Decisiones Part. II

La Sra. Weasley aún estaba agradeciéndole, de nuevo, a la Tía Muriel haber salvado a su hijo cuando un sonido inconfundible llego a sus oídos desde el patio. Era un sonido había escuchado muchas menos veces de lo que cualquier madre supondría pero muchas más de las que había tenido permitirlo hacerlo; siempre había anunciado o acompañado los problemas más graves, especialmente en época reciente, y justamente por eso sintió un escalofrío recorrerle la columna cuando se dio cuenta de que era.

-¡Ginny!-exclamó poniéndose de pie tan rápido que la Tía Muriel no tuvo tiempo de ofenderse por que la dejara hablando sola. La anciana apenas pudo ver la figura de la mujer saliendo al jardín, con pasos apresurados y cerró la boca sin entender que sucedía. Al hacerlo, el silencio a su alrededor permitió que escuchara el inconfundible llanto de su sobrina preferida y se puso de pie, también de un salto, siguiendo a la madre de ésta antes de que siquiera pensara en hacerlo.

La visión que la Tía Muriel y la Sra. Weasley vieron al salir al jardín casi hizo que a las dos les diera un ataque de pánico. Ron, al contrario de lo que ambas creían saber, no estaba en su habitación sino tirado en el pasto en mitad del jardín, con el torso levantado y un rastro visible de sangre en la pierna derecha. Ginny estaba cerca de él, derramando lágrimas de un llanto a duras penas contenido que desapareció totalmente cuando la chica noto que su madre y su tía salían al jardín. La Sra. Weasley no necesito ver ni un segundo ese panorama para que su instinto de madre protectora aflorara al pleno.

-¡Ginny! ¿Qué sucede?-exclamo acercándose a sus hijos con preocupación – ¡Por Merlín! ¡Ron! ¿Qué haces fuera de tu habitación? ¡¿Qué te paso en la pierna?!

Ni Ron y Ginny contestaron y la madre de ambos se apresuro a revisarlos de arriba abajo, convocando una camilla para su hijo y ayudando a levantar suavemente a su hija. La Tía Muriel se quedo con la cabeza en blanco, asustada hasta que noto que sus dos sobrinos intercambiaban una mirada que prometía silencio y se soltaban de las manos, hasta ese momento unidas en gesto de mutuo apoyo. La anciana se fijo entonces en la roca cercana, también manchada de sangre, la misma sangre de Ron que se asomaba por la herida en su pierna; con una idea en su cabeza, noto también la reaparecida palidez del chico seguramente causada por esfuerzo y los nudillos rojos de Ginny, quien en ese momento se limpiaba con esa mano un par de lagrimas silenciosas que escapaban de sus ojos.

El leve asomo de culpa que había sentido volvió a aparecer en la Tía Muriel pero fue opacado por la malsana alegría de saber que había tenido éxito. Era un sabor agridulce, no había duda, porque ver sufrir a Ron y a Ginny era mucho más difícil de lo que había supuesto antes. El consuelo de que jamás sabrían que ella había estado implicada la calmo un poco, mintiéndose a sí misma con la idea de que aún si se enteraban podrían perdonarla.

-Ya está hecho-pensó en silencio, totalmente convencida de que el plan había funcionado y solo era cuestión de tiempo hasta que los menores de los Weasley se lo comunicaran al resto de su familia.


Harry abrazó una vez más a Hermione, libre al fin del peso que lo había atormentado. Había tenido mucho miedo de perderla cuando le confesara el resultado de todas sus dudas y por un leve segundo había sentido pánico de que su mejor amiga no pensara lo mismo. La idea de tener que enfrentarse a rechazarla lo había vuelto loco de culpa, lo mismo que la idea de que Hermione tuviera dicho sentimiento, porque eso significaba prácticamente clavarle un puñal en la espalda a Ron. Ahora sin embargo, quedaba todo aclarado de una buena vez y Harry podía abrazarla de nuevo con la misma confianza de siempre, con el mismo amor que siempre había sentido por ella, a sabiendas de que era su hermana aunque no tuvieran ningún lazo de sangre.

-¿Qué vamos a hacer ahora?

La pregunta había escapado de su boca antes de que él pudiera detenerse a pensarla. Hermione se separo de él con la sonrisa de alivio borrándosele del rostro y lo miro con miedo, como si hubiera olvidado que aclarar los sentimientos de ambos era el mayor de dos grandes problemas pero no el único. Harry sintió su propio corazón golpear furiosamente, esperanzado en que Hermione, con su cerebro brillante, hubiera encontrado una solución así de pronto.

-No lo sé- dijo la chica para su decepción- Harry… esto no cambia nada ¿o sí? Aún así debemos alejarnos de ellos.

-Sí-contesto Harry sinceramente- creo que aún debemos… aún esperan que lo hagamos.

- Lo ordenan, mejor dicho-dijo Hermione poniéndose de pie y con todo rastro de alivio, felicidad o alegría totalmente borrado de su rostro.

Harry sintió su corazón bombear con más fuerza mientras el monstruo de su pecho hacía toda una revolución en su interior.

-¡¡¡¡No te rindas!!!!-gritó su propia voz en su cabeza y él se puso de pie, como soldado listo para el combate.

-¿Qué vamos a hacer Harry?-fue el turno de Hermione de preguntar, al parecer olvidando totalmente que él le había hecho la misma pregunta antes.

-Un último intento-respondió Harry decidido- ¿Crees poder conseguir una lechuza del Ministerio?

Hermione asintió confundida pero Harry sonrió satisfecho. Era hora de explicarle el plan y conseguir un pedazo de pergamino.


-¿Quieres que te traiga algo más de comer?

-No, estoy bien.-respondió Ron mirando por la ventana- Si tengo hambre puedo bajar.

-No creo que esa sea buena idea- reclamo su madre pero Ron no dijo nada y ella pareció asustarse por eso-¿Estás seguro de que estás bien?-pregunto la Sra. Weasley mirando con preocupación a su hijo- Ginny tampoco quiso comer bien y…

-No te preocupes mamá-la corto Ron de pronto, interrumpiéndola y mirándola a los ojos para intentar tranquilizarla- creo que la asuste solamente pero estoy segura de que está bien.

-¿Y tú en serio lo estás?-pregunto su madre suspicazmente haciendo que Ron sintiera calientes las orejas y tuviera el impulso de volver a mirar la ventana.

-Sí-mintió el sin desviar la mirada y la Sra. Weasley sonrió, aliviada por la mentira- Solo no entiendo porque la Tía Muriel tuvo que envolver mi pierna como si fuera una momia-completo señalando los vendajes con fastidio y observando por el rabillo del ojo, como su madre parecía aliviada por ese comentario.

-La tía Muriel sabe lo que hace-respondió- te puso un ungüento que te dejará como nuevo pero insiste en que para que actué más rápido lo mejor es evitar que se escape el bálsamo de sangre de dragón que contiene- Ron hizo un gesto de desagrado pero su madre siguió- serán solo unas horas así que te prohíbo que te lo quites.

-Ya-refunfuño Ron por lo bajo- entiendo, no soy un niño pequeño.

-Pues no lo parece por cómo te comportas a veces-espeto su madre- Fue muy irresponsable que salieras de tu habitación por el árbol. No puedo entender como lo hiciste ni quiero saberlo, si Ginny no te hubiera encontrado a…

-Lo sé, lo sé-la corto de nuevo Ron, fastidiado más por la mentira que habían tenido que decir que por el regaño que supuestamente su madre le estaba dando. Omitió decirle que era "su antigua habitación" porque su habitación como tal estaba en el departamento que compartía con… dejo de pensar por su propio bien- lo lamento ¿sí? Me quedaré aquí como niño bueno. Despreocúpate.

Ron volvió a clavar su mirada en la ventana y su madre lo observo con tanta preocupación que el sintió que le ardían de nuevo las orejas.

-Harry y Hermione seguramente tienen una buena razón para no haber venido-comentó su madre con tacto. Ron se sobresalto al escuchar ambos nombres pero se obligo a disimularlo.-Estoy segura de que no tardaran en venir.

-Claro, una muy buena razón-murmuro Ron dolido y enojado pero su madre, que ya se había encaminado a la puerta, no dio ninguna señal de haberlo escuchado.

Sintiéndose peor que antes y sumamente incomodo por la pierna vendada, Ron se recostó de nuevo en su cama intentando alejar de su cabeza la horrorosa imagen que no dejaba de dibujarse en su mente. La puerta de su habitación crujió un segundo después y él resoplo fastidiado, intentando controlarse por si su madre había regresado o la Tía Muriel había decidido vendarlo completo.

-Me gustaría estar solo si no es mucha molestia…

-Me temo que no podrá ser-contestó Ginny decidida y Ron abrió los ojos a sabiendas de lo que vendría a continuación- debemos hablar.

-¿Para qué?-contestó él de mal humor, girándose para darle la espalda.

-Creo-dijo Ginny entre decidida y asustada- que tú y yo no pensamos lo mismo sobre…

-¡No lo digas!

-… Harry y Hermione- siguió su hermana haciendo caso omiso de él- y creo que deberíamos aclararlo.

Ron se puso de pie muy rápido, con la pierna doliéndole más por los vendajes apretados que por el golpe que se había dado contra la roca. Cojeo un poco y sintió dolor pero le resto importancia.

-¿Qué hay que aclarar?-pregunto furioso y tan alto que su hermana lo miro molesta antes de lanzar un hechizo a la puerta para poner el cerrojo e impedir que los escucharan-¿No te queda claro lo que están haciendo?

-Me queda bastante claro, sí- contestó Ginny mirándolo igual de dolida y enojada que él- pero quiero asegurarme de que tú estás pensando lo mismo y no algo más simple, estúpido e imposible.

-¿Qué quieres decir?

-Debemos de hacer algo Ron-dijo Ginny intentando calmarse- yo… simplemente no puedo quedarme así, de brazos cruzados mientras Harry … -se trabó su voz y Ron se arrepintió de hacerla decirlo- … mientras Harry y…

-Lo sé- la interrumpió Ron- yo tampoco puedo quedarme así. Mientras Harry y Hermione… Es solo que…

-Ron-volvió a hablar Ginny mirándolo con temor de lo que iba a decir pero segura de tener que hacerlo- tú no crees posible que… ¿Se te ocurrió la idea de que ellos dos puedan estar…? –Ron la miro directamente y Ginny pareció dudar- Porque creo que quizás sea una idea que quieras creer porque sería más sencillo… hasta yo creo que lo preferiría en cierto caso pero es meramente imposible.

Ron sintió que de nuevo las orejas se le ponían rojas y dejo de mirar a su hermana. Ginny se acercó más a él, poniéndole la mano en el hombro.

-¿Crees que soy lo suficientemente estúpido como para creer eso?-preguntó furioso. Ginny no quito la mano de su hombro y contestó conciliadoramente:

-No, pero eres mi hermano y te conozco. Sé lo que elegirías, es tu naturaleza.

Ron quitó la mano de Ginny con suavidad y giro para encararla. Era muy difícil aceptarlo, tanto la verdad como lo que había pensado porque sí, en su afán de negar la tormenta que se aproximaba había querido creer algo más fácil pero, como bien decía su hermana, imposible.

-Lo pensé por un segundo-confesó- pero sé que no puede ser.

-¡Oh Ron, que idiota!-exclamo Ginny al mismo tiempo que se lanzaba a abrazarlo.

Ron no supo si estaba destrozada por que le confirmara que tenía la misma idea o aliviada por que hubiera hecho totalmente a un lado la otra posibilidad. Él honestamente, tenía muy claro lo que prefería… pero también tenía bastante claro que no era posible; ambas opciones eran terribles pero una era un poco menos que la otra por ende, el destino les daría la más difícil. No se le ocurría que pudiera ser de otra manera.

-Debemos enfrentarlos-aclaró su hermana después de un rato, Ron sintió que sus latidos aumentaban ante esa idea.

-Sí… enfrentarlos-contestó Ron decidido- decirles que lo sabemos todo.

-No sé cómo… -susurro su hermana perdida en sus propios pensamientos- como podré cancelar la boda…

Ron, que hasta ese momento había omitido ese detalle, sintió un balde de agua caerle por la espalda. Tenía todo el sentido del mundo, Harry cancelaría la boda, sin duda alguna; volvería a romperle el corazón a su hermana y de peor manera. Tenía sentido, dadas las circunstancias pero era condenadamente injusto.

-Todo saldrá bien- trató de consolar a Ginny. Su hermana lo abrazo más y él supo que estaba controlándose con todas sus fuerzas para no derrumbarse.

-¿Qué vamos a decirles?

Ron no supo a quien se refería exactamente y no pudo contestar. Algo o alguien, sin embargo lo hizo por él.

-Que son unos malditos traidores-susurro la voz que había escuchado antes en su cabeza y él sintió como le dolía la cercanía de Ginny. Instintivamente quiso hacerse para atrás pero el instinto protector hacia su hermana, que en eso momento estaba sufriendo, lo hizo detenerse. Una lucha interior se desató en él, en silencio y sin que Ginny se diera cuenta, hasta que finalmente la incomodidad que Ginny le provocaba desapareció como si fuera una voluta de humo que estallara. Ron sintió asombrado como parte de sus fuerzas regresaban y hubiera estado más asombrado aún si se hubiera dado cuenta de que recuperaba parte del color saludable que normalmente tenía.

-Ron-volvió a llamarlo Ginny- ¿y si vamos a verlos ahora?

-No-respondió Ron tajante- No puedo hacerlo ahora. Necesito calmarme.

-De acuerdo-acordó Ginny tan triste que no se percato de que su hermano había recuperado velozmente el color. Ninguno de los dos se dio cuenta de le lechuza del Ministerio que en ese momento revoloteaba por la ventana.


La Tía Muriel desapareció de la Madriguera sintiéndose tan emocionada y asustada a la vez que creyó que se volvería loca. Entro a su casa apenas se hubo aparecido en el jardín, incapaz de contenerse y deseando saltar y anunciar a todo el Mundo Mágico su maravillosa proeza. No podía hacerlo por supuesto, pero aún así estaba feliz. Tan feliz que incluso, al abrir la puerta y darse cuenta de que no tenía cerrojo, no se enojo sino que supuso que al menos podría decirles las buenas nuevas a dos personas.

-¡Salgan de donde quiera que estén!-grito contenta-¡Ha funcionado! ¡Ha funcionado!

-Lo sabemos- contestó una voz de hombre conocida desde la sala de estar- Pero ¿Hay necesidad de que grites como loca?.

La Tía Muriel ni siquiera se enojo por la falta de respeto. Avanzó a la sala para encontrarse, tal como esperaba, a los dos miembros más jóvenes de la comitiva.

-¿Dudabas acaso de nuestro poder de convencimiento?-dijo una bruja joven, sentada en uno de sus sillones finos como si estuviera posando para un cuadro- No debiste ni deberías hacerlo.

-Jamás creí que sería tan fácil- confeso la anciana sentándose en otro-No puedo creerlo pero al parecer ha dado resultado. Creí que…

-Aún no termina-respondió el mago levantándose elegantemente y observándola como si fuera inferior a él- que no se te olvide de quienes estamos hablando. Potter no es conocido por rendirse y mucho menos Granger… de nuestros famosos héroes, nuestro querido primo sería el único que haría eso…

-¡Hey!-exclamo la bruja más joven poniéndose de pie a la defensiva. La Tía Muriel también se sintió enojada por el comentario pero no dijo nada- ¿Qué maldita sea…

-Lo que trato de decir-las interrumpió el mago con una sonrisa divertida, claramente había querido provocarlas-es que no podemos cantar victoria. Ellos intentaran algo.

-No- murmuro la tía Muriel aterrada ante la idea-ellos no…

-Lo harán-reafirmo la otra bruja observándola con más calma- no estamos presuponiendo nada. Lo sabemos, es un hecho.

La Tía Muriel prácticamente tembló de pánico. ¿Qué pasaría si Harry Potter y Hermione Granger lograban explicar todo a sus sobrinos? Ninguno de los Weasley la perdonaría, incluso tal vez presentarían cargos y la enviarían a Azkaban. Peor aún, ni Ronald ni Ginebra querrían volver a verla nunca más y la pureza de la familia, el futuro del Mundo Mágico en todo su esplendor, estaría más en camino a irse a la basura. No, no podía permitirlo.

-¿Qué proponen?-preguntó entonces. Las dos personas ante ella celebraron con la mirada que dijera eso.

-Los mataremos- contestó el mago con calma, como si estuviera hablando de un asunto sin importancia- Si intentan el más mínimo movimiento…

-No-respondió ella cortante, atemorizada ahora por la idea de llegar tan lejos- Eso no. No vamos a matar a nadie.

-Vieja aburrida-comento la bruja joven cerca de ella pero la Tía Muriel decidió ignorarla.

-Supondríamos que dirías eso-contesto el hombre- pero valió la pena intentarlo. Este es nuestro plan B.

La anciana observo como el mago hacia levitar una botella y la hacía acercarse a ella. No era necesario verla tan cerca para darse cuenta de que era.

-¿Poción Mutijugos? –dijo reacia al mismo tiempo que se imaginaba las desastrosas acciones que ambos jóvenes podían hacer si decidían presentarse como Potter o Granger ante sus sobrinos o viceversa. -No, no van a hacerlo.

El mago fue el primero en descomponer su rostro en una mueca de hastió, la bruja lanzó un par más de insultos más que la Tía Muriel ni siquiera se molestó en escuchar.

-Ustedes se mantendrán al margen-ordeno con voz segura- Yo me haré cargo.

-¿Y de qué manera?-pregunto burlonamente la bruja- ¿Explicándoles que no deben hacerlo?

-Precisamente-contestó la tía Muriel, dándose vuelta y saliendo de su propia casa. Tenía que ir de nuevo hacia la Madriguera para tratar de sellar, de una vez por todas, la situación e impedir con eso que el asunto se le escapara de las manos.

Los dos jóvenes apenas y tuvieron tiempo de verla irse, quedándose ambos mirándola como si hubiera perdido la cordura y la joven bruja hizo ademán de levantarse para impedirle que se fuera pero el mago se levantó al mismo tiempo y la sostuvo del brazo para impedírselo.

-¡¿Pero qué le pasa a esa….

-Calma-interrumpió el mago a su compañera- cuando ella fallé, que seguro que lo hará, será nuestro turno.


Hermione miro una vez más por la ventana, esperando que en cualquier momento la lechuza del Ministerio entrara para entregarles una carta. Habían decidido escribirles a Ron y a Ginny una gran carta llena de detalles, con buena parte de todo lo que les había sucedido y aún estaba sucediendo y en la que, al final, pedían verlos para explicarles todo. Ambos estaban conscientes de que era un movimiento arriesgado, porque si caía en manos equivocadas el problema se triplicaría pero tanto Harry como ella estaban seguros de querer hacerlo. Hermione sabía que era un poco estúpido poner todo lo que había sucedido en un pergamino atado a la pata de una lechuza pero dado el encantamiento en casa de los Weasley, parecía una opción sensata. Además, tanto ella como Harry habían aprendido que a veces la mejor solución es la más sencilla, aquella que precisamente se descarta al principio por ser tan fácil de realizar que resulta casi una broma.

-¿Y estás segura que nadie más que ellos podrá abrirla?-pregunto Harry ansioso, deteniéndose en su caminar en círculos alrededor de la sala y mirándola con los ojos verdes rogándole una respuesta afirmativa.

-Nunca dije eso-respondió Hermione igual de ansiosa, sintiéndose culpable por su respuesta- Es casi imposible sellar completamente una carta pero sí cae en manos equivocadas, lo sabremos.

-¿Cómo?- volvió a preguntar Harry y Hermione sintió como se colocaba a su lado para taladrarla con la mirada-tú misma acabas de decir que…

-Lo sabremos Harry-lo corto ella tajantemente y mirando aún el cielo esperando encontrar una respuesta de parte de Ron y Ginny- créeme que lo sabremos.


La Tía Muriel decidió no usar la Red Flú para que sus familiares no notaran que regresaba nuevamente de su casa. Decidió en cambio, aparecerse en el jardín pensando en decir que había decidido ir de compras a Ottery St. Catchpole pero que casi al llegar había pensando que sería buena idea que Ginny la acompañara. Estaba consciente de que era una excusa casi ridícula pero también sabía que, si su sobrina se negaba, tendría la excusa perfecta para permanecer en la casa el resto del día; y realmente quería estar lo más cerca de sus sobrinos en ese momento, al menos hasta que estuviera segura de que sus dos molestos dolores de cabeza no harían una tontería buscando arruinar sus planes.

-No serían tan estúpidos-pensó en silencio, mientras con sus pequeñas piernas trataba de dar pasos largos para llegar lo más pronto posible-no lo serían cuando les he dejado claro que

La idea de que Harry y Hermione no se atreverían a desafiarla quedo hecha añicos antes de que empezara realmente a convencerse de ello; al entrar al jardín, y dirigir por inercia la mirada a la habitación de su sobrino preferido, descubrió con horror como una lechuza oscura revoloteaba insistentemente por la ventana, con una gruesa carta atada a una de sus patas. La Tía Muriel supo inmediatamente que se trataba de una lechuza oficial del ministerio a la que solo pocas personas tenían acceso y no tuvo que pensar ni un segundo en quienes eran los remitentes de la carta y mucho menos a quien o a quienes iba dirigida. El terror termino de invadirla cuando su esperanza de que Ron estuviera dormido acabo también por esfumarse; por la ventana observo como su sobrino se ponía de pie con dificultad y, peor aún, una larga cabellera pelirroja trataba de ayudarlo.

-¡No!-exclamo fuera de sí- mirando a su alrededor y dándose cuenta de que sus sobrinos parecían estar discutiendo, ajenos a la lechuza que revoloteaba insistentemente y a la terrible carta que con seguridad representaba el último intento para derribar sus planes.

Se dio cuenta de que tenía poco tiempo, apenas un par de minutos antes de que sus dos sobrinos dejaran de hablar y miraran por la ventana. Todos sus esfuerzos serían en vano; toda su lucha, todo lo que había sacrificado; perdería incluso a su familia y el objetivo principal, mantener el linaje puro del mundo mágico acabaría por ser imposible.

-No voy a permitirlo- dijo para sí y alzando la varita, hizo algo que nunca antes había hecho.

La lechuza cayó desplomada en el jardín, provocando un ruido que seguramente llamo la atención de los habitantes de la casa. La Tía Muriel no quiso quedarse a comprobar si alguien salía a verificar que había sucedido para evitar arriesgarse a que la vieran y despareció enseguida, llevándose al animal y a la carta con ella.


Harry dejo de caminar por toda la habitación cuando sintió un doloroso golpe en el pecho, como si alguien le hubiera dado un golpe con una blugger directamente a la altura del corazón. Instintivamente giro para observar a Hermione, a tiempo para observar como su mejor amiga se ponía ambas manos en el pecho y dejaba de observar la ventana por primera vez desde que habían mandado la carta, con la mirada derrotada dirigida al suelo.

-Ha fallado- dijo él, triste pero furioso al mismo tiempo- Ha fallado ¿cierto?

Hermione asintió sin decir una palabra y varias lágrimas se agolparon en sus ojos. Harry sintió que las mismas ganas de llorar y gritar lo invadían pero una oleada de furia lo invadió opacando a esos sentimientos de tristeza. No iba a permitir que nada ni nadie lo alejara de Ginny; no iba a permitir que nadie le arrebatara a Ron, al único hermano que había tenido, y no iba a alejarse de la única familia que sentía como propia. Al menos no sin dar una buena lucha para impedirlo.

-Esto se acaba ahora mismo-dijo resuelto y tomando la mano de Hermione, antes de que la chica pudiera oponerse, la atrajo hacia él.

-¿Qué…

Harry no dejo que Hermione formulara la pregunta y se concentro con todas sus fuerzas en aparecer en la Madriguera, llevándosela consigo. En un segundo, sintió el acostumbrado remolino que significaba aparecerse y todo su cuerpo le reclamo el esfuerzo de llevarse a su mejor amiga consigo; supo entonces que la debilidad, la falta de alimento y sueño empezarían a afectar no solo su estado físico sino también su magia pero decidió no preocuparse por eso, al menos no en ese momento.

La barrera contra visitantes sin sangre pura los repelió con la misma fuerza con la que lo había hecho la primera vez. Harry sintió como chocaba contra esa especie de energía concentrada antes de caer de espaldas y supo que Hermione había sufrido lo mismo cuando la escucho quejarse de dolor, con un volumen tal que supo que había tratado en vano de contenerse.

-¿Harry que es lo que pretendes?-pregunto Hermione al darse cuenta de donde estaban y al observar que Harry se ponía de pie de un salto, mirándolo con preocupación.

Harry no contestó y haciendo caso omiso al dolor y al agotamiento físico, la ayudo a levantarse. Se encamino entonces de nuevo a la barrera imposible decidido a destruirla como fuera.

-¡Detente!-exclamo Hermione detrás de él pero Harry fingió no haberla escuchado y alzo la varita con todas las fuerzas que tenía.

Un haz de luz roja se estrello con la barrera invisible sin hacerle nada y por el contrario, reboto en la misma para dirigirse con la misma fuera hacia él mismo. Harry apenas y se inmuto y después de evadirla, siguió lanzando cuanto hechizo se le ocurría provocando una lluvia de luces multicolores y peligrosas reacciones que apenas podía evitar a tiempo. Hermione se puso a su lado después de unos segundos, invocando un encantamiento protector cada vez que un hechizo fallido amenazaba con hacerles daño. Harry sintió como el cuerpo le reclamaba con creces cada nuevo esfuerzo pero siguió intentándolo varios minutos hasta que quedo más que claro que era en vano. Entonces bajo la varita, consciente de que no tenía otro hechizo que probar y sintiendo su magia mucho más débil que antes.

-Harry…- dijo Hermione con preocupación, tomándolo del hombro para tratar de infundirle ánimos ante su fracaso, pero él no se preocupo por eso y haciendo de nuevo caso omiso al agotamiento físico y mental que sentía, se adelanto una vez más a la Madriguera, lo más cerca que le fue posible sin tocar la barrera.

-¡¡¡¡Ginnnnnnnny!!!-gritó entonces con todas sus fuerzas, totalmente convencido de que su novia tendría que escucharlo-¡¡¡¡Ginnnnyyyy!!!!

-¡Detente!-exclamo otra vez Hermione tomándolo del brazo asustada y preocupada- estas demasiado cansado y además no sabemos si…

Harry decidió no escucharla y se deshizo de su mano con un movimiento del brazo al mismo tiempo que intentaba acercarse más a la barrera invisible. Algo muy dentro de él le decía que estaba siendo un idiota al no prestar atención a los consejos de Hermione pero toda su desesperación y angustia habían explotado finalmente y el monstruo de su pecho le reclamaba que hiciera lo que pudiera que hacer pero hiciera algo.

-¡¡¡¡¡Ginnnnnnyyyy!!! ¡Giiiiiiiiinnnnyyyy!!!!

El jardín de los Weasley permaneció impasible el suficiente tiempo para que Harry perdiera la noción de los minutos transcurridos. Quizás, hubiera llegado a creer que solo habían pasado un par de segundos de no ser porque empezó a sentir como su garganta le reclamaba con creces el esfuerzo y todo el cuerpo pedía a gritos un descanso de ello. Hermione permaneció junto a él, mayormente callada y cabizbaja aunque en algún momento Harry casi pudo haber jurado que se unía a él para llamar a Ron…lamentablemente sin ningún resultado.

-Es inútil-anunció Hermione con tristeza cuando él realmente tuvo que dejar de gritar porque le era imposible- no pueden escucharnos. Nadie ha venido.

Harry asintió con pesadez sin poder articular palabra y mirando la barrera con toda la frustración almacenada en el estomago. Su mejor amiga no dijo nada más y ambos permanecieron en silencio, observando la irónica vista que tantas veces antes habían contemplado pero esta vez sintiendo que se trataba de un lugar completamente alejado de ellos. El silencio entre ambos se hizo tan pesado como si se tratara de una roca que ambos cargaran en sus espaldas y Harry sintió que era uno de los peores momentos que habían tenido que compartir juntos, al menos hasta ese momento.

Sin embargo, fue precisamente por ese silencio melancólico que Harry se dio cuenta de que sí habían logrado atraer la atención de alguien.

-¡Cru…

-¡¡Protego!!-grito Harry con dificultad dándose la vuelta rápidamente al mismo tiempo que avanzaba el par de milímetros suficientes como para quedar frente de Hermione.

-… cio!- terminó de gritar la voz masculina frente a él y tanto Harry como Hermione vieron chocar con el escudo protector la maldición con un fuerte resplandor que desapareció enseguida. Ambos supieron de quien se trataba al instante.

-¡Maldito cobarde no te atrevas a….!

-He de decir-dijo el mago más joven de la comitiva sonriendo presuntuosamente- que son unos verdaderos idiotas fastidiosos pero no puedo negar que son realmente entretenidos.

Harry apretó la varita con fuerza y tuvo el impulso de avanzar hacia el mago pero Hermione adivino sus intenciones y lo miro suplicante, rogándole que no fuera imprudente. El joven frente a él sonrío complacido, como si interpretara ese gesto como una especie de miedo y retara a Harry a seguir su primer impulso.

-Nunca quise llegar a este punto-hablo nuevamente, mirando a Harry y Hermione con una mezcla de lástima y furia-pero han sido tan necios que me veo en la necesidad de hacer un sacrificio para demostrarles que tan en serio estamos hablando…

-No va a haber ningún sacrificio aquí- respondió Hermione valientemente, antes de que Harry pudiera decir lo mismo de manera menos civilizada- así que más vale que quites esa estúpida barrera y nos dejes ver a Ron y a Ginny antes de que…

-¿De qué sangre sucia?-la interrumpió el chico sonriendo con burla- ¿antes de que se queden sin voz por gritarle en vano a un espacio protegido con magia más avanzada de la que entienden?

-La magía oscura no es más avanzada- exclamo Harry furioso- y aunque lo fuera, preferiría no conocerla a ser un asqueroso…

-No pienso perder mi tiempo hablando con seres tan inferiores como ustedes-anuncio el mago sin perder su sonrisa de burla y levantando al mismo tiempo la mano con la que sostenía la varita para dirigirla a un costado, como si estuviera haciendo un hechizo no verbal- además, no quisiera hacerle perder el tiempo a nadie, mucho menos a mi encantadora asistente.

-¿A quién has traído que no puede dar la cara?-preguntó Hermione mirando alrededor con prisa, intentando encontrar a otra persona cerca de ellos. El mago, por supuesto, la ignoro totalmente y Harry escucho entonces la misma maldición repetida con menos fuerza que la primera vez.

-¡Crucio!

-¡¡¡Protego!!!-grito esta vez Hermione convocando un escudo nuevamente frente a ambos. Harry sin embargo, entendió unos segundos antes que no era necesario porque el mago no había apuntado hacia ellos sino hacia un costado. Con horror y esta vez verdadero miedo, observo como el cuerpo de una persona se levantaba varios metros y una abundante cabellera pelirroja se sacudía en el aire al mismo tiempo que la dueña de la misma gritaba de dolor con todas sus fuerzas.

-¡¡¡¡¡Ginnny!!!!!!-grito Harry fuera de sí, incapaz de acudir al lado de su novia por el mismo escudo que Hermione convocara.

-¡¡¡Crucio!!!-volvió a gritar el mago regodeándose ante la escena y una vez más el grito de dolor de Ginny estallo en los oídos de Harry, al mismo tiempo que tanto él como Hermione observaban el cuerpo de la menor de los Weasley caer con un pesado golpe, dejando a la chica en una posición dolorosa y anormal.

-¡¡¡Déjala!!!-gritó Harry con horror y descubriendo que el escudo protector de Hermione aún lo tenía atrapado, lo deshizo apenas dándose cuenta de cómo lo había hecho. Hermione, sin embargo, lo detuvo al instante y volvió a invocar el encantamiento escudo antes de que él pudiera impedirlo o salir del área de alcance.

-¡Es una trampa!-exclamo su mejor amiga con el horror reflejado en la voz pero intentando sonar más segura- ¡Él no puede hacerle eso a Ginny! ¡Ella no puede ser Ginny!

-¡¡¡¡Crucioooo!!!-volvió a gritar nuevamente el mago sonriendo con burla y de nueva cuenta el cuerpo de Ginny se alzo como si se tratara de una muñeca sin vida. Harry observo como realmente lo parecía, excepto por el grito de dolor que volvió a salir de sus labios, esta vez mucho más fuerte y amplificado.

-¡¡¡¡Ginny!!!-gritó Harry deshaciendo el hechizo de Hermione nuevamente y corriendo hacia la chica que, inerte, volvía a caer en el suelo. Hermione, sin embargo, volvió a ser más rápida y con apenas una floritura de la varita volvió a convocar el escudo, atrapando a Harry en él. Harry no tuvo tiempo de reaccionar a eso y Hermione aprovecho su confusión para quitarle la varita de las manos, impidiéndole que deshiciera el hechizo de nuevo.

-¡Él no puede hacerle eso a Ginny!-repitió Hermione una vez más cuando Harry la miro con los ojos desorbitados a punto de reclamar su varita a como diera lugar- ¡Ella no puede ser Ginny!!!

Harry miro a Hermione sintiendo la cabeza estallarle de dolor y aún con los puños golpeando el escudo. El grito de Ginny volvió a escucharse una vez más, con mucha más fuerza y su cuerpo cayo de más altura y con más brusquedad, haciendo que Harry temiera que en cualquier momento el mago cambiara de maldición para terminar el trabajo…

-¡Dame mi varita-pidió sintiendo que algo dentro de él estaba a punto de estallarle de dolor- déjame salir, no me importa que sea una trampa!.

-Hermione titubeo un segundo y negó sin decir verbalmente que no, con el rostro desencajado de horror y bañado en lágrimas. El último grito de Ginny se apago, haciendo que todo quedara en un silencio desconcertante.

-¡Nuestro gran héroe de guerra perdiendo la cabeza de tal manera!-exclamo burlonamente el mago y Harry giro el rostro para observar cómo se aproximaba al cuerpo de Ginny y se arrodillaba junto a ella.

-¡No te atrevas a tocarla!-amenazo Harry-¡¡¡Cobarde!!!

-No deben preocuparse-siguió el joven mago al tiempo que con un movimiento de su varita hacía que el cuerpo de Ginny deshiciera su postura anormal y cambiara a una en la que parecía estar dormida- ella no recordara nada, para todos ella habrá salido un momento a despejarse y ha sufrido un lamentable accidente entrenando estando alterada, seguramente intentando hacer una peligrosa jugada profesional en este terreno nada apropiado-miro a Harry con burla- la poción que ha bebido hará que recuerde prácticamente cuando se fracturo la pierna o lo que sea…

-Ella no es Ginny…

-¿Intentas convencerte a ti misma, asquerosa sangre sucia?- exclamo el mago poniéndose de pie con rapidez- quizás mañana puedas comprobarlo en El Profeta, después de todo mi querida prima es lo suficientemente reconocida para que un "accidente" de este tipo no pase desapercibido fácilmente.

Hermione deshizo el escudo con el rostro reflejando su horror de comprobar al día siguiente que la chica frente a ellos era realmente Ginny. Harry aprovecho su turbación para quitarle la varita de las manos y alzo la varita dispuesto a atacar al mago frente a ellos, mientras empezaba a acercarse a Ginny.

-Al menos que quieras repetir la lección-anuncio el mago desafiante-te aconsejo que no te atrevas a desafiarme y mucho menos a acercarte a mi querida prima para mancharla con tu terrible cercanía.

-¡¡¡¿Cómo es posible que digas eso cuando acabas de torturarla de esa manera?!!!-escupió Harry furioso, deteniéndose solamente por ya no poder dudar de que lo hiciera de nuevo. El joven ante él, lo miro con desprecio antes de contestarle.

-No fue a ella a quien torture-afirmo convencido- ella no recordara nada, con la poción que bebió es solo un cuerpo vivo pero inconsciente… ¿Quieres verlo?-preguntó y enseguida volvió a arrodillarse para quedar cerca de la oreja de Ginny- Ginebra…. –murmuro suficientemente audible para que ambos lo escucharan-pídele a Harry… no, mejor dicho: ruégale a Harry Potter que está aquí, que te ayude.

Los ojos de Ginny se abrieron al instante y Harry vio con terror como sus ojos castaños, carentes de su chispa habitual, lo encontraban enseguida:

-Ayúdame- suplico y Harry sintió que el último gramo de resistencia se quebraba dentro de él- ayúdame, por favor.

Hermione soltó un sollozo contenido al mismo tiempo que el mago volvía a ponerse de pie, mirándolos a ambos complacidos. Harry no despego su mirada de los ojos de Ginny hasta que la chica pareció cansarse de mirarlo y volvió a cerrarlos, quedando tal como antes.

-¿Qué dices entonces Potter? ¿Serás obediente esta vez? ¿Ya entendiste que tan seriamente estamos hablando?

Harry no contestó enseguida y siguió observando a Ginny, rogando en su interior que estuviera bien. Hermione susurro algo que no pudo entender y que él decidió que no le importaba en ese momento.

- Sé que no les importa que Hermione y yo seamos infelices pero ¿Se han puesto a pensar que Ron y Ginny también lo serán?

El joven mago le sonrió a Harry con malicia, dando por cerrado el trato.

-Te lo explicaré de esta manera Potter-contestó- no solo prefiero a Ginebra muerta antes de que sea tu esposa sino que estoy dispuesto a matarla con mis propias manos antes de que tú arruines su linaje para siempre.


Ron maldijo una vez y miro por la ventana, esperando que en cualquier momento Ginny apareciera entrando por el jardín para hacerle señas de que subiera de nuevo a su habitación. Su madre volvió a gritarle que se preparara para la cena pero él decidió que podía disponer de unos minutos más por lo que, aún bastante decaído, se recostó nuevamente en su cama, dándose la vuelta para dormirse otro rato. Tenía la excusa de que la poción que le había dado la Tía Muriel le daba demasiado sueño aunque en realidad era todo lo contrario; aún así, confiaba en que la excusa le sirviera al menos por lo que quedaba del día para no tener que aguantar preguntas de todos respecto a la ausencia de Harry y Hermione. Intentando no pensar en que les diría, en cómo le explicaría a su familia lo que estaba ocurriendo, su mirada se dirigió inconscientemente hacia la foto mágica donde aparecían los tres que descansaba en un descuidado portarretratos que había encontrado en una tiendita cerca de Sortilegios Weasley. En la foto, tomada justo un año después de la guerra, se veía a sí mismo rodeado de Harry y Hermione, los tres con sonrisas radiantes en un abrazo grupal. Era, si tenía que ser honesto, quizás su foto preferida de la postguerra porque desde que la habían tomado había creído que representaba un sueño que jamás creyó que sucedería: estar en paz, con su mejor amigo vivo y finalmente con sus sentimientos confesos hacia Hermione; siendo finalmente libres en todos los aspectos de su vida…

-Traidores- susurro al ver la sonrisa del Harry y la Hermione de la foto.

…Ahora, sin embargo, debido a lo que acababa de entender, al mirarla sabía solo se había tratado de una mentira.


Hermione y Harry se sentaron en silencio, uno al lado del otro, después de delimitar por fin que no había otra salida y que debían dar "el ultimátum" cuanto antes, por seguridad de Ron y Ginny.

-Nunca imagine que realmente tuviéramos que hacerlo-susurro Hermione, aún con los rastros de sus lagrimas más recientes y con la mirada tan perdida como la había tenido Ginny horas antes- No de esa manera.

-Yo tampoco-confesó Harry destrozado- y no sé cuándo vamos a hacerlo.

Hermione se soltó a llorar una vez más y Harry pasó un brazo conciliador por sus hombros. El mismo se sentía con deseos de hacer lo mismo pero había entendido que no podía darse el lujo, no ahora que había visto el nivel al que podía llegar la comitiva.

-Hermione-susurro queriendo consolarla- debemos de hacerlo pero te prometo que yo asumiré toda la culpa, no dejare que nade crea que...

-Eso no me importa-lo interrumpió Hermione controlándose- no me importa nada más que la seguridad de Ron y de Ginny. Es solo que... es demasiado.

Harry asintió sin decir una palabra y ambos volvieron a quedar en silencio, sumidos en sus propios pensamientos.

-No van a creernos

-Tienen que-dijo ella mirándolo asustada ante la idea de que su plan fallara-por eso debemos...

-Lo sé... pero.. ¿Estás lista?

Hermione asintió sin mucha seguridad y se limpió los rastros de lágrimas con la manga, a la vez que intentaba sin mucho éxito sonreír un poco para animarlo. Harry sintió un horrible nudo en el estomago y trato de repetirse que era lo mejor para todos sin lograr convencerse en lo absoluto.

Lo siguiente que sucedió fue que, tal como habían decidido, ambos se acercaron el uno al otro. Harry termino de limpiarle las lágrimas a Hermione, de manera cariñosa y enseguida, casi sin pensar, se inclino para besarla. El beso duro apenas unos segundos y cuando se separaron, los dos se miraron mutuamente incapaces de decir sus pensamientos en voz alta. Harry no pudo sino quedarse callado, casi estático, sintiéndose un maldito traidor con su mejor amigo y con su novia mientras Hermione se soltó nuevamente a llorar, diciendo que lamentaba estarse convirtiendo en una magdalena, incapaz de decirle a Harry que consideraba el besarlo como un acto absolutamente abominable.