Vicio #19 – Porno

- Bass, esto es un asco.

Chuck enarca una ceja.

- ¿Qué esperabas encontrar? ¿Diario de una pasión? ¿Desayuno en Tiffany's?

Blair frunce la nariz. Está sentada en el borde de la cama, sus piernas cruzadas tal como le enseñaron, sus manos entrelazadas sobre el regazo, su uniforme escolar prístino e impecable, la pollera sin una sola arruga, los botones de la blusa abrochados hasta el cuello. Es la viva imagen de la niña modelo de Constante Billiards, toda corrección y pulcritud, la encarnación de los buenos modales y los valores tradicionales. Los ojos de Chuck van de ella hacia la pantalla del televisor y casi suelta la carcajada. No hay nada menos puritano y correcto que la película reproduciéndose en el DVD, nada más alejado de la perfecta y recatada Blair Waldorf que los gemidos ensordecedores que inundan la habitación.

- No esperaba que fuera una obra de arte, Bass, pero tampoco imaginé que sería de tan mal gusto. Por Dios, que se nota a kilómetros que esas tetas son operadas, parecen de muñeca inflable.

- Señorita Waldorf, nunca creí que la escucharía decir una palabra tan vulgar como "tetas". Y de todos modos, ¿por qué sabes cómo son las tetas de una muñeca inflable? – pregunta él en tono impertinente - ¿Hay algo que no me hayas contado?

Ella condesciende a girar la cabeza el tiempo suficiente para dirigirle una mirada fulminante y sus ojos vuelven a la pantalla, su ceño fruncido en profunda concentración. Ladea la cabeza a un lado, como si estuviera tratando de descifrar un lenguaje foráneo. Chuck se entretiene observándola a ella, sus cabellos recogidos en un elegante rodete, su mandíbula apretada, la suave curva de sus labios. Recuerda el sabor de esos labios, abriéndose bajo los suyos en el asiento trasero de su limusina; recuerda el recorrido de la línea de su mandíbula con la lengua, recuerda sus dedos enredándose en los bucles color chocolate. Los gemidos provenientes del televisor son burdos y artificiales comparados con el suave ronroneo en su oído, con el tenue suspiro escapando de aquellos labios carmesí cuando la poseyó por entero.

- Es absurdo – suelta Blair de golpe, arrancándolo del recuerdo. Chuck ni se molesta en echar un vistazo a la pantalla.

- ¿Qué es absurdo, Waldorf?

- El argumento – replica ella con absoluta seriedad. Chuck la mira estupefacto, pero ella no parece darse cuenta - ¿Quién llama al plomero a las doce de la noche? Y, vamos, ¿un plomero? No puedo pensar en nada menos sexy que eso.

- Argumento – musita Chuck – Te preocupa el argumento.

Blair se encoge de hombros.

- Bueno, no pido que tenga una trama muy elaborada – se justifica ella – pero al menos que no sea ridícula.

Él pone los ojos en blanco.

- Blair, a nadie le importa un comino el argumento.

- ¿Es que son todas así?

Chuck se siente muy tentado de darse la cabeza contra el borde de la cómoda. Varias veces. Se pregunta, no por primera vez, porqué accedió a mostrarle a Blair su colección de películas con "contenido adulto" cuando ella insistió, y lo único que se le ocurre es que estaba demasiado distraído por sus labios tentadoramente fruncidos para prestar atención a lo que le estaba pidiendo.

Ella sigue estudiando atentamente la pantalla, casi como si esperase algún tipo de revelación. Una escena en particular hace que suelte un bufido de incredulidad.

- Nadie puede hacer eso. Te romperías las dos piernas de sólo intentarlo.

Por primera vez, los labios de Chuck se curvan en una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Quieres probar?

Ella da un respingo y lo fulmina con la mirada.

- Me lo tendría que haber imaginado – masculla entre dientes – Seguro que miras estas películas para después representarlas con tus amiguitas.

Chuck apoya el codo sobre el colchón, acercando su rostro al de ella.

- ¿Y no te da curiosidad? – pregunta, susurrándole al oído.

Ella chasquea la lengua y pone los ojos en blanco, pero no se aparta de él.

- Por favor. Las fantasías burdas son tu estilo, no el mío.

Chuck piensa que no hay necesidad de aclararle que él no mira esa película en particular desde que tenía trece años y que sus fantasías hace mucho tiempo que han dejado de estar encarnadas por rubias artificiales de pechos sobrenaturales, para ser reemplazadas por manos blancas y delicadas, unos labios deliciosamente fruncidos, unos bucles color chocolate escapando del tieso rodete, piel tersa bajo una enagua de seda. No hay necesidad de contarle a Blair que en las últimas semanas sólo una película se ha estado reproduciendo una y otra vez en su cabeza, más excitante y embriagadora que las fantasías más exóticas jamás filmadas.

Un suave ronroneo en su oído intercalado por gemidos y suspiros quedos, su pecho subiendo y bajando por la respiración agitada, las tiras de seda deslizándose por sus hombros, la ropa interior de encaje cayendo al suelo, un rostro delicado enmarcado por rizos oscuros y desordenados, sus dedos delgados luchando con los botones de su camisa...

Esas son las imágenes y sonidos que enturbian sus sueños ahora, aún más terribles porque él también recuerda su perfume floral mezclado con el olor a cuero en su nariz, recuerda su piel ardiendo bajo sus manos que exploran centímetro a centímetro ese cuerpo frágil que se estremece con su tacto. Recuerda el vaivén de sus caderas, recuerda sus piernas alrededor de su cintura, el sabor de su boca, el latido acelerado de su corazón.

No, no hay ninguna necesidad de que Blair se entere de hasta qué punto ha perturbado sus horas de sueño y de vigilia, hasta qué punto ha descalabrado todos sus esquemas porque es la primera vez que Chuck Bass, después de haber hecho realidad su fantasía con una chica, desea hacer realidad todas las de ella.


¡Hola! No sé si les interesa saberlo, pero ésta probablemente sea mi última actualización de este fanfic por algún tiempo, porque me voy un mes de vacaciones con escaso acceso a Internet.

Besos, y hasta la vuelta!