Si bien en el camino de vuelta a casa apenas cruzaron palabra, Lysandro notaba como algo entre él y Lynn había cambiado, aunque no lograba entender el qué. Le daba la impresión de que, en el lapso de tiempo que él había pasado ensayando con Castiel, ella hubiera tenido algún tipo de "transformación" o similar, pero tampoco podía asegurarlo. Ninguno de los dos era muy hablador pero aquella tarde se había añadido un componente nuevo a su relación: tensión. La chica se notaba tensa, sobre todo en el detalle de que ahora le rehuía la mirada y andaba siempre cabizbaja. Si bien se había pasado los últimos días de ese modo, lo cierto era que ahora la impresión que daba era diferente a la de la tristeza. Lysandro casi podía suponer que era vergüenza, pero le daba miedo hacerse ilusiones que luego no fueran más que quimeras.

Pero, ¿y si lo que percibía era real? Durante la cena ninguno de los dos cruzó más de cinco palabras seguidas, pero en un momento dado alzó la mirada de su plato y se encontró con los ojos verdes de Lynn fijos en él. Aquel cruce de miradas duró menos de un segundo, pero la forma en la que ella apartó los ojos y volvió a sonrojarse levemente le resultaron casi esperanzadoras. ¿Acaso se había obrado el impensable milagro de que Lynn hubiera empezado a sentir algo por él, a pesar de que todo el tema de Nathaniel aún era algo muy reciente?

Esos pensamientos le acompañaron aún la mañana siguiente, mientras intentaba concentrarse en las explicaciones de los profesores. Lynn se encontraba sentada justo delante suya, al lado de Rosalya como era habitual. Ambas no dejaron de cuchichear en toda la mañana, como si tramaran algo y pensaran la mejor manera de llevarlo a cabo. Entre sus pensamientos y el cuchicheo de las dos chicas apenas si prestó atención a lo que en esa jornada fue impartido, de modo que, cuando la última hora tocó a su fin se sentía como si hubiera desperdiciado toda la mañana (lo cual en cierto modo no dejaba de ser cierto.)

Terminaba de guardar sus cosas cuando Rosalya se apoyó contra su mesa, al mismo tiempo que Lynn la observaba un poco más atrás.

─Quédate en el aula ─le susurró con un tono que al chico le pareció que no presagiaba buenas intenciones del todo ─¡Quiero anunciar algo y no te lo puedes perder!

La chica se alejó con paso firme, acercándose a un pequeño grupito formado por Iris, Kim, Melody y Priya. Lynn, que no se había movido, se acercó con paso lento, fijándose en cómo él cerraba su mochila.

─A veces es temible, ¿verdad? ─preguntó ─Tu hermano tiene el cielo ganado con ella. ─añadió con una risita. Lynn apreciaba a Rosalya, de hecho la consideraba su mejor amiga, pero eso no quitaba que el carácter de la chica a veces pudiera llegar a ser temible.

Lysandro se levantó, cargando la mochila, justo al mismo tiempo que tiraba sin querer una botella de agua que Lynn había dejado previamente sobre la mesa. Ambos se agacharon al mismo tiempo a recuperarla, con tal suerte que sus manos se rozaron.

Fue como si el tiempo comenzara a ir más despacio en ese preciso momento. A Lysandro le pareció que transcurrían horas mientras Lynn y él se miraban a los ojos, las manos aún extendidas hacia la botella que permanecía en el suelo, casi olvidada por completo. La caricia había sido casi microscópica, pero él sentía cómo en el punto en el que sus manos se habían rozado la piel le hervía como si le hubieran aplicado un metal al rojo vivo. Si había de ser sincero, incluso estaba empezando a sonrojarse. No era la primera vez que estaba tan cerca de ella, pero sí era la primera ocasión en la que estaban tan próximos después de la tarde anterior.

Lynn separó los labios como si fuera a decir algo, pero ese instante fue el elegido por Rosalya para darle a la chica una palmadita en la espalda con cierto aire juguetón.

─Dejad eso por un momento ─señaló para acto seguido volverse hacia los demás alumnos congregados. En el aula se encontraban, además de ellos dos y las chicas, los gemelos, Kentin, Castiel y Nathaniel. Todos observaban a Rosalya con curiosidad, que parecía más emocionada que nunca.

─Bueno, como bien os he dicho en el mensaje que os envié antes, quería proponeros algo ─sus palabras no alarmaron en lo más mínimo a Lysandro por el hecho de que él no hubiera sido avisado por ese medio, ya que su cuñada sabía que él solía perder sus móviles ─Y no me voy a hacer de rogar. Mis padres van a pasar el fin de semana fuera, ¡de modo que mañana organizaré una fiesta en mi casa!

Sus palabras fueron acogidas por una serie de exclamaciones de gozo. La gente parecía encantada por la idea, aunque algunos, como era el caso de Castiel y Lynn, no se mostraban del todo efusivos. Lysandro, por su parte, no había mudado su expresión. No le hacía especial ilusión una fiesta, más que nada porque no era el tipo de acontecimiento que le gustara. Sin embargo, si Lynn decidía ir, quizás se animara; le apetecía pasar un rato con ella en un ambiente algo más relajado.

─Podemos organizarnos para llevar entre todos la comida y la bebida ─propuso Melody con cierta timidez, propuesta que fue bien aceptada por los demás.

Lynn, ante eso, hizo una mueca. Tenía poco dinero encima desde el lunes, y dudaba que lo que había en su cartera le llegara para mucho. Se acercó a su amiga con gesto preocupado, tomándola por el brazo y apartándola un poco de los demás.

─Rosa, sabes que apenas tengo dinero por culpa de lo de las llaves ─murmuró ─Me sabe mal llevar poca cosa o incluso aparecer con las manos vacías…

Rosalya se quedó pensativa un par de segundos. Todo aquello era un modo de poder ver si la sospecha que tuvo el miércoles había sido cierta o no, por lo que era primordial que Lynn y Lysandro acudieran. Si uno de los dos decidía no aparecer, su plan se iba al traste.

─¿Tú sabes cocinar? ─propuso de repente, aunque al instante se arrepintió de haber preguntado eso, pues la castaña compuso un rostro que era la viva imagen del temor.

─Para nada ─admitió ─La última vez que intenté hacer cupcakes se me quemaron, y encima el glaseado ni siquiera me salió en condiciones.

─Vale, descartamos esa opción. ¿Y si vienes antes y me ayudas a preparar algo? Digo yo que sabrás seguir las indicaciones que te vaya dando, ¿no?

Lynn prefirió no decir en voz alta su opinión al respecto, de modo que se limitó a asentir. Confiaba en que ir siguiendo unas directrices sería mucho más sencillo que tratar de elaborar un plato por su cuenta.

─Perfecto entonces ─Rosalya asintió algo pagada de si misma, mirando ahora a Lysandro ─Tú también puedes ayudar de ese modo, no me fío del todo de Lynn -añadió con una sonrisa pícara, la cual no logró ocultar del todo lo mucho que la regocijaba lo bien que se estaba desarrollando todo.

El chico optó por hacer un gesto indefinido con la cabeza, el cual podía ser tomado como un asentimiento o una negación. No le gustaban demasiado las multitudes y estaba comenzando a incomodarse, estado que parecía compartir con Lynn. La muchacha le hizo un gesto hacia la puerta, una invitación muda a abandonar el aula, y no dudó un segundo en seguirla en dirección al pasillo.

Ni siquiera habían avanzado un par de pasos cuando un torbellino de cabello negro entró en la clase y se acercó a Rosalya. Se trataba de Charlotte, y por el rubor que traía en las mejillas se notaba que había venido corriendo.

─Nathaniel me acaba de mandar un mensaje contándome lo de la fiesta ─dijo entre jadeos, sujetándose un poco el costado mientras hablaba ─¿Te importaría que yo también fuera? Puedo preparar una tarta de cerezas, se me dan muy bien… o algo diferente, no sé.

Rosalya miró a Lynn una fracción de segundo, la cual se había quedado parada a medio camino de la puerta, observando a la novia de Nathaniel con una expresión neutra. Mientras, Lysandro se encontraba justo detrás de ella, su mano casi rozando la espalda de la castaña. No quería enemistarse con Charlotte, de hecho le caía bien, y ya iba siendo hora de que Lynn se enfrentara al hecho de que esa muchachita era la novia del delegado. La veía mucho más entera ahora que al inicio de la semana…

─¡Claro que puedes venir! ─exclamó como si nada.


Las negras nubes que se percibían por la ventana parecían anunciar algún tipo de amenaza. Lynn las observaba en silencio, sentada en el sofá de Lysandro, envuelta en una manta fina. Le gustaba pasar así las tardes desapacibles, además de que ese tiempo siempre la hacía sentirse pensativa.

─Toma ─una voz la sacó de sus pensamientos. Alzó la vista y alargó la mano para tomar la taza humeante que Lysandro le había traído ─Siempre me ha gustado tomar una taza de té cuando el tiempo presagia lluvia ─añadió tomando asiento a su lado.

La chica olfateó disimuladamente el líquido dorado, dejando escapar una exclamación de sorpresa.

─¡Té de caramelo! ─exclamó ─Es mi favorito ─añadió antes de tomar un pequeño sorbo.

─Lo sé, por eso te lo he preparado ─respondió él.

─¿Te lo había dicho? ─la joven lo miró, confundida.

─Hace tiempo, cuando fuimos con Rosalya y los demás a tomar algo después de las clases ─ante esas palabras Lynn no pudo menos que asentir, recordando como hacía cosa de medio año, al empezar las clases, unos cuantos alumnos habían ido a una cafetería cercana para ponerse al día de lo que habían vivido durante el verano ─Recuerdo que miraste la selección de tés y te quejaste de que en casi ningún sitio ponían el que tanto te gustaba.

Lynn sujetó la taza con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Era curioso como Lysandro, el chico más olvidadizo que conocía, fuera capaz de recordar un detalle tan concreto como una frase que había dicho ella tiempo atrás. Le dio la impresión de que todo lo que le había contado sobre ella permanecía fijo en su memoria.

Y eso la hizo llegar a la decisión de que no le merecía, de que era mejor intentar cortar de raíz los sentimientos que estaban empezando a crecer en su interior. Lysandro no se merecía las sobras del cariño que ella pudiera haber sentido por Nathaniel, se merecía a una persona que le diera todo, y no lo usara como consuelo cuando otro chico la hubiera rechazado. No podía hacerle eso a su amigo, era demasiado cruel, demasiado rastrero casi.

Volvió a tomar otro sorbo de té, percibiendo como incluso parecía contener dos terrones de azúcar, la cantidad que ella siempre le ponía a esa infusión. ¿También se habría percatado de eso o había sido simple casualidad?

Suspiró, encogiendo las piernas y dejando la taza en una mesita. Debería haberse olvidado de Nathaniel mucho antes de que empezara con Charlotte, debería haber sido capaz de ver los indicios que señalaban la atracción que el rubio sentía por aquella chica; ahora quizás ella incluso hubiera podido empezar una relación con Lysandro en lugar de estar intentando mantenerse alejada de él.

Por un segundo sintió la tentación de arrojarse a sus brazos, hundir el rostro en su pecho y no salir de allí en lo que restaba de tarde, pero su sentido común se lo impidió. No podía darle aliento a su amigo y luego hacerle el mismo daño que le habían hecho a ella, jamás se permitiría tal cosa.

El sonido de un trueno quebró el hilo de sus pensamientos y, para su vergüenza, se encontró haciendo eso mismo que hacía un segundo no se había atrevido a hacer. Buscó refugio en el pecho de su amigo casi sin ser consciente de lo que hacía, intentando huír de aquel ruido. Lysandro la observó con desconcierto, sin saber cómo reaccionar.

─¿Te ocurre algo? ─su voz sonó preocupada. Conocía bien a Lynn como para saber que esa reacción no era para nada habitual en ella.

─Las tormentas ─murmuró la castaña ─Me dan miedo las tormentas.

─¿De verdad? ─aquella revelación no se la esperaba en absoluto.

─De verdad ─la voz de Lynn sonaba temblorosa ─Hace años, cuando era pequeña, fui con mis padres de cámping en una autocaravana. Una noche hubo una tormenta muy fuerte y las gotas de lluvia sonaban como piedras contra el techo del vehículo… pareciera como si fuera a caerse a trozos de un momento a otro. Y desde entonces les tengo miedo…

Notó cómo Lysandro la abrazaba con fuerza y luego tomaba la manta con la que se había estado cubriendo y la envolvía en ella. A continuación el chico se estiró hasta tomar la taza de té que Lynn había dejado y la sostuvo entre sus manos, acercándosela a los labios con cuidado.

─Bebe un poco ─susurró. Lynn alargó los dedos hacia el recipiente, rozando los del chico levemente antes de inclinar la taza y beber. Cuando hubo terminado, depositó la taza donde se encontraba previamente, volviendo a abrazar a su amiga, notando como su cuerpo temblaba un poco, quizás por la ansiedad.

─No te preocupes ─intentó tranquilizarla ─Pasará pronto, ya verás.

Pero en eso se equivocaba. La tormenta no parecía tener intención de irse, y de hecho, horas más tarde, cuando a Lynn los párpados comenzaban a pesarle de sueño, los truenos seguían resonando sobre sus cabezas. La chica apenas se había movido del "nido" de mantas que Lysandro le había preparado antes, manteniéndose casi en la misma posición que adoptara.

─Deberías irte a dormir ─le sugirió el chico cuando la cabeza de la castaña volvió a caer contra su pecho por tercera vez.

─No quiero quedarme sola ─murmuró con voz somnolienta ─No soporto las tormentas, ya lo sabes. ¿No puedo dormir aquí esta noche?

─Mañana te dolería la espalda y Rosalya se enfadaría conmigo por mandarle a una pinche de cocina hecha polvo ─intentó bromear para quitarle importancia al asunto.

Lynn se mantuvo en silencio, sujetando su manta como si le fuera la vida en ello. Tenía una pregunta en la punta de la lengua, pero no se atrevía a formularla. Sin embargo debía admitir que Lysandro tenía razón; necesitaba descansar. Pero sola le iba a ser imposible,

Tragó saliva, alzando los ojos hacia su amigo, reuniendo valor para lanzar la pregunta que comenzaba a quemarle en los labios.

─¿Te importaría quedarte en la cama conmigo hasta que me duerma? ─su voz apenas fue más que un susurro.

Nada más decir aquellas palabras agachó el rostro, avergonzada de las mismas. Sin embargo Lysandro sonrió un poco y la ayudó a levantarse del sofá, retirándole la manta.

─En absoluto. Ve a prepararte; iré cuando estés lista.

Lynn asintió y se marchó con paso inseguro hacia el dormitorio, donde se puso el pijama. Asomó un momento la cabeza al pasillo para avisar a su amigo y luego se deslizó entre las sábanas, escondiendo el rostro bajo las mismas como siempre hacía en las noches tormentosas. No tardó en sentir el peso de Lysandro a su lado, para acto seguido ver como él también se había metido por completo bajo las mantas, del mismo modo que lo había hecho ella.

La abrazó con cuidado, como hiciera noches antes, posando una mano en su espalda y otra en su cabeza. Lynn se acurrucó contra él, dejando que el latido de su corazón la ayudara a relajarse, a olvidar la tormenta que rugía fuera. Notaba la cálida respiración del chico sobre su cabeza, la presión de sus brazos contra su cuerpo. Y en ese momento sintió, más fuerte de lo que hubiera podido esperar hacía unos días, la necesidad de pedirle que se quedara siempre a su lado, que la siguiera protegiendo de todos sus demonios. Sería tan fácil dejarse querer por ese chico, además de que quererle tampoco le sería difícil en absoluto. En lo más profundo de su ser deseó que en ese preciso momento la besara, un pensamiento que incluso la sobresaltó. ¿Acaso sus sentimientos se estaban fortaleciendo en lugar de debilitarse, como ella pretendía?

Notó como el sueño le iba ganando poco a poco la partida. Casi drogada por el cansancio se rindió al sueño, pero antes de caer en la inconsciencia sus labios la traicionaron.

─No me dejes ─murmuró sin apenas darse cuenta.

─Nunca ─escuchó cómo él le contestaba ─Siempre estaré a tu lado para protegerte, mi pequeña Lynn.


Me congratula anunciaros que el beso que todos estáis esperando está cerca... y ya parece que entre estos dos va cuajando la cosa ;)

De nuevo, muchas gracias a las personas que se toman su tiempo en dejar un review. Ya sabéis que me hacen muy feliz.

Y como siempre, ¡vamos a darle amor a ese botoncito de ahí abajo! ¡Venga, que no se diga!