Capitulo 13º-
Perdición.
Caminaba a paso lento por los jardines de la escuela, mientras sus ojos se posaban en la blanca nieve que cubría todo, dando un espectacular tono a todo lo que lo rodeaba. Una fría ventisca se hizo presente de pronto, obligándolo a cubrirse mucho mejor del gélido viento que parecía golpearlo con castigo. Miró de nuevo a sus alrededores, contemplando a las decenas de estudiantes que al parecer se divertían sin parar gracias a la gran cantidad de nieve que los cobijaba invitándolos a jugar con ella, no pudiendo evitar sentir envidia por parte de ellos, pues estaba seguro que nadie en esos momentos estaba en peor condiciones que él.
Tomó un poco del frío aire que lo rodeaba, mientras pasaba sus dedos por sus castaños cabellos en un intento desesperado por guardar la calma y la compostura, sacando al final el aire capturado, ahora como una blanca bruma resultado de su calido aliento combinado con la fría corriente de afuera.
Yoh: A este paso, ella hará conmigo lo que quiera.
Se dijo mientras se recargaba en el tronco de uno de los árboles que se hallaban en el jardín, estando total y claramente consiente que si no se sacaba de alguna forma a la rubia de la cabeza ella terminaría por manejarlo a su completo y entero antojo. Como si se tratara de un muñeco al cual en el momento en que se decidiera, podrían mover sus hilos para controlarlo de la mejor o peor manera.
Pero como demonios lograría eso si en cada lugar veía su imagen, como olvidarla si en cada rincón escuchaba su voz y su sangre se encendía con solo contemplarla… como hacerlo si ni siquiera tres largos e insoportables años consiguieron desaparecerla de su mente por un breve momento… como alcanzar tal hazaña, si incluso ahora moría por verla y respirar al menos por un segundo su embriagante e intoxicante aroma… aquel que parecía meterse por cada poro de su piel hechizándolo a enamorarse más y más de ella.
Yoh: Debo dejar de pensar en ella o pronto no se seré capaz ya de controlarme ante su sola presencia.
Confesó en el instante en que se dejó caer de un solo golpe al suelo frío y levantar la mirada hacía las grises nubes que eran movidas por el viento, sintiendo un poco de nostalgia al recordar lo mucho que acostumbraba el contemplarlas por largas horas, pensando que así como ellas eran llevadas por el viento así eran arrastrados sus problemas. Llegando a la dolorosa oclusión de que de aquel Yoh ya no quedaba absolutamente nada, pues el tiempo y las circunstancias se habían encargado de eso.
Yoh: Esa absurda boda…
Fue lo primero que cruzó por su mente en el instante en que había recordado el poco tiempo que le quedaba antes de que ese día llegara. A su mente vino la imagen de la joven de cabellos rozados, suponiendo que por estas fechas, seguro no tardaría en hacer acto de presencia en la pensión, lo más seguro que con las nuevas novedades que su familia había dictaminado en relación a ellos y a su compromiso. Al pensar en ello no pudo evitar sentir que algo no andaba bien, como si un presentimiento le avisara que algo malo se acercaba a pasos agigantados hacía él.
Yoh: Necesito hablar con Tamao… necesito acabar de una vez por todas con esta farsa y decirle… que no la amo y que no me puedo casar con ella.
Espetó decido e impresionado a la vez, pues de alguna manera le parecía increíble el que se hubiese atrevido a decir tal cosa, arriesgándose a ganar no solo el repudio y rechazo de su familia, si no también el de su joven prometida, que bien sabía no sería capaz de perdonarle tal humillación ante los suyos. Pero era la única forma en que podía acabar con la gran mentira que él mismo se había creado, sosteniendo y publicando ante todos sus conocidos, de una felicidad que nunca existió ni existirá.
El helado viento de la tarde levantaba con delicadeza sus rubios cabellos, como si tuviese miedo de lastimar a la joven que tranquila esperaba en una de las bancas que se encontraban en la parte de atrás de la escuela. Su rostro se frunció de repente, recordando nuevamente al castaño y la fuerte discusión que había tenido con él antes de salir de casa. Respiró profundamente, concluyendo en que era demasiado temprano como para arruinarse el día en alguien que no valía siquiera la pena, sin embargo, como no pensar en él si ese inepto hacía sido el responsable de crearle ese "lindo" moretón que rodeaba su muñeca con esos tonos tan escabrosos e imposibles el no notarlos.
Trató de olvidar aquel incidente, y mejor se dedicó a pensar en lo que había ocurrido con el joven por quien esperaba. No pudiendo creer aun lo que había ocurrido entre ellos, sintiendo nuevamente un delicioso escalofrío recorrerla completamente al recordar el calor de las caricias de Len sobre su tibia piel. Una amplia sonrisa se formo en su rostro al recordar al joven de gatunos ojos, admitiendo finalmente que aunque estaba fuera de sus manos se había enamorado de él como nunca antes pensó el volver hacerlo… solo había algo que desencajaba en tanta felicidad… su venganza. Y a pesar de que Len deseaba estar con ella aun con eso por enzima, sabía mejor que nadie que no era la mejor opción.
Su venganza… esas palabras que tantas veces habían escapado de su boca en el tiempo en que se mantuvo ausente y las cuales habían tomado mayor fuerza ahora que se encontraba cara a cara con sus enemigos, recordando las decenas de veces que vio por fin la caída de esos traidores al menos dentro de su mente, ansiosa de que aquellos pensamientos pronto tomaran vida propia para así disfrutar del dulce castigo por el que serían sometidas las personas que en un pasado la engañaron suciamente.
Anna: Yoh pagara con creses lo que me hizo… pero de ninguna manera me olvidare de ti Tamao, para ti hay algo mucho… mucho mejor.
Pronto el poco calor que había en aquel lugar parecía haberse esfumado pues sentía la gran parte de su cuerpo entumecido por el frío. Trató de abrasarse así misma para brindarse un poco del calor que tanta falta le hacía en esos momentos, llamando su atención cuando sus ojos se posaron en los fuertes brazos que bajaban con suavidad de los suyos, mientras una calida voz se acercaba a su rostro para hablarle y reprocharle lo que había hecho.
¿? Eres una jovencita muy mala… mira que quitarme el placer de ser yo quien te brinde calor, eso si que esta para no creerse.
Escuchó que le susurraban en tono travieso al tiempo en que podía sentir claramente la calidez de su respiración bajar y recorrer su cuello con lentitud, mientras sus escurridizas manos se habían deslizado ya hasta su cintura en donde comenzaban a ejercer presión en un intento por aproximar sus cuerpos. Un beso seguido de otro fue lo que cubrió poco a poco la expuesta piel de la sacerdotisa, ocasionándole leves e insinuantes escalofríos al sentir la tibieza de sus roces.
Len: No hagas eso pequeña, o te juro que lo que pasó ayer no tardara en repetirse.
Advirtió ante los sonoros suspiros que la rubia dejaba escapar, y los cuales llegaban hasta sus oídos cubriéndolos con aquella melodiaza voz mezclada con la sensación de tenerlo cerca, provocando aun más sus intensiones y deseos por llevarla lejos y demostrarle nuevamente lo mucho que la amaba.
Sintió como si el peso de sus palabras se clavaran en su espalda provocándole fuertes corrientes eléctricas que parecían danzar sin secar, recorriendo desde sus pies hasta la más pequeña punta de sus cabellos. De inmediato los recuerdos de la noche que pasó con el joven se avecinaron sobre ella, en especial la última, aquella que la mostraba desnuda bajo sus sabanas, disfrutando plenamente de la exquisita sensación de tener el peso de su cuerpo sobre el de ella. Sus mejillas se enrojecieron al recodar aquello, y no solo eso, si no que las palabras del joven le parecían nada desagradables, incitándola a dar rienda suelta a su imaginación y recrear en su mente un nuevo momento a solas con el joven.
Anna: Así, y dime… como piensas hacer eso.
Inquirió en el instante en que miró de frente esos felinos ojos que la miraban sin cesar con ese destello suave y tierno que ella había aprendido a detectar en el joven hace ya mucho tiempo atrás. Recibiendo como respuesta por parte del menor de los Tao el gran deleite que comenzó sin mucha prisa a proporcionarle a sus labios, envolviéndola en sensaciones que solo él podía regalarle… pues solo él y nadie más que él podía ser capaz de combinar tanta ternura y pasión en un simple beso.
Len: Espere por tanto tiempo el tenerte de esta manera, que siento que es solo un sueño más de mi desvariante mente.
Pronunció levemente mientras la estrechaba con fuerza contra sí al tiempo en que sentía las suaves manos de la rubia sobre su espalda abrazándolo también. Su cabeza poco a poco fue tomando como respaldo el pecho de su locutor, sonriendo al escuchar el apresurado sonido que producía su corazón, tranquilizándola como si se tratara de una suave y rara melodía. Ahora comprendía lo cerca que tuvo la felicidad todo este tiempo y lo grande que era el sentir que se despertaba en ella con solo mantenerse de esa forma tan cerca de él.
Anna: Sí me hubiera percatado de esto antes, te aseguro que tú espera no hubiese sido tan larga.
Len: Sí te soy sincero, gustoso lo viviría las veces que fuera, si al final te tuviese de esta manera nuevamente, así aprovecharía una y otra vez para volverte a decir lo mucho que te amo y lo feliz que me haría el que una mujer como tú… fuese mí esposa.
Aquello era lo último que se esperaba por parte del joven y es que por primera vez en su vida no sabía que hacer ni que decir, de lo único que estaba enteramente convencida era de esa sensación tan extraña y desconocida que la cubría de pies a cabeza, como un extraño burbujeo que parecía la haría explotar, teniendo deseos de gritar, de reír e incluso de llorar, por lo que sin saber bien de donde había sacado las fuerzas necesarias respondió.
Anna: Seguro que estas consiente de lo que haces… porque si acepto, lamento decirte que tendrás que soportarme esta vez por más años.
Len: Entonces debo tomar eso como un sí.
Preguntó divertido mientras observaba como colocaba sus estilizados y abrigados brazos sobre su cuello.
Anna: Te equivocas, en realidad este es mí sí, acepto.
El movimiento que había hecho la joven fue tal, que si no hubiese sido por el viejo árbol que se mantenía detrás de ellos y el cual les servía de soporte, habrían caía tan pesadamente sobre las ramas secas y congeladas que se hallaban cerca, que más de una lesión les habría provocado. Len la abrazaba con fuerza y suavidad, disfrutando y correspondiendo al beso que con tanta ansiedad parecía darle la rubia, deleitándose sin duda al presenciar como la temperatura de sus cuerpos alcanzaba niveles tan elevados que ahora el frío y la nieve les era algo asfixiante e innecesario, como su tacto se volvía tan sensible que podía sentir como la calida piel de Anna se erizaba al tocarla solamente, activando y despertando a todos los demás al escuchar los esfuerzos de la joven por conseguir el aire perdido, convirtiéndose de inmediato en los más provocativos suspiros que sin importarle ya mucho la necesidad de respirar, deseaba seguir probando aun más de esa dulce y adictiva miel.
Se separaron lentamente, lamentando el hecho de que sus pulmones no hubiesen sido capaces de soportar unos segundos más sin su vital elemento para sí seguir disfrutando de tan dulce tentación.
Len: Es verdad, casi lo olvido.
Le dijo el shaman mientras escuchaba la respiración tan agitada y sofocada como la suya, buscando entre sus ropas al parecer algo de suma importancia para él.
Len: Espero te agrade, ya que con mi poco tiempo libre no pude obtener algo mejor.
Confesó perturbado aun por lo sucedido segundos atrás, encontrando por fin lo que tanto buscaba, y lo que pronto se encontró ante los ojos de la sacerdotisa. Una pequeña y elegante caja era lo que sostenía el joven, la cual abrió con nerviosismo ante la expectativa de lo que la rubia fuese a decirle ante su contenido. Sus ojos se abrieron sorprendidos ante tal cosa, pues nunca pensó el ver una joya tan hermosa y perfecta como lo era esa. Zafiros y diamantes era lo que conformaba a tan delicada figura, la cual en su interior parecía tener algo que sin duda llamo su atención, prefiriendo esperar el momento en que su ahora prometido, le dijese lo que aquello significaba.
Len: Y bien, fue acaso de tú agrado… por que si no es así puedo ordenar uno mejor.
Anna: No es necesario, en verdad este es muy hermoso.
Replicó en el momento en que el joven retiró aquella figurilla de su vista, la cual al escuchar sus protestas regresó a sus manos, divirtiéndole aun más el ver la incertidumbre que dejaba notar la rubia al no comprender bien lo que significaban las palabras grabadas en el obsequio.
Len: Esas palabras tienen mucha relación con nosotros.
Anna: A que te refieres con eso, además es solo una dirección.
Len: No es solo una dirección… dime, acaso no te recuerda a nada.
Preguntó insistente al tiempo en que observaba la pose tan pensativa que dejaba ver Anna. Sus recuerdos volaron con rapidez dentro de su mente, maquinando a marchas forzadas para descubrir el porque de tanta importante para esa simple y ordinaria dirección.
El sonido de la lluvia fue lo primero que recordó, seguida casi inmediatamente por el de su penoso y desolado llanto, aquel que fue el causante de propinarle aquel encuentro con el joven, cambiando así los giros que la rueda del destino le tenía marcado.
Anna: Es el lugar en donde tope contigo hace tres años cuando… eso sucedió.
Len: Así es, por eso mismo mande grabarlo… para que siempre lleves contigo el lugar que me proporciono la oportunidad de conocerte mejor, de ser tú amigo y de descubrir el inmenso amor que siento por ti.
Terminó por confesarle mientras colocaba el bello anillo de compromiso entre los delgados dedos de la joven, sabiéndose feliz de haber conseguido el amor de la mujer más hermosa y especial que él hubiese conocido.
Len: Que sucede.
Le cuestionó perturbado al escuchar claramente como la rubia se había quejado en el momento en que tocó su mano, como si de alguna manera le hubiese provocado dolor. Sus ojos buscaron los de la joven, los cuales se mantenían en el suelo en un intento por no tener que responderle. Se acercó a Anna, quien se había alejado unos cuantos pasos para que esté no descubriera la lesión que guardaba, aunque sabía que eso no detendría a Len, ya que tal y como lo había pensado, tan pronto como se distrajo capturó su muñeca, la cual contemplaba sorprendido de ver en las condiciones en las que se hallaba.
Sus ojos seguían las marcas tan resaltadas que se mantenían en la piel blanca de la rubia, haciendo rápidamente conjeturas de lo que pudo haberle creado tal cosa. Lo primero que vino a su mente fue que la misma Anna se hubiese hecho tal golpe, pero la conocía demasiado bien como para saber que era demasiado precavida como para haber tenido tal descuido. La segunda y la que más se acercaba a la realidad era el que alguien más lo hubiese hecho… pero quien, quien sería tan ruin como para agredirla?…
Len: Yoh… el fue quien te hizo esto, no es así.
Habló con dificultad mientras esperaba la respuesta de la rubia, quien solamente se limito a mover su cabeza en forma afirmativa. Sentía una intensa ira circular por todo su interior al comprobar que no estaba equivocado, por lo que ya cansado de tener que soportar las tontas acciones del shaman decidió ponerlo de una buena vez por todas en su lugar, por lo que sin decir más se despidió de la sacerdotisa dándole como exclusa que tenia algunos pendientes por resolver y los cuales le urgía el tratar.
La tarde pronto se hizo presente, mostrando en el cielo bellos matices causados por los escasos rayos de sol que se mezclaban con las nubes que aun permanecían en lo alto, signo de que dentro de poco caería una nueva tormenta sobre la ciudad.
Manta: ¡Anularas el compromiso!
Se escuchó decir por los alrededores, llamando la atención de los estudiantes que muy ajenos a lo que se estaba comentando entre los jóvenes, partían felices rumbo a sus hogares después de haber concluido un día más de labores.
Yoh: Si gustas puedes gritarlo más fuerte, así la otra mitad de la escuela podrá saberlo.
Le dijo sarcásticamente al ver el gran alboroto que había creado su pequeño amigo, ya que aun algunas miradas se posaban sobre ellos al no saber de lo que estaban hablando.
Manta: Lo lamento, pero es que me tomaste por sorpresa… nunca hubiese pensado que era esto de lo que querías hablarme.
Yoh: Bueno pues ya estas enterado.
Manta: Pero estas seguro… acaso sabes lo que esto traerá como consecuencia… Yoh, tú familia jamás te perdonara una cosa como la que deseas hacer.
Yoh: Entonces que quieres que haga… casarme con ella tal y como mis abuelos lo dispusieron y aparentar como hasta ahora que soy feliz a su lado cuando no es así.
Manta: Se que no amas a Tamao y con Anna cerca de ti la situación es más difícil… se que es duro y siento decirlo pero… te lo mereces, todas y cada una de las cosas que te están pasando.
Su rostro estaba más que perturbado, no sabiendo como reaccionar ante tal contestación. Se suponía que él era su amigo y que le ayudaría con respecto a lo que pensaba hacer, pero no!… en vez de eso le recriminaba, prácticamente diciéndole que aquel devastador futuro era la cosecha de lo que él mismo se había encargado de sembrar hace ya tres años.
Manta: No me mires de esa manera, Yoh… se que piensas que mis palabras suenas crueles, pero no lo son, simplemente son realistas.
Se defendió en cuanto sintió la mirada tan llena de sorpresa que le dejó ver el shaman junto a él.
Yoh: Explícate.
Manta: Se que la razón por la que quieres anular tú compromiso y posponer la boda es por Anna, por que estas enamorado de ella… pero dime, no crees que ese sentimiento llegó demasiado tarde… además, con tantos errores por detrás… Yoh, la engañaste en su cara, la traicionaste y lo más grave fue que cuando pudiste detener que se marchara no moviste un solo dedo para que eso no sucediera.
Sus palabras eran sin duda duras pero no por esa razón eran menos ciertas. Todo era verdad, en sus manos estuvo el recuperar su felicidad junto a la sacerdotisa, pero la había desperdiciado estúpidamente al no haberla detenido con lo que fuese… lo sabía, sabía que se había equivocado, pero que acaso no había nadie en este mundo que comprendiera que estaba arrepentido… que ahora estaba enamorado como un tonto de esa mujer… esa mujer que desde el día que la había vuelto a ver se había convertido en su tortura, pues no había noche ni día en que no apareciera en su mente atormentándolo con sus palabras y sentenciándolo al vacío al no poder tenerla como tanto lo deseaba.
Yoh: ¡Acaso no comprendes que me enamore de ella!
Manta: ¡Pero ella no te quiere con un demonio, entiéndelo!
Espetó con rudeza, esperando que su amigo finalmente reaccionara y comprendiera que la rubia había dejado de sentir algo por él hace ya mucho tiempo atrás. Esperanzado en que si no formaba una vida a lado de la pelirozada al menos lo intentara con otra que si sintiera algo por él, pero al parecer eso le sería aun más difícil de lo que había pensado en un principio. Preocupado de que lo que su amigo sentía por la sacerdotisa fuese algo mucho más que el amor que aseguraba tenerle, rebasando así la barrera de lo normal… algo que podría ocasionar graves consecuencias si sus conjeturas eran ciertas… y realmente Yoh, se había obsesionado con Anna.
Manta: Acepta la realidad… acepta tus actos… acepta de una buena vez que ella a quien quiere es a otro y no a ti.
Yoh: Eso no lo aré… además, esto aun no se acaba y en el trayecto pueden pasar muchas cosas.
Le dijo misteriosamente mientras se ponía de pie, intrigado por el significado oculto que sabía tenían sus palabras. El shaman giró un poco par ver a su amigo, notando que esté también se encontraba de pie, sonriendo para sus adentros al saber que no había comprendido ninguna de las palabras que él había dicho, lo que lo alegraba, ya que por el momento solo él lo haría.
Yoh: Solo una cosa si te digo… si Anna quiere jugar, gustoso jugare su propio jugo y ahí es donde veremos lo que realmente sucederá.
Manta: A que te refieres con jugar su juego.
Necesitaba saber que era lo que el castaño tramaba entre manos, pues no podía quitarse de la cabeza que algo terrible estaba por ocurrir si el shaman continuaba con lo que sea que estuviese pensando en esa mente que ya era todo un misterio para el pequeño.
Yoh: A nada importante, solo que a veces… el cazador termina siendo el cazado.
Fue lo único que le dio como respuesta antes de ver como comenzaba a marcharse. No sabía bien el porque pero aquello que le había dicho le había provocado un extraño escalofrío, como si la persona que hace unos segundos estaba de pie frente a él hubiese dejado de ser aquel joven tan despreocupado que por tanto tiempo conoció.
Manta: Quien diablos ere tú… y en donde dejaste a mí amigo, Yoh.
Se dijo para sí mismo mientras observaba como el joven salía de los terrenos de la escuela y se perdía entre los estudiantes que salían uno a uno por las puertas abiertas. Apretó entre sus manos los extremos del abrigo que se mantenía sobre él para cubrirse de la fuerte ventisca que surgió de la nada, como si está le alertara a todo el mundo del peligro que se corría.
Caminaba sin mucha prisa en comparación de las demás personas que se hallaban a su alrededor, las cuales corrían presurosas para escapar de la helada tormenta que caía sobre ellos. El frío había aumentado considerablemente, pero tenía tantas cosas en que pensar que por el momento, el tener que soportar las condiciones climáticas era lo que menos le importaba evitar. Se detuvo por un momento, pues le pareció escuchar como el sonido de las llantas de un auto se acercaban hacía él a toda velocidad.
Yoh: Que es lo que quieres.
Preguntó de mala gana en el instante en que reconoció al joven de amarillos ojos bajar de su automóvil y caminar hacía el lugar en donde se encontraba.
Len: Te diré que es lo que quiero.
El tiempo pareció transcurrir rápidamente, pues en un segundo se encontraba caminado por las abandonadas calles y al otro se hallaba totalmente tirado en el suelo helado sintiendo un gran ardor emerger de su rostro con la combinación de un extraño sabor dentro de su boca. Levantó una de sus manos y la acercó a su cara, tocando casi inmediatamente un líquido espeso y rojizo que escapaba de los confines de su boca y mentón.
Yoh: Que es lo que te pasa, acaso te volviste loco!
Len: Te equivocas, el que ya ha enloquecido es otro…
Escuchó que le decían en tono molesto, alcanzando a divisar al menor de los Tao quien le miraba con toda la intención de eliminarlo. Apretó la quijada en un intento por retener la fuerza, sintiendo como su sangre hervía de deseos de golpearlo también y desquitar así toda su frustración almacenada. Se puso de pie después de muchos esfuerzos de su parte, pues aun le parecía sentir el fuerte impacto en su rostro, consiguiendo finalmente el ver al joven que lo miraba aun con extrema ira. Sus puños se encontraban perfectamente cerrados, mostrándolos tan blancos como los de su adversario ante la gran presión que los contraía.
Len: Durante meses no hice otra cosa que pensar en lo que habías hecho… buscando un motivo, solo uno para que te justificara ante la falta que habías cometido, pero no lo conseguí y sabes porque… porque no existen!
Comenzó a relatarle tomándolo sin duda por sorpresa y llevándose con sus palabras los deseos que tenía también de eliminarlo. Frunció el seño al recordar eso, pues le disgustaba el que le juzgaran sin cansancio y sin comprender al menos.
Yoh: Tú no sabes nada… las cosas entre ella y yo estaban mal desde hace mucho tiempo!
Len: No te engañes Yoh, no quieras disfrazar tú falta con eso, porque si con ese comentario quieres decir que ella no te quería en ese tiempo, entonces déjame decirte que eres más estúpido y ciego de lo que imaginaba.
Yoh: Si eso era todo lo que tenías que decirme ya te puedes ir yendo por donde viniste.
Len: Sí, ya me voy, pero antes te voy a decir algo más…
Su tono amenazador era más que obvio, por lo que se vio en la necesidad de cerrar y esconder su puño bajo la nieve cercana a él, ya que por el momento sabía que no era la mejor idea el agarrarse a golpes, además si aun pensaba seguir ese plan que le rondaba por la cabeza era mejor guardarse ese instante para otra ocasión en donde si hubiese fuertes motivos que valieran la pena.
Len: Si se te ocurre lastimarla nuevamente te aseguro que no abra nadie que te pueda resguardar de mí y no solo eso, si no que todos los demás sabrán de lo que fuiste capaz de hacer a sus espaldas, así por fin se darán cuenta de la clase de alimaña que en realidad eres.
Yoh: No te tengo miedo, así que guárdate tus amenazas que no te sirven de nada.
Le dijo sin intimidarse ante sus palabras. Aquello de alguna manera le pareció gracioso, y es que el castaño obviamente ignoraba de lo que ahora era capaz de hacer. Cerró de nuevo la puerta de su auto y regreso al lado del shaman que permanecía esperando una contestación.
Len: Si yo fuera tú créeme que lo tomaría en serio, o que, en verdad pensaste que al estar consiente de lo que hiciste me quedaría tan tranquilo… durante este tiempo entrene arduamente, teniendo como mi único objetivo el hacerte pagar el dolor que le ocasionaste a la persona más importante para mí, y te aseguro que pronto llegara ese día.
Terminó por decirle al castaño, comunicándole como ultimo aviso de ese día aquella noticia que tanta felicidad le había traído a él y tanta repulsión al shaman, sintiendo como si un balde de agua fría escurriese por su espalda al oír tal monstruosidad por parte del joven que ya ajeno a lo que estaba ocurriendo se alejaba de aquel lugar.
Yoh: Sí guerra es lo que quieres, guerra es lo que tendrás… así, solo así… peleando cara a cara y pasando por mí cadáver podrás convertir a Anna en tú esposa.
Su voz había adquirido rasgos desquiciantes, como si de alguna manera hubiese perdido la razón finalmente, tomando la forma de un psicópata planeando su siguiente jugada para así obtener el valioso premio que estaba en disputa.
Continuará…
