NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK Y CANCIONES DE COPYRIGHT, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.

¡Hola a todo el mundo! Aquí les traigo, finalmente, un capítulo nuevo a ésta colección. Tenía una enorme lista de canciones para la letra L, pero ninguna me terminaba de convencer. Hice como cuatro escritos con varias y ninguno me gustó. Finalmente, me puse a escuchar canciones de Coldplay buscando inspiración y salió ésta pequeña historia. Aunque lo hice basándome por completo en Ladder to the Sun, también puede aplicarse a la canción del mismo grupo Fix You. El sentido de ambas canciones es el mismo, una persona que está bastante lastimada y otra persona que lo puede salvar.

Comentarios:

Nuharo: vaya, que coincidencia, aunque me alegra haber podido hacer una escena cotidiana xD

Layni Db: ¡Hola! me alegra mucho que te gustara el capítulo y además, que te diera risa xD Espero sigas disfrutando los próximos.

ashlee bravo 199981: bueno, como te habrás dado cuenta no era tan necesario leer Flores Amarillas para entenderlo, que bueno que te gustara.

fan-avatar: Cuando estoy emocionada el tiempo me parece bastante lento, esa escena con Katara la saqué de mi propia vida. Usualmente pongo a Zuko un poco serio, pero en los últimos capitulos del Libro Fuego podemos ver que tienen un extraño, pero sentido del humor. Originalmente pensé en poner a Sokka y Toph de cupidos, pero como el otro andaba de luna de miel no hubo forma de traerlo (¡rayos!) a la próxima xD

harmony30589: ¡Muchas gracias! a mi me encanta que te gusten y que además me dejes comentarios ^^

klan: me halagas demasiado ^^... ¡Mil gracias! soy fanática de tus comentarios :)

Katara 2323: Sé perfectamente a lo que te refieres, y éste capítulo es totalmente Kataang, no sale nadie, nadie más que Katara y Aang (Gyatso pero solo en pensamientos) Es algo triste en realidad, dramático, pero a mi parecer también muy romántico lindo, haber si te gusta.

FanKataang100: ¡Muchas gracias! ese es el punto.

Fireeflower: Gracias, me halaga de sobre manera que me consideres de las pocas que te puede hacer sonreír ¡ese es el plan! Me inspiré en la propia canción de Kiss The girl, vi la escena de Ariel con Erick de la Sirenita unas cuantas veces y luego pensé en Aang y Katara. Me quedé con ganas de mostrar más romance en Flores Amarillas y decidí que ellos podrían tener una cita de ese estilo, claro más moderna, pero al final de cuentas una cita. Mil gracias por comentar, tus lindas palabras me motivan mucho.

Nieve Taisho: jajajaja, de hecho, el último que leí de tu ABC era un poquitín dramático... en fin. Me alegro que te gustara, de pequeña veía tantas veces la Sirenita que mis papás no pueden escucharla (dicen que la veía una y otra vez y si no la estaba viendo se las contaba xD)

Helenil: Aw... muchas gracias =D

Emilia-Romagna: Movimiento de corazón.. mmm... no había pensando en esa canción. También es muy hermosa por cierto, aunque bueno, Sailor Moon tiene en general canciones muy lindas ¡Me alegro que te gustara! Gracias =)

Maryel Tonks: de hecho yo tampoco pensaba mucho en la pareja de Zuko/Toph. Usualmente me voy por el canon que es Zuko/Mai, pero una conocida que tengo le encanta esa pareja y pues... las cosas se dieron para que ambos tuviera un entendimiento. Aún así, y gracias a Tumblr y Nieve Taisho, me está gustando mucho más la pareja de Toph/Sokka xD ¡Muchas gracias por leer y opinar tan lindo de mi historia! =)

Este capítulo es un UA, se ubica en nuestro mundo. Es triste, nostálgico y tierno.

Recomendación.-Escuchen la canción mientras leen, es hermosa.


Letra : L

Canción : Ladder to the Sun (Escalera al Sol)

Artista: Coldplay

There it started, came apart it

broke up into pieces and...

There was a chance I missed it

It could risked it

But I put myself into your hands

'Cause you're not just anyone

You're a ladder to the sun

Allí comenzó, a deshacerse

Se rompió en pedazos y…

Había una oportunidad y la perdí

Podría ser arriesgado

Así que me pongo en tus manos

Porque tú no eres cualquier persona

Eres una escalera al sol

.

.

Katara suspiró con fuerza, armándose de mucho valor. Metió la llave en la cerradura lentamente, haciéndola girar. Se escuchó el click del metal cuando se abrió el cerrojo. Con la mano en la dorada perilla, la hizo girar suavemente hasta abrir la puerta. Empujo con delicadeza la madera blanca, que rechinó por una falta de aceite impresionante. El sonido la estremeció, pero al menos consiguió pasar. Ella cerró la puerta detrás de su cuerpo con delicadeza; el plan de entrar sin hacer ruido quedó desechado por la chillona puerta. Aunque la segunda parte, y la más importante, aún podía realizarse.

La morena de cabellos castaños entrecerró los ojos. El departamento estaba tremendamente oscuro, ni una sola luz prendida. Las cortinas cerradas impidiendo el paso de la luz lunar. El frío de la noche se colaba quién sabe de dónde, porque Katara sentía el viento que corría por las habitaciones y se llevó las dos manos a los brazos, estremeciéndose.

La sala estaba abandonada. Si bien no había ningún desorden aparente, el polvo cubría los muebles de la misma forma que lo hace un espacio inhabitado, o descuidado por años. Le sorprendió encontrar la cocina con restos de comida fría y trastes sucios a simple vista usados hacia semanas. Mientras caminaba por el pasillo hacia la recámara principal, sus ojos se llenaban de lágrimas por ver tan bello lugar decaído.

"¿Esto es siquiera posible?" pensó para sí misma. Un crujido la espanto. Ella miró al suelo, donde su pie había pisado accidentalmente una cajita que resplandecía plateada.

Inclinándose con movimientos lentos, sus manos alcanzaron el objeto. Era una caja delgadita, contenedora de CD's. Miró detenidamente el objeto. Tenía algo de polvo y estaba roto el plástico de la portada. Había una imagen desteñida de rosas. No había ningún CD en el interior, pero en la contraportada estaba la lista de canciones. Eran piezas clásicas.

Sus dedos pasaron por la estampa impresa cuando se escuchó la melodiosa armonía de unos violines al compás de los violoncelos, la percusión entró cuando se puso de pie. No tardó en reconocer la melodía. Era el Barbero de Sevilla. Una de sus canciones favoritas de Rossini. Sonrió nostálgicamente mientras caminaba, un poco más segura, hacia la habitación principal, de donde venía la melodía.

Se inclinó por la puerta, tratando de pasar desapercibida. Finalmente, encontró lo que estaba buscando. Estaba ahí la figura, oscura por la falta de luz, inclinada frente a un balcón. Las puertas estaban abiertas y el aire frío entraba meciendo las cortinas. A pesar de que el lugar estaba helado, él tenía una simple camisa sin mangas y un pantalón delgado. Él le daba la espalda, así que no podía apreciar más detalles que esos. Y su delgadez.

Miró el reproductor de música, cuyas letras eran la única luz de toda la habitación. Había ropas en el piso, unos cuantos platos y la cama completamente destendida. Dio un paso hacia él, internándose en la fría habitación. Pero apenas su pie se movió un poco más cuando…

—No debiste venir—le dijo con voz casi despectiva.

Ella se tensó. Katara bajó la mirada al suelo, incapaz de contenerse por la abrumadora tensión que estaba cayendo en el ambiente.

Pero levantó la mirada firme, en alto y caminó hacia él con pasos decididos.

—Quería venir—le dijo—Necesitaba venir—corrigió.

Él lanzó una carcajada llena de una amarga ironía, de esas horribles que nacen de la más profunda tristeza. No volteó, pero un viento muy fuerte golpeó a Katara danzando bruscamente con su cabello.

—¿A ver cómo me desmorono?—inquirió burlón—No te daré ese lujo, lo siento.

Esas palabras fueron un colmo para ella.

¿No podía entender que estaba ahí por él? ¿Solamente por él? ¿Qué había roto todo tipo de prejuicios, orgullos y necedades solamente para saber si estaba bien? ¿No podía percatarse del esfuerzo que estaba haciendo para no echarse a llorar? ¿De que ella sufría tanto o más que él? su actitud era tan… tan…

—Podrá haber personas que morirían por verte caer—le dijo, conteniendo los sollozos—Pero yo moriría por levantarte… y lo sabes tan bien como yo.

Él no le dijo nada.

—Aang—su voz era apenas un murmullo, que se confundía con el sonido del viento.—No puedes seguir haciéndote esto…

—¿Esperas acaso que haga una fiesta y me ponga a regalarle dinero a quien me encuentre en la calle?—casi gritó—Sé que todos lo esperaban… tú lo esperabas.

Suficiente.

—¡Jamás!—gritó—Me conoces lo suficiente… no soy como ellos.

—Eres como los demás, Katara. Exactamente igual. Todos quieren lo mismo: el dinero.

Eso fue más bien una bofetada.

—¿Cómo puedes pensar así de mí?—demandó, tan indignada que no podía distinguir entre el dolor y la humillación—¿Cómo…?

—Mira, nadie te pidió que vinieras. Así que, por favor, ahorrémonos la pelea de siempre y vete de aquí. No te quiero, no quiero a nadie solo… déjenme en paz.

Aang se inclinó entonces, pero apenas pudo verlo de perfil porque estiró la mano hacia una cajetilla que estaba reposando en la mesita a su lado. El encendedor de metal plateado brilló bajo la luz de la luna mientras intentaba prender la llama.

Katara vio el humo blanco alzarse hacia el techo…

…el veneno.

—¡No!—gritó ella, lanzándose hacia él para tirar el cigarrillo al piso—¡No, no!

¿Desde cuándo fumaba?

Ella pateó tan duramente el cigarrillo en el piso, que parecía estar aplastando mil insectos en vez de un simple cigarro. Aang se quedó perplejo, viendo a la morena con ojos infestados de lágrimas y de mirada suplicante.

—Mira Aang—le dijo, encarándolo de frente—Te dejé caer una vez… y sé que fue mi error—gimió—Pero no pienso cometer la misma estupidez dos veces. Este no es el fin del mundo y sé que puedes salir adelante… tienes tanto potencial…

Jadeo.

Hasta ese momento no había visto el rostro de Aang. La barba desalineada crecía en su barbilla y se levantaba en despeinadas patillas hasta las entradas de su negro cabello. Lucía cansado, envejecido. Debajo de sus ojos había unas ojeras profundamente marcadas de un violeta tan oscuro que, bajo el manto nocturno, casi se veían negras. Y sus ojos…ella recordaba dos esferitas grises nadando en un brillo de entusiasmo y alegría. Ahora eran simples pupilas oscuras cargadas de un dolor, de una carga tan pesada, que incluso enflaquecía sus hombros.

Lágrimas cayeron sigilosas por las mejillas de Katara. No podía ser cierto.

Aang en cambio cerró los ojos por un momento. Las dos manitas morenas estaban colocadas dulcemente sobre sus mejillas, enmarcando su rostro en una caricia sublime. Ese simple contacto le hizo latir el corazón a mil por horas y sentirse, por primera vez en semanas, tranquilo. Pero era una condena. Él lo sabía perfectamente. Estaba tan dañado que no podía confiar en la gente, o al menos sentía que confiar, a esas alturas del partido, era cometer el mismo error dos veces. Y él intentaba tan desesperadamente de recomponer su vida… de intentar volver a ser el mismo de antes.

Aang levantó las manos para colocarlas sobre las de Katara. Originalmente iba a romper el contacto, pero no pudo. Al abrir sus ojos, Katara estaba llorando sin sollozar, pero con una expresión de culpa que la delataba. Entendía sus sentimientos y conocía la razón de ellos. Pero no por eso se sentía mejor.

Katara se sentía abrumada. Recordaba a la perfección ese atardecer, un año atrás. Estaban en el parque, caminando, recorriendo, platicando… cuando él decidió dar el otro paso ¿Y qué hizo ella? rechazarlo amablemente. Katara lo amaba, no tenía ni la menor duda de sus emociones; pero sabía que ella no era el mejor partido para Aang y además, consideraba que su romance no podría durar mucho tiempo. Ellos habían sido mejores amigos desde que estaban en la secundaria. El noviazgo lo arruinaría todo.

Además, Aang tenía mejores cosas en qué pensar. Como por ejemplo, concentrarse por completo en la recuperación de su tío Gyatso. El buen hombre había sido diagnosticado con cáncer en el hígado y estaba llevando una impresionante lucha por salvarse. Su fortuna fue invertida completamente en mejorarse; pero secretamente, Gyatso ya sabía que su tiempo estaba llegando a su fin.

Katara había conocido a Gyatso desde que era una adolescente. Y le quería como a su propio padre. Pensó que Aang entendería sus razones. Pero no fue así. El chico se lo tomó muy personal, porque sus sentimientos eran muy intensos. En ese tiempo que estuvo abiertamente distanciado de Katara, muchas personas se acercaron a él por su dinero. Gyatso iba a morir pronto y se sabía perfectamente que Aang heredaría su fortuna.

—Eres un chico tremendamente talentoso—dijo Katara, un ligero gemido colándose por su voz—Tienes muchas habilidades… simplemente… él no quisiera verte en éste estado… te consta. Él quería que siguieras con tu vida.—Aang no le respondía, solamente se quedaba callado, escuchándola.

Gyatso había sido una persona admirable. Irradiaba luz pura. Aang de joven era su mismo retrato, siempre lleno de optimismo y de ímpetu. Pero toda la reserva de esperanza que había almacenado por años de agotó días tras día en las quimioterapias. Pronto, la presencia de Katara volvió más tenso el ambiente. El asunto entre ambos era ya casi insostenible y de forma silenciosa, llegaron al acuerdo de ver en turnos a Gyatso.

Entre los problemas con Katara, la enfermedad de Gyatso cada vez más grave y la presencia de amigos convenencieros, mostrándole el mundo ruin del dinero… Aang sencillamente decayó. Fue cayendo más y más. Día a día, esa fe en el mundo y ese optimismo era atacado, roto, destruido pieza por pieza.

Y Katara, maldiciéndose a sí misma, pero orgullosa al final de cuentas, se conformó con ser una simple espectadora que no hizo nada. Ella miró a lo lejos cómo Aang se dejaba derrumbar. Miró a lo lejos cómo un hombre atlético y lleno de entusiasmo se volvió el delgado apático que estaba enfrente. Y jamás podría perdonarse por haber actuado de esa forma.

—Ya no importa Katara—le dijo Aang, alejándose de ella hacia el balcón—Es tarde.

—No—y sonaba con bastante determinación—Jamás es tarde. Nunca lo es. Y lo sabes.

Aang de cierta forma sentía que lo había perdido todo. Absolutamente todo. El hermoso mundo y la vida que había llevado hasta ahora se la llevó Gyatso a la tumba, un mes atrás. Y todo a su alrededor se volvió neblina ambulante en una oscura vida de soledad.

Pero Katara ahí, de pie frente a él, animándolo, apoyándolo, haciendo todo lo que siempre necesitó de ella… era como un tierno y cálido rayo de luz. Una luz solar que con su sola presencia hace emerger las más bellas flores del césped y acaricia los pétalos de las rosas.

Un rayo de luz inalcanzable.

Arriesgarse a confiar en ella otra vez… entregarle su corazón, sus sentimientos…

Suspiró.

¿Qué más podía perder, que no hubiera perdido ya?

—Supongamos entonces que no es tarde—dijo, en voz baja, pero Katara la escuchó perfectamente—¿Qué haríamos ahora?—preguntó. Luego agregó—¿Qué harías tu?

—Te ayudaría en lo que necesitaras—le dijo de una forma muy dulce, tomándole la mano para ir metiéndolo de paso en paso a la alcoba—De todas las formas que necesites. Sabes que soy tu amiga. Siempre lo seré.

Aang asintió.

—Y tú lo sabes—respondió—No hay nadie en el mundo que pueda levantarme… nadie más que tú.

Ella sonrió un poco, apenas esbozando la comisura de sus labios.

—¿Soy tu escalera personal, acaso?—inquirió.

—Sí.—y lo dijo con seguridad—Mi escalera… Mi sol.

Sol.

El sol que le daba luz, con su sola presencia. El sol que al alejarse de su vida lo hundió en esa miseria. El sol que, ahora de pie enfrente de él, con una enorme sonrisa, le estaba devolviendo de poco en poco las esperanzas perdidas.

Katara cerró la puerta del balcón. El viento frío cesó. Había una paz naciente que se respiraba en el ambiente, como si estuviera naciendo un sentimiento nuevo. Una vida nueva. Katara sabía que estaba por empezar un nuevo comienzo entre los dos. Y aunque era abrumador descubrir su naturaleza, ya no le tenía miedo. Confiaba en ella misma.

Sol.

Katara pensó en ese atardecer… ese en donde empezó a desmoronarse todo, y al mismo tiempo, a componerse.

—¿Sabes Aang?—le dijo, cuando los dos estaban sentados en la cama, sobrellevándolo todo—Ese día en el parque…

Aang cerró los ojos con fuerza.

—De verdad, no quiero re…

—Quería decirte que sí—confesó, por primera vez en voz alta—Quiero decirte que sí.

Sí a ser su novia. Sí a estar a su lado. Sí a apoyarlo. Sí a sacarlo adelante. Sí a ser su escalera. Sí a ser su sol. Sí a ser su escalera al sol.

—Me pongo en tus manos—dijo él, abrazándola—Totalmente…

Katara sabía que no era el momento. Al menos no ahora. Había muchas cosas más que hacer todavía. Repararse emocionalmente cada uno era la primera de todas. Pero esto era un inicio.

El inicio de su ascenso.


¿Les gustó? Simplemente abrí el documento y me puse a escribir y escribir y escribir... al final el resultado me gustó más que todos los demás intentos extraños que se me ocurrieron.

Por si no queda clara la historia, explico un poco mejor. Aang era el sobrino de Gyatso, un rico y muy amable hombre de negocios; cuando la muerte de Gyatso estaba cerca, Aang quería profundizar su relación con Katara de quien estaba enamorado para poder sostenerse, porque estaba deprimiéndose mucho. El rechazo de Katara le dolió y varias personas que intentaban acercarse a Aang por su dinero aprovecharon eso, haciendo que cayera más. Katara sabía lo que estaba pasando, pero por orgullo no hizo nada. Hasta que Gyatso murió y Aang se encerró en su departamento, sin que nadie supiera de él por semanas.

Espero que les haya gustado y lo hayan disfrutado mucho. Por el momento trataré de terminar el nuevo capítulo de La Princesa del Sur. Si quieren mandarme opciones para la siguiente letra, M, las aceptaré con mucho gusto. Tengo unas dos canciones en mente, pero creo que con mayor variedad se me ocurrirán más cosas xD ¡Nos leemos!

chao!