Mejores Amigos

By Peace Ctrl

Capítulo Trece: Muerte


Luego de dos minutos de que se haya ido, una mano se posó sobre mi brazo. No era la mano de Sasuke, pues yacían inmóviles a cada lado. Me di la vuelta aterrorizada.


Casi me da un paro cardíaco. Itachi no estaba muerto, estaba mirándome con sus ojos –negros, sin el Sharingan, jamás los había visto así- semicerrados del cansancio; con una ligera sonrisa en su rostro. Y había tenido fuerzas suficientes como para levantar su mano y alcanzar mi brazo.

Mi mandíbula cayó y mi mente comenzó a correr alentada por la adrenalina que se había descargado de nuevo en mi sistema. Supuse que tenía algo para decirme, así que dejé una mano sobre el pecho de Sasuke para continuar estimulando su ya dañado corazón; y puse una debajo de la nuca de su hermano, liberándolo lo más que pude del dolor.

Ahora me arrepentía de haber dejado ir a Karin, pero probablemente él había hecho sus latidos indetectables precisamente esperando a que ella se fuese. La sonrisa pequeña, humilde y sincera en sus labios me daba más confianza en que lo que había oído en aquella guarida era la más pura verdad. Me pregunté si él sabría que yo lo sabía.

-Uchiha Itachi… -susurré, amablemente-. Supongo que no eres el monstruo que nos hiciste creer que eras.

Casi me estremecí ante la similitud entre su sonrisa arrogante y la de Sasuke. Hablando de él, volví a chequear su corazón, es decir, a prestarle un poco más de atención, y me di cuenta que había comenzado a latir de nuevo; pero irregularmente. Tenía taquicardia. Necesitaba medicamentos, mi chakra ya estaba casi por la mitad y me estaba costando actuar como un marcapasos. Entrecerré los ojos y me concentré un poco más, para luego volver mi vista hacia Itachi.

Me miraba con sus ojos muy abiertos, ahora más serio. Con algo de solemnidad. No debería de estar despierto. No debería de esforzarse tanto, si quería sobrevivir.

-Lo sé todo, Itachi-san. Luego se lo contaré a Sasuke. Deberías de estar descansando un poco, déjame anestesiart-

Suave pero firmemente, apretó mi brazo de nuevo, negando con la cabeza levemente; haciéndome callar.

-Se te nota en los ojos, –habló, con voz sorprendentemente aterciopelada, sin ninguna imperfección-, Tienes miedo.

¿Yo? ¿Miedo? El que había sido mi compañero desde hace como cinco años, mi mejor amigo, la única esperanza que tenía de volver a Konoha airosa, estaba debajo de mi mano muriéndose porque su corazón se había olvidado de cómo latir para mantenerlo vivo. Estoy perfectamente, ¿qué no me ven? Oh, y casi me lo olvido; su hermano, el que debería estar perfectamente, el que no tiene la culpa de casi nada, también está muriendo, y probablemente muera; porque sé que el chakra no me alcanzará para los dos, y realmente dudaba que Karin llegase a tiempo como para hacerme una transferencia de energía. Sin mencionar el hecho de que Akatsuki debería estar en camino.

¿Miedo? La estoy pasando bárbaro.

Fruncí el ceño. Le hubiese escupido en la cara por semejante afirmación -¿qué no decían que los Uchihas eran genios?-, pero me repetí mentalmente que Itachi seguía siendo un shinobi de clase S.

-¿Por qué estaría aquí si tuviese miedo? Podría haber huído hace rato.

Pregunta tonta. Sasuke y yo formábamos equipo. Tenía que quedarme con él. La verborragia me ganó de nuevo.

Lo observé –mientras volvía a forzar al corazón del menor a latir- indignada levantar una ceja y las comisuras de sus labios. Supongo que los moribundos pueden permitirse reflejar lo que sienten. Envié otra corriente de chakra a través del sistema de él para aliviar más su dolor.

-Porque estás enamorada de él. –apreté mis dientes-. Desde que tienes nueve años.

Eso. Eso, era un asunto total y completamente superado, ¿me entienden?

Y los Uchihas no eran precisamente genios –yo no molestaría a la persona que intenta salvarte la vida.

Ignoré su sonrisa arrogante –uno no debería sonreír así cuando está muriendo, ¿saben?-; y, molesta, me volteé para atender plenamente a Sasuke. No quería ser dura, pero Itachi moriría de todos modos. Sólo podía anestesiar su dolor, el daño era demasiado como para que yo sola le pudiese tratar, y mi prioridad era Sasuke –y si lo anestesiaba aún más, lo desmayaría.

Volvió a evitar que me voltease, tomando mi brazo de nuevo. Lo fulminé con la mirada.

-Cuídalo, por favor –mi mirada se volvió interrogante. Eso no se cuestionaba-. Sé que lo harás bien.

Me invadió la ternura, puesto que cada vez era más evidente que Itachi sólo era un hermano mayor que quería demasiado a su hermano pequeño. Me mordí la lengua y asentí respetuosamente. Envié una pulsación de chakra a Sasuke, en acto reflejo ante un latido particularmente irregular.

El mayor sonrió sinceramente, y cerró los ojos.

-Entonces es verdad –murmuré para mí misma, y el leve flaqueo en su chakra me indicó que me había oído. Levanté la cabeza y dije un poco más alto-: Lo que sucedió hace ocho años.

No abrió sus ojos, como esperé que lo hiciese. La situación era tan extraña, tener a dos shinobis de élite a mis pies, con sus vidas en mis manos; prediciendo las reacciones de Uchiha Itachi. Parecía un títere que estuviesen moviendo de arriba, sentía que no encajaba en ese momento, en esa situación. Como si mi presencia lo cambiase todo, y no sé si bien o para mal.

No quise imaginarme el horrible final que esto podría haber tenido si no estuviese aquí.

Si mis habilidades de médica no estuviesen conmigo, mejor dicho. Mi presencia daba lo mismo.

Tampoco habló. Esperé unos segundos, y aterrorizada, llevé una mano a su pecho. Su corazón se había detenido. Esto no me podía estar pasando. No estaba segura de poder lidiar con dos paros cardíacos al mismo tiempo.

Movida por la preocupación, deslizé mis rodillas más cerca del mayor, arrástrándolo más cerca de mí y de donde estaba Sasuke. Me arrodillé entre los dos, y puse una mano en el pecho de cada uno. Respiré hondo y comencé a acompasar sus latidos, estimulando los de Itachi y marcando el ritmo de los de Sasuke. Se me estaba acabando el chakra, sabía que no podría hacerlo por muchos minutos más. La fatiga lograba que mis párpados se cerrasen, y mi mente divagaba entre los límites del sueño y la vigilia.

Apenas podía mantenerme concentrada, enviando chakra fluida y rítmicamente a través de mis brazos y por sus pechos. El sólo hecho de mantenerlo fluido y constante era bastante estresante cuando no tienes mucho chakra que canalizar.

La angustia y la desesperación crecían a medida que me quedaba sin chakra. Consideraba que el corazón de Sasuke iba un poco mejor, pero aún así no lo podía dejar así nomás, e Itachi aún no tenía pulso. Y no tenía chakra, no me alcanzaba.

No podía decir mucho en mi defensa, se supondría que mi chakra debería ser suficiente para una situación como esta. Pero nunca antes me había sucedido. No, porque no es lo mismo curar las heridas superficiales de cuarenta subordinados de Orochimaru a mantener vivos –hacer latir el corazón de dos personas al mismo tiempo. Sin morir en el intento.

Era desgarrador. Sentía como mi energía se drenaba lentamente de mis entrañas y la depositaba toda en los cuerpos que yacían a mi lado. El fin justificaba los medios. El fin de mantener vivo a Sasuke justificaba cualquier cosa.

Justificaba la deserción de Konoha, justificaba entrenar hasta el cansancio durante tres años, justificaba matar a Orochimaru, justificaba intentar salvar a un asesino clase S –su hermano mayor. Lo justificaba todo. Porque eso era lo que me había propuesto, y esta vez no iba a fallar.

Habían pasado cuarenta minutos desde que Karin se había ido. El sol me daba en la cara y sólo hacía parecer las manchas de sangre aún más extensas. Mi cabeza latía con fuerza, y tenía los ojos entrecerrados. Apenas notaba el suave balanceo que dibujaba mi espalda, incapaz de mantener el equilibrio. Todo se volvió negro, y me sentí caer al piso, entre los dos hermanos.

Sabía que tenía que continuar, que debía morir por falta de chakra si era necesario. Le ordené a mis brazos que se estirasen, a mi espalda que se enderezase, pero no tenía sentido. No respondían. Sólo mis pulmones y mi corazón continuaban trabajando.

Y estaba mal.

Porque mi corazón no debería latir si no puedo hacer latir el de Sasuke, mis pulmones no deberían respirar si los de Sasuke no lo hacen. Si luego de tres años de entrenamiento médico exhaustivo no era capaz de salvar a mi mejor amigo, el único lazo que poseía… Entonces yo tampoco merecía ser salvada.

No veía ni sentía nada, pero mi mente continuaba trabajando. Sólo esperaba que nuestro equipo llegase antes que Akatsuki.


El cabello de Karin se revolvió cuando aterrizó, alterada, entre los otros dos miembros de su equipo. No estaba de humor ni siquiera como para fulminar con la mirada a Suigetsu, así que sólo les dedicó una mirada preocupada.

-Vamos, tenemos que ir a buscar a Sasuke y a Sakura –ordenó, dándose la vuelta, esperando que obedeciesen-.

-¿Qué? Espera un segundo, ¿qué demon-

Se dio la vuelta, mirando a Suigetsu con el ceño fruncido.

-Sasuke está muriendo –el peliblanco ensanchó los ojos-. Sakura está intentando salvarlo a él y a su hermano, pero se está quedando sin chakra. Cuando me fui, Sasuke había entrado en un paro cardíaco. Sakura me pidió que vayamos a ayudarla porque necesitan refugio. ¿Me explico?

Suigetsu la fulminó con la mirada, y Juugo cerró su boca entreabierta.

-Podrías haberlo dicho desde un principio –fanfarroneó-.

Se echaron a correr en la misma dirección por la que Karin había llegado; porque sus dos compañeros, sus dos líderes estaban en peligro. Juugo carraspeó en el aire, antes de apoyar uno de sus pies en una rama para volver a saltar.

-¿Has dicho que Sakura estaba tratando de salvar a Sasuke?

Karin asintió.

-Y a su hermano, también dijiste.

Suigetsu ensanchó los ojos, lo había pasado por alto. Juugo tenía los ojos entrecerrados y miraba a la pelirroja con cautela. Ella tragó saliva y se mordió la lengua. Era muy, muy largo de explicar.

-Es complicado. Se trata sobre algo que descubrimos en la base de Akatsuki.

-Mm… Lo explicarás luego –dijo Suigetsu-. Apresurémonos.

Llegaron alrededor de cuarenta y cinco minutos luego de que Karin haya dejado a Sakura allí. La pelirroja se acercó rápidamente a los tres, con el ceño fruncido al ver que la pelirrosa se había desmayado.

-Está inconsciente, -dijo Juugo, con dos dedos en el cuello de Sasuke-.

Suigetsu corrió, cuidadosamente, al lado de Itachi. Puso su mano en la muñeca y el cuello del Akatsuki y chasqueó la lengua.

-Pues su hermano está muerto. Parece que ha cumplido su objetivo después de todo, huh.

-No sabes lo que dices –le reprochó Karin, sosteniendo la cabeza de Sakura-. Creo que ella sólo se quedó sin chakra. No quiero ni pensar lo que debe ser intentar reanimar a dos corazones al mismo tiempo sólo con chakra.

Juugo asintió y subió a Sasuke a su espalda con cuidado, dejándolo apoyar la cabeza en su hombro. Se puso de pie e instó a Suigetsu a hacer lo mismo con Sakura. Sonrió arrogante.

-Sí, sí, yo llevo a Sakura-chan –dijo con una sonrisa pícara-.

Karin lo fulminó con la mirada, y también se puso de pie.

-Akatsuki no está lejos, y no van a tardar en percatarse de esto. Salgamos de aquí.

-De acuerdo, de acuerdo; fosforito, pero ¿dónde demonios vamos a ir?

-Podríamos volver a la casa de esos gatos… -sugirió Juugo-. Ahí Sasuke-sama y Sakura-san fueron bien recibidos.

Se miraron, cómplices.

-A la guarida Uchiha, entonces –sonrió Suigetsu-.


Sabía, por la leve presión que sentía en su espalda, que estaba acostado. Respiró hondo, eso siempre le ayudaba a adivinar si seguía en el mundo de los vivos, o si pronto se encontraría con su familia. Había dolor, o sea que seguía vivo; era un indicio que nunca fallaba. Pero ya no sabía si agradecer por ello, o no.

Su objetivo había sido completado, Itachi estaba muerto. Lo había visto caer de rodillas ante sus pies; tal y como lo había soñado tantas veces, en aquellos sueños producto del odio y de la soledad, quién sabe. Se lo había preguntado muchas veces -¿qué iba a hacer luego de ello? Luego de que haya alcanzado su más alto objetivo (a la corta edad de dieciséis años), ¿qué haría? Ahora ya estaba solo. Y aunque siempre lo había estado; ahora estaba totalmente confirmado.

Pensó en regresar a Konoha, y ciertamente, era una de las opciones más viables. Tendría todas aquellas muertes cargando en sus hombros –y en los de Sakura-, y seguramente volverían a aceptarlo. Tal vez aquel rubio bobalicón le reprochase el haberse ido por el resto de su vida; pero ya habría vuelto, y lo habría perdonado, porque Naruto era lo suficientemente estúpido como para hacerlo.

Y era más que seguro que Sakura le apoyaría. Porque habían hablado sobre ello, porque él siempre la escuchaba hablarle, mientras dormía, a Naruto y a sus padres. Hasta la había escuchado llorar, porque los extrañaba, y el adiós había sido más que breve, si no inexistente. No iba a negar que la odiaba por hacerle sentir culpa. Pero nunca se lo diría.

Y el apoyo de la pelirrosa era muy importante, puesto que ya casi se había olvidado lo que era despreciarla y no contar con ella.

Volvió a inspirar, y esbozó una sonrisa.

El chakra de Sakura circulaba por su sistema. Había incluso más chakra de ella que el de él mismo. Tal vez no estaba tan solo después de todo. Inspiró de nuevo, disfrutando de la sensación que le producía el cálido chakra de la pelirrosa. Ella nunca lo sabría, por supuesto que no. Pero aquella sensación –cálida, armoniosa- le había traído seguridad muchas veces.

No se sorprendió del todo, puesto contaba con ella para que lo rescatase, cuando la batalla terminase. No era tan arrogante, y definitivamente no esperaba salir ileso de una batalla con su hermano. Y sabía que Sakura llegaría –como lo había hecho muchas veces, más de las que le gustaría reconocer- justo a tiempo para mantenerlo vivo.

Mantenerlo vivo, eso era lo que ella hacía.

Quiso inspirar aún más hondo, pero no pudo. Supo entonces que una venda recorría todo su torso; y probablemente parte de sus brazos, por el dolor que provenía de ellos. Recordaba fracciones de aquella batalla, pero no sabía como se había hecho cada herida en particular; sólo le ayudaba a recordar el dolor que aquellas heridas dejaban. Su corazón quiso latir más rápido al rememorar esas imágenes, pero no pudo, y casi se ahoga.

Y ese fue el recuerdo más importante, porque vio brevemente mechones de cabello rosa, la calidez del chakra verde y el dolor insoportable en su pecho.

En esa inspiración –más corta de lo que hubiese querido-, supo que se encontraba en la guarida Uchiha, la misma que había visitado semanas antes. El olor impregnado en las paredes y el suelo, ese olor a té, mezclado con humedad; eso lo decía todo.

Sabía que estaba solo en aquella habitación, puesto que no sentía ninguna fuente de chakra cerca. Probablemente Sakura estaba entrenando u holgazaneando con Suigetsu, o con Karin. Juugo seguro estaba leyendo.

Lo que no sabía, era cuantas horas (si no eran días) había estado inconsciente. Porque sólo recordaba los suaves dedos de su hermano golpear en su frente, tal y como lo había hecho tantas veces cuando él era niño. Se preguntó que habrá significado.

Con Itachi, todo tenía un doble significado.

Hubiese meneado la cabeza para quitarse ese pensamiento si no le doliese tanto todo el cuerpo.

El dolor. No era extraño para él, para nada. Pero no debería de estar sintiendo dolor. Sakura siempre lo anestesiaba con chakra cada hora; siempre que él sufría heridas de ese tipo. Y cuando despertaba, no había dolor. Sólo la agradable sensación de su chakra circulando por su red.

Tal vez sí estaba muerto, y estaba en el infierno, y por eso sentía dolor.

Pero volvió a respirar, y el aroma del té le dijo que aún estaba vivo. Que había esquivado a la muerte de nuevo.

Una inspiración más, y sintió las fuerzas suficientes como para abrir los ojos. Ya de antemano sabía que estaba en su vieja habitación (de seguro la Gata Matriarca lo había puesto allí), y por la luminosidad, también sabía que no era mediodía.

Divisó el techo de madera, tal y como lo había predicho. En una rústica cama tendida sobre el suelo, como era habitual. Se permitió suspirar. La pesadilla había terminado. Por fin había terminado.

Se preguntó cuánto tendría que esperar para poder moverse sin que le duela tanto, o para que alguien viniese a controlarlo o darle de comer.

No estaba seguro de querer escuchar las quejas de Sakura tan pronto. Le reprocharía que casi muere, y todo lo demás. No había ningún problema en esperar.

Miró hacia la izquierda, y encontró la pared más cerca de lo que la había esperado. Lo habían puesto demasiado a la izquierda, demasiado cerca de la puerta. No entendía por qué. Si su habitación era grande. Había espacio.

Giró lentamente –adolorido- su cabeza hacia la derecha. Intentando averiguar qué rayos era lo que lo había corrido de su propia habitación.

Y había una pequeña cama como la de él en el suelo, un sachet de suero colgando de un pequeño ganchito; junto a lo que supuso era una sonda nutricional.

Y recostada, entubada, e inconsciente, yacía Sakura.

Ensanchó los ojos. Ni siquiera él tenía tantos tubitos. Y ni siquiera podía sentir su chakra, pero sí podía captar el de Karin en los jardines.

Ella no podía estar muriendo, como lo hacía parecer aquella imagen.

Porque si ella moría, entonces sí estaría solo.

-------------------------------------------------------------
+[Author's Note]+

So, yes. Hubo actualización rápido, ¿vieron? Eso es porque me puse a armar el argumento en papel en la hora de Geografía. Sí, soy genial, xD Lo que sea. ¡Comienza el Sasusaku! Sisi, le voy a dar con todo chics, porque ya era hora, después de trece capítulos... (No es un buen número para comenzar, pero se hace lo que se puede, eh?) Mi idea original no incluía todo ese despertar de Sasuke, y lo iba a cortar cuando Hebi decidía ir a la guarida Uchiha... Pero así sólo eran 2300 palabras, y el reglamento que me autoimpuse me obliga a escribir 3000. Lol. Así que ahí tienen, 3002 palabras. Pueden agradecer. xD

Muuuuchas gracias a todos sus comentarios. Son lo mejor, huh! Y no dejen que nadie les diga lo contrario. Los leo y son lo mejor del world. SANKYOU! XD

+[Peace Ctrl]+
-------------------------------------------------------------