inclinando la espalda y sobre las palmas puso su cabeza.

— Por amor se hacen cosas muy estúpidas ¿No?

La Avatar rió escandalosamente.

— Tienes toda la razón. Debo aceptar que al principio dolió, pero supongo que todo lo que ha pasado últimamente me ha ayudado a olvidarme de Mako… Aunque preferiría no verlo aún.

— Entiendo. De cualquier manera no debes preocuparte, Mako estará de guardia hasta mañana y para cuando salga tú te habrás ido.

— Es mejor así. Aún no sé si debo decirle…

Asami miró a la repentina callada Avatar, eso era algo muy rara vez visto, a la de ojos azules muda. Cuando ese extraño acontecimiento pasaba, significaba que estaba ocurriendo algo muy serio.

— ¿Decirle qué?

La morena se mordió el labio inferior, Asami no era de las personas a las que le había contado sobre su futuro matrimonio y aunque de cierta manera parecía que todo entre ellas estaba un poco mejor, no sentía la confianza de decirle la verdad.

¿Qué diablos le pasaba? Aún en las peores situaciones la heredera había estado a su lado apoyándola. En realidad no era culpa de nadie que se hubieran enamorado del mismo idiota.

— Asami ¿Podrías decirme como inició de nuevo su relación? Necesito escucharlo.

Si se lo decía, tal vez podría entender mejor a Mako; quizás él nunca olvidó a la de ojos verdes o Korra no le parecía suficiente. Para seguir con su vida necesitaba saber eso.

Asami se quedó varios minutos en silencio, pero finalmente habló, completamente incomoda.

— Ya sabes que fue mientras te perdiste rumbo a la Nación del fuego. — Korra asintió dándole toda su atención. — Cuando descubrimos que la triada nos había distraído para que alguien robara todo lo que iba a enviar a la tribu del agua sur… No sé… Me sentía sola y él estaba allí. Había puesto en juego su puesto por mí, para ayudarme y sentí que tal vez él y yo…

Korra había entrado en un semi-estado de shock. ¿Mako había aceptado hacer algo ilegal por Asami pero se negó a tener su boca cerrada por ella, por Korra, la que en ése momento era su novia?

Contrajo el ceño.

— Ya veo. — Dijo interrumpiéndola y arrepintiéndose en el momento de su tono de voz, dolido. Sacudió la cabeza. Finalmente había encontrado la verdad y eso la ayudaría a seguir su vida sin Mako.

— Nunca quisimos lastimarte.

— Lo sé, no te preocupes.

Guardaron silencio por varios minutos, no sabiendo qué decir o si debían continuar esa plática, pero ambas deseaban desesperadamente que su amistad no se arruinara.

La de ojos verdes notó el collar de compromiso en la muñeca de Korra y sonrió. Tal vez sólo necesitaban cambiar de tema.

— ¿Así que es cierto que te casarás con el General Iroh? — Preguntó mientras sujetaba la mano de la morena y hacía una inspección detallada del resplandeciente objeto. Era precioso.

La de ojos azules respingó asustada sonrojándose inmediatamente.

— ¿Qué? ¿Quién te lo dijo? ¡Demonios! Se supone que no lo anunciaríamos hasta que alcanzara a Iroh.

Asami rió alegre ante la frustración de su amiga, esa era la Avatar que había extrañado por mucho tiempo.

— Por varias semanas he escuchado el rumor, pero viendo tu collar de compromiso veo que es cierto ¿Por qué no lo tienes en el cuello? ¿Estás pensando tu respuesta?

Korra rodó los ojos.

— No es lo que piensas, es sólo que Iroh no sabía que era requisito ponérmelo en el cuello y cuando vi el collar, el barco ya había zarpado.

Amabas rieron ligeramente.

— Entonces sí es de él. Es un buen hombre Korra, sólo espero que lo ames, estoy segura que él sería una muy buena opción para ti.

— ¡No! ¡No! Es decir, sí es un buen hombre, pero no es por eso que nos casamos. — Se detuvo un momento para tratar de dominar su sonrojo y tomó aire. — La monarquía en la Nación del Fuego está amenazada, pensamos que con una boda entre nosotros podrían tranquilizarse un poco los problemas. Además…

— Los rumores de una nueva guerra por parte de la Nación del Fuego acabarían si el Avatar es la Señora del Fuego. — Completó la de cabello negro, haciendo que Korra sonriera orgullosa por la inteligencia de su amiga.

— Así es. Anunciaremos nuestra boda en cuanto regrese a la Nación del Fuego.

— ¿Eso era lo que no querías que Mako se enterara? — Cuestionó Asami sin rodeos. Pese a que el tema ya había quedado atrás, el policía era su novio y no podía evitar sentirse curiosa por todo lo que se trataba de él.

La de ojos azules la miró asombrada unos segundos y después asintió.

— Ambas sabemos cómo es Mako, querrá interrumpir mi boda pensando que estoy cometiendo un error o que Iroh me secuestró, o algo así. — Rió fingidamente Korra sin que la de cabello negro se le uniera.

Sí, ambas lo conocían, pero Asami sabía que si Mako interrumpía esa boda no sería por las intenciones que la morena describía.

Se levantó estirando la columna, no queriendo pensar en realidad en los posibles sentimientos que su novio estaba guardando hacia Korra.

— Es tarde. Tenzin y los demás quieren hablar contigo. Dijo algo sobre que quería saber acerca de tu entrenamiento para controlar relámpagos ¿Nos vamos? — La Avatar se puso de pie sacudiendo su pantalón, sintiéndose mejor de haber solucionado las cosas con la de ojos verdes. Sólo quedaba una cosa pendiente.

— Asami, por favor, no le digas a Mako nada de lo que te conté.

Notó con extrañeza la mirada calculadora de su amiga, después una de culpa y los ojos verdes miraron hacia otro lado.

— No te preocupes, si depende de mí, Mako no se enterará de nada.


Si tuviera que elegir una forma de vivir definitivamente sería en el mar. Dudaba que se uniera a los piratas y que actuara en contra de los principios que le había inculcado su familia: pese que a Korra le parecieran genial las canciones de los bucaneros, pero, sólo le gustaría tener la suficiente libertad de dedicarse a comandar las flotas, peleando por lo que creía valía proteger, teniendo varios minutos en la noche para contemplar el mar; como en ése momento lo estaba haciendo.

Su prometida era como el océano, ella no podía ser catalogada como un simple ojo de agua o un río, no, la Avatar era justamente como el mar abierto: atrayente, invitante, te hacía desear sumergirte en él pese a que era peligroso aún para los más experimentados y estar en su presencia te daba una extraña paz.

Tenía épocas ligeramente tranquilas, pero en el fondo uno nunca sabía los peligros que existían. Cuando demostraba su poderío era devastador, arrasaba con todo a su paso, ninguna persona podía permanecer de pie ante su fuerza.

Sonrió pensando en cómo le habría ido al Presidente Raiko si negaba a Korra la ley por la que habían viajado por el mundo. No tenía ninguna duda que la de ojos azules obtendría una respuesta favorable, aún cuando la lograra a su estilo.

Rió suavemente deseando haber estado con ella en Ciudad República; el lugar que en algún momento deseaba evitar o asegurarse de estar con ella y las cosas no habían salido con forme a sus planes.

¿Se habría encontrado con Mako?

¿El Maestro Fuego notaría el collar de compromiso?

¿Qué le habría dicho Korra respecto a su compromiso?

No podía negar que sentía celos ante la posibilidad de un encuentro entre ellos, pero extrañamente se encontraba… tranquilo.

Aunque Mako siguiera produciendo sentimientos en Korra, Iroh pelearía por ella, le haría ver que aunque no fuera el mejor hombre del mundo no iba a encontrar a nadie capaz de hacer lo que él haría por ella. No la querían de la misma manera.

Estaba enamorado y loco y eso lo hacía feliz, jamás se había sentido así.

Tenía un objetivo en su vida en el que nadie; más que Korra, podría intervenir y no se detendría hasta que ella le diera una respuesta contundente: Un sí o un no total.

No se sentía amenazado por Mako, ya que, el otro Maestro Fuego, había echado a perder la confianza en el corazón de la de ojos azules.

Cuando alguien duda en mantener a su lado a la persona que ama, está perdiendo media vida. Iroh, como buen General, sabía que su oportunidad era ahora y no la desperdiciaría.


:S como ya es mi costumbre no revisé el capitulo, va saliendo xD Perdonen los errores que encuentren, pero de verdad quiero apurarme para ver si puedo publicar nuevo capítulo el sábado (Aunque ya me avisaron que viene un trabajo pesado y se complicará TT)

No quiero spoilear lo que ha pasado en el nuevo libro en caso que no lo hayan visto pero ¡Ahhhhh!

SPOILER (No leas ésta parte para que no te arruine la serie xD)


Ya no entendí ¿Mako y Asami no siguieron su relación? ¿Amigos con derechos? ¿Le dio igual a Korra? Entonces no lo quería mucho u.u Bueno, ya, me desahogué xD


FIN DEL SPOILER.

:D Sigan disfrutando la semana Korroh, motiven a nuestras talentosas escritoras y artistas con un review o un comentario ;)