Capítulo XIII

"De muchachos y brujas"


Amu POV

En el momento en que el reloj marcó las once, el local se fue vaciando de a poco y finalmente quedamos solo Amatis y yo.

—Ha sido un día agotador—se estiró la mujer y yo simplemente asentí, subiendo las sillas sobre la mesa luego de haberlas limpiado. En todas las que llevaba así, ninguna tenía propina y me encogí de hombros. Después de todo tenía un buen sueldo… aunque, no era el hecho del dinero… si no de saber que no les agradaba de nada. Suspiré — ¿Qué sucede niña? —Me preguntó

—Oh, nada. Tonterías mías—sonreí siguiendo con mi labor.

—Estos tipos son unos antipáticos tacaños—habló con reproche—de todas las mesas que has recogido, ninguna tenía dinero. Y son solo de pesados porque les tratas bien a pesar de sus malos modales. Yo que tú ya les hubiera dado un buen golpe—reí de la ocurrencia de la mujer

—Usted puede hacerlo porque pertenece aquí—me encogí de hombros—además, no importa— subí las sillas

—Oh, si que importa. Hablaré con Tsukasa y haré que hable con ellos—entré en pánico—no puede ser que te traten así. Eres una buena muchacha—comenzó a andar

— ¡No! Espere, no es necesario, de veras. Por favor no quiero causar molestias. Así está bien, de verdad—supliqué y ella frunció el ceño

—Ash, de acuerdo— se rindió después de un tiempo y solté todo el aire contenido—pero cualquier problema que tengas me avisas y les doy una buena golpiza—comentó con voz seria y yo solo sonreí aún un poco nerviosa.

Finalmente, cuando Tsukasa salió de su oficina y me vio todavía trabajando, me mandó de vuelta a casa. Me limité a obedecer y en media hora más o menos me encontré estacionando fuera de mi hogar.

Eran cerca de las doce de la noche cuando abrí la puerta y fue tal mi sorpresa al ver el televisor apagado y en cambio la luz de la cocina encendida. Me quité el gorro y lo colgué en el perchero al igual que mi chaqueta. Dejé la mochila en el sofá vacío y las llaves en la mesita de centro.

Y entonces lo vi.

— ¿Papá? —Caminé rápidamente hasta el hombre con la cabeza aplastada contra la mesa y una botella junto a otras vacías. Me sorprendió lo preocupada que me encontraba… por más que lo intentara negar, seguía queriendo igual que el primer día a mi padre, a pesar de todo.

— ¿A-Amu? —Arrastró las palabras y era la primera vez que lo veía en ese estado. Su rostro de pronto me pareció más viejo y cansando de lo que recordaba y se podía apreciar una singular tristeza surcando sus rasgos.

—Sí, soy yo—suspiré. No hacía falta preguntar qué era lo que había pasado. Estaba más que claro. Me acerqué a él y lo hice sentar en su silla.

—Lo…lo s-siento mucho—comenzó a decir, hipando. Me era sumamente triste y difícil verle así. Para mí Tsumugu era sinónimo de fortaleza y frialdad, todo lo contrario al hombre triste y acabado que con esfuerzo lograba ponerse de pie

—Vamos papá, ayúdame—pedí haciendo fuerza para que se parara. Finalmente, con mucha dificultad lo conseguí y él continuaba diciendo 'lo siento mucho' incluso cuando comenzamos a subir la escalera. Jamás había sido tan consciente del peso de mi padre hasta ese minuto, procuraría darle menos grasas.

Gracias al cielo logramos subir ilesos, aunque claro… a mí me dolía el hombro donde se apoyaba y sudaba como desquiciada, haciendo fuerza con mi mano aún convaleciente. Pero solo fui consciente de esto cuando lo dejé sobre su cama.

—De v-verdad… Lo la-lamento… tú nu-nunca tuviste la culpa—masculló mientras le quitaba los zapatos y lo cubría con sus mantas.

—Buenas noches, papá—le di un beso en la frente fruncida y cuando me iba yendo, sostuvo mi muñeca.

—Perdóname hija, por-por favor per-perdóname— suplicó con una profunda nota de melancolía, viéndome directamente a los ojos con un gesto arrepentido. Me hallaba por completo confusa

—Eh… ¿de qué hablas? —Pregunté perdida. Pero él se limitó a repetir lo mismo con hipidos constantes. Suspiré. Él solo estaba borracho y nada más. Ni siquiera se acordaría de esto mañana y creo que era lo mejor—De acuerdo papá, te perdono—sostuve su mano y él sonrió oprimiéndola. Era el primer gesto algo cariñoso que me daba y sentí como tontamente unas lágrimas ridículas se formaban en mis ojos.

Él se quedó dormido casi al instante y al hacerlo liberó mi mano, entonces me retiré a mi habitación.

Sin duda había sido un día de locos y de pensamientos y cosas que en realidad no quería afrontar, por lo que tomando mis cosas de ducha, salí al baño y me forcé a dejar de pensar.

Con suerte alcancé a desenredar mi cabello antes de caer rendida en mi cama. Como me lancé a ella me dormí, amordazando mi ruidosa mente.

-o-

Los días siguientes fueron similares entre si, salvo por dos cosas.

La primera, practicaba todas las tardes andar en patines y me sentía toda una Winner cuando lograba deslizarme sin problemas

Y segundo, por John. Aquel chico era simplemente… perseverante. No le entendía tampoco, ¿Qué le podía llamar la atención de mí para que se pasara todo el tiempo que estuviera en la cafetería hablando conmigo? Sus hermanos le molestaban a menudo pero él los ignoraba olímpicamente, dedicándome todo su tiempo libre y eso comenzaba a incomodarme, puesto que sentía que estaba pensando cosas equivocadas y que pronto se daría cuenta de que yo no valía lo suficiente y se iría. Entonces yo me enojaría y le pegaría, de acuerdo, no. Pero, no quería vivir eso y tampoco quería que él lo hiciera. Puesto que era un chico de lo más tierno y amable, era una verdadera lástima que no pudiera verlo con otros ojos más que los de una hermana… porque aunque sonara tremendamente estúpido y patético… yo solo quería a una persona y esa persona solo me ignoraba.

—Hola Amu—saludó el muchacho la tarde del jueves

—Oh, hola—continué limpiando la mesa, aunque tuve la deferencia de sonreírle al saludar

—A que no adivinas qué haremos hoy—sonrió travieso y lo miré con el ceño fruncido

— ¿Haremos? —Interrogué desconcertada, a lo que él simplemente asintió

—Sip, haremos—suspiré

—Dirás que harás… yo no voy a hacer nada contigo porque tengo que trabajar—le señalé el limpia mesas y el trapo

—No, hoy no—me arrebató los artefactos de limpieza y lo miré mal

—John, esto no es gracioso. Devuélveme eso ahora— alargué mi mano pero él fue más ágil y se apartó antes de que pudiera atraparlo

—Que no. Por Dios que mujer más terca eres—fingió exasperación y coloqué mis manos en la cadera

—Tengo que trabajar, por favor—soné más molesta que entretenida y así era

—Amu, ya he hablado con Tsukasa y dijo que no había problema en que salieras conmigo hoy—escondió las cosas tras su espalda y lo miré con los ojos como platos

— ¿Perdona? John, mira… me caes bien y todo el rollo, pero no voy a salir contigo—aclaré firmemente

— ¿Me harás el desaire en este día tan importante? —Hizo un puchero y fruncí el ceño

— ¿Día importante? ¿De qué hablas? — Dejé que mi lado curioso ganara.

—Si, es muy importante para los Nativos. Es el día de agradecer a la naturaleza por todo lo que nos otorga—asintió con energía y yo me quedé pensando—es muy importante para mí, digo para todos los Nativos y yo te estoy invitando a que formes parte… no puedes negarte—continuó y yo dudé

—Pero…—él negó

—Amu, trabajas demasiado y necesitas despejarte un poco ¿No crees? —Apuntó

—No lo sé…—vacilé mordiéndome el labio inferior

—Venga, vamos Amu. No pasará nada malo y debes formar parte de esto, por favor—hizo un gracioso puchero

—Iré si dejas de hacer ese puchero—reí un poco y sus ojos brillaron entusiasmados.

—Vale—sonrió ampliamente— Ve a cambiarte, yo te espero afuera—señaló a sus espaldas y yo asentí caminando con dirección a mi casillero. Me quité el delantal, peiné un poco mi cabello y luego de echarme la mochila al hombro salí a mi encuentro con John. — ¿Lista? —preguntó

—Lista—asentí con una sonrisa. Después de todo nada podría ir mal, ¿verdad?

-o-

—John… esto no parece un ritual ni nada parecido—comenté al irnos acercando a la orilla del lago. Había una gran fogata y música… además de muchos adolescentes conversando animadamente.

—Eh…—lo miré con ojos entrecerrados

—Así que la lograste traer ¿eh? —Codeó uno de sus hermanos, interrumpiendo lo que fuera que iba a decir el acusado. Arqueé una ceja

—Te felicito hermanito, creí que nos mentías y no la traerías a la fiesta—dijo Lucas. Mis labios se entreabrieron sin permiso. Ellos me miraron y crucé los brazos sobre el pecho y me limité a esbozar un intento de sonrisa.

—Pásenselo bien—le dieron un golpe en la cabeza al muchacho mucho más pequeño y se alejaron agitando sus manos en dirección de otros nativos. Entonces, agarré el brazo del chico y lo jalé con brusquedad a un roquerio alejado.

—Bien, Amu… yo lo—habló él nerviosamente

— ¿Por qué me trajiste a una fiesta? ¿Por qué me mentiste en primer lugar? — Pregunté tratando de no alzar la voz. Era tan estúpida que hasta un chiquillo de quince años me hacía tonta. Era inaudito.

—De verdad lo siento mucho Amu, pero era el único modo en que vendrías—se excusó pobremente y noté sus mejillas sonrojadas

—No entiendo por qué querías que viniera. Si te das cuenta, no le agrado a ellos, a nadie de esta reserva le caigo bien—argumenté señalando a los jóvenes que bailaban y reían alegremente mientras bailaban a la orilla de la playa.

—A mí me caes bien y…—

—Si te agradara no me mentirías—crucé los brazos sobre el pecho

—Vale… lo siento en serio pero…—miró sus pies que se movían nerviosamente en la arena gris.

— ¿Pero qué?—Interrogué. Parecía avergonzado.

Mantuvo la cara baja por algunos segundos antes de alzarla y mirarme.

—Es que… no sabes lo difícil que es ser el hermano menor de dos donjuanes… se creen con el derecho de tratarme mal y molestarme con las chicas… entonces ellos dijeron que nunca sería capaz de traerte a la fiesta porque no me tomabas en cuenta para nada porque era un bebé—confesó y sus dedos se retorcían una y otra vez. —Y por eso te mentí, no quería burlarme de ti ni nada de eso. En serio me agradas y créeme que ya me di cuenta de que tenías razón, no me gustas ni algo parecido… me caes bien y lamento si te he incomodado—continuó. Mi corazón se ablandó al igual que mi ceño. Yo le entendía perfectamente, claro… solo que yo no tenía hermanos ni tampoco andaba muy pendiente de los chicos – reprimí cualquier comentario sobre eso. – pero en esencia sabía de lo que hablaba.

Bajó la mirada y nos quedamos en silencio un par de minutos. Entonces sonreí y le tomé el brazo.

Me miró con la duda en los inocentes ojos

—Vamos allá y demostrémosles a tus hermanos lo equivocados que estaban—sonrió ampliamente y sin que lo esperara me dio un apretado abrazo

—Muchas gracias Amu, eres la mejor—me dio un beso en la mejilla y yo reí ligeramente, caminando hacia la fogata.

John me presentó a algunos de sus amigos de infancia y ellos fueron muy simpáticos conmigo, me contaron algunas leyendas locales y me dieron a probar de sus bebidas. Además, el muchacho estuvo todo el rato a mi lado y se comportó igual que un amigo de toda la vida. Me sentí acompañada y mucho mejor que cualquier momento de estos meses sin Ikuto, inclusive logré olvidarme de él y de mi padre.

Todo hubiera sido perfecto si es que no hubiese habido miraditas insinuantes entre John y yo por parte de otras personas. Sin embargo me sentí tan cómoda que al final de la noche fue un simple detalle.

—Debo reconocer que me lo he pasado muy bien, gracias por invitarme—le agradecí a John de camino a la cafetería. Debía ir por mi camioneta, manejar a casa y ya era bastante tarde y tenía clases.

—Yo te debo un montón a ti por acompañarme. Mis hermanos no podrán molestarme más—sonrió radiantemente y asentí

—Me alegra haberte podido ayudar—acomodé un poco mi cabello

—Eres una persona genial—comentó

—Ajá—coincidí sin mucha convicción

—Y con respecto a lo de que agradecemos a la naturaleza por todo lo que nos otorga, es cierto… solo que no se celebra en junio—contó y sentí como si se me escapara algo referente a este mes.

— ¿Todavía lo haces? —Pregunté interesada y asintió

—Si, desde pequeños Tsukasa, Amatis y mi papá Larry, nos han enseñado las tradiciones Nativas… también sé hablar nuestro idioma, pero es solo porque ellos nos las han traspasado… es la única forma de que se siga manteniendo y no se extinga—relató y yo estaba atenta a todo lo que me contaba

—Y así tú tendrás que enseñárselo a tus hijos y ellos a los suyos—asintió nuevamente

—Exacto. Y la verdad, me gusta la idea… de ese modo no desapareceremos para siempre como otras tribus con la llegada de los europeos, y nuestra lengua se mantendrá viva al igual que nuestro legado—sin duda la sabiduría no tenía edad, para mí las palabras de John habían sido sumamente inteligentes y con clara nota de orgullo de ser nativo… en eso nos diferenciamos de ellos, siempre tratamos de ocultar lo que somos para encajar y agradar.

En medio de mis cavilaciones, llegamos al lugar y él se apoyó contra mi coche.

—Me gusta pasar tiempo contigo, lástima que me tenga que ir el domingo—se lamentó — ¿Vendrás?—Preguntó esperanzado

—Claro, tengo que despedirme de alguien—sonreí y él me acompañó, luciendo contento. Abrí la puerta del piloto y lancé mi bolso al asiento contiguo. —Bueno… me tengo que ir, ya es tarde. Repito que te agradezco mucho el que me hayas invitado. Me lo pasé mejor de lo que creí—asintió

—Yo también. Además le cerré la bocaza a los idiotas de mis hermanos—rió—nos veremos mañana. Cuídate Amu— asentí metiéndome dentro del auto.

—Adiós—fue lo último que dije antes de encender el motor y salir a la carretera principal.

Al llegar comí algo y me fui a la cama. Tsumugu ya estaba en su alcoba.

Desde aquel extraño día, había estado más esquivo y no hablábamos para nada. Cuando llegaba solo me daba una mirada para luego volverla a la televisión, yo simplemente me limité a aceptarlo y resignarme, después de todo no podía hacer nada para que se interesara un poco más en mí y la verdad no me encontraba segura que lo hiciera.

Mientras estaba acostada, comencé a tratar de recordar que era lo que sucedía en Junio y cuando me hallaba más dormida que despierta lo recordé. ¡El domingo era 20 de junio! El cumpleaños de Ikuto. Ash… no sabía qué hacer… no sabía si ignorarlo totalmente o si darle un presente… ¿una llamada anónima?… no tenía ni idea. Rodé en la cama mordiendo mi labio inferior y decidí que dormiría y mañana lo conversaría con Rima, de seguro ella me daría un consejo. Con esa idea en mente, me entregué a los brazos de Morfeo.

-o-

—Deberías ignorarlo—contestó masticando su papa frita. —Él te ignora y tú deberías hacer lo mismo… o bueno, si es que quieres darle algo obséquiale una patada en el culo. Puedes ponerte una linda rosita en la punta del pie y se la encajas—me quité los anteojos y los dejé sobre la mesa para restregarlos y mirarla mal—Nada más digo—se encogió de hombros

—No sé que quiero y ese es el problema—suspiré y me observó por unos segundos

—Tú le quieres dar algo—asintió señalándome con una patata—si, porque de lo contrario simplemente lo ignorarías y no te importaría—reflexioné en sus palabras

—Ash…. Creo que tienes razón—me quejé escondiendo la cabeza entre mis brazos— ¿Es muy patético? —Consulté

—Pues si—contestó

—Qué amabilidad—ironicé

—Se llama sinceridad querida Amu, y es muy importante para que lo sepas—defendió e hice un gesto con la mano antes de ponerme nuevamente los anteojos.

Nos quedamos unos minutos en silencio

—Amu—llamó y alcé la mirada rápidamente

—Dime—

—Bueno, ¿recuerdas que te dije que estaba organizando algo? —Asentí —Ya… tú también formas parte de eso—fruncí el ceño

— ¿De qué hablas? —Interrogué con recelo. Su sonrisa tranquilizadora no lo era para nada.

—Sí… que eres parte, al igual que Cam. ¿Recuerdas que yo antes era…?—

—Ve al punto Rima—pedí sin paciencia y se encogió de hombros

—Vale, como quieras, solo trataba de suavizarlo—alzó una mano para callarme—para las vacaciones de primavera habrá un concurso de talentos y el premio será dinero, bastante si puedo agregar. El punto es que he organizado con algunas de las animadoras que Saya echó un baile y…—

— ¿Y dónde entro yo? —Me miró y poco a poco comencé a entenderlo— Oh…no—

—Amu, piensa en los beneficios y…—

—No… tú ya te volviste loca, no—negué con la cabeza repetidamente

—Amu, para, deja de cacarear un rato—reprendió y terminé mi ataque de histeria para mirarla con los ojos abiertos—Escúchame. Primero, ya sé que no sabes bailar y sé que te da vergüenza y todo ese rollo, pero te vamos a enseñar con calma y lo aprenderás sin ningún problema, y sé también que debajo de esa ropa hay un bonito cuerpo y más bonito ha de estar por los patines ¿Me equivoco? —negué con la cabeza, analizando sus palabras— y segundo, usaremos un antifaz, nadie sabrá quién eres hasta que nos nombren ganadoras y nos den el dinero. Es simple, fácil y limpio y saldrá excelente—finalizó cruzando los brazos sobre el pecho y reclinándose en la silla con una mueca de campeona.

Tardé solo unos minutos en negar con la cabeza y fruncir el ceño

—No. Y no, no voy a hacer ese ridículo por nada del mundo ni siquiera por dinero. —Me negué en redondo y esperé a que tratara de convencerme nuevamente, pero eso no sucedió.

—Bien, no quería recurrir a esto y probablemente tú y Kukai me odiarán pero lo haré de todos modos—se inclinó en la mesa y la contemplé con cautela— ¿Te acuerdas de los anteojos? ¿Y de que dijiste que nos pagarías? Bien, esta es la forma en que lo harás. — La miré con la boca abierta… ¡Ella era una maldita bruja!


Fin del capitulo espero que les este entusiasmando las historia tanto como a mi XD

¡no olviden dejarme comentarios!

besos!