CAPÍTULO 13: RABIA

Lena necesitaba una coartada para dejar la mansión Luthor y visitar el DEO de cuando en cuando, y recurrió a Cat Grant otra vez. Ambas se inventaron que Lena iba a hacer una colaboración con Cat en una serie de artículos para el periódico CatCo. La joven Luthor esperó unos días, y llegó su oportunidad cuando el emperador decidió celebrar un gran desfile militar, para cuyos ensayos requirió la presencia de sus mejores soldados, así que Overgirl tuvo que abandonar su puesto de guardaespaldas durante unas horas. Lena le aseguró que iría a ver a Cat, la cual tenía servicio de seguridad que podría proteger también a la joven, y después volvería a su casa.

―Si ocurriese cualquier cosa… ―dijo Overgirl.

―Te avisaré enseguida ―prometió Lena.

―Qué ingenua es usted, señorita Luthor ―replicó la comandante―, si la atacasen, no le resultaría fácil llamar para pedir ayuda.

―¿Entonces? ―Lena se inquietó.

―Lo que quise decir es que si ocurriese cualquier cosa, yo lo sabré y acudiré de inmediato ―afirmó con tranquilidad.

―¿Lo sabrás?, ¿cómo? ―preguntó Lena―, si me tapan la boca y no puedo gritar, no podrás escucharme.

―No importa eso, escucharé su respiración y sus latidos alterados por el miedo, y daré con usted fácilmente ―explicó.

―¿Cómo podrías distinguirme entre tanta gente? ―exclamó Lena sorprendida.

―Reconocería el ritmo de su corazón entre millones ―dijo Overgirl clavándole sus ojos azules.

―¿Distingues a cada persona del planeta?

―Ni mucho menos, pero conozco bien sus constantes vitales… su forma de respirar cuando está calmada o nerviosa, las pulsaciones de su corazón en reposo y cuando se altera por algo… ―La rubia relataba perdida en su mirada esmeralda― Mi trabajo depende de ello ―añadió, recuperando la compostura. Lena se quedó sin habla.

―Mi comandante, el emperador la espera en palacio ―anunció un soldado.

―Debo irme ya, cuídese, señorita Luthor.

Overgirl inclinó ligeramente la cabeza y se marchó. Lena seguía en silencio, aquella revelación la había conmocionado un poco. Sabía de los poderes de Overgirl, pero no conocía su alcance. Fue como sentirse aún más unida a Kara de lo que ya se sentía. Sonrió sin darse cuenta.

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Lena estuvo hablando un rato con Winn y Alex, y después fue a ver a Sam, pues Maggie le había dicho que había pasado los últimos días casi sin salir de su habitación. La joven Luthor le habló con amabilidad, le preocupaba su estado de ánimo, pero Sam no tardó en acercarse a ella y tratar de besarla. Lena la rechazó con firmeza.

―Para, Sam, no he venido para esto.

―¿Vas a decirme de una vez lo que pasa, Lena? ―preguntó Sam, que había importunado a Lena con el beso para hacerla hablar― No es la situación lo que ha hecho que cambies conmigo, ¿verdad?, sino Overgirl.

―No la llames así, ella es Kara ―replicó Lena rápidamente.

―Desde luego que para ti es Kara ―declaró Sam dolida―, y Kara no es sólo una amiga de la infancia…

Lena se fijó en los ojos oscuros de Sam, y comprendió que sabía la verdad, así que, por primera vez, se atrevió a pronunciar en voz alta aquellas palabras.

―Siento algo por Kara… algo muy fuerte, muy especial… ―confesó.

―Dios, Lena… ―Sam lo sabía, pero escucharlo dolía más de lo que había imaginado― Estás hablando de Overgirl, de la asesina de miles de inocentes.

―Eso no es cierto, hablo de Kara Danvers… ―exclamó Lena― Kara vuelve conmigo a ratos, es ella, tan buena y tierna como lo era hace años.

Pero su explicación no convencía en absoluto a Sam.

―Eso sólo son espejismos, Lena, la mayor parte del tiempo es Ovegirl, una asesina despiadada y sin sentimientos a la que no le temblaría el pulso si tuviera que delatarte ante los nazis por ser lesbiana y espía de la Resistencia, ¿es que no lo ves? ―Sam se desesperaba con la temeridad de Lena.

―Sabía que no lo entenderías, Sam ―dijo Lena compungida.

―Te estás equivocando, Lena, vuelcas tus ilusiones en algo que puede no suceder jamás… sin embargo, lo que nosotras tenemos es real.

Sam volvió a acercarse a ella, en un intento desesperado de conmoverla con su contacto. ―Te quiero mucho Sam, el cielo sabe que no miento ―decía Lena apoyando su mano en la mejilla de la castaña―, pero nunca he estado enamorada de ti y nunca te lo he hecho creer, nunca te he prometido amor eterno ni un futuro juntas… tú y yo vivíamos el presente, nada más.

―Nada más… ―repitió― He sido una imbécil ―masculló Sam retrocediendo unos pasos.

―Sam… ―Trató de cogerle la mano pero Sam se la apartó.

―Vete, Lena, quiero estar sola.

El rostro de Sam mostraba tal amargura que Lena no quiso insistir y salió de su habitación.

―¿Qué ha pasado? ―preguntaron Alex y Maggie cuando vieron a Lena.

―Sam y yo hemos… discutido.

Maggie comprendió el alcance de aquella discusión y fue a buscar a Sam. Pero los pensamientos de Alex tampoco iban mal encaminados, le pidió a Lena que la acompañase hasta su pequeño despacho en el DEO y cerró la puerta tras ella.

―¿Estás bien, Lena? ―preguntó Alex―, ¿qué ha ocurrido con Sam?, nunca te había visto así por ella.

―He tenido que… hablarle con total sinceridad… ―dijo Lena sin mirarla.

―¿Sobre lo que sientes por mi hermana? ―preguntó Alex de manera casual.

―¿Qué? ―exclamó Lena sintiéndose descubierta.

―Cuando erais niñas, siempre vi una conexión especial entre vosotras… ―relataba Alex sonriendo con nostalgia―, pero ha sido el entusiasmo y el cariño con el que hablas de Kara ahora lo que me hizo pensar que… tal vez… aquello que yo vi era más que amistad.

―Es verdad, albergo sentimientos por Kara ―admitió con una sonrisa triste―, cuando la miro, en esos breves momentos en que vuelve a ser ella misma, veo más que a mi mejor amiga, por eso he terminado lo que tenía con Sam, no podía engañarla ni traicionar mis propios sentimientos.

―Has actuado con nobleza, Lena ―Alex le tomó la mano, tratando de reconfortarla―, Sam acabará entendiéndolo, y en cuanto a mi hermana… lograremos que vuelva y vosotras averiguaréis lo que podéis llegar a ser juntas.

―Gracias, Alex ―Lena la abrazó con fuerza, feliz de contar con su comprensión y apoyo.

―Siento mucho lo que ha pasado, Sam ―aseguró Maggie―, incluso me siento culpable por haberte animado a declararte a Lena… ―añadió con pesar.

―No es culpa tuya que Lena siga viviendo en el pasado, empeñada en que Kara va a volver ―expuso Sam con resentimiento.

―Existe esa posibilidad, pero no es segura, aunque Alex también está ilusionada con eso.

―Pero Alex no se pasa el día junto a Overgirl, con el riesgo de dar un paso en falso y ser descubierta por la mayor asesina del régimen ―replicó Sam alterada.

―Entiendo tu preocupación, Sam, pero deberías calmarte, Lena tiene cuidado.

―¿Sabes, Maggie?, no sé hasta qué punto Lena es capaz de pensar con claridad cuando tiene a Overgirl cerca ―manifestó Sam―, y eso me da miedo.

XXXXXX

Al día siguiente, Verónica Sinclair decidió organizar una nueva edición de los "Juegos de Roulette", invitando a participar a Overgirl y Mon-El. Aunque la comandante Danvers era ahora la guardaespaldas de Lena Luthor, Verónica y otros aristócratas de Berlín ansiaban verla de cerca mostrando sus increíbles poderes. El capitán Edge no vio problema alguno en que Overgirl participase y así se lo comunicó. La rubia accedió para disgusto de Lena, que, a pesar de todo, decidió acompañarla.

Los juegos de aquella tarde consistirían en una persecución. El matrimonio Lord-Sinclair poseía vastos terrenos naturales alrededor de su mansión que estaban plagados de cámaras para no perderse detalle desde los cómodos sillones del salón en el que disfrutaban sus invitados. Les darían a los rechazados media hora de ventaja, para que pudieran huir y esconderse, después, Mon-El y Overgirl saldrían a buscarlos y darles caza. Cuando Lena reconoció al joven camarero asiático de la mansión Edge entre los rechazados, se le revolvió el estómago.

Mon-El y Overgirl se lanzaron a la búsqueda en cuanto Verónica les avisó. Puesto que había seis rechazados, decidieron repartírselos. Cuando Overgirl dio con el último, el chico asiático, éste temblaba, escondido dentro de un gran hueco de un tronco.

―Sal de ahí, no me hagas ir a sacarte ―advirtió la comandante.

Lena asistía a la escena observando la pantalla, contenía las lágrimas y la impotencia lo mejor que podía para que nadie advirtiera su profundo rechazo a semejantes salvajadas, pues eso la pondría en una situación delicada.

―Por favor, no me mate, se lo ruego… ―suplicaba el chico sollozando.

Lena tenía un nudo en la garganta, mientras los demás asistentes reían con crueldad. ¿Cómo podía divertirles algo así?

―Vamos, no tengo todo el día.

Cansada de esperar, Overgirl partió el tronco en dos, dejándolo al descubierto y lo cogió del cuello de la camisa, para llevárselo a rastras. Él seguía gimoteando, pero la comandante hizo oídos sordos.

Cuando los seis rechazados se encontraban ya en la arena, la anfitriona dio la orden de empezar los combates. Lena apartó la mirada casi todo el tiempo, le repugnaba y le dolía profundamente ver cómo Overgirl asesinaba a sangre fría a hombres inocentes, porque eran asesinatos, no combates, por más que Roulette los anunciase como tales. La joven Luthor intentaba recordar que aquella mujer no era su Kara para sobrellevar mejor la situación, pero cuando sólo quedaba el joven asiático, su malestar aumentó. Cerró los ojos con fuerza, no podía ver aquello.

«¿Dios mío, por qué las cosas tienes que ser así?», pensó.

Overgirl se disponía a romperle un brazo, para luego seguir golpeándolo y matarlo poco a poco, como había hecho con los otros dos. El chico seguía llorando y suplicando por su vida, ni siquiera había tratado de defenderse. Y entonces prestó atención a su alrededor y sintió la angustia de Lena. Overgirl dirigió su mirada azul cielo hacia ella y comprendió enseguida que lo estaba pasando realmente mal presenciando aquello. Entonces llegaron a sus oídos los gritos de la gente enardecida. Miró sus rostros, eufóricos, sedientos de sangre, adictos a la violencia… gente sádica a juego con los anfitriones, que sonreían satisfechos en sus sillones.

―¡Rómpele las extremidades! ―chilló una mujer.

―¡Córtale una mano! ―gritó un hombre.

La comandante volvió a mirar a Lena, vio en sus hermosos ojos verdes el reflejo inconfundible del horror. ¿Le estaba suplicando que no lo hiciera? Sin embargo, tenía que hacerlo, era su deber acabar con los rebeldes y con los rechazados por el régimen. Pero eso no quería decir que no pudiera hacerlo de una forma menos cruel. Por ella, por Lena, para no causarle tanta angustia.

―Será muy rápido ―susurró Overgirl al chico. Después le asestó un golpe en el pecho que detuvo su corazón de inmediato, pero sin llegar a abrirle la carne, respetando la integridad de su cuerpo.

El chico se desplomó sin vida en el suelo, y algunas personas empezaron a abuchear la actuación de Overgirl, por haber terminado demasiado rápido con la diversión. Lena no podía creer lo que había visto, ¿por qué ese inesperado gesto de misericordia?

―¿A qué ha venido eso, comandante Danvers? ―preguntó Verónica buscando siempre el conflicto―, podría haberlo hecho durar más.

―Lo siento, me aburrí, estos rivales no son precisamente muy estimulantes.

―¡A la vista de lo acontecido, creo que todos estaremos de acuerdo en que el ganador de la tarde ha sido Mon-El, mucho más creativo a la hora de acabar con sus presas! ―exclamó Roulette con el micrófono. La gente vitoreó al teniente mientras Overgirl se alejaba de la arena.

―¿Qué te ha pasado? ―preguntó Mon-El―, antes te divertían los juegos.

―Perdí el interés por matar a gente tan débil… ―dijo Overgirl sin mirarlo.

―Alguna gente pensará que te has vuelto blanda ―se atrevió a decir.

―¿Y qué pensarían si matase a un teniente de las SS? ―amenazó la comandante―, estoy segura de que les encantaría, sería un combate un poco más interesante que los de hoy, ¿no crees?

Mon-El la miró con cierto temor y se alejó de ella. Overgirl sonrió de lado. A ella podía acusarla de blanda, pero él era un cobarde. La voz de Lena Luthor la sacó de sus pensamientos.

―Comandante Danvers, me gustaría irme inmediatamente de aquí, por favor ―pidió.

Overgirl asintió y las dos salieron de la mansión y entraron en el coche que conducía James.

―¿La llevo a casa, señorita Luthor? ―preguntó el chófer.

―No, necesito tomar un poco el aire ―dijo Lena―, llévanos fuera de Berlín.

El teléfono de Lena comenzó a sonar, pero al ver el nombre de Sam en la pantalla, la joven Luthor no cogió la llamada.

―¿No va a responder? ―dijo Overgirl.

―No es nada importante ―aseguró Lena. No podía hablar con Sam delante de Kara. Pero le contestó por mensaje.

"No puedo hablar ahora, Sam, estoy con Kara."

Sam le contestó, iniciando una breve conversación por escrito.

"Todos en el DEO hemos visto por las pantallas de la calle los juegos de Roulette de esta tarde, ¡Overgirl ha asesinado a tres hombres inocentes! No quiero que sigas cerca de ella, es demasiado peligroso, si te descubre no dudará en denunciarte."

"Lo siento, Sam, no voy a alejarme de Kara, sé que cada día estoy más cerca de hacerla regresar, lo siento dentro de mí."

―¿Todo bien? ―Overgirl empezaba a preocuparse al ver la expresión de Lena mientras tecleaba en la pantalla de su teléfono.

―Sí… sólo es… una pequeña discusión con mi hermano ―mintió y volvió a mirar la pantalla, Sam le había contestado de nuevo.

"Y mientras no regresa, seguirá siendo Overgirl, seguirá asesinando a gente inocente, y si en el camino descubre lo que estás haciendo realmente, ¡te delatará y te condenarán a muerte!, ¿es que no entiendes el riesgo que supone?"

"¿Y tú no entiendes que nuestra Kara sigue ahí, que merece una oportunidad y que la necesitamos de nuestro lado para derrocar el régimen nazi?"

"Has perdido la razón, Lena, tu obsesión con Kara no te deja ver las cosas como realmente son, tenerla cerca es un enorme peligro para ti."

"Agradezco de corazón tu preocupación, Sam, pero, por más que te sorprenda, yo me siento segura con Kara."

"¿Segura con ese monstruo de Overgirl?"

La insistencia de Sam llamando Overgirl a Kara acabó con la paciencia de Lena, que se despidió de ella y guardó el teléfono en su bolso.

XXXXXX

―¿A ti te parece bien que Lena siga tan cerca de Overgirl después de lo que hemos visto hoy? ―instó a Alex.

―Yo estoy de acuerdo con ella, creo que mi hermana está más cerca de lo que creíamos, y quiero recuperarla, confío en Lena.

―¡No me lo puedo creer!, ¿no te importa que mate a gente inocente? ―exclamó Sam perdiendo la paciencia.

―Mi hermana no ha matado a nadie, sino los nazis utilizando su cuerpo, no lo olvides, Sam ―dijo Alex con seriedad.

―No veis el peligro potencial que supone la situación de Lena… maldita sea ―masculló Sam entre dientes y salió de la sala.

Maggie se acercó a su novia y la abrazó por detrás, besándola cariñosamente en el cuello. Alex se sobresaltó un poco.

―Ey, ¿qué pasa, Danvers? ―preguntó Maggie―, no me digas que te cogí desprevenida.

―Perdona, es que estoy un poco preocupada ―admitió.

―¿Por qué?

―Por Sam ―Maggie cambió el gesto―, no me gusta nada cómo la acabo de ver, esa mirada… me recordó el pasado.

―¿Qué quieres decir, Alex? ―Maggie estaba cada vez más inquieta.

―Sam sufrió mucho durante el tiempo que estuvo en manos de los nazis, le costó mucho ser la mujer que tú conoces… los primeros años, tras su rescate, Sam sufría inestabilidad mental y estallidos de violencia que sólo Lena lograba calmar.

―¿Y crees que podría volverle a pasar?

―Espero que no, pero aquellos años de torturas y entrenamiento inhumano le dejaron muchas secuelas mentales y emocionales, y me da miedo que la nueva situación entre Lena y mi hermana y el distanciamiento entre Lena y Sam las aviven.

―Estaré pendiente de ella, a fin de cuentas, yo también me paso todo el tiempo aquí abajo ―dijo Maggie.

―Gracias, cariño. ―Alex la besó en los labios y la abrazó.

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Lena y Overgirl dejaron el coche y a James en la carretera, y se adentraron en el bosque solas.

―Me encanta este lugar, solía venir de niña con… con unas amigas ―Lena tuvo que contenerse―, escuchábamos el sonido de los pájaros, del viento entre las ramas… la naturaleza puede ser realmente sanadora ―relataba sonriendo.

―¿Ya se encuentra mejor, señorita Luthor? ―preguntó Overgirl de pronto.

―¿Qué? ―Lena la miró.

―Me di cuenta de que no estaba bien durante los juegos ―insistió Overgirl. Lena avanzó un par de pasos hacia ella.

―Te sobran habilidades para saber que no estoy enferma, ¿verdad? ―afirmó Lena―, y creo que también sabes por qué me sentía mal allí.

―No le gustan los Juegos de Roulette ―afirmó Overgirl―, ¿sufrió por esos hombres?, eran sólo rebeldes, tenían que morir ―justificó la comandante.

Lena apartó la mirada abatida. Nunca entendería aquellos designios infernales.

―¿Por qué acabaste con la vida del chico asiático tan rápido? ―replicó Lena―, ¿por qué no les diste más espectáculo a los invitados de Roulette?

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Sam daba vueltas en su habitación. No podía comprender cómo a nadie parecía preocuparle que Lena estuviera siempre tan cerca de un monstruo como Overgirl. ¿Es que sólo ella veía la realidad? Por culpa de la estupidez de todos, Lena podía acabar muerta, ¿era eso lo que querían? La rabia empezó a correr por sus venas. Cerraba los puños con fuerza y apretaba los dientes.

―¿Por qué nadie ve el peligro? ―decía totalmente indignada en medio del silencio.

Entonces contempló su cama, y escenas de ella y Lena desnudas haciendo el amor cruzaron su mente. Escenas maravillosas que nunca se repetirían, porque Lena sentía algo por Kara, algo especial… Sin darse cuenta, maldijo el día en que Kara Danvers regresó a sus vidas.

―Lo estás estropeando todo… ―susurró―. No dejaré que me la quites…

También recordó las imágenes de aquel día de los juegos de Roulette.

―Eres Overgirl, por más que se empeñen todos, eres una maldita asesina, como todos esos nazis de mierda… estarías mejor muerta ―declaró con la mirada encendida.

Maggie se despidió de su novia y fue a ver a Sam, lo que Alex le había contado, la había dejado igual de preocupada que a ella. Tocó a la puerta de su habitación, pero no contestó nadie. Abrió y se asomó por el hueco.

―Sam, ¿cómo estás?, Alex me ha dicho que… ¿Sam?

Maggie salió corriendo de allí. Preguntó a algunos compañeros, pero nadie la había visto. Después informó a Alex y Winn.

―¡Mierda! ―exclamó Alex―, ¡ha ido a por Kara!

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―¿Por qué lo mataste con un solo golpe? ―insistió Lena.

―Por usted ―admitió.

―¿Por mí?

―Sentí que me lo estaba pidiendo con desesperación cuando la miré desde la arena ―explicó Overgirl―, ¿me equivoqué?

―No, eso era lo que quería gritarte pero no podía… ―dijo con una sonrisa triste―, veo que me conoces mejor de lo que imaginaba, y no sólo a nivel físico ―añadió apartando la mirada.

―¿Físico? ―preguntó Overgirl poniéndose nerviosa.

De inmediato, sus ojos recorrieron la figura de Lena Luthor varias veces, como en un acto reflejo, deteniéndose un poco más en sus rojos labios, en sus hermosos ojos y en su tentador escote.

―Claro, mi respiración, mi ritmo cardíaco…

Lena se miró el pecho instintivamente, mientras hablaba de sus latidos y después alzó la mirada, descubriendo cómo los ojos azules de Kara seguían recreándose en su escote. Aquello aceleró su corazón, cosa que Overgirl notó enseguida, y miró sus ojos verdes en busca de respuesta.

―¿Qué le pasa, señorita Luthor?

―Nada, estoy bien… ―contestó con las mejillas sonrojadas y evitando su mirada.

―¿Seguro?, su corazón late muy deprisa ―decía Overgirl mientras apoyaba las manos en sus brazos. Lena se sobresaltó soltando un suave gemido al sentir el cálido contacto de Kara en su piel. ―Y su respiración parece que se está alterando… ―continuó la comandante, que no podía apartar los ojos de aquel hermoso rostro.

―Es por la forma en que me miras… ―confesó Lena un poco avergonzada.

―Perdóneme, no puedo mirarla de otra manera… ―admitió la rubia―, ni puedo evitar las ganas que tengo de…

―¿De qué, Kara?

«Bésame, por favor», rogó Lena en su interior.

―¡Quítale las manos de encima, monstruo! ―bramó una mujer mientras flotaba en el aire a poca distancia de ellas.

Overgirl liberó a Lena y se puso delante de ella para protegerla de la desconocida. Ambas contemplaron con toda su atención a la mujer que las había interrumpido. Aunque llevaba una especie de máscara negra ocultando su rostro, Lena reconoció su voz.

«¡¿Sam?!».

CONTINUARÁ…