13. ATAQUE AL PALACIO REAL (PARTE 2)
En esos momentos, Yasmina iba corriendo por los jardines, parecía buscar algo, y finalmente lo encontró; a Ángelus. La licántropa pelirroja aterrizó cerca de la vampira y acabó el trayecto corriendo desesperada hacia ella viendo que estaba inmóvil en el suelo junto a un árbol. Al estar junto a la dormida vampira morena, vio que estaba inconsciente por un fuerte golpe que recibió contra el árbol, pero también vio que había sangrado un poco por la nariz, cosa que le sorprendió mucho. Yasmina no tardo en intentar despertar a Ángelus cogiéndola en brazo y agitarla un poco para ello.
- ¡Mi señora Ángelus, despierte, vamos despierte mi señora Ángelus! - llamaba ella en alto y preocupada.
Por mas que la agitará, Yasmina no conseguía despertarla pero sabía que no estaba demasiado grave para llevársela de allí en ese momento. Pensó en ir a buscar ayudar, por lo que dejo suavemente a Ángelus en su sitio y se puso de nuevo en pie, pero al hacerlo, sintió un terrible escalofrío en su espalda, y eso no era nada bueno, ya conocía esa sensación de peligro y ese olor que olió detrás de si.
- Yo en tu lugar la dejaría donde esta, pequeña lobita faldera. - dijo una voz femenina y perversa que ella conocía muy bien de antes.
Lentamente y temblando un poco, Yasmina se giró poco a poco hasta visualizar a la dueña de esa voz, era Elizabeth Bathory mostrándose tranquila y superior. La licántropa rápidamente se puso en guardia para proteger a su ama, y la vampira ni se inmuto por ello, siguió mostrándose tranquila y calma. No sabía que hacer ahora, Yasmina nunca se había enfrentando a esa vampira casi igual de antigua que su ama o su padre, los nervios hicieron que tragará saliva y sudará un poco aterrada, pero debía mantenerse firme y proteger a su dormida ama Ángelus.
- Si no quieres morir, te sugiero que la dejes donde esta y te marches, loba. - aconsejo Elizabeth, entonces empezó a andar hacia ella.
- Eso nunca, no permitiré que le hagáis nada a mi señora de nuevo. - juro Yasmina con firmeza pero sin dejar de estar asustada.
- ¿Ah si, vas a impedírmelo? - pregunto la vampira vacilante dando pasos lentos y calmados. - Soy mas vieja y fuerte que tú pequeña, y siempre consiguió lo que deseo tener en mi poder, y lo que deseo ahora… es tener a esa reina bajo mi mandó, y en mi lecho.
- ¡Maldita vieja pervertida…! - insulto Yasmina gruñendo enfurecida por ese comentario. - ¡¿No tuvo bastante con lo que le hizo hace mas de cien años?
- Cuando uno vive eternamente… nunca tiene bastante con lo que tiene querida, tú deberías sentirlo también. - contestó la vampira con calma y sinceridad. - Ahora… vete y deja que me lleve a Ángelus Drakul.
- Nunca.
- Yo que tú haría lo que te digo perrita, puedes acabar… muerta. - advirtió Elizabeth parando a unos pasos de ella estando calmada y confiada.
- Si para proteger a la persona que sirvo tengo que morir… me arriesgaré. - confesó Yasmina con sinceridad y seguridad en si misma.
- ¿Tan importante es para ti esta vampira? ¿Tanto te gusta estar a su servició tanto años, no te cansas de lo mismo? - pregunto ella curiosa y extrañada.
- Aunque te lo explicará no lo entenderías, hace años que dejaste a un lado tu humanidad para poder entender lo que hago por ella desde mucho antes de ser lo que soy ahora, pero sino llega a ser por mi señora Ángelus… ahora solo sería un animal salvaje sin control alguno. - dijo Yasmina directa y sería.
- Vaya, entonces… le debes tu vida ¿no es así?
- Exacto, y eso es algo que ni tú ni tus malditos cómplices podrán entender.
- Es cierto, nunca se entendería. - estuvo de acuerdo Elizabeth, entonces, velozmente cogió a Yasmina por el cuello alzándola del suelo. - Por qué es algo sumamente estúpido y ridículo para una loba hacia una vampira como ella.
Al acabar de decir eso, la vampira húngara alzó lejos a la licántropa con todas sus fuerzas apretando los dientes molesta y fría. Yasmina voló hasta estrellarse contra la valla metálica que daba a las calles de Londres. Ante ese fuerte golpe quedo inconsciente al momento y antes de caer inmóvil al suelo bocabajo. Elizabeth chasqueó la lengua entre los labios molesta por esa loba, y enseguida la ignoró para girarse de nuevo a la desmayada vampira morena, pero al momento en que se giró al árbol donde estaba el cuerpo, vio que había desaparecido sin dejar rastro, y eso la sorprendió por que no la oyó irse.
- ¿Pero qué…?
- Vaya jefa, parece que la "presa" huyó al tener ocasión. - dijo una voz a su espalda.
Elizabeth se medio giró y vio que se trataba de Izan con los puños en los costados mostrándose calmado y confiado como ella antes. Elizabeth se giró al lugar donde debería estar la licántropa en esos momentos, pero al igual que la vampira, ésta desapareció al instante sin que la viera moverse e irse. Todo eso no se lo espero, pero estaba impresionada de las mejoras de esas dos en las últimas dos décadas, por lo que bajo la mirada con una risa baja.
- ¿Ama Elizabeth? - llamó Izan confuso.
- Parece que… las cosas serán mucho mas interesantes que antes. - comentó ella para si misma, luego se giró a él. - ¿Dónde esta Gina, no esta contigo?
- Hace un rato lo estaba, pero quiso ir a su aire y la dejo hacerlo. - contestó él natural y con simpatía. - ¿Voy a buscarla?
- No, tranquilo. - aseguro ella deteniéndolo. - Ella ya no es esa chica frágil y ensimismada en sus visiones, dejemos que libre sus cualidades en estos momentos. Estoy segura de que es lo quiere ahora.
Con eso, Izan no dijo mas, pero si que sonrió divertido pensando en que debería estar haciendo Gina en ese momento, no podía saber con exactitud qué, pero podía imaginar muchas cosas. Ambos vampiros decidieron retirarse de allí y esperar a que los otros volvieran por su cuenta y enteros… si es que pasaba eso. Mientras, unas sombras se estaban moviendo detrás de unos arbustos, muy cerca de donde estaban esos dos vampiros.
- ¿Estas bien, Yasmina? - pregunto Ángelus en susurro. - ¿Puedes moverte, levantarte?
- S-Sí, mas o menos… - contestó la chica dolida con el brazo sobre el vientre. - ugh…
- Intenta no moverte durante un rato, debes descansar para curarte enseguida. - pidió la vampira sujetándola con cuidado de no hacerle mas daño.
- Pero… ahora no es momento de descansar. - dijo Yasmina moviéndose pero el dolor hizo que sufriera mas. - Ugh… debemos ir a proteger al señorito Arthur y los demás de Palacio.
- Lo se, pero tú debes descansar un poco al menos… no puedes moverte sin dolores físicos Yasmina. - intento explicarle Ángelus. - Yo he tenido tiempo para descansar gracias a que me dejaron inconsciente, puedo ir y ayudar…
- ¡No puedo dejar que vaya sola de nuevo mi señora! - exclamó Yasmina al oír eso. - ¡¿Y si vuelve a pasarle lo de antes?
- Yasmina…
- ¡No pienso quedarme aquí y…!
- ¡Yasmina, escúchame…! - pidió la vampira cogiéndola de la cara con ambas manos para calmarla. - No es tu culpa que me cogieran por sorpresa antes, fue error mió, solo mió. - explicó ella con calma y tranquilidad. - No puedes estar siempre detrás de mi para evitar que me caiga de espaldas al suelo… tengo que saber caminar bien sin tropezar… sin que tú tengas que sujetarme.
- ¿Soy ya una carga para usted acaso? - pregunto Yasmina mirando confusa y algo inquieta.
- No, eres mi primera y mejor amiga, desde que te conocí de niña para ser mi mano derecha. - corrigió Ángelus dejando de cogerle el rostro para apoyar las manos en sus hombros. - Siempre has estado conmigo… por eso no quiero que pierdas la vida como has jurado antes ante Bathory, no deseo eso de ti.
La licántropa no supo que decir ante eso, y al final se resignó y decidió esperar a recuperarse un poco. Ángelus la escondió bien entre los arbustos por si aún estaban cerca de allí Elizabeth e Izan, después dejo allí a Yasmina recuperándose del golpe recibido, se fue velozmente hacía donde estaba su hermano y todos los invitados del rey, corrió y salto con agilidad y experiencia. Un olor iba hacía ella llamándola fuertemente, sangre. No era una sangre cualquier, era la sangre de su hermano Arthur, y era mucha derramada para poder olerla claramente.
En esos momentos, en la Sala del Trono reinaban los gritos de terror y miedo, todo el mundo corría de un lado para otro deseando salir de ese lugar, pero los guaridas, a pesar de estar igual de asustados, tenían ordenes estrictas de no dejarles salir de allí, no solo de Ángelus, sino del rey también que estaba presentes pero sentado y callado en su trono con su esposa abrazada a él y sus dos hijos abrazados mutuamente al lado de ellos. En medio de la sala, había manchas de sangre fresca derramadas por Arthur que estaba lleno de herida, afortunadamente ninguna letal, todavía.
Él estaba luchando duramente contra el vampiro Radu que estaba entero y sin ninguna herida visible, solo cortes en la ropa y un poco manchada, prueba evidente de que Arthur le dio cortes con la espada que llevaba aún en mano, pero el vampiro sanaba casi al instante cortes pequeños como esos, el último lo tenía en la cara que se regeneraba, casi ni sangro. Arthur estaba jadeando de agotamiento y dolor por las heridas y moratones en el cuerpo pero no dejaba ir su sable por nada mientras veía calmado y tranquilo al vampiro delante y en pie, él estaba arrodillado con una rodilla en el suelo.
- Vamos muchacho, ríndete. - le propuso Radu. - A este pasos vas a morir desangrado, no tan rápido como los humanos por tu curación rápida, pero…
- No estés tan seguro de eso, vampiro… - dijo Arthur poniéndose en pie con dificultad ayudado de su estada clavada en el suelo. - No seré asesinado por un vampiro desgraciado como tú, no hoy.
Radu estaba sorprendido de la fuerza y resistencia del muchacho, se le notaba en el rostro que deseaba vengarse de él y todos al igual que Ángelus, era increíble para él, solo que no lo expresaba en el rostro, solo sonreía sarcástico y divertido. Arthur sentía como sus heridas iban cerrando, pero su regeneración no era tan rápida como la de los verdaderos vampiros, al menos se curaba para seguir luchando.
- He de conocerlo chico, tienes agallas. No le tienes miedo a los vampiros… ni a la propia muerte. - halagó Radu paseando de lado a lado. - Ángelus te ha criado para ser un buen miembro de Hellsing, pero también tienes sangre de Drakul en las venas, esa sangre… te hace ser un hibrido que caza vampiros.
- ¿Y qué con eso, te molesta acaso? - pregunto Arthur desclavando su espada del suelo una vez de pie tambaleando un poco.
- No mucho, como vampiro que soy… es normal que odie un poco a la Organización y la Familia Hellsing. - contestó él pasivo y confiado. - Todos los vampiros de Inglaterra odia a esa organización desde que se fundo, ellos los cazaban para proteger a la antigua reina y al país, y todo por qué el primer Hellsing, Abraham Van Helsing, fue capaz de derrotar… y esclavizar al Rey No-Muerto, no me extraña que publicaran la historia.
- Le estas dando mucho a la lengua, ¿no crees? - opinó Arthur. - ¿No te cansa eso?
- A veces, pero me gusta dar mi opinión al contrincante antes de vencerle definitivamente. - confesó Radu amistosamente y algo cómico.
- ¿Definitivamente, crees que me has vencido ya? - pregunto Arthur burlón y riendo un poco.
- Desde luego que si.
Con eso dicho, Radu apareció justo enfrente de él, y sin darle tiempo a reaccionar, el vampiro le dio un fuerte golpe en la cara lanzándolo por un lado hasta estrellarlo contra una de las puertas que estaban justo al lado, Arthur cayó pegado a la puerta de culo quedando sentado con la cabeza colgando hacia delante, chorreaba un poco de sangre por la boca y la nariz, pero a pesar de eso no grito de dolor, lo que hizo fue alzar lenta y dolorosamente el rostro para mirar al vampiro que estaba girándose y yendo hacía él con las manos en los bolsillos del pantalón.
Arthur sentía su rostro destrozado por un lado, incluso la cabeza le pitaba de dolor pero supo aguantarlo bien mientras veía borrosamente como el vampiro caminaba hacia él vacilante y completamente confiado. Quiso alzar el sable pero la mano estaba inmóvil, por lo que uso su otra mano para buscar su otra arma sin que se viera. La gente de alrededor se apartó a empujones, ambos los ignoraban. Cuando Radu estuvo enfrente de Arthur, todos estaban alejados de ellos dos. Arthur encontró lo que estaba buscando entre sus ropas detrás de la espalda y la empuño con fuerza para sacarla en cualquier momento.
- No lo hagas muchacho… - advirtió Radu de repente extrañando al joven. - Al momento en que me dispares una de esas malditas balas de plata, te mataré.
- ¿No es lo que pretendes desde el principio, matarme para hundir definitivamente a mi hermana? - pregunto Arthur dolido y frustrado.
- Te equivocas, no pretendo matarte ahora, aún no. - aseguro él con sinceridad. - Solo le estoy dando un mensaje a tu hermana, solo eso.
- ¿Un mensaje?
- Sí, - afirmó él mientras se ponía de cuquillas delante de él para estar cara a cara. - Quiero que vea que debe unirse a nosotros, sino… todos los que están con ella irán muriendo uno a uno, empezando por su hermanito, a quién debe cuidar y proteger como última voluntad de tus padres, de su padre Drácula.
- je, créete si piensas que se unirá a vosotros, a ti. - dijo Arthur burlonamente. - Después de aquello de hacer 120 años, dudo que lo haga.
- ¿Tú crees? Espera y verás, ella vendrá a nosotros… a mi.
Ante esa seguridad y maldad en su rostro, Arthur se enfureció tanto que finalmente sacó su arma de la espalda y disparo varias veces al vampiro con el Casul 454 que ya uso contra él. El retroceso era algo doloroso para él, pero lo soporto viendo como el vampiro recibía las balas de plata directos haciendo que retrocediera mucho hasta caer de espaldas al suelo, Arthur le disparo hasta que no tuvo mas balas en el cargador, entonces dejo caer la mano cansada.
- ¡Vete al infierno maldito murciélago obsesivo!. - maldijo Arthur agotado.
Todos los presentes quedaron sorprendidos de lo que vieron, dudaron en si acercarse o no al vampiro inmóvil en el suelo, pero si que se atrevieron a asomarse. Entre esa gente, una persona pedía paso, y entonces se vio a la princesa Aurora correr hacía Arthur que ahora si que se quejada de las heridas.
- ¡Oh dios mió, ¿estas bien? - pregunto ella preocupada al estar de rodillas al lado de él. - ¿Te duele mucho?
- ¿eh? Si, un poco, pero estoy bien. - contestó él desconcertado y extrañado.
Los presentes quedaron sorprendidos de la atención de la princesa hacia el joven Hellsing, pero el Rey y Adam no se sorprendieron mucho. A Arthur le sorprendió mucho lo que la princesa estaba haciendo delante de toda esa gente, pero en el fondo se sintió halago y honorado por ello, tanto… que se sonrojo un poco girando la mirada. Al ver eso la princesa se preocupo, pensó que las heridas le dolían mucho todavía y quiso ayudarlo como era posible.
- ¿Qué te pasa, te siguen doliendo esas heridas? - pregunto con las manos preparadas pata ayudar.
- N-No, estoy bien, no se preocupe su Alteza. - aseguro él encogiendo el rostro avergonzado y sonrojado que tenía dibujado.
Aurora no se fío mucho de esas palabras pero dejo de insistir y ayudo a Arthur a sentarse mas cómodamente. Todo parecía estar ya bajo control y sin peligro, pero de repente, alguien dio un fuerte grito y todos se sobresaltaron. Esa persona grito por algo que estaba mirando, después señalo al cuerpo del vampiro, éste se estaba moviendo para ponerse en pie, mientras, se oía unos gemidos de odio y monstruosidad, el rugido de un depredador enfurecido.
- Bien Hellsing, ya has pasado la línea… - dijo Radu estando en pie con la cabeza baja, después la alzó mostrando su rostro de vampiro. - vas a morir.
- ¡Cuidado…! - gritó Adam a Arthur y su hermana.
Radu corrió velozmente hacia ellos dos con los colmillos a la vista y los ojos rojos brillando sedientos de sangre. Arthur quiso disparar pero estaba el cargador vacío y el otro brazo con el sable en mano estaba paralizado, de repente, vio como la princesa Aurora se echaba encima de él para cubrirle entre gritos de suplica, eso lo dejo asombrado pero enseguida intento apartarla de aquel enorme peligro.
- ¡Nooo! - grito ella en alto y con fuerza. - ¡Señorita Ángeluuus!
Radu estaba por tocarla a ella, pero de repente se oyeron varios disparos y luego una explosión en esa misma sala. Arthur y Aurora no vieron nada por que estaba abrazados el uno al otro para protegerse, pero cuando todo quedo en silencio se extrañaron y miraron que pasaba. Al igual que todos, ambos quedaron asombrados y con la boca abierta; Radu ya no estaba frente a ellos sino al otro lado de la sala estrellado contra la pared del otro lado del trono, y también estaba Ángelus allí, con la Jackal en mano mirando hacía donde estaba Radu con el pecho agitado.
- Hermana… Ángelus. - dijo Arthur asombrado y sin palabras.
- ¿Estáis bien los dos? - pregunto ella sin mirarlo aún. - ¿Os ha herido de nuevo?
- N-No, estamos bien. - aseguro él tartamudeando.
- Ángelus… estas aquí, estas aquí. - dijo Aurora repitiendo las mismas palabras mientras dejaba salir lagrimas de alivio y alegría. - ¡Has venido, de nuevo!
Ángelus mostró una sonrisa de comisura para la princesa, pero no perdió la concentración ante ese vampiro oculto entre el polvo de la explosión por haber chocado brutalmente en la pared del fondo. Cuando se disipo, ella vio como el vampiro ya estaba en pie sacudiéndose el cemento de los hombros. Todos se alejaron de él hasta estar detrás de Ángelus que apunto con su pistola negra al vampiro, mientras, tenía la otra mano cogiendo su látigo en la espalda, lista.
- ¿Aún tienes fuerzas para luchar, tío Radu? - pregunto ella desafiante y calmada. - Por qué yo estoy ahora en plena forma para darte una patada en el culo.
- Si, eso ya lo he notado con este último. - dijo Radu con ironía pero tranquilo ante la situación. - Veo que te ha sentado bien la siesta de antes, debí verlo.
- Si, debisteis, pero no lo hicisteis. - coincidió ella vacilante y confiada. - Has atacado a mi hermano aprovechando que estaba inconsciente, no creas que te dejaré irte como si daba esta vez. - advirtió ella ahora molesta y enfurecida.
- ¿Ah no, de verdad crees eso? - pregunto él con los ojos encogidos mirándola fijamente. - Yo no estaría seguro de eso amor.
Ángelus no entendió eso hasta que vio lo siguiente, tanto los vampiros de Radu como los de ella aparecieron de un soplido reuniéndose con ellos, los vampiros de Radu se pusieron delante de él mientras Elizabeth y Gina lo atendían, Seras y los demás hicieron lo mismo, Yasmina atendían junto a Aurora a Arthur que quiso ponerse en pie con dificultad y dolor, la licántropa lo cargó en su hombro pasando su brazo por detrás del cuello. Tanto Ángelus como Radu se miraron fijamente a los ojos, ella con rabia y odio, él con diversión y satisfacción a pesar del golpe que recibió por ella.
- jejeje, veo que pegas fuerte querida, ha sido un buen golpe. - felicitó él riendo encantado.
- Y vas a recibir mas de eso como intentéis tu y los tuyos hago mas aquí. - advirtió ella ahora delante de todos. - ¡Largaos de aquí!
- humm… huelo a poder. - dijo Elizabeth bailando los dedos de una mano como si sintiera un cosquilleo por el cuerpo. - Creo que deberíamos irnos ya.
- Esperar… - dijo Izan de repente mirando a un lado y a otro. - ¿Dónde están Jason y Carla?
- No intentes buscarlos amigo. - dijo Pip vacilante llamando la atención de todos. - Esos dos han tocado fondo hace bastante raro, lo hizo mi Mingonette.
Ante eso Izan se sorprendió y Seras se sonrojo un poco avergonzada del cumplido, pero enseguida ambos se concentraron en lo de ahora. Entonces, sin ayudar de las dos vampiras que estaba con él, Radu se puso en pie sin uso de las manos apenas y camino hasta estar enfrente de su grupo mirando a Ángelus con cierta vacilación y sarcasmo, ésta se mantuvo calmada aguantado las ganas de cargar contra él y rematarlo allí mismo.
- Lo siento mucho querida mía, pero esto será todo por hoy. - se disculpo él lamentándolo con una sonrisa inocente. - Desearía continuar con esta excitante lucha familiar, pero… deberemos dejarlo para otra ocasión.
- ¡¿De verdad crees que te vamos a dejar escapar después de todo esto, desgraciado? - pregunto Arthur enfurecido deseando ir a por él, pero Yasmina y Aurora lo detuvieron cogiéndole de los brazos con fuerza.
- Si es lista, tu hermana sabrá que no le conviene hacerme nada ahora… a no ser, que este dispuesta a sacrificar a los humanos presentes. - dijo Radu.
Los invitados se sobresaltaron aterrador al verlo los rostros feroces y tenebrosos de los vampiros de Radu mirando sedientos y hambrientos a todos los humanos de la sala, y eso hizo callar resignado a Arthur apretando los dientes frustrado y humillado. Acto seguido, Radu y los demás vampiros se alzaron del suelo para flotar y estar casi al tejado siendo observados por todos. Cuando llegaron, el tejado se abrió rápidamente sin que cayeran las piedras en la sala, Ángelus entendió que Radu había usado su poder sin ningún esfuerzo, eso la desconcertó, él debería estar débil para usarlo en ese momento.
Ante eso Ángelus quedo confusa, no acababa de entender eso que estaba pasando, pero no le dio mucha importancia y deseo detenerlo antes de que huyera con los demás, pero de repente, sintió un inmenso dolor en la cabeza, tanto que empezó a gemir de dolor, puso ambas manos en la sienes y cayó de rodillas al suelo, al ver eso todos se agruparon alrededor de ella, mientras, Radu estaba de pie en el tejado viéndolo todo tranquilo y con ironía.
- Insensata. - dijo él en susurro. Entonces se dio la vuelta para irse ya.
- ¡Espera Radu…! - le detuvo Ángelus en alto.
- ¡No te pongas impaciente, por qué todo esta a punto de empezar!. - dijo Radu deteniéndose y girándose a ella por encima de hombro. Después estuvo de lado mirándola mientras los demás se iban de allí, desapareciendo en la nada. - ¡Tanto los sentimientos eternos como los recuerdos inmemorables…! Todo empieza ahora, princesa… ten paciencia para lo que estar por llegar.
- ¡¿Qué quieres decir…? - exigió ella aguantando el dolor, incluso se puso en pie de un brincó dejando de sujetar su cabeza.
No obtuvo respuesta, el vampiro se había dado la vuelta y desapareció al instante.
- ¡RADUU!
VARIOS DÍAS DESPUÉS
Lo ocurrido en el Palacio de Buckingham salió en primera pagina de todos los periódicos del mundo, sobretodo por qué fue provocado por vampiros enemigos de la Reina de los Vampiros Ángelus Drakul. Ninguno de los invitados presentes a la Ceremonia de Sucesión quiso dar información ni hacer comentarios en público, deseaban olvidar lo ocurrido a toda costa aunque eso fuera casi imposible de olvidar. Los daños que el palacio sufrió fueron reparados de inmediato, y los de la Familia Real estuvieron tranquilos y al margen de todo lo que las noticias decían de lo ocurrido. Muchos periodistas iban a la Mansión Hellsing deseando ver a Ángelus y hacerle unas preguntas, pero Tara les dejaba claro que la señorita no estaba para entrevista y preguntas personales, por eso, los periodistas se quedaron con la duda; ¿De qué conocía ella a esos vampiros desconocidos que la mencionaron como "familiar"?
Durante los siguientes días, ni Radu ni sus compinches dieron señales de aparecer en la ciudad ni en ningún lugar del país, volvían a estar ocultos en algún lugar gracias a la barrera que Radu creaba para ocultar las presencia de todos. Eso frustró a todos los de Hellsing, pero mas a Ángelus, pero en el fondo estaba aliviada de que ninguno de su grupo saliera muy herido o muerto por ellos, lo bueno fue que dos de los vampiros de Radu que no eran muy importantes fueron eliminados por Seras. La vampira morena no quiso salir de su habitación durante ese tiempo, y los demás de Hellsing estaban preocupados por el estado de animo de Ángelus, el haber recibido algunos golpes de parte de Radu debió ser demasiado para ella en el fondo. Entre ellos estaba nada mas que Arthur, que esa noche despejada y calmada decidió intentarlo de nuevo yendo a la puerta y picar un par de veces.
- Hermana, ¿puedo pasar? Quiero hablar contigo, por favor. - pidió él frente a la puerta esperando paciente. - Hermana, abre.
Él espero sin prisa y con calma, entendía que ella deseará estar sola con sus pensamientos, pero deseaba animarla y consolarla un poco si le dejaba. Al fin, la puerta se abrió dejándole paso, él entro cerrando la puerta tras de si sin girarse. Su hermana Ángelus estaba en la cama tumbada de lado, mirando al balcón donde se veía el cielo nocturno lleno de estrellas acompañando a la luna llena y brillante. Ella no se giró a él todavía, pero no le importo a Arthur.
- ¿Cómo te encuentras hoy? ¿Has podido dormir algo este tiempo? - pregunto él a unos metros de la cama con los brazos cruzados en el pecho.
- Algo si, pero no me ha ayudado mucho para serte sincera. - contestó ella sin girarse a él. - ¿y tú, que tal están las heridas que sufriste?
- Me curé muy rápido, no tanto como un vampiro al 100%, pero con eso me he curado enseguida, ya estoy bien. - contestó él con algo de humor.
- Me alegro. - dijo Ángelus sonriendo un poco. - ¿Y los demás?
- Lo sabrías si salieras de aquí de una vez. - contestó él ahora serio y algo molesto, Ángelus lo miró de reojo pero sin molestia. - Hermana, no puedes quedarte aquí encerrada el resto de la eternidad, debes salir y superar lo ocurrido como tantas otras veces.
- No es tan sencillo Vlad, y esta vez es muy diferente. - contestó ella dejando de mirarlo y acomodándose un poco mas. - Tengo mucho que perder ahora.
- ¿OH en serio, el qué? - pregunto Arthur con vacilación.
- A todos vosotros, pero sobretodo a ti.
Esa respuesta dejo mudo a Arthur, no sabía como contradecir eso, ni tampoco deseaba hacerlo. Pensándolo bien, ella tenía razón, esta última a sido diferente a las veces pasadas, antes solo tenía a Yasmina y a su padre, ahora… tenía mucha mas responsabilidad y amigos, no deseaba perderlos por su causa y por la obsesión que tiene su malicioso tío por ella desde hace siglos atrás. Entonces, Arthur ando hacía la cama, y cuando estuvo junto a su hermana se sentó junto a ella, delante de su vientre mirándola de lado, ésta oculto un poco el rostro entre su larga melena negra y sus manos.
- Ya se que es frustrante… - murmuro él. - Yo también desearía poder saber donde están ahora y darles lo que se merecen.
- Sí, no sabes cuanto. - dijo ella, apenas se entendía lo que decía entre las manos cerradas. De repente, los cristales del balcón se agrietaron un poco sin motivo, Arthur se sorprendió pero supo enseguida que era cosa de su hermana. - Mientras esté oculto a mi, él y los suyos pueden volver a atacar sin que lo sepamos. Es muy frustrante no poder sentir sus presencias… - los cristales dejaron de agrietarse, dejando unas líneas en una esquina.
Arthur pudo sentir con suma claridad el odio y rabia de su hermana, incluso vio como temblaba por ello, pero también de miedo y terror por los demás. Entonces, para animarla si era posible, Arthur puso su mano sobre la cabeza de ella acariciando su cabello negro con suavidad hacía bajo, eso a Ángelus en verdad la animo solo que no lo mostraba a simple vista. Ella finalmente te calmó y se incorporó hasta sentarse en la cama y Arthur junto a ella apoyados en la cabecera.
- Siento haberte preocupado así, de verdad que lo siento. - se disculpo ella abrazando a su hermano por los hombros con el brazo.
- No tienes que disculparte, estas en tu derecho querer estar sola para superar lo ocurrido, lo entiendo. - dijo Arthur con animo. - Pero creo que tengo algo que quizás puede animarte mas que esto. - informó sonriendo y alzando una ceja.
Eso dejo confusa a la vampira y se apartó un poco para mirarlo bien, vio en su rostro una sonrisa picará y algo maliciosa pero no perversa, algo había pasado en su ausencia y eso la asusto un poco. Quiso preguntarle, pero él se adelanto y le paso una pequeña nota blanca doblada por la mitad, confusa, Ángelus la cogió y dudosa la desdoblo y vio que había algo escrito a mano y con una firme, debajo de la firma había un nombre que ella conocía; Spike.
"Hola amiga mía, debes de estar humillada y frustrada por lo ocurrido el otro día en Palacio, pues deberías venir esta noche a mi local, tengo algo que quizás te anime y te ayude en tu inmenso problema. Te espero en mi local en una hora, puedes venir sola o acompañada, tu misma.
Atentamente; tu adorado y atractivo amigo Spike."
- ¿Qué es esto, cómo es que él…? - pregunto ella asombrada de lo que leyó en la nota.
- Será mejor que te vista un poco y vayamos a ver que tiene para ti. - propuso Arthur poniéndose en pie, Ángelus lo miró confusa y sorprendida. - Él llamó hace unos momentos, y viendo que insistía en que te diera este mensaje para que fuera a su local, me arme y vine a verte para anímate y dártelo.
- ¿Te ha dicho de qué se trataba?
- No ha querido decírmelo por teléfono, pero por su forma de hablar imagino que es algo gordo y útil. - contestó Arthur. - Venga, vamos a ver que es.
- Arthur, yo…
- ¡ah no, nada de excusas! - detuvo él en alto. - ¡Vamos a ir a ver a Spike y no hay mas que hablar, ¿entendido?
Viendo la insistencia de su hermano, la vampira suspiró y tuvo que aceptar esa idea. Arthur la dejo sola para prepararse un poco, mientras, él informó a los demás y Yasmina junto a Sirius quiso acompañarles, él acepto con gusto. Ángelus estuvo mejor vestida con sus típicas ropas negras y vio que con Arthur estaban Yasmina y Sirius, supo al momento que también vendrían, no le molesto pero no pudo evitar suspirar con una sonrisa irónica.
- ¿Nos llevas, Tara? - pregunto ella al ver a la mayordoma con ellos.
- Por supuesto señora, ustedes primero. - acató ella con gusto abriendo la puerta de la entrada.
Cuando todos salieron por la puerta, el auto ya estaba listo frente a los escalones de la puerta, Ángelus miró de reojo a Arthur que se hizo el inocente. Entraron en el coche y Tara encendió el motor para irse de allí rápidamente, los guardias abrieron la verja y el auto fue recto hacia la ciudad hasta perderse de vista. Mientras, los demás de Hellsing estaban a lo suyo, sobretodo Seras y Pip.
Ambos estaban en su habitación compartida en los sótanos, estaban disfrutando de una noche de amor y placer mutuo. Pip estaba encima de Seras mirándola fijamente viendo como disfrutaba del momento, ambos estaban cubiertos por la sabana blanca del ataúd con dosel. Después de lo ocurrido esa noche en el Palacio Real, Seras estuvo algo baja de animo por lo que hizo con esos dos vampiros novatos, por eso Pip quiso animarla de esta forma. En esa ocasión él tenía su larga melena suelta colgando de los lados haciendole cosquillas a Seras en la cara mientras sus ojos lloraban del ardor corporal.
- ¿Qué, estas mejor ahora cariño? - pregunto él jadeando agotado de placer pero sin querer parar todavía.
- La verdad… es que si. - afirmó ella abrazada a él, sintiendo puro placer entre las piernas, sentía su cuerpo y el de él sudar por doquier. - Nunca pensé que deseará hacer esto tan a menudo, y menos para quitarme los malos momentos…
- No eres la única amor, créeme. - dijo Pip riendo divertido.
Seras lo miró con sus ojos rojos y una sonrisa sarcástica mostrando los colmillos, y con eso Pip movió mas las caderas haciendo que ella gimiera con mas ganas y complacida de ese placer físico. Pip se inclinó mas a ella hasta poder besarla apasionadamente sin dejar de moverse entre las piernas de ella, ésta la abrazo con mas fuerza a su pecho, y al acabar de besarla él se inclinó en su cuello para besarlo, luego, dando un jadeo feroz la mordió con fuerza.
- ¡Ah…! Uah… - gimió ella en bajo sonrojándose mas.
Seras sintió como su propia sangre deslizaba entre los labios de Pip hasta llegar al colchón manchándolo un poco, pero no le dio importancia en ese momento. Oyó y notó como él daba tragos de sangre pausadamente haciendo que ella se excitará mas y sonrojándose mas. Pip disfrutaba de esa sangre, y la excitación hizo que se moviera con mas fuerza y velocidad, eso hizo que Seras echará la cabeza hacía atrás placentera y ardiendo como nunca cada vez.
- Oh Pip… no puedo mas.
El ser mordida para tomar su sangre y poseerla de esa forma hacía que Seras sintiera mas placer cada momento, y su cuerpo le avisaba de que estaba llegando al limite, a Pip le estaba pasando lo mismo pero no deseaba dejar de tomar su sangre todavía. Entonces, justo cuando ella llegó al clímax, Pip se alzó de su cuello para dar un gemido con los labios manchado de sangre y la cabeza hacía atrás igual que Seras abrazándose a él clavando las uñas en él. Ambos jadearon agotados y exhaustos, Pip se tumbó al lado de Seras abrazándola contra su pecho y ella se acurrucaba a él sonrojada.
- ¿Te sigues avergonzado de hacer estas cosas entre nosotros, eh? - pregunto Pip de repente, ella se sobresalto un poco pillada. - Ya veo que si, jeje.
- ¡N-No te rías de mi idiota! - exigió ella sonrojada alzándose para mirarlo reírse a carcajadas como solía hacer con ella. - ¡E-Entiende que y-yo no era de e-esas chicas, jolín!
- Vale vale, perdona ajajá. - se disculpo él dejando de reír, incluso lloro un poco por ello. - Es que eres única Mingonette.
- ¿Única, en qué, en esto? - pregunto ella extrañada y confusa, aún así sonrió un poco.
- En todo, desde que te vi por primera vez al ser contratado por Hellsing, supe que era una chica diferente. - contestó él mientras le acariciaba el brazo.
- Normal, era una vampira entonces y tu un mercenario humano ¿recuerdas? - dijo Seras.
- No era por eso boba. - contradijo él mirándola. - Era por ti misma, no por ser vampira y todo eso, no… era por ser tu misma, algo en ti me lo dijo.
- No se si entiendo muy bien lo que quieres decir. - dijo Seras a modo de disculpa.
- Siquiera… yo lo se, pero es lo que sentía en ese momento, solo eso. - confesó él con sentimiento y sinceridad.
Con eso, Seras tuvo suficiente para entender que él la amó desde ese momento aunque al principio la molestará enormemente como los demás soldados. Entonces, ella lo abrazó por encima de los hombros para inclinarlo mas hasta poder besarlo con deseo y pasión, él no entendió eso de repente pero le correspondió con gusto mientras la abrazaba por la espalda alzándola un poco del colchón para pegarla a su pecho desnudo y sudado del sexo que tuvieron.
- Te amo, Mingonette Seras Victoria. - se declaró Pip dejando de besarla un momento y mirarla a los ojos.
- Yo también te amo, Capitán Pip Bernadotte. - dijo Seras sonrojada pero feliz.
Y así estuvieron estos dos el resto del tiempo, sin importarles lo que estuviera pasando en el resto del mundo durante esos momentos. Mientras, Lucius y Marcus estaban en el campo de tiro mejorando mas su puntería para pasar el tiempo, sabían de sobra que la pareja que estaba en los sótanos estaban a si rollo romance y sexo, por eso decidieron ir allí para no oírles, sobretodo Lucius que se mostraba molesto, y quizás… un poco celoso según Marcus.
- ¿A qué viene esa cara hermanito? - pregunto Marcus apuntando a una diana de 100km.
- ¿eh, qué cara? - pregunto él concentrado en su diana sin mirarlo. - Estoy como siempre.
- Pues nadie lo diría viendo era cara de malhumorado que pones en este momento. Cualquiera diría que estas… celoso por algo. - opinó Marcus pasivo.
Ante eso, Lucius deparó a boca jarro su rifle de asalto sin parar, ninguna bala dio al blanco por qué quedo en blanco sin apuntar a la diana, esto hizo reír a Marcus en bajo dejando su arma sobre la mesa.
- ¡¿Quééé? ¡Yo no estoy celoso de nada! ¡¿De qué debería estarlo? - exclamó Lucius mirando a su hermano humillado y sonrojado como nunca.
- ¿De verdad que me lo preguntas Lucius? Sabes de quien. - aseguro el castaño con ironía mirándolo de reojo.
Lucius al principio no supo a quién se refería su hermano, pero después de mirarle unos segundos adivinó al fin de quien hablaba, y empezó a reír a carcajadas y en voz alta.
- ¡¿De Pip? ¡JAJAJAJA! - Pregunto Lucius burlonamente, esa risa hizo que le doliera un poco el vientre como para abrazarse a él encogido. - Marcus, no digas tonterías, ¿Por qué debería de estar celoso de ese cretino francés?
- Dímelo tu, yo solo deduzco una posible respuesta. - respondió Marcus girándose a él cruzando los brazos. - Y esa respuesta es una palabra: Seras.
Lucius quedo de piedra al oír eso y sin habla, y con eso Marcus confirmó sus sospechas.
- Lo suponía tratándose de ti hermanito; estas celoso de Pip… por qué Seras es su novia, y por tanto… se acuestan a menudo cuando tienen ocasión, y eso te da rabia por qué tu no puedes, no solo por orden de Ángelus, sino por qué no tienes con quién hacerlo, ni mucho menos una chica como Seras.
- ¡¿Pero qué gilipollez estas diciendo tío? - pregunto Lucius enfadado.
- ¡La pura verdad Lucius, te conozco desde que naciste! - contestó Marcus seguro de lo que decía con firmeza. - Y Ángelus estaría de acuerdo conmigo.
Frente a esa seguridad Lucius no supo que decir en su defensa, por lo que tuco que callarse resignado y enojado por ello. Entonces, dando un suspiró, Lucius dejo también su arma encima de la mesa rendido y con la cabeza baja para después estar delante de su hermano, cogió valor para hablar antes.
- Esta bien, lo admito. Pero no es solo celos lo que siento, sino rabia. - aclaró él, Marcus no entendió lo último y el rubio lo vio al momento. - si, es verdad. Me da rabia que un paletó francés como ese mercenario este con una tía buena como esa, que además es vampira que es mejor todavía. No entendió que vio en ese tipo cuando lo conoció, para convertirlo en vampiro y estar por el resto de la eternidad con él, yo soy muchísimo mejor que él en la cama.
- Lucius… - dijo Marcus suspirando agobiado.
- ¡Esa rubia esta como un queso! ¡Si no fuera por qué esta pillada y por ser la sierva del padre de Ángelus, te juro por mi que me la tiraría cada noche!
- No tienes remedio hermano, ay… - volvió a suspirar Marcus volviendo a lo suyo. - Bromas aparte Lucius, búscate una novia fija y entonces te calmarás.
- Lo haría… si no fuera por la ama Ángelus, no confía mucho en mi como para dejarme tener una.
- "¿Por qué será?" - se pregunto Marcus en su mente con ironía y sonriendo bajo.
Ambos hermanos volvieron con su sección de entrenamiento, cada uno a lo suyo. Mientras, cada uno pensaba en la lucha que tuvieron en Palacio, contra las Tres Hermanas. Recordaron que Ángelus le prometió entregarles a esa chicas cada uno a cambio de que la ayudaran en su venganza, ahora veían que ella estaba segura de que ellos desearían a esas vampira sexual y hermosas, pero ahora Sirius estaba con Yasmina, por lo que dos de ellas sería para uno de ellos dos, seguramente para Lucius que lo disfrutaría mas, la idea era hacerlas sufrir y tomar un poco de su sangre, pero antes dejarle a Ángelus.
Manchester, Inglaterra.
En esos momentos, todo parecía tranquilo en la ciudad, excepto por unos gritos en un callejón oscuro y lleno de cajas viejas y escombros malolientes. En ese callejón había una mujer rubia vestida de forma provocativa, era claramente una prostituta que en esos momentos estaba aterrada, ya que, estaba siendo arrinconada y aprisionada contra la pared por un hombre de melena negra, ella veía sus ojos rojos y sus blancos y afilados colmillos, era un vampiro. Ese vampiro moreno no era otro que Radu, solo que en esa ocasión se mostraba mas pálido que lo habitual, y mas agresivo que antes con las mujeres.
- ¡No, por favor no! - suplicaba la mujer aterrada y asustada.
- No tienes por qué tenerme miedo querida, seré muy gentil contigo. - aseguro Radu mostrando los colmillos y sus ojos rojos brillantes. - Alimenta a mi débil ser, tu sangre… seguro que me ayuda a recuperarme completamente.
- ¡Nooo…!
El vampiro no la escucho suplicar, y dando un rugido de sed la mordió en el cuello desnudo con fuerza. La mujer quiso gritar mas fuerte pero él no la dejo, le tapó la boca con la mano libre, la otra la usaba para sujetarla por la espalda y pegarla mas a su cuerpo y alzarla un poco del suelo. La mujer intento pararlo golpeándolo en los brazos pero él apenas se inmuto, y ella sintió como iba perdiendo las fuerza a la vez que sentía un enorme placer en el cuerpo, como si fuera el mejor orgasmo de su vida a pesar de lo que estaba pasando. En pocos minutos, la mujer finalmente cerró los ojos para no volver a abrirlos, y Radu se separo de su cuello dando un profundo jadeo de satisfacción y saciedad.
- Ya me siento mejor, gracias zorra. - agradeció él antes de soltarla sin mas para que cayera muerta al suelo a sus pies. - No eras virgen, pero estabas bien.
Se limpió los labios manchados de sangre con la mano, pero aún se sentía hambriento, y eso lo frustro enormemente mostrando un rostro enojado y furioso. De repente, le vino al olfato un olor que conocía, entonces suspiró profundamente como cansado de oler ese olor siempre.
- ¿Qué estas haciendo aquí, no deberías estar con Gina en estos momentos? - pregunto en el aire. - Sal ya.
Él espero, y entonces, se oyó unos pasos detrás suyo. Miró de reojo sobre su hombro y en efecto, era el amante de su hija Gina, Izan. Éste estaba junto a la esquina de la salida del callejón ocultando su rostro con una capucha negra bajo la luz de la luna.
- Si Gina te ve con esas pintas… te diría que no te resulta atractivo. - opinó Radu con naturalidad pero sin mostrarse amistoso. - ¿Qué haces aquí?
- Gina quería estar a solas un rato, así que decidí salir de caza también. - contestó Izan quitándose la capucha de la cabeza. - ¿Le molesta que este aquí?
- Un poco si, no quiero que mi hija este desprotegida por mucho tiempo ¿entiendes? - dijo Radu en tono frío y amenazante. - ¿Has venido a decirme algo?
- Si. - afirmó él, entonces Radu se giró a él curioso y extrañado. - Vengo para informarle de algo que paso en el Palacio de Londres, lo que paso con Lestat.
- ¿A ese idiota francés? ¿Acaso no huyó cobardemente? - pregunto Radu con una ceja encogida. - ¿Qué pasa con él?
- Vi como otro vampiro lo secuestraba cuando salió de los jardines de Palacio. - contestó Izan. Eso sobresalto a Radu. - Y no fue uno de los de Hellsing, sino uno que no conocemos en persona, pero que es conocido por todos los vampiros del mundo.
- ¿Quién es?
- Spike, antes conocido como William El Sanguinario. - contestó Izan. - Es quién informa a Ángelus de los vampiros problemáticos y de otras cosas.
- Si, ya he oído rumores de ello. - afirmó Radu sarcástico y pensativo. - Ese William, tan amigo de mi hermano incluso después de morir de verdad.
- ¿Qué hacemos ahora? En estos momentos ya deben estar con Lestat y obligándolo a decirles donde esta nuestro escondite. - advirtió Izan preocupado.
- Puede ser, pero… quizás sea una oportunidad única.
Izan quedo confuso ante eso último, y antes de poder preguntarle Radu desapareció ante sus narices sin decirle que iba hacer, entonces Izan tuvo que espera a una respuesta, mientras, buscaría algo con que saciar su sed, y ya conocía algunos lugares donde poder saciarse con una buena sangre. Entonces él también desapareció de allí dando un salto hasta llegar al tejado del edificio, no le dio importancia al cadáver que Radu dejo allí tirado tampoco, y se fue.
Londres, Inglaterra.
El auto donde iban Ángelus y algunos de Hellsing finalmente llegó a su destino; al Sangre Fresca de Spike. Tara fue a aparcar el auto mientras los demás iban directos allí, el lugar estaba cerrado pero la puerta estaba abierta cuando Arthur la empujo, sin esperar una bienvenida todos entraron y corrieron hasta llegar a la sala principal de baile y bar. Justo allí en medio de la pista de baile estaba Spike en pie esperándoles, y con él estaba otro vampiro sentado en una silla atado completamente con caderas de plata que quemaban la zona de contacto, ese vampiro era Lestat mostrándose dolido y débil.
- ¡Spike, ese es…! - exclamó Yasmina asombrada.
- Bienvenidos, os estábamos esperando amigos. - dijo Spike dando la bienvenida con los brazos abiertos. - Sabía que convencerías a tu hermana campeón.
- ¿Qué te esperabas tú? - pregunto Arthur vacilante mientras él y los demás iban hacía ellos.
- ¿Cómo has conseguido cogerle Spike? - pregunto Ángelus mirando al vampiro rubio asombrada. - Creía que se había escapado.
- Estuvo a punto, pero lo pillé por sorpresa y al ver que él y los demás os estaban atacando en un momento tan importante, decidí cogerle y traerle aquí para ti querida. - explicó él con vacilación y triunfo. - Imaginé que desearías saber donde se esconden esos bastardos, y este idiota era el vampiro perfecto.
- ¿Has podido sacarle algo mientras tanto? - pregunto Sirius con seriedad.
- No ha soltado prenda alguna, y eso que la plata esta es bastante fuerte si lo tienes mucho tiempo en el cuerpo. - dijo Spike chasqueando la lengua.
Mientras este hablaba, Ángelus miró de arriba bajo a Lestat. Éste estaba completamente inmovilizado por las cadenas gruesas de plata. Estaba atado por las muñecas detrás de la espalda de la silla, y los todillos en cada pata. Aparté de esos también tenía cadenas atadas en el abdomen entero haciendo que fuera mas doloroso, la plata hacía que la carne del vampiro se quemará al contacto, y tenerlo tanto tiempo hizo que estuviera mas adentro de la piel haciendo que saliera un poco de humor. Lestat no gritaba de dolor ni nada, pero si mostraba una expresión de sufrimiento y debilidad.
- ¿Has probado con otros métodos Spike? - pregunto ella sin dejar de mirarlo.
- No. He pensado que quizás desearías hacerlo tú misma amor. - dijo Spike cruzando los brazos con una sonrisa sarcástica. - Ahora es todo tuyo.
- ju, te lo agradezco. - agradeció ella riendo en bajo sonriendo un poco.
- ¿Qué hacemos con él, Mi Señora Ángelus? - pregunto Yasmina.
- Vamos hacerle hablar, pero primero… lo llevaremos a la Mansión. - contestó ella mirando al vampiro con frialdad. - Quiero preguntarle allí, a solas.
En esos mismos momentos, lejos de allí. En uno de los hoteles poco conocidos de Londres, había una chica rubia aún despierta delante de un ordenador portátil sin luces enseguida. Esta chica apenas llevaba una camisa de tirantes y unos pantalones largos cómodos para ir por la habitación. Estaba tecleando sin parar concentrada en algo, hasta que de repente, oyó un sonido indicado que había recibido un email. Esta con una sonrisa, viendo de quién se trataba, abrió el email y leyó con calma pero impaciente por saber que ponía.
"He recibido tu mensaje, y la situación no ha cambiado en absoluto. Tu misión sigue siendo la misma, y no debes volver hasta cumplirla. Si no has podido encontrar una información exacta de lo que has escrito en el mensaje, con este te doy una mejor y valida para que estés mas preparada mientras estés allí. Pase lo que pase, no debes fallar esta vez… piensa que haces una obra para Dios Todopoderoso, debemos cumplir su voluntad a toda costa. Buena suerte.
Ricardo Rossini de Iscariote XIII del Vaticano."
- Entendido, jefe. - dijo la chica con una sonrisa contenta y satisfecha. - De lo por hecho, no fallaré esta vez, téngalo por seguro.
Con eso decidido, Heinkel apagó el portátil y lo guardo en la maleta con cuidado. Después lo puso debajo de la cama para que no se viera. Durante el resto de la noche, Heinkel estuvo tumbada en la cama boca arriba pensativa. Tenía los brazos detrás de su cabeza sobre la almohada con los dedos entrelazados con fuerza, estaba ansiosa por entrar en esa batalla de vampiros, en esa batalla donde el premió era la misma Ángelus Drakul, la actual reina No-Muerta.
- "Así que Radu El Apuesto, el hermano menor de Drácula, esta interesado en ti ¿eh vampira? Será interesante saber el motivo de ello. No creo que sea por el simple hecho de ser hermosa e hija de su odioso hermano, hay algo mas, y tu también debes sospecharlo. Lo averiguaré antes que tu, te lo aseguro."
Mientras, también pasaba algo inesperado en otro lugar; en el Palacio de Buckingham. A esas horas todo estaba apagado y silencioso, excepto por un sujeto que iba por los jardines sigilosamente hacía el parking privado de la familia real, allí estaban todos los autos de cada miembro de la familia propio. Incluso los príncipes Adam y Aurora tenían uno propio. Ese sujeto oculto en una capa y capucha negra iba hacía un Ferrari de color negro limpio y reluciente, iba agachado y mirando alrededor para asegurarse de que nadie le había visto ni que le seguían. Finalmente llegó al coche, y de entre sus ropas sacó unas pequeñas llaves que era del auto y estuvo por meterlas en la cerradura de la puerta del piloto, pero de golpe una mano golpeó su hombre sobresaltándolo apunto de gritar, pero esa misma mano tapó su boca antes de poder y lo giró para verle a la cara, éste quedo sorprendido, era Aurora con un dedo en medio de los labios indicando que guardará silencio con una sonrisa picará, entonces quito su mano de él.
- ¡¿Qué demonios haces aquí tú? - pregunto él enojado pero hablando en voz baja. - ¡Casi me da un ataque al corazón por tu culpa!
- Perdona, lo siento. - se disculpo ella con las manos juntas y sonriendo con inocencia. - Te he visto salir a hurtadillas de la habitación y…
- ¿Quieres que nos pillen o qué? Vete a tu cuarto ya. - exigió él girándose a la puerta del auto.
- De eso nada. - se negó ella, y él se giró a su hermana gemela con una ceja alzada de la extrañes. - Se lo que pretendes hermanito, soy tu gemela y no puedes engañarme. - dijo con seguridad, eso dejo mudo al príncipe rubio. - Vas a ir a ver a Ángelus y su hermano ¿verdad? Yo también voy contigo.
- Aurora… no podemos ir los dos, nuestros padres se preocuparan. - intento explicarle Adam a su hermano ahora girado completamente y con las manos sobre los hombros de ella. - Además… es muy arriesgado que vayamos los dos solos de nuevo, ¿recuerdas lo de la otra vez?
- Claro que lo recuerdo, pero ahora tenemos este auto que padre te ha regalado por nuestro futuro cumpleaños. - le recordó ella señalando el auto con la barbilla. - Además… da igual si se va uno a los dos, se preocuparán igual.
- Aurora…
- ¡Yo también estoy preocupada por Ángelus y Arthur, al igual que tu hermanito! - exclamó ella con animo y directa. - ¿Por qué no me dijiste que querías ir a verlos? ¿Por qué ibas a ir tu solo, eh?
Ante esa mirada y esas preguntas insistentes, Adam quedo atrapado sin saber que decir para hacerla cambiar de opinión, al final, se resignó suspirando profundamente. Entonces se puso en pie ayudarla a ella hacer lo mismo, rodeó el auto hasta estar al lado de la puerta del copiloto, la abrió y le permitió a su hermana entrar, ella lo miró confusa y sorprendida.
- Vamos entra. - dijo él sin mirarla aún. - No tenemos toda la noche.
- Hermano…
- Desde esa noche aquí en la Ceremonia… - empezó él con la mirada baja y deprimida. - He estado preocupado por ellos dos, pero sobretodo… por Ángelus. - confesó haciendo después una pausa. - Todo el mundo se enteró de que ese vampiro que nos atacó con sus esbirros era en realidad el tío de ella, por tanto, el hermano de su padre Drácula. Nadie lo sabía… excepto yo. - eso último dejo sorprendida a Aurora. - Me lo contó la noche en que estuvimos en su casa, por eso… quiero intentar animarla, y que me cuente todo su pasado para serle de ayuda. La amo desde que la conocí, y quiero ayudarla a toda costa.
Ante eso, Aurora no supo que decirle a su hermano, vio que no se mostraba avergonzado ante esa confesión a su hermana, y ella mostró una sonrisa de felicidad, estaba feliz de que le contará eso, entonces se subió al auto dejando confuso a su hermano.
- ¿A qué esperas? ¡Vamos, tenemos que irnos ya, rápido! - animó ella con prisa.
Él sonrió y corrió rodeando el auto hasta entrar en el coche en el asiento del conductor. Puso el auto en marcha y salieron de allí a toda prisa. Alguien habría oído el sonido del motor rugir pero no les importaba, deseaban reunirse con la gente que amaban, y esas personas era de la Organización Hellsing.
CONTINUARÁ...
Hasta aquí llegar este especial de dos partes, espero que os haya gustado por qué a mi si me ha gustado como ha quedado jeje. Estaré esperando pacientemente vuestros reviews, por favor, decidme que opináis plis, quiero saberlo... gracias.
