CAPÍTULO TRECE: VISITAS

Bella sujetó la mano de Rosalie, apartándosela de la boca para que dejara de morderse las uñas.

- Estate quieta ya. Me estás empezando a poner nerviosa a mí.

- Lo siento. – respondió avergonzada. – Es que no sé cómo voy a actuar esta semana, con Emmett a dos pasos de mí.

- Pues como lo has hecho hasta ahora. Sois amigos, ¿no? – Rosalie meneó la cabeza, asintiendo. - ¿Qué te preocupa? – preguntó Bella mirando a Rosalie, que no quitaba la vista de encima a Tanya.

- Nada, es solo que… - bufó.

- ¿Qué? – volvió a preguntar Bella con voz cansina.

- Tu prima es muy guapa.

Bella arqueó la ceja y rodó los ojos a derecha e izquierda.

- ¿Y qué?

- Pues que, a lo mejor a Emmett podría… ya sabes… gustarle Tanya.

Bella chasqueó la lengua.

- No digas tonterías. Además si tanto te preocupa habla con ella. Dile que no se acerque a Emmett.

- No voy a decirle eso – murmuró exaltada Rosalie y Bella rió.

- Era broma, Rose.

Rosalie iba a contestarle, pero en ese momento se puso rígida sobre su asiento, porque Emmett y Edward acababan de aparecer por la puerta de desembarque.

- Ahí están. – señaló Rosalie con la cabeza.

Bella miró en la dirección que Rosalie le indicaba y frunció el ceño concentrada y fijándose en Emmett y Edward.

- Son un poco…

- ¿Qué? - dijo Rosalie levantándose del asiento.

- Flacuchos, ¿no?

Rosalie la miró extrañada. Bella era la primera persona que no admiraba la altura de Emmett y la belleza que tanto él como Edward parecían emanar.

- ¿No te parecen guapos?

- No, no. No es eso. Am, Emmett es muy guapo, sí. – afirmó. – Y Edward, también es mono. – sonrió.

- Anda vamos. – dijo tirando de ella para que se levantara.

Ambas chicas se acercaron a Emmett y Edward, que aún no las habían visto.

- Emmett. – llamó Rosalie con voz ilusionada.

El chico se acercó a ella y la abrazó estrechamente, ocultando el rostro en su cuello. Rosalie se estremeció cuando él le susurró lo mucho que le había echado de menos. A regañadientes se separó de él para saludar a Edward, al que le dio un simple beso en la mejilla.

Bella esperaba un poco apartada a que Rosalie la presentara.

- Chicos, esta es Bella. Mi hermanastra.- señaló. – Bella, estos son Edward y Emmett. – dijo señalando primero a uno y después al otro.

Bella le dio la mano a ambos, sonriendo especialmente a Edward, que la miró desafiante y bastante serio, lo que hizo que Bella frunciera el ceño.

- ¿Nos vamos? - dijo Rosalie, que se había dado cuenta del momento tenso entre Edward y Bella.

- Vamos. – contestó Emmett rodeando con el brazo los hombros de Rosalie, empujándola hacia delante y dejando atrás a los otros dos, que mantenían un duelo de miradas.

Casi habían llegado al coche cuando Emmett soltó a Rosalie, pero aún sostenía su mano.

- Tienes que contarme como te ha ido todo este mes.

- Claro. Cuando estemos en casa, más tranquilos. Y te enseño las fotos de la boda.

- Cierto, fuiste dama de honor, ¿verdad?- Rosalie asintió. - ¿Fue muy tortuoso?

- No demasiado. – rió.- ¿Dónde están estos…

Rosalie no acabó la pregunta porque justo entonces apareció Edward empujando la maleta y Bella a un par de metros por detrás de él con los brazos cruzados y una expresión muy seria.

En el coche, de camino a casa, surgió un silencio bastante tenso, probablemente debido a la tirantez que desde primera hora había surgido entre Bella y Edward. Rosalie hizo un par de comentarios para acabar con el incómodo silencio pero sólo Emmett le contestaba y ambos se miraron interrogándose el uno al otro con la mirada.

Cuando llegaron a la casa Bella dijo que le dolía la cabeza y se fue a su habitación, no sin antes decirles que se sintieran como en su casa y de recordarle a Rosalie que les enseñara sus habitaciones.

Diez minutos después Edward y Emmett estaban acomodados.

Rosalie entró en su cuarto, ahora ocupado por Emmett.

- ¡Qué tensión, eh! – dijo sentándose en la cama.

- Sí. Es impresionante Rosalie. – dijo Emmett sentándose a su lado.

- ¿El qué? – preguntó extrañada.

- El techo – contestó el chico señalando hacia arriba. – Lo has hecho tú, ¿cierto? – Rosalie asintió.- Y bueno cuéntame cómo te ha ido desde que no nos vemos.

Rosalie sonrió y estuvieron toda la tarde hablando sobre lo que habían hecho en el tiempo en que habían estado separados.

A la hora de la cena cada uno fue a la habitación de su respectivo hermano para preguntarles qué planes iban a tener para comer.

- Bella. – llamó Rosalie a la chica, que estaba tendida boca abajo en la cama. - ¿Vamos a salir a comer o qué?

Bella la miró, todavía sin levantar la cara de la cama.

- No tengo mucha hambre. Id vosotros, yo ya he avisado a Tanya.

- ¿Te pasa algo?- frunció el ceño.

- No. A mí no. Le pasa algo a Edward o acaso no has visto como me ha mirado.

- No me he fijado, lo siento. – Y era verdad, porque cuando llegaron solo había tenido ojos para Emmett.

- No quiero comer con él. En serio, no me gusta. Id sin mí. – Rosalie la miró preocupada.

- ¿Segura?

- Si. – afirmó con voz cansina.

Rosalie se fue, aunque no muy conforme de dejarla allí sola.

- ¿Y Bella? – preguntó Emmett cuando vio aparecer a Rosalie sola.

- No se encuentra muy bien, así que no va a venir.

Rosalie miró a Edward para ver su expresión cuando dijo que Bella no iría con ellos, pero el chico se mantuvo neutro, serio, sin mostrar ninguna emoción en el rostro.

- Entonces, ¿nos vamos nosotros?

- Si. Solo espera a que llegue Tanya.

- ¿Quién? – preguntó Emmett. Cierto, no le había dicho nada sobre Tanya.

- Tanya. Es la prima de Bella.

Y como si la hubiese llamado Tanya apareció por la puerta.

- ¡Hola! – gritó justo antes de darse cuenta que Rosalie estaba junto a los dos chicos al lado de la puerta. – Hola. – dijo de nuevo, esta vez con voz melosa y mirando tanto a Emmett como a Edward.

Rosalie se puso rígida ante la sorpresa de Tanya, pues era evidente por su reacción que uno de los dos chicos le había gustado, o ambos, y estaba segura que a Emmett y a Edward no les había resultado indiferente, ya que el primero le dedicó una sonrisa muy sexy y el segundo abrió un poco la boca y suspiró.

- Tanya – dijo Rosalie un poco irritada y rezando para que ninguno se diera cuenta de su rigidez ante la situación. – estos son Emmett y Edward, unos amigos de Forks. Chicos, esta es Tanya. – terminó con una mueca.

Tanya dio un paso al frente y sonriendo inocentemente le dio una mano a Edward y después a Emmett.

- Encantada de conoceros. – dijo con los ojos clavados en Emmett. Emmett le sonrió, mirándola de arriba abajo.

- ¿Nos vamos? – alzó Rosalie un poco la voz y esperando con eso que Tanya se separara de Emmett.

- Claro. – respondió Tanya. - ¿Y Bella? – dijo por fin rompiendo el contacto visual con Emmett.

- No se encuentra bien. No va a venir.

- Oh. ¿Está muy mal? – dijo Tanya algo preocupada.

- No solo está cansada. ¿Nos vamos ya?

Tanya y Emmett asintieron y se dirigieron hacia el coche para buscar un sitio donde cenar.

Al final se decidieron por un restaurante chino.

Durante la cena Rosalie se fue enfureciendo cada vez más, aunque intentaba disimularlo, comiendo más de la cuenta. Tanya no había dejado de coquetear con Emmett desde que salieron del coche. Incluso se había agarrado de su brazo, dejándola a ella atrás y haciendo que se sintiera como un cero a la izquierda.

Tanya le había caído bien pero en esos momentos no era precisamente su persona favorita, si no todo lo contrario.

Edward sin embargo, parecía haber notado su tensión, pues no dijo nada durante la cena. Más bien se mostró distante y serio, pensando en cualquier cosa que realmente a Rosalie en esos momentos no le importaba.

- Rose, tengo que ir al servicio. ¿Me acompañas? – preguntó Tanya con un tono que dejaba claro que no era una sugerencia si no casi una orden.

- Claro. – dijo Rosalie soltando bruscamente la servilleta sobre la mesa.

Una vez en el servicio Tanya se volvió hacia Rosalie entusiasmada.

- Rose, Emmett es un encanto. – lo único que le faltaba era la confirmación de que a Tanya le gustaba Emmett. – Me gustaría quedarme a solas con él. ¿Crees que podrías convencer a Edward de iros solos a casa?

Genial. Y encima iba a tener que dejarlos solos, comiéndose la cabeza con lo que estaba segura iba a pasar entre ellos.

Claro que también podía decirle a Tanya que ella estaba enamorada de Emmett y así ella se apartaría del camino del chico.

- No sé. Tú no estás segura de que a Emmett le hayas gustado.

- Venga ya Rosalie. – dijo sorprendida. – No ha parado de lanzarme piropos en toda la noche y no me ha quitado la vista de encima.

No hacía falta que se lo recordara. Bastante mal lo había pasado viendo como Emmett desplegaba su encantadora personalidad con Tanya, haciéndola sentirse celosa e irritada, y bastante ofuscada porque a ella no le hubiese dirigido más de dos piropos en toda la noche.

- Por favor. – insistió Tanya. – Emmett me gusta mucho. Rose… - Tanya miró a Rosalie con cara triste, esperando que ella aceptara.

- Está bien – suspiró resignada.

Lo que le había decidido a decir que sí fue que pensándolo bien Emmett había estado realmente muy pendiente de Tanya, con lo cual era posible que Tanya sí que le gustase. Y aunque no le hacía ninguna gracia dejárselo servido en bandeja a Tanya, si Emmett iba a ser feliz con ella, Rosalie no era nadie para impedírselo, por mucho que le doliese.

- Muchas gracias Rose. – dijo alegre Tanya, al tiempo que le daba un abrazo.

Rosalie no llegó a sentarse cuando volvieron a la mesa si no que empezó a recoger sus cosas y le dijo a los chicos que con todo el lío de la boda estaba cansada y quería ir a dormir un rato. Emmett y Edward se levantaron al mismo tiempo pero Rosalie dijo dirigiéndose a Emmett que no hacía falta que los dos la acompañasen, que con que fuese solo Edward quien lo hiciese sería suficiente, esperando que Edward captara la indirecta y que Emmett no se extrañase demasiado.

Emmett si que se extrañó, pero no le dio demasiada importancia porque Tanya se acababa de sentar a su lado sonriéndole y él se sentó igualmente para acompañarla.

Edward, que había permanecido de pie, sonrió ampliamente, en parte porque intuía, al igual que Rosalie, lo que iba a pasar entre esos dos, y en parte porque podría volver a solas con Rose. Aprovechando que la chica lo había elegido a él para volver a casa le puso la mano en la espalda y la empujó suavemente hacia la salida, antes de que se arrepintiera de dejar solos a Tanya y Emmett y le pidiera a su hermano que fuese él quien la acompañase.

Rosalie se entristeció cuando al ir hacia la salida vio como Tanya se acercaba a Emmett y le cogía la mano por encima de la mesa.

Le dolió mucho tener que dejarlos a los dos solos, pero aunque le pesara, Emmett no sentía más que amistad por ella, y podía hacer lo que quisiera con cualquier otra chica, aunque esa otra chica fuese Tanya.

Bella tenía razón. Debió haberle dicho a Tanya que estaba enamorada de Emmett, pero ahora ya era tarde para hacerlo, así que intentó no pensar en ellos dos y concentrarse un poco más en Edward, que la miraba extrañado desde que habían salido del restaurante.

- ¿Estás bien?- preguntó Edward al ver la cara de angustia de Rosalie.

- Sí. – dijo Rosalie sentándose en un banco.

No sabía cómo habían llegado a un parque, o tal vez estaba demasiado distraída con sus propios pensamientos como para prestar atención por donde iba.

- ¿Qué hacemos aquí? – dijo después de un rato.

- No sé. Simplemente te he seguido. – dijo Edward sonriendo, para aliviar la tensión.- Estás así por Emmett. – no preguntó, si no que afirmó, y se sentó al lado de Rosalie en el banco, manteniendo la distancia.

- Sí. – confirmó Rosalie tras pasarse ambas manos por el pelo y sujetarlas detrás de la nuca.

- Te ha molestado que se quedara a solas con Tanya.

- Sí. Y especialmente me ha molestado que viniera aquí para pasar tiempo conmigo y acabe dejándome de lado para ligar con ella. – dijo irritada.

- Le has dejado el camino libre tú al irte.

- Lo sé. Pero ha sido porque Tanya me lo ha pedido y no podía decirle que no sólo porque sí. Me habría pedido una explicación que no podría darle. Además, Emmett se ha pegado toda la cena coqueteando con ella.

Edward inspiró sonoramente, como si estuviera cogiendo fuerzas para decirle algo a Rosalie. Pero al final no dijo nada.

- Edward… - llamó Rosalie al chico viendo que él no decía más nada. - ¿Qué te pasa con Bella?- preguntó, zanjando la conversación anterior.

- Nada. – dijo Edward seco y bastante molesto.

- Eso no suena a nada.

- No me cae bien.

- Si ni siquiera la conoces. – replicó.

- No me gustan las chicas que empiezan a babear cuando ven a un tío que les gusta y Bella parece ser de esas.

O al menos esa fue la impresión que le dio al chico el ver a Bella tan entusiasmada cuando los presentaron. Tampoco es que tuviera nada en contra de ella. Simplemente desde el principio no le había caído bien, y ni siquiera él sabía bien por qué.

- No seas tan egocéntrico Edward. Bella sólo quería ser simpática con vosotros y además ella tiene novio.

- Peor me lo pones.

- Está claro que hoy no voy a hacerte cambiar de opinión, así que mejor dejémoslo así antes de que discutamos.

- Vale.- concordó el chico. – Rose… - empezó nervioso y esperó a que ella lo mirase para seguir hablando- ¿tanto te gusta Emmett?

Rosalie suspiró.

- Supongo que sabes que estoy enamorada de él.

- Sí – asintió Edward, con una mueca triste.

- Pero creo que ya es hora… - Rosalie tragó aire copiosamente, antes de continuar. – de olvidarme de él.

Edward la miró esperanzado.

- ¿Qué quieres decir? – murmuró.

- Mis sentimientos por Emmett son muy fuertes, pero él no me corresponde, y cada vez que pienso que él pueda conocer a otra chica, como por ejemplo Tanya, me derrumbo. Sé que llegará un día y me presentará a la chica de la cual se habrá enamorado y si entonces no he conseguido olvidarme de él me hará mucho daño, porque tendré que apoyarlo cuando en realidad me gustaría gritarle que la deje y se quede conmigo. Debo seguir adelante y sólo lo voy a conseguir olvidando lo que siento por él.

- Eso no es tan fácil Rosalie. Yo lo he intentado infinidad de veces y no puedo olvidar lo que siento. – dijo Edward y para Rosalie no pasó desapercibido que ese comentario iba dirigido a ella, a sus sentimientos por ella.

- Edward, yo…

El chico la interrumpió, cogiéndole la mano y acercándose a ella, haciendo que sus costados se tocasen.

- Rose. Si vas a intentar olvidar a Emmett, ¿por qué no lo haces conmigo?

Rosalie agachó la cabeza. Ya había hablado con Edward sobre eso. Se lo dejó todo bien claro cuando él le confesó sus sentimientos.

Pero ella se merecía poder sentir algo por alguien que la correspondiese, y quién mejor que Edward para ello.

Le constaba que Edward la quería, porque el chico se lo había confesado, y además a ella Edward le gustaba.

Eso no significaba que se hubiese enamorado de él ni mucho menos, pero Edward era muy guapo, atento, educado, inteligente… no era precisamente la mejor opción para olvidar a Emmett, porque Edward era su hermano, pero tal vez con el trato hacia el chico y teniendo en cuenta que iba a estar una larga temporada separada de Emmett, lo que le permitiría olvidarse un poco de sus sentimientos, al final podría sentir algo por Edward y lo suyo podría funcionar.

Estuvo un par de minutos pensando en ella y finalmente accedió a intentarlo.

- Bueno… - susurró. – Creo que podríamos intentarlo. Tú me gustas, Edward. Y a lo mejor, juntos podemos hacer que esto funcione.

Edward sonrió y se acercó más a ella para recargar su frente sobre la de la chica, sujetándole la nuca con una de sus manos y acariciándole el cuello en el proceso.

- Te quiero, Rose. – dijo Edward cerrando los ojos, justo antes de enterrar la cara en su cuello y abrazarla.

Rosalie se quedó callada, porque no podía decirle que le quería. Aún. Simplemente se quedó abrazándole y acariciándole suavemente el pelo.

Edward se separó un poco de ella, sin romper el abrazo, para mirarla directamente a los ojos. Su sonrisa desapareció al tiempo que poco a poco se iba acercando a ella, tanteando el terreno y esperando que la chica no se apartase.

Cuando vio que Rosalie no se apartó sonrió levemente antes de juntar sus labios con los de la chica.

Rosalie se tensó un poco al principio y luego correspondió a su beso, sintiendo, sintiendo… ¿qué sentía?

Tras unos cuantos segundos Edward se separó de ella, mirándola fijamente con el ceño fruncido.

- ¿Qué? – preguntó la chica al ver la expresión de Edward.

- No sé. Es que ha sido…

- Raro – completaron los dos a la vez y tras eso se echaron a reír.

- ¿Quieres que probemos de nuevo? – murmuró contra sus labios.

- Sí. – sonrió.

Edward volvió a acortar la distancia entre ellos.

Esta vez ambos le pusieron más empeño. Edward perfiló sus labios con la lengua, pidiéndole permiso para entrar en su boca. Un permiso que Rosalie le concedió. El beso se tornó más apasionado, pero nuevamente lo que sentía Rosalie no era lo que se suponía debía sentir ante un beso de ese tipo.

Edward rompió el beso bruscamente y se frotó la cara con la mano con la que había sujetado la nuca de Rosalie.

- No ha ido mejor, ¿eh?

Rosalie frunció la boca y negó con la cabeza. Ambos se separaron y miraron hacia el frente, incómodos.

- Si tú me gustas y yo te gusto, y esto ha resultado tan extraño.- comenzó Rosalie - ¿qué crees que ha podido pasar?

- Puede que no tengamos química. – Edward la miró - ¿tú qué has sentido?

- Pues… sentía como si estuviera besando a…

- … una hermana. – completó Edward, refiriéndose a su propio sentimiento.

- ¿Tú también has sentido eso? – dijo Rosalie sorprendida.

- Sí. – arqueó las cejas Edward. – Puede que me haya confundido con respecto a mis sentimientos por ti, o que al final de todo sí que consiguiera olvidarlos, porque no es normal sentir que beso a una hermana.

Rosalie bufó aliviada y ambos se miraron. Sin poder evitarlo y tal vez debido a la tensión del momento los dos estallaron en carcajadas.

- Creo que esta ha sido la relación más corta de la historia. – concluyó Rosalie.

- Es cierto. – dijo Edward. – Entonces, amigos. Sólo amigos.

Edward extendió la mano hacia Rosalie y la chica la estrechó, cerrando el trato.

Ambos sonrieron y 5 segundos después, cuando aún tenían unidas las manos, el sonido del móvil de Rosalie les interrumpió.

La chico buscó insistentemente en su bolso hasta que dio con el.

- ¿Diga?

- ¿Rosalie? ¿Dónde diablos se habéis metido? Os hemos llamado por lo menos diez veces. – Emmett parecía muy asustado por el teléfono.

- Em, ¿no estabas con Tanya?

- Salimos diez minutos después de vosotros y cuando llegamos a casa Bella nos dijo que no habíais llegado. Hace casi una hora de eso y pensábamos que os había pasado algo.

Rosalie estaba confusa. ¿Qué había pasado? ¿Por qué Emmett y Tanya salieron tan rápidamente del restaurante? ¿Acaso él no había querido estar con ella?

- Edward y yo estábamos paseando, necesitaba despejarme un poco antes de volver a casa.

Tras una pausa Emmett dijo:

- Está bien. Sólo estaba preocupado – acabó un poco más tranquilo. - ¿Vais a tardar mucho más?

- No. Ya vamos a casa.

- Bien. – suspiró Emmett. – Tened cuidado, ¿vale?

- Sí. – dijo Rosalie antes de colgar.

- ¿Qué pasa? – preguntó Edward cuando colgó.

- Nada, solo estaban preocupados porque tardábamos en llegar.

- Sí. Será mejor que nos vayamos.

- No hay prisa. – susurró Rosalie, que intentaba alargar el momento de llegar a casa lo más posible.

No quería llegar y tener que ver a Tanya y Emmett acaramelados, si es que había pasado algo entre ellos.

- Vale. Nos quedamos un rato más.

Los dos hicieron tiempo antes de llegar a casa, esperando que para cuando llegaran los demás ya estuvieran dormidos.

Y así fue. Emmett estuvo largo tiempo esperándolos, pero al ver que no llegaban decidió darles su espacio e ir a la cama, y mañana sería otro día.


Me he tardado un poco más de lo que tenía planeado para terminar este capítulo pero al final entre unas cosas y otras no había podido escribir hasta hoy. Suerte que me he picado y en un par de días como mucho tendré listo uno o dos capitulos más, así no tendreis que esperar ;p

Un besito a todas las que me leeis y espero que os guste este capítulo