Gracias.

Capitulo 13

Otra oportunidad.

—No, no, no, Candyyy… No me dejes, Doctor por favor –entraron corriendo, la revisó–, Dime qué no es cierto, dime qué no es cierto, dime qué vivirá, ella no puede morir.

—William sal, por favor –tuvieron que sacarlo a la fuerza, cayó de rodillas llorando.

En la mansión Clarissa le dijo al chófer

—Me lleva al hospital.

—Si señorita.

Cuando llegó vio a todos llorando, buscó a William, lo vio sentado en el suelo, abrazando sus piernas, llorando, lo abrazó.

—No puedo, –separándose de ella, fue con su tía, la abrazó, los dos lloraron– Tía, la perdí, perdí a mí pequeña me dejó, –estaba destrozado no dejaba de llorar.

—Te dije qué si le pasaba algo a la pecosa, lo pagarías, lo levantó y le dio un golpe. No respondo al golpe

—Si, mátame si quieres.

—Basta –con voz autoritaria dijo la tía abuela.

En eso llegaron los chicos, vieron sus caras, George les dijo: Ella murió.

—¿Qué? Se abrazaron y lloraron.

Juan Luis lloró y sacó un fólder. Se lo entrego a William.

—Esto que es –George se los quitó y empezó a leerlos, viendo a la señora Elroy, el acento con la cabeza–, Podremos verlos llorando la tía.

—¿Que es eso? George.

Juan Luis con mucho dolor —Es la custodia de los niños de Candy.

—¡¿Qué estás diciendo?!

—Si, ella me dejó la custodia porque sabía que tú no eres capaz de cuidarlos.

—Eso lo veremos no puedes quedarte con mis hijos,

–William no lo podía creer.

—Para que los quieres, para cuidarlos como a ella –Albert le dio un golpe y Luis se lo regreso, empezó una pelea que Luis estaba sangrado de la boca y Albert de la nariz.

Los tuvieron que separar, Archie a William y George a Luis.

—Te advierto que no vas a ver a mis hijos –y se fue muy mal, Luis sentía que su corazón moría.

—Eso lo veremos voy a pelear, no puedes quedarte con MIS HIJOS. –gritándole Albert.

—Si William ella fue muy clara en su testamento y en la custodia de sus hijos –George sintió lástima por él.

—Ella sabía qué iba a morir, –dijo Albert.

—Si, por eso te dijo la verdad que eran tus hijos, ella quería que tú los cuidaras, pero no sé qué pasó para que tomara esa decisión.

—Yo la amó y voy a luchar por mis hijos.

Habían transcurrido tres horas, cuándo salió. Demián, todos voltearon, y Albert se acercó. —La salvamos –todos se abrasaron, y una alegría apareció en sus rostros.

—¡Gracias!, ¡Gracias Dios mío! Demián, puedo pasar a verla, –lo miró con unos ojos suplicantes.

—No, tiene que recuperarse pero puedes ver a los bebés, están en los cuneros.

—¡Mis hijos!, gracias –se dirigió a los cuneros.

Cuando llegó estaba Juan Luis con ellos –mis hijos en realidad me hubiera gustado que ustedes fueran mis hijos, la amó tanto que no podré verla más, quieran mucho a su mamá, ella ha dado todo por ustedes, –Albert se marchó sin hacer ruido.

Clarissa salió a tomar algo, cuando chocó con Luis, Él: perdón.

—No fue mi culpa, eres Ma… –la interrumpió.

—Tu eres Clarissa

—Si soy amiga de la familia.

—Eres la amiguitade William, –el tono de voz burlona.

—Disculpa soy amiga entre él y yo no hay nada, el ama a Candy, –muy enojada le contesto.

—Perdona es que Candy me dijo que entré tú y William había algo

—Hay un mal entendido que tengo que resolver, tú la quieres.

—Si, pero ella ama a William; Te gustaría ir a tomar algo más fuerte.

—Si, vamos, y me explicas.

Albert espero para pasar a verla, cuando le dio el pase el Doctor —recuerda que tiene que descansar, no la fatigues mucho.

—Gracias Demian.

Cuando entró sus ojos se llenaron de lágrimas al verla en la cama, toda pálida, tomando su mano, —Mi princesa, mi pequeña perdóname, –las besó y sus lágrimas callejón– te amó, te amo.

Ella abrió esos ojos esmeraldas, con lágrimas, lo estaba escuchando,

—Albert pe…–el puso.un dedo en sus labios.

No digas nada descansa, tienes que recuperarte para que estés con nuestros hijos. –le dio un beso en sus labios. El la cuidaba no quería dejarla.

A los tres días, dieron de alta a los bebés y Luis le dijo: Albert tienes todo preparado para recibir a los bebés.

El con cara de sorpresa, —si…, pero.

—Cuídalos yo la cuidó a ella, –Clarissa lo tomo de la mano.

—Yo te ayudo Luis, – con una gran sonrisa.

—Gracias Clarissa pero Albert va a necesitar más ayuda.

Todos estaban felices por la llegada de los bebés, entre el hospital y el cuidado de los bebés ya había transcurrido una semana.

En la mansión todos cuidaban a los niños pero más Clarissa y Albert. Juan Luis se dedicaba a cuidar a Candy solo iba a su hotel a cambiarse y descansar un poco y Albert lo remplazaba.

Cuándo les dio la noticia que Candy estaba dada de alta, –todos gritaron de alegría y dando gracias a Dios.

En el hospital estaba Candy con Luis: mi niña quieres irte conmigo o con los Andrew, como tú quieras sabes que hago lo que tú me digas,

—Quiero ir con mis hijos, gracias Luis por todo, –el la besó en la mejilla.

—Mi niña gracias por cada momento que me has dado y recuerda que siempre estaré a tú lado.

—Luis perdóname por no poderte amar, te guardaré en mi corazón.

Demian le daba instrucciones a William para poder cambiar los vendajes, y darle masajes y sabré los medicamentos que tenía que tomar —Eso es todo cualquier cosa me avisas.

—Gracias, –el se dirigió a la recepción para firmar los papeles de alta.

Luis le ayudó a sentarse en la silla de ruedas, Albert los esperaba en recepción, cuando los vió sintió celos, Juan Luis muy amable y cariñoso con su pequeña, en el automóvil Albert llevaba a Candy abrazada, Luis iba manejando.

Luis le decía, –tienes que recupérate pronto ni niña, que vas a hacer.

—Voy a regresar a Chicago cuando Demián me de alta quiero vivir allá con mis hijos.

—Estas segura, pero porque, amor, –muy triste Albert.

—Tengo mucho trabajo y nadie lo va a hacer por mí –se rieron–, hay me duele.

—Debes tener cuidado no puedes hacer nada por lo menos en tres meses, yo te voy ayudar.

Eso es mucho tiempo no creó aguantar tanto, –Luis solo los miraba por el retrovisor.

Al llegar a la casa sus ojos se llenaron de lágrimas por recordar todo lo sucedido unas semanas antes. Albert la abrazó te duele.

—Si un poco, estoy muy contenta quiero ver a mis bebés.

—Ellos te extrañan pequeña, te quieren y te necesitan, –tomando su mejilla– yo también.

Continuará.

gracias.