Capítulo XIII

"¡Por Atena! Todos al Olimpo" (fin de la primera parte)

Shyriu recibía atención por sus heridas, de parte de Shunrei, quien pese a estar levemente herida, prefería dedicar sus esfuerzos en ayudar al hombre que amaba. Hyoga estaba sentado junto al fuego, mientras Bud tomaba un vaso de agua y Siegfried miraba por la ventana, temeroso de que aparecieran nuevos enemigos.

- - De acuerdo… ya estamos mejor. Creo que nos deben algunas explicaciones, muchachos…- dijo Shyriu.

- - Claro… -dijo Bud, dejando el vaso en la mesa y poniéndose de pie – Luego de la cruenta batalla contra el santuario, la paz volvió a nuestro reino e Hilda volvió a ser la misma de siempre. Cuando me recuperé de mis heridas, fui a ver a la princesa y pedí perdón por mis pecados. Ella es bondadosa y misericordiosa… entendió mis razones y no sólo me perdonó, sino que me permitió ser el nuevo guerrero de Zeta.

- - ¿Y qué me dices tú, Siegfried? Sé que debes ser inmortal por la leyenda… pero ni un inmortal puede volver de lo que te hizo Sorrento- replicó Hyoga.

- - Je… sí, cuesta creerlo, pero si conocen las leyendas de nuestro país, sabrán que no es imposible. Fui salvado por las valkyrias…

- ¿Valkyrias?- preguntó Hyoga.

- Son criaturas celestiales… Odín las envía a rescatar a los guerreros más valerosos que mueren en batalla, para llevarlos a Asgard- murmuró Shyriu.

Siegfried asintió y continuó: - Luego de que Sorrento se liberara de mi ataque final, con la magia de su flauta, yo estaba perdido, volando hacia el espacio y a punto de morir calcinado por la fricción. Pero entonces… ellas aparecieron… hermosas… majestuosas y gentiles. Me tomaron en sus manos y me condujeron hacia la atmósfera de nuevo. Comencé a caer como un cometa… y luego perdí la conciencia.

- - Ahí entro yo…- intervino Bud – Sentí el cosmo de Siegfried apagándose, muy débil, pero aún con vida. Fui directo al lugar donde cayó. Estaba inconsciente, pero vivo. Lo llevé a un refugio, atendí sus heridas y logró recuperarse.

- - Yo fui quien pedí a Hilda que le conceda audiencia a Bud… merecía una oportunidad.

- - Y una vez recuperados por completo, Hilda, sin decirnos por qué, nos envió a entrenar, a volvernos más fuertes. Decía que uds. nos necesitarían algún día. No intervinimos en las batallas contra Poseidón y Hades porque no nos sentíamos listos, sólo seríamos un estorbo. Pero hoy día estamos preparados… ya lo vieron recién.

- Claro que sí…- dijo Hyoga, sonriendo - …menuda paliza le diste a ese fanfarrón.

- - ¿Y qué saben sobre estos nuevos enemigos?- interrumpió Shyriu, tan serio como siempre.

Siegfried y Bud se quedaron mirando en silencio, durante unos segundos… Siegfried suspiró y le dijo: - Sabemos tan poco como uds. Ellos fueron los primeros santos de atena, los primeros de la historia. Alguna vez sirvieron a la diosa, pero luego sucumbieron a la ambición de poder, pues no eran humanos ordinarios, sino semidioses… de ahí su poderosa fuerza. Atena, cuando se enteró de la traición, entregó las primeras doce armaduras de oro a doce humanos valientes, quienes se enfrentaron con estos guerreros. No lograron matarlos, pero sí les dieron su merecido. Atena los desterró y ordenó que nunca más se hablara sobre ellos. El por qué han vuelto y a quién están sirviendo, es un misterio… lo único cierto es… Saori Kido ha muerto.

Hyoga, Shyriu y Shunrei bajaron la cabeza y se quedaron callados, con sus ojos inundados por la consternación. Shyriu apretó el puño y golpeó la mesa con fuerza. Luego, se puso de pie y mirando a los tres guerreros, les dijo: - Sin Atena, este mundo está perdido… aunque Saori ya no esté entre nosotros, debemos pelear y expulsar a estos enemigos… ya habrá tiempo después de saber cuál es su motivo para atacarnos ahora.

Todos se miraron y asintieron, con rostros decididos…

*Campiña francesa*

Arjé se sacudía la tierra de la armadura, mientras avanzaba lentamente hacia Seiya y Sorrento… Sorrento se puso en guardia, pero se detuvo por un ademán que Seiya le hizo con la mano… el Pegaso quería pelear solo.

- - Mis amigos han sido heridos y han muerto frente a mis ojos, por la mano de villanos como tú… es hora de que conozcan el puño de Seiya de Pegaso. Yo pelearé contigo… y nadie más morirá.

- - Je… como quieras…- masculló Arjé… y en ese momento, seis brazos más salieron de su cuerpo. El guerrero olímpico tenía ahora 8 poderosos brazos.

- - ¿Qué diablos…? – murmuró Sorrento. Seiya no se inmutó por la visión y se lanzó al ataque.

- - ¡Meteoros de Pegaso!

Arjé movió sus brazos a una velocidad casi imperceptible y bloqueó todos los golpes de Seiya. Luego, aullló: - "¡Lluvia galáctica!".

A la velocidad de la luz, la Hydra lanzaba rayos dorados desde las 8 manos, en todas direcciones. Sorrento trazó una barrera con su flauta, para proteger a las mujeres, mientras que Seiya se movía a gran velocidad para esquivar los rayos de luz. Pero poco duró su suerte, los rayos lo alcanzaron y recibió golpes en todo el cuerpo… cuando el olímpico cesó su ataque, Seiya se estrelló contra el suelo y se quedó inmóvil por unos segundos.

- - Je… y este es el que llaman "asesino de dioses", ni siquiera puedes conmigo, un semidiós- se mofaba Hydra.

- - Cometes un error si menosprecias a Pegaso, semidios…- le replicó Sorrento. En ese momento, el cuerpo de Seiya se envolvió de un gigantesco cosmo, lleno de agresividad. Seiya se incorporó, lentamente, con un gesto sombrío en su rostro. Hydra se puso en guardia para pelear.

- Todos uds. morirán… - murmuró Seiya, quien no parecía el mismo de siempre, sino una especie de demonio vengativo.

- - ¿Qué…? – masculló Hydra.

Los ojos de Seiya estaban inyectados de energía… su cuerpo, sus músculos, se agitaban con la tormenta cósmica que lo envolvía. Comenzó a avanzar lentamente hacia Hydra, quien se mantenía callado, observando al temible guerrero que venía hacia él. Poco tiempo duró su calma, cuando se dio cuenta que Seiya apareció parado a su derecha. El olímpico trató de golpearlo, pero Seiya le apoyó una mano en el primer brazo derecho y presionando con los dedos, se lo rompió y arrancó con un solo movimiento. Arjé retrocedió, aullando de dolor y tratando de detener la sangre que fluía de la herida. Seiya apareció detrás suyo, lo sujetó por el torso e impulsándose con los pies, llevó a Hydra hacia el cielo, para luego caer juntos, mientras él exclamaba: "¡Pegasus Rolling Crash!".

Ambos se estrellaron contra el suelo, que se partió por el impacto, abriendo una profunda grieta. El polvo se disipó e Hydra salió caminando, con el casco destruido y la sangre fluyéndole de entre sus cabellos. Sonreía levemente. Lanzó un aullido y el brazo arrancado volvió a crecer.

- - No está mal… ese ataque fue grandioso… me disculpo por subestimarte – le dijo la Hydra a una silueta sombría que emergía desde la grieta. Seiya no había cambiado, parecía un demonio… sus cabellos se agitaban hacia el cielo y sus ojos estaban llenos de luz.

El olímpico adoptó una extraña postura, se impulsó con los pies y se lanzó sobre Seiya con sus 8 puños cerrados. - ¡Toma esto! – exclamó. Al alcanzar a Seiya, le lanzó una lluvia de puñetazos que lo lanzaron al suelo, y siguió golpeándolo a una velocidad monstruosa. Un terremoto agitaba el suelo, mientras Sorrento veía la escena con impotencia. Marin, Shaina y Tetis gritaban el nombre de Seiya. Este estaba tumbado en el suelo, recibiendo los puñetazos, sin que su rostro mostrara dolor alguno, aunque había sangre que brotaba de su boca.

Cuando se sintió seguro de su victoria, Hydra dio un salto hacia atrás y lanzó cientos de esferas de luz al cielo… luego, hizo un gesto hacia abajo con sus manos y exclamó "¡Galactic Rain!". Cientos de pequeñas esferas de luz cayeron sobre Seiya y el lugar fue inundado por una fuerta luz que cegó por un instante a todos.

- Estás acabado… - le dijo la Hydra. Al disiparse el polvo, donde estaba el cuerpo de Seiya no había más que un enorme cráter.

- - ¡Seiya! – exclamaron sus amigos… pero no lo veían por ningún lado. El enemigo lanzó una carcajada y comenzó a avanzar hacia Sorrento, quien se puso en guardia, listo para atacarlo. Pero algo hizo que se detuviera… casi como una visión fantasmagórica, Seiya apareció frente a él, casi tocándose las narices… le apoyó el puño derecho en el abdomen y con una voz siniestra, murmuró: "Cometa… Pegaso…".

Una rayo de luz atravesó el cuerpo de Hydra, quien no tuvo tiempo ni siquiera para gritar. Todo su ser se deshizo por completo en esa luminosidad y su armadura se evaporó… Seiya había vencido. Su "demoníaca" apariencia desapareció también… aunque seguía con una mirada sombría y melancólica. Sorrento se acercó y le puso la mano en el hombro, haciéndole un gesto de aprobación por su victoria. Seiya asintió y le dijo: - Ya no hay molestias… podemos irnos…

Sorrento alzó el tridente de Poseidón y el carro volvió a su ubicación. Ambos subieron al vehículo… cuando, de pronto, una ventisca sopló desde el Sur y una silueta llegó, envuelta en un poderoso torbellino.

- - ¡Shun! - exclamó Seiya. Efectivamente, el santo de Andrómeda llegó, volando con su corriente nebular.

- - ¡Seiya! Traté de venir lo más pronto que pude, ¿qué fue lo que…? – se quedó enmudecido, viendo el cuerpo cubierto por la capa de Sorrento, que yacía junto a un árbol. En ese momento, cuatro luces llegaron por el cielo desde el este. Al aterrizar, Seiya pudo ver que eran Hyoga, Shyriu y… dos dioses guerreros de Asgard.

- - ¡Amigos…! Pero… qué ven mis ojos… ¿Siegfried? ¿Cid?

- - No soy Cid… soy Bud. Ahora soy…

- ¡No puedo creerlo…! – interrumpió Shyriu. También había notado el cadáver que yacía junto al árbol.

Todos se acercaron, lentamente, al cuerpo. Shun descubrió el cadáver con cuidado y al ver el rostro de Saori, se tapó la boca y contuvo las lágrimas. Shyriu y Hyoga se jalaban de los cabellos y respiraban en forma errática, también, conteniendo el llanto. Cid y Siegfried se quitaron los cascos y se inclinaron, en señal de respeto.

Seiya y Sorrento se bajaron del carro y fueron hacia ellos. Todos los santos de bronce se abrazaron y rompieron en llanto y sollozos juntos. Una tormenta de emociones inundaba sus corazones… tristeza… dolor… fracaso… odio… nunca se habían sentido tan humanos y tan vulnerables como hasta ese momento. Esto no era como aquella vez que Saori se quitó la vida para ir al Hades, no… Saori realmente había muerto.

Sorrento y Siegfried se quedaron mirando por unos segundos… el general marino tenía muchas preguntas, y seguramente el dios guerrero tenía muchas cosas que decirles… pero fue casi como si esa escena desgarradora los hiciera sentirse identificados con los santos atenienses… y todo rastro de rencor se borró en cuestión de segundos.

- Odio interrumpir su momento de duelo… pero otros enemigos pueden venir a intentar detenernos. Debemos irnos ahora… - les dijo Sorrento, con mucho pesar. Seiya lo observó y asintió. Sabía que tenía razón… la muerte de Saori no ameritaba llanto… no… el Olimpo… Zeus… todos debían pagar.

- - Amigos… viejos enemigos… ahora todos tenemos un enemigo en común. Todos saben cuán importante era Saori para nosotros y este mundo y ahora, la tierra está amenazada. Debemos unirnos… sobreponernos al dolor y luchar… ya Jabú, Gekki, Nachi, Ban e Ichi sacrificaron sus vidas... debemos hacer que su sacrificio valga la pena.

Shyriu, Hyoga y Shun miraron las tumbas improvisadas que estaban cerca del árbol... y enseguida entendieron. Los otros santos de bronce habían caído en batalla. Todos asintieron y se dirigieron al carruaje. Marin le dijo a Seiya y a los demás que tuvieran cuidado… que ellas harían todo lo posible por proteger a la tierra.

- Confío en ti, maestra… - le dijo Seiya, quien miró por última vez el cadáver de Saori.

- Tetis... yo... hay algo que quiero decirte, pues esta podría ser la última vez que...- dijo Sorrento a la marina. Esta le cerró los labios con el índice y le replicó: - Nada de últimas veces, general marino... sé que volverás y podrás decirme todo lo que tengas que decirme. Ahora, ve... y no pienses en nada más que en luchar y vencer. Por el señor Julián y por Poseidón.

Shaina quería acercarse y abrazar a Seiya... pero contuvo sus emociones y se limitó a hacerle un gesto de ánimo con el pulgar: - Acaba con ellos, Seiya... termina esto de una vez por todas...- Seiya asintió y subió al carruaje.

- ¡Al Olimpo! - rugió Sorrento… los caballos relincharon y emprendieron el galope, primero por el suelo y luego elevándose hacia las nubes. En ese momento, Sorrento miró a Siegfried y le dijo: - Será un largo viaje… estoy seguro que tienes una buena historia que contar…

- Tsk… sí, es cierto, seguramente tendrás muchas preguntas… - respondió Siegfried, presto a explicarle el por qué seguía con vida y todo lo demás.

Seiya miró hacia el cielo, mientras, a lo lejos, un agujero de luz comenzaba a abrirse. Cerró el puño, miró a sus amigos y, con determinación les dijo: - Por Saori… Por Atena…

- ¡Por Atena! – exclamaron los cuatro, mientras el carro entraba en el portal luminoso… que los llevaría hacia una nueva batalla… que podría ser la última…

FIN DE LA PRIMERA PARTE… CONTINUARÁ…