Hola a todos! Aquí les traigo el capi de este fic, del cual al parecer me han salido más capis de los que yo pensaba....digamos que me puse a pensar y me dieron ganas de ponerle algo de trama casi al final para zajar un asunto que había quedado medio inconcluso con un personaje y sus sentimientos extraños para con nuestra querida pelirrosa. Espero este capi los deje picando y con ganas de más jejeje. Qué lo disfruten!

Besos!!!


Capítulo 12: Nuestra vida, el compromiso y la confesión.

Yo estaba anonadada. No sabía que decir antes semejante propuesta. No es que la idea me disgustara o algo así, pero es que aunque quería pasar el resto de mi vida junto a Gaara, sentía que todo se estaba dando demasiado rápido. Ambos teníamos nuestras vidas acostumbradas a una rutina determinada, la cual era muy diferente para cada uno, nuestros caminos habían sido distintos y tomar una decisión tan drástica en ese momento no era recomendable, debíamos pensar las cosas con calma antes de dar ese paso, que para mí, era uno de los más importantes en la vida de una persona. Cerré los ojos y aspiré un momento, dándome un momento para pensar las palabras que a continuación saldrían de mi boca. Abrí los ojos y con la voz lo más firme que pude hablé.

- Nada me gustaría más que pasar el resto de mi vida junto a ti, Gaara… - él sonrió – pero creo que es demasiado precipitado tomar una decisión como esa en un momento como este – y su sonrisa se desvaneció. Yo le sonreí tímidamente para seguir con mi monólogo – Acabamos de ponernos oficialmente de novios, acabas de cortar con tu ex, aún no puedes volver a tu apartamento, estoy embarazada y ambos estamos a mil con el trabajo… Piénsalo detenidamente amor mío – seguí yo conciente de que me estaba escuchando atentamente – No crees que lo mejor sería esperar a que nazca el bebé, conseguir un lugar un poco más amplio para mudarnos los tres? A mí me gustaría terminar mi carrera y convertirme en doctora antes de casarme… y quisiera también que el bebé estuviera un poco más grande para poder disfrutar contigo la luna de miel… -agregué un tanto melosa intentando terminar de convencerlo. Me acurruqué a su lado y el me envolvió en sus brazos y me besó la coronilla. Suspiró.

- Está bien Saku – dijo al fin – Tienes razón… creo que fui muy impulsivo… Pero hay algo que sí no voy a cambiar en cuanto a esto… - añadió. Yo lo miré sonriendo y expectante.

- Qué no cambiarás amor? – pregunté yo ansiosamente queriendo que me dijera de una vez lo que iba a decirme.

- Si tengo que esperar para casarme contigo lo haré… pero en menos de un mes quiero que nos comprometamos… aunque demoremos en casarnos… quiero saberte mía de una vez… ante todos… - contestó finalmente un poco sonrojado. Y su imagen nunca me pareció tan tierna. Yo solté una pequeña risa que fue acompañada por una de él, y de un momento a otro terminamos besándonos como sellando ese acuerdo mutuo.

Nos levantamos finalmente, Gaara se aprontó para ir a trabajar y yo lo hice para ir al hospital a realizar mis rondas. Gaara me acompañó y la despedida fue muy fogosa. Varios transeúntes nos quedaron mirando frente al hospital haciendo que yo entrara al mismo con la cara roja de la vergüenza. Gaara sólo sonrió y se fue de allí.

La mañana pasó rápidamente de un lado a otro, y fue recién a la hora del almuerzo que pude encontrarme con Hinata y darle las buenas nuevas. Ella me felicitó por mi compromiso y soltó un par de maldiciones acordándose de casi todos los parientes de Sasuke por lo que me había hecho pasar. Realmente agradecía tener una amiga como ella, pues realmente valoraba mucho su amistad, después de todo lo que pasó entre ella y Sasuke y el comportamiento y la forma en que la traté cuando la dejé de lado por seguir con él; aún así ella se mantuvo a mi lado silenciosamente y en cuanto estuve libre de esa tormentosa relación y quise volver a retomar los lazos de amistad que había con ella, ella no dudó en darme una oportunidad enseguida, y eso para mí valía un montón. Sin duda Hinata era única. Desde siempre me había ayudado y prestado sus apuntes cuando no podía presentarme a alguna clase, cuando había estado triste me había invitado a su casa para levantarme el ánimo, y cuando se enteró de mi embarazo jamás oí queja o reproche alguno de su parte sino más que su desinteresado apoyo.

Luego del almuerzo ambas retomamos las rondas que nos tocaban, esta vez a mí me tocaba en Pediatría y a ella en Traumatología. Ver los lactantes y madres embarazadas siempre me conmovía de sobremanera, al igual que los bebés en las incubadoras, eso siempre me emocionaba e interiormente rezaba que a mi bebé no fuera necesario ponerlo ahí. Pensar en que en unos meses mi bebé estaría en mis brazos y yo sería una mamá con todas las letras me llenaba de orgullo. Ese siempre había sido uno de mis sueños: ser madre. Claro que en realidad mis planes en aquel entonces habían sido tener un novio, irnos a vivir juntos, casarnos y luego tener hijos; sin embargo, al parecer mis planes no salieron en ese orden, sino todo al revés. Había salido con un hombre del cual me terminé enamorando sin tener una relación estable, quedé embarazada, no supe de él por un tiempo para luego ponernos de novios. Pronto nos iríamos a vivir juntos y quien sabe cuando nos casaríamos. Realmente todo en diferente orden, pero aún así no lo cambiaría por nada, pues de esta manera era felíz.

Al terminar mi día en el hospital me fui derecho a casa, me sentía tan cansada. La tarde había estado más movida que la mañana y no tenía ganas más que llegar a mi tranquila casa y comer algo y recostarme en la cama a tomar una siesta. Y eso hice. Le mandé un mensaje a Gaara avisándole que ya estaba en casa para que se quedara tranquilo y me dispuse a hacer lo que había pensado: comer algo, darme una ducha para relajarme y acostarme un rato. Gaara apareció ya de noche, al parecer se había encontrado con tanto trabajo atrasado que le fue imposible salir antes de la oficina. Cenamos tranquilamente y hablamos un poco más acerca del compromiso y que sería lo que organizaríamos.

- Lo primero que haremos el fin de semana será ir a ver anillos – dijo mi pelirrojo – una vez que tengamos eso, organizaremos lo demás, te parece Saku?

- Está bien – contesté – me parece bien, pero no quiero que gastes demasiado, aparte creo que lo mejor será que sea una reunión pequeña, familiar e íntima.

- Estás segura? – preguntó – mira que el dinero no es problema.

- Estoy segura Gaara, tenemos un bebé en camino, debemos pensar en el futuro… - le regañé cariñosamente y un tanto divertida por el puchero que hizo cuando le dije eso – Lo único que me importa es saber que siempre estarás conmigo amor – agregué abrazándolo y sentándome en su regazo. Él me abrazó a su vez y enterró su rostro en mi cuello aspirando mi aroma.

- Tienes toda la razón Saku – susurró ronco – siempre estaremos juntos – y comenzó a besarme el cuello haciéndome soltar suspiros al sentir su lengua excitándome. Sentí su aliento en mi oído y mi cuerpo tembló. Sus manos vagaron por mi cuerpo y una de sus manos se introdujo bajo el vestido tocándome mi entrepierna y haciéndome delirar con sus caricias. Sentí su erección y gemí al sentir que un de sus dedos invadía mi intimidad.

Me bajó las bragas con desespero y me levantó sentándome en la mesa de la cocina. Bajó su pantalón y boxer liberando su miembro erguido y excitado, pronto para consumar lo que ambos estábamos deseando en ese momento. Me subió el vestido y ubicándose entre mis piernas me penetró y comenzó a moverse, mientras yo lo abrazaba atrayéndolo hacia mí, revolviendo su pelo. Él degustaba mi cuello y afirmaba mi cadera mientas continuaba embistiéndome más y más fuerte. Ambos gemíamos por la intensidad del sexo que estábamos teniendo. Sentí que mi orgasmo llegaba y Gaara también me sintió venir, por lo que apuró sus movimientos incrementando esa deliciosa sensación que se expandió por todo mi cuerpo, haciéndome perder el sentido por un momento. Gemí más fuerte y sentí que el decía mi nombre para luego sentirle derramándose en mí, ese cálido líquido llenándome.

Jadeando y abrazados permanecimos en esa posición un poco más, luego Gaara me cargó como recién casados y me llevó al baño. Nos desnudamos y volvimos a hacer el amor, esta vez más lento y sensual que en el anterior arrebato de lujuria que habíamos tenido. Una vez prontos, nos metimos en la cama, nos abrazamos y nos dormimos, exhaustos pero satisfechos.

El fin de semana llegó y nosotros salimos a recorrer las joyerías de la zona. Gaara se había comprado un auto hacía unos días diciendo que en el futuro sería necesario para transportar el bebé y demás cosas, por lo que tuve que callarme mis alegatos por el gasto que habría tenido con esa compra. Finalmente encontramos un anillo con el cual ambos estuvimos de acuerdo, era un zafiro violeta con algunos brillantes alrededor, realmente muy lindo, sencillo y algo costoso, pero es que Gaara quería que tuviera el mejor anillo y no hubo forma de convencerle de que compráramos uno de menos valor. A ese hombre sí que le gusta gastar.

Luego de comprar el tan ansiado anillo paseamos un rato más, compramos algunas cosas para el hogar que compartiríamos por un tiempo hasta que Kiba se fuera del piso de mi querido Gaara, luego ya veríamos como nos acomodaríamos, al menos hasta que naciera el bebé. Comimos en un tranquilo restaurant y luego seguimos con nuestra caminata hasta que llegamos a un lindo parque y nos sentamos bajo unos árboles a descansar y sentir en ese pequeño espacio natural dentro de la gran ciudad algo de la paz que sólo la naturaleza te puede proporcionar.

En la noche Gaara me llevó al teatro y pasamos una muy linda velada, sin que los malos recuerdos de la última vez que habíamos hecho una salida a un teatro aparecieran a opacar la noche. Una vez en mi casa hicimos el amor y luego nos acostamos acurrucándonos el uno contra el otro. Al día siguiente era domingo y lo pasamos casi todo el día en la cama disfrutando de los placeres carnales aprendiendo nuevas posturas, pues ahora que estaba embarazada y mi vientre estaba algo crecido no podíamos tener sexo tan salvaje como el que tuvimos muchas veces anteriormente en Kioto, también descansamos (al menos yo) del sábado movido que había tenido y de las ardientes sesiones de sexo que me daba mi pelirrojo. Gaara me daba masaje y me cuidaba, me atendió todo ese día llevándome la comida a la cama como recompensa a mi sumisa disposición a hacer el amor a cualquier hora y en cualquier momento aún estando en mi estado.

En la noche llamamos a nuestras familias comunicándoles nuestra decisión sobre el compromiso y no pudieron hacer más que ponerse felices por nosotros. Mi madre casi se desmaya cuando le di la noticia y me dijo que ella también tenía algo para contarme. Al parecer había hecho una oferta por una casa pequeña en un barrio tranquilo y cercano al hospital al cual sería transferida un tiempo antes de que el bebé naciera, y el día anterior le habían confirmado que la había conseguido. Ahora sólo le faltaba viajar a Tokio para firmar los papeles y cerrar el acuerdo con la inmobiliaria que le había conseguido la propiedad. Yo me puse muy contenta, sin duda que cuando se acercara la fecha del parto necesitaría mucho apoyo, especialmente el de ella que sería la que me acompañaría los primeros meses luego de dar a luz.

Tenten y Temari saltaron de alegría cuando les di la noticia y casi me dejaron sorda, realmente me reí mucho con sus comentarios y pronósticos. Me acribillaron de ideas y proposiciones, a las cuales tuve que poner un freno, porque entre la despedida de soltera adelantada a la que me quería llevar Tenten y la fiesta estilo rock pesado que me insinuaba Temari terminé con dolor de estómago retorciéndome de risa en la cama. Gaara sólo me miraba divertido cuando le contaba lo que me habían propuesto mis amigas. Naruto simplemente me felicitó y me dijo que podía contar con él cada vez que le necesitara. Las cosas entre Kakashi y él iban viento en popa, por lo tanto no sabía que era lo que le estaba sucediendo que cada vez que hablaba con él pareciera no poder alegrarse por completo por mí. Desde que había pasado lo de Ino las cosas con él habían estado de lo más extrañas, cada vez que hablaban o se veían parecía ver a Naruto un tanto incómodo. Las cosas habían estado un poco mejor luego de la novedad del embarazo y mi decisión de salir adelante sola, pero luego las cosas habían vuelto a tornarse un tanto raras. Realmente no sabía lo que ocurría con mi mejor amigo, pero aún así me sentía un tanto cobarde por no hablar con él directamente y confrontarlo de una vez.

Los hermanos de Gaara vendrían de visita el fin de semana siguiente. A su vez, el viernes era el plazo para que Kiba se mudase. Por lo tanto, Kankuro y Lee se quedarían donde Gaara. El viernes llegó al fin, y con él cansancio de la semana se hizo notar. Al menos yo sentía que estaba rendida, el embarazo cada día se hacía notar más: me sentía pesada, hinchada, gorda, fea y adolorida; sin embargo mi dulce Gaara me pasaba diciendo que estaba hermosa. Ese hombre sin duda sabía como mejorar el humor de una mujer.

Cuando Gaara salió del trabajo ese día fue a su apartamento directamente, donde Kiba ya tenía todas sus cosas empaquetadas y cargándolas en una camioneta que había contratado para llevárselas de ese lugar al lugar donde sería su nuevo hogar, un pequeño apartamento que compartiría de ahora en adelante con un tal Genma, quien si mal no recuerdo se conversó un par de veces con Hidan, el ex de Gaara. No discutieron ni nada, Kiba aún estaba algo resentido por la abrupta separación, pero no armó ninguna escena. Luego que Kiba se hubiera ido con todas sus cosas, Gaara se quedó arreglando algunas cosas del lugar y dejando otras prontas para la visita de sus hermanos del día siguiente. Esa noche llegó bastante tarde a casa, le había dejado guardado un plato de la cena en la heladera por lo que se la calentó y comió. Se duchó rápidamente y luego se metió en la cama junto a mí, abrazándome por la espalda. Enseguida nos dormimos, yo porque era costumbre terminar la semana agotada y él por el sobre esfuerzo que había invertido en dejar todo impecable en su apartamento para el día siguiente.

Sus hermanos llegaron cerca al mediodía a mi casa y almorzamos todos juntos. Luego recorrimos el parque donde habíamos ido el fin de semana pasado y pasamos una linda tarde conversando y mostrándoles las cosas del bebé. En la noche salimos los cuatro a un restaurant donde pasamos muy bien riéndonos y bromeando. Sus hermanos son muy divertidos, especialmente Lee que siempre cuenta acerca de sus divertidas anécdotas de gimnasia. El domingo Kankuro acompañó a Lee a una serie de visitas que debía hacer referidas a unas competencias que próximamente se estarían realizando en Tokio, y otras que estaban proyectadas a realizarse en Kioto. Solamente los volvimos a ver en la tarde para merendar juntos antes de que se fueran de vuelta a Kioto.

El lunes mi madre vino a Tokio a finalizar los trámites de su casa nueva, por lo que aproveché para tomarme el día en el hospital cambiando para trabajar el sábado siguiente. No era una idea muy tentadora trabajar en fin de semana pero mi madre y yo no nos veíamos muy seguido, y una vez que venía a pasar un día a Tokio no iba a desaprovechar la oportunidad de pasar con ella algo de tiempo. La acompañé en sus vueltas y una vez todo el papeleo pronto me llevó a conocer su nueva adquisición. La casa era realmente linda, era de una planta, con un pequeño estar conectado con la cocina, la cual era bastante amplia, tenía un baño grande y dos dormitorios; uno grande y otro pequeño. La casa era sencilla pero muy acogedora, y una vez mamá estuviera definitivamente instalada se sentiría como estar de nuevo en nuestra casa de Kioto, el hogar en pasé una muy felíz infancia.

Pasamos un lindo día juntas y cuando ya estaba anocheciendo Gaara nos llevó a la estación del tren pues mi madre se volvía de regreso a Kioto. Le conté a Gaara lo que había hecho durante el día y el me puso al día acerca de su día. El resto de la semana la pasamos de igual manera que antes, excepto que algunos días nos quedábamos en el apartamento de Gaara en vez del mío. Él no quería que pasara las noches sola por lo que ya fuera en la casa del uno u otro por las noches siempre estábamos juntos.

Un mes pasó y la reunión por nuestro compromiso hacía un par de semanas ya que había sido anunciado a los familiares y amigos. Todo se había dispuesto en un pequeño salón de fiestas llamado Los Bijus, las mesas habían sido dispuestas y el servicio contratado con anticipación, así como la música que se pasaría. La noche estaba fresca pero hermosa, ni una nube opacaba la dicha que sentíamos ambos en ese momento de sentirnos como uno sólo y profesarnos nuestro amor frente a los seres queridos que siempre habían estado allí para nosotros.

Mi madre compartía una mesa con Sasori, su padre y la esposa de éste. A la derecha, una mesa era ocupada por los padres de Gaara y sus hermanos. A la izquierda de la mesa de mi familia, se encontraban Naruto con Kakashi y Temari con Shikamaru en una mesa; y junto a ellos en otra mesa más, estaban Tenten con Neji, el pequeño Aidou e Hinata. A su vez junto a esa mesa estaban ubicadas mis profesoras Anko y Kurenai Soma, ambas hermanas, con las cuales mantenía una amistad desde que las había tenido como profesoras en los primeros años de la carrera, y junto a ellas estaba el esposo de Anko, Ibiki, y mi médico supervisor de la tesis y de las rondas en el hospital Sarotubi-sensei. Por parte de Gaara los invitados eran, aparte de su familia, había una mesa dispuesta para sus jefes, Danzo y Madara; así como los subjefes de Sharingan, Haku y Karin, con sus respectivas parejas (entre todos conformaban dos mesas). Y otra mesa ocupada por los amigos que Gaara a duras penas había hecho. Uno era el fotógrafo Deidara junto a su pareja Juugo, los cuales eran amigos de cuando Gaara trabajó en el periódico, y los otros eran Zabuza, con quien trabajaba mano a mano en Sharingan y su asistente Kimimaro.

La velada consistía en un brindis inicial seguido de una cena de cuatro platos, con aperitivos, entrada, plato principal y postre. La música era relajada durante la comida y durante un par de horas se armaron algunas parejas de baile una vez que el hombre contratado (DJ) para pasar música esa noche cambió la música a una más movida. La reunión estuvo acompañada de palabras de aliento para nosotros de casi todos los allí presentes, obteniendo por parte de nuestros padres las reacciones más emotivas que hasta a mí me hicieron lagrimear un poco, "Malditas hormonas del embarazo" pensé.

Una vez Gaara habló dando a conocer el asunto del compromiso, también pasamos a explicar la parte de que para el casamiento aún faltaba pero queríamos dejar en claro que lo nuestro era lo suficientemente formal. Y así se pasó la noche entre anécdotas de trabajo, de estudios, bromas familiares y parientes políticos conociéndose. Mis amigos interactuaron con los de Gaara y al parecer se llevaron bastante bien. Hasta a Hinata la vi conversar muy animadamente con Kimimaro siendo que es bastante tímida con los desconocidos, creo que de ahí podría salir algo.

Había salido un momento a tomar algo de aire y apreciar un poco la noche y lo hermosas que se veían las estrellas, pues era una noche sin luna, era un paisaje realmente mágico; cuando de repente siento una presencia a mi espalda. Me giré y encontré con Naruto apreciando el firmamento al igual que hasta unos segundos atrás lo estaba haciendo yo.

- La noche está muy hermosa, no crees? – soltó de repente mi amigo aún sin mirarme.

- Sí, mi paisaje favorito – murmuré volviendo a mirar las estrellas.

- Sí – repitió él. Y todo volvió a quedar en silencio un momento hasta que él lo volvió a interrumpir – Sabes… hace un tiempo que he querido decirte algo… Supongo que te habrás dado cuenta de que no he actuado como siempre contigo desde hace un tiempo a esta parte… - dijo esta vez posando sus ojos en mí. Yo le devolví la mirada.

- Es cierto, lo noté… Y realmente no entiendo que es lo que pasó para que eso sucediera… - contesté.

- Puedes ser tan despistada a veces Saku… tan ingenua… - dijo en voz baja agachando la cabeza sonriendo con nostalgia. Yo fruncí el ceño sin entender sus palabras. "A qué venía eso ahora?" me pregunté.

- Por qué lo dices? – pregunté al fin. El me volvió a mirar.

- Bueno… - dijo acercándose a mí de repente, me agarró los brazos y me dio un beso, pero antes de que yo pudiera reaccionar ya había abandonado mis labios pero aún me mantenía sujeta y cerca de él – Estoy enamorado de ti, Saku – confesó al fin y yo sentí que el alma se me iba a los pies. "Qué???!!!" fue todo lo que pensé antes de que todo se volviera negro y me desmayara en sus brazos.


hasta aquí el capi, espero que no les haya resultado muy aburrido, y les haya gustado, sii gustan dejarme un RR con sus comentarios y/o opiniones lo agradecere un monton!!

Sayito, mata ne!

Juli