CAPÍTULO 13
OTRO NIÑO ELEGIDO
- ¡Eres tonto, Tai! – Hikari se marchó de la habitación cerrando con un portazo.
Tai suspiró, agotado. Llevaba por lo menos un cuarto de hora discutiendo con ella, ¿y para qué? ¿Para qué se enfadase? Si no tenía razón no tenía razón. ¿Tanto le costaba entender lo que le decía?
- Vamos, Tai, no creo que pase nada porque venga con nosotros.
- Acaba de salir del hospital, ¿no lo dirás en serio?
- Estamos tú y yo para cuidar de ella, ¿no?
- ¡Es muy peligroso! ¡¿Voy a tener que discutir contigo también?
- Ey, ey, cálamte, ¿quieres? Mira, a mi tampoco me hace gracia llevarla, pero si quiere no somos nadie para impedírselo.
- Sus hermanos, ¿te parece poco?
- ¿Pues no te la llevaste la anterior vez al mundo digital sabiendo que estuvo enferma no hacía mucho? ¿Dónde está la diferencia ahora?
Le iba a protestar sobre lo que acababa de decir, pero tuvo que callar, ya que esa vez, fue toda una imprudencia por su parte, pues Hikari empeoró y tuvieron que ir corriendo a un hospital. Había dicho una verdad bien clara, pero le dolía que clavase el dedo en la yaga.
- No te lo digo para mal, pero Tai, voy a estar con ella. No dejaré que le pase nada.
- ¿Y quién cuidará de ti?
- Me las puedo apañar solo. Total, solo vamos a ver a ese amigo vuestro, ¿no?
- Si, ¿y qué paso la última vez?
- Bueno, pues con vigilarla bien no tiene porque repetirse, ¿no crees?
Se dio por vencido. Si Hikari era cabeza, Tai lo era cinco veces más. Viendo que la conversación no iba a ningún lado se tiró en su cama.
- Haz lo que quieras.
- Eso haré – sonrió, porque pensaba llevar a Hikari pasará lo que pasará.
Salió de la habitación en su busca. Seguramente habría ido a su habitación. Como Tai, no estaba de acuerdo con llevarla con ellos, pues ya sabía que iban a situación de peligro. Tal y como había dicho esa mujer, el mensaje de que acudieran a un lugar en concreto había sido enviado, y los niños elegidos habían caído en la trampa.
Si de él dependiera, no dejaría a sus hermanos ir. A Hikari igual podría convencerla con algo más de facilidad, pero, ¿y a Tai? Ese sería un hueso más duro de roer. Esperaba que no fuera con intenciones de matarlos a todos y cumpliera su promesa de no hacerles daño, porque si no iba a acordarse de él toda su existencia digital.
Como esperaba, la pequeña estaba en su habitación, tirada sobre la cama. Como solo llevaba un vestido, desde la puerta podía ver perfectamente sus braguitas rosas. No podía decir que le disgustase la vista, pero no era el momento de pensar en eso.
- No te enfades con Tai, solo se preocupa por ti.
- ¡Es un tonto! ¡Estoy harta de qué me trate como una cría!
- Es que eres una cría.
- ¡Mentira! – Negó tirándole el cojín, que logró esquivar en el último segundo.
- ¿Una persona adulta enseñaría las braguitas por ahí? Te las puedo ver desde aquí.
- Si no te gustan pues no las mires.
La verdad es que le encantaban, por eso las miraba. Se acercó a su lado, sentándose en el borde de la cama y levantándola, no opuso resistencia alguna, hasta sentarla sobre sus rodillas.
- Hikari, si fuera por mi no os dejaría ir ni a ti ni a Tai. Ese mundo es demasiado peligroso.
- Pero yo también soy una niña elegida…
- Esa es la razón por la que es peligroso para vosotros ir a allí. Mira, haremos una cosa: vas a venir, pero con la condición de que en ningún momento, pase lo que pase, te separes de mí, ¿vale?
- ¿Ah? ¿Vas a venir también?
Asintió. Pensaba que ella ya sabía que iba.
- ¿Y quién va a cuidar de ti, hermanito? No tienes un digimon…
- Ya me las apañaré. Pero, ¿aceptas?
- Esta bien… ¡en ese caso seremos Tailmon y yo quienes te protejamos si ataca algún digimon!
- Oh, vale, me parece bien.
Juntaron sus meñiques para hacer la promesa. Kenji la mando para que se cambiara, así no la iba a dejar ir al mundo digimon. Mikemon, que ya estaba preparada dentro de la mochila, lo miraba con cara de pocos amigos.
- ¿Vamos a tardar mucho…? Hace mucho calor aquí.
- Tranquila que ya nos vamos. ¿Está vez hablaras con Tailmon o qué? No siempre me van a dejar ir al mundo digital.
- No lo sé… tampoco sabría que decirle.
- Es fácil: hola, Tailmon, soy tu hermana. Es un placer – imitó la escena de como si se presentase ante alguien, lo que mosqueó a la gata digimon que incluso se le erizó el cabello.
- ¡¿Te estás cachondeando, verdad?
- ¿Eh? ¿No es una buena forma?
Tailmon desistió de hablar con Kenji, no le gustaba como se tomaba su encuentro con Tailmon de esa forma tan cómica. Tenía razón en algo: ya era hora de hablar con ella, ¿pero qué iba a decirle? Solo era un digihuevo cuando las separaron, no sabrá ni que existe. Y luego está el problema del otro digimon que estaba buscando, ¿qué habrá sido de él?
De golpe, la mochila se cerró. Iba a protestarle a Kenji, sin embargo, el traqueteo que hubo enseguida le impidió decir nada. ¿Es qué se iban ya? ¿Tan de golpe?
Así fue. Se reunieron todos en casa de Koushiro y fueron al mundo digital. Tal y como paso la otra vez, se encontraron solos, pero está vez en una especie de desierto. Hacía un calor abrasador, y el viento levantaba la arena, que al golpear la piel no solo quemaba, sino que se clavaba como si fueran agujas.
Kenji se quitó la camiseta para cubrir el cuerpo de su hermana, le indicó a Tai que se acercara. Al haber estado en América, estaba algo más acostumbrado que ellos a ese tipo de cosas, así que podría pasar un rato recibiendo los picotazos de los granos de arena. Yamatto hizo lo propio con su hermano.
- ¿Qué hacemos aquí? ¿No íbamos a casa de Gennai? – Le preguntó Joe a Koushiro, sin entender nada.
- Estás son las coordenadas que me mandó en el mensaje, no lo entiendo.
Los granos de arena dejaron de moverse, como si el viento se hubiera calmado. Los niños miraron a su alrededor. Sabían que en el mundo digimon pasaban cosas raras, así que no era de extrañar ese fenómeno. Pero, que de golpe toda la arena comenzará a subir hacía el cielo, formando tornados.
- ¡¿Q-Qué es lo que pasa? – Exclamó Sora, que tuvo que sujetar su gorro, como Mimi, para que no saliera volando.
- ¡Mirad, allí! – Tk señaló algo que había en el cielo, en verdad habían varias cosas iguales.
Una especie de vórtices oscuros estaban absorbiendo la arena del desierto, generando los tornados. Eso si que era algo raro.
- ¡Son agujeros negros! ¡Tenemos que irnos de aquí o nos absorberán! – Avisó Koushiro.
Comenzaron a correr en la única dirección en la que los tornados permitían el paso. Solo era pasar una duna y parecía que ya estarían a salvo. Nada más lejos de la realidad. Cuando creían que iban a pasar la duna y ponerse a salvo, una ola de arena apareció de la nada, abalanzándose sobre ellos. Intentaron volver atrás, pero era demasiado tarde, ya casi la tenían encima.
- ¡Toketsu iki!
Una ráfaga helada golpeó la ola de arena, congelándola en cuestión de segundos. Seguidamente algo pasó muy rápido de un lado a otro, destruyéndola en cientos de pedazos. Pasó lo mismo con los tornados. Fue cuestión de tiempo que todo volviera a estar en calma.
- E-Eso ha sido…
Al mirar al cielo, los niños elegidos se alegraron de ver a sus compañeros digimon. WarGreymon y MetalGarurumon habían digievolucionado para llegar antes, porque previeron que los niños estaban en peligro. Hicieron bien en confiar en su instinto. Los niños saludaron a sus compañeros digimon que se alegraron mucho de verlos, además, les dieron una sorpresa.
- ¡¿Cómo que no nos esperabais? – Exclamaron todos, con gran sorpresa.
- Gennai nos dijo que habíais entrado por la puerta, pero no teníamos ni idea de para que – explicó Tentomon – Por eso vinimos lo más de prisa que pudimos.
- ¿Ha pasado algo, Sora-san? – Pregunto Biyomon.
- P-Pero si fue Gennai quien nos dijo que viniéramos – respondió Sora – Que extraño…
El cielo se oscureció de repente, lo que de nuevo sorprendió a los niños. Eso tampoco había pasado nunca. Al alzar la mirada, vieron como las nubes negras soltaban descargas eléctricas, que pronto se convirtieron en rayos que se dirigieron hacía ellos. Todos corrieron para ponerse a salvo. Sus digimon lograron deshacerse de la mayoría de los rayos, pero no podían con todos. WarGreymon y MetalGarurumon unieron sus fuerzas para intentar librarse de la tormenta, cosa que fue inútil. Finalmente, todo se redujo a un gran rayo que cayó justo en el centro de donde estaban los niños, generando una poderosa onda de choque que los lanzó a todos volando por los aires, tanto humanos como digimon.
Cuando los niños lograron ponerse en pie, notaron un terrible dolor en todo el cuerpo. De todo lo que habían llegado a ver en el mundo digital, eso había sido lo más raro de todo. Nunca habían tenido ese tipo de tormentas eléctricas, y menos que les atacasen de golpe.
- Hohoho… espero lo hayáis disfrutado, niños elegidos.
La voz era la de una mujer, no tenían duda, pero a la vez que suave y seductora sonaba fría y puntiaguda. Todos se pusieron en guardia. La mayoría de los digimon estaban inconscientes, quedando solo en pie Biyomon y Tailmon, que se situaron al frente de los niños mientras la figura de la mujer descendía.
- Es un placer conoceremos, niños elegidos.
- ¿Quién eres?
La mujer tenía una forma casi completamente humana, con aspecto de una mujer joven y bella, casi parecía que usará atuendos japoneses, alas de murciélago a su espalda, unas uñas de un tono morado, que parecían bastante largas y afiladas y unos labios carnosos que no paraban de soltar una respiración agitada.
- Me llamo Lilithmon, es un placer conocer a los que derrotaron a Apocallymon.
- ¡¿Cómo? ¡¿Lilithmon? – Los dos digimon no cabían en su asombro.
- ¿La conocéis? – Les preguntó Tai, por un momento les pareció que incluso se asustaron de saber su identidad.
- Es una de Los siete señores demonio. Su poder es tan grande que domina varios terrenos del mundo digital oscuro.
- ¿Señores demonio? – Los niños no habían oído hablar de ellos nunca, y la digimon murciélago no le sorprendía su asombro, ya que se solían mover entre las sombras.
- Digamos que… somos los que movemos los hilos en el mundo de la oscuridad… Si Apocallymon hubiera sido más inteligente, podría haber acabado con vosotros sin dificultad alguna.
- ¡¿Quieres decir con eso qué eres nuestra enemiga?
- Bingo, has acertado guapo – le guiñó un ojo a la vez que le lanzaba un beso.
A los chicos les ruborizó momentáneamente esa acción, incluso gustándoles, pero a las chicas les desagrado esa forma de comportarse.
- Ahora, ¿os importaría morir? – Movió grácil y sensualmente su mano, lo que generó una enorme onda de choque oscura - ¡Kurai nami!
La onda se acercaba a toda velocidad hacía los niños, que no se podían mover por el temblor que esta generaba. Tailmon y Biyomon sabían que no iban a ser capaces de detener esa onda de choque, y aún así lo intentaron. El resultado fue que salieron volando por los aires al recibir contra si mismos sus ataques.
- ¡Biyomon!
- ¡Tailmon!
La gata digimon aterrizó no muy lejos de por donde iba a pasar la onda de choque. Si la volvía a recibir, moriría seguro. Hikari quería ir con ella, pero Kenji se lo impidió.
- ¡Tailmon, apárate de ahí por favor! ¡Muévete! – Era inútil, la gata no se movía.
A la velocidad del rayo, Mikemon salió de la mochila y corrió en dirección al rayo. Usando sus zarpas, lo golpeó con todas sus fuerzas, partiéndolo en pedazos. Los niños se quedaron boquiabiertos. Tailmon tuvo en un primer momento la vista borrosa, pero poco a poco fue recuperando visión, y vio a la gata digimon frente a ella. En un momento no la reconoció, pero al ver el pelaje, la situó: fue la que la salvó a ella y a Hikari en el bosque de Yumemon.
- ¿D-De dónde ha salido ese digimon? – Quiso saber Tai.
- ¡¿Tora? – Exclamó Hikari reconociendo a la que había sido en los últimos días su gata doméstica. Esta por un momento se sobresaltó, lo que le confirmó que era ella.
Los niños elegidos se quedaron de piedra. ¿De verdad esa era la gata de Hikari? ¿Cómo no se habían dado cuenta antes de que era un digimon? Kenji no pudo evitar correr a su lado y darle un capón.
- ¡Idiota, te dije que no salieras!
- ¡¿Y qué querías que hiciera? ¡Y no vuelvas a pegarme! – Le amenazó, enseñándole las garras.
Ambos comenzaron a discutir a gritos. Mientras que los niños elegidos no cabían en su asombro, Lilitmon se sentía como que se habían olvidado de que ella estaba allí y que había ido a destruirlos. Tenía que admitir que estaba sorprendida, como los niños, porque no esperaba ver a ese digimon, y mucho menos que su subordinado lo conociera. ¿Qué hacía allí?
- BT, ¿eres tú verdad? – Se acercó Mikemon. Parecía triste y feliz a la vez de verla, sin embargo, Lilithmon no mostró ninguna muestra de simpatía o de tristeza.
- De modo que sigues viva… y yo que pensaba que habías muerto, Mikemon…
- BT, ¿por qué haces esto? ¿Por qué atacas a los niños?
- Mis motivos no te importan.
- ¡BT!
- ¡Deja de llamarme así, estúpida gata! – Le lanzó una ráfaga de energía oscura, seguida de la misma onda de choque de antes. Mikemon no iba a apartarse, se salvó gracias a que Kenji la arrastró con él, sino, habría recibido el golpe de lleno.
Del brusco movimiento, del bolsillo de Kenji cayó un pequeño aparatito que Tai recogió. No tardó en reconocerlo, porque era exactamente igual que su digivice.
- N-No puede ser… ¡¿Kenji es un niño elegido?
Kenji se giró a mirar a su hermano en cuanto se dio cuenta que tenía su digivice. Miró entonces a Lilithmon, quien por un momento pareció sorprendida de descubrir tal información, era algo que desconocía por completo de su subordinado. Lanzó una risita divertida, si que tenía secretos que no le había contado.
- Así que resulta que los niños elegidos son nueve… vaya, vaya… Mikemon, ¿te has convertido en la compañera de este humano?
La gata no respondió, estaba como en estado de shock. Haber sido atacada de esa manera tan fría por ella la había dejado muy dolida, todavía estaba temblando de no poder creérselo.
- De momento me retiro, pero nos volveremos a ver niños elegidos, y espero que recordéis esto: voy a destruiros a todos.
Acompañada de una risilla, fue ascendiendo hacía el cielo hasta desaparecer en un pequeño destello. Mikemon empezó a llorar, invadida por la tristeza de ver en que se había convertido BT, mientras que, por parte del resto de los niños elegidos, sobre todo entre Tai y Hikari, tenían muchas preguntas que deseaban hacerle a su hermano. Este los miró, sin saber que decir. No quería que lo descubrieran no de esa forma, pero quizás era lo mejor. Había llegado la hora de ser claro con ellos, quizás así, podría moverse con más libertad.
- Supongo que querréis hacerme preguntas… muy bien, vayamos a un lugar más seguro y os lo contaré todo.
