Un estornudo la despertó con brusquedad de su modorra, al parecer pescaría un resfriado por andar por la calle en la madrugada con tan poca ropa. Pero eso no podía importarle menos, había obtenido lo que quería, su ego no podía con toda la satisfacción que la llenaba en ese momento.
Se sentó en la cama, retirándose el cabello azul del rostro. No le sorprendió ver a Hidan, de nuevo vestido, sentado en la orilla de la cama para calzarse las botas. Era el único hombre que ella conocía en todo Japón al que le importaba una mierda la costumbre de dejar sus zapatos en la entrada. En más de una ocasión los habían criticado en casas ajenas (incluso una vez los corrieron de un templo), por la terquedad de querer mantener sus botas puestas. A ella y a los de la banda no les molestaba, ya sabían cómo era el cantante de obstinado.
-¿Te vas tan pronto?- Le susurró al oído, abrazándolo por la espalda con su cuerpo desnudo.
-Tengo sueño.- Respondió sin dejar de calzarse la segunda bota.
-Puedes quedarte a dormir aquí, te puedo dar un masaje para que te relajes más…- Le ronroneó mientras le mordía el lóbulo de la oreja.
-Ya sabes que me gusta dormir jodidamente solo.- Le respondió él, soltándose de su agarre para ponerse en pie.
-Sé muy bien que te quedas a dormir en casa de Misa. No entiendo porque siempre te niegas a dormir conmigo.- Protestó frunciendo el ceño.
-¡Y otra vez con la misma estupidez! Ya te he dicho mil jodidas veces que no puedo dormir con nadie. Misa sufre de insomnio después de coger, nunca duerme conmigo.-
-Si claro…- Murmuró enfurruñada.
-Además, no sé cuál es tu puta fascinación con querer escucharme roncar. Me jode cuando te pones en tu plan de perra, carajo.-
-¿En verdad ya te vas?- Le preguntó de nuevo, ahora poniéndose de pie. Su cuerpo desnudo siendo escaneado por el hombre antes de responderle.
-Si.- fue todo lo que le dijo, mientras sacaba un cigarrillo de la cajetilla que tenía en el bolsillo del pantalón.
Ella detuvo la mano que se estaba llevando a la boca el pitillo y comenzó a besarlo, danzando con su lengua dentro la boca que a sus caprichos tanto le gustaba invadir. Dio un brinco hasta que sus piernas quedaron firmemente aferradas al tórax del hombre, y sus brazos rodearon su cuello, profundizando más el beso.
Hidan la sostuvo de los glúteos, acariciándolos con la mano que tenía libre, la otra ocupada aun con su tabaco. La llevó hasta la cama y se colocó sobre ella, acariciando todo su cuerpo desnudo, haciéndola gemir de anticipación.
-Hidan…- Murmuró deseosa de él.
-Konan.- Repitió él con voz raposa.
Se miraron a los ojos, mientras la mano de Hidan bajaba hasta su pantalón, ella asumiendo que se lo desabotonaría. Sus ojos miraron confundidos como la mano subía, no solo con su cigarro, sino con un Zippo también entre sus dedos. El músico se colocó el pitillo en la boca y lo encendió. Una sonrisa de medio lado se dibujó en él con sorna antes de alzar el cuello hacia el techo para exhalar el humo.
-Me voy al carajo.- Le dijo a la mujer aun con el cigarro entre los labios.
Sin agregar otra cosa, se impulsó con sus brazos para quedar de pie nuevamente y salió de la habitación. Konan escuchó aun perpleja como el tipo cerraba la puerta de la entrada con un portazo sonoro.
-Hijo. De. Puta. - Murmuró incrédula, exhalando acompasadamente para calmar su pulso excitado.
Pero aunque no era la primera vez que la dejaba de esa manera, sin ropa y aun acalorada, no le molestaba tanto. Todo estaba bien mientras no fuera la última ocasión.
Tras obtener la dosis de Hidan que deseaba, se levantó de la cama y se dirigió al baño para tomar una larga ducha antes de irse a dormir.
(Sábado, 12:00 pm)
Finalmente, el día del baile había llegado. Ino y Hinata se sentían ansiosas ante la idea de poder bailar y vestirse en sus nuevas prendas (lo primero iba para la Hyuuga, quien estudiaba danza clásica, lo segundo para la Yamanaka, quien solo amaba estrenar sus compras ostentosas). Y aunque Sakura compartía su alegría ante la velada, no era realmente una emoción sincera la que la embargaba.
En ese momento se encontraban las tres en el jardín, Sakura con una guitarra acústica en sus manos, intentado tocar los pocos acordes que había memorizado. Cantaba concentrada la armonía que deseaba lograr repetir en el instrumento, pero en su desespero, logró romper la quinta cuerda.
Una risilla escapó de los labios de su amiga rubia sentada junto a ella en el pasto.
-Mejor regresa a lo que si sabes tocar Frentona.- La molestó.- O dile a Itachi que ya no juegue al tonto y que te de esas lecciones de guitarra de una buena vez.-
-A estado ocupado.- Respondió ella sin mirarla, observando con el ceño fruncido la cuerda rota.
-¡Excusas! Además, debería prestarte una de las ochocientas que tiene en su casa ¡Esa cosa que tienes en tus manos es todo menos una guitarra!- Exclamó señalando el objeto.
-Para tu información, esta guitarra me la vendió un amigo a 15 euros. Él mismo la hizo de manera artesanal y fue una ganga.- Se defendió abrazándose a su instrumento.
-Mira que si el tío la hubiera hecho de mondadientes usados te hubiera salido de la misma calidad. No sé si lo haces por tu época bohemia o por tacaña, pero esa cosa te ha rotó más cuerdas en un mes, que todas las tipas que Sasuke se ha echado en un año.-
-¡INO!- Le exclamó Hinata ruborizada por el comentario.
-¡¿Qué?! Mejor analogía no pude encontrar.-
Sakura ignoró la discusión que comenzaron las chicas acerca de la impudicia con la que Ino tenía la mala costumbre de expresarse. Miró de nuevo la guitarra y suspiró con decepción al ver que tendría que ir a comprarle más cuerdas. La rubia tenía razón, aquella cosa la había comprado solo por quedar bien con un chico que encontró atractivo en un Fête de la musique, al final el joven resultó ser gay, pero siguieron hablándose en buenos términos.
En verdad deseaba tocar algo de música, pero su violín se lo había obsequiado como recuerdo a su amiga Amélie antes de irse de París. La madre Sakura había sido una chelista muy reconocida en Francia, egresada con honores del Conservatoire national supérieur de musique et de danse de Paris, donde sus maestros y compañeros la adoraban. Muchos conciertos ofreció en el país y el extranjero antes de conocer a Minato. Después de tener a Sakura, Nadine se dedicó más a ser madre, aunque siguió apareciendo en recitales de vez en vez. Al morir, los antiguos maestros de Nadine, quienes eran amigos de ella y Minato, se ofrecieron a instruir a la pequeña hija de su alumna prodigio, para que aprendiera de los mejores como un regalo de respeto hacia la memoria de su madre.
Fue así como Sakura creció aprendiendo violín, piano, canto y ballet, como toda niña de familia clase alta. Después por su cuenta descubriría la actuación. Sin embargo, ella no era un prodigio como su madre y de todas las cosas que intentó, en lo que mejor se desenvolvía era en el canto, la actuación y el violín; este último por la dedicación que le entregó durante años para hacer tributo a su madre. Y la verdad era que creció amando la sensación del instrumento entre sus delgados dedos.
Pero ahora deseaba poder tocar la guitarra. La razón era por algo que nadie podría sospechar, un motivo lleno de resentimiento hacia alguien en especial, algo de nostalgia también envuelto en el asunto. Más necesitaba de lecciones, pues al parecer, no llegaría muy lejos por su cuenta. Eso de tocar instrumentos definitivamente no era su fuerte, no hasta que sus dedos sangraran de tanto practicar.
-Bien, creo que es hora de ir a buscar a Shikamaru. Tengo que ir a comprar cuerdas si quiero seguir practicando.- Comentó la joven.
-De acuerdo, iremos contigo, nos detendremos a comprar unas cosas en la tienda de autoservicio antes de llegar.- Respondió Ino muy sonriente.
Sakura asintió y la miró con complicidad, eso solo significaba una cosa.
-Pero que la botella sea de Jack.- Fue lo único que añadió.
Hinata suspiró resignada, vaya que tenía unas amigas muy diferentes a ella.
(Sábado, 7:14 pm)
Y ahí estaba, de pie fuera de la entrada del hotel Grand Hyatt, ajustándose por enésima vez la corbata que tanto le molestaba. La jodida comadreja lo había citado desde hacía veinte minutos, pero del tipo no se aparecían ni sus luces.
-Maldito imbécil de mierda.- Exclamó harto de aquella situación.
A esa hora ningún invitado había llegado aún, solo los encargados del evento y entretenimiento entraban y salían por la puerta del vestíbulo. Más de una mirada indiscreta se había detenido en su presencia durante el lapso que permaneció en aquel lugar, sobre todo cuando llegó en su motocicleta y le negó al valet parking el beneficio de estacionarla: nadie podía tocar su vehículo más que él. Aparentemente el traje le concedía el beneficio de camuflarse como alguna persona de alcurnia, más su actitud y semblante lo hacían sospechoso bajo el ojo experto de aquellos que trabajan para la clase alta.
Finalmente el Porsche azul medianoche de Itachi apareció frente a la entrada del hotel. El valet parking corrió hasta a la puerta del auto y abrió reverenciando al Uchiha. Hidan no pudo evitar sonreír con sorna cuando vio como la comadreja le lanzaba una advertencia sobre cualquier raya o mota de polvo que viera en la pintura cuando lo regresara antes de entregarle las llaves, no sin una mirada mordaz en el gesto. Si no fuera porque debía mantener las apariencias de la estirpe de los dueños de Sharingan, Itachi no habría entregado sus llaves a un completo desconocido ni en un millón de años, solo el niñato que trabajaba fuera del Ethyl desde hacía 3 años tenía el privilegio de su confianza. Una vez dijo que prefería mil veces arrancarse un ojo que darle su preciado auto a un extraño.
Después del intercambio de miradas con el nervioso empleado del hotel, finalmente cayó en cuenta de la presencia de su amigo. Una sonrisa se dibujó ahora en el rostro del Uchiha mientras se acercaba a él.
-Pero mira la diferencia que puede hacer una ducha.- Bromeó el joven.
-Cierra la boca comadreja.- Respondió mordaz el músico.- Me has tenido esperándote por una jodida media hora, ya era tiempo de que terminaras de maquillarte y depilarte las piernas.-
-Déjame decirte que yo no necesito eso, soy naturalmente hermoso.- Añadió guiñándole el ojo con galantería, mientras ajustaba uno de los puños de su camisa.
-Joder, últimamente me enfermas.-
El Uchiha solo rio, sumamente divertido por el gesto de incomodidad del músico ante el buen humor que tenía desde la llegada de Sakura a Japón.
-Entremos, tengo que revisar unos asuntos del evento antes de que lleguen todos los demás.- Le apremió él, invitándolo a pasar al hotel.
-¿Me dirás finalmente por qué coño me has hecho venir a este nido de urracas?- Preguntó Hidan.
-¿Urracas?-.
-Ya ves que a los pajarracos esos les encanta robar todas las jodidas cosas que brillan.- Explicó.
-Creo que es una buena analogía.- Concluyó su amigo riendo.- Pero no, aun no te diré nada. Ya sabrás mis motivos a su debido tiempo.-
-Carajo, te encanta hacerla de emoción comadreja.- Se quejó el músico, pero finalmente se adentró al vestíbulo con resignación.
Hidan no necesitó dar más de dos pasos en el elegante suelo pulido para sentirse fuera de lugar. La ostentosidad de la que se presumía en cada rincón del edificio era abrumadora, con sus amplios pasillos claros iluminados en luces ámbar y doradas, el contraste entre el tradicionalismo cultural japonés y la modernidad occidental minimalista; hasta el elevador destinado para usos exclusivo de los salones de banquetes con sus numerosos botones iluminando la posibilidad de ascender a cualquiera de sus veintiún niveles, le parecía exagerado.
-Si hubieran utilizado billetes de 10,000 yenes como empapelado de los cuartos, no me hubiera sorprendido.-
-¿Sabes que hablas de cerca de cuatrocientas habitaciones?- Le dijo Itachi alzando una ceja.
-No. Y aun así no me habría impresionado.- Respondió el músico con indiferencia.
-Existen hoteles mucho más costosos que este…-
-Puedes ir a revisar si su empapelado está en dólares o euros por ti mismo, esta es la única vez que te acompaño a un sitio así.- Concluyó.
Itachi solo miró a su amigo y negó divertido con la cabeza.
El elevador se detuvo en el tercer piso, abriéndoles paso al lobby frente a la entrada del ala oeste del Grand salón. Inmediatamente los empleados y organizadores que se encontraban atareados en sus deberes pre-banquete pausaron todo y reverenciaron con respeto al Uchiha y Hidan conforme iban avanzando. Hidan era consciente de que la atención que recibiría Itachi en este evento sería diez veces mayor de la que gozaba en el mundo exterior, pero aun así no comprendía porque lo tenían que mirar a él con tanta curiosidad. Sabía que desentonaba, pero no era como para recibir tantas jodidas miradas.
-Me siento como un jodido mono de circo.- Murmuró con hastió.
-Buenas noches caballeros.- Los saludo un hombre que se acercaba a ellos.- Mi nombre es Fujiwara Towa y soy el gerente a cargo de su evento esta noche. En nombre de la familia Grand Hyatt, agradezco su preferencia y nos sentimos honrados de ser su sede esta noche.- Finalizó con una reverencia cortés.
-Un placer Fujiwara, Uchiha Itachi. En nombre de mi familia agradezco su atención y cuento con ustedes para el éxito de este evento. Te presento a mi socio Hidan.- Añadió Itachi señalando a su amigo.- Preferimos dejar su apellido en privado, para no alertar a la prensa de su estadía en nuestro país.-
-Por supuesto, un gusto Hidan-sama.- el hombre realizó una reverencia con tanto respeto como la que dedicó al Uchiha y el rockero imitó el gesto, sin tanta desenvoltura como el gerente.
El gerente y su amigo permanecieron hablando durante cerca de veinte minutos acerca de todos los detalles que se prepararon para el baile, yendo y viniendo por todo el salón, Itachi agradeciendo y presentándose con cada uno de los músicos y meseros que armonizarían durante la noche. Una cosa que Hidan admiraba (pero que jamás le diría a la comadreja), era la cortesía y respeto con la que trataba a todos sus empleados. Esa era una de las razones por las que el heredero, tan joven como era, tuviera el grado de presencia y la admiración de quien lo rodeara. Su personalidad y capacidades sobrepasaban por mucho el renombre de su apellido.
Después de asegurarse que todo estuviera listo, el gerente se retiró para asegurar el puesto de los empleados y abrir las puertas del salón a los invitados que fueran llegando.
-Bien, ahora que estamos solos puedes decirme ¿Quién carajo se supone que soy? Porque al parecer por lo que he escuchado, soy un jodido extranjero.- Le dijo con recelo a Itachi.
El pelinegro suspiró resignado, sabía que debía haber explicado esa parte desde que llegaron.
-Sabes que mi padre se opone rotundamente a lo de la banda, y después del evento en el Ethyl, me queda más que claro que su antagonismo hacia nosotros no permanecerá como una simple amenaza.-
-¿Lo del Ethyl? ¿Fugaku estuvo involucrado?- El ceño de Hidan se frunció con incredulidad.
-Lo confirmé yo mismo. Por lo que es peligroso que descubran tu identidad en esta fiesta. Aun cuando mi familia te conozca, mientras mantengas una coartada que sea de perfil bajo dentro del "nido de urracas", nadie se atreverá a meterse con nosotros. Si no se descubre que eres de la banda, mi familia seguirá la corriente para evitar un escándalo.-
-Esto es un jodido disparate comadreja, te estas convirtiendo en un maldito idiota ¿Para qué coño me has traído a este sitio si te crea tantos problemas?- Su reproche estaba lleno de ira contenida, no podía soportar la idea de meter a su mejor amigo en líos.
-Porque, espero que sea una buena manera de pagar un poco de la deuda moral que tengo hacia ti por los últimos dos años.-
El tono de Itachi era tan serio como su mirada, aquello era sumamente importante para él. Hidan casi perdió el aliento al verlo, no creía que su amigo aún se reprochara cosas del pasado.
-No me debes nada Uchiha.- Aquello era sincero y sin su usual socarronería.
-Hoy eres un músico, hijo de un compositor inglés. Tienes una fascinación por la cultura japonesa y su idioma, nos conocimos en Oxford hace tres años cuando hice un semestre en economía allá, tu apellido está ligado a la prensa inglesa estrechamente por lo que prefieres no repetirlo. Tu estadía será muy corta, has venido principalmente a esta reunión y como invitado mío a conocer nuestro país. No será difícil para los demás creerte extranjero.-
-Claro que no, no tendré que mentirles del todo…- Murmuró resignado el joven, con un deje de amargura.
Itachi sonrió de medio lado, dándole unas palmadas de apoyo a su amigo en el hombro, aun cuando este era varios centímetros más alto que él. El joven lo observó con sus ojos amatista llenos de sorna, antes de componer su gesto en uno más diplomático.
A las 8:15, la orquesta comenzó a interpretar unas suaves melodías de Debussy y las puertas del recinto se abrieron, dando paso a numerosos invitados que iban llegando a las instalaciones. En el lapso de unas horas, el salón se había convertido en un desfile de exuberantes vestidos y trajes costosos. Las joyas sobre la piel de las mujeres brillaban casi tanto como las mismas luces del lugar y los halagos prudentes con risas suaves se mezclaron junto a la música de fondo, creando una burbuja de alcurnia que a Hidan comenzaba a sofocarlo.
El señor Uchiha había llegado ya desde hacía tiempo, junto con su esposa e hijo menor y pasaban de grupo en grupo agradeciendo la asistencia de toda aquella élite internacional. Itachi se mantenía con Hidan, evitando encontrarse con su progenitor, presentando a su amigo ante personajes que no resultaban tan tediosos como Hidan esperaba. Finalmente, sin que él pudiera evitarlo, Sasuke se encontró con ambos, mientras ellos conversaban con uno de los inversionistas de la corporación.
-Vaya, pero mira que sorpresa nos ha venido a deparar esta fiesta.- Soltó con ironía.
-Te creo lo suficientemente prudente para no armar una escena.- Advirtió Itachi por lo bajo.
-Pero no tengo pista alguna de lo que hablas querido hermano.- Respondió Sasuke con cordialidad.- Takahashi-san, Shimizu-san, y usted señor es…- Preguntó con fingida curiosidad.
-Hidan.- Respondió el músico, ofreciéndole la mano a Sasuke, quien la tomó sonriente.
-Por supuesto, un placer Hidan-san, Uchiha Sasuke. Disculpe mi curiosidad, pero creo que no escuche su nombre completo.-
-Oh, tu hermano acaba de explicarnos que su amigo es hijo de un compositor ingles muy famoso entre la gente de la prensa, por lo que prefiere omitir su relación entre esta visita y su nombre que aquí todos sabemos la importancia de mantener un perfil bajo en estos eventos ¿no es así?- Respondió el señor Takahashi mientras daba una risotada. Era un hombre regordete dueño de la industria acerera más grande de Asia. Al parecer él y Shimizu, el gran magnate de la industria agrícola, habían tomado de muy buen agrado la presencia de Hidan.
-Oh por supuesto, disculpe si lo puse en una situación incómoda, Hidan-san.- Se disculpó con una modestia creíble, pero para los ojos de Hidan e Itachi, era obvia su ironía.- Ahora si me lo permiten, tengo que ir a revisar algunos asuntos del banquete.-
Tras eso y una reverencia, Sasuke se alejó del grupo. Los hombres mayores siguieron hablando con Hidan, pues al parecer la personalidad del joven les parecía intrigante. Pero mientras eso sucedía, Itachi no podía dejar de preocuparse por la serenidad de su hermano, aquello no anunciaba nada bueno.
…..
-No puedo creer que se atreviera a traer a esa sabandija al baile.- Murmuró Fugaku, conteniendo su ira.
Sasuke y su padre se encontraban en una oficina privada pequeña que se reservaba para las personas que rentaban el salón. En cuanto se enteró de la presencia del vocalista de la banda de su hermano en la fiesta, acudió a su padre.
El joven nunca había entendido porque el odio visceral hacia ese hombre en especial. Podía comprender el odio hacia Akatsuki y la amenaza latente que era para su padre y Sharingan, más desde hacía un par años, cada vez que alguien mencionaba el nombre de Hidan, la ira de su progenitor enardecía.
Para Sasuke, Hidan simplemente era un tipo vulgar. Nunca le había tomado importancia, aunque recordaba haberle dicho en más de una ocasión a su hermano que debería sentir pena de ser visto en público con tal personaje. Para la mente clasista de Sasuke, Hidan era una incógnita: Si a él le parecía un ser sin valor ¿por qué su padre concentraba tanto desdén en él? Era como si ese hombre en especial representara un peligro personal.
-¿Qué piensas hacer?- Le preguntó Sasuke, esperando algún tipo de orden.
-Dijiste que la coartada que maneja resulta creíble para los invitados, lo cual no me sorprende, por donde veas al tipejo, su imagen puede pasar fácilmente por la de un extranjero. Hay que asegurarnos de que siga así, ya después de la fiesta me encargare de echarlo sin armar ningún alboroto.-
-¿En verdad dejaras que Itachi y él se salgan con la suya? El tipo se está regodeando entre personas de importancia crucial para la corporación, no puedes permitirles que se burlen así en tu cara…-
-¡Sasuke!- Lo llamó su padre con furia contenida, haciéndolo callar.- Escúchame bien, no intervengas. Si te atreves a hacer algo, la responsabilidad la hare recaer sobre ti.-
Sasuke asintió con solemnidad, pero apretó los puños, furioso. Era el colmo que su padre le permitiera a Itachi llevar a cabo sus arranques estúpidos. No importaba cuanto arruinara su hermano las cosas, él era siempre quien se ganaba el reproche de su padre.
-Está bien padre.- Respondió el joven.
En ese momento tocaron a la puerta.
-Fugaku-sama, me han informado que Minato-sama ha llegado al baile.- Anunció uno de los asistentes del jefe de familia.
-Bien. Enseguida vamos.-
El asistente asintió y cerró la puerta.
-Bien Sasuke, olvida cualquier idea que puedas tener en tu cabeza, tu misión esta noche es cortejar a la joven Haruno. No olvides nuestro acuerdo.- El hombre apretó con firmeza el hombro de su hijo en señal de confianza, y salió de la oficina.
Sasuke permaneció en el lugar unos instantes, pensativo. Definitivamente no dejaría las cosas como estaban.
….…..
(Grand Salón Hyatt, 10:00 pm)
Sakura se sentía un poco desgana por aquel evento, hubiera preferido fingir estar enferma y permanecer en casa, que tener que ir a ese baile y ser civilizada con Sasuke y su padre. Pero así como los Uchiha eran el motivo por el cual no deseaba estar ahí, era también otro Uchiha la razón de su asistencia.
Además, esa misma noche su padre había llegado de Francia, por lo que toda la familia tenía la obligación de acompañarlo al evento. Aunque Sakura sospechaba que con el cambio de horario, su padre también hubiera preferido permanecer en casa.
Al llegar al salón llamaron la atención de la mayoría de los presentes, no solo por contar con la presencia imponente y carismática de Minato Haruno, sino por la cantidad de personas que conformaban el grupo. Junto con Minato, Kushina venía afianzada de su brazo en su vestido largo del mismo color azul media noche del traje de su esposo. Su cabello largo y rojo se encontraba recogido en un moño elegante que lograba disimular su abundancia.
Naruto venía en un traje color plateado y su cabello aplacado, cosa que siempre le parecía incomoda. Hinata se agarraba con timidez de su brazo como acompañante del rubio.
Ino y Sakura venía una al lado de la otra, ninguna de ellas llevaba acompañante, pero eso no significaba que no existieran candidatos disponibles. Las chicas siempre eran el centro de atención a donde fueran.
En el momento en que eran anunciados a la entrada, Itachi se acercó rápidamente a Kushina y después al padre de la pelirrosa.
-Kushina-san. Minato-san, es un placer tenerlo de vuelta señor.- Saludó con el respeto y la familiaridad usual.-
-Itachi-kun, es bueno verte. El señor Dubois les envió saludos a ti y Sakura. Dice que extraña verlos en sus clases de música.-
-Bueno, el canto nunca fue lo mío, y eso me lo aclaró en más de una ocasión.- Comentó sonriendo con amabilidad el pelinegro.
-Tonterías.- Interrumpió Sakura a su amigo.-Esa era solo una excusa de Dubois para golpearte en las manos con su batuta, había algo de sadomasoquista en ese profesor.- Le dijo molestándolo.
-Sakura…- Itachi permaneció en silencio, viéndola incrédulo.
-Un placer verte también.- Le dijo ella, alzando una ceja curiosa ante la cara atontada de su amigo.
-Bien, nosotros tenemos que ir a saludar a los demás, dejo a las chicas en tus manos Itachi.- Le comentó Kushina al joven, suprimiendo una risilla y retirándose junto a su marido.
Itachi se aclaró la garganta algo abochornado, intentando recuperar la compostura.
-Lo siento, creo que aún estoy algo cansado por el trabajo.- Se excusó el pelinegro. Su usual sonrisa amable se le dibujó en el rostro.- Pero déjame decirte que te vez muy hermosa esta noche. Me hace sentir un poco celoso de quien será tu acompañante esta noche.-
-¿Celoso de quién? Creí que tú me harías el honor de ser mi escolta.- Estaba un poco sorprendida ante la noticia.
-No, él será el honrado de escoltarme esta noche. Itachi me lo pidió por teléfono en la tarde.- Respondió Ino colocándose al lado de Itachi.- De nada.- Añadió ella guiñándole un ojo al joven.
-No cabe duda de que los caballeros las prefieren rubias.- Mencionó la pelirrosa sonriendo.
-Pero no te sientas mal cariño, estas hecha un encanto esta noche, estoy segura de que te lloverán tipos al primer paso de que des.- Ino la animó con confianza.
-En realidad, esperaba que pudieras hacerle compañía a un amigo. No sé a dónde se fue en este momento, pero en cuanto lo encuentre…-
-¡Vaya! Pero si es la señorita Haruno. Déjame decirte que luces tan esplendida y delicada como una flor esta noche.- Fugaku se acercó a los jóvenes, interrumpiendo las palabras de Itachi y desconcertando un poco a los tres amigos.
-Buenas noches señor Uchiha, un placer ser tomada en consideración junto con mi familia para su baile.- Saludó Sakura con fingida cortesía.
En verdad detestaba a sobremanera a ese hombre.
-El honor es mío Sakura, siempre es bueno tener jóvenes tan bellas que cumplan como ornamentos en estos eventos.- Le respondió él, con su usual misoginia.
"Por supuesto que lo dijo" Pensó la chica con hostilidad.
-Gracias por su cumplido.- Añadió ella, conteniendo sus pensamientos.
El señor Uchiha observó a Ino colgada del brazo de Itachi y luego miró a su hijo. En su rostro se veía la sorpresa, su mirada le transmitía sus pensamientos:
"Lo que me faltaba, teniendo a la hija de Minato por un lado, escoge a la reina de los escándalos amarillistas".
-Señorita Yamanaka, veo que hoy usted tiene el honor de ser escoltada por mi hijo mayor. Espero se sienta a la altura de la circunstancias.- Le dijo con su sonrisa cordial, tan cínica como sus palabras.
-Por supuesto Uchiha-san, no se preocupe, usaremos un cuarto en lugar del elevador.- Esto lo puntualizó abrazando el brazo de Itachi más cerca de sus pechos.
Fugaku carraspeó incomodo ante la vulgaridad de la rubia, Ino también tenía un nivel de cinismo que generalmente era difícil de digerir, pero amaba usarlo cuando alguien buscaba ofenderla. Por eso la prensa cazadora de socialités amaba perseguirla. Sakura e Itachi suprimieron una risilla.
-Bien señorita Haruno, como veo que no tiene acompañante esta noche, permítame que la escolte yo mismo entre los invitados por un momento. Después de todo, espero que usted me vea como alguien de su familia.- Mientras decía esto, le ofrecía su mano a la chica.
Los tres jóvenes miraban extrañados al hombre, no entendían sus palabras. Pero Sakura, muy a su pesar, no podía rechazar una oferta del anfitrión. Omitió su suspiró de fastidio y dibujo un gesto de halago en su rostro mientras tomaba la mano que le ofrecían.
-Si nos disculpan.- Se despidió Fugaku, dejando a su hijo solo con la rubia.
-Esto es muy sospechoso.- Murmuró Ino cruzándose de brazos.
-Demasiado. Necesitamos encontrar a Hidan pronto, antes de que mi padre la lleve con Sasuke y acaparen a Sakura toda la velada.-
-¿Hidan?- La voz de Ino denotaba sorpresa.- ¿El tipo del bar que tiene finta de Dios sexual es a quien querías reunir con Sakura? ¡No puedo creerlo! ¿En verdad lo has traído a la fiesta?-.
-¿Crees que fue una mala idea?- Cuestionó Itachi no muy seguro aun de su plan.
-Al contrario mi amigo.- Su mirada estaba cargada de picardía.- Creo que ese plan es excelente.-
-Señorita…- Le dijo Itachi sonriendo, ofreciéndole su brazo de nuevo.
-Caballero.- Respondió ella, en el mismo tono juguetón de su amigo.
Y así ambos se fueron a buscar entre los invitados la sorpresa que tenían preparada para la pelirrosa.
…
-Sí, creo que ya conoces a mi hijo Sasuke, pero déjame presentarte a la señorita Haruno Sakura.- Resaltó su apellido con un tono de orgullo en la voz.
-¡Oh vaya! Déjeme decirle que tuve el placer de conocer a su madre, y usted es la viva imagen de su belleza señorita Haruno.- Añadió con sinceridad un hombre coreano de mediana edad.
-Gracias por su cumplido Park-san, me es grato saber que conoció a mi madre, debe haberse sentido honrada de contar con una persona tan respetable como usted entre sus allegados.- Respondió Sakura cortés, con una ligera reverencia occidental.
-¿No es un joya? Sus modales son impecables.-
-En efecto, es muy afortunado joven Uchiha, por tener tan deleitable compañía en esta velada.- Le dijo el señor Park a Sasuke, quien se encontraba al lado de Sakura.
-Muchas gracias.- Fue lo que dijo, con su sonrisa de medio lado.
-Bueno, creo que la señorita Haruno se ha de sentir más que afortunada también.- Agregó Fugaku, riendo con sonoridad.
Sakura no pudo evitar girar los ojos con hastío. Ya había perdido la cuenta de cuantos minutos habían transcurrido desde que el señor Uchiha la había separado del grupo de sus amigos. Debía ser más de una hora, porque ya se encontraba hasta la coronilla de los comentarios petulantes del padre de Sasuke. Y el chico (quien después de unos instantes se había unido a ellos), no representaba mucho consuelo. Sasuke solo era un títere cuando su padre lo involucraba en algo.
No sabía en qué momento de la velada se había convertido en la muñeca de porcelana de los Uchiha, pero no podía estar más fastidiada. En más de una ocasión se había intentado escabullir entre el mar de invitados, pero el brazo firme de Sasuke la mantenía a su lado sin vacilar. Así había ido, de grupo en grupo, presentándola y escuchando halagos empalagosos de los invitados.
Ella no era tonta, comprendía muy bien lo que sucedía: Fugaku quería introducirla como pareja de su hijo. Después de todo, el hombre era orgulloso y no existía mejor logro que el hecho de que uno de sus herederos estuviera con la hija de la eminencia política Haruno Minato. Esa era simplemente la clase de hombre que era Fugaku, pero la decepcionaba enormemente ver como Sasuke se prestaba a esos juegos.
-Ahora que lo recuerdo Sakura, Minato me mencionó en algunas ocasiones que podían cantar y tocar muy bien el violín. Sería un gran deleite para nuestros invitados si nos concedieras el honor de interpretar algunas piezas.- Mencionó el señor Uchiha.
Ante los ojos de Sakura parecía que en cualquier momento se abriría una cola de pavorreal a su espalda.
-Oh, no quisiera importunar a los músicos Uchiha-san, además, tengo considerable tiempo sin practicar una sola pieza…- Intentó excusarse.
-Disparates, cuando se tiene un talento y años de práctica no sucede nada. Después de todo es solo música ¿No es tan difícil o sí?- Un aire de amenaza se asomaba en su mirada, no la dejaría hacerlo quedar mal ante aquellos empresarios.
Sasuke le entregó la mano de Sakura y esta fue llevada hasta la plataforma mediana utilizada como escenario donde la pequeña orquesta se encontraba interpretando piezas de Vivaldi. Tras una breve indicación al encargado por parte de Fugaku, la música se detuvo con suavidad y el Uchiha tomó el micrófono.
-Buenas noches a todos.- Comenzó con voz cordial e imponente.- Antes que nada, me gustaría agradecerles por enaltecer nuestro evento con vuestra presencia. Es un honor para nosotros el contar con su apoyo para que el área de investigación de enfermedades genéticas más grande del país cuente con los fondos necesarios para sus proyectos. En nombre de las corporaciones Sharingan, les doy las gracias por hacer que millones de personas tengan una esperanza más en el futuro médico. -
El señor Uchiha hizo una pausa para dejar que la gente dedicara los aplausos correspondientes a sus palabras. Después de un momento, continuó con su presentación.
-Ahora, como un obsequio hacia ustedes, la hija de mi querido amigo Haruno Minato nos regalará algunas piezas junto con la orquesta. Les pido por favor que reciban con un cordial aplauso a la señorita Haruno Sakura.-
Los invitados aplaudieron con grata sorpresa mientras Fugaku bajaba del escenario. Sakura se acercó a los músicos de la orquesta y conversó un poco con ellos antes de definir cuál aria interpretarían. Después de llegar a un acuerdo, respiró hondo y tomó el micrófono.
-Buenas noches. Quisiera disculparme de antemano si mi interpretación suena floja ante algún oído experto presente, pero llevo tiempo sin cantar.- Unos aplausos de ánimo sonaron entre los espectadores.- Gracias. Dejando eso de lado, quisiera dedicar esta canción a mi padre y a su hermosa esposa Kushina, una canción suave bajo la luz albina de la luna.-
Sakura buscó entre la gente hasta encontrar los ojos azules de su madrastra y su padre, quien iba llegando de otro lado para colocarse junto a su esposa. Una sonrisa cálida se asomó en los labios de la joven.
-De la ópera Rusalka de Antonín Dvorak, esto se titula Canción a la Luna.- La pelirrosa dio señal a la orquesta y el arpa dio comienzo a la música.
Sakura respiró profundo y cerró sus ojos por un momento antes de interpretar la primera estrofa.
Al igual que sucedía siempre que cantaba, la joven se entregó por completo a su interpretación, perdiéndose entre las palabras que salían con voz dulce de sus labios. Aun cuando ella era una soprano, su voz melodiosa siempre sonaba tersa y liquida, diferente a las sopranos de timbres estridentes y dominantes.
Casi nunca tenía la oportunidad de cantar arias en público, pues la ópera nunca había sido algo de lo que se sintiera completamente segura. Pero esa canción siempre la amaría, porque sabía lo que representaba para su padre.
"Madre, al igual que tú y Rusalka, creo que me he enamorado a primera vista de un hombre mortal…" Pensó la joven entre sueños de violines y flautas, recordando aun en aquellos momentos, al joven músico que compartió el último escenario con ella hacía un mes.
Antes de poder notarlo, las notas finales escoltaban su canto hacia el final de aquel solo. Apretó las manos con decisión y tomó aire antes de dar paso a las últimas palabras en checo, con una energía rotunda. Una sonrisa me medio lado algo altanera se curveó en su boca. Creía que tenía algo de derecho para ser un poco vanidosa, después de todo, aun recordaba como cantar algo de ópera.
Los aplausos rompieron con la atmosfera envolvente que había llenado al absorto recinto. Gritos de ¡Bravo! Y otros elogios llenaban los oídos de la joven con una resonancia casi tan cálida como la de los instrumentos.
Pero la altivez y el ego quedaron opacados de golpe tras la sorpresa que hizo que su corazón se detuviera por un segundo.
Ahí entre el mar de personas disfrazadas de civilización, coreando al unísono con la sinfonía de aplausos, al lado derecho de su padre, se encontraban un par de ojos amatista, que la perforaban aun con más intensidad que la recordada en sus sueños.
"Te encontré" Fue lo que pronunciaron en silencio sus labios para ella, antes de dedicarle una sonrisa socarrona.
…..
(Minutos Antes)
Tal vez llevaba una hora en aquel lugar, no estaba seguro. Lo que si sabía es que la razón para que se aventurara a entrar al abandonado Salón Terragon frente al salón del baile de los Uchiha, era que estaba harto de las cerca de mil personas burgueses con las que había tenido que fingir interés. Si tenía que repetir de nuevo que era hijo de un compositor o hablar sobre lo molesto del clima de verano en Oxfordshire para la gente que adora el sol y prefiere ir a Cabo Juluca o algún otro jodido sitio de snobs derrochadores de plata, golpearía a alguien.
Recargado en una de las mesas más cercanas a las amplias ventanas del cuarto, por lo menos debía admitía que aquel sitio tenía una vista del Tokio nocturno que te robaba el aliento. Su celular se encontraba apagado en su bolsillo, evitando así a la comadreja a como dé lugar. Sabía que lo obligaría a regresar a actuar entre esa marabunta de ricos como si él fuera uno de ellos.
Además, más de una tipa cincuentona extranjera había intentado agarrarle el trasero mientras hablaba con sus maridos gordinflones distraídos. Era cierto que le gustaban las mujeres atrevidas, pero hasta él tenía un límite.
Cogió su cajetilla y encendió el tercer tabaco de la noche. Respiró hondo y exhaló con cansancio el robusto humo para tranquilizarse. Estaba tan absorto en la sensación y el panorama, que no escuchó cuando alguien entró al salón.
-No está permitido fumar aquí joven.- Le dijo muy cerca de donde se encontraba.
Hidan giro su rostro sin inmutarse, preparado para lanzar todos los insultos que tenía acumulados de aquella velada al primer empleado elitista amargado que amenazara con correrlo del hotel. Para su asombro, se encontró con todo lo contrario: un hombre rubio de rostro sereno y aspecto aun juvenil para su edad, quien le sonrió con calidez.
-Veo que no te atemoriza para nada el reglamento, ni siquiera parpadeaste ante mi intromisión.-
Una ligera risa tersa surgió de aquel invitado mientras se acercaba a él, colocándose a su costado para ver el paisaje.
-¿También estas huyendo del nido de urracas?- Le preguntó el músico curioso.
-¿Urracas?- Preguntó divertido.- Podría decirse que sí. No importa si han pasado dos o dieciséis años, uno nunca se acostumbra si desde el principio encontraba aburridos estos bailes.-
-¿Dieciséis años?- Exclamó con sorpresa el joven, lanzando un silbido largo.- Joder tío, creo que tú necesitas esto más que yo.- Le soltó, ofreciéndole uno de sus Marlboro.
-Gracias.- Respondió sonriente aceptándolo con gusto junto con el encendedor.
Ambos permanecieron en silencio por unos instantes, observando cómo se fundía la turbia línea de humo de cigarro con la nitidez de las luces urbanas. No sabía porque, pero por primera vez en la noche Hidan se sentía bastante cómodo ante la presencia de aquel tipo (obviamente burgués). Al grado que ni su lenguaje se refrenó como en las últimas horas.
Lo más extraño era que algo en ese hombre le parecía extrañamente familiar, estaba seguro de haber visto alguna vez esos gestos y miradas en otro sitio.
-Disculpa mi impertinencia, mi nombre es Haruno Minato.- Comentó ligeramente avergonzado el hombre, ofreciéndole su mano.- Creo que el sueño ha gastado un poco mis modales.-
-Hidan.- Se presentó él con su sonrisa de medio lado, restándole importancia.
-¿Hidan? Así que tú eres el joven amigo de Itachi-kun del que han estado hablando todos. Entonces el placer es enteramente mío.- Su sonrisa se enanchó en un gesto aún más cálido y sincero tras atar cabos.-
-Parece bastante familiar con la comadreja.- Exclamó con divertida sorpresa.
Minato no pudo evitar soltar una carcajada tras escuchar el apodo con el que llamaban al joven Uchiha. Nunca en su vida había oído de nadie que se pusiera al tú por tú con el joven además de su hija.
-Es amigo de mi hija desde que eran pequeños, por lo cual lo veo ya como parte de la familia.- Respondió, acabando con lo último de su cigarrillo.
-¿Hija?- La curiosidad de Hidan floreció de repente, sin comprender él mismo la razón.
-Sí, Sakura. Ella e Itachi-kun han sido amigos desde que puedo recordar. Por ahí debe andar ella, la última vez que la vi estaba bailando con Sasuke.-
-¡Minato-san finalmente te encontré!- Un adolescente con los mismos ojos azules y revoltoso cabello dorado entró como torbellino en el silencioso lugar, chocando con algunas sillas y mesas hasta acercarse al aludido.
-¿Qué sucede Naruto?- Preguntó él, suspirando con paciencia ante el desastre que acababa de provocar.
-¡Han subido a Saku-chan al escenario! Tienes que venir a escucharla.- Explicó con una alegría hiperactiva, jalando al hombre del brazo.
-¿En verdad? ¡Entonces qué esperamos!- Un tonó de emoción se notó inmediatamente en su voz.- Hidan-kun, deberías venir tú también. No es porque sea mi hija, pero el canto Sakura en verdad es un deleite para los sentidos.- Le dijo con un orgullo sano sin presunciones.
-Por supuesto, adelántense, enseguida los alcanzo.- Respondió sonriendo divertido el músico.
Los rubios asintieron con una sonrisa zorruna casi idéntica antes de salir a toda velocidad del lugar, olvidando la compostura del evento. No sabía si actuaban así porque estaban en un sitio donde nadie los veía, o en verdad se comportaban de esa manera todo el tiempo. De cualquier forma, a Hidan aquella vitalidad le agradaba.
Guardó su cajetilla y encendedor en el bolsillo interno de su saco y se pasó una mano por el cabello intentado contener su peinado que trataba de liberar unos cuantos mechones hacia el frente. Se ajustó de nuevo la corbata y el primer botón de la camisa que había desabotonado, antes de permitirse salir del salón, si Itachi lo veía así armaría un jaleo.
Las ventanas filtraban el rayo de luna plateada por todo el sitio, jugando con las sombras de la noche, rozando a su vista como los suaves dedos vacilantes de una amante antes de salir a la voluptuosa iluminación dorada y artificial de la fiesta.
Pero algo hizo que la sensación de adrenalina volviera a su cuerpo de golpe. Mientras salía del oscuro Terragon al lobby, una melodía inesperada inundo sus oídos. Cuando dijeron que la hija de aquel rubio cantaría, no imaginaba que fuera a ser una ópera. Aquello normalmente habría cautivado su atención por el respeto que le tenía a la música clásica (aun cuando el prefiriera el rock), pero eso no era lo que lo hizo perder la compostura.
Mientras se adentraba al salón caminando entre el mar de personas, una voz le robó el aliento. No solo era el hecho de aquel canto era tan agraciado e hipnótico como el de una ninfa, era algo más.
Sin parar su marcha, fue abriéndose paso hacia el escenario, intentado apresurarse para ver a la portadora de aquel timbre tan familiar que lograba embelesar a todo aquel que la escuchara.
-Abran pasó.- Murmuraba con determinación moviendo a la gente, olvidando la cortesía que había fingido horas antes.
Finalmente, casi al frente del escenario, encontró el semblante del rubio Minato, quien contemplaba absorto el escenario sin notar su presencia. Hidan siguió la línea de su mirada hasta encontrar lo que buscaba:
Pero no era una ninfa rubia y sensual jugueteando entre las flores cubiertas de roció, aquello era un ángel.
Con su cabello suelto en suaves y largas ondas de color rosado que le cubrían los níveos hombros, su cuerpo envuelto en un largo vestido blanco vaporoso con incrustaciones de brillantes cristalinos en el busto ligeramente ajustado; su rostro terso con un maquillaje tan natural que daba la impresión de no estar ahí y una expresión de paz tan romántica como la voz que salía inmaculada desde su vientre y pecho.
Finalmente, las notas más enérgicas del solo salieron perfectamente interpretadas de sus labios y tras una sonrisa satisfecha, la gente rompió en ovaciones, aun con mayor intensidad que en el Ethyl Chains, un mes atrás. Ahora comprendía que realmente la persona a quien le había cantado antes no era la misma de ahora.
- Esa melodía la tocaba su madre en el chelo cuando éramos unos jóvenes soñadores enamorados. Siempre dijo que para ella, Rusalka era nuestra historia. Supongo que para mi hija esa aria representa la unión entre su difunta madre y yo.- Le susurró Minato sonriente, quien había vuelto del plano al que se había transportado.- Ella es Sakura, de quien te hablaba hace un momento.-
-Sakura…- Repitió por lo bajo, sin que Minato, quien ahora aplaudía con fervor, pudiera escucharlo.
Sopesó el nombre en su boca, encontrándolo dulce y sedoso al tacto con su lengua. Tal vez no había encontrado a la "Coco" que invadió sus pensamientos durante las semanas trascurridas. Pero al ver a la portadora de aquellos ojos esmeraldas tan cálidos y profundos, sabía que había encontrado a una beldad más perfecta y cautivamente que la que estuvo soñado. Y ahora sospechaba que esta vez nadie sería capaz de arrancarla de su vista sin que le robaran a él parte de su vida.
Entonces, la joven de cabellos rosados clavó su mirada en él, y la sorpresa que reflejó su rostro pudo ser fácilmente leída por el rockero.
-Te encontré.- Le dijo sonriendo con socarronería, satisfecho de finalmente, después de todos esos días, poder pronunciar aquellas palabras.
