"No importa quien seas, cuanto dinero poseas o cuan pobre seas, no estas exento de errores y mucho menos de experimentar uno de los mas fuertes enigmas naturales: El amor. Aférrate fuerte, porque la sacudida que se produce cuando este llega, destruye hasta a los mas fuertes y fortalece hasta a los mas desamparados, perdidos y débiles." Aixa-Gabii
El gran enigma.
-Pero yo tengo que regresar.- afirme molesto.
-Edward así son las cosas ahora. A menos que hayas tenido unas merecidas vacaciones, no puedes regresar. Son órdenes directas.- el Coronel Webber insistía en el hecho.
-Pero yo estoy bien. Estoy descansado, tranquilo, en mis cabales. Puedo regresar, debo regresar.
-Cullen, sabes que me haría muy feliz que regresaras. Eres uno de los mejores, además de que estoy algo complicado ahora que tu tropa ha estado desatendida, pero así son las cosas. Es mas estoy de acuerdo. La guerra no es un juego Edward, no te lo tomes a la ligera. No puedes ir allá con un arma, a enfrentarte en un combate cuando tu vida aquí es un desastre, eso es imposible. Todo lo que estas viviendo n te deja pensar con la cabeza fría y puedes cometer una locura.- me miro, dándome a entender que no iba a ceder.
-¿Qué van a hacer sin mi? Sabes que soy el mejor, he salvado muchas vidas ya, este ejercito aun existe gracias a mi.- nunca me había gustado presumir de este hecho, lo que había hecho en mi momento era porque era mi deber y un gusto. Para eso estuve entrenando desde que tengo uso de razón.
-Edward, que te retires para tomar unas vacaciones no te va a quitar nunca ese hecho. Siempre serás un capitulo largo y muy honrado en la historia de este ejercito, no importa cuanto tiempo pase. A parte debes confiar que no eres el único capaz de disparar un arma o empuñar un sable. Eres uno de los mejores, pero no el único. Recuerda tus lecciones, el ejército es un grupo de vidas que se preservan entre ellas. Trabajo en equipo.
-Es verdad. Pero es que no pueden pretender que esté cinco meses en mi casa viendo el techo. Yo soy un teniente capacitado. He estado en campo de batalla antes sin descanso. Estuve descansando en estos días, mientras buscaba a mi hermana.
-Por favor teniente, termine de entender la situación. Si no es capaz de recibir una orden de su superior, tendré que verme en la penosa obligación de destituirlo de su cargo. Se le retiraran las estrellas que porta y con ello su titulo, además de la tropa. Volverá a estar a mis servicios.- no podia permitir que, esto por lo que había trabajado tanto y que era el inicio de mi verdadero camino, se me fuera por el caño.
-Además, no tuviste luna de miel. Al mes de tu matrimonio ya te estábamos llamando. Aprovecha la oportunidad y disfruta con tu esposa, debes tener a la pobre muy olvidada con todo esto. La luna de miel es sin duda la mejor parte ¿Cierto muchachos?- le pregunto a algunos de los chicos que se encontraban en la recluta. Todos contestaron alegres un "si" y enfrascaron entre ellos a rememorar sus momentos más felices de matrimonio.
-Si, la mejor parte del matrimonio.
Salí de la recluta indignado. Tenia la esperanza de poder regresar con mi tropa al campo de batalla, de esa manera mantendría la mente ocupada y no tendría que verle la cara a mi pequeña pesadilla: Isabella.
La discusión de esta mañana no había sido de los mejores momentos de nuestro matrimonio.
Estaba consiente de que en parte era mi culpa, la había tratado mucho peor de lo que en realidad se merecía, pero simplemente no pude contenerme.
Las cosas con Alice no me mejoraban para absolutamente nada. Estaba cansado de pelear con ella para que regresara, hasta mi madre se había rendido ante la situación. Tratábamos de mantener lo más escondida la información, alegando que, se encontraba de viaje por Europa con unos familiares lejanos. No podíamos confesar que había huido de casa así como así, para irse a vivir con un hombre que no contaba con la bendición de mi padre ni con la bendición de la iglesia.
Las apariencias, mas de lo mismo. Para sobrevivir en esta macabra sociedad de siglo XIX había que saber llevar muy bien las apariencias. Más allá del oficio al que te dedicaras, debías ser un experto en dramatizar la vida perfecta. No podías permitir que nada de las situaciones fuera de lo común que te pasaran llegaran a los oídos de la muchedumbre. Ser parte de las esferas altas de esta sociedad y hasta parte de las más bajas, significaba que estabas dispuesto a seguir parámetros de conducta. Ser diferente e imperfecto no estaba permitido, y a pesar de que todos lo éramos, no podías darlo a conocer.
No podías dejarte llevar por lo que eras, una persona con defectos, sentimientos, ilusiones, esperanzas y porque no, hormonas, porque las cosas cambiaban. La sociedad no respetaba los pensamientos individualistas y el que intentara expresar que sus preceptos eran ilógicos esta en serios problemas.
Las palabras como bien dicen, no matan, pero destruyen. A lo largo de mi corta vida me había dado cuenta que una palabra, podía ser tan fuerte con un arma.
El miedo al escrutinio publico y al rechazo eran factores determinantes entre nosotros. La necesidad del ser humano por vivir en grupo y ser aceptado, se convertía en un arma contra nosotros mismos.
A veces, solo a veces, deseaba cambiar de época. Mejor dicho, tener el valor suficiente para vivir mi vida con errores y aciertos, sin ese miedo a ser juzgado.
En estos pocos años he conquistado un maravilloso respecto y admiración entre comunidad. Me había hecho adicto a ese júbilo que se respiraba en el aire cuando mi nombre sonaba. Dejar ver el fracaso de matrimonio que vivía, si es que era un matrimonio, puesto que no estaba consumado, seria lo peor para mi.
Todo ese respeto al que me había acostumbrado se iría por el caño. Dejarían de verme con un joven ejemplo de cómo se debe convivir. Los niños dejarían de llamarse Edward en mi honor.
Era una situación difícil, muy difícil.
En mis estudios para el ejército nos ensañan que, como el mismo, debemos mantenernos unidos. La única manera de sobrevivir a la guerra es manteniendo nuestro frente unido e impenetrable. Debíamos convivir entre todos a la perfección, con tal de mantener la relación sana.
Recuerdo con claridad las palabras exactas:
-Deben hacer lo que sea necesario para mantener la situación bajo control. No importa que se estén reventando, es importante mantener a los compañeros contentos, puesto que, como equipo que es este, cualquiera podría salvarles la vida. Todos son imprescindibles y les conviene en exceso mantener las relaciones en paz. No saben cuando su vida dependerá de se compañero al cual se niegan a mantener feliz.
Así mismo era con esta sociedad., debías hacer lo que fuera necesario para mantenerla satisfecha, y de esta manera preservar tu preciada vida social.
Entre a mi pequeño hogar y lo halle vacio.
Camine por toda la estancia, ni siquiera había señales de Isabel en la cocina, solo estaba Francisca, la asistente de cocina, bordando.
-Buenas tardes.- era cerca del mediodía, así que ya no valía dar los buenos días.
-Señor Edward.- se levanto para saludarme, como solían hacer los de servicio con sus jefes, excepto conmigo.
-Por favor Francisca, no me digas señor, me siento viejo. A parte no debes abandonar tus actividades pero recibirme, debes estar tranquila, soy igual a todos.
-Esta bien s…-la miré advirtiéndole sobre la palabra.- Edward.
-Mucho mejor.- le sonreí.- ¿Y mi familia?- indague.
-Su madre salió con la señorita Isabella y con doña Isabel al mercado. Su padre esta en el hospital y la señorita Rosalie esta afuera, en las caballerizas.- una pequeña risilla se escapo de entre los dientes de Francisca. Yo también sonríe.
A Rosalie nunca le gustaron los caballos, mas bien le gusta quien los cuidaba.
Esa niña solo estaba cerca de los caballos cuando salía en el carruaje. Nunca hizo siquiera el menor intento de aprender a montar un equino.
Que estuviera en las caballerizas solo indicaba una cosa: Emmet.
-Permiso.- ni siquiera me di chance de escuchar la respuesta de Francisca, salía por la puerta de la cocina al amplio jardín.
Las flores como siempre se mantenían impecables y cada día eran más.
A lo lejos divise mi árbol y le sonreí como un idiota. Me hacia falta darme un paseo por el.
A la distancia observe a Rosalie sobre un caballo de color beige que había encantado a mi madre desde la primera vez que lo vio, nombrándolo "Suspiro".
Emmet mientras, acaricia al animal con vehemencia y le sonreía Rosalie.
-¿Qué tal chicos?- salude. Rosalie se sorprendió hasta el punto de caer del caballo. Gracias al cielo que estaba cerca y logre sostenerla antes de que se estampara contra el suelo.
-Hola hermanito.- saludo antes de besar mi mejilla.
-Hola Rose.- le sonreí antes de terminar de bajar su cuerpo del animal. El enorme vestido se deslizo fuera del caballo con delicadeza. Llevaba su color favorito: Rosa.
-¿Cuándo te vas?- indago de repente.
-Hola Emmet.- lo salude antes de contestarle a Rose.
-¿Qué tal Edward?
-Bastante bien, no me puedo quejar.- le sonreí.- Pues, no me voy. Me vas a tener aquí por una larga temporada para fastidiarte.- le conteste a Rose. Me sonrió de inmediato y me abrazo como nunca solía hacerlo. Mi relación con ella era bastante seca. Fue una adolescente bastante problemática. Moría por estar en todos los bailes que se celebraban en la región y al rededor. Fue un reto para la familia mantenerla tranquila en casa. El que más sufrió las consecuencias fui yo, quien tuvo que pagar el precio de tener una hermana con gran poder de manipulación. Siempre que lograba convencer a mis padres, estos me enviaban con ella, para protegerla. Los bailes eran un verdadero suplicio.
Cuando comencé en la recluta se le acabo el truco a Rosalie. No podía ofrecerle a mis padres ir al baile acompañada por mi, puesto que pasaba meses fuera de casa en mis estudios.
-¿Y esto?- Rose aun no me soltaba.
-Te quiero hermanito, no sabes cuanto.- seguía impresionado. Sonreí y mire a Emmet esperando encontrar una respuesta a la actitud de mi hermana. Negó con la cabeza.
-Yo también Rose.- le conteste.
-Voy a dentro a contarle a Alice que no te iras, será muy feliz.- inmediatamente se me contrajo el corazón. Alice siempre era la más feliz en casa porque me quedara. Solía tomar pocos y cortos descansos, pero cualquiera que tomara era digno de celebración para mi hermana.- Lo siento.- se lamento al ver mi expresión consumida.
-No importa pequeña.- así solía decirle a Rose antes de que creciera y se volviera "despiadada" Le agite el cabello y la solté por completo.
-Iré a ver a Zhara y luego visitare a Alice. A puesto a que se regresara cuando se entere que no te iras.- me sonrió de nuevo y salió corriendo atravesando el jardín, para llegar a donde descansaba nuestro cochero.-Gracias por todo Emmet.- grito ya estando lejos.
-¿Por todo?- repetí como pregunta a Emmet.
-Por primera vez en su vida le entro la locura por los caballos. Es extraño pero es así.- me sonrió y se regreso para guardar a Suspiro.
Camine al interior de la casa con gran calma. Me deleite con la suave brisa de mediados de primavera.
Sonreí al ver a Francisca a través de las ventanas de la cocina saltar junto a Rosalie. No dudaba que estuvieran enfrascadas hablando de lo ocurrido con Emmet.
Me acerque a mi pequeño y torcido árbol.
Me senté como siempre a sus pies y cerré los ojos tratando de apaciguar la carga que llevaba conmigo.
Pensé en Alice. Me pregunte cuando dejaría de necesitar a esa niña para sobrevivir. Pensé en Isabella y me pregunte cuando lograría salir de esta encrucijada, cuando podría terminar con esto o mejor aun a donde nos llevaría esto.
Lo de esta mañana fue un detalle que sabia, ella no olvidaría. Por todos los medios debíamos intentar llevarnos bien, pero parecía imposible lograr semejante hecho.
Hice todo lo que estuvo a mi alcance por complacerla, pero parece que había terminado mal la situación.
La vida era mucho más complicada de lo que parecía ser. Cuando era pequeño todo parecía ser llevadero y frágil. La vida parecía ser la pequeña caricia de una pluma, cosquillaba y era suave.
Cuando crecí y me enfrente a mis propios retos y las cosas cambiaron. A diario por lo mismo que hago, me enfrento a la muerte y al egoísmo. Debe ver por mi vida solamente sin derecho a pensar en las familias que perdían un padre cada día en mis manos. Era triste pero no podía evitarlo, siempre debes pensar por instinto de sobrevivencia. Tu primero, tu segundo y por ultimo tú.
Vivir dejo de ser un suspiro y se transformo en un ahogo constante.
Recosté mi cabeza en el tronco firme del árbol y como hacia mucho que no lo hacia, llore. Lo hice en silencio y sin perder la calma. No me permití sollozar, solo liberar lágrimas.
Me volví masoquista por unos instantes, hurgando en las diferentes heridas que llevaba.
Isabella: un amor que se transformo en enfermedad y me esta destruyendo. Ella se había vuelto parte de mí sin quererlo y termino llevándose consigo lo mejor de mí.
Cuando veía a la gente sufrir por amor o lo leía en alguna novela romántica, me burlaba de los personajes. Pensaba que el amor no era fuente para generar tanto drama y mucho menos para llorar de la manera desesperada en que lo hacían.
Había leído tanto sobre este sentimiento, que me consideraba un experto. Me permití pensar que lo conocía en su totalidad y afirme que el amor no era tan complicado y doloroso.
Me equivoque como en muchas cosas en mi vida. El amor si era complicado, muy complicado. No bastaba con estar enamorado para ser feliz. No era como en los cuentos de hadas, amor y matrimonio, igual a felicidad. El camino era bastante largo.
El amor y el destino no siempre estaban de acuerdo. A veces el sentimiento conducía un camino y en otras ocasiones y destino era quien llevaba las riendas.
El amor si dolía. Nunca creí que el amor fuera fuente de zozobras y agonías, pero me equivoque. El amor si era doloroso, hasta un punto que se vuelve insostenible.
Las cosas en el amor no consistían solamente en sentirlo, había otras variantes, y no siempre el amor era correspondido.
El amor era un sentimiento demasiado fuerte y contradictorio. Representa esperanza para continuar, ilusiones. A su vez, esta ligado con dolor y desesperanzas.
Nunca mas me atrevería a burlarme del amor y afirmar que era simple, porque no, el amor no era fácil, era una de las cosas más confusas que alguna vez se podría experimentar. Tanto lo era, que sin importar cuanto lo leyeras o lo experimentaras, jamás lo entenderías en su totalidad. Era uno de los más grandes enigmas entre los divinos, sabios y mortales.
Ok, aqui comienza mi propia cadena (los de mi pais entienden muy bieen la situacion jiji) En fin, esta historia nunca la planee tan dramatica,pero como veran me he decidido sacar en esta, lo mas negro de la vida. En mi historia anteerior: Camina Conmigo Para Siempre, hay una gran dosis de "todo es poosible" pero en esta me he entregado al drama y las lecciones que traato de transmitir en mis escritos, espero les lleguen. Pues no se cuanto mas sufriremos, pero no pretendo hacer de esta historia algo que al fianl sea mas de lo mismo, no se si me entiende. Creo en la superacion de las dificultades pero tambien en los finales no tan afortunados, en fin, mis locuras. En este capi no pude meter a Isabella ni el pedacito que deje de adelanto en la pagina, puesto que el capi tenia camino hacia otra cosa pero aqui estamos.
Espero que les guste como va la historia y porfis dejen comentarios, y gracias por agregar a favoritos mi historias, no saben cuando lindo se ve que a alguien disfruta tanto como yo de este masoquismo.
Necesitaba dejar claro lo que anteriormente les escribi...Gracias por esperar y leer, por dejar comentarios y favoritos...Gracias tambien por un consejo que me dejaron por alli, que trate de tomarlo muy en cuenta a la hora de redactar y corregir...Se que mis primeros capis son un desastre de errores o horrores ortrograficos, pero tratare de mejorarlos (soy perfeccionista)...Gracias por todo!...
