Enfrentamiento.

I

Estaba bastante relajada ese día, leyendo un libro de misterio semi recostada en su cama individual rodeada de colchas y mantas multicolores, pues no tenía siquiera trabajo qué hacer u horas pendientes en el hospital; trataba de distraer su mente de su trabajo como enfermera, de sus estudios como Wicca, y, sobre todas las cosas, de Logan. Sería en corto las once de la noche, ya pensaría en dormir un poco más tarde cuando acabara el capítulo que leía.

-Toc, toc. -Saludó una muy sana y contenta Carol desde la parcialmente abierta puerta color ocre, ya con el pijama de dos piezas puesta, en un color guinda bastante inusual en ella. -Adivina adivinanza.

-¿Galán en curso? -Cuestionó Selina sin despegar los ojos oscuros de su lectura.

-¡No! No tengo mucho tiempo para galanes ahora, aunque… ese no es el punto. -Abrió la puerta y se dejó caer sentada en la cama de su amiga, finalmente distrayéndola. -Mira, ha llegado la invitación de Elena.

Observó lo que le extendía la pelirroja con la blanca y fina mano, de pronto prestando demasiada atención a sus uñas pulcramente pintadas en un rosa muy claro, planteándose la posibilidad de quizá hacerse algo parecido; era una típica invitación de boda con las plateadas letras estéticas formando el nombre de los novios sobre el grueso papel color beige, nacarado: Elena y Ramsés. Elena era una Wicca del pueblo, que vivía en la ciudad desde que comenzó a estudiar la carrera hasta ahora que trabajaba en algún estudio gráfico, y Carol la conocía, aunque no por el aspecto místico (era una de esas personas que son completamente ajenas a ese mundo al tener nula capacidad sensitiva), sino por el lado extremadamente social de ella. Tras abrirla de su envoltura de celofán transparente, se dio cuenta que la ceremonia sería en el pueblo, dándole a entender que sería una ceremonia blanca a pesar de que el tal Ramsés no era un Priest ni nada parecido.

-Será en Los Ángeles. -Susurró.

-¡Genial! Una fiesta típica, los eventos de tu familia siempre me han parecido maravillosos, con sus bailes místicos, sus cantos y alegría… qué gusto volver a verlo. -Se llevó las manos al pecho, complacida. -Creo que invitaré a un amigo para que nos acompañe.

-¿Quién? -Sintió una punzada en el pecho.

-No lo conoces, se llama Armand. Trabaja en la biblioteca Oriental durante el turno nocturno, hemos hecho muy buena amistad.

-¿Es en serio? ¿Vas a la biblioteca? ¿De noche?

-Bueno, tenía que hacer una investigación que ameritaba ir a la biblioteca.

-Vaya… ¿cuánto tienes de conocerlo?

-Un mes y medio, más o menos.

No supo qué decirle, no podía simplemente soltarle un "él es muy peligroso, es lo que conoces como vampiro", la tacharía de loca y reiría en su cara; no supo entonces qué contestarle, y antes de soltar cualquier tontería el zumbido de su teléfono celular la distrajo, debiendo revolotear entre sus colchas para tomar el aparato. La pantalla marcó el nombre "Logan", pegándoselo al pecho de manera nerviosa y bastante obvia para su amiga, que atinó a reírse por su precipitada reacción.

-Debo contestar. -Susurró, avergonzada. No quería que ella viera lo estúpida que se ponía cuando hablaba con él.

-Claro, no te preocupes. -Se levantó de la cama con bastante ánimo, andando hacia la puerta. -Espero poder conocerlo pronto, Lina. Buenas noches.

No quiso decirle nada, contestando el teléfono hasta el momento que ella salió de la habitación entre pequeños saltos.

-¿Hola?

-Uh… Lina. -Su voz se escuchaba grave, lenta. Ahogada. -Espero no haberte despertado.

-No, para nada. ¿Estás bien?

-No. A decir verdad… tengo una severa congestión alcohólica.

-Estás borracho. -Soltó, como si aquello pareciera una gracia infantil.

-No es porque… yo lo quiera. Necesito tu ayuda… no supe a quién más… marcar e ir a un hospital no… no era una opción.

-¿En dónde estás?

-Tirado en el sofá… en casa…

-Está bien. -Suspiró con levedad fingiendo molestia, pero en realidad estaba preocupada. -Ya me explicarás qué sucedió cuando llegue.

Colgó entonces. Se puso sin pensarlo demasiado su abrigo negro, se acomodó las botas, una boina color café oscuro, y tomó el maletín del trabajo pensando si de camino habría una farmacia, andando fuera de su habitación para así salir del departamento… topándose con la intrigada Carol en la sala, que también salía a plena media noche, en medias, el entallado vestido negro, tacones, la larga bufanda roja enrollada en su cuello estéticamente bajo el corto abrigo.

-¿Vas a salir a esta hora? -Corearon al mismo tiempo.

II

Tomaron el mismo taxi, puesto que el camino para ambas era demasiado similar. Lina no dejaba de ver su celular, esperando que aquél tonto intoxicado no hubiese perdido ya la consciencia, al mismo tiempo que todo el asunto con Carol la preocupaba de forma terrible. Seguía mirándose con Armand, al final de cuentas, y eso no le daba tan buena espina, peor, si quería invitarlo a Los Ángeles, ¿sabría él qué clase de lugar era ese?

-…Así que accedí, no podía decirle que no a algo como eso. Cada viernes en la noche hay una gala exclusiva a la media noche en el Teatro Estelar, tanto que es escasa la gente que puede entrar, solo va un grupo muy selecto… es decir, Armand es parte de eso, tenía una invitación tan bonita.

-Si, he escuchado al respecto, supongo que él es un VIP o algo parecido.

-¡Por supuesto! Me ha dicho que mandaría chofer, pero no quiero verme tan confiada… es decir, ¿qué clase de bibliotecario tiene chofer e invitaciones a eventos exclusivos?

-¿El dueño de la biblioteca?

-Dios, es cierto. -Se quedó en silencio unos momentos. -Este amigo tuyo… ¿lo invitarás a la boda?

-Si sobrevive, lo pensaré. -Lo evaluó, ya que él era quien había salvado a todas las Wiccas del pueblo.

-¿Lo pensarás? Se nota bastante que te preocupa, no sé por quién saldrías tan tarde… además de mí, claro.

-Es porque no se cuida asimismo, a diferencia de ti. -Resopló, un poco molesta. -Sabes bien que no me fio mucho de un hombre, y mucho menos uno de su calaña.

-Con su calaña te refieres a…

-Déjeme aquí. -Dijo, apuntando a una esquina conocida.

El taxi se detuvo en ese momento, y ella abrió la puerta dejando entrar el aire frío de la noche, queriendo huir de aquella conversación. Ya de pie se giró hacia ella, sonriendo levemente.

-Ten cuidado, Carol. No me da buena espina que salgas con esa persona.

-Tú también cuídate, Lina. Confía en mi tal como yo confío en ti.

Dio un resoplido, cerrando entonces la puerta del vehículo con poca fuerza. Tras despedir con la mano a su amiga mientras se alejaba, se dio media vuelta para observar el edificio de cinco pisos donde Logan vivía, demasiado impresionada de pronto por el lugar medianamente elegante preguntándose qué cantidad ganaría como para permitirse un lugar como ese; tomando valor tras unos segundos en el frío, optó por llamarle por teléfono mientras se paraba frente a la puerta transparente donde estaba un tablero con números de los departamentos, mostrando tras ésta las cromadas puertas del elevador.

-Hola. -Escuchó su voz cansada, casi como un susurro, poniéndola muy nerviosa de pronto.

-Solo te llamaba para saber si estabas consciente y abrirme la puerta.

-Lo estoy.

Hubo un zumbido en la puerta, indicándole que podía abrirla. Miró la puerta cromada del elevador, torciendo los labios, pues ese aparato infernal le desagradaba bastante.

III

-Au.

-Exageras.

-No hay a quién le agraden las inyecciones.

-Te sorprenderías.

Pegó cuidadosamente el adhesivo en el dorso de su mano, dejando firme el catéter donde había hecho la perforación momentos antes; había quitado un cuadro de la pared al lado de la amplia cama donde se encontraba Logan sentado, entre sábanas claras, llevando solamente luna camiseta interior sin mangas color negra, pantalón de vestir del mismo color, descalzo; tenía el rostro pálido de tanto vomitar momentos antes de que ella lo medicara y la boca ardida de tanto haberse cepillado los dientes tras las arcadas.

-Estarás mejor en un rato, tan pronto te rehidrates. -Dio un leve suspiro, algo soñolienta, sabiéndose de memoria el procedimiento que tanto hacía en el hospital. -Ahora puedes contarme lo que te pasó. ¿Tienes otro vicio a parte de…? -Se llevó los dedos a los labios, imitando el gesto de fumar.

-De hecho no, una cualidad Militante indeseable es la culpable de esto, de mi poca tolerancia al alcohol. -Se frotó el rostro con la mano libre, tratando de espabilarse. -Encontramos a nuestro guardián de Mainframe, dio información que… no comprendimos del todo. A final de cuentas hay que volver a la mansión Mainframe, asustar terriblemente a Antiguo para que hable y averiguar por qué está Karla con ellos.

-¿Qué? ¿Quién? ¿Piensas ir allá tú solo?

-No lo sé. -Se notó cansado. -Dudo que Raziel me deje ir solo después de lo que les hice hacer.

-Creo que es mejor descansar, mientras te recuperas. Ya habrá tiempo para seguir charlando de esto.

-Lina…

-Recuéstate.

Hizo lo que le pedía aunque su mente se empeñaba en hacer que todo su mundo diera vueltas por culpa del alcohol que parecía intensificarse al tener la cabeza apoyada sobre la blanda almohada; notó a la chica levantarse de la cama para revisar aquél contenedor lleno de solución salina transparente, y tuvo un punzar de temor que no pudo controlar.

-Quédate.

-Voy a quedarme hasta que sea hora de quitarte el catéter…

Se había vuelto a sentar sobre la cama, solamente para atrapar a la chica en un abrazo demasiado fuerte para una persona que, se suponía, estaba débil y deshidratada, provocando un pequeño grito de ella cuando la jaló para recostarla a su lado en la cama, abusando del límite de la manguerilla por donde pasaba aquella solución. Se acomodó parcialmente encima de ella, y antes que pudiera reclamarle algo la calló con un impetuoso beso, deseoso, sin importarle si ella podía percibir lo que tenía dentro de sí: celos, deseo y un misterioso desamor; las manos de la chica, empuñadas sobre sus hombros, se relajaron poco después y correspondió aquél gesto con su usual dulzura, tan opuesta a él.

-¡Logan! -Le recriminó cuando la dejó respirar.

-Te pensé toda la noche, tenia que abrazarte. -La ajustó contra él, demasiado invasivo de pronto, apoyando la cabeza en la almohada y contra su cabello oscuro, cerrando los ojos. -Esa Lican me provocaba… sensaciones que no debían… estar en mi…

-¿Lican? ¿De qué hablas?

Hubo un silencio calmo. Lina se quedó esperando durante unos momentos, solo escuchando su lenta respiración, notando que Logan se había quedado dormido finalmente… dejándola prisionera de sus brazos; se tuvo que quedar así cerca de veinte minutos hasta que fue hora de retirarle el catéter, el cual quitó si inmutarle el pesado sueño en el que estaba envuelto aun después de haber tenido que maniobrar para quitarse parcialmente su brazo y pierna de encima. Tras dudarlo durante unos tantos minutos, terminó volviendo a recostarse a su lado sobre la cama, de costado hacia él, sintiendo que, muy dentro de ella, tenía deseos de verlo también a pesar de haber estado evitando el hablar con él como si fuera una desesperada. Acabó quedándose dormida poco después.

IV

Timbre. Golpeteo incesante en la puerta.

Logan tomó asiento en la cama, sintiendo un vago dolor de cabeza, irritado con la clara luz del sol matutino que traspasaba las claras cortinas de los ventanales de su habitación; miró de manera automática hacia su izquierda, sobre la cama, esperando no encontrar esa compañía que últimamente aparecía tras una noche demasiado odiosa y agotadora. Allí estaba su enfermera favorita, para el alivio del cazador, durmiendo tranquilamente de costado hacia él. La cubrió de forma cuidadosa con una manta, y se levantó con debilidad para ir a abrir la puerta sin preocuparse demasiado por su aspecto, pensando que tal vez Raziel tenía ganas de joderlo por lo acontecido la noche anterior.

Espera, ¿lo había besado o solo fue un sueño?

-¡Estás vivo! -Gritó el muchacho parado en la entrada, de tez morena clara y ojos verdes, cubierto el rizado cabello oscuro con una gorra tejida color guinda. -Evelyn me contó ayer que estabas en el bar, ¡bebiendo! ¡Tú no puedes beber!

-Baja la voz. -Pidió, fastidiado.

-¿La resaca te duele, tarado? -Abel entró entonces al departamento antes de que Logan pudiese impedirlo. -Eres alérgico al alcohol, no entiendo cómo se te ocurrió. -Miró entonces hacia la puerta abierta de la recámara, y su humor cambió considerablemente. -¿Quién es ella?

-Es una enfermera amiga que ayer…

-¿Y duerme en tu cama?

La ruidosa discusión despertó finalmente a Lina, que se incorporó de golpe al notar que su paciente ya no se encontraba acostado en la cama; sin embargo, tras aclararse un poco más, se quedó estática durante unos momentos escuchando todo el borlote que ocurría en la sala, sintiendo el corazón latiendo con demasiada fuerza y rapidez en su pecho.

-La llamé anoche para que me ayudara… ¿Por qué tengo que darte explicaciones?

-Me preocupo por ti, Logan. Demasiado. Eres muy imprudente contigo mismo.

-Tú no entiendes lo que yo hago, Abel. Sé que estás aquí más por satisfacción propia que preocupación.

-¿Cómo?

-Anoche no estaba Evelyn, sino Laura cantando en el escenario.

-¿Qué es… lo que estás insinuando?

-No quiero siquiera figurarme qué fue lo que hiciste anoche. -Se escuchaba realmente irritado con aquello. No tenía idea de qué tanto había visto, si debía preocuparse ya que era, al final de cuentas, un humano normal.

-Si tan solo me dijeras lo que pasa por tu mente, si confiaras en mi…

-¿Para qué? ¿Satisfacerte? Debes comprender que no puedes monopolizar el espacio de los demás, creí que ya habíamos acabado ese tema.

-Aun no te necesito, no puedo…

-Logan. -Selina habló con voz fuerte desde la puerta, tal como cuando se encontraba con un paciente renuente. -Vuelve a la cama de inmediato, tengo que ponerte otra solución o empeorarás. Ahora.

Ambos se quedaron helados al ver a aquella chica con tan mal humor, algo despeinado su negro cabello lacio y con el rímel ligeramente corrido bajo los párpados, como si fuese una especie de espanto; Abel, tras corroborar que aquella mujer no era "una belleza" en su concepto (estaba un poco pasada de peso para empezar, además era bajita de estatura), frunció el ceño con evidente molestia, mientras Logan se veía genuinamente asustado con el aura que ella desprendía en ese momento. Denso como aceite de motor.

-Ya, ya voy. -Susurró, pero no se movió de su lugar ya que había sido sostenido del brazo con fuerza.

-Estamos en una discusión importante, no te entrometas. -Soltó Abel, de pronto sintiéndose amenazado con su presencia, aferrando el brazo del fotógrafo.

-Bueno, en ese caso tú te haces responsable si el imbécil pierde la consciencia. -La chica se giró hacia dentro de la habitación, inclinándose para tomar sus botas tiradas sobre el suelo alfombrado. -Allá ustedes si consideran más importante una absurda discusión que la salud, aunque si te descompensas, Logan, te la tienes bien merecida por imprudente,

-Lina, espera…

-Puedo hacerme cargo. -Abel comenzó a hablar, queriendo verse dominante ante ella. -No te necesitamos aquí.

-Entonces, si no me necesita, ¿por qué me llamó a plena media noche en vez de llamarte a ti? -Se ajustó las botas. -Digo, si tienes más conocimiento médico que yo él debería saberlo.

Para Logan todo se había tornado muy denso, y el comportamiento que Selina tenía en ese momento no era el usual en ella… estaba realmente molesta, y era su culpa. No tenía ni la más remota idea de qué hacer para resolverlo, era lo último que él quería.

-Y-yo me refería…

-¿A qué? ¿Crees que el poder del amor iba a solucionarle algo? -Caminó fuera de la habitación tomando el maletín que estaba sobre el sofá individual al lado de la puerta, colocándoselo en el hombro de forma cuidadosa. -Que quede en tu memoria el remordimiento en caso de que le suceda algo solo por tu egoísmo.

-Selina, no te vayas. -Le pidió Logan con mayor firmeza.

-¡Logan!

-Háblame cuando tengas más control en tus decisiones. -Caminó hacia la puerta de entrada, pasando entre ellos obligándolos a que se separaran. -Por cierto, hay un evento en Los Ángeles, una boda. Imagino que a ellas les dará gusto verte allá. -Dijo, haciendo énfasis en la palabra, mientras abría la puerta y salía por ella. -Te dejo con tu médico de cabecera, nos vemos.

Hubo voces cuando cerró la puerta, discusiones acaloradas que no quiso escuchar. Se apresuró entonces a entrar al solitario elevador cromado, incapaz de aguantar a Logan saliendo por ella o al sujeto que lo acompañaba; tan pronto se cerraron las puertas automáticas cuando estuvo dentro de éste, su llanto contenido salió de forma ruidosa, incontrolado, derrumbándose sobre el alfombrado suelo automático durante unos minutos.

V

Carol, amable como siempre, le pasó dos píldoras verdes y una pequeña botella con agua para que se las tomara; tuvo qué hacerlo para no levantar sospecha, tomándolas en un silencio demasiado denso. Había estado llorando durante las últimas tres noches, sin querer contestar sus múltiples e insistentes llamadas ni leer sus mensajes, sintiéndose una completa estúpida por creerse sus palabras… y había hecho creer a su amiga que tenía un terrible catarro, por eso la condición tan lamentable de su rostro.

-¿Crees que podrás bailar? -Dijo, tomando asiento al lado de ella.

-Elena insistió mucho. -Tomó un kleenex que tenía en el bolsillo de su chaqueta de mezclilla, mirando por el ventanal que tenía a un lado. -Lis y Val estarán allí también, accedieron a bailar, me sabe mal defraudarlas. Por cierto, ¿qué te dijo tu invitado?

El autobús donde se encontraban ambas acomodadas había comenzado a moverse suavemente al inicio, para así comenzar el camino en dirección a la siguiente capital pasando por varios pueblos pequeños, entre ellos Los Ángeles que era su destino. Lina estaba genuinamente interesada en esa situación, puesto que no sabía que clase de actitud tomaban los Sabios con respecto a las Wiccas.

-Dijo que llegaría cuando se desocupara de la biblioteca, que avisaría para no ir ese día ni el fin de semana, se escucha como el dueño de ésta realmente. Aunque, bueno, creo que no alcanzará la ceremonia del templo así que solo sería en la recepción. -Se llevó ambas manos al pecho, notándose muy emocionada. -Ha sido muy amable conmigo, ¿sabes? Y el hecho de que vaya a venir hasta acá para acompañarme me da tanta ilusión. Y tú, ¿invitaste a tu amigo?

Dio un suspiro, sintiendo un nudo en la garganta tras recordar todo el horrible incidente y lo mucho que lo había evitado esos días, pero le había extendido la invitación a la boda y probablemente lo vería allí. Tenía que enfrentarlo de igual forma. Tomó otro sorbo de agua para así poder hablar con más claridad.

-Le dije, sí, pero verás… hay algo que debes saber.

-¿Qué pasa?

-Es que probablemente lo conoces, trabaja en la misma planta que tú. -Torció los labios. -Comprenderás por qué me tomaba mi tiempo y lugar con él. Se llama Logan.

-Espera… ¿Dantes? ¿El fotógrafo? -Enrojeció de pronto al recordarlo. -Conoces a esa persona, ¿de aquí? Ahora todo tiene sentido. ¿Duermes con él, Lina?

-No, no me he dejado con él. -Se contuvo un poco, notando la cara que ella había puesto cuando lo mencionó. El "efecto Logan". -Es decir, tampoco es que yo sea una chica que pueda acosarse de esa manera. Hace días fui con él porque estaba intoxicado solamente a ayudarlo, la noche de tu gala.

-¿Te gusta?

-¿A quién no? Pero es un idiota.

-Lo es, dicen. -Sonrió, alzando un poco los hombros. -Pero sé que tú no. No dejes que te intimide, ¿de acuerdo?

-No me intimida.

VI

Llegaron a la casa familiar de Val, donde ya se encontraba la castaña Lis alistándose de lo más emocionada; entre saludos afectuosos (enérgicos en el caso de Carol), abrazos y risas de complicidad, procedieron a acabar de arreglarse para ir a la capilla que se encontraba en la plaza del pueblo, a escasas calles de donde ellas estaban. Carol, siempre flamante, llevaba un precioso vestido color guinda con encaje negro, strapless, que tenía una suave caída en la falda hasta sus rodillas, altísimas zapatillas doradas, el pelirrojo cabello cayendo en ondas suaves… contrastando completamente con el resto de chicas.

-¿Vino el Priest? -Cuestionó Val, llevando un traje blanco de pantalón justo y saco de botones, el rojo cabello recogido en una coleta alta y lacia, despejando su rostro maquillado de forma natural.

Delante, por la escasamente iluminada calle, iban Carol andando en tacones altos como si fuera algo cotidiano para ella así como Lis, usando un largo vestido floreado en azul y beige que le llegaba hasta los talones, la castaña melena suelta y lacia, hablando de banalidades femeninas en susurros discretos y risas agudas; frente a ellas ya se miraba el sencillo templo, iluminado y adornado con livianas telas blancas así como coloridas flores aun en sus macetas blancas, en donde la gente ya había gente elegantemente ataviada por fuera.

-Si, me pareció que todas creerían que era un gesto bonito. -Lina, en el mismo vestido negro que llevó a la oficina aquél día, alzó suavemente los hombros. Llevaba sobre los hombros un chal delicado tejido en color púrpura, y el cabello atado en una coleta baja por sobre su oído izquierdo, ondeado por la misma Carol para que quedaran rizos suaves hasta la altura de su escaso pecho. -Hay algo curioso que quiero consultarte, Val, una pregunta que me asaltó de pronto.

-¿Qué pasa?

-¿Qué sucedería si… un Sabio llegara al pueblo?

-Bueno, suena inusual, se supone que los Sabios sienten respeto por las Wiccas y por eso no entran en sus territorios. -Pensó un poco. -El pueblo se encuentra sobre un enorme sello capaz de romper toda invocación y evocación que ocurra dentro de éste, si es maligno u oscuro, una especie de protección para evitar problemas. Si un Sabio llega no podría siquiera alimentarse, pues ellos usan su sangre para sellar a sus benefactores.

-Sellos de sangre. -Hubo una punzada de certeza en su pecho. -Ahora entiendo.

-¿Qué cosa?

Llegaron al templo con el sol del atardecer enrojeciendo el cielo de manera maravillosa; en la entrada del templo, marcada por las blancas piedras que indicaban el camino desde la plaza, había ya gente bien vestida esperando la indicación para así entrar y tomar sus lugares, pero lo que le llamó más la atención era un grupo de siete u ocho mujeres de diversas edades, así como el sacerdote en su negra sotana, rodeando a un hombre que inmediatamente Lina "reconoció" como Logan: llevaba el rubio cabello oscuro peinado, camisa blanca, corbata guinda, un abrigo de lana negro y largo hasta las rodillas. Lo desconoció a primeras al verlo tan arreglado y pulcro, el rostro completamente despejado como si nada más lo aquejara, volviendo a sentir un nudo en la garganta y los ojos acuosos.

-Ya te contaré. -Susurró levemente.

Notó entonces la azulada mirada de Logan, y ella se apresuró a entrar con Carol al templo, casi empujándola, puesto que Lis y Val también se habían acercado a él para saludarlo.

-Lina, no sabía que ese tonto era tan reconocido aquí. -Susurró su amiga, sosteniéndola del brazo.

-Aquí lo conocí.

Pasó la ceremonia, tranquila y bastante tradicional, entre aplausos alegres y arroz en la salida para desearles a los novios abundancia; Lina se había sentido segura rodeada de gente dentro del templo, meditando de pronto para comunicarse con los espíritus que le susurraban respuestas diversas a las preguntas correctas que ella misma les había formulado, gracias a los mismos conocimientos que Val tenía. Antes de formular otro pensamiento, saliendo del templo la tomaron del brazo, una mano enguantada en negro, casi arrastrándola hacia un lado del templo lejos de los demás asistentes.

-¡Basta! ¡Me tiras al suelo! -Se quejó de muy mal humor.

La dejó de espaldas contra la pared, cerrándole el paso y evitando que pudiese escapar; levantó la mirada, enojada, pero acabó doblegada ante su extraña e imponente presencia, los ojos azul oscuro posados en ella con una firmeza casi aterradora. Su cercanía no era hostil, sino todo lo contrario… y eso era lo que la hacía sentirse vulnerable ante él.

-¿Cuánto tiempo más vas a estar evitándome?

-No tenía ganas de verte. -Susurró. -La invitación fue un favor para los novios…

-¿Sientes que te traicioné?

-¿Por qué habría de? -Lo empujó de pronto por los hombros. -¿Por qué me decías cosas bonitas al igual que a otros? ¿Por qué te confesé mis temores y tú seguiste adelante provocando que ocurrieran? -Lo volvió a empujar con algo más de violencia, haciendo que retirara las manos de la pared. -Claro que me siento traicionada, siento que me engañaste tal como ellos lo hicieron, riéndose en mi cara, lo único que evita que te insulte es tu maldita sangre Militante, que entiendo un tanto tu carácter y tu deseo por querer que todo esté bien, pero ¿sabes? Jamás todo estará bien, siempre habrá algo que esté desbalanceado…

-Lina, lo siento.

-¿Crees que resuelves algo con eso?

-¿Me dejarás defenderme al menos?

Cruzó los brazos por sobre el pecho, dejando que el chal resbalara un poco por sus hombros, esperando a que hablara, aunque no sabía si tendría la capacidad suficiente para escucharlo o siquiera procesar sus palabras debido a su furia.

-¿Sabes por qué te dije que me gustabas, Lina? No porque le prestara demasiada atención a tu físico o cualquier otra tontería que se te cruce por la cabeza. -Resopló, como si lo meditara de pronto. -Eres la única persona que es capaz de mirarme de frente y hablarme con honestidad, no te deslumbras por mi… "cualidad Militante". Además, eres capaz de hacer algo que yo anhelo desde que tengo uso de conciencia, sanar, sanar verdaderamente a una persona, médica y anímicamente, y lo haces aun llevando contigo esa dichosa oscuridad a la que todo el mundo teme. -Se notó algo más relajado en ese momento, y se atrevió a llevar la mano hacia el mentón de la chica, tomándolo suavemente. Ella no hizo por apartarse o dejar de mirarlo con la misma firmeza. -No tienes idea de la cantidad de errores que he cometido siendo un humano, incapaz de poder diferenciar entre una pasión banal a una verdadera necesidad. No voy a remediar tu enojo en este instante, lo entiendo perfectamente, pero quiero pedirte una oportunidad para que me dejes aprender de ti lo que yo carezco, aunque sea de lejos sin poder tocarte.

-Logan, no…

-¿Te está fastidiando, Lina? -Se escuchó la voz de Carol.

La pelirroja ya caminaba hacia ellos, haciendo una mueca que quería ser de disgusto, puesto que el sentido de protección hacia su amiga predominaba sobre ese "deslumbramiento" tan notorio de Logan; tuvo que apartarse de la enfermera muy en contra de su propio deseo, guardando ambas manos en los bolsillos de su abrigo mientras se incorporaba sutilmente.

-No, se estaba disculpando. -Habló Lina con firmeza, tratando de hacer sentir a Carol menos defensiva.

-¿Qué es lo que le has hecho, Dantes?

-Yo, nada que no tenga solución. -Sonrió con gallardía, alzando los hombros.

-¿Qué diablos quiere decir eso?

-Que es muy fácil mandarlo al diablo, de hecho. -Lina comenzó a caminar para alejarse de ambos, sin importar si se miraba rara al caminar por culpa de las zapatillas. -Se hace tarde, me iré yendo.

-Selina. -Intentó seguirla, pero se topó con Carol cerrándole el paso. -Hola.

-Habla.

Torció los labios un poco, pensando si realmente valdría la pena hablar con ella.

-¿Qué quieres que te diga, Ríos?

-Sé quien eres y la fama que te cargas, Dantes. Selina ha pasado por traumas causados por imbéciles como tú, le generaron un poco justificado bajo autoestima.

-Lo sé. Entiendo por qué me rechaza de esa manera.

-¿Eh? -Se vio contrariada con su respuesta. -¿Te rechaza, dices?

-Tengo un poco de tiempo conociéndola, el hecho de que tanta gente se me acerque no quiere decir que me meta con todos ellos, ella ve en mi lo mismo que tú. Aun con ello quiero acercarme a ella, no es como todos aquellos que me rodean, es demasiado… buena, y demasiado hermética.

-Entonces dices que vas en serio. Mira, ella…

-Es decisión de ella a final de cuentas, pero te propongo algo. Si Selina llega herida contigo por mi culpa, tienes toda la autoridad para golpearme, en la misma oficina si gustas.

Comenzó a caminar entonces, siendo seguido poco después por la confundida (y deslumbrada) pelirroja.

VII

El lugar de la recepción era al aire libre, en la parte trasera de la casa más grande del pueblo, la cual normalmente servía como una especie de hostal u hotel para los pocos visitantes que venían, pertenecía al "alcalde" y él se había puesto gustoso a adornarlo para la ocasión; aquel enorme patio cubierto en una especie de media luna por la enorme casa tenía varias carpas blancas, cuatro, cuyas mesas formaban un perímetro alrededor dejando libre el centro para los eventos que irían a suceder durante la noche. Fuera de esa peculiaridad, el resto del lugar estaba adornado como una boda normal, con flores blancas en sus respectivas macetas y listones aperlados ondeando con la brisa nocturna. La gente pronto comenzó a ocupar los lugares entre saludos alegres, otros tantos conversando entre los jardines esplendorosos que estaban en la misma casa, unos cuantos observando la hermosa fuente de piedra negra que había justo en el centro de aquella curiosa media luna… incluyendo a Lina y a Carol, siendo seguidas por Logan a prudente distancia llevando un cigarrillo encendido entre los dedos.

-¡Armand! -Carol se emocionó al ver al Sabio acercarse entre la demás gente.

Lina observó entonces a Maestro, usando un saco de pana en un curioso color guinda muy oscuro, pantalón negro y bufanda gris oscuro, saludando con amabilidad a su amiga la cual se había acercado a él con una prisa asombrosa para los tacones que llevaba; también notó que varias Wiccas lo habían mirado, como si supieran de inmediato su verdadera naturaleza. Sabiendo que ellas estaban más capacitadas para contenerlo (además hablando del dichoso sello), decidió ser buena anfitriona con su invitado (ella lo había invitado a final de cuentas), girándose para andar con cautela entre el césped para acercarse a Logan no sin cierta incomodidad tras lo ocurrido. ¿Cómo se suponía que debía sentirse por lo que le había dicho? Pronto sus ojos azules cayeron en ella mientras dejaba escapar el humo del cigarrillo en la humedad de la noche a través de los labios… paralizándola con un gesto de incertidumbre en el rostro. Ya había tenido esa sensación antes.

-¿Estás bien? -Cuestionó el fotógrafo.

-Tuve un deja vu. Fue extraño.

-Quizá no fue uno, tal vez viste algo que ya habías visto, aunque suene redundante. -Miró hacia donde estaba Carol y Armand, notándose cierto desagrado en el rostro. -Con que era en serio que Maestro estaba saliendo.

De pronto Lina recordó su sueño, aquella sensación de deseo tan dominante que había nacido en ella con figurárselo fumando y exhalando a la humedad de la noche; inmediatamente apartó el pensamiento de su cabeza, incómoda, sintiendo un calor envolver su cuerpo por completo. Fue incapaz de volver a mirarlo durante unos momentos.

-¿No me creías? -Se frotó los brazos, mirando hacia donde aquella peculiar pareja conversaba.

-No es lo mismo saberlo que verlo en persona. -Se vio demasiado preocupado de pronto. -También me inquieta el hecho de que esté aquí, rodeado de Wiccas.

-No tiene mayor poder aquí por el encantamiento que rodea el pueblo. Por cierto, he descubierto algo acerca de los pactos de sangre de los Sabios.

Logan la tomó de la mano para apartarla un tanto más de la gente que pasaba por allí y del mismo Sabio, aunque solo logró atraer más miradas puesto que ella ya estaba vista como la descendiente de Agatha y él como un Priest (que aparentemente fumaba); Lina se vio muy alterada de pronto al sentir su mano en la de ella, y trató de guardar compostura a como diera lugar, no quería seguir mostrándose tan vulnerable ante él. Acabaron cerca de la misma casa, entre la penumbra de la noche, junto a uno de los pilares rústicos de rojizo ladrillo que hacían de soporte.

-¿Qué cosa?

-Val… definió ese pacto como un sello de sangre con sus benefactores. -Torció los labios un poco. Sus emociones estaban por delatarla. -Tras hacer la pregunta adecuada, los espíritus de alrededor susurraron que ellos, los Sabios, son capaces de "atrapar" con ese sello a sus benefactores, pero debe haber un intercambio de fluido sanguíneo consensuado para que ocurra. Nunca había sucedido algo parecido entre un Sabio y un Militante, así que no están seguros de cuáles sean sus síntomas.

-Si es un sello, entonces puede romperse con magia.

-Puede, si, con mucha energía. Pero es un sello de sangre, Logan. Uno tan fuerte como el que llevas en la espalda.

Guardó silencio pues Carol, con una sonrisa de "te estás ganando que te asesine" se acercaba a ellos con Maestro a su lado, el cual ya lo había localizado bien pues sonreía con suspicacia maliciosa; se giró parcialmente para quedar al lado de Lina, dejando la mano apoyada sobre su cintura femenina, de pronto demasiado realzada por aquél vestido.

-Lina, quería presentarte a Armand. -Dijo la pelirroja, mirando de reojo de pronto a Logan. -Armand, ella es Selina, mi mejor amiga desde casi siempre, y él es un compañero de trabajo…

-Nos conocemos. -Dijo el elegante Sabio, causando un terrible escalofrío al fotógrafo. -Compartimos el gusto por coleccionar memorias, yo escritas y él en imágenes. ¿No es así, Logan?

Sonrió por cortesía, sin querer contestar aquella pregunta, puesto que las miradas de aquellas chicas estaban incomodándolo, una de suspicacia y la otra de decepción.

-Un placer, Armand. -Terminó contestando Selina. -Carol es una chica muy especial, cuídela mucho por favor.

-Por supuesto, señorita.

Hubo música suave proveniente de las carpas, atrayendo la atención de la mayoría de los invitados, incluyéndolos a ellos; Carol se vio demasiado emocionada, olvidando por completo la incómoda presentación, tomando de la mano al Sabio para llevarlo con ella en dirección hacia la mesa antes de que el hombre pudiese decir algo más a la pareja. Lina hizo el ademán de marcharse también tras ellos, pero se dio cuenta que Logan no se había movido de su lugar, por lo que terminó dándose media vuelta en su afán de buena anfitriona.

-¿Vas a quedarte en la oscuridad? Es un poco contradictorio, ¿no lo crees?

-En un momento iré. -Le enseñó el cigarrillo encendido, consumido por arriba de la mitad. -No me acercaré con el humo, sería de mala…

La mano templada de Lina estaba en su mejilla de pronto, cálida a pesar del frío, borrándole lentamente su ansiedad, su culpa y una naciente tristeza a la que se había resistido… dejándole de nueva cuenta esa sensación de deseo, pero no era un deseo sexual. Era una sensación completamente desconocida para él, desconcertándolo de tal manera que no supo distinguir si era de ella o de él mismo. Terminó tirando el cigarrillo al suelo, apagándolo con el pie.

-¿Será hasta el amanecer?

-Si, supongo que ya sabes como funciona. -Caminó un poco delante de él hasta llegar a la mesa, quedando fuera del radio auditivo de los presentes. -No maltrates a Maestro, mientras esté Carol al menos. No tengo idea de qué lío hayas tenido con él antes.

-Intentaré no maltratarlo. -Se llevó la mano al cuello, el sitio donde ella le había visto la marca de mordida. -¿A dónde vas?

-Lis, Val y yo haremos la invocación inicial, iré a vestirme y… bueno, eso. -Se encontró apenada de pronto. -Elena insistió bastante a pesar de saber que yo… no soy precisamente como ellas.

-Quizá es eso, la bendición de una Wicca nunca se desprecia. Ve entonces, me llama la atención ver de qué se trata.

Ella asintió sin mirarlo, alejándose de él sintiendo demasiada vergüenza de que él, en particular, fuese a mirar aquél evento.

Las luces se atenuaron en ese momento, dejando solamente un curioso brillo de velas que estaban sobre las mesas a manera de adorno,