Se acabó el buen rollo----

Doble jornada, muchos clientes y la jefa de mal humor. Una combinación excelente para tener un sabado que pareciese un lunes. Por suerte, al día siguiente, domingo, iba a dedicárselo a sí mismo por fin.

La cerradura giró dos veces bajo la llave. Warren entró en su casa y se dirigió hacia su habitación directamente sin dignarse a gritar un "ya estoy aquí". Cada vez se sentía menos comunicativo y consideraba que el ruido de la cerradura era anuncio suficiente para su no-deseada presencia bajo aquel techo.

Había tres siluetas en el salón. No trataban de occultarse. Warren varió la ruta que se había preestablecido e irrumpió en el salón. El tipo larguilucho sonrió al verlo aparecer en la puerta. Estaba sentado en uno de los sillones. Seguía llevando el mismo traje de corte elegante que en su anterior visita.

-Por fin... El miembro de la familia que faltaba en esta reunión.

Realizó un gesto con la mano, delicado y preciso, con la profesionalidad de un circense, para dirigir la atención del público hacia el sofá junto a él. Estaba dando paso a la siguiente actuación. Lenora estaba tumbada allí con los ojos cerrados como si durmiese, pero había algo inquietante en su mandíbula descolgada por el relax y el brazo que había caído por el borde hasta rozar con los nudillos del dorso de la mano el suelo.

Tras el sofá estaban los otros dos, el tipo flaco con cara de lagarto lanzando miradas nerviosas a Warren y el ternasco con pantalones militares con los brazos cruzados sobre el pecho. Warren alzó la mirada de su madre a ellos sin decir nada y después volvió los ojos lentamente hacia el tipo delgaducho sentado en el sillón junto a Lenora. Una llamita casual corrió por el brazo de Warren y el gesto del que parecía el jefe se congeló bajo la mirada de Warren. Tardó unos instantes en reponerse y cambiar su mueca por una sonrisa, sin lograr ocultar el nerviosismo que lo había llenado.

-El otro día cuando vinimos a verte no fuiste muy amable, chico. Esperemos que ahora, gracias a la sabia influencia de tu madre sepas comportarte.

Warren no contestó.

- Ayer el bueno de Camaleón, tocó las bebidas de tu madre. Es estupendo que la gente le dé a la bebida y lo gracioso es que tenemos otras cosas que podemos meterle en el cuerpo para acabar con su sufrimiento. Esta vez no necesitaremos artimaña alguna.

El llamado Camaleón, sacó una jeringuilla hipodérmica del bolsillo rellena con alguna substancia de tinte levemente azulado. Warren observó las quemaduras que aún cubrían parte de su brazo. Aún no se había repuesto del todo de su anterior encontronazo con él, pero de seguro contaba con el poder de la regeneración. Empezó a calcular el tiempo que tardaría en socarrimar a ese lagarto, pero su cerebro fue más rápido que sus deseos. De seguro, Camaleón no era el único en poder del arma capaz de doblegarlo.

Warren tuvo que hacer un gran esfuerzo para no dejarse arrastrar por las llamas. Una parte de él estaba gritando de rabia, la otra estaba deseando llorar. Ninguna de las dos sensaciones afloró a su rostro. Volvió de nuevo la mirada hacia el cabecilla.

-¿Qué queréis de mi madre?- su voz no tembló.

El hombre sonrió con un teatral gesto de resignación.

- Oh, tu madre ya nos ha dejado claro que no va a colaborar y eso nos obliga a recurrir a ti- su voz era meliflua, invitadora-. Necesitamos a alguien capaz de destruir. Ya sabes, en las redadas contra los supervillanos siempre encierran a los destructivos, pero, por suerte, los discretos, las mentes pensantes, pasamos desapercibidas. Por desgracia, necesitamos un brazo fuerte y ejecutor en nuestro grupo y puesto que la buena de Lenora no quiere colaborar, nos veremos obligados a recurrir al segundo de a bordo. Necesitamos que nos hagas un trabajito o tu madre sufrirá las consecuencias. Esperamos que estés a la altura de tu padre.

-¿Qué tipo de trabajito?

-Nada que no puedas ejecutar. El señor Madison te acompañará.

El ternasco de los pantalones militares, descruzó los brazos y tomó su chaqueta, gesto inequívoco de que iban a salir al exterior. Warren soltó la mochila contra la pared y esperó a que él pasase delante hacia la puerta antes de seguirlo.

Madison... Madison... ¿Dónde he oído este apellido?

Justo antes de cruzarla el tipo delgado le lanzó la advertencia.

-Peace, no intentes ninguna tontería. Estamos en comunicación constante.

Madison lo guió hasta su destino. Se trataba de un barrio residencial que no quedaba muy lejos. Warren lo conocía. Varios de los moradores del mismo era superheroes camuflados. Layla vivía en él. El temor por tener que hacer daño a Layla o algo que la rodease lo asaltó, pero tomaron una ruta muy alejada de su casa. Caminaron por sus calles, jalonadas de farolas y Warren percibió algunos destellos de la vida diária en ellas. Una bicicleta infantil apoyada contra la valla de un jardín. Las risas que porvenía de una casa... Durante el trayecto, Warren trató de establecer prioridades. La primera de todas era que su madre sobreviviese, así que quedaba descartado el enfrentamiento con su "guía" o tratar de pedir ayuda, no podía arriesgarse y la sutileza no era lo suyo.

Madison... ¿Dónde demonios he oído este apellido?

Finalmente, su guía se detuvo delante de una casa. Era amplia, cuidada, en el jardín delantero había un columpio así por lo menos había un niño viviendo dentro. Tenía dos plantas y una buhardilla y en la parte trasera se podía adivinar un pequeño porche y un garaje.

-Necesitamos que asustes a los de esa casa.

Warren miró con cara de circunstancias al tipo y se metió las manos en los bolsillos.

-Iré a buscar mi disfraz de Scream.

-Eso no nos basta. Necesitamos que resulte espectacular. Usa tu fuego.

Warren contempló la casa en silencio tratando de buscar una salida a aquello. Era de madera, ardería con demasiada facilidad. Madison no le dio tregua ni tiempo de pensarlo.

-El incendio debe empezar en la parte de atrás. Un ataque frontal no resultaría tan efectivo.

En el breve periodo en que caminaron hacia la parte trasera de la casa, varios pensamiento cruzaron por la mente de Warren a toda velocidad. Buscaba una salida, una solución a aquella locura... Lo primero que tuvo claro era que no iba a matar a nadie, lo segundo que no iba a organizar un incendio tamaño familiar, o su reputación se resentiría tanto que nunca más podría volver a pisar Sky High, lo tercero era que su madre no iba a morir por su culpa. Debía conseguir hacer el papel sin...

Matar a nadie...

Warren sintió que sus manos empezaban a temblar y llegó a una decisión. Montaría un pequeño incendio secundario y se perdería dentro de él. Madison no podría seguirle con toda probabilidad. Había muy pocos superhéroes inmunes al fuego.

Madison y él, llegaron hasta la entrada al patio trasero y al garaje. La única defensa contra los asaltadores externos era una endeble valla de madera bordeada de orquídeas.

-Es el momento, chico.

Warren superó la valla y se dirigió hacia el porche. El recuerdo de una cena en un porche similar lo asaltó y, de repente, fue consciente de la angustia que amenazaba con apoderarse de él. Ojalá no hubiese nadie dentro de la casa. Pero sí lo había... Había luz en lo que debía ser la cocina. Warren respiró hondo.

Lo siento...

Llamó al fuego y lanzó la llamas contra el porche del patio trasero, la madera prendió rapidamente y casi al momento hubo ruido y una voz en el interior que gritaba. Las llamas se extendieron al garaje adosado.

-¡Muy bien, chico!

Warren se volvió en un respingo, no había oído a Madison acercarse a él. Lo había seguido, casi pegado a su espalda y él no lo había sentido. Entonces de repente, al ver los ojos azules de aquel hombre recordó unos similares y recordó dónde había oído aquel apellido.

Madison... La currito de primero, capaz de manejar los sentimientos...

Warren sintió primero un arranque de pánico al entender lo que pasaría a continuación, y acto seguido un ataque de ira. Luego no vio nada más que llamas. Lo envolvieron con toda su furia y su figura desapareció dentro de ellas. El fuego invadió su espíritu y su voluntad se plegó a él.

Supo que se volvió hacia el incendio que había provocado para azuzarlo con más llamas. Supo que algo ardió en el garaje, que debían tener combustible allí cumulado. También oyó los gritos de una mujer que llamaban a un tal Paul, pero para cuando fue consciente de todo eso ya era demasaido tarde.