Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

.


oOo

Elecciones

(Segunda Parte)

.


oOo

Una semana.

Ino pasó toda una tortuosa semana procurando mantenerse lo más lejos posible del hospital, lo más lejos posible de Sasuke. Y, sin embargo, durante esos días no había dejado de pensar en él ni un segundo.

Era frustrante. Ella ya había elegido, y no era justo para nadie, ni para Sasuke ni para Gaara, que siguiera confundiendo las cosas pensando en el joven Uchiha, pero no podía evitarlo; era casi una necesidad traerlo de regreso a sus pensamientos a cada oportunidad, y de a ratos sentía que iba a volverse loca por estar allí, sin poder verlo, ni poder comprobar que estaba bien; claro que Sakura la mantenía al tanto de cada avance, pero Ino necesitaba verlo, necesitaba estar con él, pero no quería hacerlo, no podía volver a estar cerca suyo.

Y dolía, quemaba por dentro la incertidumbre de no saber si algún día iba a despertar, dolía no poder estar con él cuando Sasuke más la necesitaba, porque ella sentía que lo necesitaba también. Pero ya había sentido lo mismo cuando era una adolescente, y ese sentimiento solo le había provocado dolor, algo que juró que Sasuke Uchiha nunca más volvería a provocar en ella. Se había jurado a sí misma jamás volver a llorar por él, y eso había significado enterrar sus sentimientos para siempre. Y así debía seguir siendo, porque ahora no era solo ella quien sufriría. Por tonto que sonara, Sasuke no podía ofrecerle más que dudas y sorpresas desagradables, y ella siempre sufriría por ello; estaría atada a esos sentimientos para siempre, y no quería eso.

Sabía lo que tenía que hacer, debía mantenerse fuerte y firme en su decisión, aunque sintiera que moría por dentro.

《Todo es mejor así》, se repetía constantemente, tratando de convencerse a sí misma una vez más para no cometer algo de lo que pudiera arrepentirse.

Gaara sería su futuro, y Sasuke solo un bonito recuerdo. Después de todo, ya había renunciado a él una vez, hacerlo de nuevo no podría ser tan difícil. Aunque él sintiera lo mismo, Ino sabía que también tarde o temprano se daría cuenta de que no podían estar juntos, porque nunca estuvieron destinados a estarlo, y entonces Sasuke la olvidaría, y ella sería feliz con Gaara mientras él seguiría en Konoha, casándose con Sakura o viviendo solo, ese no era su asunto

Debía renunciar a él por el bien de todos, y ya había dado el primer paso.

Suspirando para intentar alejar esos pensamientos, Ino procuró concentrarse en las cosas de la boda; todavía debía arreglar varios por menores, y hacía días que no veía a Hana, la organizadora, ni a su asistente. Quizá habían salido de la aldea por las benditas servilletas de las que tanto había hablado la mujer; en realidad no le importaba, solo quería distraerse y volver a ser la vieja Ino de siempre, alegre, hermosa y despreocupada, poner toda su concentración en la boda y olvidar todo lo demás...

Sí, eso debía hacer.

No obstante, su corazón dio un vuelco cuando reconoció una presencia de chakra muy familiar acercándose a ella, sobre alto al percatarse de lo irregular que ésta era. Ino era perfectamente capaz de reconocer al responsable de aquel tipo de variantes: tristeza.

—¡Sakura! —exclamó, corriendo fuera de la tienda e interceptando a su mejor amiga sin poder contenerse. La joven Haruno, que se detuvo instantáneamente, aún iba vestida con su ropa de hospital, y al levantar la vista Ino notó que había estado llorando. Y su corazón ahora se detuvo, temiendo la peor noticia de todas —¿Qué pasa? ¿Le pasó algo a Sasuke? —pudo preguntar, en un lastimero hilo de voz. Sakura entonces sorbió por la nariz, pasándose una mano por el rostro para limpiarlo, esbozando una sonrisa cargada de tristeza que paralizó el corazón de la joven Yamanaka.

—No, él está bien —dijo, bajando la mirada —Tsunade-sama ya le dio el alta —informó, y ante eso Ino no pudo evitar suspirar con alivio, alivio verdadero. Sin embargo, apenas pudo disfrutar de la sensación —Y ahora se irá de la aldea —sollozó sin poder evitarlo, soltando más lágrimas que cayeron por sus ojos como perlas brillantes —Se irá para ya no volver.

Sakura se cubrió el rostro con ambas manos, llorando con fuerza, e Ino hubiera querido consolarla, pero sin darse cuenta había comenzado a llorar también, soltando lágrimas de tristeza mientras algo dentro de ella se rompía sin remedio. Sintió como si alguien le hubiera arrebatado el aire de repente, pero hizo un esfuerzo sobrehumano para limpiar su rostro y volver a llorar. Hacía años se había prometido a sí misma no volver a llorar por Sasuke, y no lo haría ahora.

《Es lo mejor》, suspiró, intentando deshacerse del nudo que se le había formado en la garganta, y procuró sonreír mientras ponía una mano en el hombro de su amiga, ahora sí consolándola como debía. Como las mejores amigas que siempre habían sido.

Que Sasuke se fuera era lo mejor para todos. O al menos quería convencerse de eso.

oOo

Dos días más habían pasado, e Ino aún no salía de su habitación, ni siquiera para atender el repentino regreso de su organizadora de bodas.

Dos días intentando convencerse a sí misma de que estaba bien, y de que estaría aún mejor si Sasuke se iba lejos de su vida, pero entonces la angustia la tomaba por sorpresa, y toda su retahíla de lamentaciones volvía a comenzar. Entonces, frustrada y agotada, apenas cayó la tarde del segundo día decidió que ya no podía soportarlo. No ella sola, al menos; así que tomó su calzado y salió por la ventana para ahorrar tiempo.

Le costó unos minutos encontrar la presencia de Shikamaru, que como siempre estaba en el bosque. Lo que sí sorprendió a la mentalista fue que una vez más estaba en compañía de Hinata. Sin embargo, había notado que su mejor amigo pasaba mucho tiempo con la heredera Hyūga en ese último tiempo, y a pesar de que sabía que era por asuntos de trabajo le sorprendió notar que el chakra de ambos estaba curiosamente desbalanceado, aunque era más difícil leer a esos dos de lo que era leer a Sakura.

Así que, sigilosa y escondiendo su presencia, se acercó a ellos en silencio y los observó cual espía ANBU.

Shikamaru y Hinata hablaban amenamente, sentados en una de las ramas más fuertes de un árbol. No coqueteaban, porque Hinata era muy tímida, y Shikamaru demasiado inepto para darse cuenta o siquiera aceptar sus propios sentimientos, pero tampoco podía decirse que su charla era meramente de amigos. Ino era demasiado observadora como para no notar que había algo allí. Ellos hacían una bonita pareja, después de todo. Hinata era la mujer dulce y nada problemática que su amigo siempre había querido, cumplía todas las tontas características que siempre había buscado en una esposa ideal, y Shikamaru...bueno, tal vez él no era Naruto, pero era claro que sentía algo por Hinata, Ino lo había descubierto varios meses atrás, y ni siquiera tenía que leer el chakra de su amigo. Lo conocía demasiado bien como para poder leerlo como a un libro abierto. Pero Shikamaru era demasiado perezoso, incluso para cuestiones amorosas, y eso era un fastidio, pues Ino sabía que una muchacha tan bonita y virtuosa como Hinata no tardaría en tener cientos de pretendientes, y estaba temiendo seriamente que su mejor amigo perdiera esa batalla por vago e inepto en cuestiones del amor.

Sin embargo, Shikamaru no parecía preocupado en absoluto; tampoco en ese momento, fumando tranquilamente mientras veía a Hinata alejarse saltando entre los árboles hasta perderse en el horizonte. Fue entonces que Ino decidió revelar su presencia junto a Shikamaru, que le dirigió una mirada de soslayo antes de suspirar y arrojar el humo de sus pulmones en dirección opuesta, sin mostrarse realmente sorprendido.

—Hola —saludó la muchacha, levantando una mano sin muchas ganas.

—Problemática —dijo a modo de saludo, dándole otra inhalada a su cigarrillo. Ino entonces se sentó a su lado, limpiando el aire con una mano.

—¿A dónde fue Hinata?

—Tenía que volver a casa.

—Ah —la joven Yamanaka suspiró, y después se formó un largo silencio que para ninguno fue incómodo. Jamás lo era entre ellos —¿Y de qué hablaban? —curioseó al fin, haciendo que Shikamaru se quitara el cigarro de los labios y suspirara, chasqueando la lengua igual que siempre.

—Le pedí qué se casara conmigo —le soltó, igual que si hablara de un par de calcetines, haciendo que Ino casi se cayera de su lugar por la impresión.

—¡¿Qué?! —exclamó, completamente sorprendida, pues nunca, ni en sus más locos sueños, había imaginado que Shikamaru podría soltarle una bomba como esa sin ninguna clase de miramientos —¿Hablas en serio?

—¿Por qué mentiría? —preguntó Shikamaru, y la heredera Yamanaka apretó los labios. Eso era cierto; Tal vez Shikamaru era un vago sin remedio, o un insufrible quejumbroso, pero jamás mentía. No a ella, al menos. Así que suspiró, intentando volver a enfocarse en lo verdaderamente importante.

—Pero... ¿Y qué te dijo?

—Que no —el joven Nara rió entre dientes; no se veía molesto o triste, y eso le extrañó a su amiga.

—¿Y por qué te ríes? —inquirió, frunciendo el ceño —Ella te rechazó. ¡Deberías estar triste, idiota! —exclamó, moviendo las manos con exageración mientras Shikamaru, tan inexpresivo como siempre, solo seguía fumando sin prestarle atención.

—Me rechazó hoy —murmuró, sin perder la calma en ningún momento —Igual que me rechazó ayer. Pero eso no me importa. Se lo preguntaré otra vez mañana, y al día siguiente, y al siguiente, hasta que diga que sí —le soltó, logrando que Ino lo mirara como si no lo conociera. Luego, Shikamaru chasqueó la lengua y solo volvió a hablar después de dar otra pitada a su cigarro —Sé que sigue diciendo que no porque no cree que sienta algo verdadero por ella. Hinata tiene una visión muy distorsionada de sí misma y de lo que vale. Además, sé que tal vez no me ama aún, pero eso no hará que cese.

—¿Y de verdad piensas casarte con ella? —preguntó Ino, absorta en tan extraña apreciación de su amigo sobre Hinata, aunque eso no pareció incomodar ni un poco al joven Nara, que solo se encogió de hombros.

—Esa es la idea.

—¿Es alguna especie de extraño arreglo entre tu madre y el padre de Hinata? —Ino frunció el ceño, cambiando radicalmente de actitud —Porque si ellos te están obligando...

—No —Shikamaru frunció el ceño —No es nada de eso.

—¿Entonces por qué? —preguntó ella, ahora más confundida que antes, si eso era posible —Digo, si dices que tal vez ella no te ama... ¿Por qué le pides que se case contigo?

El joven Nara, por su parte, bufó, arrojando su cigarro al vacío antes de girarse y mirar a Ino.

—Porque estoy enamorado de ella, ¿por qué más? —le soltó, frunciendo el ceño también —No es difícil de entender.

—¡¿Qué?! Pero... —Ino empezó a balbucear, sin entender nada de nada —¿Cuándo? ¿En qué momento sucedió? Tú...¡no me dijiste nada!

—No te lo digo todo —Shikamaru se encogió de hombros, sacando otro cigarrillo de su chaleco —Además eres quién usualmente habla cuando nos vemos, y yo solo te dejo hablar —murmuró, y aunque a Ino le hubiera gustado replicar solo bufó, porque eso era cierto, y porque seguía demasiado sorprendida. Sí, sabía que a Shikamaru le gustaba Hinata, pero el que él lo hubiera asumido tan simple y llanamente era lo más sorprendente que había visto hacer a Shikamaru Nara en toda la vida. Sin embargo, tratando de no hacer más preguntas incómodas a su amigo, procuró calmar su mente y ponerla en orden. Al menos se había olvidado de Sasuke por un momento.

—¿Y cómo pasó? —preguntó suavemente, arqueando las cejas con curiosidad.

Shikamaru encendió otro cilindro de tabaco entre sus labios, tomándose su tiempo para contestar, suspirando mientras levantaba la vista al cielo, esbozando una pequeña sonrisa.

—No necesité de mucho para que empezara a gustarme —admitió, encogiéndose de hombros —Hinata es una mujer sencilla, buena, dulce e inteligente. Es normal que me enamorara de ella una vez que llegué a conocerla... —murmuró, rascándose la mejilla con un dedo —Aunque es problemático que siga sin creer que la amo.

—¿De verdad la amas?

—¿Ves por qué nunca te digo nada? Jamás oyes —bufó el controlador de sombras, ceñudo —¡Sí, estoy enamorado de Hinata como un idiota! ¡Solo pienso en ella, quiero estar todo el tiempo con ella y hacerla feliz! ¿Era para eso que me buscaste? —exclamó, alzando la voz de tal manera que Ino no pudo evitar inclinarse hacia atrás, parpadeando, primero sorprendida, luego divertida por la forma en que su mejor amigo acababa de perder los estribos. Eso no era para nada normal en Shikamaru, lo que solo demostraba lo mucho que Hinata lo había cambiado.

Entonces rió.

—¿De qué te ríes?

—Ella te dirá que sí —optó por ser optimista e ignorar el exabrupto de Shikamaru —Solo necesita tiempo. Recuerda que hasta hace muy poco aún suspiraba por Naruto.

—Sí, gracias por recordármelo —Shikamaru bufó, soltando el humo de sus pulmones con la vista en el horizonte; y se tomó unos segundos antes de volver a hablar, mirando a Ino de reojo —¿Y a ti qué te pasa? —preguntó, suspicaz. Y entonces el peso de todo lo que había sucedido en los últimos días cayó sobre Ino.

La joven Yamanaka bajó la mirada, jugando con el dobladillo de su falda mientras las lágrimas amenazaban una vez más. Así que tomó una profunda bocanada de aire antes de hablar, buscando las palabras que pudieran atravesar el nudo que se había formado en su garganta.

—¿Ino...?

—Sasuke se irá de la aldea —soltó, hipando sin poder controlarlo.

Shikamaru parpadeó, asombrado pero cauteloso al mismo tiempo.

—¿Y por qué estás triste? Era lo que querías, ¿no? —le dijo, y ella balanceó la cabeza en un movimiento confuso, haciendo que Shikamaru suspirara una vez más —Problemática... Si lo amas, y el rey del universo también te ama a ti —hizo una mueca —¿Qué es lo que te da tanto miedo? —preguntó, receloso; Ino frunció el ceño.

—No lo sé... Tal vez el hecho de que hoy dice que me ama, pero mañana podría despertar y descubrir que huyó de nuevo, sin importarle dejarme atrás...

—¿Es eso? ¿Tienes miedo de que Sasuke vuelva a querer ser un rebelde?

—Tú mejor que nadie sabes como me sentí la primera vez que se fue, y ahora...Mi corazón simplemente no podría soportar perderlo otra vez. Siento que lo amo demasiado como para siquiera imaginarme una vida sin él...

—Así que solo estás asustada de amarlo —el controlador de sombras sonrió de lado, apagando su segundo cigarrillo contra el árbol —Problemática, lamento decirte que eso está totalmente fuera de tu control. No importa qué tanto huyas de él, eso solo lo hará peor. Si lo amas y él a ti, ¿qué estás esperando para detenerlo?

—Pero Gaara...

—Ino, no puedes tomar una decisión como esta y hacer feliz a todo el mundo —sentenció Shikamaru, parco —Recuerda cuando renunciaste a Sasuke la primera vez, la única feliz con eso fue Sakura, ¿y si Sasuke se hubiera fijado en ella, qué pasaba contigo? —preguntó, e Ino no pudo evitar sobresaltarse, aunque lo disimuló rápidamente.

—Quizá hubiera podido olvidarlo y ser feliz con otra persona...

—Entonces Gaara podrá olvidarte y encontrar a otra persona que lo ame también —Shikamaru se levantó, observando al cielo una vez más por un segundo—No eres una heroína, Ino. No siempre tienes que sacrificarte por otros —la miró, regresando la mirada al firmamento después —Parece que lloverá. Yo que tú me daría prisa —le dijo, formando un sello con ambas manos para desaparecer y dejarla sola con sus pensamientos.

oOo

Sasuke bufó, tomando sus medicinas para de inmediato volver a hacer los ejercicios necesarios para entrenar su nueva prótesis. Los detestaba, pero debía hacerlos si quería acostumbrarse a su nuevo brazo antes de partir y así ahorrarse la molestia de viajar con un miembro inútil sin saber a dónde iría, ni qué haría una vez que volviera a salir de Konoha. Su destino aún era incierto, pero quería estar preparado para cualquier cosa, porque una vez que volviera a salir por esas puertas sería para ya no regresar jamás. No volvería a pisar su hogar, y no volvería a ver a Ino Yamanaka. Nunca.

Quizá era un cobarde, pero, por primera vez en su vida, en verdad no tenía idea de cómo enfrentar sus propios sentimientos, y tampoco quería hacerlo. Ya había demasiado dolor en su vida para permitir que Ino Yamanaka aportara su parte.

Su rechazo había dolido, pero al mismo tiempo Sasuke no podía odiarla. La amaba demasiado, y se odiaba a sí mismo por hacerlo, pero no a ella. Nunca podría odiar a Ino, y nunca podría lastimarla.

Repentinamente, un potente trueno sacudió la habitación y una fotografía caía de la mesa de noche, sobresaltándolo. La lluvia no tardó en caer sobre su casa, golpeando furiosamente las ventanas mientras el joven Uchiha estiraba su brazo sano para levantar la foto de su familia y volver a ponerla en su lugar para después observar las perezosas gotas de lluvia deslizándose por el vidrio, olvidándose por unos momentos de su nuevo brazo, su viaje e Ino. De pronto se vio a sí mismo, en ese mismo lugar, muchos años atrás, cubierto hasta la coronilla con las mantas mientras Itachi intentaba convencerlo de que no había nada que temer de la tormenta; pero él nunca lo escuchaba, siempre cerraba los ojos con fuerza y se cubría los oídos, esperando a que la tempestad pasara, sintiéndose seguro por el solo hecho de tener a su hermano cerca. Pero ahora estaba solo, y aunque ya no le temía a las tormentas, de pronto sintió un enorme vacío dentro de su pecho.

—Tal vez tú sabrías decirme lo que debo hacer —suspiró, hablándole a la imagen del joven Itachi, que volvía a observarlo desde su lugar en la mesa de noche.

Sasuke sabía que esa tormenta pasaría, pero, por primera vez en mucho tiempo, deseó tener a Itachi a su lado para que se lo dijera y así podría creerle. Deseó como nunca antes tener el consejo de su hermano mayor.

oOo

Ino gruñó, corriendo como civil para protegerse de la lluvia bajo el toldo de una tienda, bufando mientras se sacudía el cabello para quitarle el exceso de agua.

Las palabras de Shikamaru todavía resonaban en su cabeza, y eso, sumado a todo lo demás, hacían que su mente enloqueciera sin descanso.

Las últimas horas se habían vuelto eternas para ella, y la lluvia solo empeoraba las cosas. Ya no había lugar a donde pudiera escapar, y el no saber qué debía hacer comenzaba a desesperarla.

—Parece que no parará pronto —Ino se sobresaltó, mirando hacia su costado para darse cuenta de que había alguien más protegiéndose del aguacero junto a ella. El muchacho, alto y pálido, escondía su rostro tras las páginas de un libro, pero Ino no necesitó verlo para saber quién era. No obstante él, al sentirse observado, bajó su libro y le sonrió, estrechando los ojos con simpatía —Hola, Ino-chan. ¿También te sorprendió la lluvia?

—Sai —murmuró la kunoichi, deshaciéndose del susto inicial con una sonrisa —Lo siento. No te vi.

—Descuida —el Shinobi amplió su sonrisa, poniéndose el libro bajo el brazo y encogiéndose de hombros para restarle importancia al asunto —Te veías muy concentrada. Supuse que se debía a la cercanía de tu boda, así que no quise interrumpirte.

Mi boda, pensó Ino, bajando la mirada con culpa por un momento.

—¿Tienes miedo?

—¿Qué?

—Por tu boda con el Kazekage —Sai frunció el ceño, como si estuviera señalando lo obvio —Yo estaría aterrado con todo eso de tener que pasar el resto de mi vida con una sola persona. Es decir, no me veo a mí mismo compartiendo todos mis secretos con alguien más —Sai se llevó una mano al mentón, pensativo —Francamente no lo entiendo, pero he leído que cuando encuentras a la persona correcta, no importa que tan diferentes sean, ni cuántos obstáculos encuentren en el camino. Si dos personas de verdad se quieren, deben estar juntas, no importa qué. Eso es el amor, ¿verdad? —preguntó, con una sonrisa sincera, e Ino lo miró, suspirando de forma inconsciente.

—¿Alguna vez te has enamorado, Sai? —preguntó, con verdadera curiosidad, y aunque el ninja se mostró algo confundido por la pregunta, volvió a sonreírle con amabilidad.

—No lo sé. Supongo que no. El amor aún es complicado para mí...

—Lo es para todos —Ino volvió a suspirar, y Sai a fruncir el ceño con expresión pensativa.

—Pues yo creo debería serlo —comentó, curioso —Es decir, tal vez aún no lo entiendo del todo, pero si amas a alguien, y ese alguien te ama a ti, entonces no deberían haber dudas o complicaciones. Eso no quiere decir que no suceda, pero si en verdad hay amor, siempre podrán encontrar la solución a cualquier problema juntos, ¿no crees? O al menos eso imagino...—Sai se encogió de hombros e Ino lo miró fijamente, concentrándose en sus palabras —Una vez leí un libro —siguió él —Era sobre una chica que amaba a un chico, pero se casó con otro porque era lo que su familia quería. Aún así él la esperó, pero cuando ella se dio cuenta de su error ya era demasiado tarde; su oportunidad había pasado, y terminó muriendo de pena, arrepintiéndose hasta el fin de sus días... Me alegra que eso no te pase a ti —le sonrió una vez más, e Ino podía percibir la honestidad de sus palabras —Bien. Tengo que irme. Te veré luego, Ino-chan —le dijo, acomodándose el libro bajo el brazo una vez para liberar sus manos y formar un sello, desapareciendo en una explosión de humo mientras Ino se quedaba todavía de pie bajo el toldo de la tienda, con la vista fija en el lugar donde el exninja de Raíz había estado segundos antes.

oOo

Sasuke bajó las escaleras de dos en dos al oír la puerta, creyendo que se trataba de una emergencia por la insistencia de los golpes. Sin embargo, apenas reconoció la presencia de la persona fuera de su casa tuvo que contener la respiración, aunque eso no lo detuvo, y frunciendo el ceño tomó la perilla y tiró de ella.

—¿Qué haces tú aquí? —no se molestó en llamarla por su apellido, demasiado sorprendido por comprobar que efectivamente se trataba de la razón de su tortura, mojada de pies a cabeza, en el umbral de su puerta, y aun así lucía más hermosa que nunca.

—¿Puedo pasar? —preguntó ella, abrazándose a sí misma con tal vulnerabilidad que Sasuke sintió un irrefrenable deseo de abrazarla y protegerla, pero en cambio se mantuvo en la puerta, mirando a su ex compañera de academia con su ojo Rinnegan para asegurarse de que efectivamente era ella —Sasuke, por favor... —pidió, y su voz suave y compungida fue todo lo que el joven Uchiha necesitó para estar perdido una vez más.

Sasuke se hizo a un lado, mirando al suelo, no por timidez, sino por temor a que sus tontos impulsos lo obligaran a hacer algo estúpido; e Ino entró a su casa, dejando un pequeño rastro de gotas sobre el suelo de madera tras quitarse las sandalias.

—¿Qué quieres? —le soltó, y ella parpadeó, como si no supiera qué responder a eso, pues estaba demasiado concentrada observando el equipaje que Sasuke ya había preparado para partir, incomodando ligeramente al joven Uchiha.

Entonces ella se dio la vuelta, con los ojos acuosos de repente.

—¿Es cierto? —preguntó en un hilo de voz, logrando que Sasuke mirara hacia el suelo nuevamente —Sasuke... ¿Es cierto que vas a irte? —sollozó, mirándolo de una forma que hizo que todo el interior del último Uchiha se estremeciera. Pero aún así Sasuke se mantuvo firme, con los brazos cruzados y evitando mirarla a la cara.

—No deberías estar aquí —fue todo lo que dijo, volviendo a abrir la puerta en una muda orden de que saliera, pero Ino no hizo tal cosa. Por el contrario, dio un paso hacia él, con la voz más estremecida aún.

—Por favor, no te vayas —rogó, ahora bajando ella la mirada cuando Sasuke la enfrentó —No te vayas por mi culpa. Si te alejas de nuevo...

—¿Estás demente? —la interrumpió él, usando la burla y la ironía para frenar esas irresistibles ganas de abrazar y besar a la mujer que solo días atrás lo había destrozado, pero era cada vez más difícil resistirlo.

—No... —Ino se llevó un mechón tras la oreja, nerviosa, y Sasuke contrajo sus propios dedos, deseando tocar ese cabello más que nada, aunque se mantuvo firme —Sé que te lastimé, pero tú me lastimaste primero a mí... —susurró, mordiéndose el labio inferior y hablando antes de que Sasuke la interrumpiera —Pero tú no mereces esto. Si alguien debe irse soy yo. Por favor, no dejes la aldea —pidió, llevándose las manos al pecho —No me dejes de nuevo —lo miró, y aunque esas palabras calaron profundo en Sasuke, este hizo todo lo posible por no demostrarlo; así que solo se cruzó de brazos, rodando los ojos con escepticismo por más que por dentro sentía un irresistible deseo de tomar a Ino y nunca más dejarla ir de su lado.

Una parte de él quería creer en ella, tomarla entre sus brazos y nunca más dejarla de ir, pero su otra parte, más racional, le recordó que ella lo había rechazado luego de que se humillara al aceptar que como un idiota se había enamorado, que ella, la misma que le pedía no irse, no había ido a verlo ni una sola vez después de que casi había muerto engañado por su imagen.

Luego de regresar a Konoha, Sasuke había renunciado en muchas ocasiones a su orgullo, pero ninguna había dolido tanto como el haber confesado sus sentimientos y ser olvidado. Cuán irónica era la vida, pero aunque el pensamiento lo aturdió brevemente, prefirió seguir molesto con Ino.

—¿Perderme? —rió con amargura, sin poder contener la rabia, que de repente había ganado la batalla —Te vas a casar con un Kage, tú me rechazaste, y ahora dices estas cosas. Eres una demente.

—Lo sé. Sé que ya elegí a Gaara —murmuró ella, tratando de ser firme, sin conseguirlo del todo.

Sasuke apretó los labios y después suspiró con cansancio, prefiriendo volver a dejar el enojo de lado.

—Y si ya elegiste, ¿entonces qué haces aquí? —preguntó, dejando a Ino sin palabras.

Ella lo pensó por un momento, y, apretando los labios con decisión, volvió a levantar la mirada, enfrentándolo nuevamente.

—¡Estoy aquí porque te amo, idiota! —le soltó, con tal seguridad que lo sorprendió. Sasuke no dijo nada, pero se le quedó viendo, poniéndola aún más nerviosa; pero no se callaría; estaba cansada de callar — Sasuke... Lo que te pasó me hizo darme cuenta de que quiero mucho a Gaara, pero no puedo olvidarme ti —le dijo, mirándolo a los ojos en busca de alguna reacción, pero él solo abrió los ojos con impacto, sin decir nada. Entonces Ino se acercó a él y puso los brazos alrededor de su cuerpo, acercando sus labios, pero en lugar de obtener la respuesta que buscaba solo sintió las manos de Sasuke empujándola suavemente lejos de sí mientras volteaba el rostro para otra vez evitar verla a la cara.

—Vete —fue todo lo que le dijo, e Ino sintió las rodillas flaquear mientras toda la seguridad que momentos antes la había acompañado se desvanecía.

—¿Q-Qué?

—Dije que te largues —repitió él, manteniendo la calma a pesar de que seguía evitando su mirada. Y aunque Ino casi podía sentir el puñal en su pecho de alguna manera logró mantenerse firme y plantarse frente a él, tan obstinada como siempre.

—No voy a irme, Sasuke. Tú dijiste que me amabas, y yo te amo también —sollozó, lanzándose a sus brazos nuevamente, a pesar de que él seguía reacio —Por favor, dejemos este juego de una vez...

—¿Juego? —él se alejó un paso, mirándola con temor por primera vez en mucho tiempo; fue en ese instante que se quebró también —Entiende que no soy nadie, solo un ex renegado, un fugitivo que nunca podría darte la vida que un Kage...

—¡Eso no me importa! —apostilló ella con seguridad —Por eso vine hasta aquí, por eso estoy parada frente a ti. Sasuke, yo te amo, tanto que si te vas no podría soportarlo. Creí que podría olvidarte, ¡pero estos días sin verte casi me volvieron loca, y bastó solo con sentir que realmente te perdía para que me diera cuenta...!

—¿Y cancelarás tu soñada boda por mí? —le preguntó él, e Ino parpadeó con confusión y se quedó callada.

Sasuke la miró con decepción.

—Ya lo ves —rió con desdén, acercándose a ella de forma irónica, pero volviendo a retroceder cuando ella lo hizo, bajando la mirada y bufando —Lo mejor será que te vayas ahora. Deberías...—Sasuke levantó la mirada una vez más, pero no pudo seguir hablando, porque de improviso ella se abrazó a su cuello y lo besó. Sasuke puso las manos en sus caderas automáticamente para alejarla, pero en vez de eso sus manos sólo se quedaron allí, ofreciendo cada vez menos resistencia hasta que, como si tuvieran vida propia, empezaron a tocar y acariciar el cuerpo de la heredera Yamanaka con desesperación, metiendo sus dedos bajo la tela. La ropa de la kunoichi estaba empapada, pero su suave piel quemaba como una hoguera en cada lugar que él tocaba.

Sin pensarlo demasiado, Sasuke la abrazó con más fuerza, repartiendo besos por su mandíbula mientras Ino cerraba los ojos y ahogaba un gemido al sentir que su espalda tocaba la pared. Entonces, las manos calientes de Sasuke rozaron contra las suyas, tirando suavemente del material empapado mientras ella temblaba, dejando que sus brazos cayeran a los lados y sintiendo el flequillo de Sasuke haciéndole cosquillas en la frente mientras se inclinaba hacia ella, con la cabeza baja, y su cálido aliento contra su cuello. Los ojos de Sasuke se estrecharon con concentración mientras, bajo sus insistentes dedos, la cremallera del chaleco de Ino empezó a ceder lentamente.

Él mantuvo la cabeza inclinada, e Ino pudo sentir que su respiración se aceleraba, y el calor irradiaba de sus mejillas. La cremallera llegó a la altura de sus pechos, y, sin levantar la vista, Sasuke siguió con su labor, tomándose todo el tiempo del mundo mientras Ino seguía muy quieta, consciente de que ninguno de los dos había hablado por varios minutos.

Un zumbido extraño pareció llenar el aire como un pensamiento silencioso colgando entre ambos. El joven Uchiha intentó terminar de desabrochar el chaleco táctico, pero parecía tener problemas, con sus manos temblorosas, sobre todo con la nueva, pero eso no le impedía seguir con su trabajo. E Ino contempló su rostro cuidadosamente, preguntándose si estarían compartiendo el mismo pensamiento, cuando él consiguió abrir la cremallera por completo, revelando la fina tela de sus mallas. Escuchó la respiración acelerada del heredero Uchiha mientras continuaba su trabajo hacia abajo en silencio, concentrándose en su tarea. La mano de Sasuke rozó contra la cima de sus senos, y entonces Ino fue consciente del rápido ascenso y caída de su propio pecho, el toque de los dedos de Sasuke a través de la tela fina y húmeda, poniendo como carne de gallina toda su piel. Levantó los brazos con una sonrisa para que fuera más fácil quitarle las mallas, las cuales Sasuke dejó caer en el suelo; y alcanzando su sujetador, el portador del Sharingan de repente se detuvo, una mano flotando sobre los senos de Ino, y con ese momento de vacilación, ella lo supo.

—Está bien —susurró, con la voz repentinamente débil —Es lo que quiero.

Los ojos de Sasuke de movieron nerviosamente a los suyos, con la sangre calentando sus mejillas; su expresión era una mezcla de temor y anhelo

—¿En serio? —preguntó, en un tono que a Ino de le antojó ridículamente tierno. En ese instante, las lágrimas y la risa se arremolinaron en su interior. Acarició su mejilla contra la de él suavemente, tan suave que su piel se sentía como las alas de una mariposa. Cerró los ojos y movió sus labios ligeramente en el rostro de Sasuke, apenas tocándolo, de manera que toda su boca empezara a hormiguear. Él cerró los ojos también, tomó una respiración profunda y la dejó salir muy lento. Los labios de Ino siguieron un camino bajando por su cuello, hacia el hueco debajo de su clavícula, y los dedos de Sasuke se apretaron alrededor de los suyos mientras dejaba salir un pequeño jadeo. Y levantando la cabeza, la kunoichi besó suavemente la comisura de sus labios antes de moverse por su cara.

De pronto, la boca de Sasuke siguió a la suya e Ino se burló de él, negándose a permitir que sus labios se encontraran, hasta que la respiración de Sasuke se aceleró y soltó la mano de Ino para acunar su mejilla y mover su boca hacia la suya. Finalmente empezó a besarla de nuevo, suave, gentilmente, con besos excitantes. Unos temblores de placer corrieron a través de todo el cuerpo de la controladora de mentes y la mano del último Uchiha tembló contra su mejilla. Su respiración se profundizó, buscando intensificar el beso, pero Ino se resistió, tratando de hacer durar ese momento tanto como pudiera. Él tocó su cara, pasó sus dedos sobre sus mejillas, y continuaron dándose pequeños besos como plumas, piel contra piel, tan cálido, tan suave, hasta que Sasuke puso una mano en su espalda y desabrochó su sujetador, acariciando los senos de Ino con dedos temblorosos, rodeando sus pezones, enviando temblores nerviosos de excitación a través de todo su cuerpo. Con los ojos fijos y el ceño fruncido en concentración, parecía estar conteniendo la respiración. Luego, de repente, soltó un pequeño sonido, y el aire salió de sus pulmones de prisa.

Tentativamente, la joven Yamanaka alcanzó el borde de su camiseta, y cuando no protestó, se la sacó gentilmente sobre la cabeza. Cuando reapareció, con el cabello despeinado, rozó la piel de la joven Yamanaka con las yemas de sus dedos, besando sus senos. Ella desabrochó sus pantalones y él inhaló bruscamente, su cuerpo inmediatamente se contrajo bajo su toque. Su aliento era caliente, rápido y húmedo contra la mejilla de Ino y buscaba su boca, besándola con aun más intensidad. Cuando la atrajo hacia él, un fuerte temblor atravesó su cuerpo y el de la florista. Sus brazos la rodearon firmemente, y la calidez de su pecho presionado contra ella la hizo jadear. Él siguió besando su cuello, sus hombros, sus pezones, alejándola para tomar pequeñas dosis de aire, con las manos en sus senos, en su estómago, dentro de su ropa interior, empujándolas hacia abajo por sus piernas. Ino las deslizó y se paró fuera de sus bragas, luego estiró las manos hacia los bóxers de su compañero y los empujó hacia abajo. Él los pateó fuera de sus tobillos y luego los dos estaban de pie juntos, desnudos por primera vez. Y de repente, para Ino fue como si toda la risa y la felicidad en el mundo estuviera allí, entre los dos en esa habitación. Su amor, su primera prueba, finalmente le habían hecho sentir que todo entre ellos iba a estar bien. No tendrían que esconderse: la gente de la aldea lo aceptaría, también sus padres, tendrían que aceptarlo, incluso Gaara. Cuando vieran lo mucho que se amaban el uno al otro, cuando se dieran cuenta de que en realidad sí estaban destinados a estar juntos, cuando entendieran lo felices que eran estando juntos, ¿cómo podrían no aceptarlo? Todo el sufrimiento en sus vidas parecía haber sido para poder llegar a ese punto, ese momento exquisito, finalmente sosteniéndose el uno al otro, tocándose el uno al otro, besándose el uno al otro sin temor de ser atrapados, sin culpa o vergüenza… compartiendo sus cuerpos, sus seres, cada parte de sus almas.

Sasuke la llevó suavemente hacia la habitación, depositándola sobre la cama, se recostó a su lado y siguió besándola, acariciando sus pezones con las yemas de los dedos, lamiendo su cuello. Ino, presa de la excitación, acarició su miembro pero él empujó su mano, respirando fuertemente.

—Espera…—la miró, su cuerpo estaba tenso, temblando contra el suyo como un cable vivo. —Ino, ¿estás… estás segura? —preguntó, de nuevo con esa inseguridad que a Ino se le antojaba adorablemente arrolladora; y aunque aún una parte de ella también se sentía insegura sobre lo que pasaría después de esa noche, asintió lentamente, con un toque de temor arrastrándose en su interior, tomando una respiración profunda, como si me preparara para lanzarse al vacío.

—Te amo —le dijo, y sus ojos se encontraron, sellando un acuerdo tácito con esa mirada, y en la cara de Sasuke ella vio reflejado mi propio temor y anhelo, pero sobre todo lo sintió en su respiración superficial y rápida, y el ligero temblor en su espalda.

Ino se apoyó buscando un beso y ambos volvieron a acostarse en la cama, la boca feroz y urgente del último Uchiha contra la suya. Él estaba encima de ella, apoyado en sus codos, frotando su cara contra su mejilla. Ino pasó sus manos arriba y abajo del estómago del ex renegado y lo siento estremecerse; luego, tentativamente, movió las piernas y extendió las rodillas, sintiendo a Sasuke empujar contra su muslo, casi como si fuera un acto instintivo. Entonces, dándose cuenta de que el momento había llegado, él dejó de besarla, con su rostro a centímetros sobre la de Ino, y la concentración grabada entre sus cejas mientras se desplazaba ligeramente, tratando de encontrar el lugar correcto hasta entrar en ella de una firme y profunda estocada, haciendo que inmediatamente ella se sintiera tensa.

No era la primera vez que tenía sexo, pero aun así cada roce, cada caricia o sensación producida por el toque de su ahora amante, por mínima que fuera, hacía que su cuerpo se estremeciera con anticipación. Él volvió a empujar su camino dentro de ella, e Ino inhaló superficialmente, como si volviera a ser una adolescente en pérdida de su virginidad. La cara de Sasuke se cernía sobre la suya, mirándola hacia abajo, con su aliento es rápido y laboroso. Sus ojos estaban muy abiertos, irises negros moteados con gris. Ino podía distinguir cada pestaña individualmente, las grietas en sus labios, el sudor en su frente. Y lo podía sentir dentro suyo, temblando con el mismo deseo que ella sentía.

Lo quería, quería a Sasuke, cuidarlo, sostenerlo, quería sentirlo dentro de su cuerpo. Y él no se hizo desear demasiado. Sasuke empezó a empujar más, con su virilidad llenándola como nadie la había llenado antes. Ahora ambos estaban tan cerca como dos personas podían estarlo. Dos cuerpos, mezclados en uno, dos corazones latiendo al unísono.

Sasuke seguía mirándola hacia abajo, con una mirada urgente en sus ojos, emitiendo pequeños jadeos entrecortados. Empezó a moverse aún más rápido de atrás hacia adelante, con sus codos hundidos en el colchón, sus manos agarrando la sábana a ambos lados de su cabeza, sin dejar de mirarla y acariciarla, como si a cada segundo quisiera asegurarse de que eso era real, de que no estaba soñando y ella estaba realmente allí, haciendo el amor con él.

—Bésame —suspiró Ino, acariciando sus mejillas para que él la mirara. Sasuke bajó el rostro hacia el suyo, sus labios le rozaron la mejilla, la nariz, luego lentamente, recorrieron el camino hacia su boca. La besó con suavidad, pero sin poder contener su acelerada respiración mientras continuaba moviéndose dentro de ella, haciendo que Ino se estremeciera, pasando el dorso de sus manos por el pecho y estómago de Sasuke, dentro de las depresiones entre sus caderas y luego subiendo a los lados, urgiéndolo con sus manos a moverse un poco más rápido. Y él lo hizo, presionando sus labios y conteniendo el aliento, con un repentino y extraño sonrojo en su rostro que se profundizó de pronto, esparciéndose sobre su cuello y sobre su pecho. El sudor brillaba en su frente y mejillas, y una pequeña gota corrió por su cara, para luego caer sobre Ino.

Mientras Sasuke se movía, su cabello rozaba contra la frente de Ino, haciéndole cosquillas, aunque la joven Yamanaka estaba demasiado ocupada oyendo el sonido de su propia respiración, pequeñas bocanadas de aire escapando de su boca, mezclándose con la de Sasuke, pensando en que, allí, en ese preciso momento, no quería que eso parase nunca: ese temor mezclado con éxtasis, todo su ser zumbando con anhelo, la presión del cuerpo del último Uchiha contra el suyo, la sensación de él dentro de ella, moviéndose contra ella, haciéndola temblar de excitación como nunca antes. Entonces inclinó la cabeza hacia arriba por otro beso y los labios de Sasuke descendieron sobre los suyos, más fuerte esa vez. Luego, arrugando los ojos, él se alejó y contuvo el aliento por unos pocos segundos para después soltarlo pesadamente, abriendo los ojos con una mirada desesperada y urgente.

—Ino —susurró, buscando sus labios nuevamente antes de separarse y apoyar su frente contra la de su amante, como si quisiera decir más, pero las palabras ya no salieran, aunque no importaba, porque ella sabía exactamente lo que quería decirle.

—Sasuke…—susurró también; luego, las palabras se quedaron atrapadas en su garganta y sintió al último Uchiha temblar contra ella.

—¡Ino!

Con un pequeño jadeo, los movimientos de Sasuke se aceleraron aún más, e Ino lo sintió sacudirse en su interior, su hueso pélvico empujando contra el suyo. De repente, el parecía encerrado en su propio mundo, con los ojos cerrados y sus jadeos entrecortados desgarrando el aire. Su cuerpo cada vez se tensaba más y más, hasta que, con una profunda y aguda inhalación, Sasuke se presionó fuertemente dentro de ella, una y otra vez, estremeciéndose violentamente con una serie de pequeños sonidos salvajes hasta explotar en su interior, llenándola por completo.

Una vez que se quedó inmóvil, Ino sintió todo el peso de su cuerpo aplastándola mientras Sasuke se colapsaba contra su cuello, sosteniéndola muy estrechamente, sus brazos presionan contra su cuerpo, sus dedos apretando sus hombros mientras ambos aún sufrían espasmos de placer.

Exhalando lentamente el aire fresco de la habitación, Ino pasó su mano sobre su cabello húmedo del heredero Uchiha, a través de su cuello y por su espalda, sintiendo a su corazón palpitando violentamente contra el suyo. Besó su hombro, la única parte de él que pudo alcanzar, y miró fijamente con asombro el familiar techo azul de la habitación, el mismo que ella se había encargado de pintar antes de que el hombre que aún seguía dentro de ella saliera de prisión.

Y de pronto, Ino sintió que la realidad había sido alterada, o al menos su percepción de la realidad había cambiado dramáticamente. De repente todo se sentía diferente, se veía diferente… por unos pocos momentos no estuvo segura de quién era. Ese chico, este hombre, yaciendo entre sus brazos se había convertido en parte de ella. Juntos tenían una nueva identidad: dos partes de un todo. Ahora todo había cambiado para siempre. Había visto a Sasuke como nunca antes, lo había sentido dentro de su cuerpo, lo había sentido en su momento más vulnerable, se abrió a sí misma en devolución. En esos pocos minutos lo había tomado dentro de ella, se había convertido en una parte de él, tan cerca como dos seres diferentes podrían estar alguna vez. Y aunque todo en cierta forma seguía siendo confuso, por un momento Ino se sintió plena, feliz, sin pensar en nada más que en el momento, sin pasados ni futuros, solos Sasuke y ella, allí en el presente, todavía siendo uno, relajados como nunca antes.

Sin embargo, el joven Uchiha lentamente levantó la cabeza de su hombro y la miró, primero con deseo, ternura y emoción, pero luego su mirada se volvió horrorizada.

Ahora lo sabía; la joven Yamanaka lo amaba, se había entregado a él, y aunque por primera en mucho tiempo podía decirse que era feliz, sabía que había un problema aún mayor por enfrentar: Gaara. Sasuke ya se había resignado a perder contra él, a jamás tener a Ino, por esa razón nunca dijo a nadie que la kunoichi que lo había atacado había sido enviada por el mismo Kage, por eso había querido marcharse de esa aldea renunciando a ella, porque sabía que solo así el líder de Suna dejaría de enviar asesinos tras él, pero todo había cambiado. Ahora Ino lo elegía a él, y ahora ya no se creía capaz de poder dejarla ir de su lado.

Ya no se sentía capaz de vivir lejos de ella.

—¿Sasuke...? —los labios de Ino en su mentón lo sacaron abruptamente de sus pensamientos, haciendo que se diera cuenta de que se había perdido en algún lugar de su mente. Y aunque su cuerpo empezaba a responder ansiosamente a los besos de su amante, hubo una idea que no pudieron despejar, y que Sasuke se vio en la obligación de expresar:

—Huyamos, Ino —le soltó de repente, deteniendo sus besos por la sorpresa, incluso sorprendiéndose a sí mismo, pero no se arrepintió de sus palabras —Vayámonos de aquí. Dejemos todo el pasado atrás y empecemos de nuevo —pidió suavemente. Y ella lo miró, primero confundida, pero luego esa confusión se convirtió en determinación.

—Vayámonos —afirmó, sonriendo para volver a besarlo, pero Sasuke levantó la cabeza, ceñudo.

—Hablo en serio —le dijo, mirándola a los ojos — Me iré de la aldea; eso no va a cambiar, pero quiero que vengas conmigo.

—¿Irnos? —Ino levantó la cabeza también, regresándole la mirada —No lo sé... Aún hay cosas que debo hacer aquí. Debo hablar con Gaara, y con mis padres. Tú acabas de llegar, Sasuke. Este es nuestro hogar...

—Lo sé —él bufó, posando la vista en el techo de su habitación por un momento —Pero no me importa. Solo quiero estar contigo, lejos de todos. Al menos hasta que las cosas se calmen.

Ino apretó los labios un momento, y Sasuke sintió como si su corazón se paralizara una vez más.

—De acuerdo —ella le sonrió, y el joven Uchiha volvió a respirar con normalidad, suspiró de alivio y presionó su boca contra el cuello de Ino, con el sudor corriendo entre los dos. La besó entre respiraciones irregulares, y luego atrapó la imagen de la apariencia salvaje y ruborizada de su cara, y empezó a reír. Contemplándolo, ella empezó a reír también, y su ser completo parecía irradiar alegría.

Sasuke pensó entonces que todo ese tiempo, toda su vida, ese duro sendero pedregoso lo había dirigido hasta ese punto. Lo había seguido a ciegas, tropezando en el camino, herido y cansado, sin alguna idea de a donde se dirigía, sin darse cuenta alguna vez de que con cada paso se acercaba a la luz del final de un túnel largo y oscuro. Y ahora que lo había alcanzado, ahora que estaba allí, quería atraparla en su mano, sostenerla para siempre para mirar hacia atrás, al punto en el cual su nueva vida realmente había empezado. Todo lo que siempre había querido, ahí, y ahora, todo estaba capturado en ese momento. La risa, la alegría, el amor verdadero en los ojos Ino... Esa era su elección. Ese era el amanecer de la felicidad. Todo empezaba ahora.

oOo

Tiritando por el frío, la joven cazadora ANBU abrazó sus rodillas, quejándose del dolor en la herida de su abdomen, pero manteniendo la posición de todos modos en busca de darle un poco de calor a sus entumecidos miembros. Afuera llovía torrencialmente, y aún casi veinte metros bajo tierra el agua se filtraba por las paredes, formando pequeños y molestos charcos.

Una semana había pasado escondida en ese lugar, y había aprendido a odiar esa cueva, pero no podía escapar; aún estaba débil, herida y era fácilmente rastreable. No podía irse sin ayuda, la cual parecía no llegaría nunca. Tal vez porque había fallado y Sasuke Uchiha la había ahuyentado; quizá su propia gente había puesto precio a su cabeza, todo era posible. Quizá esa estúpida y helada cueva era lo único que la mantenía a salvo de los amigos de Sasuke Uchiha.

—Tranquila —murmuró una cazadora Anbu de máscara azul, levantando las manos en señal de amistad tras haberse aparecido sigilosamente dentro de la cueva, alertándola —Soy yo.

—Ya era hora —susurró la joven en el suelo, volviendo a dejar caer la cabeza contra la fría piedra de la mohosa pared—Te estaba esperando. He pasado casi una semana en esa estúpida cueva...

—Lo sé. Te traje ropa nueva, equipo, medicinas y comida —anunció la recién llegada, arrojándole una mochila con todas las cosas —Vístete rápido y come. Debes regresar a Suna —anunció la mujer de máscara azul, entregándole un pergamino con el sello personal del Kazekage —Son las nuevas órdenes.

—Pero no puedo —la cazadora herida frunció el ceño, moviendo la cabeza para mover un mechón de cabello que le cubría los ojos —Senpai, esta es mi misión. Debo completarla.

—No. Si alguien descubre que fuiste tú no solo causarás un problema a nuestra aldea, sino que podría significar una guerra entre ambas naciones.

—Pero Sasuke Uchiha y la novia del Kazekage...

—Yo quitaré a Sasuke Uchiha del medio —anunció la ANBU de máscara azul —Lo intentaste y fallaste, Matsuri. Ya no puedes quedarte en Konoha o él podría reconocerte. Además, no estás en posición de refutar. Incumpliste una orden directa, pero agradece que Gaara-sama aún te aprecia. Ahora yo me haré cargo.

Matsuri dejó de revisar la mochilay frunció el ceño, escéptica.

—¿Vas a matarlo?

La mujer se cruzó de brazos con una sonrisa socarrona en los labios mientras mirada la pluma negra que sostenía con dos de sus dedos.

—Haré algo mucho mejor que eso, y esta boda se llevará a cabo. Eso te lo aseguro.

oOo

Continuará...

.

N del A:

Y un día, al fin regresé xD

Ya nos acercamos a la recta final de la historia. Tal ve capítulos más antes del gran final y eso será todo :D

Sin embargo, por ahora quiero pedir una disculpa por la tardanza, y agradecer a quienes a pesar de todo me siguen leyendo. Además, les reitero que no voy a dejar este ni ningún otro de mis fics.

No voy a prometer que será pronto, pero terminaré la historia, no se preocupen por eso.

Espero que les haya gustado el capítulo!

Hasta la próxima!

H.S.