NOCHE DIVORCIO: "Sólo un Cazador"
El cielo se plagó con nubes obesas. Un trueno esporádico las rodeó, anunciando la posibilidad de una lluvia fría. El coche de Kaien Cross se detuvo en el aparcamiento del cuartel de la Asociación. Al apagarse el motor, ese cazador y su acompañante, el joven Kiryuu, perpetuaron el silencio durante unos cuantos minutos sin mirarse. El aire parecía estancarse en los pulmones de los dos. A Zero, estar vivo le dolía tanto como si Dios lo aplastara despiadadamente con un dedo. Cross suspiró y se animó a colocarle una mano sobre el hombro.
-Ahora..., trataremos de mirar adelante. Aquí tenemos trabajo de sobra y podrás poner en práctica todo lo que sabes.
El chico se quedó mudo. Kaien respiró otra vez y asintió con la cabeza, tras quitarse las gafas por un momento. Miró por la ventana cerrada de su auto y habló de nuevo:
-Esto... lo superarás.
Sin decir nada, el joven abrió la puerta del coche y se paró con los pies en la tierra. Su bolso colgó de su hombro. El mayor lo siguió e ingresaron en el edificio de la Asociación.
Al desfilar por la entrada hacia el despacho de aquél, los cazadores presentes no le quitaron la mirada de encima a Zero Kiryuu. Pese a haberlo visto en los días previos, ya no lucía como entonces. Ahora lo escoltaba una sombra intensa y permanente, capaz de incinerar todo aquello que intentase tocarlo..., algo que ciertas personas habían atestiguado al contemplar al Sangre Pura Kaname Kuran... Su mirada lila no se apartó del piso oscuro que fue dejando atrás paso a paso. Los murmullos en cada esquina hacían referencia a él. El miedo que emanaba de él dominaba el cuartel, y los cazadores eran inferiores a conciencia con respecto al nuevo guerrero advenido.
Entretanto Cross recibió los diversos reportes de los exploradores y de sus más fieles ayudantes, el sol se recostó en el horizonte, detrás de las nubes, llamando a la luna. Así también, Zero se ocultó en lo que sería su nueva habitación. Tenía dimensiones muy parecidas a su alcoba de la Academia, pero era sin duda mucho más umbroso. Las paredes eran de piedra pulida y transmitían una sensación de frialdad. Lo único que se distinguía de la lobreguez de ese ambiente era una lucecita amarilla que se encendía en una humilde mesa de luz. Dejó el bolso y la campera sobre la cama y suspiró. Sus ojos conformaban un gesto de pesadez y anemia. Sabía que podía ir a ponerse al corriente sobre la situación de la Asociación, pero decidió echarse a descansar un rato. Se abrazó a sí mismo, procurando no deprimirse más de lo lógico y romper en llanto. Cerró los ojos y se sintió tan agotado como si hubiese pasado semanas sin dormir.
El día en que Kira lo había llamado... "monstruo"... se fusionaba con una nueva fecha que al mismo tiempo era el inicio de una época diferente, una vida distinta, vacía de esperanzas o ilusiones. En ese momento, Zero era una sola cosa; ya había dejado de ser un niño, un estudiante de la Academia, un joven enamorado... Ahora era un cazador. Era un hombre al que le restaba un único objetivo, el de matar vampiros tan eficazmente como pudiera. Y aunque eso no fuera suficiente para radicar la felicidad en su corazón, sabía que tenía que conformarse y armarse de algún modo a fin de sobrevivir...
Estiró la mano para apagar la lámpara de la mesa de luz y se dejó caer en el sopor.
La herida en el cuello de Kira Airen no era exactamente letal. Pese a la pérdida de sangre, ella estaba sana. Y se encontraba más traumada por la manera en que Zero se había marchado con su padre Cross que por la mordida en sí. Chou se aseguró de que estuviese segura, distraída cuanto pudiese de la repentina soledad que la aquejaría ahora que Kiryuu no retornaría al colegio. Chigima la protegió y vigiló a Kaito Takamiya, quien inteligentemente se cuidó de no acercarse más de lo necesario a la joven. Ella se guardó las palabras y lloró en silencio cada vez que algo le recordó el rostro de su hermano-Zero. Por lo tanto, a fin de no provocarle más dolencias, la sirvienta cerró el cuarto del muchacho y la mantuvo alejada de allí. La mujer cuyo destino le encomendaba ser una cazadora de renombre se hallaba ahora estancada en una ataxia impredecible, pues su cerebro luchaba incesantemente por descubrir qué rayos le había ocurrido a su cuello y aún no daba explicaciones.
Tan sólo se sintió profundamente sola.
-¿Qué es lo que planean, vampiro? –le dijo Yagari a Hanabusa Aidou, quien luchaba por soltarse de las correas que lo sujetaban a una silla.
-¡Odioso...! ¡Ya te dije que no sé nada! ¡Kaname nunca haría...! –gritó el chico, interrumpido luego por el estrépito de un látigo golpeando sus pies. El cazador insistió:
-Responde. ¿Se ha comunicado alguien en secreto con Sara Shirabuki?
A sus espaldas se hallaban Kaien Cross y Haniko, el de melena negra. Ambos, serios y pujantes.
-¡Imposible! ¡Kaname definitivamente odia la actitud de Sara! ¡Créanme! –Se dirigió a su ex director: -Oiga, Director, usted sabe que no soy mentiroso...
Antes de que Kaien pudiese contestarle algo, la pesada puerta de hierro de ese cuarto de interrogatorios se abrió, y quien ingresó era nada menos que el joven y hermoso cazador de ojos lilas. Con una vista fulminante miró a Hanabusa y cerró la puerta detrás de él. Sabía que por alguna razón ese vampiro debía rendirse a los manejos de los cazadores. En su rostro vivía el resentimiento... Se aproximó a sus compañeros con dos velas y recibió ayuda de su padre adoptivo. Éste las prendió y tomó una para ayudar a que generasen cera caliente.
-Las salas de interrogaciones son temibles... –farfulló el cazador legendario de anteojos.
-Oh, vaya... No me lo puedo creer... –masculló harto el vampiro prisionero en vista de lo que Zero empezaba a hacer, claramente a fin de torturarlo.
No obstante, Haniko, que por el momento trataba de ignorar, al igual que Yagari, el aura oscura que sobrevolaba alrededor de Zero, interrumpió con una sonrisa malévola:
-Esperen un momento. Tengo algo mejor...
A la sazón, tomó una sierra eléctrica que había ido sacando de una caja unos metros detrás de la silla de Hanabusa. La hizo arrancar y el motorizado rugido de dicha máquina puso de punta todos los pelos rubios del preso que gritó aterrado.
-Bah... Quizás ustedes están preguntando del modo equivocado... –dijo entonces Cross, suspirando resignado.
-Bueno, Kaien, y ¿qué vas a hacer? Éste es uno difícil...
Yagari añadió:
-Mmm... Este tipo tiene un sentido de lealtad inquebrantable.
-De verdad no sé nada –repitió el vampiro, bajando la cabeza exhausto.
Cross tomó el relevo mientras liberó las manos de aquél, previamente atadas en su espalda:
-A ver, Hanabusa..., ¿sabías... que la princesa de la familia Shirabuki ha estado un poco traviesa últimamente? Sólo queremos asegurarnos de que esas "travesuras" no se conviertan en algo desastroso. Es eso.
-Entonces, ¿me está diciendo que Kaname tiene algo que ver con eso? –contestó el chico de ojos turquesas-. Está delirando, Director.
-Lo sentimos. No queremos creer que él tiene algo que ver en eso; sólo estamos tratando de averiguar. Kaname Kuran siempre ha metido mano en los problemas que involucran a los Sangre Pura, como con la desenfrenada Shizuka de la familia Hiou y con el demente de Rido, cuya existencia una vez fue borrada del álbum familiar de los Kuran, aunque fuera de un modo indirecto. Es más, ayer durante la tarde hubo jaleo entre la cabeza de la familia Touma y Yuuki Kuran.
-Agh... Miren, seré claro –empezó Hanabusa. Zero estaba impaciente por propiciarle un castigo-. Las acciones de Kaname en los eventos pasados fueron sin duda alguna para proteger a Yuuki. Además, actualmente los hechos acarreados por la señorita Sara no están incumpliendo con el contrato con humanos. Todas aquellas chicas de la academia Dahlia querían convertirse en vampiros por su propia voluntad, ¿o no? Si ellas querían eso por sí mismas, no creo que sea algo de su incumben- -dijo antes de ser interrumpido por las sonrisas maléficas de Yagari y Haniko, ansiosos por golpearlo.
-Esa boca que posees es muy molesta... –el tuerto entonó en una voz de ultratumba.
Cross se ocupó de meter al joven chupa-sangre en el calabozo. Éste se quejó hasta que lo dejaron completamente solo.
Afuera de la sala de interrogaciones, los cuatro cazadores se reunieron. Yagari y Haniko comenzaron a mirar a Zero con el pesar que sentían por él; ya Kaien les había contado todo lo sucedido con Kira, mientras dicho caballero dormía.
-¿Cómo te encuentras, Zero? –le habló su maestro de un ojo.
-Bien –dio rápidamente como réplica y luego desvió el tema: -¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué lo detuvieron a Aidou exactamente?
-Pues..., Yuuki Kuran se está moviendo. Se enfrentó al líder de la familia Touma ayer, cerca del cementerio. Aidou es evidentemente su guardián, pero cuando Aliam intervino sobre el final de la pelea, ellos dos se separaron. Por eso, no sólo para exigir una explicación sobre las acciones de la princesa Kuran, sino para incluso saber más acerca de Sara, Aliam capturó a Aidou.
-¿Qué está pasando con Sara? –interpeló, obviando el tema "Yuuki".
-Ha transformado a más jóvenes en la academia Dahlia. Ya casi todas las estudiantes están cayendo ante sus encantos. Incluso hay algunas chicas residentes en las proximidades del colegio que también han acabado como vampiresas.
-¿En serio? Dios...
-Si no hacemos nada contra ella, cada mujer humana se convertirá en una de sus flores –Haniko agregó.
-¿Cuál es el plan? –entonces preguntó el seductor Kiryuu.
-Esperar a la movida de Kaname...
-Ya saben que eso es peligroso. Kaname está con Sara; es seguro.
-No tenemos por qué esperar a que el tipo arme una masacre –espetó Cross-. Jinmu y Oy están vigilando la mansión Kuran. Pero lo que dice Hanabusa es cierto: esas chicas no se resisten a las ofertas de Sara; ellas aceptan, y por lo tanto, no podemos arrestarla.
-Yo estoy seguro –dijo Haniko- de que Sara utiliza alguna clase de hechizo cada vez que las quiere transformar. Quizás si intervenimos en ese hecho podamos detenerla.
-Pero vigilarla tan de cerca puede considerarse acoso, y hasta tanto ella no cometa un crimen contra una vida humana, está protegida por el contrato de convivencia que tenemos con los vampiros.
-¡Bueeeeeno, ¿la princesa es intocable?
-Por el momento, sí.
-Quizás... –Zero pensó en voz alta, entrecerrando los ojos y ladeando la cabeza con lentitud- haya que presionarla para que se equivoque...
-Esa... es una estrategia violenta –Kaien aseveró, bajando la barbilla al presentir que frente a él ya existía un hombre peligroso.
-Lo sé. Procuraré que mis estrategias sean más agresivas que las de esos gusanos.
El tono con que el muchacho hablaba, así como la rispidez en su rostro, confirmaba algo que más de uno podía sospechar: se estaba oscureciendo y, en el proceso, se convertiría en el líder de los asesinos de vampiros. Era ciertamente una pena verlo arruinado al punto en que se volvía un monstruo, pero al mismo tiempo era evidente que esa fuerza y esa capacidad para atemorizar a su entorno lo colocaban en un gran lugar: el mejor candidato a presidente de la Asociación. Sin duda, ocuparía el cargo muy pronto si seguía curtiéndose. Ya, que usara el término "mis estrategias" marcaba que su enfoque hacia los conflictos con los vampiros era otro...
Continuó, de brazos cruzados:
-Yo había propuesto hace varios días la formación de escuadras especiales para reclutar a los cazadores que luego del desorden causado por Rido Kuran se habían marchado de este cuartel, así como también a los colaboradores que solían trabajar desde afuera. Ayer, tú me dijiste, Cross, que se había podido ubicar a algunos. Exactamente, ¿cómo va eso?
Cross dio réplica:
-Estamos progresando. Para ser precisos, de los ciento dieciséis que éramos en total, subimos a ciento veintiocho.
-Mmm... Hay que acelerar el ritmo aún. ¿Se le ha tenido que pagar a alguno?
-A dos. Eran muy regateros –aclaró Yagari.
-¿Son ex cazadores de esta ciudad?
-No. Justamente se trata de dos personas que nos han servido como puntos de contacto en variadas ocasiones, pero que no han servido a este cuartel jamás.
-Claro... ¿Qué noticias hay sobre los hermanos Nishigata? ¿Aliam ya se ocupó de encargar más equipos?
-Sí. Respondió velozmente a tu propuesta y se ocupó de ello. Las armas llegarán mañana por la noche.
-Y, ¿cómo estamos de municiones?
-Hasta mañana aguantamos perfectamente. No hemos tenido que disponer demasiado de ellas en las misiones de las últimas semanas.
-De lo que estamos cortos es de medicinas –dijo Haniko-. Pero para eso hace falta esperar cuatro o quizás cinco días..., aunque Akane se está ocupando de negociar con el secretario del presidente de la compañía farmacéutica para acelerar la entrega, si se puede.
-Las provisiones que tenemos, ¿alcanzan para mantener vivo a Riten? –preguntó Zero, sin dejar la palabra y refiriéndose al cazador que sufría en coma por culpa de Seta Houki.
-Sí, para eso sí, porque se guardó una importante reserva en vistas de que su condición era gravísima. No obstante, aparte de eso, estamos casi con el depósito vacío.
-Bueno. Luego hablaré con Akane. Los ataques de vampiros en la ciudad, ¿siguen iguales o han empeorado?
Toga Yagari respondió:
-Ligeramente van en aumento. Los muy malditos están cada vez más desinhibidos...
-Necesito que me den un informe de las diferentes patrullas que se están dedicando a las misiones. Quiero saber en qué condiciones se encuentran para repartir esfuerzos y poder ayudarlas yo mismo.
-¿Estás diciendo que...? –Cross empezó, mirando a Zero con asombro.
-¿Cuánto podría tardar ese informe? –el chico volvió, pujante.
Los tres hicieron silencio. De un día para otro, ese muchacho que todos veían tan demacrado por dentro iba a responder a lo que le venían exigiendo sin parar. Kaien Cross cambió el tono y aceptó el desenvolvimiento de su hijo adoptivo. Contestó antes de irse a pasos ligeros a su despacho:
-Te lo doy en quince minutos.
Zero y su maestro tuerto se dirigieron a la cocina. Ambos tenían el estómago vacío. Allí estaba únicamente Minaha, la cazadora de cincuenta años que había hecho algunas compras y estaba administrando las mismas a fin de hacer durar la comida para los luchadores de ese cuartel. Saludó con una reverencia a los dos caballeros. Zero reprimió el inevitable recuerdo de Chou al mismo tiempo en que surgió en su mente.
-Gracias, Minaha –dijo el mayor cuando recibió de ella un par de tazas de té que preparó en pocos segundos. El chico replicó el agradecimiento y se sentó con su maestro en la mesa redonda de madera.
Luego de unos momentos en silencio, Yagari comenzó a hablar:
-¿Cómo estás?
-Ya lo dije antes: estoy bien.
-¿No quieres hablar?
-No. ¿Para qué querría hacerlo?
-Creo que deberías desahogarte.
-Ya lo hice.
-¿Te alcanzó?
-No necesito que me alcance. Ya está. No quiero conversar sobre eso.
-O sea que... ¿borraste de tu vida a...? –preguntó sorprendido.
Zero contestó con una mirada aplastante y filosa que evitó toda tentativa de Yagari por terminar la oración. Éste continuó por otro lado:
-Te drogaste.
-No es correcto que lo digas así. No soy un maldito drogadicto.
-Me refiero a que recurriste a lo peor. Fuiste al infierno de Jina Gadeko.
-Sí. No tuve opción –respondió antes de tomar otro sorbo de su té negro.
-Fue demasiado arriesgado. Muchas veces las supuestas medicinas que venden los traficantes son veneno. No ayudan a nadie y lo sabes. Te expusiste demasiado, Zero.
-Mira, no me hace falta ahora que alguien me sermonee sobre lo que hice o por qué. No por gusto me metí en un lugar tan desagradable como ése. Ya Cross me retó lo suficiente.
Yagari dejó salir un suspiro, mientras cerró el ojo. Luego tomó un poco de té y continuó en un tono más apacible:
-Pero, ¿cómo lo tomó tu cuerpo? No puedo creer que no haya tenido serios efectos secundarios.
-Mi cuerpo soportó la droga en sí... Lo que pasó fue que no alcanzó para detener el deseo de sangre...
-¿Estás bromeando? Cross me dijo que habías usado inyecciones y pastillas, ¿no?
-Sí.
-¡Inyecciones...! ¡¿Y no te sirvieron?
-No.
-Dios mío... Tu organismo es único.
-¿Por qué lo dices? –cuestionó en un tono neutral después de otro trago de té.
-Porque esas inyecciones son el más intenso recurso para socavar la sed de sangre. Encima de eso tú combinaste la inyección con píldoras... Es imposible que un vamp- -se contuvo-. Quiero decir... Es imposible que un cuerpo con deseo de sangre retenga la sed...
-Bueno, yo no pude mantener el deseo a raya. Las drogas surtían un mísero efecto durante aproximadamente una hora. Luego venían la fiebre, los escalofríos, el agotamiento y la locura. También vomité.
-Zero, por todos los cielos... ¿Por qué diablos no estuve ahí para ayudarte...? –se lamentó, frunciendo el ceño, realmente con un sentimiento de culpa.
-No era asunto tuyo. Tenías cosas más importantes de qué ocuparte aquí. Todos ustedes tenían razón; había que trabajar en la lucha contra los vampiros... No debí haber ignorado lo que me estaban pidiendo.
El tuerto de cabello negro miró a su pupilo con un profundo dolor. Él mismo había querido su cooperación desde un principio, pero nunca había dejado de ver su devoción hacia Kira Airen... y eso, lo comprendía. Deslizó su mano izquierda por la superficie de la mesa y la dejó descansar en el punto más distante que su brazo le permitió alcanzar. No esperaba que Zero la tocase, sino que entendiera que ahora, como su maestro y guardián, Yagari anhelaba cuidarlo mejor, lamentándose no haberlo hecho antes...
El muchacho aceptó la lamentación y asintió con la cabeza.
Luego de la merienda, la Kira sin memoria comenzó a sentir náuseas. Chou le sirvió otro té, esta vez, de tilo, y le estuvo encima, angustiada por su inestable suerte. Chigima miró todo desde lejos, sabiendo que no podía corregir ninguna de las cosas que ocasionaban tristeza en ese colegio. Lo que más deseaba era irse con su ahijada tanto como pudiese a fin de resguardarla de una vida que estaba llena de turbulencias complicadas. Y cuando Kaito Takamiya, luego de rendir las clases de ética a los ordinarios estudiantes humanos, se dirigía a cuidar de Kira, Chou trataba de pedirle que mantuviese distancia. Sin embargo, el chico era el único que parecía relativamente calmarla. Por esto mismo, el cazador mayor se limitaba a mirar a Kaito cual halcón que vigila a su presa, pero nada más que eso. El joven acariciaba el cabello de la dama y le susurraba palabras de serenidad que parecían hipnotizarla. Para distraerla, le pedía que le hiciera dibujos. Y más tarde, cerca de la hora del atardecer, la invitó a dar un paseo por el parque para contemplar la fuente de agua. Ella aceptó. Se dejaba guiar por el hombre como una hoja seca que es secuestrada por el viento del invierno. Ya no le hablaba a casi nadie, incluyendo a Kaito, aunque recibía todo lo que él quería darle. Se palpaba la herida del cuello seguido y el cazador la hacía pensar en otra cosa; algo relativo a ellos dos.
Cuando cayera la noche, la princesa Airen sería aquejada por las peores pesadillas. Decenas de nombres explotarían en su cerebro perdido y luego amanecería en los brazos de ese joven de ojos castaños.
Mientras leía los informes que Kaien Cross le había entregado, referidos a las patrullas de cazadores y a los resultados de las últimas misiones, Zero Kiryuu formulaba estrategias para manejar a sus compañeros asesinos. Se hallaba en una sala de descanso con muchas sillas. Yagari lo acompañaba. Y casi al concluir la lectura fue cuando Akane, la cazadora de longuísimas trenzas rubias, interrumpió para comunicarle un hecho:
-Zero Kiryuu, ¿puedes escucharme un momento?
-Sí, ¿qué sucede? –dijo él, atento.
-Es el director ejecutivo de la farmacéutica, la compañía farmacéutica de Asato Ichijou*... Ha desaparecido, Zero.
La única vista de Toga Yagari se intensificó hacia la mujer que acababa de dar una noticia más que inquietante.
-¿Qué sabes de esto? –inquirió el muchacho, dejando de lado los informes y con el ceño fruncido.
-Estaba hablando con su secretario para conseguir acelerar los trámites para la llegada de medicamentos al cuartel y de pronto me dijo que no lo encontraba y que creía que algo extraño estaba sucediendo. Minutos más tarde me avisó que había desaparecido.
-¿Se hallaba en el edificio de la empresa cuando desapareció?
-Sí. Supuestamente estaba en su despacho.
-Ajá... Y ese secretario, ¿te dijo algo acerca de qué fue lo último que el director hizo?
-Tenía una reunión. No supo decirme si se había concretado o no.
-Bueno, necesito que investigues sobre con quién tenía que verse, Akane. Eso es esencial.
-De acuerdo...
-Lo que sea que averigües, por favor, házmelo saber a la brevedad.
-Claro, Zero.
-Gracias.
Cuando la cazadora se fue, los dos caballeros se quedaron claramente pensando.
El director ejecutivo de esa empresa, un humano, no se distinguía ni remotamente por esfumarse de su puesto sin previo aviso, sobre todo en una situación en la que todos, cazadores y vampiros, se encontraban tensos por las amenazas de los sucesivos hechos delictivos perpetrados en la ciudad. Si no aparecía en los próximos minutos, alguien le había hecho algo. ¿Podía ser la misma persona detrás de los incidentes recientes? ¿Podría ser el asesino del Sangre Pura Ouri? Sin duda, un enemigo de la paz podría usar la información de las investigaciones del presidente farmacéutico para cometer fechorías terribles..., ¿para perjudicar a los humanos o a los vampiros? Todo lo que estaba ocurriendo señalaba que esa persona en cuestión era muy maquinal y buscaba alcanzar sus maléficos objetivos mediante actos meticulosamente planeados de antemano..., como con la mesura de quien juega un partido de ajedrez en el que se apuesta la vida.
Ajedrez... Kaname Kuran era amante del ajedrez. Kaname..., ¿de nuevo metido en...? Era, si no el más peligroso, casi, de todos los Sangre Pura. Perfectamente podría ser él. Pero, en ese caso, la maldita Yuuki Kuran tendría un papel en el panorama. ¿Cuál sería? ¿Cómplice? ¿Heredera de...? ¿Trofeo? O Kaname quizás estaría torciendo el mundo para vivir en él con Yuuki a su antojo... Podía ser. Sin embargo, ella podría ser un impedimento para él, pues lo había domado; si Yuuki fuera conciente de un perverso plan formulado por su adorado y perfecto esposo..., ¿no intervendría, ella, que tanto quería que los mundos se amasen gracias a su bondadosa justicia? La probabilidad de que fuera Kaname el responsable de todo no era absurda, pero le faltaba retoques para que encajasen las pistas. Estaban a la mitad del asunto; faltaban cosas por ver.
Lo que Zero hizo inmediatamente después fue levantarse de su asiento y marchar con su maestro hasta el despacho de Cross. Llevaba los informes consigo, debajo del brazo. Cuando llegó, lo vio hablando por teléfono atentamente. Le dejó los papeles sobre la mesa, pues ya los tenía leídos, y le habló, en una voz suave pero firme, notando que Kaien lo podía entender con sólo una oreja:
-Akane, ¿te contó?
Cross asintió con la cabeza y con un gesto de preocupación. El chico dio su orden:
-Quiero una patrulla que vigile el edificio de la farmacéutica de Ichijou. Cuando surja oportunidad, que ingresen.
El cazador legendario asintió con la mirada mientras escuchaba las palabras del otro lado del tubo. Colgó unos momentos más tarde y siguió al muchacho por el recorrido que creía que habría tomado. Lo alcanzó en el vestíbulo. Conversaba, con Yagari a su lado cual sombra, con una serie de cazadores para salir a patrullar y con Aliam Fushimoto, el de cabello rapado. Su voz estaba teñida por un resuelto tono de liderazgo nato. Cuando Cross llegó hasta ellos, lo actualizó:
-Zero. –Éste se volteó hacia su ex director. -Jinmu se ha comunicado. El señor Aidou, ha estado con Kaname Kuran en la mansión y ahora Kaname se marcha. Sus dos guardaespaldas, Ruka Souen y Cain Akatsuki se han ido también antes que él. Hay algo extraño.
El joven entornó los ojos. Asintió, pensativo, y respondió con palabras que daban prueba de su mente cuidadosa, sin mirar a nadie exactamente:
-Bien... Como querían, Kaname se está moviendo. Es ahora cuando hay que actuar. Lo importante es que nadie nos tome por sorpresa...
Buscó la mirada de Aliam y dictaminó:
-Aliam, asegúrate de que todas las defensas de este edificio se hallen en perfectas condiciones. Las armas que tenemos aquí deben estar protegidas también.
-Espera... ¿Vas a organizar...? –Kaien Cross espetó nervioso.
-Ellos van a atacar primero, te lo puedo garantizar... Maestro –dijo a Toga Yagari-, ¿puedes ocuparte de actualizar a nuestros nuevos compañeros?
-Sin duda... Lo que más quieren es pelear.
-No hay tiempo que perder.
Con esa resolución, encaró la noticia y puso en marcha sus habilidades para defender a su especie. Él mismo cataba la frialdad con que manejaba las cosas... y se sintió orgulloso; bien, en un sentido.
-"Los tomaré por los cuernos, malditos chupa-sangres" –pensaba mientras tanto. Su odio estaba equilibrado y lo hacía andar.
Claro... Antes, el motor de su espíritu era el amor de Kira Airen. Ahora, el motor estaba alimentado por un combustible nefasto: la furia y el resentimiento.
Se le ocurrió que sería una perfecta ocasión para salir a cazar un poco. Podría calentar su revólver e ir sacándose un poco las ganas de matar. Aunque fuera solo, le interesaba. No obstante, no perdería la oportunidad de salir con sus compañeros a fin de ayudarlos a operar con mayor eficiencia y ostentar, de paso, toda su fuerza y velocidad. Quizás se sentiría a gusto si le inflaban el ego un poco...
Ya casi todos le habían visto la cara desde que él había arribado al cuartel el día anterior. Ya casi la totalidad de los cazadores era consciente de que Zero mandaba en ese lugar. El orden comenzó, por lo tanto, a instalarse en los pasillos de la sede. Había menos bromistas alardeando u organizando cacerías indiscriminadas. Surgía, gracias al porte de ese caballero, la percepción de una nueva formalidad y un nuevo deber a la hora de encarar la lucha contra los vampiros. A él..., a él lo seguían.
Comió un poco y se lavó la cara con agua fría en uno de los baños, asimilando todo lo que tenía delante. Entonces se miró al espejo y se perdió en su inclemente mirada lila. Vio el pasado y se intrigó por el futuro. Sus ojos parecían el mapa de su vida y prácticamente veía sólo dolor... Pero ya no lo quería traer a cuenta del presente; su deseo era aprender a utilizar ese dolor para transformarlo en una fuente de poder que aplastara y diera fin a todo aquello que le había arrebatado la felicidad que le debió haber correspondido. Suspiró y trató de ver más allá de su cara, buscando escudriñar en su propia persona. Un poco de su mente anhelaba castigar al Zero que había soportado tanto maltrato y tanto mal destino una y otra vez. Otro poco estaba harto de ser el blanco de las desidias de Dios. Y otra porción de su esencia apostaba, tal vez, a que era posible darle una nueva curvatura a los acontecimientos... si él se volvía capaz de ser un hombre renovado a partir de ser líder. Un cambio. ¿Era una chance viable?
-¿Quién soy después de todo lo que me ha corroído en la vida? –se susurró a sí mismo, encogiendo los ojos.
Suspiró de nuevo y salió del baño. Esa cavilación le llevó de vuelta el recuerdo del Conde de la Noche Seta Houki. Decidió, por ello y antes que nada, visitar la habitación de Riten, el hombre que estaba en coma gracias a ese Sangre Pura asesino. Fue hasta allí y sigilosamente entró al cuarto a fin de no causar disturbios. Lo miró un rato y se animó a hablarle.
-Riten... Soy Kiryuu. Zero Kiryuu... Ahora... yo estoy aquí para protegerlos a todos... Ahora creo que podremos vencer... Y debo darte las gracias... Aunque... –recordó; su ayuda no había servido de nada, pues Kira Airen como tal ya no era una persona real-. No importa. Gracias, Riten... Lo que quiero pedirte es que pronto despiertes...
Se quedó al lado de la cama donde el cazador enfermo descansaba como un muerto y aguardó a que tal vez las palabras decantaran en sus oídos asordados. Si fuera un poco religioso, Kiryuu quizás habría dicho una plegaria por Riten. Los enfermeros que lo cuidaban, monitoreando las máquinas que controlaban la actividad en su cuerpo lacerado, miraban de reojo al joven, que emanaba un aura de ángel protector impresionante. Y como si lo conocieran, estaban casi seguros de que éste volvería a visitarlo hasta hacerlo despertar.
Pero había alguien más que se merecía una charla con él. Dejó el cuarto de Riten y buscó por los pasillos, preguntando a los cazadores que se cruzaron en su camino. A la sazón abrió la liviana puerta entornada de una sala angosta pero larga. Adentro había unas quince camas bajas no muy bien equipadas. La luz era tenue, por lo que Zero prendió unas lámparas más fuertes. El único hombre que se encontraba allí dentro yacía sobre una de las camillas, durmiendo boca arriba. En su piel se evidenciaba la más honda erosión causada por la angustia de perder a alguien amado. Sus manos flacas parecían señalar el mismo deterioro interno. Necesitaba ayuda como un loco al que nadie le cree. Entonces el muchacho se paró junto a la cama y aguardó a que la luz fuerte tocara la cara de Omashu. Al suceder esto, el cazador despertó confundido y contempló la figura imponente que lo observaba de pie. Sólo alcanzó a diferenciar el destello de unos ojos lilas extraños. Su voz se quebró por un repentino sentimiento de intimidación y vacilación que ni le permitió incorporarse en la cama.
-Z-Zero... Zero K-K-iryuu... –masculló, reconociéndolo luego de inspirar con temor. Algo en la benéfica chispa de Zero estaba fusionado con la esencia peligrosa de los vampiros. Era, por cierto, aquello que Shizuka Hiou le había regalado. Por esta razón, él era un humano diferente, una persona que brillaba como un sol entre una multitud de sombríos... o, bien, un agujero negro que succionaba con su vacío todo aquello ordinario que se le acercaba.
Humildemente no obstante, el chico habló con claridad. Sus palabras resonaron como las oraciones de una deidad hecha hombre:
-Omashu..., tengo entendido que deseas armar una patrulla especial de cazadores conmigo para encontrar a los culpables de la muerte de tu hermano.
-¿Ze-Zero...? –titubeó, sumamente estupefacto por el caballero de hierro que se dirigía a él.
-Vine a decirte que acepto tu idea. Tengo en mente a unos ocho locos que nos vendrían muy bien para dar con esos hijos de perra.
* Asato Ichijou era el abuelo de Takuma Ichijou, el ex estudiante de la Academia Cross.
