¡Aquí llegué yo de nuevo! Aunque no creo que estén sorprendidos por esto.

Bien, hay personas que me han preguntado acerca de que era eso de la Tragedia de Kurama. ¿Adivinen qué? ¡Aquí van a saberlo! ¡Leed, leed antes de que sea demasiado tarde!

Este capitulo es sobre Naruto, pero se que al final querrán matarme. No los culpo, no los culpo, soy irresistible. Ademas ya los dejé en la curiosidad una semana, ¡así que espero que les guste este capitulo!

Los personajes le pertenecen a un tal... bueno, a algún japonés por ahí.

- ¡Oye, tú, japones! -grita Maria caminando por la calle en Japón.

- ¿Hai?

- ¡Gracias por crear Naruto! ¡Ahhh, te admiro! ¡Toma todo mi dinero!

-¿Uh? ¿Nanno hanashi?

-¡Ahhhhh, te amo, gracias por crear Naruto!

- Kono hito wa okashii... watashi ni hanarete kudasai.

- ¡No te vayas! ¡Aun no te he agradecido por hacer el NaruHina cannon! ¡Regresa!

¡Ah si! ¡Los personajes de Naruto le pertenecen a un tal Kishimoto Masashi! Así que disfruten de este fic donde sus personajes son mis marionetas.


.

.

.

La Lucha por Amor

.

.

.

Capitulo 12

Recuerdo Trágico

.

.

10 de Octubre, 17 años atrás…

-E-E-Es… hermoso… -dijo aquella pelirroja exhausta por el parto, sosteniendo a su pequeño recién nacido rubio en sus brazos. –Mira a tu hijo, Minato…

Aquel rubio se acercó a su mujer, viendo en sus brazos aquel pequeño bebé. No pudo evitar sonreír ante la maravilla que tenia frente a él. Era una pequeña criatura, con sus pequeñas manitas, su cabello rubio y aquellas tres curiosas marcas en sus mejillas. Con uno de sus dedos, toco una de las manitas de aquel bebe, el cual soltó un pequeño bostezo.

-Nuestro hijo es hermoso… Kushina… es nuestro pequeño Naruto…-dijo Minato, abrazando a su esposa y mirando a su hijo completamente conmovido.

-Si... es un verdadero milagro. Naruto… nuestro… hijo…

- Gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo…

- Minato… -murmuró ella, sonriendo feliz.

De repente, la pareja junto con la enfermera en aquella habitación escucharon ruidos por los pasillos de aquel hospital, las enfermeras empezaron a gritar asustadas y se oían muchos correteos por el pasillo además de golpes. Rápidamente, la puerta de aquella habitación fue tirada de una patada, y un hombre enmascarado de negro entró rápidamente, noqueando a la enfermera y dejándola en el piso.

Minato instintivamente se puso frente a su mujer e hijo, protegiéndolos. El hombre enmascarado miro a Minato, para luego decir:

-Señor, lo encontramos.

Un hombre con una máscara en forma de espiral su rostro entró a aquella habitación haciendo que mas enmascarados entraran a la habitación.

-Díganle a Madara que deje de buscar. –dijo aquel hombre con su siniestra voz. Dos de los enmascarados asintieron, y salieron de la habitación rápidamente.

Kushina se empezó a asustar, y Minato mantuvo su mirada fija en aquel hombre. Sabía quien era.

-Minato… ¿Qué está pasando-ttebane? –susurró Kushina, mirando a aquel hombre.

-No te preocupes Kushina, no dejaré que le hagan nada a ti ni a nuestro hijo. –le susurró él, sin perder su posición. Iba a proteger a su familia a toda costa.

Hubo un silencio por algunos segundos, mirándose desafiantemente unos a otros.

-Me costó trabajo encontrarte, Namikaze Minato. Ven con nosotros. –dijo aquel hombre.

-Uchiha Obito… habías estado mucho tiempo desaparecido.

-¡¿Qué?! ¡No se lo llevaran a ningún lado-ttebane! –reaccionó Kushina. -¡Sobre mi cadáver!

-Kushina… -murmuró Minato preocupado. A veces su mujer tenía una gran boca en los momentos menos apropiados.

-Bien, si eso es lo que quieres… -dijo Obito, y chasqueó sus dedos, haciendo que uno de sus hombres se dirigiera rápidamente hacia Kushina. Minato rápidamente lo interceptó, tirándolo a la pared de una patada.

-¡Déjenla a ella fuera de esto! –exclamó Minato, enojado.

-Vaya, eres muy arrogante para ser uno de los pocos Namikaze que quedan. –dijo Obito, y entonces notó aquel pequeño bulto en brazos de Kushina. –Tú y tu hijo vendrán conmigo.

-¡¿QUÉ?! –exclamaron Minato y Kushina.

- No creerás que dejare que hayan más Namikaze, ¿verdad?

-¡Ellos no tienen nada que ver contigo! ¡No me hagas obligarte a marcharte! –exclamó Minato, iracundo. -¿Qué quieren exactamente los Uchihas de nosotros?

-¿Entonces no piensas ceder? –dijo Obito, ignorando su última pregunta. –Le hemos dado la vuelta a casi toda Konoha solo para encontrarte.

-¿Qué…? ¡¿Qué le han hecho a Konoha?!

-Ah, no mucho. Solo le hemos dado lo que se merece a una ciudad como esta. Los Hyuuga, los Senju y los Namikaze ya nos han traído suficientes problemas. Pero tú y Hyuuga Hiashi han sido los peores dolores de cabeza.

-¿Hiashi…? Maldito… ¿Qué le has hecho?

-En este momento nuestros hombres deben estarlo persiguiendo. Al parecer su hermano gemelo está con él. Sin embargo podemos reconocer al verdadero perfectamente, aunque nos encargaremos también de su gemelo. Como sea, por ahora… si no quieres que le quite la vida a tu bebe ahora mismo, ambos vendrán con nosotros.

-¿Qué…?

-¡NARUTO! –gritó Kushina alarmada. En un momento de descuido, el pequeño bebe había sido arrebatado de los brazos de su esposa, y ahora se encontraban en los brazos de uno de esos hombres, quien se lo entregó a Obito.

-Vaya, que bonito bebe. Sería una lástima que lo matara aquí mismo. –dijo Obito, sacando un cuchillo y apuntándolo contra el bebe.

-¡Detente! ¡Iré contigo!

-¡No, Minato!

De repente se escucharon estruendos bruscos en el pasillo, además se oia como varios cuerpos caian al suelo.

-Hmmm… Uchihas, ¿uh? Nos encontraron. Será mejor llevarnos a este bebe ya.

Minato se extrañó ante eso. ¿Los Uchihas no estaban detrás de todo eso? Al parecer no. Por lo que parece él y Madara habían traicionado al clan Uchiha, sin embargo… aquellos hombres también usaban el estilo de pelea del clan Uchiha. ¿Podrian Madara y Obito habérselos enseñado?

El rubio se alarmó al ver que Obito empezaba a marcharse con su bebe en sus brazos. Y Minato salió corriendo tras él.

-Minato… no dejes que nada le pase a Naruto… por favor… -susurro Kushina antes de desmayarse. Aquellos hombres también tenían ordenes de llevarse a Kushina por estar relacionada con un Namikaze.

Por otro lado, Minato había logrado quitarle el bebe a Obito, y ahora huia de sus hombres.

Tenia que encontrar un lugar seguro para su hijo, y luego buscar a Kushina. Conocia a Obito desde hace algun tiempo y eran buenos amigos, hasta que Obito empezó a ser llenado por la avaricia, escuchó que los Namikaze poseían grandes sabidurías en sus pergaminos antiguos, además de secretos invaluables que fortalecían sus estilos de pelea.

Todo cambió cuando Obito intentó matar a Minato la primera vez.

Pero eso era otra historia. Tenía que proteger a su hijo, y tenía que encontrar a su mujer. Era todo lo que podía hacer.

.

-Bien, aquí estarás a salvo. –decía Minato, poniendo a Naruto en la cuna de aquel cuarto oscuro. Tuvo que correr las cortinas para evitar que los descubrieran. –Tienes que quedarte aquí, ¿de acuerdo? Debo ir por tu madre.

Durante su escape, Minato había logrado ver cómo Konoha había sido convertida en un caos por culpa de aquellos hombres. Por culpa de Obito, y por culpa de Madara. Se supone que hace algunos años habían desaparecido, y nadie sabia de ellos. ¿Por qué volvían a aparecer ahora? Todo era confuso y a la vez desesperante. El no saber si volvería a ver a su esposa, o si su bebé viviría, todo ese pánico lo atormentaba. Pero debía ser fuerte ahora, por su familia.

Debia ir a dar la cara. Despues de todo, él es Namikaze Minato.

.

Kushina escupió sangre de su boca al poco tiempo de ser atravesada con una espada en el abdomen. Se había resistido todo lo que pudo, pero al final esos hombres tuvieron más poder. Ella estaba débil, solo hace algún tiempo acababa de dar a luz a un hermoso bebe. Pero supongo que la vida es algo injusta.

-No… atraparán a… Minato… -balbuceó ella a aquel hombre de cabellera negra y larga que sostenía la espada que la atravesaba.

-Hmp. Eso ya lo veremos. –le dijo Madara, profundizando mas la espada.

-¡AH! –y escupió más sangre.

.

-¿Dónde está Kushina? –preguntó Minato a Obito, en medio de aquellas casas, incendiadas en llamas. Sólo podía rezar que las llamas no llegaran hasta la casa en la que estaba escondido Naruto. Debía protegerlo incluso si le costaba la vida.

-Ven conmigo y te lo diré.

-¿Me matarás?

Obito no respondió. Solo se quedaron allí, parados frente a frente mientras el viento ondeaba.

-Si no vendrás… te haré venir conmigo.

Y tras decir eso, ambos empezaron a pelear en una batalla a muerte, mientras el fuego también amenazaba con matarlos a ambos. Asi, la batalla entre Uchiha y Namikaze comenzó. Tal vez Obito habría venido por él antes, tal vez su vida, la de Kushina y la de su bebé estaría en peligro.

Por esa razón, dejo una carta al lado de Naruto. Solo esperaba que el bebe… pudiera vivir para ver el brillante sol del mañana.

.

Un mes después…

-Así que eso fue lo que pasó, ¿uh? –preguntó aquella mujer, sentada en uno de los sillones de su sala. En la mesita del centro, descansaban dos humeantes tazas de té. Konoha había logrado recuperarse poco a poco después de esa tragedia, a la que llamaron "Tragedia de Kurama". Muchas personas murieron, y encontraron el cuerpo de Madara. Al parecer, Hyuuga Hizashi había logrado llegar al rescate de Kushina, escapando del rastro de los hombres de ambos Uchihas. Sin embargo, cuando llegó…

-Su cuerpo ya no estaba. No sabemos nada de Kushina, creemos que alguno de los hombres de Madara se llevo su cadáver. Probablemente… con Minato paso algo parecido. –le dijo Jiraiya, con el pequeño Naruto en sus brazos. –Encontré una carta que Minato escribió antes de morir.

-¿Y qué dice?

-No quiere que Naruto tenga el apellido Namikaze. Prefiere que tenga el apellido de su madre, para no levantar sospechas. Y entiendo sus razones, la gente cree que Obito murió… pero si no fuera así…

La mujer suspiró.

-Podrían venir por él. –dijo aquella mujer, completando la frase del peliblanco.

-Así es. Aún puede que Obito esté vivo, sólo… es una posibilidad. Aunque se afirmó que él también murió. Además puede haber Uchihas resentidos por ahí. No puedo cuidar a Naruto ahora mismo, Tsunade me ha llamado de urgencia y parece que hay muchos muertos y heridos en el clan Senju. Debo ir a ayudarla. Además… también está mi investigación, y muchos otros asuntos…

-Entiendo… conozco a una amiga que tiene un orfanato. ¿Crees que pueda quedarse allí? Yo tendré que partir de Konoha pasado mañana, mis padres están preocupados en Suna.

Jiraiya asintió, tomando un sorbo de su té.

-No vayan a darlo en adopción por ningún motivo. Me aseguraré de volver por él.

La mujer asintió.

-¿Qué pasara con los Uchihas? ¿No serán juzgados por aquella masacre? –pregunto la mujer, bebiendo un poco de su té.

-No. Ellos estuvieron peleando en las calles contra aquel ejército de hombres. Los Hyuuga y los Senju también participaron, además de los demás pertenecientes al clan Uchiha y los pocos sobrevivientes del clan Namikaze, además de que Hyuuga Hizashi se encargó de quitar a Madara del camino. Konoha ha decidido perdonar a los Uchiha finalmente, aunque este mes estuvo lleno de controversias contra ellos. Muchos murieron, y muchos más resultaron heridos. Y todo por la codicia de un Uchiha.

-Yo no lo llamaría codicia, Jiraiya-sama. Es envidia. Sólo eso.

.

Cinco años después…

En el orfanato, por la noche…

-¡Oye, deja de llorar que no me dejas dormir! –le gritó un niño que dormía en la cama de al lado de la de Naruto.

-No molestes-ttebayo. –le dijo el pequeño rubio, sollozando.

-Siempre estás molestando a Nana-san y a nosotros. No tienes derecho a llorar.

-¡Cállate-ttebayo! ¡Tú no sabes nada! –le gritó Naruto llorando, y hundió su cabeza en la almohada.

"Papá… mamá… ¿Por qué no están conmigo…?"

El niño solo bufó molesto, y se dio la vuelta en su cama, cubriéndose con cobijas hasta la cabeza. Estaba cansado de oír a ese niño llorar en su cama casi todas las noches. Él no era el único en una mala situación, debía aprender a ser fuerte y a dejar de llorar como niñita.

Siempre estaba haciendo travesuras y molestando a los otros para llamar la atención. Sólo era un niño raro.

.


Tiempo actual…

Se había despertado llorando de nuevo. Hace algún tiempo no le pasaba, pero había tenido una pesadilla otra vez, acerca de los padres que nunca conoció. A sus padres muertos. Aún era oscuro, pudo visualizar en aquel reloj que eran cerca de las dos de la mañana. Se había acostado a la media noche haciendo deberes, ya que al día siguiente seria lunes de nuevo.

-Maldición. Y ya que había empezado a superarlo-ttebayo… -murmuró el rubio, pasándose el brazo por los ojos para retirar las lágrimas.

Intentaba no pensar en sus padres. Intentaba que la soledad no lo agobiara. Pero el resultado siempre era el mismo, cuando no había nadie además de él en aquel apartamento, el lugar era algo deprimente. Cuando volvía allí al salir del instituto, nunca se encontraba con una madre preparándole ramen, ni con un padre leyendo el periódico. Antes de que llegara Neko-chan, nadie lo saludaba al llegar a casa después de un día duro. Se sentía solo, no podía evitarlo. Y aunque se prometió a si mismo que sería fuerte para superarlo… le estaba constando trabajo.

¿Quienes fueron sus padres? ¿Fueron buenas o malas personas? ¿Alguna vez lo quisieron? ¿Cómo se llamaban? ¿Quienes eran? ¿De donde proviene él en realidad? ¿Por qué el destino había sido tan injusto de impedir que un niño creciera sin sus padres? ¿Por que el viejo pervertido nunca le decía nada?

Todo era muy frustrante.

Sintió un pequeño bulto moverse al lado de la cama. No podía ver nada con esa oscuridad, así que simplemente guió su mano hacia aquel lugar, para encontrarse con una pequeña bola de pelos que ronroneaba. Neko-chan se había subido a su cama otra vez. ¿Cuántas veces tenía que decirle a ese gato que no debía dormir en su cama? Sin embargo, en un momento como aquel, la compañía de Neko-chan le había caído como anillo al dedo. Acercó al gato hacia él, el cual se reburujó cerca de su amo, ronroneando. Naruto sonrió, a pesar de las lágrimas que amenazaban por salir otra vez.

Era casi como si Hinata lo estuviera cuidando desde lejos.

Al poco tiempo, con el gatito acurrucado contra él, pudo recuperar el sueño. Y esa vez, pudo dormir hasta el día siguiente.


Algo estaba mal con Naruto. Fue lo primero que Hinata pudo notar mientras los cuatro caminaban hacia el instituto. El rubio poseía unas ojeras bajo sus ojos, y su rostro se veía deprimido, apagado y sin vida. ¿Qué le había pasado? ¿Acaso no había dormido bien? Sakura hace rato le había dicho que Naruto se ponía así de vez en cuando, porque pensaba en sus padres, y que en esos momentos era mejor dejarlo solo. Era cierto… el chico era huérfano… ella al menos tenía a su padre y a su hermana, además de su tío y su primo. Pero él estaba solo… debía ser horrible. No quería ver al rubio triste, quería verlo feliz y sonriente, como lo había conocido. No podía dejarlo solo. Sasuke y Sakura caminaban al lado de Naruto, hablando entre ellos dos. Naruto solo parecía un muerto viviente, y Hinata lo miraba preocupada desde atrás. ¿Debería preguntarle que le sucede? ¡No, Hinata! ¡No es de tu incumbencia! No… si era de su incumbencia si afectaba tanto a su amigo. Debía hacer algo por él, verlo así le carcomía el alma.

-Na-Na-Nar…. –balbuceó ella. Naruto siguió como si nada.

¡Vamos! ¡Debía armarse de valor y preguntarle!

-¡Naruto-kun! –exclamó ella, con el rostro rojo y agarrándole el brazo. Naruto viró un poco el rostro para verla, y se detuvo. Sin embargo no dijo nada. -¿Q-Q-Qué te-te-te-te su-su….? –las palabras se desvanecieron en su boca.

Naruto solo continúo su camino, soltándose del agarre de la Hyuuga. Por un día quería ser egoísta y pensar sólo en cómo se sentía con él mismo. Tendría que disculparse con Hinata cuando volviera a la normalidad.

-Naruto-kun… -murmuró Hinata preocupada. Si tan solo no fuera tan tímida…

¡Estúpida timidez!

.

Al llegar al instituto, algunas personas la voltearon a ver. Pero nadie se acercó a saludarla ni a darle la bienvenida. Caminó por los pasillos tranquilamente, hasta que…

-¡Hinata!

Se dio la vuelta para ver de quien se trataba. Era Kakashi-sensei, quien se veía muy feliz de verla. El maestro se acercó hacia ella rápidamente, envolviéndola en un abrazo.

-¡¿E-Eh?!

-¡Al fin volviste! Me tenias muy preocupado. –le dijo el maestro, separándose para verla. –No puedo creer que hayas hecho una imprudencia como esa, tu primo y Naruto tuvieron mucha suerte de no ser expulsados.

-S-Sí… -murmuró Hinata, viendo a Naruto alejarse hacia el salón. Sasuke y Sakura lo seguían desde atrás, y Sakura le hacia una señal con la mano, sonriendo, a la que Hinata asintió. Entendió el mensaje. Ellos se adelantarían hasta el salón.

-Vaya, vaya… -escuchó a Kakashi decir, lo que hizo que devolviera su atención hacia él. Vio a su primo Neji acercarse a Kakashi. -¿Ya terminó tu suspensión, Neji?

El castaño asintió.

-Lamento todos los problemas que cause. Sobre todo los problemas que le causé a Hinata. –dijo él, mirándola. – Lo siento mucho.

Ella sonrió, y Kakashi-sensei se sorprendió ante eso. A lo mejor la vida de Hinata había cambiado favorablemente en los últimos días.

-No es nada, Neji-niisan. Pero ahora actuaremos como primos y como amigos, ¿verdad?

El castaño asintió, sonriente y convencido.

-¡Por supuesto! No volveré a dejarte abandonada, Hinata… como en aquella fiesta, o como cuando te deje por mis amigos…. De ahora en adelante, siempre estaré para cuando me necesites.

Hinata sonrió, convencida. Su primo cumpliría su palabra, estaba segura de eso.

Tras haber hablado un rato con su primo y con Kakashi, Hinata se dirigió al salón. Se paró en la puerta, algo temerosa, ¿tal vez alguien le diría algo? No, seguramente no. Y así fue. La gente se quedó mirándola, pero nadie se le acercó. Después de un rato, todos volvieron a voltear la mirada. Después de todo, no había dejado de ser completamente invisible. Vio a Naruto, quien mantenía su mirada sobre el pupitre y sus azules ojos oscurecidos. Según Sakura eso ya se había vuelto parte de la rutina, y ya era algo normal. Pero eso no podía ser normal, y menos podía dejar a Naruto así.

Se encaminó a su asiento, en aquel rincón de aquella ventana, mirando al rubio con preocupación. Por otro lado, un par de ojos violetas miraban a la Hyuuga, confundida.

.

Hora del almuerzo…

-¿Naruto-kun? –preguntó la Hyuuga confundida a las dos personas frente a ella. Sasuke y Sakura se encontraban frente a su pupitre, esperándola para salir. Pero Naruto no estaba con ellos, ¿A dónde había ido?

-Se fue. Es mejor dejarlo solo por ahora. –dijo Sakura, sonriendo compasivamente. –Mejor vamos a almorzar, Hinata.

-Pe-Pe-Pero…

-Déjalo. Al dobe le pasa eso de vez en cuando, y luego se recupera. Si te le acercas mucho él te dirá cosas de las que se arrepentirá después. Naruto es muy aventado. –le advirtió Sasuke. –Por ahora deberías alejarte de él, el dobe quiere estar solo.

-Es cierto, Hinata. La primera vez que pasó… terminó por gritarle a cualquiera que se le acercara. Con el tiempo, su temperamento empezó a controlarse, y por eso cuando se encuentra en ese estado decide no hablarle a nadie. Una vez, nos dijo… que cuando lo viéramos en ese estado, lo dejáramos solo.

-N-No puede ser… e-e-eso es…

-Así son las cosas. Naruto sabe lo que hace, no quiere lastimar los sentimientos de nadie. Por eso nos pidió algo como eso, y por eso no habla.

-Nosotros como sus amigos decidimos cumplir su voluntad, Hinata. –le dijo Sakura. –Espero que lo entiendas.

Hinata bajó la mirada. Naruto le recordaba un poco a ella en cierta forma, el rubio vivía con una soledad en su interior. Tomó su bento y siguió a Sakura y a Sasuke por los pasillos. No le gustaba verlo sufrir… así como a él tampoco le gustaba verla sufrir a ella. Sasuke y Sakura le hablaban mientras almorzaban en la cafetería, pero ella no podía prestar mucha atención, y se dedicaba a responder vagamente con una sonrisa. Sasuke y Sakura le insistieron acerca de Naruto, pero entonces se preguntó… ¿Era correcto dejarlo solo?

"A veces las personas necesitan tiempo para sí mismas". Le había dicho Sakura. Por alguna razón ese argumento no podía convencerla, quería curar la soledad en aquella alma herida. Así como él había luchado por rescatarla de su oscuridad.

Porque ella era Hyuuga Hinata. No debía rendirse, y menos por Naruto, quien le había mostrado que en el mundo existía la esperanza. Lo había decidido, iba a ir a buscar a Naruto. Terminó su bento antes, y lo tapó ya vacio.

Con la excusa de que iría al baño, logro escapar de los ojos de Sasuke y Sakura. Buscó en la cafetería disimuladamente, y no lo encontró. Fue por los pasillos, los jardines del instituto e incluso revisó en el salón, pero no lograba encontrarlo. Al llegar al tercer piso se topó con unas escaleras, que llevaban a la azotea. Subió aquellas escaleras, y se encontró con una puerta que conducía hacia la azotea. Abrió la puerta lenta y sigilosamente, revisando con sus aperlados ojos el perímetro. No era buena idea que Naruto la encontrara antes de que ella a él.

Se había convertido en un juego de escondidas.

Miró a su alrededor, y pudo divisar la figura de un rubio acostado de lado en el piso, dándole la espalda a ella. Vio como la respiración del joven subía y bajaba lentamente, pero al mismo tiempo sentía algo de perturbación en él.

-Pa…pá… -lo escuchó murmurar. ¿Estaba dormido?

Se acercó a él temerosamente, arrodillándose a su lado y viendo como dormía, con su ceño fruncido. Se veía tan… intranquilo. Las manos del chico empezaban a empuñarse, parecía que estaba teniendo una pesadilla.

No quería verlo así, aunque él insistiera en estar solo, eso no era bueno para nadie. Ella, quien no tuvo amigos durante más de diez años lo sabía mejor que nadie.

-¿Naruto-kun?-musitó ella. El rubio no la escuchó, seguía en su sueño de sufrimiento. Se supone que cuando las personas dormían debían verse tranquilas y apacibles. Pero Naruto no era ese caso. Quería hacer algo por él, hacer que su pesadilla se desvaneciera.

Le debía tanto a ese chico y a la vez quería protegerlo.

Era un sentimiento… extraño. Como si una calidez la invadiera.

Pasó temerosamente sus blanquecinos dedos por la cabellera dorada de aquel muchacho. Esperaba que Naruto no se despertara, solo quería calmar su dolor. A los cuantos segundos, sus dedos empezaron a dejar de temblar, y ella empezó a pasar su mano suavemente por la cabeza del rubio. Aunque no fuera mucho, esperaba al menos así aliviar su dolor. No sabía que más podría hacer alguien tan… invisible como ella. Se sorprendió al ver que las manos morenas del rubio se destensaban, y su ceño fruncido empezaba a desaparecer, adoptando así un gesto de tranquilidad.

Al parecer Naruto no había dormido muy bien la noche anterior… porque algo lo atormentaba. Y para ella no era necesario preguntar que era ese algo. Ahora solo una pregunta quedaba en su mente.

¿Cómo habían muerto los padres de Naruto?

.

Un rubio se despertaba de su sueño, bostezando sonoramente y sentándose. Vio a su alrededor, intentando ubicarse. Ah, es cierto… estaba en la azotea. Escuchó el timbre a lo lejos, al parecer había despertado justo a tiempo. Con solo pensar que tendría que soportar más horas de clase le dolía la cabeza. Vio a su alrededor, había sentido la presencia de alguien.

¿Sería su imaginación?

.

Hinata preocupada vio al rubio despertar de su sueño desde atrás de la puerta de la azotea. Esperaba que se sintiera mejor, pero al ver sus ojos aun se encontraban apagados y sin vida. Escuchó el timbre a lo lejos y salió corriendo de allí. Lo mejor era que Naruto no la viera.

Las clases transcurrieron normalmente, pero no pudo despegar sus aperlados ojos de la espalda de aquel rubio a dos filas de ella. Quería hacer algo por él, pero no se le ocurría qué. Después de todo, alguien como ella no tiene el poder para cambiar la vida de una persona.


Final de clases…

Hinata caminaba hacia la salida del instituto, junto con Sasuke y Sakura. Al parecer la pelirrosa le había preguntado a su amigo si quería volver a casa con ellos, a lo que el rubio había respondido que lo dejaran solo. Atravesaron la salida del instituto, y de repente Hinata soltó una exclamación.

-¡Ah!

-¿Qué pasa, Hinata? –le pregunto Sakura.

-Mi cuaderno…

-¿Tu cuaderno? ¿Qué pasa con él? –preguntó Sakura, mientras Sasuke la miraba.

-¡Lo olvidé en el salón! ¡Adelántense, iré por él!–exclamó ella, y salió corriendo con dirección al instituto.

-¡¿Eh?! ¡Hinata! Si que hace escándalo por un cuaderno, pero era de esperarse de alguien tan aplicada como ella…

Sasuke soltó un bufido, y retomo su camino con Sakura a su lado.

-¿Sasuke-kun?

-Es obvio que ella no olvidó ningún cuaderno. –dijo él caminando tranquilamente. -También es obvio por qué desapareció a la hora del almuerzo.

-¿No creerás que…? –Sasuke asintió ante la hipótesis de Sakura. -¡Pero Naruto va a…!

-Déjala. De todas maneras ella nunca ha visto a Naruto en esa situación.

-No creo que sea buena idea. Naruto puede terminar diciendo cosas que…

-Lo sé. Pero son amigos, ¿no? Ella deberá aprender la situación de Naruto, así como lo hicimos nosotros.

.

Hinata corrió por los pasillos, intentando llegar al salón. Estaba segura de que Naruto seguía ahí. Aunque alguien como ella no pudiera hacer mucho, aunque fuera tímida y a veces algo lenta y torpe, no debía ceder a no intentar ayudar a Naruto. Él la había ayudado a salir de su sufrimiento… ahora ella lo salvaría a él. Llegó al salón que buscaba, y abrió la puerta fuertemente, jadeando por el cansancio. El salón estaba vacío, a excepción de un rubio que aun se encontraba allí.

Pudo ver a Naruto aun sentado en su lugar, mirándola con sus apagados ojos azules. ¿Y dicen que eso le había ocurrido más de una vez? No estaba bien, simplemente no estaba bien.

Naruto por otro lado devolvió su mirada hacia el suelo. ¿Qué hacia Hinata ahí? No lo sabía, y ahora mismo la presencia de la chica le molestaba. ¿Qué no entendía que quería estar solo? Ella tiene una amorosa familia… no podría entender su dolor. No necesitaba la compasión de ella ni de nadie.

-Naruto-kun. –escuchó su vocecita llamarlo. Se sintió molesto. No. No debe descargarse contra ella… no con ella… pero se sentía molesto. Quería que la chica se fuera, y que lo dejara solo. -¿Te-Te encuentras bien?

-Vete. –le dijo él gélidamente. No era el momento para hablar con ella, sabía que la peliazul era demasiado bondadosa y piadosa. No necesitaba su lastima.

Hinata se acercó con pasos temerosos hacia él, pero se detuvo a mitad de camino. Vio que el rostro del rubio estaba compungido, como si estuviera muy molesto. No, no debía dejarse intimidar por él. Decidió que lo ayudaría y eso haría, porque ella era una Hyuuga, y los Hyuuga no se rinden, como se lo había enseñado su padre.

-¿Su…sucedió algo? –preguntó ella. Bravo Hinata, ¿no encontraste nada más inteligente que decir? El rubio no contestó, siguió mirando hacia su escritorio como si fuera lo más interesante del mundo. –Si-si-si tie-tienes algun pro-problema… yo-yo puedo ayudarte.

Naruto no respondió, solo empuñó sus manos sobre sus pantalones, intentando calmarse. Por cada palabra que salía de la ojiperla, solo se molestaba más. Ella no lo entendía. Nadie lo entendía. No necesitaba una lastima vacía, menos de ella.

-U-Ummm… tu me-me ayudaste mu-mucho y yo-

-No necesito que me devuelvas el favor. Ahora vete. –le dijo él sin mirarla. Hinata se extrañó, ¿devolverle el favor? No era así como ella lo veía. No lo hacía para pagarle lo que hizo por ella, simplemente quería ayudarlo en realidad. Pero Naruto parecía no entenderlo.

Algunas veces como ese día seguramente hubiera sido mejor que Hinata desapareciese.

-No-No-No voy a devolverte el favor… yo-yo solo…

-Vete, Hinata. –le insistió él. Sin embargo ella debía ser firme, no debía ceder ante Naruto.

-No-No-No me iré hasta que-que se-sepa que te-te sucede…

Naruto simplemente no pudo más. Se levanto de su puesto bruscamente, y empuñó sus manos con fuerza. Hinata retrocedió un par de pasos.

-A ti eso no te importa.

-Me-Me-Me importa po-porque tu eres-

-¡Ya basta! ¡TU NO ENTIENDES NADA! ¡TIENES UN PADRE, UNA HERMANA, FAMILIA… NO HE CONOCIDO A TU MADRE, ¡¿PERO DEBES SER FELIZ CON ELLA, NO?! ¡NO NECESITO TU COMPASION! ¡DEJAME SOLO!

Había mencionado a su madre. Gran error.

-¡¿QUÉ NO ME OISTE?! ¡VETE! ¡NO NECESITO QUE ME RESTRIEGUES TU FELICIDAD EN LA CARA! ¡SI HUBIERA SABIDO QUE ME IBAS A FASTIDIAR TANTO, NO ME HABRIA ACERCADO A TI NUNCA!

Naruto simplemente había explotado. Iba a hacerlo en algún momento, no soportaba la presencia de Hinata en aquel lugar. Le irritaba la presencia de la chica temblorosa frente a él. Hinata por otro lado estaba petrificada, y sintió algo romperse dentro de ella. Era muy doloroso.

-¡¿SABES QUE?! ¡JAMAS DEBI HABERTE DIRIGIDO LA PALABRA! ¡DEBERIAS ESTAR SOLA EN UN RINCON, ESO ES LO QUE TE MERECES!

Se sentía muy molesto y ahora todo explotaba en la cara de Hinata.

-Naruto-kun… -musitó Hinata, temblando un poco. Intentó acercarse a él, pero la mirada iracunda de Naruto la detenía- e-estás mintiendo… ¿verdad?

-¡LARGATE!

Hinata bajó la mirada, cubriendo sus ojos con su flequillo. Naruto respiraba agitadamente e irritado, ¡¿Por qué rayos no se iba?!

-Pero claro, -continuó Naruto, ahora no gritaba. Sin embargo su voz estaba llena de frialdad. Estaba dispuesto a decir cualquier cosa con tal de ahuyentar a Hinata, y en su cabeza había todo menos una cabeza fría. No tenía control sobre sus palabras. –Ahora vas a ser la auténtica niñita llorona, ¿Por qué no vas a que tu mama te limpie los mocos? Ya veo por qué nadie quiere estar contigo. Lárgate.

Los ojos aperlados de Hinata temblaban, y sus manos se empuñaron lentamente, hasta que se presionaron tanto como para hacer que sus nudillos se volvieran blancos. Naruto… él mismo que la había ayudado… su primer amigo…

Era igual a todos los demás.

Y no solo eso. Se había atrevido a hablar de su madre. No se lo permitiría.

-Naruto-kun… -dijo ella fríamente, ocultando sus ojos – Mi madre está muerta…

Naruto abrió los ojos, sorprendido. Eso no lo sabía.

-Mi familia no la menciona frente a mi porque saben que… que… -la chica suspiró. –Puedes hacerme lo que quieras… puedes lastimarme cuanto quieras o incluso pasar por encima de mi… pero deja a mi madre fuera de esto.

La chica negó con la cabeza, sin alzar la cabeza.

-No me rendiré. Definitivamente voy a ayudarte. Y después… me alejare de ti.

Y tras eso, Hinata salió caminando tranquilamente de allí, como si nada hubiera pasado. O eso fue lo que Naruto vio. Porque cuando salió del instituto… sus ojos aperlados se llenaron de lagrimas. Las palabras de Naruto le habían dolido, pero sobre todo porque provenían precisamente de él. Algunas gotas empezaron a rodar por sus mejillas mientras caminaba fuera del instituto.

Naruto había logrado que recordara a su madre en el momento de morir. Y no solo eso. Él se había arrepentido de ayudarla. Sin embargo con sus ojos empañados, hizo una promesa. Sin importar cuánto pudiera llegar a odiarla Naruto, o sin importar cuánto terminara lastimada… ella iba a salvar a Uzumaki Naruto. Iba a salvarlo aunque fuera lo ultimo que hiciera. Incluso si su corazón se destrozaba en el proceso, ayudaría a Naruto de cualquier manera.

Naruto por otro lado aun tenía sus ojos desmesuradamente abiertos.

No esperaba que Hinata lo enfrentara de esa forma.

.

.


Continuará...

Matadme :)

Chelsea: ¡Con gusto! *enciende la sierra eléctrica*

¡Tú no! ¡Eres macabra!

Chelsea: Mereces que te mate. Después de hacer que pasara eso en este capitulo... ¿acaso estás loca?

Oh Chelsea, se que no eres la única que ahora mismo quiere atravesarme con algún objeto corto-punzante. ¡Ajajajaja, pero no se preocupen, solo es el capitulo 12! Aun las cosas pueden mejorar.

Chelsea: No lo creo. Te estás convirtiendo en la reina del drama, quien sabe que harás después.

¡Oye! ¿Me estás diciendo que soy incapaz de hacer finales felices?

Chelsea: Al menos eres capaz de entender mis palabras.

¡Oye!

Quiero darles las gracias a todos los que han seguido este fic, también a los que han dejado reviews, favoritos o follows. También a todos los nuevos lectores que se molestaron en darle clic a esta historia y darle una oportunidad. ¡Todos los nuevos lectores, son bienvenidos! ¡Gracias también a aquellas personas que me dejan reviews a pesar de estar registrados! No muchos visitantes sin cuenta dejan review, ¡así que muchas gracias por su apoyo!

Este fic aun está lejos de terminar, a decir verdad le faltan bastantes capítulos. Solo espero que sean pacientes y recorran este camino conmigo...

Aunque a veces quieran matarme.

Chelsea: ¡Aquí llegó la sierra! *prende la sierra eléctrica de nuevo*

¡Baja eso!

Como verán hasta ahora he sido puntual en las actualizaciones. Espero seguir así, pero si algún día me paso espero que me perdonen. No pienso dejar este fic abandonado, es un proyecto grande y probablemente tenga una segunda parte pero mas adelante. Aún no lo sé. Estoy muy emocionada con este proyecto, así que tengan por seguro de que es casi imposible que lo abandone.

Lamentablemente tendré que dejarlos con la curiosidad del capitulo 13.

Chelsea: Te estás riendo por dentro.

¡Claro que no!

¡Buajajajajajajajajajajajajajaaaaaaaa!

Ok si :v :v Me declaro culpable. ¡Ámenme si quieren continuación! ¡Ámenmeeeeeeeeee!

¡Nos leemos en el próximo capitulo!

.

.

Soredewa Minna-san!

Matta ne!

.

.