Disclaimer: Todo esto no me pertenece, si no al genial Kishimoto. Solo me pertenece esta historia y algunos de los personajes de mí alocada imaginación.


Un Mundo donde estés presente


Lo que no daña, mata


Esta historia en su totalidad es un regalo para Aniyasha :p. Gracias por todo.


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—Miku, no te distraigas —la suave y dulce voz de su madre hizo que la pequeña diera un asentimiento leve, pero sin apartar la mirada en ningún momento del cielo.

Había algo tétrico en las nubes que paseaban tornando el cielo gris, como anuncio previo a una tormenta que sin duda se veía aterradora. Ella no temía a las tormentas, pero había algo en esa en especial que le hacía temblar de algo que no era frío. Con un suave suspiro apartó los mechones rojos como el fuego que caían sobre su frente por el fuerte viento y observó con más atención el borrón que pasó como un rayo entre los civiles que iban de un lado a otro en la fuente de las aguas termales. Sus padres habían decidido tomarse unas vacaciones durante un largo mes. Aunque disfrutaba del lugar que era sumamente relajante deseaba regresar rápido a Konoha para volver a ver a Obito. Para su suerte ya estaban en la última semana de estadía allí. Pero una desagradable sensación se había instalado en su pecho desde el día anterior en la noche, algo que le indicaba que algo no iba bien.

Pero ¿Qué era?

Aunque su madre intentara enmascarar su propia preocupación, Miku sabía que también sentía esa fuerte presión en su pecho. Algo malo estaba sucediendo. Su padre no notaba nada así que considerando los hechos, tenía que ver algo con la desagradable familia de su madre. No estaría preocupada de no ser porque Obito y Mikoto Uchiha formaban parte de ese clan.

La niña odiaba a los Uchiha, pero también respetaba a las únicas personas que no le miraban como si fuera algo inferior.

—Miku —insistió su madre alzando la mano y mirando a todos lados con perturbación.

Los ojos negros como la noche de la niña dudaron, pero finalmente prestaron atención a su madre. Misaki Anima, antes Uchiha, apretó los labios sintiendo un escalofrío recorrerle el cuerpo. Aunque prometió al casarse no volver a usarlo, activó el Sharingan sintiendo un gran terror, alguien los estaba siguiendo lenta y pausadamente, con un ritmo tan efímero y certero que supo fácilmente quien era. Miró sus manos inmaculadas, tan blancas como el resto de su piel, marcas de su herencia Uchiha y se sintió sucia. Fue repudiada de su clan a los diecinueve años de edad, tras enamorarse y casarse con Eisen, quien no tenía ningún talento en el arte ninja, siendo solo un aldeano común y corriente que comerciaba productos. Sus propios padres y el padre del prácticamente actual líder le habían echado fuera sin remordimientos cuando se negó a anular el matrimonio. Todo simplemente porque Eisen no era ninja, incluso aunque no fuera un Uchiha hubiese sido aceptado, pero las cosas se dieron así. Aunque al principio le chocó, aceptó de buen grado su situación, pudo vivir feliz con el hombre que amaba sin tener sobre ella el estigma de ser una Uchiha, sin ser repudiada o rechazada. Cuando nació su hija no pudo ser más feliz, completamente dichosa la había recibido entre sus brazos cuando se la dieron, esperando fervientemente que fuera igual que su esposo. Pero no había sido así, incluso aunque Miku tuviera el cabello del color del fuego como Eisen, no había heredado de él los cálidos ojos castaños ni la piel morena. De tez blanca y ojos oscuros, era como ella, no había duda en sus rasgos, la genética le había marcado como una Uchiha a kilómetros. Y ese día lloró, de felicidad y dolor. Porque sabía que su hija sufriría mucho.

La Uchiha bastarda. La designación le fue dada sin que pudiera evitarlo.

Nadie dudaría de cuál era su herencia al ver que con tan solo cinco años de edad sus rasgos podían ser tan despiadados o duros como cualquier otro Uchiha, incluso cuando sus ojos ya de por si oscuros, se teñían de rencor cuando veía a alguien que la observaba con superioridad. Era una Uchiha hasta la medula, aunque el cabello y el apellido quisieran contradecir la genética. Le había dado mucho dolor al hacerle cargar con ese estigma y siempre se culpaba, se sentía sucia porque todo lo que su hija heredó de ella, incluso aunque los años habían ayudado a calmar su tormento. Pero en ese momento volvió a sentir esa suciedad y ese deseo de borrar lo Uchiha de su sangre y la de su hija.

La situación del clan se había calmado mucho gracias a Minato Namikaze y Hiashi Hyuga, pero Misaki no tuvo duda de que si en ese momento les perseguían era exactamente por la sangre Uchiha que corría por las venas de ambas.

No había otra razón. Y necesitaba desesperadamente irse de allí. No dejaría que le hicieran algo a su hija.

Como Miku apenas atinó a acercarse, Misaki redujo el espacio entre ambas y le sostuvo la mano fuertemente, obligándola a correr con ella hacia la casa donde se hospedaban.

— ¿Qué pasa, mami?

—No pasa nada.

—Pero…—discutió Miku mientras sus ojos oscuros paseaban de un lado a otro, casi a velocidad del rayo captando todo lo que podía a su alrededor. Aunque fuera una Uchiha, su madre había decidido que no entrenara en el arte ninja, sin importar que la sangre que corría por sus venas reclamara el destino shinobi. Miku no contradijo a su madre porque no le gustaba verla disgustada, pero a ella le hubiese encantado también formar parte de ese mundo. Además habían pequeños gestos, pequeñas cosas que hacia sin querer y que demostraban que podía vivir en ese mundo sin problemas, eso le emocionaba más —. Mami…

— ¡No lo hagas! —gritó Misaki aterrada parando y sosteniéndole de la barbilla con brusquedad —. ¡No lo despiertes! —chilló casi sollozando mientras el Sharingan rodaba en sus ojos.

Miku se encogió con miedo ante el tono que fue como un látigo, igual de duro y aterrador, y sobre todo a esos ojos del color de la sangre. Sabía del Sharingan, aunque su madre nunca antes lo hubiese usado, había visto a bastantes Uchiha hacerlo, incluso sabía tantas cosas por Obito que siempre estaba comentando sobre su obsesión de despertar definitivamente su Sharingan. Y definitivamente comprendía a que se refería su madre, ella tenía capacidad para despertar el Sharingan con duro entrenamiento por la sangre Uchiha que prevalecía con demasiada intensidad, aplastando la sangre de su padre. Pero no era algo de lo que sentía orgullosa. Y no quería de ninguna forma despertar algo así, por lo que no comprendía la histeria de su madre.

— ¿Misaki? ¿Qué sucede? —un hombre de mediana edad y de llamativo cabello rojo salió de una de las casitas que se encontraban desperdigadas alrededor de la aldea. Era una de las más alejadas, casi nadie habitaba por ahí, esa fue una de las razones por la que la escogieron para pasar todo ese mes, por tranquilidad.

Eisen Anima esbozó una mueca de intranquilidad al ver a su esposa en un estado histérico. Incluso el Sharingan se había activado aunque ella siempre prometió no volver ni querer usarlo.

—Eisen…tenemos que irnos —susurró en voz baja soltando a la pequeña pelirroja —. Miku alista todas tus cosas. ¡Ahora!

La pequeña intercambió una mirada con su padre y corrió hacia su casa, cogiendo su maleta y comenzando a guardar su ropa de forma desordenada. Una mueca de incredulidad se pintó en cara cuando escuchó un ruido tras ella. El hermoso adorno que sostenía su cabello en un elegante peinado que combinaba a la perfección con el hermoso kimono, cayó en picado al suelo cuando unas manos le taparon la boca y le sostuvieron con brusquedad. Chilló entre los dedos de su captor con fuerza, intentando soltarse, no obtuvo resultado. Lo último que alcanzó a escuchar antes de desvanecerse fue el grito de sus padres desde fuera de la casita y la lluvia repiqueteando contra el suelo.

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~o~

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Naruto emitió un quejido de dolor cuando finalmente terminaron de cambiarle las vendas. Tsunade frunció los labios dándole una mirada intimidante cuando el rubio hizo gesto de querer levantarse, no necesitaba que el chico se pusiera a objetar como hacia cada vez que Sakura quería curarle las heridas, además ella tenía que ir a seguir atendiendo a la muchacha que seguía inconsciente. Había dejado a Rin al cuidado de la pelirosa, incluso aunque la niña no despertara confianza en ella —igual nadie despertaba confianza en ella fácilmente —, solo para atender al rubio hijo de Minato y Kushina. Pensando en ellos, Tsunade ajustó las vendas y suspiró. Huyeron como criminales de la aldea que protegían y a la que le debían lealtad dejando a todos atrás, sabiendo perfectamente que las consecuencias podían ser ciertamente fatales.

En medio de su delirio cuando llegaron a la base de Akatsuki tras todo el saludo emotivo entre Jiraiya y sus antiguos alumnos, Sakura había mencionado a Mikoto en susurro. Eso le había hecho recordar que su alumna apenas tenía tres meses de embarazo, rematándolo todo con una situación de alto riesgo. Esperaba —realmente lo hacía —que Danzou tuviera la decencia de respetar el estado de Mikoto para no lastimarla.

Aunque sabía que quizá esperaba demasiado.

—Bien mocoso —dijo retrocediendo y dándole una hojeada —. No tienes muchos daños. Tal como lo dijo Sakura es sólo agotamiento. Necesitas descansar, y cuando digo descansar es no moverte, incluso aunque te cueste la vida ¿Comprendes? —gruñó irritadamente.

El pobre Uzumaki, acostado a la fuerza en la camilla dentro de la habitación de la base central de Akatsuki, asintió mansamente, cada esfuerzo costándole una mueca de dolor. Tenía el torso fuertemente vendado, tanto que las vendas se cruzaban por su hombro derecho y se ajustaba a su pecho para relajar el dolor. Fuera de las raspaduras leves, no había ninguna herida de seriedad. Todo había sido dictaminado rápidamente, incluso antes de entrar. Naruto estaba mucho mejor, notaba como las fuerzas comenzaban a regresar rápidamente a su cuerpo, sobre todo gracias al Kyūbi y a la estimulación de su chakra que le había ayudado mucho. Tras la huida de Konoha todo lo demás había pasado ante sus ojos como un sueño, volátil e inesperado. Confiaba en la opinión de Sakura de irse, pero no sabía que dejarían atrás, y aunque habían alcanzado a Yahiko, Nagato y Konan, temía por todos aquellos que habían quedado atrás. No le hacía gracia que sus padres hubieran quedado allí, aunque sabían que ellos eran fuertes.

Al menos de momento debía preocuparse por Akatsuki, siendo ese tiempo un grupo aun dedicado a buscar la paz de un modo completamente opuesto al de su futuro. Yahiko era en quien debía enfocarse un poco más.

Tsunade ajena a los pensamientos de Naruto suspiró nuevamente, tentada a dejar la habitación rápidamente pero no se arriesgaba a dejar al chico solo, no con el carácter de Kushina que tenía. Seguro que lo primero que haría cuando ella se fuera, era exactamente lo que le había prohibido.

—Disculpe, Tsunade-sama. Y-Ya estoy aquí —Hinata se asomó tímidamente por la puerta con las mejillas rojas.

Llevaba una ropa diferente, la que Konan le había dado cuando le instaló en una habitación dentro de la base, la misma que compartiría con Rin y con Sakura cuando ésta mejorara. Unos pantalones completamente ajustados hasta las rodillas de color negro, y afortunadamente una playera de color gris que cubría su cuerpo lo suficiente para que el pantalón no la cohibiera mucho, ya que caía debajo de sus caderas. Se había dado una ducha rápida con agua fría y había corrido hacia allí para ver a Naruto. El cabello le caía húmedo en la espalda, humedeciendo la playera pero no le tomaba mucha importancia, sus ojos perlas se desviaron de los mieles de Tsunade para posarse con suavidad y timidez sobre los cálidos ojos azules de Naruto. El rubio le sonrió de oreja a oreja, haciendo un gesto impaciente con la mano para que se acercara.

— ¡Hinata-chan!

Tsunade consciente de la situación del par de tortolos rodó los ojos.

—Iré a revisar a Sakura. Intenten comportarse —se burló saliendo del cuarto.

Cuando la puerta se cerró, Hinata con la cara más roja que un tomate dio unos pasitos con indulgencia sin dejar de sentirse sumamente nerviosa. Se encontraba así misma emocionada y temerosa por la cercanía con Naruto, era la primera vez desde que la besó que se encontraban sin nadie más alrededor. ¿Qué haría ahora? ¿Qué le diría? ¿Estaría arrepentido por lo que había sucedido? Sabía que no era momento de pensar en eso, no con la grave situación en la que se encontraban pero sus sentimientos la traicionaban fuertemente. Podía oír los latidos de su corazón con fuerza resonando en sus oídos mientras se acercaba a la cama donde Naruto reposaba. El cansancio hacia mella en él, o de lo contrario Hinata sabía que ya se habría parado para alcanzarla, porque se notaba su impaciencia en referencia a su lentitud. Ella agradecía mentalmente que hubieran llegado hasta ese lugar, que por las pocas explicaciones que había escuchado en medio de risas, lágrimas y chillidos de esos tres chicos con Jiraiya-sama, dedujo que era la base de Akatsuki, la base del Akatsuki original, el grupo creado por la paz.

Había una increíble diferencia entre ese Akatsuki y el del futuro que había terminado destruyendo su aldea.

Incluso aunque no había participado de forma activa en la pelea, había logrado captar vistazos de los atacantes. Ocho personas habían bastado para destruir el lugar donde había nacido, ocho personas con un increíble y elevado poder que superó el de cualquiera. Cuando se interpuso sin duda alguna entre Naruto y el Pain principal supo que su vida podía haber terminado allí porque la misma firmeza que le dominaba en ese momento para salvar a Naruto, era la misma que se leía en ese rostro sin expresión. No encontró más que vacío y una férrea determinación de acabar con Konoha desde los cimientos. Nula piedad y cero esperanza. Era el rostro de la destrucción y la muerte, tal como su propietario que solo era manejado como un maniquí por otro hombre que se encontraba en otro lugar. La mujer, Konan, no se había quedado atrás. Sus ojos habían sido como pozos de oscuridad teñidos por otros deseos ajenos a los suyos. No duda, no vacilación, no nada. Eso era lo que Hinata había encontrado en ambos. Absolutamente nada.

Ningún motivo por el cual vivir.

Y Akatsuki sólo fue la representación del horrible círculo de dolor y odio, con una retorcida visión de paz.

Como todo lo de su tiempo, manchado por odio y venganza.

En cambio cuando esos tres jóvenes surgieron de la oscuridad, comprendió hasta qué punto la muerte de una persona podía afectar a sus seres queridos, hasta qué punto cuando una persona moría arrastraba a muchos consigo. La muerte de los amigos de su madre también lo demostraba, porque al final habían sido la causa de que en su tiempo se dejara morir. Y en el caso de Nagato y Konan había sido lo mismo, la causa de la muerte de sus sentimientos y sueños fue la muerte de su amigo, Yahiko.

Después de recuperarse del shock de incredulidad y emoción, Jiraiya y sus alumnos se habían abrazado bajo la lluvia. Hinata había sostenido a Naruto mientras veían la escena con una sonrisa en el rostro. Y lo había notado fácilmente. Ese chico de cabello naranja era resplandeciente, alegre y rebosaba vitalidad por los poros, como el mismo Naruto. Él era la fuente de la fortaleza y sueños de los otros dos, que se movían en torno a él del mismo modo que alguna vez había visto moverse a Sasuke y Sakura en torno a Naruto cuando aún formaban el equipo siete de Konoha. Ellos dos nunca lo habían notado, pero una acción de él desencadenaba reacciones en los otros, y así habían constituido esa familia que se rompió por venganza. Nagato y Konan se movían alrededor de Yahiko inconscientemente, como si fuera el centro del mundo, siendo el atolondrado chico el blanco de amistad y amor respectivamente.

Nagato era tranquilo, Konan sonriente y Yahiko resplandeciente.

Y de esa forma constituían un equipo perfecto.

Y en ese momento, con esa sonrisa fraternal otorgada a Nagato, y ese brillo en los ojos al ver a Konan, Yahiko había sido el perfecto rostro de la esperanza, aquella que latía en todos.

Hinata había visto en una misma persona dos rostros diferentes que encarnaban los dos principios fundamentales y opuestos del mundo.

Luz y oscuridad.

Paz y destrucción.

La salvación.

— ¡Hinata-chan! ¡Que no me escuchas, ´ttebayo! —Naruto volvió a chillar agitando los brazos al ver que Hinata se había detenido a mitad de camino con los ojos ligeramente desenfocados, como si estuviera en otro lado.

La Hyuga parpadeó sonrojándose levemente al darse cuenta de que había olvidado a Naruto. Con una tímida sonrisa acortó el espacio que los separaba y quedó delante de él, a un lado de la camilla balanceándose ligeramente sobre sus talones y con la mirada gacha. El nerviosismo volvió a recorrer su piel ante la cercanía que hacia saltar sus instintos. No apartó la mirada del suelo en ningún momento y tras unos minutos de silencio se sorprendió que Naruto no dijera nada. Sumamente extraño dado que el rubio era impaciente a más no poder y difícilmente soportaba la vacilación o el nerviosismo. Cuando los minutos siguieron transcurriendo la curiosidad ganó a los nervios y alzó el mentón ligeramente, espiando a través de las pestañas. Naruto hacia un puchero de impaciencia, sin moverse pero claramente frustrado por los centímetros que seguían separándolos. Sus ojos azules parecían irradiar fuego mientras la veían, fuego de anhelo y deseo y eso la hizo sonrojar.

Sus mejillas siguieron con el suave tono rosa sin que Hinata hiciera algo por intentar moverse.

¿Qué se supone que tenía que hacer?

Sentía las palabras atoradas en su garganta. En ese momento le hubiera ido de maravillas que Naruto haciendo gala de su hiperactividad hubiese cortado el silencio, y hubiese hecho…algo, lo que sea.

Naruto no se veía tranquilo, pero tampoco se veía como si quisiese gritar o decir alguna otra cosa.

—…Na…Naruto-kun, yo…—comenzó suavemente Hinata mientras el sonrojo en su rostro se incrementaba sobremanera.

Interrumpiendo sus balbuceos Naruto alzó la mano con gesto impaciente, sin palabra alguna. La Hyuga arqueó una ceja sin comprender sintiendo como el sonrojo disminuía lentamente. El Uzumaki volvió a alzar la mano, parecía costarle trabajo no hablar, pero seguía llamándola para acortar el espacio que los separaba, cuando ella siguió en su sitio, Naruto rodó los ojos y puso su mano sobre una mejilla, cubriéndose un poco la boca, como si pretendiera contar un secreto. Hinata ladeó la cabeza con curiosidad cuando le vio mover los labios como si dijese algo, pero tan despacio y tan bajito que ella no captaba nada. Pensó que tal vez no podía hablar mucho por el cansancio. Tsunade-sama había especificado que no debía hacer mucho movimiento, de lo contrario solo se fatigaría más o le dolería.

¿Qué estaría diciendo?

Hinata se adelantó intentado escuchar sin percatarse de que el espacio ligero entre ambos había desaparecido. Lo siguiente que supo fue que la sonrisa traviesa que se pintó en los labios de Naruto duró una fracción de segundo junto con ese júbilo brillar en sus ojos azules, antes de sus labios chocaran contra los suyos. Mantuvo los ojos abiertos exactamente unos segundos para que Naruto se apartara de ella rompiendo el efímero contacto. Retrocedió sonrojada tapándose la boca con sorpresa.

— ¡Naruto-kun! —balbuceó con la mejillas encendidas de vergüenza y felicidad.

Él se encogió de hombros no viéndose apenado, un brillo contrastaba claramente en sus ojos azules, algo que normalmente había dejado de sentir desde su familia se rompió. Un tierno y casi imperceptible rubor teñía sus mejillas, pero fuera de eso no había señal de vergüenza por lo que había hecho.

— ¡Pero no venías, ´ttebayo! —se quejó como niño chiquito haciendo una pataleta.

La Hyuga chocó sus índices entre sí, en un gesto de nervios y costumbre, pero una sonrisa impregnada de la más pura dicha adornaba su rostro pulcro y precioso. Eso era lo único que necesitaba para tener más seguridad.

—Yo…quería primero…hablar —dijo mirándole a los ojos.

El adorable sonrojo seguía presente.

— ¿Hablar? —repitió Naruto cruzando sus brazos tras su cabeza y ladeando la cabeza sin dejar de sonreír —. ¿De esto, dattebayo?

Hinata asintió con timidez.

—Yo…quiero que sepas, Naruto-kun. Yo te a-amo, lo he hecho desde que…

—Lo sé, Hinata-chan, ahora lo sé —le interrumpió Naruto mirándola con los ojos brillantes. Volvió a agitar la mano para que avanzara el paso retrocedido y al verla aun indecisa volvió a rodar los ojos —. Hinata-chan, acércate. No me hagas ir por ti, ´ttebayo.

Avanzó al verle realmente preparándose para bajar de la cama, cuando llegó de nuevo junto a él, Naruto le cogió del codo con suavidad y le acercó a él. El rostro le ardía de vergüenza y timidez mientras sentía como los brazos de Naruto se cerraban en torno a su cintura con rapidez y apoyaba la barbilla en el hueco de su cuello. La suave respiración de Naruto le acariciaba la piel desnuda del cuello gracias a que la playera se había deslizado por su hombro por ser tan grande. Temblaba y no podía contenerse. Emoción y miedo se mezclaban en su cuerpo. ¿Realmente todo eso estaba pasando? ¿Realmente Naruto le daría una oportunidad? Pensó entonces en Sakura, en la habitación que Akatsuki usaba como enfermería, desangrada y pálida por todo lo que había hecho para ayudarles, quizá no sería justo eso mientras ella aun estuviera tan débil. Pero la suave presión de los labios de Naruto sobre su piel le hizo desviar sus pensamientos.

Él no decía nada, pero podía casi escuchar sus pensamientos pelearse en su cabeza. La necesidad intrínseca de decir algo, pero la nula capacidad de expresar algo que no alcanzaba a comprender completamente.

Hinata sonrió suave y comprensivamente, pasando sus brazos con timidez por la ancha espalda de Naruto y enterrando sus dedos en los hombros masculinos. La falta de una madre para ella durante casi toda su vida había sido un vacío que nunca nadie pudo llenar, sobre todo por incluso mientras su madre vivía no se preocupó mucho por nada más que entrenarla y despreciarla por motivos que recién comprendía. De su familia no obtuvo más de lo mismo, apenas comprendió el amor cuando un día Naruto se dedicó a gritar que llegaría a Hokage. Mirarlo día tras día, sudar, gritar, sangrar y volver a levantarse sin rendirse. Admiración que se convirtió en profundo y desinteresado amor, eso era lo que sentía por él, lo que Naruto le había enseñado sin saberlo. Amor.

Para él todo era incluso más difícil, sus padres murieron sacrificándose por el bien de él, de la aldea y del mundo ninja. Le habían amado más que a sus propias renunciando a ellas por saberlo salvo, por darla una oportunidad. Le habían amado mucho y dejaron las huellas de su amor en su alma, pero Naruto había estado solo mucho tiempo, siendo despreciado y repudiado. Hinata comprendía hasta cierto punto la carencia de palabras por parte del rubio. Nunca había tenido padres que le enseñaran el amor, no sabía nada de eso, y de una forma parecida a la de ella, se sentía atemorizado por sentimientos que al fin y al cabo podían dar dicha y al mismo tiempo dolor.

El amor no siempre era felicidad, tan solo una fina y tensa línea lo separaba con el límite del dolor y la locura.

Ellos habían sufrido mucho, habían vivido por sus ideales, llenos de temor y dolor, pero con distintas formas de expresar sus sentimientos. Ella jamás había sido tan valiente como Naruto, pero él también había sufrido mucho.

No eran tan diferentes después de todo.

—Hinata, yo…—Naruto tomó aire y apoyó la barbilla sobre su hombro —. No te voy a mentir…desde que era niño yo siempre quise mucho a Sakura-chan —Hinata asintió levemente y cerró los ojos. Ella sabía eso desde siempre, no había nada que criticar en eso, lo había amado independientemente de los sentimientos que Naruto profesaba a Sakura y había comprendido ese amor no correspondido —. Sólo fue una vez, quizá Sakura-chan lo olvidó…no podría culparla —Naruto sonrió tristemente —, fue hace tanto tiempo…una única vez que comprendí que si luchaba lo suficiente podría lograr mis sueños.

En ese momento la Hyuga abrió los ojos, enfocó su mirada en la pared de la lúgubre habitación y por primera vez se preguntó exactamente que había hecho Sakura para ganarse tal adoración. No es que no creyera que Sakura no lo mereciera, sino que sintió curiosidad. No se había puesto a pensar antes en eso. Fue algo a lo que nunca pidió explicación, pero con Naruto sacando el tema no pudo evitar querer saber.

¿Qué hizo Sakura?

Sin embargo Naruto no siguió con eso.

—Yo no te vi, realmente no como podías querer, Hinata. Para mi fuiste rara, te sonrojabas y te desmayabas cuando me acercaba a ti, no comprendía la razón—Hinata soltó un suspiro mezcla de vergüenza y diversión —. Tras todo ese tiempo que me fui de la aldea no cambiaste mucho en tu actitud, pero aun así pude ver el cambio en tu fuerza y me alegré por eso. Sakura-chan una vez me lo dijo, cuando peleaste contra Neji. Siempre me mirabas y me seguías, hasta ese momento no supe que realmente lo hacías todo por querer probar que si merecías la pena, ante tu familia, ante tu primo y ante la aldea. Me hiciste sentir bien, porque para variar aparte del enano de Konohamaru, alguien más se había fijado en mí con admiración. Y entonces te interpusiste entre Pain para darme una oportunidad arriesgando tu vida ¿Por qué lo hacías? ¿Qué ganabas? Hasta que no te escuché decir esas palabras y casi morir por mí…Hinata yo no…

La Hyuga se tensó en sus brazos, esperando finalmente la respuesta a la confesión que había hecho tiempo atrás.

—…yo no supe que pensar, ´ttebayo. Verte casi morir después de lo que dijiste me hizo enloquecer. Fue la primera y única vez que escuché esas palabras, que realmente las escuché siendo consciente de quien las pronunciaba —la mano de Naruto cogió con suavidad la de Hinata, enredando sus dedos con los de ella y llevándola hacia su pecho, a la altura del corazón.

Hinata se mantuvo inmóvil sin saber la razón por la que Naruto hacia eso. Podía sentir los latidos del corazón del rubio bajo las manos de ambos.

—Tú me hiciste recordarla…´ttebayo —Naruto sonrió levemente con los ojos cerrados —. El calor en mi pecho, y aunque en ese momento lo olvide porque Kurama se aprovechó, volví a escuchar ese "Te amo" pronunciado una y otra vez por mis padres antes de que dieran sus vidas por mí. Tú encendiste esa llama que creí olvidado. Y recordé que allí afuera había una aldea que debía proteger, amigos a los que debía ayudar y una chica que siempre me quiso aunque nunca lo noté. Papá por supuesto me ayudó después, dattebayo.

Las palabras llenas de cariño y gratitud, expresando los más puros sentimientos y dejando el corazón de Naruto completamente expuesto fueron como música para Hinata. Sonrió contra la mejilla de Naruto, y apretó sus dedos en torno a los de él, queriendo fundirse en un abrazo que nunca tuviera fin.

—Yo no puedo decir que te amo, pero te lo dije una vez ¿No, ´ttebayo?... —en ese momento Naruto la apartó gentilmente de sus brazos y la observó directo a los ojos.

Las orbes perlas de Hinata brillaban como la luna durante las noches despejadas, cristalina, plateada y destellante, con todo resplandor y fulgor. Las mejillas seguían ruborizadas, pero Hinata no apartó la mirada de esos ojos color del cielo, se mantuvo firme, con el corazón latiéndole alocado bajo la piel. Una esperanza se tejió allí, sobre palabras, y se anudó con firmeza sobre sus sentimientos.

—…las personas como tú, me gustan. Ahora solo tienes que enseñarme a amarte —Naruto mostró una ancha sonrisa, como esas que sólo él sabía dar, cálidas y protectoras. Abrió los brazos y Hinata saltó sobre él, riendo y llorando mientras los brazos de Naruto se cerraban sobre su delicada figura.

—Naruto-kun, Naruto-kun, lo haré. Lo haré. Te amaré y haré todo para que me ames —Hinata recitó una y otra vez las palabras sin dejar de repartir besos sobre la cara del rubio.

Rieron y rodaron en la precaria cama, Hinata toda ruborizada y feliz; Naruto alegre y resplandeciente. Cuando la Hyuga se dio cuenta, Naruto estaba sobre ella, apresándola sobre las sabanas y mirándola de una forma que le tocó el alma.

Él miró con adoración el sonrojo de sus mejillas.

Amor. Cuando pensó amar a Sakura por ese único recuerdo del pasado lo hizo aferrándose a la única persona que fue amable consigo, aunque incluso después le tratara como todos en la aldea. Ahora que quería a Hinata y deseaba saber exactamente como amarla, era diferente, lo podía sentir. Las mismas emociones, las palabras y lo que podía sentir en su interior.

Hinata podía enseñarle el verdadero significado de esa palabra.

"Solo trata de no escoger una rarita. Búscate una como tu madre…alguien que te valore, que te quiera, y que te ame por ti mismo."

La pulsera de la antigua aldea de su madre seguía reposando sobre la pálida piel de Hinata, señalando la aceptación.

Hinata lo amaba, era gentil, dulce, amable y muchas cosas más.

¿Alguna otra cosa más, mamá?

No, ya no había más.

Lo intentaría. Porque era la adecuada.

—Naruto-kun, yo…te amo. —Hinata cerró los ojos cuando leyó las intenciones en el rostro de Naruto.

El rubio sonrió e inclinándose unos centímetros la besó.

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~o~

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La base central de Akatsuki, ubicada en las afueras de Amegakure, era un espacio bastante amplio que había sido especialmente diseñado entre las montañas que ocultaban el lugar, para que nadie los encontrara con facilidad. Los miembros de la organización se habían ampliado muchísimo año tras año, lo cual fue la razón por la que Yahiko, Nagato y Konan dejaran la casita en la que alguna vez Jiraiya había vivido con ellos durante el final de la segunda gran guerra ninja, para pasar a vivir allí. No eran cientos de ninjas, pero formaban un buen número, todos leales a Yahiko, Nagato y Konan, viendo al primero como el puente que los guiara hacia la tan soñada paz, sin importar que Yahiko creyera que Nagato era el elegido para esa misión.

Por lo tanto las habitaciones sobraban, no eran cómodas ni lujosas pero servían para lo vital y lo necesario. Cuando Jiraiya llegó junto a los demás pudieron ofrecerles rápidamente lugares donde descansar hasta que pudieran darles una explicación racional al estado en el que se encontraban.

Konan estaba especialmente preocupada por la preocupación que vio brillar en los ojos de su sensei después de pasada la emoción del reencuentro. Habían sido años desde la última vez que le vieron, no había cambiado mucho, pero en ese momento mientras llevaron a atender a esos dos chicos, el rubio y la pelirosa, ella había apreciado que una situación realmente grave los había obligado a encontrarse en esa deplorable situación. ¿Qué más podía ser? Tsunade, Jiraiya y Orochimaru eran los sannin legendarios de Konoha, aquellos ninjas que siendo tan jóvenes habían sobrevivido en batalla con Hanzo, forjando una leyenda que se templó con el pasar de los años. Su nivel estaba casi comparado con el de un Kage ¿Cómo habían terminado de esa forma?

—No creo que sea una situación normal, Yahiko —musitó completamente preocupada la muchacha, exponiendo sus pensamientos.

El chico se detuvo un momento y la miró suspirando. Yahiko dejó las vendas sobre la mesita de su habitación y asintió tensamente. Cuando de cosas importantes se trataba su faceta infantil desaparecía para dar paso a aquel liderazgo nato que había hecho que muchos los siguieran para buscar la paz en un mundo lleno de sangre. Había evaluado rápidamente la situación de todos desde que se encontraron bajo la lluvia en la frontera de Amegakure, su sensei se había negado a decir algo hasta asegurarse de que todos estuvieran bien y poder contar con su rápida ayuda, claro no sin antes enterarse de que era lo que habían estado haciendo ellos esos años que los creyó muertos. No sabía por dónde empezaría a contar todo, pero intuía que su historia no sería la única que iba para larga.

—Lo he notado.

—Yahiko, quizá sería mejor si les dijéramos a los demás que vayan hacia las otras bases y reorganicen los escuadrones. Nos servirá para aclarar esta situación que nos concierne más que todo a nosotros, de paso que ellos siguen con la misión de reconocimiento y nos preparamos para lo que sea que tenga que venir.

—Viendo las condiciones en la que llegaron y por el aspecto de Tsunade-sama querrán contraatacar a su enemigo —corroboró el líder de Akatsuki dándole la razón a Konan —. Si, sería lo mejor. Necesitan tiempo para recuperarse y para armar una estrategia, sea cual sea la razón ayudaremos a Jiraiya-sensei

Konan asintió aliviada de que Yahiko estuviera de acuerdo con ella. El chico enrolló las vendas alrededor de sus brazos sin mucho cuidado, esperando pacientemente que su sensei les dijera que ya podían finalmente sentarse a hablar de la situación en la que se encontraban. Konan rodó los ojos y lo empujó suavemente a la cama, haciéndole sentar y quitándole las vendas para ella misma enrollarlas de forma correcta. Yahiko se mataba preocupándose por ella, por Nagato y por todos los miembros de la organización, pero apenas se preocupaba por su propia salud o bienestar, tenían que ser ellos quienes siempre estuvieran pendientes de lo que le pasaba para obligarle a mostrarse un poquito más interesado por su bienestar.

La chica acomodó las vendas y añadió una que otra bandita sobre su mejilla lastimada. Lo malo del asunto es que ella no era ninja médico y en realidad nadie en la organización lo era, si tuvieran a alguien así las cosas serían mucho más fáciles, un ninja médico era una prioridad en ese mundo. Tenían que buscar uno pronto.

—Konan, no es necesario…

—Por supuesto que lo es. Ahora estate quieto y déjame concentrarme.

Completamente absorta en lo que hacía no notó la mirada llena de cariño y adoración en los ojos azules* de Yahiko mientras la veían atentamente sin perder un solo gesto de su parte. Había estado acostumbrado a que Nagato y Konan cuidarán de él desde que se conocieron y formaron una familia. El cuidado propio de hermanos, el cariño fraternal. Pero desde que besó a Konan y comenzaron esa confusa relación, los cuidados de su compañera se habían intensificado en intensidad y profundidad, de una forma que casi parecía que le mimaba. Siendo huérfano no estaba muy acostumbrado a ese tipo de amor, ni la misma Konan, que solo actuaba por instinto y sentimientos. Sin embargo lo que sentía y como lo sentía le hacía sentir bien.

Konan le hacía sentir bien.

— ¿Sabes? A veces aun no me acabo de creer esto —musitó Yahiko sonriendo.

— ¿Esto? —la chica levantó la mirada con confusión, cuando captó la intensa mirada de él se sonrojó débilmente comprendiendo a que punto quería llegar.

Desde ese día pasado tras el primer beso no tocaron el tema pero fue obvio que los dos sabían que su relación había cambiado completamente. No hubo necesidad de más palabras, los gestos, las caricias, los besos dados con pasión en los pasillos solitarios, las miradas cómplices y la forma en la que se movían uno en torno al otro. Nagato no mencionó nada, pero por las sonrisas que les dirigía de vez en cuando comprendieron que también lo sabía. Yahiko más que todo sabía que internamente dejarse llevar por eso podía acabar con todo, porque comenzaba a poner a Konan sobre sus ideales y sobre la organización. Se movía a su alrededor con un aire demasiado sobre protector, inclusive aunque ella se defendía bastante bien, aunque Nagato le insistió en dejar de ser tan obvio, era algo que no podía controlar.

El amor comenzaba a desviar sus ideales.

No pensaba renunciar ni a Akatsuki ni a Konan, sólo quería hallar un equilibrio y tal vez hablar de eso francamente podía comenzar a ayudar.

La chica jugueteó con el cinturón de su capa y desvió la mirada.

— ¿Quieres…hablar en este momento?

—Será igual en cualquier otro momento —señaló Yahiko encogiéndose de hombros y haciéndole un gesto para que se sentara a su lado.

La peli azul suspiró y se sentó. Él tenía razón, no podían eludir el tema eternamente y tampoco podían vivir de esa forma para siempre.

—Nuestra relación…—el peli naranja hizo un gesto de desagrado —…sabes perfectamente que desde niño siempre quise ser una especie de Dios, comenzar desde cero en este mundo lleno de sangre y dolor. Nuestra aldea destruida, nuestros padres muertos…todo lo que hemos tenido que sufrir ayudó a no cambiar mis ideales.

—Esa es una de las razones por las que te amo, te amaré y moriré amándote, Yahiko —expresó Konan mordiéndose el labio inferior.

La mano del chico sostuvo la suya tras esa afirmación, dándole un suave apretón que le lleno de mariposas el estómago.

—Deseé un mundo mejor y aunque haya fundado Akatsuki en realidad no soy más que un soporte para el puente hacia la paz quien es Nagato. Nuestra mayor prioridad debe ser él. Esta organización será el soporte para Nagato, solo para él y para nuestro mayor sueño.

—Esta organización fue fundada por ti, Nagato y yo te seguiremos a donde vayas, Yahiko. Tus sueños son nuestros sueños y tus ideales son los nuestros. Sin importar lo que digas, todos aquí estamos por ti.

El chico giró la mirada frustrado para volver a intentar convencerla de lo que él pensaba era lo correcto, pero Konan se le adelantó y le di un suave y corto beso en los labios. Una de las manos de él acarició su mejilla cuando ella se separó, a pesar de eso seguían con las frentes unidas, respirando sobre el otro.

—Y entonces lo que quiero decir es que…seguiré con esto hasta el fin. No quiero renunciar a ti ni a Akatsuki, pero yo no tengo una vida normal, nunca la he tenido y tú…

—Tonto Yahiko —musitó Konan rozando su nariz contra la mejilla de él de forma cariñosa —. Yo tampoco he tenido una vida normal. Mi familia murió, casi morí durante la guerra y llegaste tú y me diste la mano, no sabía que pasaría después de eso, pero fue la primera vez después de toda esa pesadilla que sentía esperanza. Y no me preocupé más por el mañana, sino por el ahora. Porque tú fuiste y serás siempre la esperanza.

Pudo sentirle querer decir algo más, tal vez para seguir con esa conversación y querer dejar todo claro, pero ella había tenido todo claro desde aquella vez que Yahiko le rescató de la muerte, desde que le vio sonreír. No había vuelta atrás para sus sentimientos y estaba dispuesta a seguir con eso hasta las últimas consecuencias. En el mundo ninja el amor te hacía débil, era una de los tantos estigmas que se aprendía a la mala, pero tenían que aprender a vivir con eso hasta convertir esa debilidad en una fortaleza.

Siempre se tenía riesgos, ese sería uno de los tantos que habían tomado desde que comenzaron el camino shinobi.

—Yo no puedo ofrecerte una vida normal…—dijo Yahiko mirándola a los ojos sin dudar.

—Yo solo te quiero a ti —respondió Konan con pasión y sin duda alguna.

Una sonrisa se dibujó en ese rostro masculino, aumentando el atractivo y haciendo que los rasgos serios volvieran a ser casi infantiles.

—Y yo a ti. También te amo, Konan.

Los labios de ambos se encontraron con una mezcla de amor, pasión y necesidad que expresaron en aquel cálido beso. Una caricia tras otra y un pequeño instante de felicidad atrapados en su propio mundo, todo hasta que la puerta se abrió bruscamente.

— ¿Qué demonios…? —exclamó Jiraiya con los ojos abiertos de par en par y la mandíbula desencajada.

Los dos se separaron de un salto, completamente sonrojados.

—Le dije que no lo hiciera, sensei —Nagato entró detrás de Jiraiya sacudiendo la cabeza con resignación ante lo obstinado que podía ser el sannin de los sapos. Había intentado ganar tiempo para que no entrara pero al final no había podido hallar una excusa lo suficientemente buena para seguir aplazando eso. Tsunade había exigido de una vez aclarar la razón por la que les habían hallado en esa forma.

Nagato que conocía lo suficiente a sus amigos había deducido correctamente que seguramente estaban en uno de sus escasos momentos románticos y no había querido que les interrumpieran.

— ¡Jiraiya-sensei! —Konan se levantó de la cama sin saber dónde esconderse.

— ¿Por qué…? —Yahiko miró a Nagato con algo parecido al reproche por no haber impedido que les encontraran montando esa escena. El pelirrojo hizo una mueca y se encogió de hombros.

Jiraiya paseó la mirada de hito en hito sobre sus tres alumnos, cerró la boca y su sorpresa se transformó en diversión a juzgar por la risotada que soltó. Cuando los entrenó siendo solo unos niños pudo darse cuenta de la atracción que Konan sentía hacia Yahiko, no era algo que ella ocultara precisamente, el mismo Nagato lo había deducido rápido. Pensó que tal vez quedaría en una atracción que desaparecía o por el contrario se transformaría en algo tan puro y profundo como lo que sentía Minato por Kushina y viceversa. Cuando escuchó que habían muerto se entristeció mucho, creyendo que había fallado con ellos y al final no había podido dejarles ningún legado con el cual subsistir. Pensó que murieron sus primeros alumnos y ese amor infantil que no pudo madurar para seguir su curso o morir en el proceso. Y había sido todo lo contrario, ellos vivieron y ese amor floreció y se fortaleció. Lo había intuido cuando los reencontró la noche anterior.

Y ahora los había encontrado besándose apasionadamente.

Eso le dejaría unos cuantos momentos para divertirse a costa de los dos.

— ¿Así que…ustedes dos…? —movió las cejas sugestivamente causando que Konan se sonrojara aún más.

— ¡Jiraiya-sensei! —exclamó de nuevo.

Nagato se rió disimuladamente evitando a toda costa la mirada fulminante que le dirigió su amiga.

—Yah, Jiraiya-sensei, no creo que haya entrado sin llamar solo para molestarnos ¿No? —dijo Yahiko dejando escapar una pequeña sonrisa.

—Sí, bueno, en eso tienes razón —la sonrisa burlona desapareció del rostro de Jiraiya —. Es hora de que hablemos.

Yahiko asintió saltando de la cama y mirando a Nagato.

—Diles a todos que se reúnan en las otras bases y formen los escuadrones de siempre. Deben estar listos para cualquier cosa a partir de cuarenta y ocho horas desde este momento.

Nagato asintió silenciosamente y salió sin decir más.

Jiraiya les dedicó una larga mirada. Yahiko se movió levemente al lado de Konan mientras la chica le ayudaba a ponerse su capa y le peinaba un poco el cabello. Ambos ajustaron sus bandanas de la aldea de la lluvia y lo encararon. En ese momento una sonrisa de orgullo se extendió por el rostro del sannin.

Minato era el alumno modelo y el genio que nacía cada década en Konoha, aun así superando eso, nadie se le comparaba jamás. Él era el héroe de Konoha y uno de los destinados a llevar la paz.

Pero al mirar a sus tres primeros alumnos, al observar la entereza brillar en los ojos de Nagato, Yahiko y Konan, no pudo evitar pensar que para variar había hecho un buen trabajo con esos tres. Ellos mismos habían demostrado fortaleza, habilidad y talento necesario. No hacía mirar más de una vez para poder sentir el inmenso poder que manejaban de forma correcta.

Al final, ellos también eran destinatarios de la paz.

Estaba orgulloso de haber sido su maestro.

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~o~

.

—Fue una estupidez sin duda —masculló Kakashi con rabia dando un golpe a la pared con bastante fuerza para hacer daño.

Obito paseando de un lado a otro en la habitación donde les habían instalado no podía estar más de acuerdo con él. Se agarró el cabello tirando de él desesperado.

¿Qué rayos habían hecho?

¡Habían huido de Konoha!

¡Joder, ahora si Fugaku-sama le mataría!

Habían seguido a Rin sin pensar, como lo hacían siempre desde que formaron el equipo siete, para protegerla y habían acabado cometiendo el peor error en sus cortas vidas. Solo tenían diez años y ya se habían convertido en renegados.

¿Qué harían?

Rin los había mirado con tristeza y sacudido la cabeza cuando le plantearon eso antes de seguir a Tsunade-sama rumbo a lugar que servía de enfermería en ese lugar, seguramente para estar pendiente de la tal Sakura, la razón por la que ella había huido y ellos la siguieron. Su compañera no parecía preocupada por el destino que ahora les aguardaba, lo peor de todo es que ni siquiera sabían en que se habían involucrado.

Si los sannin estaban en toda esa pelea algo malo debía tejerse.

—Tenemos que averiguar que está pasando, Kakashi.

—Como si fuera tan fácil, Obito —dijo el Hatake con un gesto de desagrado.

—Podemos espiarlos —sugirió el Uchiha.

—No seas tonto, allí están los sannin y aquellos ninjas de Amegakure que desprenden un poder inmenso. Nos descubrirían en un parpadeo. Utiliza la cabeza.

— ¡Bueno, entonces dime tu brillante plan! —saltó Obito indignado.

— ¡No tengo ningún plan, ese es el problema!

— ¡Ay, que desgracia! —se mofó abiertamente el Uchiha furioso.

— ¡Dejen de gritarse! —el chillido furioso y decepcionado de Rin les hizo saltar de nuevo.

La castaña se encontraba en la puerta con las mejillas sonrojadas de furia, sus ojos estaban inundados en lágrimas y tenía las manos teñidas de rojo sangre. No habían sentido el momento en que había ingresado de nuevo. Era la única aparte de Tsunade que seguía en las mismas condiciones, sin asearse o preocuparse por cambiarse de ropa que seguía con sangre seca. Los dos cerraron la boca mientras ella cruzaba la habitación con parsimonia agitando con algo parecido al desdén su cabello corto.

—Rin-chan… —dijo Obito dudoso.

— ¿Qué pasa? ¿Ahora porque pelean? —preguntó sosteniendo entre sus manos las cosas que Tsunade le había dado para que se duchara, cambiara y regresara con Sakura a vigilarla.

—Estar aquí, ese el problema y la pelea —respondió Kakashi sin dejar hablar a Obito. Escudriñó con fiereza a su compañera de equipo —. Te seguimos sin pararnos a pensar en la consecuencias…la pregunta ahora es ¿Qué se supone que está pasando?

Rin se detuvo y giró a mirarlo, mordiéndose el labio inferior al hallar el reproche y el desdén en las palabras del Hatake. No había que ser un genio para adivinar lo que pasaba por la mente de Kakashi. Con solo verle bastaba para saber que le culpaba a ella por la decisión de seguirle.

—Yo no les pedí seguirme, así que no me hables en ese tono, Kakashi —la omisión del sufijo cariñoso hizo sonar sus palabras aún más secas y cortantes.

El niño frunció el ceño irritado por el tono de su compañera.

—Claro que no lo hiciste, si me hubiera puesto a pensar un minuto en lo que hacía no hubiera hecho esta tontería.

— ¡Eh! —protestó Obito parando su caminata y mirando a sus dos compañeros con el ceño fruncido —. ¡Rin, yo no me estoy quejando de seguirte!

—Pues entonces date media vuelta y vete —dijo Rin a Kakashi ignorando a Obito —. ¿Qué esperas? ¡Lárgate! ¡Ve y regresa a Konoha y vive con eso! —gritó Rin tirando las cosas al suelo y observando a Kakashi con resentimiento. Tenía los nervios a flor de piel por todo lo que había sucedido y esa pelea no estaba ayudando a calmarla. Quería quitarse la sensación de nervios y culpa, incluso aunque sabía que más tarde se arrepentiría de sus palabras.

Kakashi no se tomó nada bien que ella comenzara a gritar e incluso Obito que siempre estaba acostumbrado a las peleas verbales retrocedió alarmado al ver lo que se venía encima, sobre todo porque Rin nunca gritaba, no de esa forma al menos. Ella era dulce, amable y siempre dispuesta a ayudar y ponerse en medio de sus peleas, incluso cuando medio alzaba la voz para pararlos siempre lo hacía con moderación y sabiendo que ella influenciaba en ambos así que no necesitaba agresividad. Nunca le había visto tan histérica y resentida.

— ¡Me iría si pudiera regresar a Konoha! ¡No tendría por qué tener remordimiento! —alzó la voz con rabia.

— ¡Oh, claro que no! ¿Por qué tú, el genio Hatake, tendría que tener remordimiento por sus inútiles compañeros? ¡Que a Obito y a mí nos maten, no te puede importar menos!

— ¡Rin! —intervino Obito pálido al ver como la pelea estaba llevándose a un punto demasiado agresivo.

— ¡Es la verdad! ¡Te crees mejor que nosotros porque ya eres chunnin! ¡Nos miras sobre el hombro! ¡Estoy harta de eso! —gritó la niña lanzando cada palabra como si fuera un puñal —. ¡No eres mejor que nosotros! ¡Ya te lo dije: vete de aquí! ¡Sigue tus estúpidas reglas y sé feliz con eso! ¡Al final te quedarás solo porque no tienes corazón!

El silencio que siguió a todo eso fue tan abrupto que la tensión se podía cortar con un cuchillo. El rostro de Kakashi quedó en blanco de rabia mezclada con dolor. Rin cayendo en cuenta de todo lo que había dicho retrocedió un paso y se llevó la mano a la boca con horror y culpa. La realidad de lo dicho cayó como un balde de agua fría para los dos, para una porque se había excedido desquitando toda su rabia y frustración acumuladas en un mal momento de una mala manera, y al otro porque esas palabras fueron dolorosamente certeras y dichas de la persona que menos esperaba.

Obito se mantuvo en silencio entre los dos, completamente incrédulo de todo lo que había pasado, pasando la vista del uno al otro. Las palabras de Rin eran ciertas, duras pero ciertas, él mismo había dicho eso muchas veces pero con un tono diferente y no impregnado con esa rabia corrosiva que la dulce Rin había usado cuando soltó toda su rabia. Acostumbrada siempre a ser dulce y comprensiva, Obito creía que Rin había llegado a su límite justo en el peor momento y había dicho tantas cosas que le dolían más a ella que a Kakashi. No supo que decir o hacer, se quedó quieto mientras Kakashi apretaba los puños con fuerza que se lastimó más de lo que ya estaba lastimado por el puñetazo que dio contra la pared. La sangre manó entre sus dedos pero él no parecía sentirla. Respiró profundamente, agachó la cabeza y dando media vuelta se fue sin decir una sola palabra.

La castaña contuvo un sollozo y cayó de rodillas sobre el suelo cuando los pasos de Kakashi se perdieron por el pasillo.

¿Qué había hecho?

—Rin… —Obito quedó de pie frente a ella, a medio camino entre la puerta y su amiga.

—Ve tras él,… hazlo por favor… —lloró enterrando el rostro entre sus manos ensangrentadas —…yo no… ¡No debí decir todo eso! Nada justifica lo que hice...por favor, Obito…

El niño Uchiha asintió tristemente, sin importar cuanto peleara con Kakashi sus peleas nunca habían estallado a ese nivel tan negativo. El Hatake era su compañero de equipo y al igual que a Rin y a su sensei lo apreciaba demasiado.

—Iré tras él, no creo que se vaya, no es un idiota —comentó ajustándose los googles naranjas —. Solo…tranquilízate, Rin. Siempre nos cuidas, es normal que ya no soportaras todo esto. Ni siquiera sabemos en qué nos hemos metido.

—Kakashi-kun tiene razón, es mi culpa. Los he arrastrado a algo muy peligroso —murmuró Rin sin dejar de sollozar —. Me enojé porque es cierto. Es cierto. ¡No tienes ni idea de lo que está sucediendo! —exclamó desesperada.

—Rin-chan…—Obito intentó acercarse pero ella retrocedió.

—Ve tras Kakashi-kun, ve Obito, por favor. Quiero estar sola.

Por toda respuesta Obito retrocedió y salió con rapidez para ir tras su compañero, podía sentir su chakra no muy lejos. Cuando los pasos de Obito también se perdieron entre el silencio cuando se alejó, Rin dejó que las primeras lágrimas rodaran por sus mejillas, limpiando la sangre que llevaba en los dedos y que se había impregnado en sus mejillas cuando enterró su cara entre sus manos. El llanto se tornó menos difuso y más prologando.

"No tienes idea en lo que te has metido, chiquilla. Esto no es un juego. Nuestras vidas tienen precio. Konoha ya no es nuestro hogar ni un lugar seguro. Danzo hará cualquier cosa para destruirnos, incluso si implica sacrificar a quien tenga que hacerlo. He visto como miras a tus compañeros y como te miran ellos a ti. Eres lo más valioso para ellos, y ellos son lo más valioso para ti, cuídate y cuídalos. Porque tú puedes ser su fuerza, pero también puedes ser quien los lleve más rápido hacia el infierno"

Las palabras crueles, pero no menos realistas de Tsunade-sama habían expresado en pocas palabras su más grande miedo.

Obito, Kakashi, pensó con incertidumbre derrumbándose sin dejar de llorar.

.

~o~

.

—No te juzgaré por eso, Kushina, no tienes que mirarme como si de un momento a otro te fuera a gritar o hacer algo —murmuró Hana cansada.

La pelirroja se removió en su sitio con intranquilidad, sin levantar la cabeza ante las palabras de su mejor amiga. Cuando despertó se había encontrado en una de las celdas subterráneas de la prisión de Konoha, la que era liderada por los ANBUS. Mikoto, Hana, Hiashi, Fugaku y Minato estaban también en diferentes celdas, en la misma línea que ella, uno al lado del otro. La de Minato era la última así que apenas podía distinguirlo. Hana era la que estaba a su lado, y al lado de la Hyuga, Mikoto aun sollozando. Debían ser por las hormonas del embarazo, Mikoto no acostumbraba a llorar con facilidad y esos últimos meses había llorado más de la cuenta. A pesar de la situación en la que se encontraban estaba feliz de que estuvieran sanos y salvos, aunque lo primero podría cambiar debido a la terrible situación en la que estaban.

Traidores, quien lo diría.

El rayo amarillo de Konoha, la habanera sangrienta, los poderosos Hyuga y los insuperables Uchiha. Todos allí metidos en esas repugnantes celdas, acusados de alta traición, con un juicio cercano y una posible ejecución a menos de tres días.

Simplemente maravilloso.

¿Alguien te ha dicho que abusas del sarcasmo, Kushina? —la voz aburrida del Kyūbi se filtró en su mente.

Vaya, Kyūbi-chan, y yo que pensé que por estar enojado no me dirigirías la palabra en un buen tiempo.

Eso depende de la situación. Estás cercana a la muerte así que decidí no enojarme.

Eres simplemente insoportable.

Lo mismo digo.

—Kushina —llamó Hana arqueando las cejas.

— ¿Qué quieres que te diga?—susurró la Uzumaki teniendo cuidado para que su voz no hiciera eco. Era plenamente consciente de que Mikoto no les hacía caso, pero incluso aunque los otros estuvieran más alejados no quería arriesgarse a que descubrieran también su secreto. Con Hana era suficiente —. ¿Qué estoy feliz de que no me veas como un monstruo? Se supone que nadie debía descubrir esto, ´ttebane —añadió miserablemente.

El haber sido elegida como segunda contenedora del Kyūbi fue un golpe duro cuando lo supo, lloró y se desesperó hasta que las palabras de Mito-sama y la ayuda de Minato le tranquilizaron. Eso debió haber quedado como un secreto, muy pocas personas sabían la verdad y nadie más debería haber descubierto eso.

—Soy tu amiga —Hana arrastró las palabras con reproche —. Mikoto y yo…

—Precisamente por eso, no quería que se involucraran más en esto —interrumpió Kushina duramente —. Son mis amigas, las primeras que no me miraron como un bicho raro cuando llegué a Konoha, las únicas que se preocuparon por mí, las hermanas que nunca tuve. ¿Acaso crees que quería que supieran que era una jinchūriki, ´ttebane? Hubiera preferido llevarme el secreto a la tumba.

—Tsunade-sama lo sabía así que seguramente Orochimaru-sama y Jiraiya-sama también, por no mencionar a Minato —Hana no quitó el tono de reproche de su voz —. ¿Por qué ellos sí y nosotras no?

—Porque ustedes no son como ellos —respondió la Uzumaki en tono cansado, sabía que Hana no dejaría el tema hasta encontrar una explicación que le dejara satisfecha —. Tsunade-sama, Jiraiya-sama y Orochimaru-sama son los sannin legendarios de Konoha; Minato el genio invencible. Ellos podían vivir con mi secreto. Mikoto y tú no. Miko-chan ya tiene suficiente sobre sí siendo una Uchiha, Fugaku-baka y ella luchan mucho para que dejen de mirarles como si fueran traidores. Imagínate que pensarían esos vejestorios si los próximos patriarcas del clan Uchiha supieran que yo llevaba al Kyūbi en mi interior. Ya suficiente jaleo armaron cuando involucre a Minato. De no ser porque el tercero me apoyó hubieran armado un escándalo inventando alguna estúpida historia a propósito del hecho que Minato es amigo de Fugaku.

Hana apretó los labios en una tensa línea dándole la razón a Kushina internamente. Los consejeros no eran precisamente los partidarios más amables para el clan Uchiha, Mikoto se lo había dicho aquella vez que mencionó al Kyūbi. E incluso aunque no se lo hubiera dicho, Hana había podido leer el desprecio en los ojos de ellos en las reuniones de los clanes. No aceptaban a los Uchiha y probablemente la futura masacre del clan les vendría como anillo al dedo, es decir la futura masacre en el futuro de los viajeros del tiempo, porque en esa época no permitiría que sucediera. Sobre eso en cuestión la Hyuga aún se preguntaba quien había destruido al clan Uchiha. Hinata solo le había contado cosas superficiales, y con la información descubierta sobre ese hecho había pasado por alto los detalles, detalles que de hecho encerraban mucho misterio. Debía haber sido una persona muy poderosa.

¿Quién podría haber destruido al clan del Sharingan?

—Y antes de que me lo preguntes —siguió Kushina sin dignarse a mirarla —. Tú tampoco entraste en mis planes precisamente porque eres una Hyuga.

La chica abrió la boca indignada sin entender lo que significaba eso.

—Lo cual quiere decir, ´ttebane —interrumpió la pelirroja rodando los ojos —. Que tú estabas demasiado cercana a Mikoto. Tu amistad equilibra el recelo contra los Uchiha, por eso tampoco tenías que saberlo. Los Hyuga tienen demasiado poderío, después de los Uchiha son el clan más poderoso de Konoha, así que técnicamente el bienestar de los Uchiha depende de ustedes.

Hana parpadeó confundida.

Kushina volvió a rodar los ojos sin alcanzar a creerse que Hana no comprendía la situación. La miró de reojo aun sin ser capaz de mirarla a los ojos después de lo que su amiga había descubierto. Había sido una solución bastante sencilla una vez que Minato y ella habían comprendido todo. Bueno, mejor dicho una vez que Minato le había hecho entender a ella. Tras convertirse en la jinchūriki del Kyūbi hubo un breve momento en que realmente consideró decírselo, pero él le había detenido con simples palabras.

"Los Uchiha causan demasiado recelo. Danzou-sama ya me tiene en mira solo por saberlo siendo amigo de Fugaku. Cualquier cosa que haga fuera de lo común lo usara en mi contra. Si se lo dices a Mikoto, Hana, Fugaku, Hizashi, Hiashi y Misumi los arrastraras hacia su destrucción."

Y era cierto.

Si los consejeros creían que Mikoto y Fugaku lo sabían probablemente armarían alguna conspiración acusando a los Uchiha de querer utilizarla por tener al demonio de las nueve colas. Hiashi y los otros Hyuga pagarían el precio al intentar defenderlos y Kushina no se veía capaz de hacerles eso, aunque para eso tuviera que guardar el secreto. Hiashi, Hizashi, Misumi y Hana hacían un buen trabajo inconscientemente manteniendo bien a los Uchiha y ella no les quitaría esa tregua jamás. Podría ser atolondrada, hiperactiva, algo despistada y pasarse el día peleando con Fugaku, pero no quería por nada del mundo ver destruido al clan Uchiha, y la amistad con los Hyuga era una de las causas más fuertes por las que todo se mantenía bien.

— ¿De nosotros depende el bienestar de los Uchiha? —repitió Hana en tono incrédulo —. Es ridículo, los Uchiha tienen más poderío que los Hyuga. ¿Por qué dices eso?

—Porque es la verdad —el tono sombrío de la Uzumaki la hizo tensarse en su lugar —. Tú sabes tan bien como yo todo lo que piensan del clan de Mikoto. Pueden fingir respetarlos, pueden fingir alabarlos e incluso pueden fingir adorarlos, pero detrás de eso no se encuentra más que odio, desconfianza y celos enmascarados por hipocresía. Solo hace falta un paso en falso y todos se sacaran esas falsas máscaras y los hundirán sin remordimiento.

—Nosotros…—murmuró Hana débilmente.

—Nosotros somos el ancla que los mantiene a flote, ´ttebane —rezongó Kushina fieramente —. Más bien dicho tu clan y Minato. Yo sigo siendo una extranjera que lleva su más preciado tesoro, sigo siendo reemplazable. Pero Minato es el ninja más fuerte que el mundo shinobi ha visto desde el primero y Madara Uchiha. Los Hyuga llevan el preciado Byakugan, que si bien no tiene los beneficios del Sharingan es muy poderoso. En cambio el Sharingan es un arma de doble filo, mucho más poderoso que el Byakugan no sólo puede servir para la lealtad de Konoha sino también para la destrucción de la misma, y en este momento todos ven la segunda opción. Mientras Hiashi mantenga la amistad con Fugaku, mientras tú mantengas tu amistad con Mikoto todo estará bien. Confiarán en que ustedes los mantendrán a raya. Retiren su amistad y verán las consecuencias. El clan Uchiha no será más que un recuerdo sangriento…—las palabras de Kushina se desvanecieron lentamente mientras finalmente comprendía algo que había pasado por alto.

El Kyūbi le había mostrado muchas cosas del futuro, entre ellas la masacre del clan Uchiha a manos del primogénito, el mismo que Mikoto llevaba en su vientre en ese momento, pero no se puso a pensar exactamente lo que llevó a Itachi a hacer todo eso. Y la respuesta acababa de salir de sus propios labios. Algo había sucedido que los llevara a esa horrible situación, pero fuera de eso, para llegar a aquello…para llegar a aquello…los Uchiha debieron haberse encontrado solos y acorralados…

Kushina alzó la mirada y la plantó sobre los ojos horrorizados de Hana, misma que incluso sabiendo pocas cosas había entendido lo vital. Sea la cual fuere la razón por la que el clan Uchiha desapareció en el futuro sólo fue por una razón.

Se encontraron solos…y para eso…

…para eso los Hyuga los habían abandonado.

No solo les habían declarado la guerra y enemistad. Los habían dejado solos, les habían quitado no solo amistad sino también apoyo, confianza o incluso respeto y lealtad. Les dejaron sin un vestigio de esperanza.

¡Desde ahora seremos rivales!

¡Tú y tú maldito clan son la desgracia de Konoha!

La realidad les cayó como un balde de agua fría. Porque Kushina y Hana creyeron que incluso pasando por esa etapa, los Hyuga habían seguido manteniendo sobre los Uchiha el respeto que se mantiene entre clanes independientemente si había amistad o no. El respeto que permite la consolidación de la fuerza en una aldea.

—Entonces….entonces…—susurró Hana pálida comprendiendo hasta qué punto la amistad de los Uchiha y los Hyuga era no sólo necesaria sino vital —. Entonces yo destruí a los Uchiha…yo les quite la amistad y el apoyo…yo deje sola Mikoto cuando más me necesitaba…yo…fui la culpable de la muerte de mi mejor amiga…

No hubo necesidad de palabras, la verdad estaba ahí, desdibujada entre los pensamientos de ambas.

No había comparación entre rivalidad y odio.

Sus dedos que se aferraban con fuerza a los barrotes que separaban su celda con la de Kushina se aflojaron lentamente. Sus piernas no pudieron sostenerla y cayó de rodillas al frio suelo mientras el sonido hacía eco en el silencioso lugar. Mikoto, Hiashi, Fugaku y Minato miraron hacia ella con la confusión en sus rostros.

— ¿Hana? —titubeó Mikoto levantándose con cuidado de la cama que estaba pegada a la pared y donde había estado apoyada sollozando.

La Hyuga no respondió. Solo dejó escapar un ligero quejido, tan débil que apenas escucharon. En realidad fue una risa, una risa vacía que se transformó a los segundos en un llanto inconsolable.

— ¡Hana! ¿Qué te pasa? —Mikoto golpeó los barrotes afligida al verla sollozando fuertemente sobre el suelo. Al otro lado pudo captar el golpeteo de los barrotes de Hiashi.

—Déjala, ´ttebane —la voz desinflada y débil de Kushina hizo que Mikoto alzara la mirada hacia ella —. Cuando se le pase la histeria se sentirá mejor —añadió mirando hacia la pared con desconsuelo.

Mikoto asintió más que todo porque tampoco tenía algún medio para tranquilizarla. Con lentitud se dejó caer de nuevo sobre la cama, apoyando su espalda contra la pared. De reojo observó cómo los chicos volvieron a sus sitios tras las palabras de Kushina. Pero no tuvo tiempo ni siquiera de ponerse a pensar que le pasaba a su amiga cuando la puerta fue abierta. Ella miró ansiosa de ver aparecer a alguien conocido pero lo único que vio fue a un ANBU entrando mientras llevaba en brazos sin cuidado alguno a una pequeña niña.

Una niña cuyo llamativo cabello rojo oscuro resaltaba contra su pálida piel.

Abrió la boca incrédula.

¿Esa no era Miku…?

—Sí, es Miku Anima, la bastarda Uchiha —giró la mirada sobresaltada hacia la fría voz.

Danzou se hallaba frente a su celda observándola con sequedad y otra cosa que hizo que Mikoto retrocediera lentamente, alzando los pies del suelo y acomodándose como podía en la cama. Sus manos acariciaron de forma inconsciente su estómago con miedo. No entendía que pasaba allí ni porque habían traído a Miku cuando tenía entendido que estaba fuera de la aldea, pero en ese momento su temor iba dirigido hacia otro lado.

— ¡Mami, papi! ¡¿Dónde están mis papás? ¡Suéltenme! ¡Suéltenme! —a juzgar por los chillidos infantiles la niña había despertado, y por el grito del ANBU seguramente le había mordido o rasguñado. Se lo merecía.

— ¿Por qué está aquí? —susurró Mikoto intentando aparentar calma.

—La bastarda Uchiha —repitió Danzou como si eso resolviera todo.

—Es una niña —rebatió confusa —. Una niña y además…

—Además no tiene nada que ver con esto —intervino Fugaku aferrándose a los barrotes de su prisión, que estaba al lado de la celda de Hiashi. Los ojos oscuros del hombre taladraron con frialdad inaudita a Danzou, mirándole con odio corrosivo. Incluso aunque su clan repudiara a la madre y a la hija era consciente de que ninguna merecía sufrir como lo harían su clan —. Tú lo has dicho: es una bastarda. No tiene nada que ver con los Uchiha, no tiene por qué compartir nuestro destino.

—Que conmovedor —se burló el líder de Raíz —. Los futuros líderes de los Uchiha defendiendo a la bastarda que deshonra su nombre.

— ¡¿Qué tienes contra nosotros? —Gritó Fugaku fuera de sí, activando el Sharingan brevemente —. ¡He sabido que nos odias pero nunca he entendido por qué!

—No tengo porque contestar algo tan obvio, Fugaku Uchiha —sonrió mordazmente Danzou sin mirarlo.

Minato, Hiashi, Kushina y Hana se mantenían en silencio, sin saber en qué momento intervenir. No hallaban nada con lo que defender a sus amigos. La Hyuga había cesado su llanto pero sus ojos rojos por las lágrimas no perdían de vista el subir y bajar del pecho de Mikoto mientras su respiración iba entrecortándose de forma peligrosa. Hiashi y Minato se mantenían aferrados a los barrotes de su celda, no hablando pero manteniendo su mirada sobre Fugaku, para que de algún modo supiera que ellos estaban allí.

—Ahora, no he venido para perder mi tiempo con ustedes de esta forma —Danzou hizo un gesto y un ANBU se adelantó con las llaves de las celdas —. Es hora de que comencemos con los interrogatorios.

— ¿Interrogatorios? —saltó Minato receloso —. ¿Para que quienes interrogarnos? Si ya tienes todas las pruebas para inculparnos.

—Son ninjas fieles a Konoha, o al menos eso aparentaban. Tendrán su oportunidad para demostrar su inocencia, como cualquier otro shinobi. No les quitaré eso. —el mensaje parecía sonar casi amistoso y comprensivo, pero ocultaba un mensaje que les puso los pelos de punta.

La niña en la celda frente a la de Mikoto dejó de sollozar y llamar a sus padres para mirarlos atentos con sus oscuros ojos que la señalaban como Uchiha. ¿Por qué estaban allí todos ellos? En cuanto el reconocimiento brilló en sus ojos, todos se enfocaron en ella. Tenía el kimono sucio y el cabello rojo completamente desaliñado, a pesar de su aspecto y de su carita llena de confusión y miedo, ni una sola lágrima se había derramado.

—Una digna Uchiha, incluso aunque sea una bastarda —Danzou retrocedió unos pasos repasando a la niña con una sola mirada —. La genética es bastante caprichosa. La sangre del padre brilla por su ausencia, pero la sangre de la madre ha hecho un estupendo trabajo. No es una Uchiha y al mismo tiempo lo es. Imaginen lo que se podría conseguir con ella. Cuando ustedes desaparezcan —dirigió una mirada de desdén a Mikoto y Fugaku — también lo hará el Sharingan, y pese a todo es un Dōjutsu demasiado poderoso y valioso para dejarlo ir tan fácilmente.

—Serás un…—siseó Kushina soltando un improperio entre dientes.

—Esta niña abrirá las puertas hacia un nuevo futuro, uno donde el Sharingan se incline ante Konoha —dijo Danzou con una sonrisa fría.

Los seis sisearon al mismo tiempo.

— ¡Has perdido el juicio! —saltó Mikoto indignada —. ¡Solo tiene cinco años!

—Y esperare a crezca pacientemente.

— ¡Los Uchiha no desaparecerán! —gritó Hana.

— ¡No puedes simplemente librarte de los Uchiha, ´ttebane! —gritó Kushina con los ojos rojos y el cabello flotándole —. ¡Necesitas mucho más que una patética excusa! ¡Un clan entero no puede ser masacrado así nada más!

—Los Uchiha conspiran contra la aldea —dijo Danzou serenamente.

— ¡Danos una prueba! —exclamaron Minato y Hiashi. Una cosa eran ellos seis, pero otra cosa era todo el clan.

—Utilizaron al Kyūbi que tiene encerrado Kushina Uzumaki en su interior para destruir parte de la aldea, todo sin razón aparente —una sonrisa cruel y satisfecha se extendió por su rostro al ver como sus palabras lo golpearon como si fuera un ataque físico.

Hubo un compás de silencio mientras Minato y Kushina retrocedían como si los hubieran golpeado, completamente pálidos. Hana volvió a caer al suelo incrédula, no había imaginado que Danzou diría eso como si nada. Se suponía que era un secreto ¿Por qué…?

Imagínate que pensarían esos vejestorios si los próximos patriarcas del clan Uchiha supieran que yo llevaba al Kyūbi en mi interior.

Así que esa era la razón.

Mikoto entreabrió los labios mientras las palabras de Danzou resonaban en su mente. Lo primero fue la negación pero tras pensarlo y hallar aquellas acciones que siempre consideró extrañas en Kushina llegó la comprensión, y finalmente la aceptación. Solo bastaron unos segundos en los que al mismo tiempo que Fugaku, miró en dirección donde su amiga había caído. Los ojos morados de Kushina reflejaron tanto en esos pequeños instantes: dolor, angustia, rabia, incredulidad, suplica, culpabilidad y vergüenza. No sabía que expresión tenía pero a juzgar por el rostro de Kushina no era la mejor.

Fugaku apartó la mirada de la culpable de Kushina, luego pasó al rostro en blanco y herido de Mikoto y por último al pálido y culpable de Minato. Una sola mirada con su amigo bastó para saber que eso era cierto.

Kushina era la jinchūriki. Era la jinchūriki y no les había dicho nada.

Era la jinchūriki y sería esa verdad lo que les destruiría.

—…Kyūbi —pronunció Mikoto débilmente —. Jinchūriki…del Kyūbi… —una sonrisa rota se extendió por su rostro —. Así…que eso era…

Kushina enterró su rostro entre sus manos, incapaz de mantenerle la mirada. El peso de la verdad y del rostro herido y sorprendido de Mikoto y Fugaku había caído sobre sus hombros como toneladas de dolor. No había querido que se enteraran nunca y en caso de que lo hubieran hecho no de esa forma. No así. ¡No así! Una punzada de puro dolor carcomió su corazón y se extendió lentamente destrozando sus nervios. Los susurros del Kyūbi no ayudaban mucho. Eso había su culpa, había perdido el control, ella lo hizo y ahora sus amigos pagarían caro aquel instante de debilidad.

Cuando levantó el rostro sus ojos volvieron a ser ojos con las pupilas alargadas. Afilados colmillos sobresalían de sus labios y el cabello volvía a flotarle rodeado de un chakra rojo.

— ¡Tú maldito hijo de puta! ¡¿Cómo te atreves? —chilló golpeando contra los barrotes con fuerza demoniaca —. ¡Saldré de aquí y te juro que suplicarás porque alguien te mate antes de que yo lo haga! ¡TE ARREPENTIRAS, MALDITO BASTARDO!

— ¡Kushina, tranquilízate! —Minato gritó desesperado al verle volver a perder la escasa calma que había conseguido.

— ¡No me pidas que me calme! ¡Él lo ha hecho! ¡Lo hizo! ¡Era un secreto! ¡ERA UN MALDITO SECRETO! ¡TE MATARE, TE JURO QUE LO HARE! —Los chillidos inhumanos de Kushina se alzaron fuertemente.

Hana sollozaba sobre el suelo mientras que Hiashi apenas acababa de aceptar la verdad de los hechos.

—Tú lo sabías…—la voz de Mikoto detuvo a Kushina. Hana levantó la mirada y la observó asintiendo —. No dijiste nada…

—Mikoto, yo apenas…

—Éramos amigas.

—Ella no es culpable. Perdí el control, Hana estuvo en el momento equivocado y lo vio —Kushina habló con rabia —. No tiene más de unas horas que lo sabe.

—No importa —Mikoto se frotó los ojos para evitar las lágrimas —. En realidad no importa. Solo es una excusa más. Danzou hubiera hallado cualquier otra cosa ¿No es así? —miró con desprecio al hombre —. ¿Esto era lo que quería? ¿Que las odie o que la odiara por el Kyūbi? Se equivocó de persona. Sea cual sean las razones que la hicieron callar no tiene nada que ver con nuestra amistad. Nunca odiaría a Kushina ni por el Kyūbi ni por el hecho de que piensa usarla para atacarnos.

—Mikoto…—intentó excusarse Kushina con lágrimas en los ojos.

—No pasa nada, Kushina. Cuando salgamos de esto me darás todas las explicaciones.

—Que sentimentalismo barato —se mofó Danzou ocultando su decepción ante el hecho de que no hubiera pasado nada de lo que él quería. Pero al menos aún tenía la razón fundamental por la que en primer lugar les reveló ese secreto. Destruir a los Uchiha. Enemistar a esos chicos simplemente hubiese sido un agregado más.

— ¡CALLATE! —Kushina volvió arremeter contra los barrotes pero estos no cedieron.

—No lo lograrás —la vocecita de Miku hizo que todos la volvieran a mirar. Casi habían olvidado que estaba allí. La niña seguía en el suelo, con las manos retorciendo la tela de su kimono y el miedo pintado en sus facciones, pero había una nueva firmeza en su oscura mirada mientras sostuvo la de Danzou —. No me usarás. No conozco nada de ninjas, no quiero nada de ese mundo. Pero si sé que no te serviré para los Uchiha. Prefiero morir antes que dejar que me utilices por mis ojos. ¡No despertaré el Sharingan! ¡No lo haré! ¡No lo haré! —chilló y se lanzó a la cama boca abajo sin volverlos a mirar.

Una mueca de fastidio retorció las facciones de Danzou pero no dijo nada. Igual a esa niña tenía años por delante para persuadirla de la mejor forma para que sirviera para sus propósitos. Cansado de todo ese alboroto él mismo cogió las llaves de las manos de su ANBU y abrió la celda de Mikoto, causando que está retrocediera por inercia y Fugaku lanzara un grito de indignación.

—Ya lo dije, estoy aquí para que comencemos los interrogatorios —cuatro ANBUS entraron y sostuvieron a Mikoto que se debatió con fiereza, aunque inútilmente porque tenía un sello que le impedía utilizar el chakra —. Empezando por Mikoto Uchiha.

— ¡DE NINGUNA MALDITA MANERA! —chillaron Fugaku y Kushina al mismo tiempo golpeando los barrotes con más fuerza, pero estos seguían tan inamovibles como antes.

Danzou los ignoró y sin que ellos pudieran hacer algo para impedirlos se llevaron a Mikoto en dirección a la cámara de fuerza de tortura e interrogación. Los gritos de todos ellos resonaron mientras la puerta se cerraba. Todos lanzando maldiciones y gritos, con una promesa de muerte gritada a los cuatro vientos.

Mikoto fue inmovilizada contra una silla especial. Sus manos, sus tobillos, su cuello y su torso sujetos con correas de fuerza. Las lágrimas habían desaparecido, el miedo se mantenía allí porque deducía correctamente porque fue la primera en ser interrogada. Su hijo. Danzou quería terminar lo que su ANBU no había logrado. Pero no había forma alguna de que ella le mostrara miedo. No le daría esa satisfacción.

— ¿Preparada Mikoto Uchiha? —preguntó Danzou mientras conectaban cables en sus brazos, cables que se conectaban a una maquina cuyo control el hombre tenía en sus manos —. El infierno te espera.

Ella sonrió fieramente, con un oscuro y horrible sentimiento en sus ojos.

—Siempre han catalogo a los Uchiha como demonios por nuestros ojos. No están muy equivocados —su sonrisa fue tenebrosa, bajo ese rostro inmaculado y sin importar cuan frágil se viera, ella podía alcanzar un nivel de crueldad mayor de lo que esperado —. Manejamos demonios porque lo somos. El infierno no será extraño para mí, pero si para ti si yo no muero aquí, pero no solo será extraño sino también doloroso. Así que reza, Danzou, reza para que mi hijo y yo no soportemos la tortura, porque de lo contrario, de sobrevivir te buscaré hasta el fin del mundo y te arrancaré el corazón.

Danzou apretó los labios. Un Uchiha nunca amenazaba, solo informaba.

La Uchiha le lanzó una última mirada de superioridad y él activó el control.

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~o~

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Cuando el primer grito fue escuchado, Tsunade se encontraba en la salita de la base de Akatsuki.

—...esos son los puntos débiles de la barrera en resumen —Tsunade señaló el mapa de Konoha que estaba en el centro de la mesa —. Generalmente se puede pasar por ahí sí se sabe el lugar exacto. Danzou sin embargo puede tener vigilantes. Nunca se sabe.

Yahiko ladeó la cabeza.

—Son pequeños espacios pero serán suficientes. Konan se puede encargar de las molestias —dijo convencido.

La kunoichi de cabello azul asintió sin problemas. Nagato sentado al otro lado de Yahiko también asintió sabiendo que Konan podía envolver a alguien en origami antes de que comprendiera que sucedía.

Los sannin sentados frente a ellos también asintieron. Tal vez fueran solo jóvenes y de otra aldea, pero incluso Tsunade y Orochimaru debían admitir que el poder de ellos tres era formidable. Jiraiya había hecho un excelente trabajo. Tras esa pausa volvieron al elaborado plan que llevaban construyendo desde el amanecer. Los chicos eran astutos y agiles así que no les llevó mucho tiempo en explicaciones tontas. Solo bastaba que Jiraiya quisiera su ayuda y ellos estaban dispuestos a dar todo. Incluso aunque hubiera un gran riesgo al involucrar a ninjas de otras aldeas en problemas internos de Konoha como lo era el golpe de estado que había dado Danzou. Aun así se arriesgarían. Un golpe de estado podría producir una guerra que afectaría a todo el mundo ninja.

—Necesitamos al menos dos días más para tener todo bien armado —dijo Yahiko seriamente.

—Te doy un día —rezongó Tsunade —. Ese desgraciado para dos días habrá matado a mis alumnas.

—Tenemos que hacer todo bien, o sino el plan se echará a perder —intentó razonar el chico.

—Uhm…—la sannin apretó los labios fieramente.

—Tsunade, se razonable, Yahiko tiene razón. Si entramos sin prepararnos será echarnos de cabeza. En vez de salvarlos solo lo fregaremos todo —dijo Jiraiya miserablemente.

—Ellos tiene razón. Trágate tu preocupación, Tsunade. Somos ninjas, actúa con la cabeza fría —dijo Orochimaru secamente.

—Está bien —aceptó la rubia con rabia —. Está bien. Pero más les vale que no pase de dos días.

—Dos días serán suficientes —dijo Yahiko confiadamente —. Ustedes participarán en la batalla, después de todo son los sannin de Konoha, pero los que vinieron con ustedes…

—Probablemente Naruto ya este apto para la pelea —dijo Jiraiya —. Siendo como Kushina no tengo duda de eso. Pero ellos darán su propia batalla.

— ¿Las chicas? —preguntó Konan.

—Rin es solo una genin, no servirá de nada. Sakura está postrada en esa cama así que tampoco ayudará en nada —descartó Tsunade —. Los otros niños que vinieron por accidente…ellos no tampoco. No podrán.

— ¿Y el que queda? —señaló Nagato —. Hay otro, uno de ojos rojos.

—Ese chico…no lo sé —Tsunade miró a Jiraiya y Orochimaru —. Está en mejores condiciones que los otros, pero no me agrada. Sin importar cuan poderoso sea. Ese chiquillo es peligroso. Si quiere pelear lo hará solo, no lo quiero dentro de los planes y creo que tampoco si pudiera tomaría parte.

—Muy bien —Yahiko enrolló el mapa de Konoha —. Entonces…

…entonces un grito perforó el cómodo silencio, un grito que los hizo estremecerse a todos, un grito desesperado, lleno de dolor y sufrimiento.

— ¡AHH! ¡TSUNADE-SHISHIOU! ¡AHHHHHHHH! —la voz de Sakura inusualmente alta y completamente desesperada hizo que Tsunade quedara congelada en su sitio.

Antes de que pudiera siquiera procesar lo que pasaba, unos pasos alterados resonaron por el pasillo. Yahiko, Nagato y Konan se pusieron de pie al mismo tiempo que los sannin justo para ver aparecer a Rin, ya llevaba las ropas que le habían dado para cambiarse lo cual había mejorado un poco su aspecto demacrado, pero en ese preciso instante su expresión estaba completamente aterrada. Volvía a tener las manos teñidas de sangre y temblaba levemente.

—Está gritando —explicó atragantándose con las lágrimas —. ¡Se despertó gritando! Las heridas…sangre… ¡Hay mucha sangre!

— ¡¿Qué es lo que le pasa? —Tsunade sostuvo sin cuidado a Rin por los hombros.

— ¡No lo sé! ¡No lo sé! De un momento a otro…muchas heridas, se está retorciendo. No sé qué pasa. ¡No lo sé! —chilló aterrada.

—Tsunade suéltala, las estás asustando —intervino Jiraiya.

La sannin pareció perderse un segundo en sus pensamientos, recordando una breve charla con la pelirosa y en ese momento comprendió que sucedía, soltando a la niña dejó escapar una maldición y salió de la salita para ir en dirección a la enfermería. Lo único que alcanzaron a escuchar de ella fue:

— ¡Esa pequeña estúpida!

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~o~

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Bailaba.

Si, ella lo hacía, con un ritmo silencioso, sutil y tan efímero como el tiempo. Sus pasos eran graciosos y encantadores. Las ondas que formaban el agua mientras la muchacha daba una vuelta tras otra hicieron que Hinata observara su reflejo con una sonrisa tímida en su rostro. La chica se detuvo a unos centímetros de la cascada y entonó una dulce melodía, tan dulce como el cantar de los pájaros y tan suave como el roce del viento, y con perfecta sincronía alzó los brazos como una bailarina, moviendo las muñecas con elegancia y finura. Tras cada movimiento un chorro de agua se alzó del río, moviéndose como una estela plateada en torno a la delicada figura que bailaba y cantaba.

Hinata dudó un momento pero tras ese instante de vacilación se quitó las sandalias ninjas y apoyó los pies sobre al agua con el chakra adecuado. A lo lejos la muchacha seguía con su baile y su canto sin parecer sentirla.

E-Eres muy buena en eso —observó cuando estuvo a unos pasos de ella.

El canto se detuvo y los chorros de agua cayeron abruptamente otra vez sobre el río. La muchacha volteó con un estremecimiento mientras su plateada-azulada mirada se fijaba en ella con tristeza y dolor.

Tuve la mejor maestra —musitó en respuesta mientras jugueteaba con sus dedos.

Yo…

No es necesario que digas nada. No vinimos a cambiar la historia…—por un momento pareció que iba a decir más, pero luego sacudió la cabeza, recorrió el camino hacia la orilla, se puso sus sandalias ninjas y sin una despedida se alejó internándose entre los árboles, dejando a Hinata tan solo el recuerdo de los destellos rojos que el sol dejaba al descubierto entre su oscuro y corto cabello.

— ¡AHHHH! ¡TSUNADE-SHISHIOU! ¡AHHHH!

Los gritos de Sakura levantaron a Hinata abruptamente de su sueño. La Hyuga respiró entrecortadamente cuando la confusión se internó entre el extraño sueño. Naruto a su lado también se levantó de un salto haciendo una mueca de dolor por el brusco movimiento. Se habían quedado dormidos luego de una sesión de besos bastante larga, acurrucados el uno contra el otro en la precaria cama. Ni siquiera se habían dado cuenta, aunque no era de extrañar ya que cuando escaparon de la aldea era de noche y no habían descansado para nada.

— ¿Qué…? —Naruto movió la cabeza de un lado para otro aun medio dormido.

—Alguien estaba gritando —dijo Hinata bajando de la cama con cuidado —. Me pareció que e-era…

— ¡NARUTO! ¡SASUKE-KUN! ¡AHHHHH!

El color huyó del rostro del rubio al reconocer esos gritos desgarradores y casi inhumanos. Bajó de la cama de un salto sin prestarle atención a sus heridas y corrió fuera del cuarto con Hinata pisándole los talones. La Hyuga lo condujo a la enfermería e ingresaron al mismo tiempo que Sasuke, que cansado de esos gritos había ido a exigir que cerraran la boca a menos que desearan arrepentirse.

Lo que hallaron hizo que ninguno se moviera de la puerta.

Sakura se encontraba sobre la camilla de la enfermería. Al llegar Tsunade le había quitado toda la ropa ensangrentada, dejándola solo con el short negro de licra y le había vendado el torso completamente, desde los pechos hasta el estómago. Había limpiado la sangre en su cuerpo y le había dejado descansando al cuidado de Rin. En esos momentos las vendas estaban completamente ensangrentadas pegándose a su cuerpo como una segunda piel, mientras la chica se retorcía presa de un dolor inimaginable. Heridas de todo tamaño y de cualquier forma se extendían por sus brazos y su torso. Cada vez que Tsunade cerraba una herida otra se abría en otro lado.

No había forma de parar aquello.

La rubia trabajaba lo mejor que podía pero era casi imposible luchar contra eso, y por si fuera poco Sakura se retorcía enterrando las uñas entre las sabanas, como si alguien estuviera pasando corriente por su cuerpo. Chillaba contorsionándose, los gritos seguían llenos de dolor y sus ojos estaban inundados en lágrimas y cristalizados como si no estuviera allí.

—La fiebre —Tsunade dijo entre dientes —, la maldita fiebre no ayuda mucho. Ella podría darme un poco de apoyo si estuviera bien. ¡Niña, ven aquí!

Rin saltó en su sitio y corrió hacia Tsunade alzando las manos. La rubia la cogió sin mucho miramiento y comenzó a usar su chakra también para ayudarse más. No tenía caso intentar enseñarle algo a Rin de técnicas médicas, se necesitaban meses siquiera para poder manejar el chakra en su estado más puro. Lo mejor que podía hacer era pedir prestado su chakra.

— ¿Qué le pasa a Sakura-chan, ´ttebayo? —finalmente preguntó Naruto con horror al recuperar la voz.

Al escucharle hablar Sakura cesó en sus gritos y agitó la cabeza buscándole a pesar de que la fiebre no le dejara ver bien.

— ¿Naruto? ¡Naruto! —lloró alzando una mano. Se detuvo y volvió a gritar con todas sus fuerzas —. ¡Duele, Duele! ¡Naruto, has que pare!

El rubio miró sin saber qué hacer, completamente desesperado hasta que Hinata le dio un empujón. La Hyuga le señaló a su compañera y tomando conciencia el rubio quedó al lado de Sakura, cogiendo su mano cariñosamente. La pelirosa se calmó un poco a pesar de que no parecía que su sufrimiento disminuyera.

— ¿Qué mierda está pasando? —exigió Sasuke.

Tsunade le dirigió una mirada de reojo llena de resentimiento, como si fuese su culpa lo que le pasaba a Sakura.

—Ella es una estúpida, eso es lo que pasa —tajó con rabia y dureza —. Es tan estúpida que ni siquiera se para a pensar en las consecuencias de sus actos. Hizo un Jutsu peligroso.

— ¿Jutsu peligroso? —repitió Hinata sin apartar la mirada de las manos unidas de Naruto y Sakura.

—Me preguntó esto hace unos días —murmuró Tsunade —. Es una técnica peligrosa y casi suicida, a menos que se utilice inteligentemente. Es evidente que el amor le ciega demasiado. No puedo decir que esté completamente enojada con ella, pero no sé cuánto tiempo pueda ayudarle. Si no se detiene esto pronto la pérdida de sangre será demasiado.

—Pero ¿Qué es lo que pasa? —preguntó Hinata débilmente.

—Ató su vida a la de Mikoto, eso es lo que pasa —respondió Tsunade agotada —. Seguramente por la conversación que iban a tener lo hizo como precaución. Tomó en su cuerpo las heridas que recibe Mikoto, mientras que Mikoto no sufrirá daño alguno, sin importar cuan serias sean las heridas físicas. Lo que quiere decir…—miró a Sasuke que se había quedado paralizado en su lugar —…que están torturando a Mikoto. Pero no le hace efecto, todas las heridas las recibe Sakura, y conociendo lo fuerte que es Mikoto mentalmente dudo que salga lastimada.

Todos dirigieron su mirada a Sasuke.

— ¿Están torturándola? —la voz de Sasuke fue espeluznante.

—Si escucharas bien también comprenderías que tu madre está a salvo. Sakura se ofreció como conejillo de indias. No tienes de que preocuparte.

—Pero la están torturando.

— ¡Y un demonio, niño! ¡Sakura se está retorciendo de dolor por tu madre y tú sigues con eso!

Pareció que Sasuke iba a abrir la boca de nuevo, pero otro grito de Sakura le hizo callar.

— ¡SAI! ¡INO! ¡MAMÁ, PAPÁ! —uno tras uno ella siguió llamando a sus seres queridos, apretando lo más que podía los dientes para no gritar tanto.

Sasuke la miró fijamente.

¿Qué se supone que estás haciendo? —preguntó fríamente.

Sakura hizo un último sello sincronizando sus movimientos con los de Mikoto y le miró sobre el hombro. La chica se encogió de hombros levemente. Mikoto parpadeó confusa sin entender el Jutsu que habían hecho.

Es un Jutsu médico. No quiero lamentar nada después. Esto me asegurara que tu madre se mantiene a salvo tras la conversación. Nunca se sabe que puede suceder. Este Jutsu la mantendrá a salvo.

Fue solo un breve momento pero Sasuke miró a Sakura sin entender porque lo había hecho. Sacudió la cabeza y salió de la habitación. No quería mirar las heridas que su madre recibía pero que en realidad Sakura soportaba. No creí capaz de aguantar mirar todo sentado.

Cuando él se fue, Sakura dejó de gritar y se quedó quieta en la cama sollozando aún.

Tsunade suspiró aliviada.

—Acabó —dijo cerrando los ojos —. Danzou ya se debe haber dado cuenta que no funciona y la ha dejado en paz.

— ¿Ya no la torturará? —susurró Hinata preocupada.

—Eso no te lo puedo asegurar —dijo Tsunade sombríamente.

—Maldito…—siseó Naruto temblando de rabia sin dejar de presionar suavemente su mano contra la de la llorosa Sakura —. Maldito…

La pelirosa se encogió en su sitio sin dejar de llorar, las heridas en sus brazos ya no cerraban y con una sola mirada Tsunade supo que en realidad, las marcas de esa tortura no se borrarían nunca de su cuerpo. Serían en su mayoría cicatrices que se quedarían impregnadas allí.

Hinata cerró los ojos y unas silenciosas lágrimas rodaron por sus mejillas.

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~o~

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Estaba ya atardeciendo cuando Sakura abrió los ojos de nuevo, tenía todo el cuerpo entumecido y la fiebre por fin había cedido. Pero cada miembro de su cuerpo le dolía intensamente. Apenas movió los dedos cuando se percató de las heridas que estos abarcaban. Tampoco necesitó más que una mirada como su maestra, para comprender la gravedad de las heridas infligidas a Mikoto y que ella padeciera. Cuando hizo el Jutsu solo lo hizo por la conversación, confiando en que la fuerza mental de Mikoto la mantendría a salvo en esa situación, pero las consecuencias físicas de un dolor emocional no podría ser simplemente superado por fuerza mental. Lo hizo para protegerlos a los dos.

Pero había un error en ese Jutsu. Fue la razón que le hizo rescatar a Mikoto y dejar que el asesino de Sai le enterrara el kunai a ella. El Jutsu estaba hecho para encadenar su vida con la de Mikoto, no con la de Itachi y Kazai había ido más por Itachi. Si la hubiera lastimado directo en el vientre no habría podido hacer nada por el bebé.

Pero era obvio que la tortura hecha a Mikoto fue para matarla a ella y esperar que después de eso el niño muriera. Confiaba en que eso ayudara a mantener a Itachi sano.

—Maldito Danzou —susurró con la boca seca.

Cogió entre sus débiles dedos el vaso de agua apoyado en la mesita que estaba al lado de la cama y tomó un trago de agua. Notó que tenía nuevas vendas en el torso y además también en las muñecas y parte de los brazos. La cabeza le dolía a horrores y casi tropezó cuando bajó de la cama.

Rin dormía en una silla, apoyando los brazos al final de la cama.

Sonrió tristemente. Había arrastrado sin querer a esa niña desde el momento en que aceptó entrenarla. Quizá lo mejor hubiera sido decirle que no.

Sin embargo no tuvo tiempo de pensar en eso, tenía otra cosa que hacer antes de volver a perder la consciencia. Se concentró en buscar el chakra de Sasuke y lo encontró fuera de la base de Akatsuki. Con cuidado se encaramó a la ventana, siseando de dolor ante el movimiento que abría sus heridas. Para cuando salió y se internó en el lluvioso lugar sus vendas volvían a estar teñidas de sangre. El agua de la lluvia arrastraba las gotas que se perdían entre los charcos de la tierra convertida en lodo.

Lo encontró sentado en una de las ramas de los árboles que rodeaban el lugar.

No fue necesario decir algo, él la miró sobre el hombro con el Sharingan girando. Se paró y bajó en un silencioso salto, como si supiera que ella quería decirle algo. Durante un momento se miraron sin palabras y finalmente Sasuke dio un paso sin expresión alguna en su pétreo rostro. No fue necesaria de todas maneras alguna palabra.

Sakura sabía que era lo que atormentaba a Sasuke.

¿Por qué?

¿Por qué lo hiciste?

Ella sacudió la cabeza, las gotas de lluvia caían sobre sus mejillas simulando las lágrimas que quería derramar pero que ya había agotado. Ella le podía decir la razón, podía repetirle una y otra vez que le amaba y lo amaría siempre sin importar cuan retorcido fuera, que solo quería su bien y nada más. Que no deseaba verle sufrir, al menos no ya. Pero el recuerdo de Ino moribunda, de Kakashi cayendo con una expresión de sorpresa, de Sai sonriendo por última vez hicieron que esas palabras se desvanecieran antes siquiera de pensar en decirlas.

No, no le diría lo que él ya sabía.

No después de todo eso.

No cuando Ino, Kakashi y Sai estaban muertos. No cuando Sasuke había matado a parte de su familia, a sus amigos, había destruido sus sueños y arrasado con la esperanza.

—En realidad…tú ya lo sabes…—musitó tristemente —. Repetirlo no servirá de nada.

—…

—Yo siempre…siempre fui una molestia para ti. Un estorbo para los dos, nunca pude hacer bien por ustedes. Intenté…de verdad intenté ayudarles…pero no pude en nuestro tiempo —susurró agitando la cabeza de un lado a otro. Sus ojos estaban mirando el suelo —. Así que…sin importar cuantos sacrificios tenga que hacer…aquí, yo haré algo por ustedes. Yo no puedo devolverle sus padres a Naruto. Yo no puedo hacer que tu clan reviva.

—Por supuesto que no puedes.

—Pero —siguió como si él no hubiese dicho nada —. Haré todo para que Naruto sea feliz con Hinata, y haré todo…para que tu madre y tu hermano estén a salvo.

Se adelantó un paso tropezando por el mareo.

—Ellos estarán bien, te lo prometo, Sasuke. Te lo juro por mi vida, no dejaré que les pase nada.

—Tú no puedes cumplir eso —dijo Sasuke con desdén empezando a enojarse—. No te atrevas a…

—Ellos vivirán así yo tenga que morir…te lo prometo…por favor, Sasuke-kun…créeme —Sakura alzó la mirada con desesperación —. Detente…basta de odiar todo…

¿Quién te ha lastimado, Sakura?

¡Detente, Sasuke-kun! Basta, por favor

Los recuerdos pasaron como un torbellino por la mente del vengador Uchiha, revolviendo todo a su paso. Había olvidado eso, casi lo había hecho. Había olvidado cuanto miedo causó a Sakura aquella vez en los exámenes chunnin, cuanto miedo causó a todos hasta que ella con ese abrazo y esas palabras lo detuvo. No supo porque recordó eso, no supo porque el verla en ese estado volvía a sentir aquella ira que sintió cuando la vio lastimada. Concentró sus ojos rojos en las heridas extendidas en su cuerpo, siendo consciente que esas heridas habían sido dibujadas en el cuerpo de su madre pero que por ese Jutsu en realidad no le habían lastimado. Y cerró los ojos respirando intranquilamente.

Había un ápice de humanidad en su interior nuevamente, podía sentirlo dentro de él.

Un ápice de humanidad que se iba extendiendo lentamente por su alma con cada cosa que sucedía y que finalmente el sacrificio de Sakura había logrado despertar aún más.

Sin embargo no estaba dispuesto a dejarse llevar por sentimientos. Sólo quería su venganza.

Sólo eso.

El sonido de los pasos de Sakura volvió a sonar y abrió los ojos.

Sakura sonrió. Fue una sonrisa rota, desolada y con una pizca de desesperante esperanza.

Esperanza, amor. Cosas que él ya no sentía.

O eso creía.

La respiración entrecortada de Sakura chocó contra su pecho, ya que ella era una cabeza más baja. Ella alzó la cabeza y siguió sonriendo con los ojos cristalizados. La fiebre volvía a estar presente. Y entonces sin saber porque alzó la mano y la apoyó contra la mejilla tibia de ella. Sakura cerró los ojos y exhaló un suave suspiro de alivio. Una sonrisita tonta e infantil, como las de antaño, se extendió por su rostro antes de desvanecerse completamente.

Sasuke la sostuvo entre brazos, impidiendo que cayera a la tierra húmeda.

Y algo sucedió. Cuando volvió a parpadear notó que veía todo normalmente, sin que su Sharingan le incrementara visión o le hiciera consciente de cada pequeño movimiento.

Entonces comprendió que había desactivado el Sharingan.

Sus ojos volvían a ser negros como la noche.

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Hi!

Ya, ya, sé que demore, pero dije que mis estudios no me dejan más que tiempos limitados y lamento mucho la tardanza, pero si (a quien dejó el review expresando eso) le molesta pues no puedo hacer nada, comentarios como ese no me van hacer actualizar más rápido porque mi vida depende toda de mi carrera, no de estos fics, sin importar cuanto me gusten. Tengo mis prioridades, como las tienen todos, y sé que la mayoría me entiende, sólo específico para los que obviamente aun no son conscientes de que la vida de uno depende de la carrera que estudia.

Muchas gracias por sus reviews, espero que este capi les guste.

*Miku Anima Uchiha, es una Oc creada por Sabaku no Kuraii y por mí.

*Bueno tal vez Miku teniendo solo cinco años suena muy adulta, pero hay que tener en cuenta que Kakashi se graduó como chunnin a los seis y para eso era obvio que no era un niño normal. Así como otros genios, no digo que Miku sea una genio, pero simplemente quiero exponer un punto de vista u.u

*Meto demasiado a los Uchiha porque en sí, es ese círculo de odio nacido de Madara, seguido por la masacre y concentrado en Sasuke el punto negativo de Naruto. Los Uchiha son el odio que debe ser redimido.

*Para aclarar no será un ObitoxRin, ni un KakashiXRin. Si no ObitoxOC, KakashixAnko y RinxOC.

*Kakashi es ya chunnin, me equivoque respecto a eso en el capi pasado, ya lo corregiré.

*en el manga los ojos de Yahiko son azules y en el anime marrones, pero yo siempre me baso en el manga.

Lo que no daña, mata. El título en si se refiere a la sangre Uchiha maldita que fue la causa por la que secuestraron a Miku, después con Hinata y Naruto a ese amor que siempre está presente en la Hyuga y el amor que fue la huella de sacrificio en Naruto por parte de sus padres. Con Yahiko y Konan porque el amor como algunos dicen te hace débil, en el canon fue la razón por la que Yahiko renuncio a su vida por la de Konan, independientemente si fue amor fraternal o romántico. Con Sakura y Sasuke porque ese amor la lastima hasta lo incomparable y siempre estará presente en ella, sin importar que, ese amor es su maldición.

Eso es todo.

Gracias por leer :D

Besos

Bella Scullw.