Capitulo 13

Bella POV

- Cuídalos – le repetí a Jake por tercera vez.

- Bells, son mis hijos, sé lo que hago – rodó los ojos.

- Como tan solo uno de ellos me venga con un rasguño… vendré a por ti y te haré la vida imposible – le advertí de broma.

- Nena, ahora mismo me la estás haciendo. Deja de advertirme y amenazarme y anda hacia aquella puerta en la que esta Jasper esperándote, o perderéis el avión – me señaló la puerta en la que Jasper estaba de pie esperándome con nuestras maletas en el suelo.

Estábamos en el aeropuerto de Port Ángeles. Jacob nos había traído después de habernos despedido de mi padre, de Seth y Liz.

- Prométeme que los cuidaras y que si sucede algo me lo harás saber – volví a la carga.

No podía remediarlo, era terca e insistente.

- ¡Joder, Bella!. Son mis hijos también, no les va a pasar nada porque yo no lo permitiré, te los devolveré sanos y salvos. Deja de preocuparte ya y ve a coger ese maldito avión – me regañó.

- Lo siento, solo me preocupo por ellos – le susurré.

- Lo sé, pero creo que ahora deberías de preocuparte por ti y por el señor casado – bromeó riendo.

- A mi no me hace gracia, Jake – lo miré con los ojos entrecerrados.

Había estado haciéndome la vida imposible desde que le confesé que estaba enamorada de un hombre casado. Sus continuas bromas e insinuaciones delante de todo el mundo estaban acabando con mi poca paciencia. Solo me hubiera faltado que Jasper se hubiera enterado de que estoy enamorada de su amigo, paciente y compañero de trabajo. Bastante tenia con deshacerme de este maldito sentimiento como para añadirle que Jasper me echara un sermón de que haberme enamorado de Edward estaba mal.

Eso ya lo sabía yo solita sin necesidad de escuchar que él me lo dijera.

Pero bueno, el hecho de no haberme enfadado con Jacob por sus jueguecitos, era porque me había ayudado a olvidarme de la tarde del cementerio y así poder disfrutar un poco la navidad con mi familia.

- Lo siento pequeña. Sé que sabrás como solucionarlo – se acercó a mí y me abrazó.

- Espero poder solucionarlo – le contesté enterrando mi cara en su pecho y respondiéndole al abrazo.

- Ahora será mejor que te vayas. A Jasper le esta saliendo humo de las orejas – rió.

Me giré para mirar a Jasper. Se le veía bastante desesperado, mirando todo el rato su reloj.

- Sí, será mejor que me vaya. Con cualquier cosa, llámame.

- Sí… - rodo los ojos. – Tú también si necesitas algo, cualquier cosa, cuenta conmigo – volvió a abrazarme y besó mis cabellos.

- Eso lo tenía en cuenta, Jake – me alcé sobre las puntas de mis pies y besé sus mejillas. – Cuídalos.

- Cuídate y que tengas un buen vuelo – me giró y me empujó suavemente para que me alejara de él.

Había tenido un día anterior muy intenso. Tuve que hablar con mis hijos sobre el tema de que nos habían encontrado a ambos en la cama, juntos. Lo entendieron o eso nos hicieron creer, pero vi en ambos la tristeza y la desilusión.

Nos montamos en el avión, en nuestros respectivos asientos. Dejé mi cabeza apoyada en el hombro de Jasper y cerré los ojos.

- ¿Te encuentras bien? – me susurró Jasper.

Ya habíamos despegado e íbamos de camino a Seattle.

- Sí – le contesté en el mismo tono de voz.

- ¿Necesitas hablar de algo antes de llegar? – siguió preguntándome.

- ¿Lo necesitas tú? – le pregunté quitando mi cabeza de su hombro y mirándole a los ojos.

Había estado el día anterior actuando de una forma muy extraña, por más que le preguntaba, él respondía que no pasaba nada. Pero desde que esa mañana había recibido una llamada, había estado diferente.

- No. ¿Por qué lo dices? – inquirió confuso.

- La llamada de ayer… - deje la frase en el aire.

- Era solo un paciente. Necesitaba hablar – se encogió de hombros.

Conocía a Jasper bastante bien como para saber cuándo mentía con ciertas cosas y esta vez era una de ellas. Aunque estaba la otra opción de que todo lo que me contaba era mentira y tal vez esto fuera verdad…

Paciencia, mucha paciencia – me dijo mi conciencia.

Pero mi paciencia tenia un límite…

Aun así dejé pasar esto una vez más. Cuando estuviera lista para sacarle hasta cuando se le cayeron los dientes de leche, le haría hablar.

Llegamos a Seattle unas horas más tarde. Cogimos un taxi después de recoger nuestras maletas de la cinta mecánica y nos dirigimos a casa.

- ¿Pedimos algo para cenar en vez de ponernos a cocinar? – le pregunté a Jasper entrando en el salón después de haber bajado de mi habitación donde ya había deshecho la maleta.

- Por mi esta bien. Pero no hables en plural. La única que cocina aquí, eres tú – ignoré su comentario y me senté a su lado.

- ¿Qué te apetece cenar?

- La verdad es que no tengo mucha hambre… así que pide lo que quieras.

- Está bien.

Después de pedir un par de pizzas, encendimos la televisión y la estuvimos viendo hasta que el repartidor nos trajo nuestra cena. Después de cenar, nos fuimos a la cama. Estaba medio dormida cuando mi teléfono móvil comenzó a sonar. Alargué el brazo hacia la mesilla para cogerlo, apreté el botón y me lo llevé a la oreja.

- ¿Quién? – pregunté con la voz un poco pastosa.

- ¿Te he despertado? – la voz preocupada de Rose, sonó al otro lado.

- No, no. Pero estaba casi dormida.

- Lo siento no quería molestarte, pero son… - silencio – ¡son solo las diez de la noche! – chilló.

Tuve que apartar el teléfono de mi oreja para que no me reventara el tímpano.

- ¿Podrías no chillar, por favor? – le pedí.

- Sí, lo siento – se disculpó con una risa.

- ¿Para qué me has llamado? – le pregunté unos segundos después en los que ninguna de las dos decíamos nada.

- ¡Ah, sí!. ¿Ya estás en Seattle?

- Sí, he llegado hoy. Por eso me encuentro en la cama a las diez de la noche – le expliqué.

- Bien, pues no te entretengo mucho. Mañana te paso a buscar, vamos a ir a tomar un café, ¿vale?.

- ¿Tengo alguna otra opción? – le pregunté ya sabiendo la respuesta.

- No.

- De acuerdo entonces – suspiré.

- ¿Te encuentras bien? – me preguntó preocupada.

- Sí. Solo estoy algo cansada.

- ¿Has abierto mi regalo? – inquirió burlona y yo ya sabía por dónde iba…

- Sí – gruñí. – Y no estoy cansada por nada que tu mente pervertida este pensando – la escuché reírse al otro lado y volví a gruñir para hacerle saber que no me estaba haciendo gracia.

- Mañana hablamos de ello, Bella. Ahora te dejo descansar – me dijo cuando calmó sus risas.

- ¿Vendrás por la tarde?

- No. Mejor por la mañana. Cambio de planes… te invitó a comer y después me invitas tú al café.

- Está bien.

- Tenemos muchas cosas de las que hablar.

- Vale – mis ojos se me estaban cerrando.

- Será mejor que cuelgue. Hasta mañana, Bella.

- Hasta mañana, Rose.

No sé ni cómo colgué el teléfono y lo dejé en la mesilla, ya que lo siguiente que sentí, fue uno de esos sueños en los que el protagonista era el hombre de ojos verdes y en los que me despertaba sudada, cansada y por no decirlo, con mis bragas mojadas.

Me desperté de golpe, sentándome en la cama. Miré el reloj que descansaba sobre mi mesilla…

Las cuatro y veinte de la mañana.

Suspiré.

Iba a costarme mucho volver a conciliar el sueño después de soñar con Edward. Siempre me pasaba lo mismo cuando soñaba con él, acababa hasta las tantas despierta pensando en él y en esta situación…

En vez de quedarme en la cama y dar vueltas, decidí ir a la cocina a beber un vaso de leche. La abuela Marie siempre nos dijo que era bueno para estas cosas, así que iba a comprobarlo.

Llegué al piso de abajo, había luz en la cocina. Seguramente Jasper tampoco podría dormir. Entré a la cocina con la bata sobre mi pijama y mis zapatillas de casa. Jasper estaba sentado en la mesa con la cabeza apoyada sobre una de sus manos mientras que en la otra tenia un vaso de leche, parecía cansado, como si no hubiera dormido en toda la noche.

- ¿Tú tampoco puedes dormir? – me preguntó cuando quitó su mano de su cabeza y me miró.

- No. Pero voy a seguir las recomendaciones de la abuela Marie para ver si estaba en lo cierto – le contesté.

- ¿Qué? – me preguntó confuso.

Me serví un vaso de leche y me senté a su lado en la mesa.

- Mi abuela siempre me decía que cuando no pudiera dormir, me bebería un vaso de leche y me volviera a la cama. Así cuando me costase dormir sería más sencillo. Lo que no recuerdo es si era un vaso de leche fría o caliente – le expliqué y después le pegué un sorbo a mi vaso.

- Nunca había oído eso – acabó de beber el contenido de su vaso.

- ¿Por qué no puedes dormir? – le pregunté unos minutos más tarde.

- Demasiadas vueltas a la cabeza – susurró sin apartar la mirada de su vaso.

- ¿Necesitas hablar de algo?. Tal vez si te desahogas, te encuentres mejor – probé suerte.

- No. Son solo tonterías.

- Serían tonterías, si no estuvieras aquí sin poder dormir.

No me contestó, solo se quedó mirando su vaso vacio y yo mirándole a él.

Cuando ya me cansé de mirarlo y de sentir como el sueño volvía a mí, me levanté de la silla, cogí mi vaso, - ahora ya vacio - lo dejé en la fregadera y me fui hacia la puerta de la cocina.

- Estoy… estoy buscando a alguien – su voz apenas fue un murmullo, incluso pensé que me lo había imaginado.

Me giré y lo miré. Estaba mirándome de una forma que no supe reconocer, nunca había visto a Jasper mirarme así.

Parecía, ¿triste?

- ¿Qué? – pregunté no muy convencida de haberle escuchado hablar.

- Que… que… - dudó. Suspiró y después de llevarse la mano a su cabello y tirar de él cerrando los ojos fuertemente, siguió hablando, esta vez con la voz más firme. – Estoy buscando a alguien que perdí hace mucho tiempo – abrió sus ojos y en ellos vi mucha tristeza. Estaba en lo cierto antes… – Por eso no puedo dormir. Estoy venga a darle vueltas al asunto.

Me acerqué a él, no tenia ni la más mínima idea de que poder decirle.

Jamás me hubiera imaginado que Jasper estuviera buscando a alguien. A pesar de que su comportamiento era extraño.

- Necesitas relajarte un poco – le susurré abrazándolo.

Fue lo único que se me ocurrió en ese momento, decirle aquello y darle a saber que yo estaba allí con él.

- No sabes cuánto intento relajarme, pero me esta resultando imposible. La situación me supera – me respondió el abrazo.

Me pegó más a su cuerpo y enterró su cara en mi pecho.

- Tomate unos días libres y sal fuera, de viaje – le aconsejé.

Tal vez si viajaba… se olvidaría un poco de la situación.

- No puedo. No puedo irme hasta que no dé con esa persona – su voz sonó amortiguada por mi pecho.

- Te ayudaré en lo que sea, Jazz.

- No es necesario. Ya tengo a gente trabajando para eso. Solo necesito que estés aquí, conmigo, a mi lado – apretó más su abrazo y suspiró.

- Sabes que siempre estaré aquí – besé sus cabellos. – Ahora vamos a la cama, es tarde y será mejor que durmamos algo.

- ¿Puedo dormir contigo esta noche? – me preguntó levantándose de la silla.

- Claro, vamos – le cogí de la mano y tiré de él.

…..

- ¿A dónde vas? – me preguntó Jasper cuando me estaba poniendo mi abrigo.

- Rose viene a buscarme. Vamos a ir a comer juntas – le contesté mientras me abrochaba la cremallera del abrigo.

- Oh. En ese caso que lo paséis bien.

- Tienes la comida en el microondas, solo tienes que calentarla.

- No era necesario que me hicieras la comida – me sonrió a la vez que yo rodaba los ojos. – Podría haber pedido algo…

- ¿Y dejar que mueras gracias a la comida basura? – le pregunté irónicamente. – No, gracias.

- Eres una exagerada – se acercó a mí. – No solo venden comida basura para llevar, ¿sabes?

- Lo sé. Pero sé que tú lo único que irías a pedir solo es eso… comida basura. No es malo comer algo saludable de vez en cuando – le dije.

- Ya como comida saludable cuando tú la haces.

- Parece mentira que tú seas el médico – le dije burlonamente.

Iba a contestarme, pero el sonido del claxon de Rose sonando le interrumpió.

- Que lo pases bien – se inclinó y besó mis mejillas.

- Gracias. Tú relájate. Si necesitas algo, llámame.

- Lo intentaré y de acuerdo – me abrazó, se dio la vuelta y caminó hacia el salón.

Salí de casa y anduve hacia el coche de Rosalie. Me monté en el asiento del copiloto y la miré.

- Buenos días – me saludo muy, pero que muy feliz.

- Hola – me giré al escuchar la voz de Lilly en el asiento trasero, no la había visto cuando me había montado.

- Hola Lilly. Buenos días Rose – le saludé a ella cuando me giré de nuevo.

- La llevamos a casa de Alice y nos vamos a comer. Emmett tenia un caso importante y no se ha podido quedar con Lilly.

- Podemos llevarla con nosotras si quieres – le propuse.

Lo menos que quería hacer es ver a Alice…

No me apetecía soportar sus miradas despectivas.

- ¡No! – contestaron las dos al mismo tiempo.

- Ella se queda con Alice mientras nosotras nos vamos a comer por ahí.

- Eso – dijo la pequeña desde el asiento trasero.

- Vale, yo solo daba una opción más – me senté bien en mi asiento y me puse el cinturón de seguridad.

- No te preocupes, no veras a Alice… la llevaré yo hasta la puerta de su casa – me susurró Rosalie para tranquilizarme.

Parecía que había sentido mis nervios al pronunciar a Alice.

Después de llevar a Lilly a casa de su tía, me llevó a un restaurante bastante lujoso. Di gracias al cielo por haber elegido la ropa adecuada sin saber a dónde íbamos cuando me vestí. Tenia pinta de costar bastante cada plato. Miré a mí alrededor sorprendiéndome de lo elegante que se veía el lugar.

- Recuerda que invito yo a comer – me susurró Rose tirando de mí hacia la mesa vacía a la que nos llevaba el anfitrión.

Nos sentamos y unos minutos después pedimos lo que queríamos comer. Nos llenaron nuestras copas con un buen vino, exigencia de Rosalie.

- Bien, empecemos – me dijo después de tragar su bocado de comida.

- Empecemos, ¿a qué? – le pregunté bebiendo de mi copa de vino.

- ¿Qué tal tus días en Forks? – me preguntó mirándome atentamente.

Hice una mueca de desagrado y le contesté.

- Normal.

- ¿Normal? – inquirió después de tragar lo que tenia en la boca.

- Bueno, tuve un par de días malos – le contesté encogiéndome de hombros.

- Entiendo… - me contestó y se quedó mirándome durante unos segundos antes de volver a hablar. – Aquí las cosas han estado revueltas la noche de navidad.

No le contesté ni le pregunté nada, no me apetecía escuchar nada sobre la familia Cullen. Necesitaba quitar a Edward de mi cabeza lo más rápido posible.

- ¿Qué te pareció mi regalo? – soltó de pronto.

Me acordé de su fantástico regalo y mis mejillas se tiñeron del rojo más intenso.

- Veo que te ha gustado – rió. - ¿Ya lo has probado? – me preguntó pícaramente.

- ¡No! – exclamé demasiado alto.

Los que estaban a nuestro alrededor nos miraron. Mis mejillas se pusieron más rojas. Arrastré mi silla un poco hacia ella.

- ¿Un consolador, Rosalie? – le susurré incrédula.

- Creo que te hace falta – se encogió de hombros. – Estas demasiado…

- Demasiado, ¿qué? – le pregunté cuando vi que no iba a hablar más.

- Estás amargada, necesitas echar un buen polvo, Bella – me susurró.

¡Dime algo que no sepa! – gritó mi mente.

- Entonces, ¿no te gustó el regalo? – la miré con los ojos entrecerrados. - ¿Qué? – me preguntó inocentemente.

- No es un regalo que me esperaría.

- No, no te lo esperarías. Pero ya que no echas un buen polvo, al menos podrías consolarte sola – me dijo pícaramente y rió antes de pegarle un sorbo a su copa de vino.

- No me hace gracia, Rose – hice mi mejor puchero.

- A mí, sí – le gruñí, ella rió y siguió hablando. - ¿Qué le ponías a Edward en los mensajes? – soltó de repente, dando por zanjado el tema del consolador.

Me atraganté con el trozo de carne que estaba comiendo. Rose rió y golpeó mi espalda con la intención de ayudarme a pasar el trozo de carne, pero solo estaba consiguiendo lo contrario. Después de unas cuantas toses y de tragar la bola de carne de mi boca, le hablé.

- ¿Qué dices?

- No te hagas la tonta, Bella. Sé que eras tú la que estaba mandándole mensajes a Edward. ¿Quién sino? – preguntó más para ella misma. – Además por tu reacción, ahora estoy más que segura de que has sido tú.

- Deja de decir tonterías – conseguí decir cuando dejó de hablar.

- No digo tonterías. Hubo una pequeña bronca gracias a vuestros mensajes – rió entre dientes remarcando la palabra pequeña.

Lo que me faltaba…

Crear problemas entre Edward y su familia. Definitivamente tendría que borrar su número de mi teléfono y tratar de no saber más de él. Pero sus labios habían conseguido embrujarme todavía más y tan solo pensar en no volver a saber de él, me dolía.

- Creo que sé en lo que piensas – Rose me sacó de mi ensimismamiento. – Deja de pensar en mi cuñado por unos minutos, ¿quieres? – me susurró en el oído.

- Es tú culpa, por mencionarlo – me quejé infantilmente y después me di cuenta de lo que había dicho.

Rosalie comenzó a reírse, intenté taparle la boca, ya que muchos clientes nos estaban mirando, pero ella con agilidad apartaba la cabeza en el momento justo.

Cuando sus risas y mis maldiciones pasaron a un segundo plano, acabamos de comer y después de pagar Rose me llevó a una cafetería donde podría invitarla al café.

Estábamos tomando nuestros cafés cuando comenzamos una conversación que yo no quería por nada del mundo hablar con ella, porque sabía que iba incluso a arrastrarse si fuera necesario.

- ¿Qué planes tienes para fin de año?

- Cenar, tomar las uvas y a dormir – le enumeré con los dedos.

- Eso es aburrido. Necesitas salir a divertirte. Creo…

- No – le corté antes de que dijera nada más.

- No, ¿qué?

- No voy a hacer ningún plan contigo ni con nadie.

- Joder, eso duele – se quejó haciendo un puchero.

- Ya te dije que no iba a salir ni nada por el estilo.

- Así no echaras jamás un polvo y tendrás que hacer uso de mi regalito – se cruzó de brazos e hizo un nuevo puchero.

- No quiero, ni necesito echar ningún polvo – le mentí.

Estaba cada día más… ansiosa por un pequeño desahogo. Los sueños con Edward cada vez eran más vívidos. Y yo me levantaba cada vez más al borde del orgasmo. Pero no tenia pensado hacer nada… todavía… para quitarme la calentura de encima.

- Sí lo necesitas – llevó su taza de café a sus labios y bebió de ella.

- Dejemos el tema mejor – propuse.

No quería enfadarme, ni que Rosalie se enfadara conmigo.

- Sí, será mejor.

Me llevó a casa después de estar durante un par de horas más hablando sobre cosas triviales tomándonos unos cuantos cafés más.

- Sí cambias de idea sobre lo de salir en fin de año, házmelo saber – me dijo cuando estaba bajando de su coche.

- No te preocupes, te lo haré saber.

- Adiós, Bella. ¡Feliz año nuevo! – me sonrió cuando me giré para despedirme.

- ¡Feliz año nuevo, Rose! – me despedí de ella con la mano y entré en mi casa.

…..

Estaba en la cocina haciendo la cena de noche vieja, – hoy era treinta y uno de diciembre – solo seriamos Jasper y yo, no teníamos pensado cenar nada especial. Estaba poniendo la mesa para los dos cuando entró a la cocina con una mueca extraña en su cara.

- ¿Te ocurre algo? – le pregunté preocupada.

- Bella – pasó sus manos por sus cabellos… malo… algo iba mal. – Veras, tengo que salir fuera durante un par de días. Me han llamado de… - se cortó y me miró.

- ¿De? – hice un gesto con la mano para que continuara.

- Voy a estar un par de días fueras a partir de esta noche – me contestó rápidamente ignorando la parte de quien le había llamado.

- Supongo… que… que estaré yo sola hoy – me giré y miré lo que tenia al fuego.

No quería que viera lo mucho que me dolía que me dejara sola en este día. Había repetido muchas veces que quería estar sola hoy, pero sola no significaba que Jasper no estuviera a mi lado.

- Bella… – me susurró.

Escuché sus pasos acercándose a mí.

- Bells… - volvió a susurrar más cerca de mí.

- ¿Qué? – dije con la voz ahogada, estaba intentando tragar el nudo que sentía en la garganta.

- ¿Te enfadaras si me voy?

- No – le contesté bajito.

Agarró mis hombros y suavemente me giró. Una pequeña lágrima escapó de mi ojo, pero logré limpiarla antes de que él pudiera verla. Agarró mi barbilla y alzó mi cara para que lo mirara.

- Esto es importante para mí. Tal vez me den las respuestas que necesito para lo que te conté. Me jode mucho dejarte sola la noche de noche vieja… tal vez quieras ir con alguien a cenar y así no quedarte sola.

- ¿Con… con quien? – logré articular.

El nudo de mi garganta cada vez se hacia más grande.

- Tal vez puedas ir a cenar con Rosalie – me sugirió.

¿Con Rosalie?

¿En casa de los Cullen?

¡No!

¡Jamás!

Estaba intentando borrar a Edward de mi cabeza como para ir a la boca del lobo y verlo y observarlo y rozarlo…

- ¿Bella? – Jazz me sacó de mis casi sucios pensamientos.

- No. Cenaré y me iré a dormir.

- Pero…

- Nada de peros. Ceno y a la cama – me giré y observé lo que tenia en la cazuela, cogí la cuchara de madera que estaba apoyada en la cazuela y comencé a removerlo para evitar volver a girarme y mirarlo.

- Bella… - volvió a susurrar. Agarró mi mano, la mano con la que le estaba dando vueltas al guisado y la apartó de la cazuela para volver a girarme. – Sí te molesta que me vaya, no iré.

- No. Vete. Si es importante para ti, vete – le contesté con toda mi fuerza de voluntad.

- Bella…

- Vete – le corté con la voz más firme. – No me enfadaré. Solo me deberás una cena, nada más. Hoy es un día más. Ahora vete.

Se inclinó hacia a mí, besó mis mejillas y me abrazó fuertemente. Le respondí el abrazo con la misma fuerza y unos minutos después sin decir ninguno nada, se marchó dejándome sola en la cocina.

Suspiré.

Cené en cuanto acabé de hacer la cena. No sabía qué hora era, pero me estaba sintiendo realmente sola. Después de acabar de cenar, limpié todo y me fui a sentar en el sofá.

Una hora más tarde, mis pequeños me llamaron para felicitarme el año. Ahí fue, cuando miré la hora…

Las nueve de la noche…

Había cenado muy pronto.

Después de desearles un buen comienzo de año a todos, colgué y dejé caer mi cabeza hacia atrás, en el respaldo del sofá.

Necesitaba salir de casa. Estar sola me estaba sentando mal. Empezaba a ahogarme. Necesitaba aire.

Me puse mi abrigo y salí a caminar. Hacia un poco de frio pero no me importaba.

Anduve tanto, aunque no sé cuánto, que cuando me cansé de hacerlo estaba en un pequeño parque. Me senté en uno de los largos bancos y miré hacia los columpios.

Intentando desconectar de todo.

Edward POV

No había vuelto a saber de Bella en los siguientes días. Tampoco le había contestado a su último mensaje. Tuve que borrar todos y cada uno de los mensajes, ya que no me fiaba de qué Tanya pudiera hurgar en mi móvil para saber qué es lo que había estado haciendo esa noche.

Tanya no me hablaba y yo no le hablaba a ella. Mi madre se presentó al día siguiente en mi consulta para montarme el pollo del siglo por mi egoísmo al levantarme de la mesa y largarme de casa como lo hice. Me echo en cara que no eran formas de tratar a mi mujer, que mis hijos sufrían y que mi comportamiento empezaba a extrañarle.

Tuve la suerte de que mi padre apareció por mi consulta y me ayudó a echar sutilmente a mi madre de mi consulta.

Empezaba a provocarme dolor de cabeza…

Estaba empezando a sacarme de quicio y necesitaba concentración ese día.

Los días habían pasado, las cosas en mi casa seguían tensas. Mi mujer y yo seguíamos sin hablarnos. Mi hijo mayor me miraba con rabia, asco y me ignoraba siempre que podía, el pequeño era más comprensible conmigo. Seguíamos jugando como hacíamos cada día, le ayudaba a hacer los deberes y después le arropaba cuando lo mandaba a la cama.

Ya no dormía en mi habitación. Dormía en la de invitados. Solo entraba en nuestra habitación para coger ropa limpia y ducharme.

Le había pedido a mi padre que me pusiera guardia durante toda la noche en fin de año, pero no cedió. Trabajaría todo el día, pero a las diez tenia que estar en casa de mis padres para cenar.

Y ahí estaba, camino de mi casa para ducharme y prepararme para ir a una cena en la que no quería estar presente. Tenia suerte de que había salido tarde gracias a una pequeña emergencia con un niño que se había torcido un tobillo. Había llamado a casa de mi madre para avisar de que llegaría tarde. Agradecí que me cogiera el teléfono Rosalie quien me aseguró que podría tardar el tiempo que quisiera, que ya se encargaría ella de decirles que llegaba tarde.

Me metí en la ducha y dejé que el agua caliente recorriera mi cuerpo, de mi cabeza hasta la punta de mis pies. A pesar de no haber vuelto a saber de Bella, de no llamarla, de no enviarle ningún mensaje, no había sido capaz de quitármela de la cabeza.

El roce de sus suaves labios sobre los míos, su toque electrizante, su olor, su…

Tuve que dejar de pensar en ella ya que mi anatomía masculina comenzaba a despertarse.

No entendía muy bien que me había hecho. Tampoco entendía que me pasaba con ella, pareciera que me estuviera enamorando de ella…

Sacudí mi cabeza ante ese pensamiento.

No podía estar enamorándome de ella, a penas la conocía. Pero el sentimiento que estaba creciendo en mi interior me estaba resultando nuevo. Nunca había sentido nada parecido, ni siquiera por Tanya.

Me vestí con un pantalón vaquero azul, una camisa blanca y un jersey de lana negra, - ropa de diario - para ir a cenar a casa de mis padres. Bajé al piso de abajo después de darme por vencido al intentar peinar mi cabello… sería más sencillo si me lo rapaba… pero no entraba en mis planes.

Me puse mi abrigo y salí a coger mi Volvo para ir a donde mis padres.

Ya era tarde…

Ya llegaba muy tarde…

Arranqué el coche y me puse en camino.

Estaba a pocas calles de la casa de mis padres cuando frené en seco al ver la silueta de Bella en uno de los bancos del parque en donde yo jugaba de pequeño.

Aparqué a un lado de la carretera y me quedé observándola.

Estaba mirando al frente, con su vista perdida en algún punto de los columpios. A veces suspiraba y otras veces se limpiaba las mejillas con las mangas de su abrigo.

¿Estaba llorando?

Rápidamente me bajé del coche y después de cerrarlo con la alarma, caminé hacia ella.

- ¿Qué haces aquí sola? – inquirí preocupado sobresaltándola.

No era muy tarde, eran cerca de las once, pero que ella estuviera sola en la noche en un parque sentada en un banco con el frio que hacia y con lágrimas cayendo de sus ojos, no debía de ser bueno y era peligroso.

- ¿Qué haces tú aquí? – se giró para mirarme ya que estaba a su lado izquierdo. - ¿Qué haces que no estás cenando con tu familia? – su voz me parecía dolida.

- Iba camino de ello – le contesté.

- ¿Para qué has parado?. Puedes seguir con tu camino. Estoy segura de que ya es tarde y te estarán esperando – sus ojos no se habían despegado de los míos.

Ya no caían lágrimas de ellos pero sus mejillas estaban mojadas.

- Ya he avisado de que iba a llegar tarde. He tenido más trabajo del previsto – me senté a su lado en el banco. – Así que no me corre mucha prisa llegar a cenar. ¿Qué haces aquí sola? – volví a preguntarle.

- Tomar el aire.

- Estas bastante lejos de tu casa. ¿Cómo has llegado hasta aquí? – seguí con el interrogatorio.

- A ti que te importa – me contestó molesta apartando la mirada.

¿Estaría molesta conmigo por no haberle respondido aquel mensaje?

- Bella – agarré su barbilla y giré su cabeza para que me mirara. - ¿Estas molesta conmigo? – inquirí después de secar sus mejillas con mi mano libre.

- No.

- Entonces…

- Entonces nada – me cortó apartando mi mano de su barbilla y girando la cabeza.

¿Qué le pasaba?

- ¿Es por qué no te contesté aquel último mensaje? – seguí preguntando.

- ¿Qué? – inquirió en un susurro mirándome.

- ¿Es por qué no te contesté el último mensaje? – repetí.

- No – su rostro estaba tenso, pero después de su contestación, se suavizó un poco. – No estoy molesta contigo – su voz también se suavizó. – Estoy molesta por estar aquí… sola – apartó la mirada de mis ojos y volvió a mirar al frente.

- No estás sola – le dije volviendo a girar su rostro. – Yo estoy aquí contigo.

- Ahora…

- Ahora… - repetí. - ¿Dónde está Jasper? – le pregunté cuando me acordé de él.

No podía haberse quedado en Forks, ya que lo había visto en el hospital.

- Ha tenido que irse.

- ¿A dónde?

- No lo sé – se encogió de hombros haciendo como si no le importara. Pero yo vi dolor en su mirada.

- ¿Has cenado? – le pregunté unos segundos más tarde.

- Sí.

- ¿Quieres ir a casa de mis padres?

- ¡No! – exclamó poniéndose de pie. – Me iré a mi casa – se giró y comenzó a andar.

- ¿Cómo has llegado hasta aquí? – me levanté y la alcancé.

- Andando.

- ¿Andando? – la detuve agarrando su hombro y me puse delante de ella.

- Sí, andando.

¿Estaba loca?

Había bastante distancia desde su casa hasta este parque…

- En ese caso, sube al coche, te llevo a casa.

- No, no es necesario. Así tomaré el aire.

- No pienses que te voy a dejar que vayas andando a estas horas y sola – le dije poniéndome andar a la vez que lo hacia ella, cuando me hubo esquivado.

- No voy a ir contigo – la detuve de nuevo y me coloqué delante de ella otra vez.

- ¿Por qué? – inquirí con el ceño fruncido.

¿Por qué no quería venir conmigo?

- Porque no voy a ir contigo y punto – se cruzó de brazos y me desafió con la mirada.

- Yo no dejaré que vayas sola. O montas o…

- ¿O qué? – su tonó de voz sonó divertido o eso me pareció a mí.

- Tendré que arrastrarte hasta mi coche, meterte dentro y atarte en el asiento para que no te muevas de él para poder llevarte hasta tu casa – al escuchar mi patética amenaza, comenzó a reír y a comenzar a andar.

- Habría que ver si consigues solo arrastrarme hasta tu coche – me dijo riendo entre dientes.

- Eso ha sonado a reto – me puse a andar de nuevo, alcanzándola.

- Tómalo como quieras –se encogió de hombros.

- Soy un buen caballero pero como tenga que echarte al hombro solo para meterte en mi coche y llevarte a tu casa… no dudes, porque lo haré.

- Muchas palabras Cullen y poca acción – me dijo seria, pero con un ápice de diversión en su voz.

Me detuve en seco.

¿De verdad estaba retándome?

Empecé a calcular mis opciones de victoria…

Tenia más que ella, desde luego…

Su pequeño cuerpo no era un reto para mí a la hora de cogerla y ponerla sobre mi hombro.

Bella siguió caminando y cuando decidí lo que iba a hacer corrí hacia ella. Me acerqué, me coloqué delante de ella deteniendo sus pasos, me agaché lo justo para pasar mis brazos por sus piernas y la cargué en mi hombro.

- ¡Suéltame, Edward! – me gritó.

- No – le contesté caminando hacia mi coche.

Su olor me golpeó fuerte en mi nariz, era tan embriagante… tuve que concentrarme en lo que estaba e iba a hacer para no dejar que mis instintos primitivos salieran a flote.

Bella llevaba jugando mucho tiempo con mi autocontrol sin proponérselo y poco a poco estaba consiguiendo que mi autocontrol flaquease.

Llegué a la altura de mi coche con ella sobre mi hombro haciendo una pequeña pataleta mientras gritaba que la soltara. Me había librado de un par de golpes en mis más apreciados testículos, gracias a un poco de habilidad. Como pude abrí el coche y la puerta del copiloto. La senté en el asiento y agarré el cinturón para abrochárselo, ignorando sus maldiciones y sus flojas risas al ver que me estaba resultando un poco imposible abrocharle el cinturón ya que no paraba quieta.

- Estate quieta – le gruñí.

- No – rió.

Me incliné más sobre su cuerpo y sin saber muy bien como… conseguí mi meta. Fui alejándome de ella poco a poco, giré mi cabeza hacia su dirección y nuestras caras quedaron muy juntas. Sus ojos estaban mirándome intensamente, observé como mojaba sus labios con su rosa lengua y como aspiraba por la nariz para después sacar el aire por la boca y golpearme con su aliento en mi cara.

Aturdido…

Eso es lo que estaba…

Aturdido y cada vez más.

Sacudí la cabeza y saqué por completo mi cuerpo del coche. Cerré la puerta del copiloto y rápidamente fui al lado del conductor. Me senté en el asiento y la miré de reojo. Estaba con la cabeza agachada, mirando sus manos entrelazadas encima de su regazo y sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas.

Arranqué el coche y nos pusimos en marcha.

- Esto te lo tendré en cuenta – dijo unos minutos más tarde, mirándome.

- ¿El qué? – le pregunté inocentemente.

- El que me hayas secuestrado.

Paramos en un semáforo en rojo.

- Yo no te he secuestrado. Solo te estoy llevando a casa – le respondí girándome hacia ella.

- Me has secuestrado – se cruzó de brazos y frunció el ceño. Pero una ligera sonrisa bailaba en sus labios. – Podría haber ido tranquilamente andando. Los malos están cenando con sus familias, como tú deberías de estar haciendo en vez de estar aquí conmigo.

- Primero, no son horas para que una chica como tú…

- ¿Qué quieres decir con una chica como yo? – me preguntó cortándome y frunciendo más el ceño.

- Un chica tan inocente e indefensa – le sonreí pero su rostro no se relajó, todo lo contrario, se ceño se frunció aun más.

- No soy ninguna chica inocente, ni estoy indefensa. Sé cómo defenderme si alguien me ataca.

- Ya veo lo bien que te has defendido cuando te he puesto sobre mi hombro – rodé los ojos y antes de que ella me dijera nada, seguí hablando. – Por donde iba. No son horas para que andes por ahí sola, podría pasarte cualquier cosa y…

- No es tu problema y no te importa – me cortó.

Claro que no era mi problema, pero por alguna extraña razón me importaba lo que le pasase. No quería que le hicieran daño.

- Claro que me importa – le contesté. Su frente se relajo y sus ojos se abrieron un poco más de la cuenta. Dejé pasar su postura y seguí hablando. – No iba a dejarte que te fueras andando, seguramente no sabrías ni dónde estabas – esperé su reacción…

Y ahí estaba…

Por su cara de espanto, estaba más que seguro de que había dado en el clavo.

- Igual no sabía dónde estaba, pero podía habérmelas arreglado para ir andando hasta mi casa sin necesidad de que tú me llevaras – el semáforo ya había cambiado a verde, pero como no había nadie por las calles, seguí parado ahí.

- Bella. No voy a discutir esto contigo. No te iba a dejar caminar, ni ir sola hasta tu casa a estas horas, así que cierra el pico y después agradéceme el que te haya llevado a casa – vi como iba a volver a la carga, pero coloqué un dedo sobre sus labios. – Cierra la boca – le sonreí.

Ella sacó su lengua de forma muy infantil por un lado de sus labios aun con mi dedo en su boca y se giró para mirar al frente.

- Edward, está en verde – aparté la mirada de su cara y aceleré.

- Ya lo sabía, no tenemos prisa, además te dije que no hablaras – le dije burlón.

Aparte un momento la mirada de la carretera para ver justo cuando rodaba sus ojos.

Llegamos a su casa unos minutos más tarde, habíamos estado el resto del camino en silencio. Salí del coche y caminé hacia su lado para abrirle la puerta y ayudarla a bajar del coche. Una vez salimos del coche, la acompañé hasta la puerta de su casa, donde sacó sus llaves del bolsillo de su abrigo, abrió la puerta y se giró para mirarme.

- ¿Ya puedo hablar? – me preguntó divertida.

- ¿No lo estás haciendo ya? – pregunté en el mismo tono de voz.

- Sí – me sonrió y después siguió hablando. – Gracias por traerme… supongo, ¿no?

- Supones bien. Si no te habría traído yo, ahora estarías deambulando por ahí.

- Sí, lo estaría haciendo. Habrá sido una suerte encontrarme contigo – siguió con su tono divertido.

- No lo dudes.

- En ese caso… gracias – se encogió de hombros.

- De nada. Ha sido un placer acompañarte – le sonreí y nos quedamos mirándonos durante unos segundos a los ojos. – Creo que será mejor que me vaya. Deberán de estar preguntándose donde coño me he metido.

No quería irme y dejarla sola en su casa, - aunque sabía que ya estaría bien aquí - pero tenia que ir a pasar el último día del año con mi familia y ya llegaba mucho más que tarde…

- Sí será mejor. Ya es muy tarde – me contestó sin apartar su mirada de la mía.

Me incliné un poco para darle dos besos en la mejilla como beso de despedida. Bella se alzó sobre la punta de sus pies. Besé su mejilla derecha pero cuando fui a pasar mi cara por delante de su cara para besar su mejilla izquierda, sus brazos rodearon mi cuello. Instintivamente rodeé su cintura.

Aparté un poco mi cara de su cara para poderla mirar, en cuanto hice eso, ella aprovechó para juntar nuestros labios en un beso tímido.

No me paré a pensar en lo que estaba haciendo. Su aroma se había colado por mi nariz aturdiéndome, sus labios me estaban poniendo frenético y su legua pasando por mi labio superior pidiéndome permiso para abrir mi boca… fue mi perdición.

La apreté más contra mi cuerpo, abrí mis labios para dejar que su lengua se metiera en mi boca y jugara tímidamente con mi lengua y la empujé hacia interior de su casa…


Hola! Siento el retraso! Pero ha sido fiesta en España… no he tenido mucho tiempo para escribir y he estado "enferma"... aun sigo algo mal... perooo aqui me teneis con capitulo nuevo! espero que lo hayais disfrutado! :D jajajajaja

No tengo mucho que decir hoy... solo que espero que os haya gustado el capitulo y...

agradeceros por vuestros reviews, alertas, favoritos y por leer... gracias a todas las viejas y nuevas lectoras!

Nos leemos en el siguiente capitulo!

Saludos!