Hola gente.

Espero que este capítulo les guste. Me demoré más tiempo haciéndolo y me quedó demasiado largo, así que tuve que quitarle el último tramo y ponerlo como el próximo capítulo. Cómo no se sabe demasiado sobre la historia primitiva de Konoha(maru) y teniendo en cuenta de que esto es un UA (o AU en inglés) entonces decidí meterle un poco más de conflicto.

Una vez más gracias a lizAckerman por ser mi beta (:D) y a todos por leer mi fic. Nadie sabe todavía de que clan es Ranmaru...

¿KAGUYA QUIÉN? LO LAMENTO, KISHIMOTO. NO PUEDO ENTENDERTE SOBRE MI IRA JUSTIFICADA.


Para Madara, la noche antes del festival no había sido nada fuera de lo común. Kori habló con él sobre aquella chica a la que debía coquetear, un asunto algo incómodo para él pero totalmente necesario para asegurar tomar la posición de poder de la aldea; luego se acostó a dormir y como era de esperarse, la pesadilla de esa noche no había sido ni peor ni mejor que muchas otras, si es que a una pesadilla se le puede decir mejor qué, pero bueno, eso no importaba.

No, lo realmente extraño y a la vez algo incómodo había sido el momento cuando ya estaba de pie justo en frente de aquel gran espejo que una de las costureras del clan había insistido en instalar justo donde guardaba sus armaduras y vestuario formal, siendo asistido por al menos cinco mujeres del clan Uchiha que se tomaban su tiempo en ponerle de manera correcta aquella hermosa yukata.

La molesta picazón en sus brazos, el rápido palpitar de su corazón, el imaginar cómo todo podía salir mal incluso cuando hacia el esfuerzo para no pensar en eso. Todos estos síntomas podían significar una sola cosa:

Estaba sintiendo miedo. Pero eso era imposible, pues Madara era un Uchiha y los Uchihas no pueden sentir miedo. Odio, amor, nervios, envidia, alegría, tristeza y orgullo, todo esto podía sentir un Uchiha, siendo naturales a aquellos que se ríen de la muerte en la cara cada vez que tienen la oportunidad.

Pero no miedo. El miedo es un sentimiento de niños ignorantes, asustados más por el rincón oscuro de su habitación en la noche que en el enemigo que podía estar ocultándose tras la cara de un amigo. No, los Uchiha no eran niños, no lo habían sido desde hace mucho tiempo.

Ellos eran guerreros, ninja entrenados para suprimir su miedo y convertirse en hombres. Y hombre era lo que Madara siempre había sido, sin importar lo que su padre, sus hermanos o incluso Hashirama hubiesen pensado alguna vez.

Además, ¿Por qué habría Madara de tener miedo? Sólo era un estúpido festival, al que acudirían las personas más importantes del país, a las cuales les debía dejar la mejor impresión o semanas de sangre y sudor se irían directo al carajo…

El joven Uchiha dejó salir un bufido en señal de molestia que sobresaltó a las mujeres, pero no dijeron nada, solo continuaron con sus labores. Madara cerró entonces sus ojos con fuerza para alejar de su mente esos pensamientos oscuros. No, debía ser fuerte y apartar este miedo a un lado. No había trabajado tan duro sólo para acobardarse en el último momento.

Con un suspiro resignado, Madara se concentró en controlar su respiración y tranquilizar su agitado corazón. Mantener la calma y cumplir con el plan eran por ahora su única prioridad.

Pasado un rato, una de las mujeres que había terminado su tarea de arreglar el cinturón dorado del joven líder, procedió a arreglar su cabello. Madara odiaba con cada fibra de su alma que alguien le tocase la cabeza y su cabello, lo primero por ser peligroso para él y lo segundo porque su larga melena negra era símbolo de su poder y habilidad en batalla y que éste sea cortado incluso por accidente sería una gran deshonra; pero esta vez no podía negarse.

La mujer separó en tres partes su cabello y metódicamente paso una sección sobre otra, organizándolo en una trenza que el Uchiha en la vida había visto que vistiese un hombre, pero que las mujeres del clan habían insistido que era un peinado famoso entre la gente que vivía al occidente, entre los más ricos, por lo que se vería con más clase si lo utilizaba. No que a Madara le encantase la idea de tener una trenza de 3 kilos jalando hacia atrás su cabeza, pero de nuevo, todo por el bien del plan.

Para cuando acabaron, casi cuatro horas después de haber empezado, Madara estaba en un estado entre dormido y colérico: Cómo se atrevían a gastar tanto de su tiempo. ¡La próxima vez utilizaría una par de clones de sombra y listo!

Las mujeres le dieron algo de espacio al terminar, todas con sonrisas orgullosas reflejadas en su rostro. Fue ese el momento en el que Madara puedo detallar realmente su imagen.

Vestía aquella túnica negra de la seda más fina que se pudiese encontrar y con dragones hechos de finos hilos de oro. La trenza dejaba destapado todo su rostro y en vez de sus sandalias habituales, usaba sandalias de madera oscura muy fina y que lo hacían lucir un poco más alto.

En otras palabras, se veía ridículo.

Parecía uno de esos nobles idiotas de la alta sociedad que tienen más miedo a romperse una uña mientras escriben —si es que hacen la acción ellos mismos— que a que los maten. Gracias al cielo todo el conjunto le había salido gratis, ya que el líder del clan Uchiha utilizara el mejor vestido de la temporada que las (locas) costureras oficiales de ropajes finos de la aldea pudieran confeccionar era una gran propaganda. Si hubiese que haber tenido que pagar por esta estupidez, probablemente le habría costado un ojo de la cara.

Y todos saben cuánto cuesta un ojo Uchiha.

—¿Le gusta, Madara-sama?— preguntó tímidamente una de las mujeres. Decir que no sería la respuesta sincera, pero ellas debían haber pasado horas confeccionando el vestido y repasando los detalles, por lo que sería injusto y grosero decir la verdad, al menos por esta vez.

—Por supuesto— respondió con una sonrisa el Uchiha. En el espejo pudo ver su reflejo y ¡wow!, esa sonrisa casi parecía real. Debía recordar agradecerle de nuevo a Ayame por las clases de actuación.

—Fue todo un placer, Madara-sama— respondió una de las mujeres, todas mostrando en sus rostros su evidente alegría.

Recogieron sus cosas y poco después salieron de aquella habitación, aunque nos sin antes despedirse con orgullo de su publicidad andante—es decir— líder.

Aun sabiendo que el tiempo se abreviaba y que salir a encontrarse con Kori y Hashirama era la prioridad en aquel momento, Madara observó un poco más su reflejo, esta vez con atención. En ningún momento de su vida había utilizado vestimenta semejante puesto que un guerrero no tenía tiempo para formalidades absurdas, y menos para fiestas. Es más, ahora que lo pensaba ¿Cuándo fue la última vez que asistió a un festival?

¿Asistió alguna vez a un festival real o fueron todas aquellas reuniones copias baratas de lo que presenciaría hoy?

El joven Uchiha soltó una amarga risilla que fue devuelta por aquel al otro lado del espejo. Sentía como si tuviese un hueco en el estómago tal como aquella hoja que atrapó en el aire hace unas semanas, hace un millón de años… Tenía algo dentro de sí que sentía tener el potencial de destruirlo lentamente de adentro hacia afuera, un abismo creado por malos recuerdos y esperanzas ya abandonadas. Podía seguir en el árbol y cumplir su misión en él, más seria siempre una hoja hueca.

Madara sacudió su cabeza y, poniéndose derecho y sacando pecho, envió una mirada determinada a su gemelo alterno. ¿Qué importaba pues, si era una hoja hueca si vivía pleno? ¿Quién más lo juzgaría por su pasado, por su infancia, sino él mismo? ¿Quién más sabría la verdad sobre quien era, sino aquel que le devolvía la mirada desde el otro lado del espejo?

Cuales quiera que fueran las razones por las cuales él había llegado allí, el cómo había llegado allí y lo que fuese que le amparara el futuro, él enfrentaría los retos que trajese el viento no como la hoja, sino como el tronco en el que debía convertirse.

Fue entonces que el joven Uchiha se dio media vuelta y se alejó del espejo, con la frente en alto y riendo suavemente, maldiciendo haber pasado tanto tiempo con Hashirama y sus metáforas de árboles.


Llegar hasta donde había acordado reunirse con su amigo y el anciano no había tomado para el shinobi más que unos minutos de caminata incomoda por sus ropajes nuevos y de respiración profunda, tratando de calmar su ansiedad al escuchar el bullicio del aún no empezado festival no muy lejos de allí.

El punto era que ambos líderes, Hashirama y Madara, junto con sus segundos al mando, Tobirmana y Kori respectivamente, hiciesen una entrada pública para así saludar rápidamente a los invitados de más poder político y poner manos a la obra. Lo único malo que Madara podía sacar de esto era que al ser tan sensible, le sería un poco más difícil controlar sus nervios en frente de semejante multitud.

Pero bueno, si esos fueran los únicos problemas que de su vida en aquel momento, entonces debía calificar su existencia como un éxito.

—Lo molesto señor, —exclamó un evidentemente ansioso Hashirama cuando lo vio con una chispa juguetona en sus ojos— ¿Me podría decir si ha visto a mi amigo Madara? ¿Ya sabe, el Uchiha de cabello loco y largo? Se le está haciendo algo tarde.

—No molestes, Senju. —devolvió Madara con falso enojo, saludando en su propia manera al otro vestido con una simple gabardina blanca sobre una yukata verde. Kori lo saludó con una gran sonrisa y una reverencia mientras que Tobirama a duras penas le envió algo que pudiese asemejarse a un saludo con su cabeza. Ninguno de los dos últimos mencionados llevaba puesto algo fuera de lo común puesto que ellos no iban a ser el centro de atención.

El mayor de los Senju se plantó frente a él, mirándolo de arriba abajo y silbando en señal de cumplido.

—Dios mío amigo ¿Cuánto te costó toda esa ropa? ¿Y es eso oro lo que llevas pegado, en serio?

—Absolutamente nada. Las cosas tienden a costar menos cuando tienes una cara como esta—alardeo de sí mismo, al final él también era vanidoso— Y sí, eso oro— bromeó el Uchiha, apuntando a su rostro. Inmediatamente después, Hashirama se sentó abrazando sus rodillas en el suelo como deprimido.

—Soy así de feo ¿eh?

— Hashirama— replicó el Uchiha con tono molesto. —No es momento para tonterías…

—No, no lo es —Interrumpió Kori, caminando hacia ellos. Ambos amigos se enderezaron de inmediato, mostrando su respeto hacia el anciano.

—Pase lo que pase, — prosiguió el anciano— apéguense al plan. Debemos ganarnos a esta gente si queremos llegar a nuestra meta… Y relájense un poco. Todos pensaran que algo anda mal si sigue poniendo esas caras tan tiesas.

Ambos amigos se miraron el uno al otro, tratando de ver qué era lo tieso de sus expresiones y notando inmediatamente que sus caras parecían hechas en piedra.

Mientras el dúo respiraba profundo y se masajeaban la cara, Kori sacó de su manga un collar de perlas negras. Estirando los brazos con algo de dificultad, lo pasó sobre la cabeza de Madara, quien lo miraba algo confundido.

—No quiero sonar grosero Kori, pero… ¿no crees que ya me veo lo suficientemente ridículo?

— No seas malagradecido. A esos lobos con los que trataras hoy les gustan las cosas que brillan, si sabes a lo que me refiero. Además ese collar le perteneció a mi padre,—Dijo Kori con algo de nostalgia en su voz.—a quien se lo dio mi abuelo, quien lo recibió de su padre y así por muchas generaciones más.

— Pero… ¿Por qué me lo das a mí?

—Porque es justo que un padre se lo dé a su hijo y como yo no tengo alguno y además mi abuelo es tu bisabuelo… bueno, creo que entiendes de que hablo. Además, cuenta la leyenda que le brinda buena suerte al portador. No lo pierdas o te arrancaré la cara. —amenazó Kori con una sonrisa.

Madara miró aquel collar de perlas, cada una de las negras esferas con pequeños nudos la una al lado de la otra para evitar que cayeran en caso de que el collar se rompiese en alguna parte. Su desgaste era evidente, mas también lo era los esfuerzos de sus ancestros en conservar aquella joya para que llegase a sus manos, tal vez cientos de años después de haberlas conseguido. En la mente del joven pasó volando la pregunta de quién habría sido el primer portador de aquel collar, pero eso sería algo que investigar luego.

El joven dirigió una reverencia como agradecimiento a su familiar más cercano por haberle entregado semejante tesoro.

—Arigatou gozaimashita, Kori-san.

—Es un placer, Madara.

El orgullo era evidente en los ojos del anciano, algo que en su vida había visto. Claro, sabía que Kori lo apreciaba, pero en su mirada estaba algo que su mismísimo padre a duras penas había sentido hacia él. No sabía cómo responder ante esto.

—Si ya terminaron— interrumpió el hasta ahora callado Tobirama a unos cuantos metros de ellos—sería oportuno que entrásemos al festival. Quien sabe cuánto tiempo los hemos hecho esperar.

—No seas grosero, hermano.

Tobirama ignoró a Hashirama y empezó a caminar hacia el festival.

Agradeciendo mentalmente por esto y evitando que hiciese el ridículo ante el anciano, Madara y los demás siguieron a Tobirama por el camino hasta el templo, en donde se hacia la celebración. Justo antes de llegar allí, Madara y Hashirama se colocaron al frente, siendo los más importantes y justo detrás de ellos estaban Kori y Tobirama.

Cuando ya podían divisar el templo y la gran cantidad de personas que asistían al festival, Souta, el por ahora encargado de la recepción de los invitados de más alto poder público, se acercó a ellos para indicarles el camino.

—Ya era hora que llegasen—les reprochó el guardia mientras los empujaba hacia el templo—¿Saben cuántas personas han preguntado por ustedes? ¿Especialmente los nobles? ¡Ack, esa gente es insoportable!

—No deberías insultar a nuestros aliados Souta. — dijo Kori con enojo, moviéndose rápidamente para no quedar atrás del grupo.

—Si,si,si, regáñame si quieres más tarde, aún hay otros 30 miembros del clan Uchiha y 10 del Senju a los que me debo asegurar de recibir y no tengo tiempo para ninguno de ustedes o esos nobles en este momento. Sin mencionar que tengo que asegurarme que todas las bebidas lleguen ¡y aún nos faltan cómo 4 barriles de sake.!

En otra ocasión, hubiese sido muy probable que el líder Uchiha reprimiera seriamente a Souta por su comportamiento, empujándolos a él y a Hashirama como si no fuesen más que niños, pero en ese momento sólo podía concentrarse en el rápido palpitar de su corazón al ver cuán cerca estaban de la multitud. Todo empeoró cuanto Souta los detuvo, se plantó junto a ellos y con una voz fuerte que causó que los instrumentos musicales se acallasen y que todos volteasen a verlos, anunció:

— ¡Uchiha Madara, líder del clan Uchiha y Senju Hashirama, líder del clan Senju, junto con Uchiha Kori y Senju Tobirama, han llegado!

En la vida había sido Madara ensordecido de tal manera como lo fue por el grito de emoción de su gente, felices que los líderes hubiesen llegado por fin a tan alegre celebración. El pobre Uchiha se quedó frío ante la multitud y tal vez se habría desmayado si no fuese por la mano de Hashirama en su hombro, sonriéndole amablemente.

—Deberíamos saludar ¿No crees, hermano?

Madara asintió un poco desorientado. —Sí, si… deberíamos.

Y así fue cómo el grupo se movió a saludar a los nobles y al pueblo, iniciando por fin y oficialmente el festival.


Todo era una locura, más en buen sentido de la palabra. Los clanes presentes, Senju y Uchiha, habían decidido compartir las responsabilidades entre ellos, cosa que ayudó que los preparativos para el festival se llevasen a cabo mucho más rápido pero de forma perfecta.

Y la verdad es, que el resultado se veía como un ejemplo brillante de lo que la cooperación podía lograr: Lámparas de ambos clanes alumbraban el techo del templo, bailarinas danzaban dentro de éste para asombrar a una gran multitud de personas, los niños jugaban y comían dulces y todos, desde los más ricos y poderosos hasta los de las clases más bajas disfrutaban de la celebración en aquel hermoso lugar, lleno de estatuillas de seres míticos, ofrendas a los dioses, flores bellas y fragantes y una sensación de paz verdadera nunca antes vivida.

Era sólo en ese momento que Madara se sintió agradecido por su vestimenta, pues ahora no sólo atraía la atención que tanto deseaba para sí mismo sino que además parecía uno con aquella lujosa decoración. Algo que, por lo que había visto, tenía resultados espectaculares.

Los nobles, atraídos por sus joyas, vestuario y magnetismo en general, sumado todo con su actuación, comieron de su mano más rápido que de lo que un encantador de serpientes hipnotiza a una cobra. Claro, todavía sentía su corazón palpitar a la velocidad de la luz y sufría por miedo de que si abría la boca de más, terminaría metiendo la pata, pero todo eso quedaba oculto bajo su bien puesta máscara de joven y coqueto líder.

Fue gracias a eso que pudo tener un momento con el Daimyo dueño de la tierra del fuego, él más importante de los terratenientes allí presentes, pues era él el dueño del territorio bajo sus pies y quien tenía en ultimas el poder de convertirlo en Hokage o de destruir todo por lo que había trabajado. Ambos estaban sentados dentro del templo, en un asiento privilegiado junto a los otros terratenientes, hablando mientras el resto estaba mirando cautivado a las bellas bailarinas.

—No es común ver a alguien cómo tú, chico —le susurró el Daimyo a su lado.—Tú y Hashirama-san han logrado acabar con una guerra de muchos siglos. Sin mencionar una que le había hecho a mi familia gastar una fortuna en contratos durante generaciones.

—Siempre es un placer servir a la causa —dijo Madara con una voz suave y placentera. A Ayame le había gustado que utilizase esa voz, por lo que pensó que utilizarla con otros sería beneficioso. Y por lo visto, no se había equivocado, pues el Daimyo giró para darle una sonrisa de cómplice para luego seguir mirando hacia las bailarinas.

—No lo dudo. Y dime, Madara-san ¿Qué es lo que quieres lograr en verdad? Nadie haría semejante tratado sin esperar algo más de lo que aparece entre líneas a cambio.

—¿Habla desde la experiencia, mi señor?

—Por supuesto. Ahora, si fueras tan amable de responder…

—Pues claro que esperaba algo más —replicó con aparente confianza Madara— mi mayor prioridad es la seguridad de los habitantes de la aldea. Cueste lo que cueste.

—¿De la aldea, o de tu clan?

—De toda la aldea. Hice la promesa de que protegería a todos los habitantes de Konoha como si fuesen mis hermanos. Y si todos lo fuesen, los defendería con uñas y dientes si es necesario.

—No sé si de verdad has pensado más allá las cosas, o de cómo un guerrero cómo tu utiliza el concepto de proteger a alguien, pero no creo que tu gente deje que la "protejas"

—¿A qué se refiere? —preguntó el Uchiha confundido y algo agitado.

—Míralos, Madara-san. ¿No crees que si algún enemigo se aproximará hoy, en este momento, ellos lo recibirían con brazos abiertos como una oveja somnolienta a un lobo hambriento? ¿Cómo si todos pudiesen ser amigos de la noche a la mañana?

Tenía un buen punto, debió aceptar para sí Madara. Incluso ese pequeño tiempo de paz había suavizado a su gente. Aun así…

—Para eso estamos los ninja. Para proteger a los nuestros —dijo el Uchiha con decisión— siempre estamos alerta. Incluso cuando ellos no estén preparados, nosotros lo estaremos por ellos.

—Aah chico —suspiró el Daimyo— te ves tan seguro. Odiaría pensar que sería de ti si tan valeroso hombre no fuese escogido cómo líder de la aldea. Sería pura decisión y talento del habla echada a perder.

—Entonces asegurémonos de que eso no pase ¿No?

Ambos hombres se dieron una sonrisa, los dos viendo al otro cómo un arma política para ser utilizada en su momento. Uno, cómo una pieza de shougi. El otro, cómo una manera de salvar su pellejo en el futuro.

—Aunque Hashirama-san no sería tan mal líder, si lo piensas bien…

—Hashirama no desea ser líder— replicó Madara con rapidez, ocultando su súbita vergüenza y nervios al mirar al camarero que servía bebidas a su lado y pedirle dos copas de sake.

—Ah ¿Y cómo sabes eso?

—Porque… él me ha ayudado a cementar mi posición con mis semejantes. Si no fuese por él…Es muy probable que este templo no existiera y que yo estuviese en un lugar muy oscuro en estos momentos —el líder Uchiha le agradeció al camarero quien sirvió sus copas con afán y le paso una al Daimyo, quien la miró por un rato, girándola entre sus manos.

—Es bueno tener amigos, ¿No es así, Madara-san?

—Claro, mi señor.

—Si… me preguntaba, si tuvieses que hacerlo para salvar a la aldea ¿Estarías dispuesto a matar a Hashirama? —él anciano Daimyo sonrió ante la horrorizada expresión del otro—¿Qué, es una pregunta legitima, no?

—Yo… no lo sé. — respondió sinceramente el Uchiha, mirando su reflejo en el sake. ¿Qué sería de él, sin su mejor amigo y hermano jurado, sino más que un torcido reflejo de sí mismo, cómo en el sake? Ambos habían sido la luz de la esperanza en una época plagada de guerra y muerte, amigos en contra de todas posibilidades y tan queridos cómo si fuesen hermanos de sangre. ¿Qué pasaría con su mente si abandonase a su fiel amigo o Hashirama lo abandonase a él? ¿Dejaría que el hoyo destruyese a la hoja?

—Esperemos que no llegue a eso —se burló el anciano pasado un rato. Mostrando ninguna emoción más que algo de aburrimiento, alzó su copa hacía Madara sin realmente mirarlo, distraído de nuevo por las bailarinas cuyo baile se tornaba un poco más coqueto, haciendo reír al público. —Brindis por los amigos.

—Por los amigos —respondió el Uchiha, alzando la copa para luego tomar de ese amargo líquido que quemaba su garganta al pasar. Por alguna razón la bebida también le dejó un leve escozor e la garganta, como si fuese picante, pero esto duró tan poco que simplemente ignoró esta sensación para poner atención al espectáculo frente a él.

— Así que Konoha ¿Eh?... ¿No podían inventar un nombre mejor que ese? — preguntó después de un rato el Daimyo y Madara tuvo que resistir con todas sus fuerzas no blanquear los ojos frente a él, optando mejor por dar una plácida sonrisa.


Acabado el baile y tres copas de sake después, Madara fue llevado por el Daimyo a conocer a su hija. La princesa era bella, bellísima para decir la verdad, con un bello kimono azul con grabados dorados de flores, un obi amarillo en su torso y un peinado elaborado para un cabello negro larguísimo. Su sonrisa amable le hizo dar cuenta al Uchiha que tal vez convencer a esta inocente joven de que lo favoreciese a él en la elección del Hokage sería mucho más fácil de lo planeado.

La joven le brindó una reverencia a Madara— Gusto en conocerlo, mi señor.

—El gusto es mío. —devolvió el Uchiha con esa sonrisa encantadora que había practicado miles de veces con Ayame. En respuesta, la joven se sonrojó y ocultó su cara tras su kimono, mostrándose coqueta, algo que por alguna razón pareció complacer a su padre muchísimo.

—Vamos, Kyouko ¿Por qué no pasas un rato con Madara-san mientras yo habló un rato con Hashirama-san?

—Sólo si Madara-san lo desea. —dijo la tímida joven.

—Eso, para mí será un placer, Kyouko-sama.

La dulce sonrisa de la princesa convenció a Madara que estaba haciendo las cosas bien.


La caminata con Kyouko había sido mucho más satisfactoria para el Uchiha de lo que había imaginado. Hablaron durante horas, tal y cómo Madara sabía que iba a requerir, acerca de cosas tan triviales como el color del cielo hasta el cómo se formaban los clones de sombra, mirando juntos cómo el color pastel del cielo en el atardecer transformaba el día en noche.

Era una mujer inteligente, elegante, pero algo frágil e inocente, tal vez demasiado para el gusto de Madara. Y aunque era interesante hablar con ella, el Uchiha se empezó a cansar de su constante compañía, deseando un momento para sí solo.

Hashirama, quien debió haber percibido este a kilómetros de distancia, le jugó una pequeña broma a la joven, haciéndose el muy borracho y llenando el kimono de la joven de sake.

El Senju se llevó entonces a la indignada princesa con alguien que pudiese limpiar su vestido, no sin antes dirigirle un bien simulado guiño a su amigo.

El aliviado Madara, recostado en uno de los pilares del templo y descansando un momento, pudo ver cómo se aproximaba Tobirama hacía él. Incluso con su mente nublada por la cálida sensación que invadía el cuerpo del algo embriagado Madara, la guardia del Uchiha subió instantáneamente. ¿Qué querría el Senju con él?

Mientras este se acercaba, el Uchiha pudo notar divertido algo extraño en el caminar del Senju. Tobirama parecía tambaleante, cómo resistiendo un poderoso viento. En sus manos llevaba dos copas de sake y su rostro parecía algo sonrojado.

Sin poder contenerse gracias al alcohol en sus venas, Madara sonrió con burla. En otra situación es probable que el Senju le hubiese golpeado por eso, más en aquel momento este ni se inmuto.

—¿Deseas algo Tobirama-kun? —preguntó el Uchiha con evidente burla en su voz. Tobirama blanqueó los ojos y se apoyó en el pilar junto a él.

—No pareces tan interesado en esto cómo pensé que lo estarías. —empezó el Senju, pasándole una copa al otro sin ningún signo de molestia o desagrado. —con todo lo del plan y eso…

—¿Sabes del plan? —preguntó Madara algo sorprendido. En respuesta, Tobirama alzó sus hombros en señal de indiferencia, una acción no muy característica de él.

—Nii-san siempre ha sido un iluso —replicó el Senju con tranquilidad, tomando un sorbo de su sake— Si él prefiere pensar que serás escogido cómo el líder, pues le doy toda la libertad de que lo haga. No va a cambiar nada.

—Me encanta tu optimismo, maldito bastardo.

Ambos se miraron por un momento, dedicándose sonrisas llenas de malicia y desprecio. Era un juego para ellos, pues a pesar del recién ganado respeto de Tobirama hacía su persona, Madara sabía que el Senju aún lo despreciaba.

Pero bueno, el sentimiento era mutuo.

—Espero que ustedes dos no estén planeando matarse en estos momentos —escucharon decir cerca de ellos. —porque eso definitivamente arruinaría el festival.

Con una sonrisa se asomó Ayame por detrás del pilar. Vestía un hermoso kimono blanco con grullas y flores rojas sobre este, además de que se había recogido el cabello en una larga cola.

—No estábamos haciendo nada…— dijo inocentemente Madara.

— Aún. — respondió la escéptica Ayame.

—¿No quieres nada?

—¿Y arriesgarme a que mi padre me desherede? No gracias.

—Más para nosotros. —dijo con indiferencia el Senju.

Ambos, el Uchiha y Senju, tomaron grandes sorbos de sus copas. Al terminar, el Senju carraspeó, cómo tratando se quitarse algo de la garganta.

—¿No te sabe este sake algo raro? —preguntó con voz arrastrada.

—Si esa es tu escusa para no poder tragar Senju…

Tobirama le lanzó una oscura mirada a Madara, quien se rió en su cara. Ayame sabía que debía interrumpir antes de que se tornara la situación en algo peligroso.

—¿Quién era la chica con la que hablabas?

—La hija menor del Daimyo. Se llama Kyouko.

—No sabía que te interesará la nobleza, pasaste un buen rato con ella.

—¿Celosa?

El Uchiha le sonrió a la molesta Ayame, quien en vez de responder le propinó un golpe en el brazo. Madara tuvo la decencia de lucir lastimado.

—Los dejaré a ustedes dos tortolitos solos, — exclamó el molesto Tobirama con el alcohol reflejado en su voz. —si me disculpan… tengo que ir a verificar algo.

El Senju se alejó rápido de ahí, sus pasos tambaleantes pero con una extraña prisa en ellos. Algo muy sospechoso pero Madara, por supuesto, estaba demasiado concentrado en Ayame y su nublada mente que en Tobirama.

Se sentía como si estuviese en las nubes. Sus brazos estaban pesados y su cabeza daba vueltas, pero no en el mal sentido.

—Ven, Madara-san. —Ayame tomó a Madara de la mano. — Hagamos algo divertido.

Por alguna razón el Uchiha no pudo resistir el arrastre de su amiga, por lo que se vio obligado a seguirla hasta la atracción principal del día, los músicos del clan Senju.


Por alguna razón ridícula, el clan Senju había tenido tiempo de entrenar músicos durante los siglos de batalla con los Uchiha. Eso no era tan escandaloso para ellos, pero para los Uchiha hubiese sido tan sólo una pérdida de tiempo, así que tal vez debía agradecerle a ellos por una vez que sus clanes fueran diferentes.

Ahora tocaban un suave ritmo con el koto, a veces volviéndose más rápido y otras volviendo al tono suave. Aunque no era música para bailar, eso no evitaba que muchas personas se balancearan al ritmo de la música.

A este ritmo llevaba Ayame a Madara —no del otro modo, pues el joven se veía súbitamente con pocas fuerzas para tal tarea— en una agradable danza donde se movían lentamente en círculos.

—No sabía que te gustara bailar…

—La verdad es que no me gusta mucho, pero escuché de Hashirama que tienes una cierta obsesión con comparar el baile con la batalla y cómo te veía tan aburrido, bueno…

—Recuérdame cortarle la lengua a Hashirama un día de estos por andar diciendo cosas sobre mí, Ayame.

—¿No es verdad?

—Si lo es, pero decirlo por ahí no es muy bueno para mi imagen.

Ambos se sonrieron y siguieron bailando por un largo rato. La suposición de Ayame no estuvo herrada, pues ahora el Uchiha se veía más entretenido, aunque a la vez un poco más aletargado.

Parte del festival empezó a desaparecer puesto que los padres con sus hijos dejaban el lugar para mandar a estos a dormir. Así fue pues, como después de un buen rato sólo quedaron los que estaban muy borrachos o muy interesados en aquellos que los acompañaban. Era obvio para aquel momento que Madara pertenecía al primer grupo.

—¿Cuánto sake tomaste en serio? —preguntó eventualmente Ayame acariciando el cabello de Madara, quien estaba ahora con su cabeza sobre su hombro.

—No lo sé…Tome una copa allí, otra allá, tu sabes…

Ayame rió suavemente, tratando de no perturbar a su cansado amigo. Le gustaba tener al Uchiha en sus brazos, cerca de ella y hablando, no caminando con una extraña por ahí y sonriendo cómo si fueran los mejores amigos…

Por su parte, Madara también le agradaba cómo se encontraban en ese momento. Había tenido que lidiar con toda clase personas aquel día, sumando el hecho de que había tenido a Kyouko de compañía todo el día. Estaba exhausto y estar por fin con una amiga con quien podía ser sí mismo no le caía mal en ese momento.

Podría haberse pasado así el resto de la noche, hasta caer rendido en los brazos de Ayame, convencer a Kori de que podía retirarse y obligar a Souta a llevarlo a casa.

Una lástima que el destino tuviese otros planes.

—¡Tobirama!

El Uchiha pudo escuchar el horrorizado grito de Hashirama desde la distancia, seguido por un arremolinamiento de personas alrededor de las escaleras del templo. Se escucharon voces histéricas de muchas mujeres que corrían por el lugar, señalando horrorizadas a algo que Madara desde su posición no podía ver.

El Uchiha tenía de repente un muy mal presentimiento.

Madara, con su embriaguez olvidada por la repentina confusión que lo azotaba debido a aquellos gritos de pánico, dejó a Ayame tras él y se movió lo más rápido y eficiente que pudo con sus tambaleantes pasos hacia el origen del ruido.

Allí, tendido en medio de la multitud estaba Tobirama en brazos de Hashirama, mostrando una horrible herida en hombro donde aún tenía clavado un kunai y haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantenerse despierto, con sudor recorriendo las sienes de su pálido y adolorido rostro. Rápidamente se arrodilló Madara junto a los dos hermanos Senju, mirando a un muy agitado Hashirama.

—¿Qué ocurre?

—Alguien atacó a Tobirama…yo…yo…—se notaba que el mayor estaba tratando de poner sus pensamientos en orden, pero había algo en su mirada angustiada, en la forma que observaba tanto a Tobirama y a sus propias manos que le heló la sangre a Madara.

—Hashirama—preguntó con voz aguda el Uchiha, poniendo una mano en su hombro y tratando de no entrar en pánico. —¿Qué sucede?

—No puedo…

—¿Hashirama?

—No puedo sanarlo. —susurró incrédulo el Senju. —Mi chakra…no responde.

—¡¿Cómo?! —Madara no lo podía creer. Incluso con el licor en su sangre, sabía cuándo alguien hablaba mierda. El Senju era el mejor sanador de todos, con una cantidad inimaginable de chakra. Pero Hashirama no estaba bromeando, pues sus manos temblaban y la expresión del Senju empezó a cambiar por una de horror.

Intentó alzar un poco más a su hermano menor, pero el Uchiha podía ver cómo temblaban sus brazos, cómo si su fuerza no le bastara. Todo lo que logró de aquel patético esfuerzo manchar su túnica blanca de rojo carmesí.

La mirada aterrada de Hashirama le decía mil cosas, la mayoría susurros de pánico y confusión. Moviéndose para ayudar, el Uchiha se colocó casi sobre el peliblanco e intentó sacar el kunai de su hombro, pero tal como si fuese un niño pequeño, no fue ni capaz de aflojarlo.

Intentó una y otra vez, e incluso en la cuarta el kunai seguía ahí, profundo en el hombro de Tobirama, matándolo lentamente. Madara acercó entonces sus manos hacía sí, mirándolas temblorosas, inútiles y cubiertas de sangre.

—¡Ayuda! —escuchó gritar a Hashirama, su voz temblorosa y al llena de pánico. —¡Por favor, alguien ayude a mi hermano!

La multitud sólo miraba estupefacta a los líderes de ambos clanes, sin poder creerse lo que estaban viendo. Fue increíble cómo aquellas caras, hasta no hace poco tan felices, ahora creaban un circulo de desesperación a su alrededor. Aquellos colores pastel de los kimonos y yukatas eran ahora una fría pintura de miedo e impotencia, pues nadie se movía o hacia nada.

De entre la multitud se escurrieron Ayame y Souta, quienes parecían más cuerdos y con más gracia que el resto por no haberse permitido tomar tanto sake como la mayoría.

—Hashirama ¿Qué le pasa a Tobirama? —preguntó la asustada Ayame. —Madara, Hashirama ¿Por qué no hacen nada?

La pregunta era obviamente compartida también por Souta, quién los miraba a todos con preocupación, notando algo fuera de lo normal en los temblorosos brazos de ambos ninja.

—No hay tiempo —interrumpió el líder Uchiha, tratando de que su voz superase la de la conmoción a su alrededor o la sangre en sus oídos— Souta, sácale ese kunai y busca algo que podamos utilizar cómo vendaje. Ayame, haz presión en la herida.

Sin preguntar, Souta tomó el kunai con una mano y casi sin dificultad lo sacó de la carne del Senju, quien a duras penas dio un quejido de dolor. Era evidente que Tobirama no estaba todavía inconsciente del todo, tratando de abrir sus ojos y moviendo su boca como tratando de decir algo pero fallando en hacerlo.

—No lo entiendo —dijo la joven por sobre la algarabía a su alrededor, dudosa debido a la repentina situación —Madara ¿Qué pasa?

—¡No hay tiempo! —gritó frustrado Madara, haciendo que la joven retrocediera un poco en sorpresa —¡Sólo haz lo que te-

En ese momento, la tierra tembló y un ruido ensordecedor se escuchó venir desde el valle, en donde se encontraba la aldea. Por un segundo eterno, todo quedó en silencio, cómo si el momento se hubiese congelado en el tiempo. Luego, aterrados gritos se escucharon por todas partes y el cielo se iluminó por el reflejo de la luz en el humo negro que salía de abajo.

Temiendo que la multitud aterrorizada los aplastase, Souta ayudó a Hashirama a mover a su hermano menor al templo. Una vez allí y desde su posición más elevada, podían ver como muchos ninja prácticamente saltaban de la colina al valle inferior para ayudar a sus familias y amigos atrapados en el fuego intenso que ahora salía de los mercados y casas de la aldea.

—Debemos ir a ayudarlos. —dijo Madara a Hashirama, pero este ni se inmutó, mirando a ningún punto en específico y sin quitar de su rostro su angustiosa expresión. Tomando su brazo y apretando con toda la fuerza que pudo para llamar la atención de su amigo, el Senju se dio cuenta de su lamentable esfuerzo y volteo hacia él. Una vez más y con un tono serio, más a la vez rogando, Madara dijo—Hashirama, debemos ir a ayudarlos.

Hashirama miró hacia la aldea y luego hacia su hermano, una, dos y tres veces, sin poder decidirse que hacer. Souta se levantó para ir a buscar vendajes de inmediato y Ayame tomo la sangrienta mano del Senju para tomar a Tobirama de sus brazos.

—¡Ve, Hashiarama! —gritó seria la joven, tratando que ocultar el miedo y la confusión de su rostro —Tobirama estará bien. Ayuda a Madara y a la aldea. ¡Vete de una vez!

Sin más, el cubierto de sangre Senju se alzó de suelo seguido por Madara y los dos partieron a ayudar con el incendio.


Una aclaración: aunque Tobirama en teoría inventó los clones de sombra, yo he de suponer que no los invento literalmente, sino que mejoró en gran medida el proceso, por lo que ya no se limitaban a hacer dos o tres clones sino a todos los que su chakra pudiera mantener. Si no están de acuerdo, entonces les ruego que simplemente lo dejen pasar pues no es que este afectando mucho el universo.

Intentaré poner el resto antes del final de la semana para que no quede esto demasiado inconcluso.

Por último sugiero que lean el manga o las wikis para saber sobre el universo. Lo digo para que si ven algo que no tiene sentido con respecto al universo que trato, me avisen (Sentido como en: esta muy ooc un personaje, muy OP este otro y eso no existe en el universo de Naruto.) Y me digan sobre los errores de ortografía.

Una vez más, muchas gracias por leer y por favor comenten, pero con AAAAMOOOOOR XD. (aunque les doy gracias a todos porque no he visto todavía ningún comentario maluco)