Aviso importante: Este capítulo contiene algunas escena editadas desde la última vez, tanto en la conversación con Salazar a la parte de Molly y lo cuando faltaba para el torneo. Gracias.


What is happening?

XIII

¿Alguien habló de "secretos"?

Harry resopló en frustración mientras observaba una estatua de cuerpo completo del viejo Salazar Slytherin, ubicada en la misteriosa Cámara de los Secretos.

Vamos, ¿qué otra cosa puede ser? Pensó para sí mismo. Tenía un presentimiento sobre ese pedazo de mármol en particular pero todas las palabras que había probado hasta ahora no habían funcionado.

¿Hay algo mal, cariño? Voz dulce de su novia flotó en su mente, desde su posición en la clase de Runas Antiguas. Casi podía ver el rubor en su rostro, producto de su intento por adoptar el uso de apelativos amorosos al igual que él.

Sonriendo, contestó: No, nada muy importante. Sigo intentando conseguir la clave correcta. ¿Qué podría hacer una estatua?

¿Deslizarse? Sugirió. Ya lo encontrarás.

Lo probó… sin resultado. Gracias, Mione, te avisaré cualquier cosa.

Media hora después seguía frente a frente, maldiciendo a la serpiente. Fue pura casualidad que lo hiciese en parcel y más aún que "deslizarse" y "serpiente" fuera la contraseña requerida. Con un sonido ruinoso la figura se corrió, revelando un hueco rectangular.

Dando gracias al santo-dios-mago de turno se acuclilló frente a la entrada y murmuró "escaleras" luego de pensarlo un momento. Escalones blancos se extendieron hacia abajo con precisión más no avanzó hasta haber controlado que no se hallaría con ninguna sorpresa maliciosa.

Creo que lo hallé, Mione, notificó a la bruja de primera generación.

¡Eso es genial! Sabía que podrías hacerlo, el orgullo en su timbre calentó su corazón. Ten cuidado, Harry, por favor, nadie sabe que podría haber allí.

Lo sé, tranquila. Prometo no hacer algo tan precipitado... echó un vistazo y esbozó una sonrisa… no tanto al menos.

¡Harry James Potter!

Voy a cuidarme, enserio, Mione, ya verifiqué que no hay nada peligroso aún. Luego añadió: voy a entrar y fijarme de qué se trata. Te avisaré cualquier cosa.

Juró haber escuchado un suspiro mental. Está bien…

Con una sonrisita se encaminó por las escaleras, atento a cualquier indicio de lo que fuese. Terminó en una sala amplia con un juego de tres puertas, cada una con una perilla en forma de serpiente. Decidiéndose por la primera se dirigió hasta ella, susurrando en parcel "ábrete para el heredero de Slytherin". Cuando ésta se abrió reveló una amplia habitación abarrotada de estantes con libros.

Se trataba de nada más y nada menos que la biblioteca personal de Salazar Slytherin al parecer.

La sorpresa no se acabó ahí ya que luego de un sonido de tela que lo alertó una pintura apareció frente a él, mostrando a un hombre de largo cabello negro y mirada pétrea que portaba un collar distintivo en su cuello.

Reconociéndolo rápidamente como el guardapelo de Slytherin, el cual era un Horrocrux, frunció el ceño y apuntó con su varita al retrato, no tendría ningún reparo en desterrar al objeto si se trataba de algo dañino. Él pensaba traer a Hermione allí.

— ¿Es ese el saludo para tu antepasado, mago? —el sujeto inquirió, su voz sedosa arrastrando con ligereza las palabras. Draco Malfoy podría bien aprender un par de trucos de él— En mis tiempos la educación era muy importante al encontrarte con un superior.

Harry bufó. Casi había olvidado el problema con la "cosa superioridad" que la familia serpiente parecía tener— Yo no veo ningún superior aquí, señor—replicó— y no soy familiar suyo.

Soltando una risa seca y fría, Salazar señaló— Si no tuvieras mi sangre en tus venas no podrías haber llegado hasta aquí. Mi Cámara sólo obedece a quien posea el don de parcel.

Con una sonrisa llena de mofa Harry repuso— Te equivocas. Que sea capaz de hablar parcel es por causa de una desafortunado accidente—su mano casi fue hacia su cicatriz, sin embargo un pensamiento asaltó su mente.

El pedazo de Voldemort en su frente ya había sido eliminado, su magia de familia se había encargado de ello. Entonces… ¿cómo aún podía utilizar el parcel siendo que la pieza responsable de su de que lo tenía ya no estaba?

¿Tal vez estoy emparentado con él? Sus cejas se alzaron ante la idea. Él debería de fijarse sobre ello.

— Vamos a dejar esta charla para otro momento—masculló, añadiendo luego— Tú no tienes ninguna clase de unión con Albus Dumbledore, ¿verdad?

Esta vez fue el turno del fallecido mago para alzar las cejas— ¿Por qué iba a tener algún negocio con el director? Sus errores causaron la deshonra de mi casa—sus labios se apretaron— dime, ¿qué hace un hablante de parcel en Gryffindor? —pronunció con obvio desdén la última palabra.

— Es una historia larga. Comenzando en que yo supuestamente no debería de haber tenido ese don… ¿Qué tal si hacemos un trato? Yo te contaré sobre mí mientras tú me digas a que te refieres con que Dumbledore es culpable de los idiotas de tu casa—propuso.

Pareciéndolo pensar durante un momento finalmente asintió— Está bien, comienzas tú, chico.

— Mi nombre es Harry…—miró a su alrededor— como te dije antes, es larga. ¿No hay un sillón aquí o algo por el estilo?

Después de acomodarse en una silla de mármol curiosamente confortable, él comenzó— Bueno, veraz, todo empezó con una mujer, Merope Gaunt, una descendiente tuya y su enamoramiento con un muggle rico de la zona…

Durante el tiempo que pasaba le contó sobre cómo había terminado esa historia de amor y como un niño mágico llamado Tom Riddle se las arregló para enmascarar su herencia, crear su ejército, realizar Horrocrux –añadió el destino de su propia reliquia- y sumir Gran Bretaña en el caos durante años… hasta que fue derrotado parcialmente por un bebe de un año, resultado de seguir una profecía y de las maquinaciones de un anciano de anteojos de media luna.

Harry nunca habría creído la cantidad de insultos que un retrato podría decir. Era… asombroso.

— Si pudiera quemar a mi hijo menor en la hoguera por su línea familiar…—refunfuñó, al parecer ya terminando con su diatriba.

¿No se les hacía antes eso a las brujas? Se preguntó, algo divertido por la pantalla del mago.

Aclarándose la garganta para atraer su atención declaró— No puedes llorar sobre leche derramada, Slytherin, así que, ¿por qué no mejor cumples con tu parte del trato? —pidió, mostrando abiertamente su expectación.

El hombre hizo una mueca pero cumplió su parte— El creador de mi retrato me configuró para poder estar al tanto de todo lo que sucedía en el castillo, es más, soy capaz de percibir cuando un heredero llega a Hogwarts. Yo ya conocía sobre Tom Riddle aunque mi conocimiento sobre él no es tan extenso como el tuyo—confesó con molestia—La primera vez que recibí una noticia sobre el mocoso fue cuando causó que la mascota de uno de sus compañeros envenenara a varios de ellos…—sacudió su cabeza— el director Dippet era un idiota que caminaba sobre nubes de algodón así que creí que Dumbledore podría ser adecuado para cerciorarse de que el camino del joven Riddle no acabase en la lamentable tradición de mi familia: la obsesión con las Artes Oscuras.

— Fui un ingenuo…—aceptó su error, sonriendo irónicamente— el "Gran Albus Dumbledore" confió en su propio juicio y rehuyó a mi consejo, dejando a Riddle convertir mi honorable casa en un nido de matones inútiles—apretó los dientes— Ahora mira como han acabado las cosas…

— Sé muy bien de que hablas, ¿sabes? Él mantiene a quien le dio la profecía a Tommy y causó la muerte de mis padres como maestro de Pociones, un bastardo de cajón que me odia por parecerme a mi padre.

— Hablas de Severus Snape. Él fue un buen Slytherin al comienzo, hasta que se reunió con los hijos de los llamados Mortífagos. Un gran desperdicio…

Harry se encogió de hombros— No sé mucho sobre él salvo que es un mal proyecto como mis tíos. Ellos odian la magia, o sea, a mí, y el director quiere enviarme a ellos de nuevo—se rió entre dientes— pero sus ideas ya no son de mi interés. Soy un Lord ahora—mostró su anillo— soy libre de ir a donde quiera. También le quité el título a Tommy como heredero de Slytherin—agregó, repentinamente— y encontré algo curioso en tu bóveda…

— Cualquiera que le haya enseñado una lección a ese mocoso es digno de obtener mi apellido—murmuró, complacido. Siguió con lo último dicho— ¿No será un listado con las ubicaciones de los escondites secretos de esa excusa de heredero mío?

Agrandando los ojos con sorpresa, Harry inquirió— ¿Cómo supiste…? —una duda más importante asaltó su mente— ¿Por qué tanto odio a Voldy? ¿No era tu deseo eliminar a todos los nacidos de muggles?

— Yo lo sé todo—contestó, casi con alegría— Y no. En ese tiempo los hijos de muggles no estaban correctamente educados para asistir a una escuela de magia. Creían que era cosa del diablo… mi discusión con Gryffindor fue por el suicidio de tres alumnos—suspiró— él era un cabeza gruesa, no entendía cuál era el verdadero problema que había.

Ya veo. — ¿Y el basilisco? —frunció el entrecejo.

— ¿Qué pasa con mi Susy? —inquirió— yo traje su huevo desde mi tierra natal. Habría sido cazada o terminado con miles de vidas humanas si la hubiese dejado allá. En mi Cámara estaba tranquila y no hacía daño a nadie…—suspiró con abatimiento— una lástima que la hayas matado.

— Era yo o él… ella—se corrigió al tiempo, intentando no reflexionar mucho sobre la decisión del nombre. Porque, enserio… ¿Susy? ¿Para un basilisco de dos metros de altura, boca llena de colmillos con veneno mortal?

Salazar no añadió nada más sobre el asunto, prefiriendo en cambio hacer su propia "investigación" — Ahora, ¿qué es lo que buscabas aquí? ¿Mi biblioteca, mi boticario, joyas?

— Sólo era curiosidad…—acomodándose los anteojos, indagó— Dime, ¿tienes algún libro de deudas mágicas o algo por el estilo?

Había cierta malicia en los ojos grises cuando contestó— Tengo libros sobre cualquier tema que puedas buscar.

Fue el comienzo de una bonita amistad entre un Gryffindor y el retrato de Salazar Slytherin.

HP. HP. HP. HP

Luego de su clase doble de Runas Antiguas, Hermione se dirigió hacia la Sala Común para dejar sus libros. Se sentía algo cansada y hambrienta, sin mencionar preocupada por su novio. Lo último que sabía era que había hallado la biblioteca oculta en la Cámara de los Secretos y que se encontraba charlando con el retrato del fundador dueño del sitio.

Esperaba que estuviese bien -y se acordase de traerle algún libro- más por el momento no había mucho que podía hacer por él. Ya sabría sobre su aventura al rato.

Al doblar en uno de los pasillos fue cogida por sorpresa por un cierto pelirrojo que no tenía muchas –ninguna- ganas de ver. Sin embargo, él no pareció haberla visto ya que en ese instante tenía algo más interesante que hacer… como ser prácticamente acechado por Lavander Brown.

Sin preocupación por la escena Hermione prosiguió con su camino sin notar los ojos marrones, femeninos que de haber podido hacer algo ya la habrían asesinado hace rato.

"Maldita perra sabelotodo". Ginny Weasley gruñó para sí, sintiendo una poderosa intención de asestarle una buena maldición. Pero aún no era el momento. La mayor venganza sería recuperar a su Harry y restregárselo en la cara por el resto de su vida mientras ella criaba a los niños de su hermano. Ya lo veras.

Escondida debajo de su túnica llevaba la carta para su madre con el pedido de los ingredientes. Había decidido hacer tres tipos de pociones: de amor, de lujuria y de desagrado.

Su plan sería el de alimentar con pequeñas porciones cada día a su príncipe así que cuando se diese cuenta de que la indicada para estar a su lado era ella ya no habría persona que pudiese separarlos.

También lo haría con la rata-de-biblioteca-Granger sólo que estaría dirigida hacia Ronald Weasley. Al final lo amaría tanto que incluso alabaría sus hábitos alimenticios.

Como plus, las pociones de desagrado harían que ninguno de los dos incluso soportase estar en la misma habitación. No le veía nada mal a esa parte ya que mientras ella estaría disfrutando de viajes extensos por playas paradisiacas y hoteles de cinco estrellas junto a su marido, la bruja más "inteligente" se vería forzada a permanecer en la Madriguera como criadora de sus ocho o nueve hijos.

Con pensamientos tan feliz se dirigió hacia la lechuzería. Estaba segura de que su progenitora estaría orgullosa.

HP. HP. HP. HP

— Antes de irme, tengo una duda—Harry habló al retrato colgado a un metro de distancia de él— Supuestamente Tom Riddle no podía amar por haber sido producto de Amortentia pero pensamos con mi novia que de ser así habría varios señores oscuros dando vuelta por ahí. Las brujas no tienen muchos reparos en utilizar pociones de amor, después de todo. ¿Entonces por qué terminó… así de mal?

— Fue un poco de genética y ambiente…—pensó su respuesta— sé que los Gaunt llevaban generaciones casándose entre hermanos para preservar su pureza—comentó con asco— por lo que no era el mejor proyecto desde el principio. Empeoró al crecer en un orfanato, siendo abusado desde muy pequeño… y aquí las cosas no mejoraron mucho. Slytherin era ya una casa intolerante antes de su llegada por lo que no fue un jardín de rosas para él…

— Ya veo…—reunió sus ideas— Yo podría haber sido como él—dijo después de un prolongado silencio— Mi infancia no fue justamente ideal, y en Hogwarts la mayoría o me ha querido matar, me detesta o quiere estar cerca por mi fama—resopló suavemente— la diferencia entre nosotros es que conocí y conozco el amor—la imagen de una castaña se le apareció, y luego la imagen de su padrino, junto con la de su nuevo amigo Neville— me pregunto si las cosas hubiesen sido diferentes si alguien le hubiese tendido la mano.

— Tal vez serían diferentes—el mago aceptó— pero nunca lo sabremos. Él ya está podrido, muchacho, no se gana nada profundizando en ello.

— Supongo que tienes razón—notó la hora— ya es tarde, será mejor que me vaya o Hermione se molestará conmigo—pensándolo un instante, preguntó— ¿te importa si me llevo un par de libros?

— Honestamente…—masculló— claro que no. Como heredero todo esto te corresponde, chico, puedes hacer lo que quieras.

Con una sonrisa brillante y un movimiento de su varita, varios tomos se vieron encogidos y guardados en su bolsillo— ¡Muy bien! Vendré a visitarme de nuevo pronto, Sal, seguramente Hermione querrá conocerte. Ella es la bruja más inteligente de nuestra generación… y un verdadero Slytherin cuando quiera—guiñándole uno de sus ojos verdes al retrato, oyó su despedida vaga antes de abandonar el sitio.

Fue puro instinto el que hizo que sacase el mapa del merodeador por si había muros en la costa tan solo para encontrarse con algo no precisamente bien esperado: caminando por los alrededores del baño que servía como entrada el punto de "Albus Dumbledore" se movía de un lado para el otro.

Harry bufó. Lo que me faltaba… No tendría más remedio que sentarse a esperar que el anciano se fuese. Bueno, al menos tengo algo para hacer mientras tanto, se sumergió en su lectura sobre deudas de honor mágicas. Algo sumamente esclarecedor.

Obviamente, no se olvidó de dar aviso a su novia.

HP. HP. HP. HP

Molly Weasley tenía un anhelo. Tal como toda buena madre ella quería lo mejor para sus hijos, y sabía bien que no habría mejor cosa para la niña de sus ojos que un anillo en su dedo y un acta de casamiento con el nombre de "Ginevra Potter".

El niño era amable, noble… e inmensamente rico, con la herencia y títulos nobiliarios que su apellido traía. Él sería el caballero ideal para su pequeña Ginny, incluso Dumbledore lo creía. Había un contrato de esponsales que lo probaba.

Después estaba su último hijo varón, Ron, el cual a pesar de ser un estratega brillante no poseía muchas cualidades. Sin embargo, él también tenía derecho a lo mejor, y la hija de muggles que los acompañaba parecía la opción indicada.

Ya casi podía ver las bodas. ¡Tanta emoción!

Aunque, claro, sus planes se habían agrietado un poco al ser notificada del hecho de que sus hijos-en-ley a ser estaban saliendo pero Molly prefirió no hacer un escándalo (por el momento). Su hija adorada era lo suficientemente inteligente para obtener lo que deseaba por lo que no había futuro más plausible que la ruptura de la pareja.

No tardaría mucho en hallar los ingredientes necesarios para las pociones que se necesitarían para hacer entrar en razón a Harry y Hermione así pronto su Ron dejaría de quejarse y su Ginny terminaría con el amor de su vida.

Molly amaba las historias felices.

Más si el final cumplían con sus términos.

Tal vez podría ayudar a mis pequeños amores... aún me queda algo de tarta, pensó distraídamente a sabiendas de que su Roninkis no aceptaría su palabra solamente.

HP. HP. HP. HP

A pesar de la reputación de flojos y sin gracia de los Hufflepuff, la mayoría era gente trabajadora, honesta y leal con los suyos. Sin olvidar inteligentes.

Cedric Diggory era una prueba de ello.

El atractivo capitán de Quidditch no tenía ninguna neurona fallada por lo que era descaradamente obvio para él varias cosas: Potter era extraño… y su novia, pronto a ser ex, Cho Chang no era lo quién había creído.

El rumor de que participaba en actividades como la intimidación hacia algunos más jóvenes de su casa había llegado hasta él pero no le había prestado mucha atención. En Hogwarts se escuchaba demasiadas cosas, la gran parte nada más que chismes.

Sin embargo, la prueba le había dado duro en la cara en la pequeña forma de Luna Lovegood, a quien había acompañado hasta la enfermería después de haber encontrado a su "dulce" novia burlándose despiadadamente de ella y ocasionando su caída desde la escalera.

No existían palabras para expresar la decepción y el asco que la chica representaba para él en ese momento.

Antes que nada, sus padres habían hecho de él un caballero por lo que no podía simplemente quedarse a juntar los pedazos rotos. Luego de asegurarse de que la niña estaba bien se dirigió hacia cierto maestro en particular.

Al encargado de Ravenclaw no le agradaría escuchar que la misma prefecta cometía acciones como esas.

Cedric suspiró, como si el estrés con la primera prueba del Torneo dentro de tres semanas no fuese suficiente.

HP. HP. HP. HP

Después de al menos cuarenta minutos de estar recostado contra la pared fría, Harry frunció el ceño al chequear el mapa y notar cierto nombre en el área de la enfermería. Que tonto había sido, olvidándose de esa persona. Se prometió visitarla muy pronto.

Cuando Dumbledore volvió a su oficina, Harry salió de allí arrastrando la capa de invisibilidad sobre él para evitar que los cuadros lo viesen. Sabía bien que le reportarían al director cualquier actividad suya por lo que lo mejor era evitarlos… antes de hechizarlos.

Llegó hasta un pasillo donde no veía a nadie cerca así que quitándosela siguió más tranquilo con su camino hasta terminar en su sala común, donde Hermione se encontraba.

Ambos sabían que dejarían la conversación más importante para otro momento por lo que él simplemente se dejó caer a su lado, cerrando los ojos y disfrutando del masaje en su cabello.

Amor, creo que es hora de encontrarnos con Luna, ¿qué te parece? Ella está muy sola y es constantemente molestada por sus propios compañeros. Ahora está en la enfermería…

¡Por supuesto que sí! ¿Qué estamos haciendo aquí aún, Harry? Hermione era ciertamente susceptible al tema de "matones" al igual que él. Habiendo escuchado el alma gentil que era la chica a la par de particular no tenía otra idea que hacerse su amiga.

Entonces vamos…

Reincorporándose, el libro que ella estaba leyendo se vio achicado y guardado en el bolsillo con los demás, ambos pronto en camino hacia la enfermería. Ojalá Madam Poppy no les hiciese problemas.

HP. HP. HP. HP

Fue un golpe nostálgico ver a la niña rubia vestida con sus típicos pendientes de rábano y extraños colgantes alrededor de su cuello, sin mencionar la varita casualmente apoyada detrás de su oreja derecha.

Él pensó un momento, sin saber cómo introducirse sin sonar muy lanzado o con segundas intenciones. Hermione dio con la clave para ello sin muchas vueltas— Hola, soy Hermione Granger y él es Harry Potter—los presentó como si no fuese ninguna clase de mago famoso o tuviesen su reputación— eres Luna Lovegood, ¿verdad? Ginevra me habló de ti…—sonrió.

Parpadeando los grandes azules, asintió lentamente antes de confesar— Los nargles me han hablado de ustedes un poco —luego añadió con tristeza— me temo que los walpurkes invadieron la mente de Ginny y por eso ya no quiere hablarme.

— Lo bueno es que ninguno de nosotros está infectado—Harry se interpuso antes de que su novia pudiese decir algo sobre las criaturas mencionadas— ¿te gustaría sentarte con nosotros en la cena?

— No hay ninguna regla que diga que no está permitido tomar asiento en la mesa de otra casa—agregó, Hermione, como apoyo.

Una sonrisa cruzó el rostro femenino— Me encantaría… —volviendo a su expresión risueña habitual, comentó— Los nargles tenían razón, son personas muy extrañas—sólo alguien muy raro podría querer estar cerca suyo.

Soltando una risa, él respondió— Me lo han dicho un par de veces, supongo que viene con la agenda de "Niño-que-Vivió" y eso.

Hermione resopló sin dejar de sonreír— No deberías de echar la culpa a tu fama, Harry, aceptándolo te sentirás mejor e incluso algún día quizás puedas superarlo.

— Na. ¿Para qué? —se burló— Cosas demasiado interesantes suceden siendo como soy.

Ella sacudió la cabeza, compartiendo una mirada de diversión con la otra chica un año menor— Honestamente… ¿qué puedo hacer contigo?

El rubor se extendió rápidamente al igual que la comprensión de su error cuando las cejas oscuras se levantaron y un brillo pícaro iluminó los ojos verdes. Yo podría tener un par de ideas, Mione, ronroneó en su mente.

— Al parecer los walpurkes han comenzado a invadir su mente también—la Ravenclaw rompió el silencio— tal vez debería hacer un poco de remedio…

Harry sonrió— Claro, ¿por qué no? No me gustaría que Hermione acabase como cierta Weasley.

Ante la expresión de la nombrada ninguno pudo resistir la risa por mucho tiempo. Pero cuando finalmente se calmaron, él trajo a colación un tema que esperaba dejar bien claro— Luna…—seriamente, miró— sé que los otros Ravenclaw te molestan diariamente y quiero que sepas que no toleraremos eso. Cualquier cosa que te digan o hagan no dudes en decírmelo…

— Tanto Harry como yo hemos sido intimidados antes, Luna—se acercó un poco más a la camilla donde la más pequeña estaba— ninguno tenía amigos antes de venir a Hogwarts, y tenlo por seguro que no dejaremos que nada les pase a los que tenemos ahora.

Parpadeando para borrar las lágrimas a distancia ella susurró— Los nargles no causaban muchos problemas al principio, a ellos solo les gusta robar calcetines. Pero luego…—se removió.

— Nada volverá a pasar—Harry decretó firmemente.

— Los amigos siempre se protegen entre sí—añadió la Gryffindor.

Lentamente pareció calentarse a sus palabras, y al final su charla siguió amenamente, compartiendo sonrisas con los dos de cuarto año.

Amigos. Los amigos son buenos…

Y ta-da. Hasta aquí llegué ;)

No sé, creo que no soy lo suficientemente buena con la personalidad de Luna ._. a veces me pasa con diferentes personajes, como que solo sé utilizar ciertos tipos de comportamientos con sus frases y eso mientras que con otros me trabo :/

En fin, ¿qué les pareció el progreso? Para mí, la más interesante fue la del encuentro con Salazar Slytherin, o al menos su retrato. ¿Y la suya? C:

Oh, por cierto. ¡Un gran abrazo de frambuesa para todas esas personitas que se coparon y me regalaron un maravilloso review! Muchas gracias, enserio, los adoro :')

Sin nada más que decir, ¡besos de arándano y besos de fresa!