Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de Rochelle Allison,yo solo la traduzco.


Holaaa, ya estoy aquí con un nuevo capítulo, os dejo que lo disfrutéis :)


Capítulo 13: Aullido

Mi vida se basaba en líneas que se cruzaban. Las drogas, la violencia, cosas que conocía pero que opté por alejarme de ellas. Alec cruzó una la noche en la que me golpeó, y yo crucé una cuando tomé la decisión de besar Masen ese día.

Habíamos cruzado una línea bien grande hoy, y no había manera de que pudiera volver a comportarme como antes, ni aunque quisiera. Éramos solo Masen y yo, desnudos y besándonos, y cuando él se puso duro de nuevo después de un rato, le dejé entrar en mí como si no fuera nada.

Excepto que sí era algo.

Fue más rápido esta vez, con más fuerza, teñido de desesperación, como si esta vez estuviéramos persiguiendo la culminación en lugar de perdernos en el proceso. Pero eso no significó que fuera menos, y si yo antes pensaba que Masen era hermoso, no era nada comparado con cómo se veía ahora, perdiendo el control cuando se empujaba en mí, sus manos sujetándome, mi estómago se tensaba hasta que él se tumbaba y me abrazaba, con su cara enterrada en mi cuello.

Deslizó una mano entre nosotros, tocándome hasta que me corrí. Le tomó más tiempo, nuestra primera vez no tardó tanto tiempo. Pero me encantaba. Lo necesitaba. Yo era de lejos consciente de que saltar de una relación a otra no era lo mejor o lo más saludable, pero no estaba interesada en una relación. Estaba interesada en Masen, y en todo lo que él conllevaba.

Alec pensó que conmigo tenía a una chica para todo, y por un tiempo fui esa chica para él. Me quedé a su lado durante mucho tiempo, incluso cuando me di cuenta de que él estaba metiéndose lo bastante profundo en las cosas que yo no quería tener nada que ver. Resultaba que yo todavía era esa chica... pero no con él. Era Masen. Siempre.

Él se alejó un poco, tirando de mi barbilla hacia abajo para besarme mientras se corría. Nos mecimos lentamente hacia adelante y hacia atrás, yendo a la deriva como las hojas del otoño.

—Tengo que darme una ducha —le susurré, dándole un beso en la cara mientras m e levantaba. Era un desastre total.

—Ve —dijo asintiendo—. Estaré enseguida contigo.

… …

El camino a casa fue diferente. Había una paz en mi corazón que no había sentido en mucho tiempo, como si tal vez todo fuera a estar bien. Por primera vez en un tiempo tenía esperanza. Sabía que, en una semana, las cosas serían diferentes.

Estaría mintiendo si dijera que no tenía miedo, porque lo tenía. Mucho miedo. Pero había vivido con el temor de un tipo u otro durante tanto tiempo que era normal. Apestaba, pero esa era mi vida. Por lo menos este miedo era templado con esperanza.

No había nadie en casa cuando volvimos. Masen me dejó y volvió a su lugar al final de la propiedad. Yo sabía que era importante mantener las apariencias, pero lo odiaba. Se sentía algo contrario a la intuición, como si debiéramos estar más unidos que nunca en estos momentos, no separados.

Caminé sin rumbo por los alrededores, escuchando el aullido del viento en la ladera y su grito a través de las ventanas, mientras contemplaba la cocina impecable y los suelos limpios. Maggie había estado aquí, y olía como si hubiera comenzado a cocinar algo en la olla. Lo hacía a veces. Creo que sentía lástima por mí, pero al igual que todos nuestros empleados, estaba obligada a callarse. Ella mantenía su boca cerrada, hacía su trabajo, y se le pagaba.

Mi estómago gruñó y me doy cuenta de que por una vez Masen y yo no íbamos a salir a comer. Me acerqué a olla de barro y miré, mi boca se hizo agua al ver lo que parecía ser una especie de guiso, lleno de patatas, zanahorias y albóndigas.

De repente sonó mi teléfono, asustándome. Dejé caer la cuchara de servir y cogí el teléfono de mi bolso.

Alec.

— ¿Hola?

—Hola, cariño. ¿Te han dado el masaje?

—Sí, me lo han dado. Gracias.

— ¿Han hecho un buen trabajo?

Cerré los ojos, sonriendo.

—Lo han hecho. Ellos... han sido muy profundos.

—Bien, bien. Te lo merecías.

Me tragué el impulso de decir algo grosero. Me merecía mucho más que un estúpido masaje, y los dos lo sabíamos. Sin embargo mi silencio probablemente se lo dijo todo, porque él se aclaró la garganta después de un segundo.

—Escucha, va a ser una noche muy larga para mí. Félix y yo estamos en el Sur...

—No me dijiste que te ibas de nuevo.

—Sí, bueno, algo ocurrió. No te preocupes, estaremos bien.

—No me gusta estar aquí sola. Me da escalofríos —. En realidad eso era cierto. Estaba dividida entre querer que Alec Dvoskin se mantuviera alejado de mí y estar nerviosa y sola. Ugh.

—No estás sola, cariño. Masen está justo al lado. Dile que vaya, que se quede en el sofá o algo así.

Le sonreí a mi reflejo en la ventana.

—Sí. Tal vez lo haga.

… …

Masen y yo cenamos juntos, y luego él durmió en el sofá mientras yo me retiraba a la habitación. Saber que estaba tan cerca me hacía sentir muy bien, aunque odiaba que él estuviera ahí y yo aquí. Nunca me arriesgaría a ir con él, pero cada parte de mí clamaba por eso.

Alec estaba en la cama, completamente vestido y encima de las sábanas, cuando me desperté por la mañana. No tenía ni idea de cuando había entrado, y tuve cuidado de no despertarlo.

Después del café y del desayuno, Masen me llevó al campo de tiro. Era mi cuarta vez, y aunque no era ninguna experta, estaba mucho más segura y capaz de lo que era antes. Era capaz de golpear mi objetivo gran parte del tiempo, y Masen me aseguró que si alguna vez yo estaba en una 'mala situación', definitivamente iba a ser capaz de hacer algo de daño.

Detestaba la lucha y la violencia. Yo entendía que ellas eran una parte integral de la vida que llevaba, pero las odiaba. Saber que algún día podría haber motivos para infligir dolor a otra persona me hacía sentir mal.

—Me sorprende que Alec no haya dicho nada de que nosotros vengamos aquí — comenté una vez que estuvimos de vuelta en el coche y nos dirigíamos a Berkeley Hill —. O que no se haya dado cuenta.

—He desactivado el GPS —lo dijo con indiferencia, pero yo estaba un poco desconcertada.

— ¿Cómo?

—No es tan difícil. Y si él se da cuenta, solo va a suponer que algo salió mal electrónicamente. De todos modos no es como si tú supieras que estaba activado, por lo que no habría tenido ninguna razón para que la hubieras inhabilitado tú.

Asentí con la cabeza, frunciendo el ceño mientras volvía la mirada hacia la ventana. Lo que él decía tenía sentido, aunque me di cuenta de que en realidad no había respondido a mi pregunta. A veces pensaba que podría haber más de Masen que lo que parecía. Él se había entrenado bien, eso era obvio, pero todos los chicos de Alec lo había hecho hasta cierto punto. Sin embargo, con Masen había algo extra. Podría ser porque él era un extraño, alguien que tenía un calibre más alto y tenía que probarse a sí mismo. A diferencia de Félix, quien era un pariente de sangre, y Marcus, a quien Alec conocía desde primaria, Masen fue una referencia. Si no eras de la familia, y no eras un amigo cercano, cercano —tan cercano que bien podrías ser la familia— entonces tenías que ser recomendado.

No sabía quien había recomendado a Masen, porque yo me mantenía fuera de los negocios de Alec —literalmente— pero alguien tenía que haberlo hecho. Me dieron ganas de saber más, de hacer más preguntas, pero ya tendríamos tiempo una vez que fuéramos libres. No quería ponerle en un terreno áspero, exigiendo cosas que podían meterle en problemas.

— ¿A dónde vas? —Masen se rió, pasándose la mano por encima de mi brazo—. Me has hecho desaparecer por un rato.

Sacudí la cabeza, incapaz de dejar de sonreírle cuando me miraba así, miradas de reojo que capturaban la luz de la tarde, y una sonrisa perezosa y torcida. Me derretía.

—Estoy pensando en ti.

— ¿Qué pasa conmigo?

Me mordí el labio, no tenía ganas de hablar de cosas serias.

—Nada. ¿A dónde vamos? ¿A Tilden? Tengo hambre.

—Hay un camión de tacos...

—Por supuesto.

— ¿Sí?

—Sí —le di un gesto decisivo, mi estomago ya rugía.

Puse mi mano sobre su regazo, y entrelacé nuestros dedos.

Terminamos en el bosque, en algún lugar alejado de la gente, muy arriba en las colinas. Para ser alguien que no había crecido ahí, conocía muy bien el camino de alrededor, especialmente los lugares tranquilos y aislados, con vistas de ensueño a través de los árboles y un montón de privacidad. Me senté en el capó mientras él estaba a mi lado, y hablamos mientras comíamos tacos, contando historias de cuando éramos niños. Eso era lo que me gustaba saber de él, ya que por imperfecto que pudiera ser el tema, siempre había algo bonito en la infancia.

Él terminó antes que yo, y después de habernos limpiado con servilletas y habernos acabado la Coca-Cola mexicana, nos quedamos en silencio, dejando que los sonidos del bosque, como el crujido árboles, los pájaros y los pequeños animales reemplazaran nuestra charla. Muy pronto se hizo evidente que esta vez él era el que estaba sumido en sus pensamientos, con los ojos desenfocados mientras miraba fijamente a algo invisible. Le observé por un rato, admirándolo... no solo por fuera era hermoso, sino que en el interior era valiente y protector. Él me hacía sentir segura… y tan vez amada.

Después de un segundo, parpadeó y se giró, sonriendo lentamente cuando me pilló mirándole. Él se acercó, poniéndose entre mis piernas flexionadas, enganchando sus manos por debajo de mis rodillas. Hoy llevaba puesto unos leggings, así que era más fácil sentir cuando él se presionaba contra mí. Tal vez siempre debería llevar leggings.

A veces, como ahora, solo sus ojos sonreían.

—Hola.

—Hola.

Él se puso serio, y nos miramos el uno al otro hasta que me puse intranquila.

—Yo solía pensar en ti, a veces —le dije.

— ¿Sí? Yo también solía pensar en ti.

—Quiero decir... fantaseaba. —Mi voz se convirtió en un susurro tímido, y mi corazón latió más rápido, aunque él seguramente lo sabía. Y aunque ya habíamos estado unidos físicamente.

Él asintió con la cabeza lentamente, con los ojos hacia abajo. Todo lo que yo podía ver eran sus largas pestañas. Mi corazón saltó.

— ¿Qué fantasías? —preguntó en un susurro.

—Acerca de estar contigo. Como estuvimos ayer.

Él asintió con la cabeza de nuevo, una pequeña sonrisa apareció en la comisura de su boca.

— ¿Eso es todo?

Me ardía la cara, y tragué.

—Imaginé que me besabas por todas partes.

—Yo también imaginé que te besaba en todas partes.

Cerré mis tobillos alrededor de sus piernas para mantenerlo cerca para poder darle un beso.

Y lo hice. Una y otra vez, le besé.

… …

En casa, James y Nahuel estaban en la cocina con un tipo alto y musculoso que nunca había visto. Mi estómago se apretó, y deseé, por un momento, que Masen hubiera entrado conmigo. Siempre asumíamos que las posibles amenazas se cernían una vez salíamos de la casa, nunca pensábamos acerca de lo que podría pasar aquí. Lo cual era estúpido, lo sabía. Sobre todo con la vida que llevábamos.

Félix y Marcus estaban por lo general alrededor, y nosotros confiábamos en ellos tanto como en cualquiera, pero yo no los veía. Más importante aún, ¿dónde estaba Alec?

—Hola, Bella —dijo James, mirándome de reojo. Era tan bruto. Le había pillado mirándome más de una vez, de una manera que me hacía sentir desnuda. Por otra parte, él miraba a la mayoría de las chicas de esa manera... lo que hacía que fuera aún peor.

—Hola —le dije, cortada. Mis manos estaban sobre mi teléfono, lista para llamar a Masen.

Entonces, dos cosas sucedieron: Alec avanzó en dirección a la habitación y hubo un golpe seco detrás de mí, en la puerta. Me giré alrededor y miré por la mirilla, aliviada al ver la cara de Masen.

—Hola —respiré una vez abrí la puerta.

—Hola —sus ojos estaban puestos en el escenario detrás de mí, y de pronto pensé en la cámara secreta. ¿Él... lo había visto? ¿Había visto lo que acababa de pasar aquí? Debía haberlo visto. A lo mejor él trabajaba para otra familia. O tal vez tenía una vendetta personal. Todo era posible. Intranquila, le dejé entrar y cerré la puerta, frotándome las manos arriba y abajo por mis brazos.

Alec me saludó.

—Me preguntaba cuando estarías en casa.

—Manicura —le dije agitando los dedos. Era mentira. Me habían puesto el doble de lo normal de gel de manicura, así que iba mucho menos que antes, y de todos modos no era como si Alec se diera cuenta de las estúpidas uñas.

No solía ser así, él solía ser ultra-atento, pero era como si la presión y la coca le marearan el cerebro. Eso había destruido nuestra relación, y estaba afectando a cómo manejaba las cosas, a cómo funcionaba su negocio. Incluso yo lo veía.

Y ahora él sonreía suavemente y yo asentía con la cabeza, aún absorbiendo lo que estaba pasando con James y sus amigos. Eché un vistazo a Masen, quien me devolvió la mirada.

—Voy a... voy a mi habitación —murmuré.

Él asintió con la cabeza rápidamente, y yo desaparecí.


Bueno... por lo menos pueden disfrutar de algún que otro rato juntos.

¡Nos vemos el lunes, pasad buen fin de semana! ;)


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