13.- ALGÚN DIA

Pasaron los días, las semanas, las horas y así llegamos al mes de Noviembre. Unos días atrás habían llegado los alumnos de Durmstrang y Beauxbattons. El castillo se había sumergido en un frío otoñal que impedía a los alumnos salir de él. Por lo que no me quedaba otra cosa que quedarme dentro haciendo las tareas y estudiando. Las clases se hacían cada vez más intensas e interesantes. El profesor Moody nos había mostrado, al igual que en todas las demás clases, las tres maldiciones imperdonables. No me sentí nada bien con eso. Ver como las arañas se retorcían y morían no era nada agradable.

Las clases de Adivinación seguían siendo un poco aburridas. La profesora Trelawney pensaba que yo tenía un gran espíritu adivinador. Yo no pensaba así. Solo había sido una coincidencia, pero aún así no me lo podía quitar de la cabeza. Al igual que tampoco podía olvidar las continuas miradas del chico con el que choqué, Michael Corner. Me miraba en las comidas, en los pasillos y en esporádicas situaciones cuando nos encontrábamos. Siempre intentaba decirme algo, pero luego salía corriendo. Me recordaba a mí con Harry.

Pero hubo algo que me sacó de mi rutina. Harry había sido elegido para competir en el Torneo. Cientos de miradas furtivas amenazaban a Harry a cada segundo. Ron se había enfadado con él. Creía que se había presentado el Torneo sin decirle nada, pero Harry siempre lo negaba; y yo creía en su palabra.

Una tarde encontré a Ron solo en la sala común. Hermione ayudaba a Harry con la primera prueba del Torneo. Me senté en un sillón enfrente de él. Levantó la mirada de un libro (que leía al revés) y sus ojos se fijaron en mí.

- ¿Qué quieres?- preguntó de malas maneras.

- No me voy a enrollar. Quiero saber qué es lo que te pasa…- hice una pequeña pausa para ver su reacción- …con Harry.

- Nada- refunfuñó volviendo la vista al libro. Yo le cogí el libro y le di la vuelta. Él me miró y sacudió la cabeza cerrando el libro y lo dejó en el suelo.

- Sé que no te gusta estar así con él, pero hablar es la mejor manera de solucionarlo.

- No pienso hablar con él. Si quiere que volvamos a ser amigos que me lo diga.

- ¿Pero cómo te lo va a decir si no le dejas que te hable?- le pregunté enfadándome- La culpa es tuya. No le crees. Te lo ha dicho mil veces y tú como si nada.

- Me mintió y se presentó al Torneo sin decírmelo. ¿Puede haber cosa peor?-dijo casi con lágrimas en los ojos. Pocas veces había visto llorar a Ron. Pero estaba pasando por un momento bastante complicado y lo entendía.

- Lo peor en todo esto es tu actitud. Intenta arreglarlo y…-Ron estaba a punto de decirme algo pero le corté- ¡Y no empieces con eso otra vez! Harry es tu mejor amigo.

En ese momento entraron Hermione y Harry un poco cansados. Harry miró a Ron con mala cara. Esperaba la misma reacción por parte de Ron, pero me sorprendí al ver como Ron, aún con las lágrimas por sus mejillas, se levantó y echándole una triste mirada a Harry salió por el hueco del retrato.

Unos días antes de la primera prueba, se anuncio una nueva excursión a Hogsmeade. Mi primera excursión. Esa mañana desperté temprano y me vestí. Antes de salir de la habitación, cogí mis ahorros, que eran escasos, y los guardé en el bolsillo.

Todos mis compañeros de curso estaban igual de emocionados que yo. O quizás más. Colin bajaba las escaleras rápidamente con una grandísima sonrisa en el rostro.

- ¡Buenos días!- saludó con entusiasmo- Estoy muy contento de ir al pueblo. Pienso comprar montones de cosas y después se las enseñaré a mi hermano y… también a mis padres y…

- Si, si, si- dije un poco harta- ya sabemos todo lo que vas a hacer. ¿Te importaría dejarnos desayunar?

Luna se sentó a mi lado. Pronto entramos a una conversación acerca del Torneo. Luna estaba al lado de Harry, al igual que yo. Le conté lo que me dijo Hermione sobre la conversación que tuvieron en la sala después de la elección de los campeones. El profesor Moody opinaba que alguien había metido el nombre de Harry en el cáliz, alguien que lo odiaba. Obviamente estaba de acuerdo con eso.

Todos los alumnos se levantaron de sus asientos buscando en sus bolsillos las autorizaciones para entregárselas al conserje. El señor Filch estaba en la puerta de entrada. A sus pies, su horrible gata. La señora Norris miraba a todos los alumnos con los ojos fijos que vagaban de un alumno a otro. Nunca me gustó esa gata, pero en mi segundo año lo pasé muy mal por culpa de ella. Le entregué mi autorización a la vez que Luna y juntas partimos hacia Hogsmeade.

Pasamos la mañana de tienda en tienda. Nuestro primer destino, sin duda alguna, fue Honeydukes. La tienda estaba increíble. Había toda clase de dulces. Recordé el momento en el que Bill me trajo una gran bolsa de dulces. Luna y yo salimos con menos dinero ya que llevábamos unas bolsas de golosinas que devoramos mientras contemplábamos los escaparates y decidíamos en que tienda íbamos a entrar ahora.

En Zonko, nos topamos con los gemelos y su mejor amigo, Lee Jordan, acompañados por Ron. Sentí un poco de tristeza porque un acostumbraba a ver a Ron sin Harry.

Casi al mediodía, fuimos a las tres escobas. El local estaba abarrotado y fue un poco difícil encontrar mesa. Pedimos un par de cervezas de mantequilla. Al rato vimos entrar a Rita Skeeter y a su fotógrafo. De repente sentí un gran desprecio hacia esa mujer, y aparte la vista hacia el otro lado.

- ¿Has visto el artículo de esa vieja retorcida? El del Torneo- al decir eso me corregí rápidamente- bueno… el de Harry, porque del Torneo habla poco.

- Si, lo leí en el Profeta. La verdad no entiendo como la gente puede leer esas mentiras- Luna dio un sorbo a su bebida y continuó- No estoy diciendo que ese periódico sea malo, ni nada de eso. Solo que a veces carece de toda profesionalidad.

- Si, sobre todo al contratar a Rita. Es mujer no tiene consideración. Se inventó toda la entrevista con Harry- estaba enfurecida porque había dejado en una muy mala posición a Harry, desprestigiándolo y contando basuras de él. Yo no conocía mucho a Harry, pero me bastaba para saber que él no había dicho nada de lo que ponía en la entrevista. En ese momento, la puerta se abrió y pude ver a Hermione entrando… ¿sola? No, no podía ser. Seguro que Harry había ido con ella al pueblo. Solo que se había retrasado, eso podría ser. Pero al cabo de unos minutos, al no ver entrar a Harry, comprendí que él estaba allí, seguramente bajo la capa invisible. Lo comprobé al ver al profesor Moody y a Hagrid acercándose a la mesa de Hermione.

La primera prueba del Torneo fue brutal. Mi corazón se aceleraba cada vez que Harry escapaba de los ataques del dragón. Ron estaba muy nervioso y animaba a Harry. Parecía que había reflexionado y ahora creía en Harry. Me sentí feliz cuando Ron y Harry arreglaron sus diferencias.

Tras la primera prueba se anunció la llegada del baile de Navidad. Los de tercero no podían ir, con una excepción. Solo si íbamos con parejas de cursos mayores. Ahora entendí el porqué del vestido de Hermione. Seguro que iba a estar guapísima.

Todos los alumnos estaban nerviosos y emocionados ante este evento. Yo me incluía, aunque no fuera a ir.

Mi felicidad cayó en picado cuando me enteré de que Harry quería ir al baile con otra chica. Con Cho Chang. No es que tuviera algo en su contra, simplemente me sentó bastante mal. No soportaba ver a Harry con otra chica. Y eso era muy egoísta de mi parte, pero no lo podía evitar. Como tampoco pude evitar que dos gruesas lágrimas salieran de mis ojos al saberlo.

El día de Navidad me puse el vestido que me envió mamá y me arreglé con especial esmero. Neville me esperaba al pie de la escalera. El Gran Comedor estaba irreconocible. En el lugar de las cuatro mesas de cada casa, había pequeñas mesas redondas. Todo estaba decorado magníficamente. Parecía otro lugar.

Los cuatro campeones con sus parejas empezaron a bailar la lenta melodía. Me fijé en Harry. Era muy torpe bailando, y parecía nervioso. Pero me quejé más de mi propia pareja. Neville no paraba de pisarme los pies. Hacia movimientos torpes y lentos. No podía seguirle en sus movimientos. Poco a poco, fue acostumbrándose al baile y no lo hacía del todo mal.

La canción terminó y Neville quería sentarse para descansar. Nos sentamos en una mesa cercana a la puerta principal. Unos momentos después, cuando estaba hablando con Neville, Hermione y Viktor; una mano se posó en mi hombro suavemente. Me giré y vi a Michael sonriéndome.

- Hola- saludó a todos- ¿Te apetecería dar un paseo conmigo?

- No- le respondí con sutileza- No, lo siento. Pero estoy con Neville.

- Espera- dijo Neville- No me importa. De verdad. Ve con él. Yo estaré aquí. No creo que vaya a bailar otra vez- decía mientras echaba un pequeño vistazo a sus doloridos pies.

- Bueno, entonces…adiós- les dije a los demás y salí a los jardines con Michael. Me llevaba tímidamente de la mano. Nos alejemos del bullicio del baile y nos internemos en la oscuridad de la noche.

- No sabía que ibas a venir al baile- dijo iniciando alguna conversación- De haberlo sabido, te hubiera invitado a venir conmigo.

- En realidad a los de tercero no se nos permitía venir, a no ser que nos invitaran alumnos mayores.

- Si, por eso lo dije. ¿Sabes que?- preguntó mirándome- Por un momento, me planteé venir contigo. Incluso le pregunté a tu amiga.

- ¿A Luna?

- Si, a ella. Pero me dijo que no tenías intenciones de venir. Entonces lo descarté.

- No pensé en venir, eso es verdad. Pero luego Neville me lo pidió y yo no iba a decirle que no.

Se detuvo y me soltó la mano. Con unos pasos se colocó delante de mí. Me sentí rara. Nunca había estado en esta situación. Pero no bajé la mirada.

- Y…si te lo hubiera pedido yo, ¿habrías dicho que sí?

- La verdad es que te hubiera dicho que no- él dejó de sonreír al oírme y se dio media vuelta- Y no te molestes, pero es la verdad. Yo no te conozco de nada. Quizás si nos hubiéramos conocido antes pues…

- Ahora, ya nos conocemos- musitó suavemente sin mirarme. Contemplaba el carruaje de Beauxbattons con mucho interés.

- Pues cuando se celebre otro baile ya sabes a quien tienes que invitar.

Se giró y me miró sonriendo. Aún se escuchaba la música de las brujas de Macbeth, y los gritos de los chicos que bailaban con sus parejas. Miré a mi alrededor y me pareció ver a lo lejos a Harry y a Ron. No estaba segura, pero la silueta de la túnica de Ron era bastante evidente.

- ¿Me escuchas?

- ¿Qué?- lo miré rápidamente. Estaba tan concentrada en ver lo que pasaba que me olvidé de Michael- Lo siento mucho, ¿que decías?

- Nada, no importa. Te decía que si quieres venir a bailar.

- Si, vamos.

Al entrar al vestíbulo, vi a Hermione que le gritaba a Ron y a Harry. Más al primero. Estos se fueron escaleras arriba y Hermione quedó sola. Pude ver su rostro. Luchaba por no llorar, pero al final no resultó. Me disculpé de Michael.

- Pero que sepas que aún me debes un baile- dijo antes de irse.

Me acerqué a Hermione y la abracé. Ella seguía llorando incapaz de decir algo. Cuando se calmó un poco puedo explicármelo.

- Olvídalo ya, Hermione. Es un idiota.

- Es que no entiendo por que se enfada tanto por algo así. Si tanto le molesta que haya venido con Víktor…- decía Hermione entrecortadamente pasándose un pañuelo por los ojos húmedos.

- Pues si tanto le molesta que se aguante, ¿eh? Si no se ha dado cuenta hasta ahora… tú no tienes la culpa.

-¿De qué no se ha dado cuenta?- preguntó Hermione sin entender.

- Parece que tú tampoco estás muy puesta en eso. Está clarísimo lo de Ron. A ver, ¿Por qué crees que se ha molestado tanto contigo? Que yo sepa, no ha ido por el castillo interesándose por las parejas de las demás chicas. Solo con la tuya.

- No, no tienes razón. No puedes estar insinuando que…- Hermione se calló pero sabía perfectamente que ella había llegado a la misma conclusión que yo- Eso no va a pasar nunca, y menos con ese imbécil.

- Algún día.