Un poco tarde pero aquí estoy. Disculpen la tardanza, tengo parcial este miércoles y estaba preparándome para presentarlo. Actualizo hoy porque no sé si el miércoles tenga fuerzas para hacerlo xD
Estoy muy contenta por las personas que me envían sus reviews y tienen cuentas en ffnet facilitándome agradecerles y aquellos que no tienen MIL GRACIAS POR SU APOYO.
SAMI disculpa si no te pude enviar un mensaje para avisarte de esta actualización, pero ffnet no deja que en los reviews aparezcan correos ni nada similar T-T
Para aquellos que no tienen cuenta en ffnet y desean que les envié un aviso, envíenme su correo a la dirección que aparece en mi profile. Les aseguro que responderé.
Disfruten de este capitulo
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PROMESAS
By: Meg_ek
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Declaración de Derechos de Autor: Los personajes de este respectivo anime No me pertenecen.
Datos de Interés
"…"- Lo que dice un personaje
'cursiva' – Lo que piensa un personaje
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Capitulo # 13: Detrás del Velo
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Por todo aquello que perdimos,
dejando ir lo más preciado.
Buscando entre fantasmas,
lo que creíamos era lo más importante.
A través de los cadáveres de cada deseo,
dejare un fragmento de nuestra historia
hasta que encuentres el camino
que una vez perdiste.
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Danzando guiados por la musa invisible del viento, los pétalos de crisantemo vestían de dorado y blanco cada rincón del Shiro del Oeste. Acariciando a su capricho cada estructura, brillaban ante la luz de la luna como ninfas inmortales mitigando la ansiedad en los corazones afligidos por la guerra venidera.
Las pisadas ligeras y mecánicas agrietaban el silencio sin mucho esfuerzo. A medida que avanzaba y dejaba atrás cada escalón, su corazón parecía achicarse sin aceptar el hecho de que quizás, esta sería la última noche que dormiría en aquel lugar lleno de recuerdos.
Divagando inútilmente para sí misma, se detuvo hipnotizada al ser rodeada por una oleada de dorado deleitándose por unos segundos de los visitantes nocturnos que recorrían cada noche el hogar de Inu no Taisho en el otoño suntuoso de Japón. Encantados, los pétalos seguían ciegamente la voluntad del viento. Extendió su mano y la cerro lentamente atrapando algunos entre sus dedos. La sensación de retenerlos aunque fuera placentera, le parecía egoísta.
Exponiendo la palma de su mano, los vio flotar alejándose lentamente de ella para seguir su viaje lleno de esplendor y hermosura. Algo tan precioso debía ser libre.
Apretando levemente su antebrazo, continúo su camino a través de las escaleras viendo el cielo. Al salir el sol, tendría que marcharse con Inu no Taisho y despedirse del Shiro.
-'No es el Shiro lo que extrañaras' – admitió viendo con melancolía su mano vacía. A lo que más le temía en esos momentos, era a decir adiós.
Sintiéndose observada, alzo su mirada buscando a la fuente de dicha sensación.
-"Shizumaru" – susurro la sacerdotisa esbozando una sonrisa cálida al descender lentamente los últimos escalones de la escalera dejando atrás el Tenshukaku.
La luna había desaparecido totalmente detrás de la gran torre envolviéndolos en una absoluta oscuridad. Esparciendo su cabello, la brisa soplo nuevamente recorriendo su cuello como un mal presagio. Se abrazo inquieta al ver la inmóvil figura del youkai, observándola con absoluta indiferencia.
-"Mizuki"- pronuncio el youkai con un tono foráneo a su cálida personalidad, sin intenciones de corresponder con reciprocidad la familiaridad que ella siempre estaba dispuesta a ofrecerle.
Kagome contrajo la mano que había extendido para tocar al youkai después de un largo periodo sin verlo, dejándola caer sobre su pecho, sin poder disimular en sus facciones la sorpresa y el dolor por el cambio en su trato. Extrañaba charlar con él durante horas, la calidez y la apertura que lo diferenciaba de sus semejantes. ¿Dondé estaba el Shizumaru que una vez vivio con ella en el Templo? ¿Acaso esta era la verdadera personalidad que ocultaba con el fin de utilizarla de carnada?
Miro hacia un lado evitando su mirada, porque ya no había forma de seguir creyendo en la amistad, que pensó, había entre ellos.
Ambos permanecieron en silencio hasta que el youkai rompió el silencio. Sus ojos se agrandaron y dio un paso hacia atrás. Él seguía hablando, pero en su mente, todo parecía transcurrir en cámara lenta, sin sonido.
La sacerdotisa se estremeció concentrándose en los labios de Shizumaru, negando con la cabeza al escuchar cada una de las palabras que escondían meticulosamente las verdaderas intenciones de su visita.
Su corazón seguía latiendo con fuerza y dio otro paso hacia atrás cuando el pelinegro intento sacarla de su estupor.
-"¿Por qué?"- pregunto desafiante la sacerdotisa negándose a acompañarlo.
-"Eres humana y será más difícil si olvidas que Sesshoumaru no lo es" – razono cortando la distancia entre ellos sin importar que Kagome no estuviera de acuerdo.
Jalando su brazo en vano, gimió sin poder oponerse cuando Shizumaru la hizo recorrer el mismo camino del cual venia, regresando al Tenshukaku. Podía sentir el youki de Toga y Sesshoumaru a medida que avanzaban.
-"No quiero. ¡Suéltame!" – exigió al escuchar las voces que sin duda, eran de padre e hijo discutiendo. Shizumaru la ignoro y sin ninguna contemplación, la mano del youkai tapo su boca reprimiendo cualquier queja o sonido de su voz que pudiera delatarlos.
Kagome sintió algo cálido al escuchar la voz de Sesshoumaru exigiéndole a su padre le permitiese protegerla. El youki de Inu no Taisho se arrastraba punzante y amenazador alrededor de la habitación exigiendo obediencia. Podía escuchar su respiración, nerviosa, espero algún sonido luego del silencio creado entre ambos, Toga hablo nuevamente haciéndola comprender todo.
Estaba distanciándolos por miedo a que Sesshoumaru la marcara.
Latiendo desenfrenado, su corazón espero ansiosamente la respuesta del peliplateado sin entender porque se negaba a contestarle a Inu no Taisho lo que ambos habían descubierto aquella noche. No podía decir que era amor, pero ambos se necesitaban. Él le habia pedido quedarse... Él...
Shizumaru tuvo que sostenerla al escuchar la respuesta de Sesshoumaru.
Rasgando el velo de la ignorancia, vio con desilusión aquello que se vestía de fantasía y promesas de algo mágico. Shizumaru la obligo a permanecer en aquel lugar, a pesar de las lágrimas que seguían cayendo por sus mejillas. Pero la sacerdotisa no lloraba de tristeza, el coraje de sentirse engañada era mayor al dolor que su aparente indiferencia le causaba.
-'Tu me pediste que me quedara. Aquella noche tú… Nosotros' – intento gritar y en el instante que la puerta se abrió, mordió la mano de Shizumaru mientras forcejeaba para soltarse. Sesshoumaru la escucharía, él tenía que explicarle que había sucedido esa noche. ¿Qué esperaba de ella? ¿Qué era para él?
Toga salió de la habitación y Kagome lo miro con desesperación buscando en aquel bronce las razones por tan cruel estrategia. Shizumaru la soltó, pero tuvo que sostenerla al ver como sus piernas cedían dejándola caer. El youkai intento ocultar la sorpresa en sus ojos ante el rechazo inmediato que manifestó Kagome a su cercanía.
Empujando a Shizumaru, se aparto de él logrando balancearse y camino directamente a la habitación donde permanecía Sesshoumaru. Pasó al lado de Toga sin ofrecerle una segunda mirada y maldijo internamente cuando su cuerpo se detuvo en contra de su voluntad.
-"Era necesario." – advirtió Toga impidiéndole avanzar.
Kagome vio la mano que cubría su brazo deteniéndola. El poder de Inu no Taisho era indiscutible, pero nunca lo había utilizado en su contra. No podía moverse ni un centímetro. Como si fuera de acero, el agarre firme y preciso del inuyoukai le impedía cualquier movimiento.
Sesshoumaru permanecía en silencio viendo el lugar donde antes su padre había estado sin notar la mirada suplicante de la sacerdotisa. Él la escucharía sin importar lo que costara.
Cuando abrió los labios, Toga ejerció más fuerza sobre su brazo haciéndola arrepentirse por desafiarlo. Al mirarlo, en aquel bronce siempre sereno, había tintes obvios de enojo y una advertencia acompañada de sus filosas garras, que ceñían peligrosamente su brazo.
Agachando su cabeza derrotada, dejo que ambos Inuyoukais la escoltaran hasta los Jardines de Irasue.
El calor de la chimenea le dio la bienvenida y respiro profundamente perdiéndose en el olor a ciruelos blancos que era de la preferencia de la Lady del Oeste. Las horas pasaron como un guardián persistente, aumentando el peso sobre sus hombros. No sabía en qué momento había caído de rodillas al suelo, pero sus piernas empezaban a quejarse por su descuido.
-'Nunca debí ilusionarme. Un youkai nunca se fijara en una humana, un youkai…' – sintió el youki de Sesshoumaru aproximándose y sin pensarlo se puso de pie sin atreverse a mirarlo – 'Fui una estúpida' – se regaño mentalmente recordando el rostro del inuyoukai en la tumba de Inu no Taisho.
Sus palabras ahora sonando más crueles que en aquel entonces - '¿Por qué los proteges, Inuyasha? ¿Por qué dejas que huyan?' – Recordó el rostro impecable e inexpresivo del youkai alzando su mano, cubriéndola de veneno con la intención de eliminar cualquier rastro de su existencia – '¿Por qué los amas?' – Abriendo sus ojos, repitió mentalmente las palabras de Sesshoumaru como un mantra – 'No puedo tratar a seres tan repugnantes como los humanos' – Él estaba detrás de ella y se pregunto internamente porque había olvidado la frialdad del Sesshoumaru del futuro.
Prefería aquel Sesshoumaru ahora más que nunca. El youkai del futuro nunca le hubiera permitido acercarse, ni pedido permanecer a su lado.
Tocando su hombro delicadamente, le pregunto porque continuaba despierta con cierta preocupación. Aquel gesto tenia múltiples connotaciones que desecho al instante creyéndolas imposibles.
La delicadeza al tocarla, su tono de voz. Ella era un placer, ni más ni menos.
Diciendo adiós se marcho sin saber de donde había adquirido la fuerza para negarse cuando el inuyoukai le pidió quedarse. La mano extendida de Inu no Taisho parecía una buena salida y sin pensarlo dos veces, contuvo la respiración al sentir el viento golpeando su rostro dejándolo casi insensible.
En la distancia vio la figura plateada de Sesshoumaru esperando se marchara, pero el inuyoukai no concedió su deseo y una sonrisa forzada abandono sus labios. Quería odiarlo o enojarse con él, pero ni ese pequeño capricho se le podía cumplir. Hasta el último minuto, él se quedo viendo al igual que ella, su figura desapareciendo en el horizonte.
Sus parpados comenzaron a cerrarse y la falta de sueño al fin reclamaba un poco de descanso en el confundido cuerpo de la sacerdotisa. Algo cálido la envolvió y sin tener fuerzas para descubrir de donde provenía aquella sensación, acomodo su cabeza sintiendo algo sedoso tocando su mejilla.
Toga respiro profundo asegurando a la descuidada humana entre sus brazos y siguió adelante adentrándose en el cielo habitado por la celosa Amaterasu. Sus rayos tiñeron el lienzo oscuro de la noche con naranjas y la brisa cálida le devolvió el color a las mejillas de Mizuki.
Las horas pasaron acercando el mediodía. No había tiempo que perder, y viajar caminando con un humano era el método menos eficaz para lograr dicha meta. Volando se habían ahorrado un día y medio.
La escucho murmurar el nombre de Sesshoumaru y luego otro que no supo distinguir, arrugando la frente al darle de lleno los rayos de sol, Toga voló más alto para terminar con el descanso de la sacerdotisa que en su opinión, dormía demasiado.
Una luz persistente la hizo abrir los ojos. Cerrándolos casi de inmediato por la intensidad del sol, intento moverse descubriendo que no podía. Acostumbrándose a la luz poco a poco, distinguió algo metálico y a su alrededor, las nubes estaban demasiado cerca, podía tocarlas.
-'¿Qué diablos? '-se pregunto intentando moverse hasta que escucho un gruñido y descubrió un brazo de Inu no Taisho alrededor de su cintura y el otro sosteniendo sus piernas.
- "¿Toga-sama?" – dijo tímidamente intentando ocultar su rostro avergonzado.
- "Si continuas moviéndote, terminaras lastimándote con mi armadura" – explico el inuyoukai sin despegar la mirada de su destino.
-"Lo siento" – fue la lamentable respuesta de la sacerdotisa antes de intentar acomodarse sin pegarse al cuerpo del inuyoukai.
- "Mizuki" – en la voz de Toga había cierta desesperación.
-"¿Si?" – contesto poniéndose más nerviosa esquivando las púas que sobresalían de la armadura del inuyoukai.
-"Tranquilízate" – ordeno viéndola por unos instantes.
Kagome asintió nerviosamente sin poder ignorar el hecho de que estaba siendo cargada por el padre de Inuyasha y Sesshoumaru. Intranquila, resoplo por lo bizarro de su situación.
En el Sengoku viajaba en la espalda de Inuyasha constantemente, pero esto era totalmente diferente. Inu no Taisho no se comparaba en nada a su hijo menor. Sus brazos eran fuertes y podía asegurar que con sólo uno podría alzarla. El hanyou difícilmente podría alcanzar la altura de su padre, que no sólo superaba a Sesshoumaru en tamaño en su forma real.
A pesar de la armadura podía sentir la calidez de su cuerpo, al igual que con Sesshoumaru, era placentera la sensación que provocaba la temperatura cálida de los Inuyoukais. El padre no poseía la belleza aristocrática de su heredero, pero el aire que lo precedía era atrayente y sin duda alguna, su aspecto era imponente.
Desde el ángulo de Kagome, podía ver su quijada masculina y sus mejillas adornadas naturalmente por las franjas azules tan parecidas a las del hanyou que tanto extrañaba. Toga la miro nuevamente y la sacerdotisa gimió de sorpresa al encontrar en su mirada cierta molestia justo como lo hacía Inuyasha cuando la atrapaba viendo sus orejas con insistencia.
-"Bokuseno nos espera" – le dio a saber antes de iniciar a descender sin disminuir la velocidad. Acercándose rápidamente al bosque, los arboles que lucían diminutos iban agrandándose cada vez más.
-'¿Va a aterrizar en este lugar?' – pensó horrorizada viendo los árboles frondosos sin encontrar alguna planicie donde pudieran aterrizar – 'Inuyasha no viajaba a esta velocidad. ¡Sólo saltaba!' – grito en su mente antes de que su mundo fuera cubierto por una gama de verdes y ocres nada alentadores.
Inu no Taisho esquivo ágilmente las ramas ignorando los gritos de la sacerdotisa.
La nube de youki fue desapareciendo hasta que los pies de Toga tocaron cuidadosamente tierra firme. Kagome soplo tratando de alejar el cabello que caía sobre su rostro tapando su visión y se agarro del cuello del youkai al sentir como sus piernas ahora guindaban sin ningún soporte.
Toga aclaro su garganta incomodo al sentir el rostro de la sacerdotisa escondido perfectamente en la curvatura de su cuello – "Humana" – la voz del youkai sonaba extraña y Kagome abrió un ojo luego del turbulento viaje cortesía de Toga Airlines –"Ya puedes caminar" – al escucharlo, miro hacia abajo y luego miro nuevamente el rostro de Toga.
Estaba sosteniendo todo su peso en el cuello del youkai y sus pies estaban a escasos centímetros del suelo – "Gracias" – susurro soltándolo casi al instante sin preocuparse de sus pies descalzos.
Toga sostuvo el brazo de la descuidada sacerdotisa sin poder evitar suspirar sintiendo su paciencia agotarse – "Me pregunto cómo has sobrevivido todo este tiempo" – hablo ayudándola.
-"Ni yo misma lo sé" – contesto deseando que la tierra se la tragase, mientras arreglaba su cabello cubierto de hojas. Resoplo nuevamente recorriendo con sus dedos las hebras enredadas de su cabello. Dejando caer sus hombros, se pregunto internamente porque se sentía tan ordinaria estando al lado de tanto el padre, como el hijo.
- "Continuemos" – al verlo darle la espalda con su cabello plateado perfectamente recolectado en una coleta alta, gruño internamente culpándolo del desastre que tendría que remediar al ver las hojas y los nudos entre sus dedos.
Kagome le saco la lengua al ver la cabellera plateada mecerse de un lado a otro, perfecta, mientras que ella parecía un animal salvaje y mojado. Toga miro hacia atrás y la sacerdotisa lo miro nerviosa sonriendo de medio lado, el youkai alzo una ceja y disminuyo su velocidad hasta quedar a la par de ella.
Caminaron en silencio hasta sentir el youki de Bokuseno casi imperceptible, oculto de aquellos que no eran del agrado del antiguo árbol de magnolia.
El otoño aun no desnudaba a los arboles vecinos de Bokuseno, quien en esta época, permanecía tan regio como siempre. Al acercarse a los previos del youkai, las ramas brillaron intensamente reconociendo la presencia del Guardián del Oeste.
-"Inu no Taisho" – dijo el youkai árbol reconociendo al viejo Inu al emerger su rostro del tronco.
-"Amigo mío, la he traído según lo planeado" – declaro cruzando ambos brazos sobre su pecho. Mirando de soslayo a Kagome, le indico haciendo un ademan que se acercara.
-"Acércate, pequeña" – solicito amablemente Bokuseno al ver la actitud un poco nerviosa de la sacerdotisa ante la cercanía del inuyoukai.
Kagome sonrió al escuchar el tono jovial del youkai luego de la, ¿Cómo llamarla?, ¿excitante experiencia? De volar junto al padre de Inuyasha.
-"Gracias, Bokuseno-sama" – ofreció al sentarse cerca del árbol.
-"Mizuki, como Miko de la Shikon no Tama, posees la habilidad de detectarla incluso si el enemigo la protege con un conjuro de barrera. Le he pedido a Inu no Taisho traerte ante este viejo youkai, para hacerte una pregunta" – aventuro Bokuseno.
Recordando el incidente en el Shiro, Kagome asintió un poco reticente.
-"Dime, pequeña. ¿Has sentido la presencia de la Shikon no Tama?" – Pregunto viendo con sospecha la mirada esquiva de Kagome – "Si, claro que la has sentido" – aseguro y miro a Toga por unos segundos.
Kagome miro confundida el intercambio y escucho al inuyoukai acercarse a ellos – "Ryoukotsusei nunca había mostrado ningún interés en la Shikon no Tama. Por lo que es seguro deducir que, su aliado es el que posee esta joya" – estremeciéndose al sentir la mirada de Toga sobre ella, Kagome se acomodo impaciente rompiendo el contacto visual – "Si pretendo ganar esta guerra, primero debo aniquilar al vampiro que lo acompaña. Y por eso, tú eres la única que puede detectar la perla y guiarme hasta él" – Kagome guardo silencio aceptando con resignación la nueva responsabilidad que recaía sobre ella.
-"Estas evitando detectarla" – insinuó Bokuseno provocando que la pelinegra lo mirara interrogante.
¿Acaso estaba ignorando la presencia de la Shikon no Tama inconscientemente?
Tocando su pecho, recordó el dolor provocado por la presencia de la Shikon no Tama de esta época. Su alma había ardido exigiendo encontrarse con su otra mitad y se preguntaba si de volver a aproximarse a la perla del pasado, se repetiría el mismo efecto.
Cerró los ojos concentrándose y algo palpito dentro de ella. Al noreste de donde se encontraban, podía sentir la Shikon no Tama, contaminada, latiendo.
-"Puedo sentirla" – susurro perdida en aquel trance.
Inu no Taisho vio a Bokuseno y asintió poniendo una mano en el hombro de la humana antes que el enemigo pudiera localizarla. Alrededor de ella, sus poderes se manifestaban haciéndola brillar poderosamente.
Toga ignoro la sensación de purificación en sus dedos y vio como su piel se regeneraba sin dejar ninguna cicatriz –"Mizuki" – la llamo y como si su nombre fuese un conjuro, la humana abrió los ojos al instante apuntando la dirección donde de seguro encontrarían al enemigo.
-"Nos está esperando" – la voz de Kagome rompió el silencio y Toga miro la expresión impenetrable de la sacerdotisa.
-"¿Estas lista?" – Pregunto y Kagome asintió sin dudarlo – "Si no eliminamos primero a este enemigo, de nada servirá cuántos soldados luchen contra Ryoukotsusei, él podrá controlarlos y utilizarlos en contra del Oeste" – explico tratando de hallar alguna falla en la determinación de la sacerdotisa.
-"Entiendo a la perfección la situación, Toga-sama" – respondió Kagome viéndolo fijamente.
Estaba dispuesta a enfrentar al youkai de sus pesadillas por más irracional que sonase. Sabía que esta vez no tendría a Sesshoumaru de aliado, sino a un youkai aun más impredecible y poderoso.
Bokuseno se despidió de ellos y Kagome espero las indicaciones de Toga.
-"Hmm… ¿Toga-sama?" – pregunto viendo la figura pensativa del inuyoukai.
Dejando caer su mirada bronce sobre ella, toco su barbilla elegantemente sin responder. En un tic nervioso, la sacerdotisa empezó a golpear con su pie el suelo ganándose una mirada nada amigable de parte del Inu.
Ladeando su cabeza, le regalo nuevamente otra mirada y la sacerdotisa desesperada lo miro alentándolo a hablar.
-"La paciencia es una virtud, Mizuki" – respondió en un tono solemne – "Debo decidir si viajamos a pie o…" – antes que el youkai pudiera continuar, Kagome lo interrumpió.
-"A pie, por favor" – dijo apresurada sonrojándose ante la mirada de reproche del youkai.
-"¿No confías en mi?" – pregunto oliendo el miedo en ella.
-"No es eso" – respondió rápidamente.
-"Hn" – la vio desconfiado – "Entonces le temes a las alturas" – dedujo haciendo ligero su tono de voz.
Kagome suspiro sintiéndose incapaz de mentirle – "No, estoy acostumbrada a viajar a grandes alturas, pero no a esa velocidad" – fue sincera, se dijo a si misma.
-"Eres pésima mintiendo" – respondió acercándose a ella – "Sho será de gran ayuda si pretendemos cubrir grandes distancias por tierra" – y sin avisarle, la pelinegra tuvo que tapar sus oídos.
Toga llevo dos dedos a su boca, haciendo un ruido bastante molesto.
Apartando ambas manos de su cabeza, miro hacia arriba al sentir como las hojas caían sobre ella y las ramas de los arboles se movían violentamente. Kagome se sobresalto al ver como un rayo impactaba las cercanías acompañado de un youki familiar para ella.
Sho, el padre de Ah y Un, se abrió paso hasta ellos sin dificultad deteniéndose al frente de su amo. Inu no Taisho toco orgulloso la crin de su compañero y tomo el cordel rojo que guindaba del cuello del youkai ofreciéndoselo.
Alentada por un empujón cariñoso dado por Sho, tomo el cordel y se monto en la silla agradeciéndole a los Kamis por su vestidura de miko. Si hubiera ido en kimono, el viaje hubiera sido aun más incomodo.
-"Mizuki, ¿Qué edad tienes?" – pregunto Toga eventualmente, luego de algunos minutos de viaje.
-"Acabo de cumplir los dieciocho" – contesto un poco distraída.
-"¿En tu tiempo te espera algún humano?" – dijo en un tono desinteresado como si hablara del clima. Kagome pensó antes de responder y se sonrojo al recordar las palabras de Sesshoumaru en el lago.
-'¿Un humano? Si… Miroku, Sango, Kaede' – dudando del sentido especifico de la pregunta, siguió cavilando sin poder ignorar la mirada persistente del youkai – 'Sesshoumaru no cuenta' - Pensó haciendo un mohín que le resulto cómico a Toga.
-"Al parecer tienes muchos pretendientes si no puedes mencionar sólo uno con facilidad" – dijo logrando que Kagome lo mirara tan roja como un tomate y le respondiera efusivamente.
-"¡Eso no es cierto!" – Se defendió apuntándolo con el dedo y Sho la miro un poco enojado por gritar – "Yo… Yo pensé que se refería a humanos en general" – bajando el tono de voz, recordó a sus amigos y lo mucho que los extrañaba – "Hay muchas personas esperando mi regreso. Y si quería saber sobre pretendientes, pues, no tengo prometido ni nada parecido" – respondió acariciando la cabeza del dragón tratando de disculparse.
-"Es difícil creer que una hembra fértil no tenga pareja" – agrego de nuevo con ese tono desesperante. Kagome entrecerró los ojos comprendiendo a que se refería – "No me malinterpretes. Sólo lo pregunto por curiosidad" – al decir esto, la pelinegra continuo viéndolo con una expresión de "sí, claro…"
-"¿Toga-sama, cuántos años tiene usted?" – pregunto cambiando el tema.
-"No quieres saberlo" – al decirlo, lo observo meticulosamente adivinando unos 30 años si fuera humano, por su aspecto maduro. Toga la atrapo nuevamente observándolo y una sonrisa adornada por un par de colmillos la hizo retorcerse.
-"¿Y Sesshoumaru?"- tentó su suerte y el youkai dejo escapar una risa sincera y agradable.
-"Tiene 248 años" – al ver el rostro estupefacto de Kagome, rio nuevamente – "No debiste preguntar" – si, reconocía esa mirada de angustia en algunas hembras humanas al escuchar la edad de los youkais.
-'Querido Señor Psicólogo, viajo en el tiempo y estoy enamorada de un hanyou' – en su mente, Kagome podía imaginarse al hombre vestido de blanco escuchándola – 'Y ahora, creo que me estoy empezando a enamorar de un youkai que tiene doscientos cuarenta y ocho años. ¿Cree que pueda darme algo para las alucinaciones o quizás, algún centro de terapia donde puedan tratarme por gerontofilia?' – Pensándolo bien, quizás cuando regrese a su época, lo primero que haría sería ingresar al centro psiquiátrico más cercano.
-"Shizumaru tiene 539 años" – Toga podría jurar que al decirle la edad de su protegido, la humana había palidecido, casi adquirido un tono grisáceo. Ocultándose detrás de los mechones de cabello que sobresalían como una galluza, la humana continúo en silencio un poco deprimida.
-"Siempre pensé que Sesshoumaru era mayor que Shizumaru" – admitió suspirando.
-"La lealtad de Shizumaru no depende de la edad de su líder. Como mi heredero, Sesshoumaru debe aprender a guiar a aquellos que tienen más experiencia y ganar su respeto" – explico deteniéndose al sentir un youki acercándose a ellos.
-"¿Sucede algo?"- pregunto Kagome viéndolo con curiosidad.
Toga permaneció en silencio olfateando desde su posición estática, intentando detectar un aroma en particular. Un pequeño piquete en su cuello revelo la identidad del nuevo acompañante. Golpeando suavemente el área afectada, aparto lentamente la mano empleada, encontrando al youkai pulga totalmente aturdido y satisfecho en su palma – "Myouga" – reconoció de inmediato, viendo como el anciano acomodaba su haori verde asegurándose de que todas sus patas seguían intactas.
-"¡Amo!" – Dijo el sirviente pulga animadamente, saltando contento – "Si continua por este camino encontrara el campamento de Satou-san" – agrego con una sonrisa trayendo las buenas noticias.
-"¿Se ha recuperado por completo?" – en el ataque al Shiro, por desgracia, Satou fue el único herido de gravedad al enfrentarse en desventaja contra Akira.
Saltando en la palma de Toga graciosamente, el anciano le aseguro vehementemente la total recuperación del compañero de batalla de Inu no Taisho.
Kagome miro con autentica alegría el pequeño rostro familiar de Myouga y este atraído por su mirada, salto cayendo en la cabeza de Sho.
-"¿Amo, viaja con una humana? ¿Es acaso una nueva adquisición?" – al decir esto, el sonido seco del golpe de Kagome y su aura ensombrecida por la furia, hizo retroceder a Toga.
-"¿Por qué siempre preguntan lo mismo?" – Pregunto en un tono chillón y molesto – "No soy una adquisición. Soy una sacerdotisa y viajo con Toga-sama para ayudarlo" – termino dejando que el cuerpo aplastado de la pulga cayera encima del dragón nada complacido por el golpe.
-"Discúlpeme, Miko-sama" – dijo difícilmente Myouga luego de recuperarse – "No es normal que una humana viaje con un youkai" – temiendo otra dosis de ira por parte de la sacerdotisa, pregunto en la seguridad del hombro de Toga – "Sin ofender, Toga-sama, ¿En que podría ayudarlo esta pequeña humana?" – señalándola con la cabeza, Kagome lo fulmino con la mirada.
-"El enemigo posee la Shikon no Tama y ella puede guiarnos hasta nuestro objetivo" – respondió serenamente aplacando las ganas de reír.
Myouga dudo por unos segundos de las palabras de su amo hasta que sintió el poder emanando de la humana. Al estar concentrado en su misión, había ignorado la presencia de la sacerdotisa al no percibir ningún aroma alrededor del inuyoukai que no fuera el del dragón que siempre lo acompañaba.
El reiki que emanaba de ella era poderoso, pero estaba siendo suprimido por una barrera que también ocultaba su aroma. Su rostro asegurado detrás de uno de los conjuros más poderosos de Bokuseno y la insinuación de que sólo ella podía guiarlos hasta el enemigo lo orillo a pensar en la idea más descabellada.
-"¿La Miko de la Shikon no Tama?" – pregunto con ojos aun más grandes de lo normal en la diminuta pulga.
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Estirando sus piernas, deslizo los tabis que cubrían sus pies para masajearlos luego de correr detrás de Sho por culpa de la pequeña pulga. Se había convertido en una rutina practicar su puntería con Myouga debido a su falta de tacto al hablar sobre youkais y humanos.
Acomodando sus piernas debajo de ella, miro con una sonrisa sus dedos enrojecidos por el entrenamiento. No podía quejarse. Tenía todo lo que necesitaba para sentirse como una reina.
Viajar con Inuyasha había sido difícil al principio.
En las noches, la joven quinceañera del futuro extrañaba su cama al estilo occidental más que a nada, pero luego de que su madre empacara una bolsa para dormir y las técnicas nada morales de Miroku para obtener hospedaje en las casas de los Terratenientes, o posadas a cambio de sus servicios de exorcismo, el panorama había mejorado considerablemente.
Viendo las sabanas y los cobertores doblados en el interior de una tienda bastante espaciosa, pensó con una sonrisa iluminando su rostro, viajar con Inu no Taisho era un lujo que no rechazaría.
Habían pasado dos semanas siguiendo el rastro de Akira, o quien fuera que tuviese la Shikon no Tama. Era tiempo de un merecido descanso.
Los soldados cenaban amenamente a una distancia prudente de la tienda reservada para su uso personal. Encima de los cobertores, yacía un futon y una almohada rellena de cascaras de arroz.
Acostándose luego de un extenuante día, disfruto de la calidad de las sabanas – 'Si, esto es un lujo' – cada pieza era de seda. La pelinegra recordó a Inuyasha y se entristeció al pensar en lo injusto que había sido el destino con el hanyou.
Su naturaleza ruda y violenta funcionaba perfectamente para esconder su corazón bondadoso y gentil. Detrás de las groserías de Inuyasha, siempre había algo que delataba el interés por el bienestar de sus compañeros.
La belleza de la madre de Inuyasha y su elaborado juunihitoe dejaban en claro que pertenecía a la corte o era hija de algún señor feudal, por lo tanto, una princesa. Ambos padres habían gozado de lujos y de opulencia, en cambio, él tuvo que sobrevivir en la soledad.
Hundiendo su rostro en la almohada, se sintió culpable de disfrutar de la compañía del padre de Inuyasha. De la aceptación de Sesshoumaru aunque fuera de naturaleza dudosa. Cerrando los ojos, dejo escapar una solitaria lagrima en honor al hanyou que nunca necesito de ninguna comodidad para vivir con valentía.
-"Inuyasha"- susurro quedando dormida sin notar la presencia de Toga.
Protegiendo a la humana al sentir diferentes youkis acercándose al campamento, pensó en su hijo tratando de cotejar las reacciones de ambos. Tanto la humana, como Sesshoumaru, habían desarrollado cierta conexión que permanecía intacta según los informes de Shizumaru.
Escucho la voz de Mizuki y su aura intranquila cubierta de miedo. No era la primera vez que la escuchaba gritar mientras dormía. En el Shiro, Sesshoumaru pensándolo ignorante, la acompañaba hasta tranquilizarla.
Algo había sucedido en la aldea de Nakahima, pero sabía que ninguno le proporcionaría la información que resolvería todas sus interrogantes.
Inhalando profusamente el aire impregnado de diferentes aromas, se relajo orgulloso descubriendo la ausencia de sus enemigos. Desapareciendo poco a poco el youki que había expandido para avisar a las criaturas inferiores que el Lord del Oeste estaba presente, entro en la tienda para despertarla y quizás obtener algunas respuestas.
Ella estaba sentada respirando difícilmente.
Toga se acerco poniendo con cuidado una de sus manos en la frente de Kagome. La humana lo miro perdida como si él fuera parte de uno de sus sueños, y sin decir una palabra, se recostó regularizando su respiración.
Con la intención de salir de la tienda, Toga le dio la espalda y se detuvo cuando los dedos de Kagome se cerraron sobre una de las colas de su estola.
-"Sesshoumaru" – susurro tranquilizándose por completo y el youkai la vio con una sonrisa, tomando asiento a su lado.
Acariciando el cabello de Kagome paternalmente, reflexiono sintiéndose culpable por haberlos separado.
Como padre conocía perfectamente a su hijo y sabía que Sesshoumaru estaba ocultando el verdadero interés que sentía por la humana. Con pupilas rayadas en medio de un ámbar oscuro, miro el rostro de la única criatura que podía salvar a su hijo.
No sólo en el futuro. Ella podía enseñarle a sentir.
Sin tener el corazón para despertarla, permaneció toda la noche con ella, cumpliendo la promesa no dicha que recaía sobre él. Al separarla de Sesshoumaru, era su deber protegerla.
Cerró los ojos y al abrirlos nuevamente, la figura de Satou levantando la solapa que protegía la entrada de la tienda, dejo entrar los rayos del Sol indicándole la llegada de un nuevo día. La humana tenia la virtud de emitir paz y tranquilidad cuando lo deseaba, y sin darse cuenta, se había dormido.
-"Taisho, ha llegado un mensaje del Shiro" – hablo moderando su tono de voz y Toga se puso de pie al notar que Kagome había soltado su estola.
Una vez fuera de la tienda, vio a su teniente con una misiva en la mano. Ofreciéndosela, la abrió cortando uno de los extremos con su garra, cayendo en cuenta de la caligrafía perfecta que adornaba la superficie del papel y sobretodo, el aroma que desprendia era inconfundible.
-"Irasue" – dijo leyendo con cuidado cada palabra.
Detrás de él, Kagome totalmente despierta, salió de la tienda ya cambiada y lista para continuar con el viaje.
-"Buenos días, Toga-sama" – ofreció llena de energía la sacerdotisa – "Satou-san" – dijo inclinando amablemente la cabeza.
Inu no Taisho imito el gesto de la sacerdotisa y su mano fue envuelta en veneno destruyendo por completo la carta sin dejar ninguna prueba.
-"Debemos avanzar, me temo que muy pronto tendremos compañía" – dijo Toga ordenando a los soldados se prepararan para partir.
-"¿Algún problema, Taisho?" – pregunto Satou.
-"Irasue no regresara al Shiro y si no me equivoco, nuestro enemigo aprovechara su ausencia en el Castillo Flotante" – sin detenerse, Inu no Taisho continuo dando las instrucciones pertinentes mientras hablaba con Satou.
-"Debemos proteger la piedra Meidou" – declaro entendiendo la preocupación del Lord.
Asintiendo, Inu no Taisho fue cubierto de un aura rojiza revelando su verdadera forma.
Kagome tuvo que retroceder junto con Satou para no ser aplastada por las inmensas patas de Inu no Taisho. Rugiendo, miro a la humana.
-"Humana, Toga desea que viajes con él" – tradujo el teniente para una humana asombrada.
-"Pero… ¿Cómo podre montarme? ¡Es enorme!" – dijo sin poder ver por completo el gran cuerpo del perro sin importar cuánto retrocediera.
Entendiendo a la humana, Toga acerco una de sus patas a ella y Kagome temerosa se agarro con todas sus fuerzas del pelaje suave y abundante que cubría la enorme extremidad del General.
Flexionando su pata, acerco a Kagome a su hocico mordiendo con cuidado la tela de su kimono, para luego soltarla en su lomo.
Aunque podía ver poco debido a la gran cantidad de pelo rodeándola, sabía que viajaban a una gran velocidad. En pocos minutos el olor salino del mar llego a su nariz y mirando difícilmente a través del pelaje, vio el mar fascinada.
Una gran cantidad de youki se acercaba a ellos y Kagome tuvo que aferrarse al pelaje de Toga para no caer al sentir como el youkai esquivaba el ataque del enemigo. En la distancia, la figura de Akira volando con sus alas esqueléticas, era cubierta por un youki igual de enorme que el de Inu no Taisho.
Los ojos de Kagome se nublaron por unos instantes al sentir la presencia de la Shikon no Tama, llamándola. Agarrando su pecho, se concentro en purificar su aura alejando la oscuridad que pretendía adentrarse en la perla gemela que reposaba en su interior.
-"Sostente" – escucho en su mente la voz de Toga y se aferro con fuerza al pelaje plateado que a pesar de su apariencia delicada, era resistente.
-"Toga-sama, creo que es tiempo de darme lo que me pertenece" – dijo Akira antes de atacar al Guardián del Oeste sin importarle la muerte segura que ofrecían sus feroces dientes.
Inu no Taisho descendió velozmente aterrizando en la arena. Convirtiéndose en un rayo rojo, abandono su verdadera forma. Detrás de él, Kagome preparaba su arco ágilmente tomando de su carcaj una flecha.
Akira ataco inmediatamente desenfundando su katana, pero Souunga rompió sin ninguna dificultad la hoja de su arma. El vampiro lo miro jactanciosamente tirando en la arena el mango de su inútil espada.
-"Esta pelea no se determinara por nuestro dominio en las espadas" – dijo mordazmente desapareciendo.
Tensando su arco, Kagome apunto sintiendo la presencia de la Shikon no Tama. Cerró los ojos viéndola con claridad – 'Por favor, pega en el blanco' – suplico desde el fondo de su corazón impregnando todo su poder en la flecha disparada.
Para la sorpresa de Toga, quien pensó había sido un desperdicio por la velocidad de su enemigo, la flecha desapareció dejando un rastro de purificación en el aire.
Los poderes de Kagome se manifestaron detrás de ellos y Akira maldijo al sentir la flecha atravesándolo. La Shikon no Tama que permanecía en el poder del youkai empezó a purificarse y Toga aprovecho para atacar con Tessaiga.
-"¡Viento Cortante!" – la voz grave del Inuyoukai sonó como un rugido de guerra superando la ira de las olas que rompían inclementes contra la orilla.
Las navajas de poder cortaron todo a su paso encontrándose con una barrera escarlata erguida hábilmente por el vampiro.
-"Eso estuvo cerca" – dijo riendo agitado Akira con una mano en su pecho donde la flecha de Kagome continuaba brillando, luchando por purificar por completo de la perla.
Sin desistir, esta vez era el turno de Tenseiga.
Al sentir como su cuerpo era jalado por el poder de la espada que en el futuro reposaría en el cinturón de Sesshoumaru, Kagome tuvo que sostenerse de la estola de Toga al invocar el poder del Meidou Zangetsuha.
La apertura al inframundo en forma de luna llena estaba absorbiendo todo lo que tenía a su alcance. Perdiendo la sonrisa por completo, Akira abrió sus alas, pero estas eran diferentes. Dos cuernos sobresalieron en su frente y las alas incompletas que antes lo sostenian, aumentaron de tamaño cubiertas de una piel oscura y gruesa, con algunas venas. Con ellas se aferro a la arena para no ser absorvido por el poder del Meidou.
Inu no Taisho sabía que ese ataque no le afectaría a una criatura amada por la oscuridad. Esta era la verdadera forma del vampiro y sólo en ese instante los ataques realmente le afectaban. Saltando, blandió Souunga siendo rodeado por su youki y Akira no tuvo tiempo de defenderse.
La sangre mancho la arena.
-"Sabia que no serias rival para Inu no Taisho" – escucharon la voz de Ryoukotsusei y Toga tuvo que esquivar el ataque directo de la cola del dragón.
Nunca podría ganarle en su forma humanoide.
Kagome apunto a Ryoukotsusei con su arco, pero una mano la detuvo.
-"Su piel es impenetrable" – advirtió Toga entiendo las intenciones de Kagome – "Si imitas el ataque anterior, deberás conocer donde está su corazón. Tu flecha fue guiada por la presencia de la Shikon no Tama, pero este enemigo es completamente diferente" – al decir esto, la pelinegra asintió resguardándose detrás de él.
-"Me llevare a esa humana" – dijo Ryoukotsusei a través de la máscara que adornaba su frente.
Akira se aparto aun sangrando, su brazo guindaba por pedazos y su tórax estaba expuesto a la vista, por lo que Kagome aparto rápidamente su mirada de él.
Toga se alejo de ella y brillo convirtiéndose nuevamente en la bestia legendaria que resaltaba como la nieve en medio de la arena del mar.
Sabía que estaba de más en aquel lugar.
La batalla entre los dos Taiyoukais no tenía precedentes.
Ryoukotsusei a pesar de su colosal forma se movía a una velocidad sorprendente y ningún ataque de Inu no Taisho parecía mover ni un milímetro al invencible dragón.
Preocupada al ver al enorme perro jadeando, tenso nuevamente su arco concentrando todo su poder –'Midoriko-sama, ahora más que nunca la necesito' – dentro de ella, algo palpito y pudo ver con claridad el alma del dragón. Su cuerpo brillo en dorado y su cabello se elevo moviéndose salvajemente rodeado de pequeñas chispas que brotaban de ella.
Interrumpiendo la lucha, el enorme reiki de Kagome a travesó la distancia llegando hasta Ryoukotsusei. Sin poder contener más la flecha entre sus dedos, disparo esperando la flecha desapareciera como la anterior. Inu no Taisho tuvo que apartarse al sentir el poder de la purificación aumentando hasta convertir la pequeña flecha en un gran ovalo dorado que impacto sin misericordia el pecho del dragón.
Las escamas derretidas empezaban a ceder ante el inminente ataque de la Miko de la Shikon no Tama.
-"Por favor" – suplico concentrándose con todas su fuerzas.
-"No es de buena educación interferir en una pelea" – al voltearse, Akira la tomo por el cuello asfixiándola logrando disipar por completo el poder que envolvía la flecha.
Ryoukotsusei vio la herida que ahora sangraba y se arrastro hasta donde la humana se hallaba.
Las garras de Toga chocaron contra las escamas de Ryoukotsusei logrando abrir más la herida de su pecho.
Kagome podía escuchar los ataques de ambos, causando que todo temblara bajo ellos. El youkai la dejo caer para luego arrodillarse frente a ella – "Necesito de tu poder para contaminar la perla. ¿Qué es lo que más deseas en este mundo?" – pregunto acariciando su rostro.
Alejándose de él, estaba apoyada boca arriba sosteniendo su espalda alzada con sus brazos. Podía escuchar la voz de Akira en su cabeza.
-"Es tiempo de marcharme" – Viendo analíticamente al dragón, le regreso una mirada fría – "Quizás deberías hacer lo mismo" – al decir esto, el youkai desapareció dejando una estela oscura en su lugar.
El cielo se oscureció y el Guardián del Este hizo temblar a sus enemigos.
Una gran esfera de poder se formo en su boca destruyendo todo a su paso.
Toga corrió hasta la humana y con la precaución que le permitía la extrema urgencia de la situación, la atrapo con su boca teniendo cuidado de no lastimarla.
El poder del ataque fue inmensurable, de un momento a otro, el viento la envolvió y la figura de Toga se iba alejando de ella a una velocidad alarmante. Su mente grito llena de pánico al darse cuenta que estaba cayendo sin nada que la detuviera.
Grito con todas sus fuerzas intentando llamar la atención del inuyoukai pero fue en vano. El impacto la dejo sin aliento, estaba hundiéndose cada vez más en las profundidades del mar. Intento nadar hacia arriba pero la fuerza de la caída seguía arrastrándola cada vez más al fondo.
Ya no tenía fuerzas para mover sus piernas y poco a poco, su vista se fue nublando hasta perderse en una completa oscuridad.
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Por alguna razón, aquella tarde al sentir el aroma salino que venía de las costas de la tierra del Oeste, pudo escuchar en la silenciosa brisa, el rugido de su padre bañado de dolor.
Acomodando las hebras plateadas que habían sido desordenadas detrás de su oreja, camino hasta las murallas que protegían el Shiro guiado por un mal presentimiento.
Los cortesanos parecían ignoran el estado de alerta que caía sobre ellos. En el Shiro del Oeste, la partida de su Señor no había afectado las actividades diarias de sus habitantes. Estaban acostumbrados a su ausencia debido a las constantes guerras que atentaban contra la estabilidad de la prospera tierra de Inu no Taisho.
Sesshoumaru estaba orgulloso de su padre y de la fe ciega que el pueblo le ofrecía. Pero en esta ocasión, su instinto le decía que el Lord del Este era un enemigo que traería a la muerte a sus puertas sin importar cuánto lucharan.
-"¿Alguna noticia de mi Padre?" – pregunto Sesshoumaru a los soldados que protegían la entrada a la ciudad.
-"Sesshoumaru-sama, Myouga llego hace unos minutos" – contesto uno de los soldados brevemente.
-"¿Por qué no se me aviso de su llegada?" – el tono empleado por el youkai exigía una buena excusa.
Tragando saliva, el soldado miro a su compañero y con todo el valor que pudo recolectar, estabilizo su voz sonando casi convincente – "Shizumaru pidió no se le informara" – contesto retrocediendo al ver las garras cubiertas de veneno de Sesshoumaru.
En un santiamén, la figura del inuyoukai desapareció en el camino que dirigía a la ciudadela, perdiéndose entre las torres del Shiro.
Rastreando el aroma de Shizumaru, llego hasta tercera torre donde se planeaban las estrategias. Corrió el shoji y encontró al sirviente de su padre hablando con Shizumaru.
-"¿Debo preguntar por qué se me ha excluido de esta reunión?" – Acuso severamente entrando a la habitación, ignorando a la pulga que intentaba explicarse –"¿Pretendes ahora ocultarme su paradero, Shizumaru?" – al decir esto, Myouga los miro perdido sin comprender de qué hablaban, por lo que prefirió no interferir entre ambos Inuyoukais.
-"Toga-sama así lo ordeno" - respondió sin perder la calma.
-"¿Qué información posees?" – esta vez, Sesshoumaru se dirigió a Myouga y este se sintió más pequeño al notar la fría mirada que recaía sobre él.
-"El Amo fue herido cerca del Castillo Flotante de Irasue-sama. El enemigo estaba detrás de la humana y el tesoro que su madre protege" – al brindar la información, las garras de Sesshoumaru se cerraron amenazadoras alrededor del pequeño cuerpo de la pulga.
-"¿Dónde está?" – pregunto asfixiando al youkai pulga.
-"¡No lo sé!" – Respondió intentando salvarse – "Toga-sama no quiso dar más detalles y me envió a informarle a Shizumaru que necesitaba de su ayuda" – al decir esto, Sesshoumaru lo dejo caer.
-"¿Para qué necesita a Shizumaru?" – Myouga retrocedió saltando detrás de inuyoukai pelinegro al ver como este negaba con la cabeza.
-"El próximo objetivo del enemigo será el Shiro" – declaro Shizumaru con cierta imponencia.
-"Shizumaru" – advirtió.
-"Toga-sama perdió el rastro de Mizuki" – revelo el inuyoukai – "Ryoukotsusei los ataco y cayó al mar haciendo imposible seguir algún rastro" – Shizumaru sabía lo que sucedería.
Al decir esto, Sesshoumaru salió de la habitación ignorando las órdenes de su padre. Él había faltado a su promesa al no protegerla.
Él la traería de vuelta y esta vez, se aseguraría de mantenerla en el Shiro lejos del alcance del enemigo.
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La noche llego cubriendo de plateado el agua del mar. Disfrutando de la serenidad de la playa, una mujer de cabello azabache caminaba sin las ataduras de su posición social.
Un kimono de dos capas la protegía del frio mientras dibuja con sus pisadas, figuras y kanjis en la arena. Era tarde y las olas parecían furiosas por alguna razón. Agudizando su mirada, algo rojo sobresalía a lo lejos, siendo mecido por el vaivén del mar.
Se acerco al reconocer la figura indiscutible de una mujer. Su kimono empapado resaltaba purpura ante la luz de la luna. Era una miko, dedujo.
Mirando a su alrededor, dudo por unos segundos en ayudar a la miko inconsciente.
-"Otousan se enfadara cuando sepa que salí sin Takemaru" – susurro apartando el cuerpo gélido de la sacerdotisa de la orilla. Preocupada por los labios morados y la respiración casi ausente de la miko, froto con fuerza sus brazos para brindarle un poco de calor.
-"Hime-sama" – agradeció a los Kamis por primera vez, ser descubierta.
-"Chie, por favor, regresa y dile a mi padre que envié a Takemaru" – al decir esto, la sirvienta camino hasta la princesa descubriendo a la mujer inconsciente que protegía.
-"De inmediato, Hime-sama" – susurro alejándose viendo hacia atrás a medida que se alejaba.
En poco tiempo pudo distinguir la armadura de samurái de Takemaru y sin hacer preguntas, llevaron a la sacerdotisa a la mansión donde la esperaban los sanadores. Los sirvientes hicieron una reverencia al reconocer a su princesa y murmuraron extrañados al ver el kimono de campesina que llevaba como camuflaje en sus escapes.
-"Gracias, Takemaru" – agradeció al samurái y este se acerco a ella incomodándola un poco.
-"Hime-sama, por favor, no vuelva a escapar o su padre le prohibirá la salida de su habitación" – pidió disimulando su preocupación detrás de una voz grave y ronca.
La mujer asintió sonriéndole. Takemaru removió el casco que protegía su cabeza, dejando ver su cabello chocolate y su mirada aceituna. Ella sabía lo que sentía el samurái.
Haciendo una reverencia, abandono la habitación al escuchar a las sanadoras diciendo que un hombre no debía estar presente mientras atendían a una sacerdotisa.
Poco a poco fueron calentando el cuerpo inconsciente de la miko hasta que notaron algo de movimiento en sus parpados. La princesa permanecía en la habitación preocupada y puso una mano en la frente ahora hirviente de la joven mujer.
Podía escuchar una voz y trato de abrir los ojos en vano.
Un paño húmedo fue puesto en su frente y nuevamente, una voz dulce la llamaba.
No sabía cuánto tiempo llevaba inconsciente pero el dolor en todo su cuerpo le impedía moverse. En su mente podía ver el agua del mar tragándola, adentrándola cada vez más. No supo cómo pudo llegar a la orilla luego de flotar durante horas sin ningún rumbo. Toga-sama debía estar preocupado por ella, tenía que despertar.
-"Tranquila" – al escuchar la dulce voz se relajo sin oponerse a la oscuridad que reclamaba nuevamente su cuerpo. Era inútil intentar moverse, había nadado con todas sus fuerzas al ver como Toga se alejaba sin poder ver su cuerpo sumergido, gritando por su ayuda.
-'Kagome, haz una nota mental: No volar NUNCA con Toga-sama' –
Al despertar, la luz del sol entraba tenuemente a través de sus parpados. Abriendo sus ojos pesados, se sorprendió al encontrar una habitación nada modesta. El futon donde esta recostada era protegido por un dosel y la habitación olía a incienso y hierbas medicinales.
El cuchicheo de muchas mujeres llamo su atención y quiso moverse pero se arrepintió al instante – "Auch" – se quejo descubriendo que cada musculo de su cuerpo parecía quemarse – 'Claro, Kagome, después de la maratón olímpica que esperabas… Perdónenme brazos, y gracias piernas, ¡Ustedes son increíbles!' – sí, sus extremidades merecían un premio por su esfuerzo.
-"¡Hime-sama!" – Grito una de las sirvientas corriendo el dosel por unos segundos, para luego desaparecer en el pasillo – "¡Despertó!" – Kagome confundida escucho los pasos apresurados aproximándose a ella y espero con paciencia a sus curiosas salvadoras.
Una sombra se reflejo en la tela delicada del dosel y al correrse, Kagome quedo sin aliento al reconocer el rostro fino y hermoso de la mujer que robaría el corazón de Toga-sama.
-"¿Izayoi-sama?" – susurro viendo a la madre de Inuyasha ante ella sin poder creerlo.
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Largo… x_x jejejeje
Espero les haya agradado… REVIEW REVIEW¡ xD
Una vez más, mil gracias por su apoyo. Les debo los agradecimientos, pero no teman xD que el capitulo siguiente ya está listo, así que no habrá demora. Aunque un poco corto, estará intenso con la aparición de Izayoi. COMENTARIOS, QUEJAS, TOMATAZOS, TODO ES ACEPTADO¡ Nooo, no cierres la pagina sin oprimir REVIEW *w*
