- ¿Qué pasa, Hermione? –preguntó la señora Weasley.
- La batalla final... la batalla final ha comenzado.
- ¿Qué?
- Van a atacar San Mungo. El Lord estará allí. Harry, tenemos que ir. Te ayudaremos a acabar con él. Hay que hacerlo ahora.
- No –respondió el ojiverde, tajante. -Nos falta un horcrux, no podemos. Seria un suicidio.
- Éste horcrux está siendo destruido en éste mismo momento –dijo ella con determinación, cruzando la mirada con Harry. Sí, él lo sabía, pero no confiaba en su ex profesor del mismo modo que ella. La muchacha, viendo su indeterminación, añadió –Harry, por favor, date prisa. Remus, Tonks y sus bebés están allí. Hay que poner los críos a salvo. No dejes que tengan que sufrir lo mismo que tú. Corre.
Y no necesitaron más. Con Harry convencido, ninguno de sus amigos se negaría a ir con él. Se lo habían dicho muchísimas veces. Irían juntos al mismísimo infierno si fuera necesario. Y ése infierno era Lord Voldemort. Maldijo mil y una veces no poder estar con ellos en ésa –esperaba –última batalla contra el Lord.
(…)
Esperando que todo saliese bien y con el corazón encogido se sentó al lado de la chimenea a esperar noticias. Pasarían dos horas antes de que la luz de las llamas se volviese verduzca, señal inequívoco de que una conexión mediante red flu se estaba estableciendo con la casa.
Capítulo 13: LA BATALLA FINAL
Cuando el color de las llamas cambió trató de levantarse, pero su pesado cuerpo ya no tenía la agilidad de antaño, así que, frustrada, se dejó caer hacia atrás, la mirada fija en el fuego del que, de pronto, con un ruido sordo, salió un hombre castaño. Hermione no tardó mucho en notar que llevaba dos bebés consigo, como tampoco tardó en reparar que estaba completamente cubierto de sangre.
- ¡Remus! estáis…?
- Debo irme, Hermione. ¿Podrías cuidar de los niños? Yo tengo que volver –la cortó con semblante serio. Lucía preocupado y parecía que le habían puesto veinte años más encima. Ella asintió, comprendiéndolo. Si pudiese también ella iría corriendo a pelear. Pero no podía, se lo debía a la niña. Ya la había puesto en peligro una vez y no volvería a hacerlo.
El licántropo le dejó los dos bebés en el regazo para que no tuviese que moverse y se fue sin mediar palabra, dejando a Hermione al borde del colapso. Necesitaba que alguien le contase qué sucedía. Realmente necesitaba saberlo. Por la cara de Remus las cosas no parecían ir demasiado bien. ¿Le habría pasado algo a Tonks? ¿a los chico? ¿Habría aparecido Voldemort? ¿Habría demasiados mortífagos como para poder combatirlos?
Uno de los bebés empezó a llorar, comenzó a acunarlo moviendo suavemente el brazo, aunque casi no podía moverlo. Los llantos despertaron al otro pequeño. Seguramente notaban el estado de ánimo de Hermione, y eso no era bueno para nadie. Seguramente también su hija se sentiría afectada por aquella angustia que inundaba su ser.
Pensó entonces que quizá los tres bebés que había en aquella sala no conocerían nunca a sus padres. Temió por Tonks y por Remus, temió por Ron, por Harry, por los Weasley, por sus amigos, pero, sobretodo, temió por Severus. No sabía qué haría si a él le pasaba algo.
Después de tratar inútilmente de acunar a los dos bebés a la vez consiguió finalmente que quedasen dormidos cantándoles una nana. Poco a poco también ella acabó cayendo en las redes de Morfeo, venció finalmente el cansancio al miedo.
Algo se movió entre sus brazos. Abriendo los ojos de golpe se riñió mentalmente por haberse quedado dormida; los otros jugándose la vida ¡y a ella lo único que se le ocurría era dormirse! Miró hacia abajo y vio unos ojos dorados medio abiertos medio cerrados. Tenía el ceño fruncido. El labio empezaba a temblarle.
"¡No, no, no! ¡Por favor, no llores!"
Pero aunque fuera bruja no tenia ese poder mental de convicción, así que no pudo evitar que el pequeño llorara… despertando de nuevo a su hermano. Con un suspiro intentó sin remedio que volviesen a dormirse.
Por la ventana no entraba ya ni una pizca de sol. Había anochecido, y eso significaba que hacía horas ya que Remus había llegado con los dos bebés. Probablemente se estarían muriendo de hambre y ella no podía darles nada. No podía conjurar ningún biberón y prácticamente no podía moverse. Por un momento le pasó por la cabeza lo útil que le sería tener ahora un elfo doméstico a su disposición, pero Dobby y Winky estaban en Hogwarts y Kreacher no le haría el más mínimo caso.
Finalmente decidió que no tenía más remedio que levantarse e ir a la cocina a preparar un poco de leche. Con cuidado y con un poco de dificultad dejó los dos bebés en el sofá, vigilando bien que no pudiesen caer, y se dirigió hasta allí. Por un momento le pareció ver a Severus. Se lo imaginó allí, de pie, mirándola desde la penumbra. Estudiándola con la mirada sin siquiera moverse.
Estuvo a punto de ir hacia aquél rincón de la pared, solo para comprobar si era real o era todo fruto de su imaginación. Pero sabía que era lo segundo. Le necesitaba tanto… Veía sus ojos negros, su cabello oscuro. Le veía vestido con la túnica de mortífago, con la máscara en la mano, dispuesto a cualquier cosa.
Necesitaba saber si estaba bien. No podría vivir sin él. Era el padre de su hija… Los llantos de los bebés la sacaron del trance en el que se encontraba. Tenía que conseguir prepararles un biberón. Aunque en la cocina no había nada parecido.
Se le pasó por la cabeza darles su propio pecho, pero no estaba segura de que pudiese hacerlo teniendo aún a su niña dentro, y menos teniendo en cuenta la gran cantidad de magia que podía haberla afectado.
Al final se le ocurrió una solución. Cogió un paño limpio de algodón y una taza con leche y se dirigió hacia la sala. Mojando suavemente la punta del paño con la leche fue amamantando los dos pequeños que, después sí, acabaron durmiéndose como angelitos.
Pero esta vez ella no se durmió. Simplemente se sentó al lado de los dos críos (no veía la necesidad de cogerlos en brazos si ahora ya estaban durmiendo tranquilos) y pensó. Pensó, nuevamente, en Severus. Aquella imagen que había tenido de él hacía un momento había parecido tan real… ¿ Y si…? Mejor ni pensarlo. Pero podía ser. ¿Podía ser que hubiese muerto y hubiese ido en alma a despedirse? No… no podía estar…
Entonces oyó un ruido y las llamas de la chimenea volvieron a cambiar de color. En menos que se dice polvos flu la señora Weasley ya estaba allí. Lucía cansada y estaba llena de sangre. Hermione dedujo, por la cara que ponía, que no era suya. Por lo menos no enteramente.
- ¡Señora Weasley! ¿Cómo está? ¿Se encuentra bien? ¿Y los otros? ¿Hay algun herido? ¿Ha…
La mujer, pese a su estado demacrado, sonrió. Ahora vienen, dijo. Y decidió esperar, decidió que la notícia no era ella quien tenía que dársela. Se giró y su mirada se perdió en la hipnótica danza de las llamas, dejando Hermione al borde del colapso.
Lentamente fueron apareciendo, uno tras otro, casi todos los miembros de la orden. Ninguno le dijo nada, es más, la mayoría ni siquiera repararon en su presencia. Cuando parecía que ya no llegaría nadie más las llamas volvieron a cambiar de color, dejando paso a Ron, que ayudaba a Harry a sostenerse de pie, aguantando el brazo del segundo sobre su hombro.
Entonces la sala se llenó de aplausos y, con una débil y cansada sonrisa del ojiverde, Hermione comprendió que lo habían logrado. Y ésta vez para siempre. Pero aun así no fue capaz de corresponder a todas las muestras de alegría de los que la rodeaban. No pudo evitar notar que Remus y Tonks no estaban. Ni Bill, ni Charlie, ni Kingsley ni tantos otros. Se preguntó cuanta gente habría perecido justo antes de poder vivir, finalmente, lejos de la tenebrosa sombra de lord Voldemort.
Como tampoco pudo evitar volver a pensar, por enésima vez desde que diese la alarma del ataque, en Severus Snape. Aquél que se había jugado su vida desde las mismísimas entrañas del círculo cercano al Lord para que todos pudiesen vivir en paz. Porque Harry no era el único a quien debían estar agradecidos. Pero claro; eso solo lo sabía ella. Bueno… ella, Harry y el propio Severus.
De modo que nunca nadie lo sabría, a no ser que Harry lo contase. Porque conocía a Severus más de lo que ninguno de ellos habría llegado a admitirlo y sabía que, de estar bien, nunca lo explicaría. Se lo quedaría para sí como se había quedado todas y cada una de las cosas que había soportado desde aquella vez… desde el día en que se arriesgó, tomando la marca, para que ellos pudiesen conseguir el horcrux.
Con el ruido, los bebés despertaron y por encima de los gritos de júbilo de los miembros de la orden, sonaron los desesperados llantos de las dos criaturas. Tan ensoñada estaba que no se había dado cuenta de que Harry y Ron se habían acercado donde ella se encontraba. Harry se sentó a su lado, visiblemente agotado, pero aún con fuerzas de coger a los dos bebés en brazos. Los miró con ternura.
Finalmente, Hermione se decidió a preguntar.
- ¿Qué pasó? ¿Cómo fue? ¿Qué…?
La expresión de Harry se oscureció y, por un instante, Hermione pudo ver que esa cara de felicidad era pura fachada. Por dentro, Harry estaba completamente destrozado; y lo malo es que ella no sabía por qué.
- Voldemort –un escalofrío general recorrió la sala. De repente, el único sonido que quedaba eran los leves gemidos de los pequeños que, poco a poco, iban tranquilizándose. Todos querían oír lo que fuera que el salvador del mundo mágico tenía que decir. –Voldemort –prosiguió, sin hacer caso alguno de los escalofríos –apareció tarde, cuando ya parecía que no vendría. Pero no por eso habíamos bajado la guardia. De todos modos, ha sido lo más cruel y sanguinario que he visto en mi vida.
- ¿Ha habido muchos…? –le interrumpió ella, sin poder evitarlo.
- Sí. Ha muerto mucha gente, incluso algunos enfermos que no tuvieron la suerte de poder ser rescatados a tiempo.
- ¿Y Remus y Tonks?
El semblante de Harry se oscureció, y la castaña se temió lo peor, pero después el pelinegro esbozó una débil sonrisa.
- Han estado a punto de morir los dos para salvar a los bebés, pero, por suerte, han podido salvarlos. Ha sido un milagro que Remus encontrara alguna chimenea que aún funcionase.
- ¿Y ahora? ¿Dónde están? Quiero decir… los niños…
- Tonks aún estaba débil y le dio una maldición bastante fuerte. Remus está con ella. Están en la zona que se ha habilitado como hospital cerca de allí mientras no se repara San Mungo.
- Pero bueno, eso viene después! –les interrumpió Ron. –Ahora creo que todos queremos saber cómo fue lo de Voldemort.
Y entonces Harry les contó a todos como había conseguido, finalmente, después de un largo duelo uno contra uno, acabar con el que no debe ser nombrado. Una vez éste hubo caído, algunos mortífagos se entregaron voluntariamente, otros pelearon un poco más, pero fueron reducidos rápidamente, y otros… otros huyeron.
Pero lo que Hermione necesitaba saber no podía preguntarlo ahora. No delante de todos, aunque por la mirada de su amigo sabía que él la había entendido. En realidad, Harry había comprendido finalmente que Severus era alguien en quien se podía confiar, pasara lo que pasara. A no ser que fueras Voldemort, claro.
Después de unos instantes de silencio Harry se levantó, argumentando que estaba cansado y que quería ir a dormir, ante las protestas de la gran mayoría de los que estaban allí, que querían celebrarlo por todo lo alto. Pero él añadió que Hermione debería estar descansado también y, dejando los bebés al cuidado de Molly (que, mal que mal, había criado siete), los tres amigos subieron a la habitación de Harry en medio de un gran aplauso ensordecedor.
Cuando por fin hubieron llegado el pelirrojo cerró la puerta con un hechizo y Harry le aplicó un muffiato.
- Por fin, creía que no subiríamos nunca. –suspiró ella.
Las caras de felicidad de sus amigos de pronto solo reflejaban cansancio. Ella necesitaba preguntarles más acerca de lo ocurrido, pero no se atrevía. Quería preguntarles si habían visto al hombre que les había salvado a todos, pero no era capaz.
- Algunos miembros del ED han muerto –rompió el silencio Harry. Con una simple frase Hermione tuvo suficiente. Iba a volver a echarse la culpa de todo.
- Harry… -empezó a reprenderle. –Lo han hecho porque han querido, no por… ¿Quiénes murieron?
- Padma Patil, Zacarías Smith, Reena Aspeth y William Rights. Otros están heridos gravemente. Neville y Luna están en el hospital, Parvati también, y han tenido que sedarla porque no paraba de gritar por su hermana, dejando a parte las heridas que tenía.
- ¿Los Weasley que faltan?
- Ginny está con Bill y Charlie ahora, están en la madriguera. Fleur estaba trabajando y no pudo irse porque alguien tenía que quedarse en el banco por si algo sucedía. Están todos bien, tranquila.
- Ahora que ya está todo aclarado, ¿podéis explicarme eso de que el último horcrux había sido ya destruido? –les interrumpió el pelirrojo.
Automáticamente Harry miró a Hermione y Hermione desvió su mirada hacia el suelo.
- Eso mismo me gustaría saber a mí –murmuró Harry, dándole a entender que aunque se lo suponía no era lo mismo que oírlo directamente de una de las partes implicadas.
- ¿Pero estaba destruido o no? –dejó escapar por fin una de las preguntas que la habían estado carcomiendo por dentro toda la noche.
- Sí. –contestó Harry, seguro.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque por lo que sé, antes con un avada Voldemort no morís, sino que se veía su alma escaparse de su cuerpo. En cambio esta vez simplemente murió, tal como hizo Ceddric aquella vez, cuando el hechizo lo tocó en el cementerio –respondió él con un deje de culpa en la voz.
- Entonces… ¿confías ya en él o aún no? –no pudo reprimirse. Necesitaba que todos supieran que era inocente, que era el más valiente, necesitaba… Merlín, necesitaba que estuviese bien para ver a su hija.
- ¿En quién? –preguntó Ron con cara de "me he perdido algo".
- En…
Pero Hermione ya no podía más. Llevaba demasiado tiempo guardándoselo todo.
- En Se… en el profesor Snape.
- ¿En ese…
- No es un traidor –le espetó Hermione antes que él pudiese decirlo.
- Pero…
- Sí, Hermione, ahora te creo, pero por favor, ¿podrías contarnos de una vez todo lo que nos has estado ocultando?
De repente ya no estaba tan segura de si misma, pero necesitaba tener a Severus a su lado. El solo hecho de saber que podía estar muerto en medio de la guarida de los mortífagos…
- ¡Harry! –exclamó ella. -¡Alguien tiene que ir a rescatarle, los mortífagos que quedan libres acabarán con él!
- No podemos… por lo visto Voldemort también conocía el fidelio… aunque…
- ¿Aunque? -Preguntó ella desesperada.
- Nos queda una opción.
- ¿Cuál?
- Malfoy. –respondió él con pesar mientras Ron se mordía el labio para no decir lo que pensaba de aquél hurón prepotente.
- ¿Malfoy?
- Está de nuestro bando. Por lo visto se llevaba mejor con Snape que con su propio padre, y nuestro querido profesor consiguió convencerle de cuál era el bando bueno. Hoy ha peleado con nosotros.
- Pues por favor, corre, llamadle, lo que sea… Hay que salvarle…
- Pero Hermione, cuéntanos qué ha pasado con Snape, por favor.
- Cuando él esté a salvo. –sonó como una orden.
Sus amigos bajaron rápidamente, porque aunque nunca habían sentido simpatía hacia el hombre sabían que le debían mucho.
Y era tal el ruido que había abajo que una vez fuera de la habitación, aun con la puerta abierta, nadie pudo oír como Hermione gemía de dolor, del dolor de una vida que se acercaba mientras otros iban a tratar de salvar a su padre.
Si es que aún estaba vivo.
¡Hola!
Sí, lo sé, he tardado demasiado… y aun así estoy mandando el capítulo mientras se supone que estudio para un examen muy importante que tengo el martes. Hace mucho tiempo que no dejo de estudiar en todo el día, pero quería subir un capítulo fuera como fuera… a ver si ahora que lo he hecho puedo concentrarme.
Aun así, en el capítulo anterior recibí muy pocos reviews… y eso me entristeció y tampoco me animaba mucho a seguir escribiendo… ¿no os gustó?
Bien, qué le vamos a hacer. Espero vuestros comentarios… ¿Estará vivo Severus? ¿Llegará a nacer la pequeña? ¿Cómo se llamará? Eso y mucho más… en el próximo capítulo.
Besos, Khye
