Monsters – Timeflies ft. Katie Sky
Hinata
Quiera o no, cada frase dicha por sus hermosos labios lo cambió todo. Absolutamente todo. Cada pensamiento que tuve durante todos estos años en donde escondí mi amor por él detrás del odio y resentimiento que me provocó su partida. Por eso decidí mandar a la mierda todo. El dolor, la tristeza, la soledad... a cambio de sus labios y su cálido contacto. Nos besamos con alevosía, diciéndonos por medio de nuestros labios lo mucho que nos extrañamos en todo este tiempo porque no lo puedo ni lo voy a negar... Lo extrañaba tanto, sus ojos, su sonrisa, su boca, su temple.
Este hombre que me hace el amor con su boca es el amor de mi vida y eso nunca cambiará por más tiempo y distancia que interpongan entre nosotros.
Solté un gemido sobre su boca cuando sentí sus dedos dentro de mí, excitándome a niveles jamás experimentados desde aquellos meses que compartimos juntos. Los míos, desesperados, tiran de la cinturilla de sus pantalones buscando sentirlo caliente y duro contra mi mano, pero él no me lo permite. Me carga sobre su hombro y repentinamente me encuentro de frente con la espalda más magnifica del mundo. Da unos cuantos pasos en dirección a la sala y me lanza, mi espalda rebota con el sofá e inmediatamente lo siento sobre mí tirando de su camiseta con tanta fuerza que hasta sentí las costuras rasgarse.
―Solo Dios sabe cuanto extrañaba esto ―susurra antes de devorar mi boca con la suya. Pienso lo mismo mientras deslizo mis dedos por toda su espalda maravillándome con la sensación de su piel humedeciéndose y erizándose, el efecto de mis caricias en su cuerpo continúa allí y me siento tan bien que por un momento creo ver las estrellas.
Siento como muerde mi barbilla para luego deslizar su lengua por mi cuello, estiro mi cabeza hacia atrás y aprieto mis parpados gimiendo por la sensación húmeda de su saliva en mi piel. Grito cuando succiona de mi pecho justo por encima de mi pezón y muerdo mi labio cuando lo chupa dentro de su boca, meciéndolo con su lengua y luego succionándolo con devoción. Mi espalda se arquea cuando se mete entre mis piernas sacándose los pantalones a punta de tirones desesperados, gimo cuando sus manos se colocan una a cada lado de mi cabeza y me quejo de satisfacción cuando la cabeza húmeda y resbaladiza de su pene se frota contra mi entrada.
Una duda que no deja de dar vueltas en mi cabeza me invade nuevamente y sin querer posponerlo más deslizo mis manos por su abdomen hasta tomarlo con firmeza.
Su gemido es mi respuesta.
― ¿No te has acostado con nadie después de mí? ―pregunto con cautela, mi corazón se acelera por el miedo, pero necesito que me responda.
―N-No ―responde con dificultad, mordiéndose los labios. Yo hago lo mismo y me deleito con su gruñido cuando lo froto con mis palmas.
― ¿Sigues siendo mío? ―Mis ojos están fijos en sus mejillas sonrosadas y las muecas excitadas que contorsionan su rostro.
―Siempre tuyo, lo prometí hace mucho tiempo ―gruñe antes de tomarme por el interior de las rodillas y empujar mis piernas hacia atrás, hasta que están sobre mis hombros y abrirme completa a su disposición.
Chillo de placer cuando se entierra de golpe dentro de mí y bombea con todas sus fuerzas llenando el espacio de su apartamento con nuestros gemidos, jadeos, gruñidos y quejidos entre cortados. Me clavo las uñas en mis propios muslos cuando lo siento acelerar y golpear con más fuerza en ese punto dulce que me vuelve loca. Ha perdido el control y estoy tan fascinada por la pasión desmedida de sus movimientos que mi cuerpo le responde humedeciéndose más. Me corro casi enseguida y siento como la humedad lo salpica incluso a él, la espiral de placer en la que estoy envuelta me catapulta hasta el séptimo cielo y el vacío vertiginoso de la caída me devuelve al momento desenfrenado que estamos viviendo.
Naruto entierra sus dedos en mi piel sin miramientos clavando su mirada en la unión de nuestros cuerpos. Gime, echa su cabeza hacia atrás cuando la mejor sensación del mundo lo invade a él también y me maravillo con su expresión de gozo cuando un orgasmo lo atraviesa. Nunca me la perdía por nada del mundo y esta no es la excepción.
Mis ojos se llenan de lagrimas reconociendo, otra vez, lo mucho que extrañaba sentirlo, lo mucho que lo necesitaba y lo errado de esa afirmación. La bruma del placer se disipa en nuestras respiraciones agitadas y las dudas vuelven como diminutas hormigas que pican y muerden por todas partes. ¿Qué pasaría si se va otra vez? ¿Si vuelve a dejarme?
Casi muero la primera vez, no podría con una segunda.
Subo mis manos por sus hombros sudorosos y tomo sus mejillas, acariciando con mis pulgares esa piel trigueña que siempre me volvió demente y sonrío jadeante cuando esos maravillosos faroles azules se clavan en mí con la misma intensidad de siempre. Eso es lo que siempre me fascinó de sus ojos sobre mí. Nunca vi antes a un hombre mirar a una mujer de la forma en la que él me mira, como si fuera su todo, como si no existiera nadie más que yo.
―No debería hacerlo, no debería sentirme así cuando estoy contigo, no debería siquiera estar aquí ―sollozo dejando salir de mis labios esa verdad que se atasca en mi garganta. Él recuesta todo su cuerpo sobre mí y siento la gloria cuando su pecho cubre los míos.
―Somos miserables el uno sin el otro ―asegura―. Tienes que aceptarlo.
Niego con la cabeza porque sí. Lo amo y él puede amarme tanto como lo afirma, puedo creerle también, pero ¿Podré dormirme a su lado sin aterrarme de que al día siguiente ni él ni sus cosas desaparecerán?
No, no lo creo.
Pero de igual forma estoy segura que tampoco podre irme yo, porque mis sentimientos por él son más fuertes que mi voluntad y porque no hay ningún lugar en el mundo que prefiera más que estar en sus brazos. ¿Alguien puede decirme lo jodidamente patética que me hace esta realidad?
― ¿Porqué te da miedo decir lo que sientes? ―Me cuestiona, casi suplicando―. ¿Porqué lo ocultas? ¿Porqué no lo intentas? ¿Porqué no te arriesgas? Pasaron seis años y todavía nos amamos. Sé que tienes miedo y lo comprendo, pero necesito que me des una oportunidad para demostrarte que ya no soy aquel chico, ahora soy un hombre que te ama con locura, que te protegerá y que nunca te dejará. Solo déjame demostrártelo.
Sí, sé que dice la verdad, que no fue su culpa lo sucedido hace seis años. ¿Pero podré yo superar todo el dolor, la desolación, las heridas ocasionadas? Pasé años preguntándome entre lagrimas qué hice para que me dejara de la forma en que lo hizo. «Nunca fuiste suficiente» fue la respuesta que siempre me daba esa perra voz en mi interior y solo Dios sabe cuánto me dolió pensar en esa posibilidad.
―Tengo miedo ―sollozo―, de que me vuelvas a romper, de que vuelvas a dejarme, de que me ilusiones y te acuestes conmigo una noche para desaparecer al día siguiente. Tengo miedo de ti y de que todas esas palabras hermosas que dices solo sean perfectas mentiras.
―No te arrepentirás porque cada vez que despiertes, estaré abrazándote desde atrás ¿No fue así hoy cuando intentaste hacerme lo mismo que te hice yo a ti? Te amo, siempre lo hice, solo que ahora soy un hombre dispuesto a luchar por lo que ama, por ti y por Boruto. Sé, también que estás rota, que te hice mucho daño, pero quiero pasar cada minuto de mi vida reparándote, demostrándote y apreciándote como lo que de verdad eres; el amor de mi vida. Solo por favor, dame una oportunidad.
―No lo sé... yo... no sé si pueda volver a confiar en ti. Tú no eres el mismo, yo tampoco soy la misma y sin confianza ¿A dónde vamos a llegar? ―pregunto con lagrimas anegándose en mis ojos.
―Hemos sido miserables el uno sin el otro ¿me equivoco? ―Guardo silencio porque es algo que no puedo negar. He sido miserable sin él durante todo este tiempo, no me alejaba de la acera por miedo a que volvieran a hacerme daño, no permití a nadie acercarse por miedo a que me hicieran daño―. ¿Podremos seguir viviendo así, Hinata? Yo no, soporté seis años, ya no puedo más. ¿Crees que nadie puede salvarte? Mentira, yo soy el único que puede salvarte y lo sabes. Estamos destinados y sé que sabes eso también. Ambos iluminamos el sendero oscuro del otro.
―No soy la misma ¿Qué sucederá cuando te des cuenta de eso? ―Aparto mi mirada permitiendo que un par de lágrimas escapen de las cuencas de mis ojos. Siento sus manos tomar los costados de mi cabeza y girarme hasta que su frente está sobre la mía.
―Eres la misma chica de la que me enamoré, solo que ahora es más reacia a aceptar sus sentimientos.
Besos fueron desperdigados aquí y allá por todo mi cuello y mi cuerpo sin querer se arquea. Un sentimiento frío se instala en mi pecho ante el simple pensamiento que me ordena levantarme e irme lejos de él. Sé que tengo que dejarlo correr, dejar esos amargos recuerdos en el pasado, pero ¿cómo hacerlo cuando fue mi realidad durante tanto tiempo? ¿Cómo olvidar que durante mucho tiempo creí que me había dejado por gusto? Sus ojos fascinantemente azules me miran tan intensamente que sin querer olvido la lucha constante entre la razón y el amor. Detallo cada relieve de su rostro, su cabello rubio resplandece con la luz del sol, a pesar de ser tan corto en comparación a como solía lucirlo. Su hermosa boca está hinchada y rosada y sus pulgares acarician suavemente la piel de mis mejillas. ¿De verdad podré algún día volver confiar en él?
―Pronto te darás cuenta que no me iré, Hina. Ya lo verás... ya verás que seré quien te sostendrá y te acompañará en vela cuando tengas miedo de dormir. Sé que no me crees, lo tengo claro, sé que piensas que no volverás a ser la misma y que ya no tenemos solución, pero te juro que voy a demostrarte lo contrario. Hace muchísimo tiempo no vivía, no era feliz, estaba solo y creí que nadie me salvaría, pero entonces apareciste con esos preciosos ojos iluminándolo todo y ¿adivina qué? Me salvaste cuando lo creí todo tan perdido. Lo hiciste sin pensártelo y luchaste por lo nuestro cuando fui tan terco, tan necio. Esta vez es mi turno, amor, esta vez yo te salvaré a ti, yo lucharé por lo nuestro. Incluso si decides levantarte e irte en este momento, jamás te dejaré ir porque mi lugar está contigo y el tuyo conmigo.
Estoy llorando, sus palabras... me han llegado hasta lo más profundo. Por eso decidí enterrar bien hondo todos mis miedos y dudas. Él me reparará, él aliviará todo el dolor y espantará lejos todo el miedo. Lo amo, es el amor de mi vida y nunca esa verdad significó tanto como en estos momentos. Le creo porque lo dijo todo con convicción, le creo porque el amor que siente por mí se refleja en sus maravillosos ojos.
Subo mis manos por sus hombros hasta cruzarlas en su nuca y lo atraigo lo más cerca posible de mí. Lo necesito.
―Naruto... te amo ―confieso por fin, porque no podía seguir negando mis sentimientos.
―Yo también te amo, Hina, te amo como nunca un hombre amará jamás a una mujer ―susurra antes de cubrir mi boca con la suya tan hermosa, tan suave y tan dulce.
Me abraza y yo hago lo mismo gimiendo cuando desliza sus manos por mi piel húmeda y bañada en su esencia. Mi corazón explota de alegría dentro de mi pecho y lloro otra vez, solo que esta vez es de felicidad y esperanza. Abrazo su cadera con mis piernas cuando me toma de la cintura y se pone de pie, llevándome por el pasillo, pero entrando en una puerta diferente. No abrí los ojos en ningún momento incapaz de dejar de sentir sus labios, su lengua húmeda y resbaladiza.
Una puerta es deslizada y el contraste frío de la puerta del baño con mi piel caliente hace que me arquee. El chorro de agua cae justo sobre nosotros, pero no apartamos nuestras bocas lejos en ningún momento. Dejo caer mi cabeza hacia atrás, en un grito ahogado cuando baja por mi cuello, clavículas y succiona mis pechos en dirección a mi abdomen. Me siento un poco incómoda porque por fin verá mis cicatrices y cuando se detiene justo en mi vientre sé que ya las vio. Muerdo mi labio cuando siento su dedo índice trazar la pequeña línea por donde Boruto salió antes de besarla con una infinita ternura que derritió hasta mi cerebro.
―Eres una guerrera, mi leona ―musita antes de enterrar su boca justo en mi entrepierna. Me aferro su cabello tratando de no retorcerme como una loca por su lengua succionando con dientes y todo en el lugar donde tanto lo anhelo.
Sus manos presionan mi cadera con fuerza contra el azulejo evitando así que me arquee desesperada. Bajo mi mirada a sus ojos brillantemente oscuros y gimo adolorida ante la visión de sus labios moviéndose arriba y abajo por todo mi sexo. Sensaciones que creí que jamás volvería a experimentar están electrocutando cada poro de mi cuerpo. El clímax acelera dentro de mi vientre y de repente me encuentro chillando mientras Naruto toma todo de mí.
Su lengua se encuentra con la mía y percibir mi propio sabor solo me excita más, lo empujo hasta salir de la ducha y lo siento en el váter sin importarme el desastre que estamos ocasionado. Me siento a horcajadas y gemimos al mismo tiempo cuando lo entierro dentro de mí. Inicio el movimiento ondulante de mi cintura provocando que gruña y gima como jamás le escuché antes. Se ve tan excitado y fuera de sí que sí, le creo el hecho de que no ha tocado a nadie después de mí.
Me toma de la cadera y me levanta, dejándome caer provocando ese sonido pervertido que eriza mis poros. Lo quiere duro, así que lo complazco. Doy saltitos sobre su miembro mientras él baja sus manos por toda mi espalda hasta apretar mi trasero y gemir en mi oído. Siento que en cualquier momento moriré quemada y sé que con gusto lo haría. No me importa nada mientras él esté ahí sosteniéndome.
― ¡Oh, sí! ―gruñe él sobre mi boca cuando pego todo mi torso contra el suyo y muevo las caderas de arriba hacia abajo sin parar. Sus dedos bajan a la unión de nuestros cuerpos y muerdo su labio cuando nos acaricia―. Estás tan mojada que me derrito.
Gimo su nombre porque extrañaba sus frases calientes y pervertidas.
Me dejo ir cuando ese caleidoscopio vuelve a retorcer y estirar la cuerda tensa en la que ambos nos convertimos y dichosamente Naruto me acompaña en el sublime del placer. Jadeando me desplomo encima suyo sintiendo como todo da vueltas a mi alrededor y me acurruco contra él cuando aparta los mechones húmedos atrás de mi oreja besando mi frente.
―Te amo ―dice una y otra vez―. No volveré irme, nunca.
―Yo tampoco quiero que lo hagas...
Se pone de pie y me lleva devuelta a su habitación, nos mete a ambos y nos envuelve con las cobijas.
―Este es mi lugar, contigo, amor ―susurra y sonrío antes de volver a dormirme envuelta en todo él.
Sí, este también es mi lugar.
― ¿Todo bien? ―Me acurruco más en ese calor y aroma embriagante tratando de evitar que el sueño se escape, mis tripas gruñen y sé que ya no puedo dormir más. Abro los ojos y lo primero que veo es esa espalda masculina y sexy frente a mí. Me coloco boca arriba y detallo las líneas marcadas de sus músculos duros. Señor bendito, si antes despertaba la envidia de todas las chicas de la universidad esta vez seré enemiga publica de la población femenina por semejante pedazo de hombre. No puedo creer lo caliente que está.
―Perfecto ―dice al teléfono―. Iremos a buscarlo más tarde.
Pongo especial atención a su conversación pues sé que está hablando de mi hijo. Parece que siente mi mirada porque mira hacia atrás y sonríe cuando me nota despierta.
―Sí, yo también quiero tomarme tiempo a solas con ella, pero ya extraño a mi niño ―Sus palabras me derriten el cerebro. Si antes dudaba de que ama a mi hijo, acaba de despejar todas esas dudas lejos, muy muy lejos―. Nos vemos, Sakura.
Cuelga y gira su torso cincelado completamente hacia mí, estira su brazo y pasa toda su gran palma por mis pechos desnudos, mis pulmones se expanden por el placer que me provoca esa simple caricia.
― ¿Tienes hambre, amor? ―Amo tanto que me diga amor que sé que estoy sonriendo como una estúpida.
Asiento.
― ¿Cómo está Bolt? ―pregunto mientras él dibuja un circulo alrededor de mi pezón.
―Perfectamente, haciendo desastres junto a Sarada ―Besa mi pecho, luego el otro, pasa a mi cuello y finaliza en mis labios. Noto entonces que lleva vaqueros.
― ¿Saliste?
―Fui a comprarte algo de ropa y traer algo de comer ―Crea una línea imaginaria de besos desde mi clavícula hasta el inicio de mi vientre―. Ni loco dejaré que salgas de aquí con ese maldito vestido y sin bragas ―Mete la mano entre sus sabanas y me toma del sexo. Suelto un gemido quedito―. Todo esto es mío.
Reconocer esa posesividad me llena el pecho de formas que no puedo explicar.
Toma mi mano y tira de mí hasta sentarme sobre su pierna, corre un mechón atrás del lóbulo de mi oreja y suspiro cuando un olor totalmente tentador llega a mi nariz.
― ¿Es lo que pienso que es? ―inquiero disfrutando de sus atenciones y mimos.
― ¿Crees que lo olvidaría? ―contesta estirando su brazo hacia su buró alcanzando un recipiente de comida para llevar y colocándolo sobre mis piernas desnudas. Toda incomodidad y pudor ha desaparecido para darle la bienvenida a la vieja Hinata que siempre anduvo por nuestro apartamento desnuda o en ropa interior y no niego que la sensación me encanta.
Abro la caja y gimo de satisfacción cuando veo unos waffles recién hechos acompañados con fresas, plátanos, crema chantillí y chocolate derretido. Mis dientes muerden mi labio inferior porque es cierto, no olvidó cuanto los amaba. Cuando vivíamos juntos a veces desaparecía antes de que despertara para sorprenderme con unos waffles como desayuno. Era un lujo que no podía darse, pero siempre se sacrificaba para complacerme.
Mis brazos abrazan su nuca y beso sus labios en repetidas ocasiones.
―Vaya, de haber sabido que esta sería tu reacción te habría traído unos desde un principio ―bromea sonriendo con los ojos cerrados, disfrutando de mis besos.
―Gracias, Naruto, de verdad.
―No agradezcas por querer mimarte amor.
―Te amo ―Beso por última vez sus labios y ataco mi delicioso desayuno, o casi cena mejor dicho mientras él me admira con ojos brillantes. Después de tanto tiempo sintiéndome sola y vacía, por fin siento que me ha tocado la hora de ser feliz.
No somos perfectos, nunca lo seremos, pero de algo sí estoy segura: existen las mitades imperfectas que juntas son hermosamente perfectas. Nosotros somos la prueba de ello.
¿Qué tal? Siento que es lógico que ella todavía dude, fueron muchos años creyendo una mentira, pero para eso está nuestro rubio amor, para volver a hacer que ella confíe en él. Puedo decir que vamos por la mitad de la historia y me siento muy emocionada por todo lo que estoy logrando. Al menos ya aprendí que primero debo terminar mis deberes de la universidad antes de ponerme a escribir capítulos.
Gracias por seguir aquí, por sus votos y comentarios. Nos leemos!
