Capítulo 12: El regreso

El coche se detuvo ante las rejas de la mansión. Yusaku y Yukiko bajaron a toda prisa del auto y fueron a ayudar a su hijo.

El detective casi no tenía fuerzas para mantenerse en pie, por lo que tuvieron que llevarle hasta su cuarto casi arrastrando.

Lo depositaron sobre su cama cuidadosamente. Las mujeres tuvieron que apartar la vista, no podían soportar la cara de dolor del chico. Yusaku las intentó consolar abrazándolas contra su pecho.

- Papá… - Dijo casi sin fuerzas. – Llévatelas de aquí. Por favor. – Esto último lo dijo susurrando.

El novelista hizo lo que le pidió su hijo y se las llevó, pero Ran se zafó del brazo del hombre y se sentó en la cama tomándole la mano a su amigo.

- Ran. – La llamó el escritor.

- Por favor. – Susurró el detective.

- No pienso alejarme de ti. – Dijo con decisión.

Los adultos les dejaron a solas en la habitación. La karateka no apartaba la vista de su amigo, aunque le doliese ver su cara de sufrimiento. Le acariciaba la mano suavemente, intentando transmitirle todo su apoyo.

Los gritos de dolor del chico inundaban la casa cada cierto tiempo. Los que estaban en el salón lo escuchaban y se sentían inútiles. - ¿Cuánto durará? – Preguntó Kazuha, pensando en lo que debían estar sufriendo el detective y su amiga.

- Está tardando más de la cuenta. – Contestó la científica con preocupación en la voz. – Si sigue así, podría morir.

Todos miraron con terror a la pequeña. - ¿Kudo lo sabía? – Preguntó Sonoko.

La niña asintió. – Maldito cabezota. – Le maldijo Heiji.

- Se lo advertimos Hattori, pero no pudimos detenerle. – Dijo Kaito. – Nos hubiera anestesiado como lo hace con Mouri.

- ¿No hay mucho silencio? – Preguntó Paula.

- Parece que ya ha terminado. – Supuso Sato.

- Kuroba… - Le llamó Takagi. - ¿Te importaría ir a mirar? Y de paso te cambias, me estás poniendo nervioso así disfrazado.

El ladrón no pudo hacer otra cosa que sonreír. Sonoko y Paula se fijaron bien y casi no se le cayeron las babas. - ¡Pero si está genial así vestido! – Exclamaron a la vez. - ¡Se parece al verdadero!

- Voy a cambiarme y a ver cómo va todo. – Y salió de la habitación con su capa blanca ondeando.

Genta y Mitsushiko se percataron de que faltaba alguien. - ¿Dónde está Ayumi?

El mago subía las escaleras. – Si hubieran estado aquí el pomposo y el inspector…

- ¿Eres tú verdad?

El chico se viró sorprendido y vio a una niña tras él. Intentó disimular. - ¿Quién crees que soy? – Preguntó con una sonrisa.

- No te preocupes, no se lo diré a nadie. Te reconocí porque una vez te posaste en mi balcón. Será mejor que vuelva con los demás.

La niña se fue, dejando al pobre Kaito sorprendido y con la palabra en la boca. Sonrió tristemente. – Parece que tengo mala suerte desde que conocí a Kudo.

En ese momento, la puerta principal fue golpeada repetidas veces. Los señores Kudo abrieron y el ladrón casi no se cayó de culo al ver quiénes estaban fuera. – Hablando del rey de Roma…

- ¿Dónde está el inspector Megure? – Preguntó el chico recién llegado.

- ¿Dónde está mi hija? – Preguntó desesperado su acompañante.

El ladrón salió por patas escaleras arriba. Si esos dos le veían así vestido era hombre muerto. - ¿No se suponía que estos dos estaban fuera del país? – Fue a la habitación del detective y tocó suavemente la puerta con los nudillos. - ¿Mouri? – Como no recibió respuesta decidió entrar. Vio a la chica con los ojos cristalinos agarrando la mano de un niño envuelto en ropa que le quedaba demasiado grande. La escena le enterneció. – Ran… - Se acercó a ella y le colocó la mano en el hombro.

- Parece en paz¿verdad? – Le dijo la chica.

- Sí.

- No sabía que se sufría tanto.

El ladrón decidió no contarle que eso no era normal para no preocuparla más. – Ni yo.

- ¿Por qué¿Por qué me dijo eso en la fiesta?

- Será mejor que te lo diga él cuando despierte. – Avanzó hacia la puerta.

- ¿Tú sabes algo? – Le miró.

El ladrón se detuvo. – No soy yo quien debe decírtelo. – Abrió la puerta. – Será mejor que me cambie. – Dijo más animado. – Hay gente abajo que no se siente cómodo con este disfraz.

Cerró la puerta y dejó a los dos jóvenes solos de nuevo.

La chica cerró los ojos y bajó la cabeza. Lágrimas fugitivas recorrieron sus mejillas, recordando cómo su amigo encogía ante sus ojos. Sintió algo cálido y suave recorrer la trayectoria de las lágrimas y abrió los ojos. Una pequeña mano estaba posada en sus mejillas. – No llores, por favor.

- Shinichi… - No pudo evitarlo y se abalanzó sobre él, abrazándolo. – Me alegro que estés bien.

- ¿No vas a darme una patada? – Dijo sorprendido y algo sonrojado.

- Ahora no tendría gracia. – Dijo siguiendo la gracia. Se incorporó y le miró. – Cuando estés mejor ya te usaré como saco de entrenamiento.

Los dos sonrieron. Él se incorporó y se quedó sentado. - ¿Desde cuándo lo sabes?

- ¿Por qué crees que lo sabía desde antes?

- Estabas demasiado tranquila cuando lo dijo el video.

La joven sonrió. – Me gustaría decirte que lo sabía desde el principio. Tu físico, tu forma de pensar y actuar… Todas las veces que me hiciste creer en lo contrario. Incluso cuando te asomaste la otra noche a mi cuarto, en mi subconsciente te veía como Shinichi. No lo quise creer. – Bajó la mirada triste. El detective se sentía culpable del sufrimiento de la chica. – Pero… Cuando te escuché cuando hablabas con Heiji en tu cuarto…

El niño giró la cabeza rápidamente para mirarla. Vio que estaba sonrojada. – Lo… ¿Lo escuchaste todo? – Ella afirmó y el niño bajó la cabeza sonrojado.

- Por eso no te dije que lo sabía. No quería preocuparte más.

- Ran, yo…

- ¿Por qué? – De nuevo las lágrimas asomaban de sus ojos azules. - ¿Por qué dijiste que no ibas a volver?

El detective miró por la ventana. – Creo que ya sabes que no existe cura.

- Sí, lo dijo Ai, pero…

- Shinichi Kudo no va a volver nunca, Ran. – El silencio se hizo en la habitación. – Quiero que sigas con tu vida. Y la única manera era que Conan desapareciese, porque siempre te recordaría a mí. Y quería despedirme como Shinichi para decirte que no me esperases.

- ¿Creías que podría seguir mi vida si desaparecías? – Preguntó sorprendida. – Estás muy equivocado. No podría vivir sin ti, porque…

- No lo digas, por favor. No lo hagas más difícil.

- ¿Por qué? – Gritó. - ¿Por qué no puedo decir la verdad¡Te quiero! Y cada día que pasa más. Aunque salieses de mi vida como Conan o Shinichi, moriría. Conan ha sido el único que me ha mantenido viva todos estos años desde que desapareciste. Todas las veces que te veía a ti en Conan, todas las veces que me decías que volverías.

El detective tenía la mirada baja. – Lo siento pero, Shinichi no va a volver. – Giró la cabeza hacia la ventana. – Shinichi Kudo ha muerto. Murió aquel día en Tropical Land cuando se fue por aquel callejón. Yo me llamo Conan Edogawa.

Ella le miraba sorprendida. - ¿Quieres que aparente que no eres Shinichi toda la vida?

- No. – Suspiró. – Cuando acabe con la Organización, abandonaré el país para no volver nunca.

- ¿Vas a huir? – El chico no respondió. – Si te marchas¿podrás seguir con esta vida¿Una mentira?

- Al menos lo intentaré, al igual que tú.

- Tú… ¿Me quieres?

El niño la miró a los ojos sorprendido con la pregunta. - ¿A qué viene eso ahora?

- Contéstame Shinichi. – Dijo mirándole a los ojos.

El chico volvió la cabeza. – No.

- Dímelo mirándome a los ojos. – El chico no se movió. – Shinichi…

El detective suspiró resignado y la miró a los ojos. Esos hechizantes ojos azules le miraban pidiendo la verdad. – Yo… no puedo.

- ¿Qué no puedes?

- No puedo seguir mintiéndote. Pero no podemos estar juntos, y lo sabes.

Ran cerró los ojos y viró la cabeza. Se levantó y salió de la habitación velozmente agarrándose el vestido.

Al pie de las escaleras se topó con Kaito, al parecer había tomado prestado ropa del detective. La detuvo agarrándola por los hombros. – Ran¿qué te pasa?

- Él tiene razón. – Dijo llorando sobre el pecho del mago.

- Tranquila. – Intentó consolarla abrazándola. – No te preocupes, ya verás que todo se solucionará.

- Nuestro destino nunca fue estar juntos.

- ¿Eso crees?

La chica lo miró sin entender. - ¿Qué sabes?

- ¿Yo? Nada. Será mejor que bajemos. – Empezaron a bajar las escaleras. – Están decidiendo qué hacer ahora.

- ¡Ese crío ha estado gorroneando en mi casa todo este tiempo! – Exclamó furioso Kogoro.

- ¡Gorroneando nada! – Dijo Yukiko levantándose del sillón. - ¡Le extendimos cheques por todos los gastos del niño¡Y encima le ha hecho el detective más famoso de Tokio mientras estaba con usted¡Le tiene que salir dinero hasta por las orejas¿Dónde está, eh?

- Se lo habrá pulido en apuestas y alcohol.

- Nadie te ha dado vela en este entierro, Eri. – Le recriminó su marido molesto.

- ¿Cómo que no¡A mi hija la están persiguiendo una banda de asesinos¡Tengo tanto derecho como tú de saber lo que realmente está pasando!

- Calmaos por favor. – Dijo Megure. – Ahora tenemos que decidir qué hacer con Shinichi. Ahora será el centro de atención de todo Japón.

- Quizás era eso lo que querían los criminales… - Dijo el detective inglés. – Al equivocarse de chica, querrían mantener a la policía ocupada con todo el revuelo y tener ocasión de capturar a la que en realidad quieren.

- ¡Pero cómo pudieron confundirla con mi hija! – Dijo encolerizado el inspector Nakamori.

- Me estoy haciendo la misma pregunta.

- Papá… Mamá…

Todos viraron la vista hacia la puerta y vieron a la chica con los ojos llorosos al lado de Kaito.

- Aoko… - Se asombraron Nakamori y Saguru.

La chica fue corriendo y pasó entre ellos para ir a abrazar a sus padres. – Tranquila hija…

- ¿Entiendes ahora por qué la confundieron pomposo?

- Kuroba… Ahora la recuerdo…

- ¡Tú¿Por qué no la protegiste? – El policía fue hacia él hecho una furia y le golpeó en la cara tirándole al suelo. Todos se sorprendieron por la acción y Ran fue corriendo a ayudarle. – Lo único que tenías que hacer era estar con ella. Y mírate aquí tan tranquilo.

El chico se llevó la mano al labio y notó que lo tenía partido. Se levantó con la ayuda de Ran y se encaró al hombre. - ¿Cree que no lo intenté¡Hubiera dado mi propia vida por ella¿Cree que estoy tan tranquilo¡Lo único que quiero es ir en su busca¡No paro de sentirme responsable!

- El único responsable soy yo. – Dijo la voz de un niño tras él.

- Hijo…

- Mocoso…

- ¡Papá¡Cierra la boca! – Dijo furiosa su hija mirándole de reojo.

- ¿Éste no es el crío con gafas que siempre estaba en las reuniones? – Preguntó Saguru mirando a Heiji.

- ¿Puede ver sin gafas? – Preguntó sorprendido Nakamori.

Todos miraron a los que preguntaron como si estuviesen locos. – Vamos a ver. – Dijo Ai. - ¿No estábamos hablando todo este tiempo sobre el tema? Ahora mismo tiene que estar en todos los programas de Japón.

- Pero pequeña. – Saguru se puso a su altura y le puso la mano en el hombro. – Acabamos de llegar a Japón, nos enteramos de lo de Aoko y vinimos directamente a donde estaba el inspector Megure. Sus ojos se cruzaron y tuvieron una extraña sensación. – "¿Quién es esta niña?" – Se sentía como atraído por ella.

- "¿Qué es esta sensación?" – Se preguntó la científica. Notaba que se le iba el aire y su corazón latía a más de mil por hora.

- Ni ella es pequeña, ni yo necesito gafas. – Dijo el pequeño detective decidido.

La castaña se separó del sorprendido detective y se puso al lado de su amigo. Se sentía extraña sin el contacto del inglés. Se intentó sobreponer. – Será mejor que nos presentemos como es debido.

- Mi nombre no es Conan Edogawa, ese nombre me lo inventé para esconder mi verdadera identidad, la cual la conocían muy pocas personas. Lo mismo ocurre con Haibara, nos la inventamos para que no nos encontrasen.

- ¿Entonces? – Preguntó Nakamori algo incrédulo, pero al ver que los demás prestaban toda la atención a lo que decían no dijo nada. - ¿Quiénes…?

- Mi verdadero nombre es Shinichi Kudo, dieciocho años, detective adolescente. Fui encogido hace dos años por una droga creada en una Organización de hombres vestidos de negro. Me fui a vivir a la agencia porque el señor Mouri es detective, y a lo mejor podía encontrar alguna pista sobre ellos. Quiero pedir disculpas por todas las mentiras que he dicho todo este tiempo.

- Yo no me llamo Ai Haibara. – La chica notó que el inglés la miraba detenidamente y se puso algo nerviosa. Nunca antes se había sentido así.

- Ai… - La animó Agasa. Ella prosiguió.

- Me llamo Shiho Miyano, dieciocho años. Era científica de la Organización, mi nombre en clave era Sherry. La traicioné porque ellos fueron los que mataron a mi hermana. Para poder abandonarla, me tomé la droga que yo misma creé y pude escapar. Hasta ahora, he estado buscando una cura para la situación de Kudo y mía.

- ¿Hasta ahora? – Inquirió Kogoro.

- No existe cura. – Contestó el anciano profesor. – No podrán volver a sus cuerpos.

Todos miraron a los dos niños que estaban en medio de la habitación entristecidos. Saguru se sentía decepcionado, pero no sabía el motivo, conocer que la niña se quedaría así para siempre.

- Esto es increíble. – Dijo Nakamori. - ¿En serio creen a estos niños?

- Le aseguro inspector, que es cierto. – Dijo Heiji cruzado de brazos.

- Y si no lo cree, podría tomarse la droga. – Dijo Kaito apoyado en la pared, cruzado de brazos y con los ojos cerrados con la cabeza agachada.

El inspector no dijo nada más. – Ahora en lo que hay que pensar es en lo que podemos hacer ahora. Estoy de acuerdo con Hakuba, todo esto se hizo para que yo fuese el centro de atención y poder secuestrar a Ran más fácilmente.

- Debo pedir. – Dijo Megure. – Que lo que se hable entre estas cuatro paredes quede entre nosotros. Según de lo que nos han informado Hattori, Kuroba y Miyano, no sabemos hasta dónde puede estar infiltrada la Organización.

Todos asintieron y se pusieron a pensar en algo.

- El único modo para que dejes de estar en el punto de mira de todo el país es desmentirlo todo. – Dijo el detective del oeste.

- ¿Pero cómo? – Preguntó Kazuha.

Después de un tiempo pensando, el novelista habló. – Podríamos aparecer Yukiko y yo en la televisión y negarlo todo, diciendo que nuestro hijo está fuera del país.

- No se lo creerán sin pruebas. – Dijo Takagi.

Entonces, el castaño miró a su adversario apoyado en la pared con la mano en el mentón pensando. A su lado vio un retrato del detective del este con la misma pose. Miró de nuevo al mago y sonrió. – Kuroba…

El aludido levantó la cabeza. - ¿Qué quieres ahora pomposo?

- ¿Qué tal se te da imitar voces?

- ¿Por qué me preguntas eso? – Inquirió temeroso.

El detective inglés avanzó hasta ponerse delante del retrato y miró al chico. - ¿Nunca te han dicho que te pareces mucho a Kudo?

Los presentes miraron hacia el mago, el cual tenía expresión de derrotado.

Al día siguiente, en la sala de conferencias del departamento general de policía, periodistas y cámaras de todas las cadenas del país estaban presentes.

En una sala aparte, el inspector Megure estaba terminándose de preparar, le acompañaban los señores Kudo, Hattori, Hakuba, Kuroba y Conan. - ¿Todo listo? – Todos los presentes asintieron. – Espero que salga bien.

- Fíese de él. Es un maestro del disfraz. – Dijo Saguru.

- Muy gracioso. – Dijo irónico el mago. - ¿Me dejáis un momento solo?

Abandonaron la habitación. Todos le desearon suerte cuando pasaron por su lado.

Cuando cerraron la puerta, se miró en el espejo triste. - ¿Sabes lo que tienes que decir?

Miró tras él desde el reflejo del espejo y vio al pequeño con los brazos cruzados apoyado en la pared. Sonrió y se acomodó la corbata. – No te preocupes. ¿Cuándo te he dejado en evidencia yo? – Se aclaró la garganta y habló como el detective. – Ahora no voy a empezar.

- Tengo una pregunta que me está rondando en la cabeza desde hace tiempo. Si sabías quién era en realidad¿por qué te disfrazaste de mi cuando la obra de Napoleón?

El ladrón se viró y le miró con una sonrisa pícara. – Quería vacilarte un poco. – El pequeño le miró con cara de pocos amigos y el ladrón se puso a su altura. – Una pena que no tenía una cámara a mano, deberías haberte visto la cara. – Y le dio con el dedo en la frente.

- Eres un cabrón muy gracioso, sí señor.

Tocaron a la puerta y abrieron. Apareció la cabeza de Takagi entre la puerta y el marco. – Kuroba¿estás listo?

- Sí.

- ¿Y tú Conan? Digo Kudo. – Puso una sonrisa nerviosa. – Lo siento, pero no me acostumbro.

- No importa detective Takagi. – Le intentó calmar sonriéndole. – Sí, estoy listo.

- ¿Vamos primito? – Dijo Kaito.

- Tú gozas con esto¿verdad? – Le miró de reojo.

- Es que si no me aburro. – Dijo sonriente.

- Vaya… - Alucinó el detective. – Si no supiese que es imposible, diría que eres el verdadero. – Dijo mirando al ladrón de arriba abajo.

Avanzaron por el pasillo y llegaron hasta una puerta. Takagi le dio la señal al mago y entró por la puerta.

En la sala, todos los periodistas empezaron a lanzar preguntas y sacar fotos al famoso detective.

Subió a una tarima y empezó a hablar por el micrófono. – Sé que tendréis muchas preguntas, pero intentaré responder a todas al final. – La sala se quedó en silencio. – Bien. Muchos se preguntarán el por qué de mi ausencia, y eso será lo que explicaré en esta reunión. - Se aclaró la garganta. - Hace dos años recibí una llamada de un empresario muy importante, al cual voy a mantener en el anonimato. Me pidió ayuda para resolver un crimen y yo, como buen detective que soy, no me podía negar. Cuando terminé, una serie de casos se me acumularon y me hacían quedarme en el extranjero. Pocas veces tuve un respiro para volver a Japón a ver a mis compañeros y amigos. Justamente, mi regreso coincidió con un baile de disfraces que organizaba el instituto al que asisto.

Un periodista le interrumpió. - ¿Qué hay del video que habla sobre usted y cuenta dónde ha estado realmente?

- La verdad, cuando proyectaron ese video en la pantalla del escenario, al principio me quedé muy sorprendido.

- ¿Entonces admite que lo que cuenta el video es cierto?

- Todo lo contrario. Me sorprendí de la imaginación de los creadores de ese montaje. – Dijo tranquilamente. - ¿Cómo pueden creer que alguien puede encoger? Es absurdo. La fuente de la eterna juventud es un mito.

- Pero testigos afirman que cuando terminó el video se fue corriendo de la fiesta con otros. Los cuales eran Sonoko Suzuki, Paula Santana, Makoto Kyogoku, el detective adolescente de Osaka Heiji Hattori y una amiga de éste, un chico disfrazado de Kaito Kid, cuatro niños de primaria, Ran Mouri, los detectives de la policía metropolitana Sato y Takagi y el inspector Megure.

El chico miró sorprendido al periodista. – Veo que ha hecho los deberes. Es cierto que me fui, pero solo fue porque estaba indispuesto.

- ¿Y por qué ese niño se le parece tanto?

- Eso es muy sencillo. Pues porque es un familiar muy lejano.

- ¿Puede demostrarlo?

- ¡Cómo no! – Miró hacia la puerta por donde salió. - ¿Puedes venir? No seas tímido. – Dijo con una sonrisa.

Por la puerta apareció un niño con gafas. Todas las cámaras le enfocaron. Se puso al lado del chico y miró a los de la sala. – Hola. Me llamo Conan Edogawa.

- ¿Cómo es posible que razones como un adulto?

- El hermanito Shinichi me enseñó. – Dijo con una sonrisa.

- ¿Qué te ha parecido el video que no ha parado de emitirse en todas las cadenas?

- No pude parar de reírme. ¿Yo el hermano Shinichi¡No puedo compararme con él! Pero cuando sea mayor quiero ser como él. – Dijo ilusionando.

- Si no hay más preguntas… - Dijo el inspector Megure. – Pues ya te puedes ir Kudo.

Cuando volvieron al pasillo, comenzaron a hablar. - ¿No pudiste parar de reírte? – Le miró de soslayo el mago.

- ¿Fuente de la eterna juventud? – Le miró de reojo.

- Se me ocurrió así de repente¿no te gustó?

El pequeño suspiró resignado. – Espero que se lo traguen.

En un despacho, había un hombre leyendo el periódico de la tarde sentado en un sillón tras su escritorio. Llevaba escrito frustración en la cara. Apretó un botón y la biblioteca que tenía detrás desapareció. En su lugar, apareció una celda con una chica de ojos azules y pelo alborotado.

- Parece ser que tu amigo ha actuado.

- ¿Qué quieres decir? – Preguntó la chica.

El hombre se giró y le tiró el periódico a la cautiva. – Lee el titular.

- Shinichi Kudo regresa, los rumores se desmienten. – Y vio al detective con el niño en la misma foto. - ¿Y qué? Kudo ha vuelto, protegerá a Ran y me salvará. – Dijo segura.

- El detective nunca abandonó el país. – Dijo el griego mirándose las uñas de las manos. – Y ese chico no es Shinichi Kudo¿no le reconoces? – Al ver la cara de la chica sonrió. – Shinichi Kudo tú lo conoces por Conan Edogawa. Mi Organización le hizo tragar una droga para matarlo, pero en vez de eso lo encogió. El chico que está con Kudo, es Kaito Kid. – La chica abrió los ojos como platos. – O bueno, tú lo conoces por otro nombre, Kaito Kuroba. – Dijo con una sonrisa malvada y cerró de nuevo la prisión dejando a la chica sorprendida. – No hay por qué desanimarse… Esto puede ser muy divertido…

CONTINUARÁ…