Epílogo
Edward frunció el ceño con preocupación, sentado junto a la cama donde Bella descansaba tras otra contracción. Ella le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—¿Cómo iba a saber que los mellizos nacerían antes de lo previsto?
Habían sabido que esperaban mellizos cuando le hicieron a Bella la primera ecografía. Había sido una sorpresa, pero muy agradable. Sin embargo, no esperaban que Bella diera a luz dos semanas antes de lo previsto. Ella acababa de salir de la última sesión fotográfica que había programado antes del parto cuando telefoneó a Edward para pedirle que fuera a recogerla. ¡Y rápido, si no quería perderse el nacimiento de sus hijos!
—Odio ver que sufres —dijo Edward, pálido.
Llevaban casados cinco meses y medio. Cinco meses y medio de absoluta dicha y felicidad en los que su amor no había hecho más que crecer. Bella le apretó la mano.
—Todo va a salir bien —le aseguró.
Él sacudió la cabeza.
—Nunca habría querido que pasaras por esto si llego a saber el dolor que te causa.
—Creo que ninguno de los dos tenía elección, ¿recuerdas?
—¿Te arrepientes de…?
—No me arrepiento de nada, Edward —lo interrumpió—. Ni de un solo momento de nuestra vida juntos.
—Si algo te ocurriera…
—No va a pasar nada —le prometió—. Dentro de un par de horas te habrás olvidado de todo esto.
¿Un par de horas! Edward no creía que fuera a aguantar tanto tiempo. De hecho, no supo cómo sobrevivió a la siguiente hora desgarradora, observando el sufrimiento de Bella sin poder hacer otra cosa que tomarla de la mano. La quería demasiado como para hacer que pasara por algo así de nuevo. Debía de ser el dolor mas insoportable que…
—Su hija, señor Cullen.
Edward miró el pequeño bulto envuelto en una manta que le habían puesto en los brazos mientras Bella, el médico y las enfermeras se concentraban en traer a su hijo al mundo.
¡El bebé parecía tan pequeño, tan frágil, tan hermoso…! Tenía el cabello castaño de Bella, la piel blanca, las mejillas redondeadas, una naricita pequeña como un botón y una boquita que parecía un capullo de rosa.
Edward dejó escapar el aliento cuando la pequeña abrió los ojos un momento y sintió que se enamoraba por segunda vez en su vida. Su hija Rennesme. Esme por la madre de él y Renné, por la de Bella.
—Y su hijo —dijo la comadrona minutos después, llevando en brazos al otro bebé.
Edward movió ligeramente a Rennesme en sus brazos para acomodar también a su hermano, que también tenía el pelo castaño, la piel blanca, una nariz diminuta y la boca como un capullo de rosa. Pero él ya tenía los ojos abiertos y lo miraba directamente.
Edward sintió que el corazón se le derretía completamente. Su hijo Edward Charles, Edward por su padre y su abuelo y, Charles, por el padre de Bella.
—¿Ya te sientes mejor?
Edward abogó una risa cuando se giro para mirar a Bella, que estaba exhausta, pero feliz.
—¿Que si me siento mejor? —depositó a Rennesme en los brazos de su madre—. Te presento a nuestra hija, mi amor.
Bella miro arrobada al bebé, pequeño pero perfecto.
—Es tan hermosa, Ed…
—Y a nuestro hijo —le puso al bebé en el otro brazo—. Gracias, Bella—dijo, mirando a su familia con amor.
Bella lo miro y sonrió.
—Gracias.
—Te quiero.
—Yo también te quiero.
Eso era lo único que importaba. Lo único que importaría siempre.
FIN
Bueno y esta historia llegó a su fin, muchísimas gracias a todas por su apoyo, por leerme, por sus reviews y por la paciencia cuando tardé en actualizar.
La historia original se llama, Los hijos del millonario de Carol Mortimer ( por cierto le cambie el título porque quería que fuera sorpresa lo de los gemelos)
Gracias! y nos vemos en la próxima!
