Ninguno de los personajes de Southern Vampire Mysteries o de True Blood me pertenecen. Son propiedad de Charlaine Harris y de Alan Ball.
Muchas gracias por vuestros reviews. Por ahora, que tengo tiempo y material, actualizaré a menudo, pero no puedo prometer que sea siempre así. Menos ahora, que llegan las navidades.
Eric se calentó un cubo de agua, se quitó toda la ropa y me miró de manera inquisidora desde su desnudez. No le di tregua, así que saqué su apestosa ropa a la calle y él se aseó un poco. Dio igual, porque luego todos nos pusimos perdidos limpiando al puerco. Eric le cortó algunas cerdas para aprovecharlas y hacer cepillos y el resto las quemó con una rama seca. Abrió al bicho en canal y empezamos a limpiar la carne y separarla según su uso. Vino Helga a ayudarnos y estuvimos todo el día y parte de la noche arreglando la carne. Echamos en salazón los jamones y las pezuñas y el tocino lo ahumamos en el exterior como habíamos hecho con el pescado. Helga y yo nos pusimos a hacer una mezcla con diferentes especias y hervimos todas las cebollas que tenía en la fresquera. Eric cortó el lomo y me lo entregó como si fuera el mejor de los obsequios. A su madre le dio un pedazo para que sacara chuletas.
Nos quedamos solos y Eric vació las tripas del cerdo y las estuvo limpiando porque luego íbamos a usarlas para embutir un picadillo de carne que haríamos con las diversas partes del cerdo que no se ponían ni en salazón ni ahumadas.
Eric usó un instrumento de metal que era como un molinillo que picaba la carne y yo la recogía en un cubo de madera, la mezclaba y la removía bien. Me empastaba las manos de carne picada mientras que a Eric le chorreaba sangre por los dedos. Así se parecía de una manera macabra y sórdida al vampiro que amaba.
Me ayudó con el pesado cubo de carne que salió después de picarlo todo, le añadimos sal y le pusimos la mezcla de cebolla hervida y especias que habíamos hecho Helga y yo. ¡Y a remover! Hundíamos las manos para revolver bien los ingredientes con la carne. Cuando lo apretaba, el picadillo se me colaba por entre los dedos y me pringaba aún más. Empecé a guarrear y a reírme y Eric me lo consintió. Hundí las manos de nuevo y empecé a jugar con las de Eric en un baile asquerosísimo pero muy erótico. Éramos como Patrick Swayze y Demi Moore en Ghost cuando se ponen a tono mientras juegan con el barro, solo que nosotros éramos Sookie Stackhouse y Eric Northman y por supuesto nos iban más la sangre, la carne y las vísceras que el barro.
Nos quedamos amasando la carne un ratito de más. Finalmente, Eric sacó las manos, cogió una pizca de carne con los dedos, la olió y se la comió. Volvió a coger un pellizco y me lo ofreció. No me apetecía nada, pero pensé que era un buen momento para propiciar un acercamiento, así que le deje introducir su dedo en mi boca, sellé mis labios alrededor del dedo y le envolví con la lengua, arrastrando la carne conmigo mientras retiraba la boca. Mis labios acariciaron su yema, me relamí y un segundo después, Eric cubría mi boca con la suya. Tenía los labios cortados por el aire frío, su boca estaba caliente y sabía a especias. No me dio tiempo a reaccionar porque me quedé pensando en que era la primera vez que besaba su boca cálida, y justo cuando iba a corresponder a su beso de la misma manera entusiasta, Leif nos interrumpió. Sé que Eric calibró la posibilidad de retorcerle el pescuezo a su retoño.
-¿Os queda mucho? ¿Me puedo ir ya a dormir?
-Sí, vete a dormir de una vez-le espetó Eric. Leif pensó que vaya humos se gastaba su padre, pero igualmente se giró restregándose los ojos y puso marcha hacia su cama. Audr y Erik dormían hacía rato.
Me gustó mucho saber cómo se embutían las salchichas. Yo canturreaba mientras intentaba ver si a Eric le salía o no humo por las orejas. El momento se había roto y estaba que echaba chispas. Calculé los días que llevaba sin follar y chasqueé la lengua. No tenía derecho a estar tan frustrado, yo estaba mucho peor que él.
Embutimos toda la carne y me reservé un poco para hacer hamburguesas. Atamos las tripas con hilo y las colgamos en un cobertizo exterior que quedaba a unos pocos metros de casa, entre nuestra cabaña y el palacio de Helga y Halvar. Debían de ser al menos las tres de la madrugada cuando acabamos de hacer esto. Volví a casa arrastrando los pies, puse agua a calentar y me aseé un poco antes de acostarme junto a Audr.
Me despertó Erik cuando le dijo un poco más fuerte de lo normal a Audr que no gritara o me despertaría. Sonreí y me desperecé. Tuve a los dos jóvenes Northman a mi lado en menos tiempo del que se tarda en decir "buenos días"
-Mira, mira-Erik tiró de mí y me levantó de la cama, me cubrí un poco y le seguí hasta la mesa donde me habían preparado el almuerzo (deduje por la altura del sol): leche recién ordeñada, huevos cocidos, y panceta fresca.
-Mmmm-me senté y Leif y Erik me sirvieron como en un hotel-¿Y esto?
-Ya no te vas a ir con Ivar, ¿verdad que no?-me preguntó Leif. Le acaricié el pelo y le di un beso en la mejilla.
-Nunca pensé en irme con él, cariño-Leif respiró aliviado, pero miró hacia donde dormía Eric pensando que se sentiría más tranquilo si su padre hiciera algo para asegurarse de que yo me quedara con ellos para siempre.
-He recogido yo los huevos-dijo Audr-Y no he roto ninguno.
-Muy bien-la felicité.
-Luego cogeré uno grande de gaviota para ti, ¿vale, Sookie?-me informó Erik.
-No te acerques a los acantilados.
-Cogeré los que están bajitos-me dijo. Los huevos de gaviota eran una delicatessen y a los niños les gustaban tanto como los de codorniz, aunque a veces era un poco peligroso recogerlos.
-He dicho que no. ¿Por qué no intentáis coger unos conejos o liebres para hoy?-Erik se encogió de hombros aunque a Leif le entusiasmó la idea. Le encantaba cazar.
Estaba cansada por haber trasnochado, así que me puse a hacer el hilo. Eric tenía un rebaño de una decena de ovejas, a principio de otoño un joven del pueblo, llamado Einarr, trashumaba con las ovejas de todos los aldeanos y se las llevaba a pastos jugosos al sur, donde la nieve no llegaba a cubrirlos en exceso o no los cubría. Recibía un buen sueldo, toda la leche que podía desear, tenía derecho al menos a dos corderos y de esa manera los granjeros no tenían que preocuparse de su ganado. Eric y su familia solo bebían leche de oveja en verano y primavera y en esta última fabricaban el queso que tenían de este tipo de leche. En verano, las esquilaban y se guardaban la lana para aprovecharla durante las otras dos estaciones restantes, durante las cuales las ovejas estaban en climas menos intempestivos. Así que me puse a hacer hilo de lana para luego poder tejerme un abrigo con capucha que forraría de piel.
La piel era mi próximo reto, quería aprender a manipularla (aunque por lo visto era mucho más difícil que usar el telar) para poder hacerles unas botas nuevas a los niños.
Eric se levantó antes de medio día, justo cuando el pan empezaba a oler en el horno, me saludó y se puso a engullir lo que le había dejado preparado: leche y miel, pan del día anterior (que mojó en la leche), un pedazo de queso y un trozo de panceta fresca que le serví con el pan quemando y recién salido del fuego.
-Gracias-me dijo, y me acarició la mano. Se me pusieron todos los pelos como escarpias.
-Necesitas ya un afeitado-le dije volviendo a mi tarea.
-Sí, pinchas-confirmó Audr.
-Con la barba larga no pincho-le dijo a su hija y le hizo unas poquitas cosquillas, la niña se retorció entre risitas. Miré al exterior y suspiré. Estaba cayendo una buena-¿Y Erik y Leif?
-Han ido a ver si pillaban a algún conejo de las nieves-me quedé mirándolo.
-¿De verdad las dos queréis que me afeite?-asentimos-Pon agua a calentar, entonces.
Preparé todas las cosas para afeitar a Eric de manera metódica y profesional, aunque estaba hecha un flan ante la perspectiva de lo que pudiera pasar pasando lo que había pasado anoche. Aunque Audr estaba presente y tampoco podía fantasear demasiado y hacerme muchas ilusiones. La niña jugaba con medio cuerpo tras la cortina de lana que había tejido para aislar una parte de la casa y poder asearme sin pudor. Eric mantuvo los ojos cerrados casi todo el rato y esta vez sí, le corté un par de veces, pero él ni se inmutó ni protestó. De vez en cuando su mano me rozaba la pierna y yo esperaba que me sentara sobre él y me besara, pero eso no pasó. Me dirigí a coger el espejo para que se viera mientras él se limpiaba los restos de jabón de la cara. Se lo ofrecí y pareció quedarse satisfecho.
-Voy a pasar un montón de frío en la cara.
-Te tejeré algo-le dije, y por un momento me olvidé de dónde y de cuándo estaba porque le acaricié la mejilla y el cuello como si fuera lo que en realidad era: su mujer. Cuando fui a apartar la mano él la capturó y la dejó ahí contra su mejilla. Giró la cara y respiró contra mi piel. Creía que tenía las manos más suaves que jamás le habían tocado y le gustaba que la piel me oliera a comida y a cocina. Me acarició la cara y me apartó un mechón de pelo, le miré a los ojos y deseé con todas mis fuerzas que me besara ya, antes de que nos volvieran a interrumpir. Eric no me besó como la noche anterior, acercó sus labios cálidos a los míos y me los besó varias veces, yo también le devolví los besitos. Noté su lengua caliente y húmeda contra mi boca y dejé que probara la mía también. Nos separamos. Tragué saliva y le miré a los ojos abiertos. Le gustaba cómo sabía: a leche y a miel. Le daban ganas de beberme entera. Cuando oí ese pensamiento no pude más que sonreír, porque es muy parecido a lo que habría pensado mi vampiro.
Volvíamos a inclinarnos hacia el otro para otra ración de besos, cuando oímos la voz de Leif a lo lejos. Estuvimos a punto de jurar en arameo cuando nos dimos cuenta del tono apremiante, de pánico, del mayor de los Northman.
-¡Padre! ¡Padre!
-¿Qué pasa?-Eric cogió a Leif por los hombros, el niño estaba sin aliento por la carrera y por el llanto que le sofocaba-Erik se ha caído, padre… del acantilado.
-¡NO!-grité.
-¿Está muerto? ¿ESTÁ MUERTO?-gritó Eric.
-Está… no lo sé, creo que no-Eric salió despedido, tan rápido que me pareció que había recuperado su velocidad vampírica-¡Está atrapado en las rocas!
