Los personajes de Star vs the forces of evil no me pertenecen.

Maratón 1/?

EN LA TIERRA

-S-Star… susurró Jackie estando aún un poco pálida.

Marco por su parte, sonrió enormemente acercándose a la mujer que alguna vez fue su amiga durante la adolescencia, para estrecharla en un gran y efusivo abrazo.

-Oh Star, me alegra mucho verte.- dijo el Marco una vez se deshizo el abrazo. –Realmente ha pasado mucho tiempo-.

-Yo también este feliz de verte, de verlos. Dijo la mujer con una gran sonrisa.

-Star, que grata sorpresa- dijo Jackie poniendo una sonrisa en su rostro. –No te esperábamos.-

-¿De verdad? Creo que el sobre que les envié no les llego…-

-Ven, pasa- Le dijo Maco, estás en tu casa.

Star se adentró hacía la sala junto con Jackie y Marco, alternaba su mirada entre los muebles que decoraban la estancia, y la gran cantidad de fotos que se encontraban en la pared, hasta que tomaron asiento en los sofás que se encontraban en frente de la chimenea.

-y bien…- dijo Jackie tratando de lucir serena. -¿a qué debemos tu visita?-

Star bajo su mirada hacía sus manos, las cuales se encontraban en su regazo.

-… ¿Star?-

La aludida tomo una bocanada de aire mientras trataba de no juguetear con sus dedos frenéticamente.

-Quería… quería pedirles un favor… Mewni no es seguro últimamente.-

-¿a qué te refieres con eso?- preguntó el castaño.

-Desaparecen monstruos, cada vez en más cantidad y Tom… Tom…- Star cerró fuertemente los ojos mientras respiraba profundo. No quería llorar en frente de Jackie y Marco.

-Por eso, vine a solicitar su ayuda.-

EN MEWNI

Stella se encontraba en su habitación, probándose aquel conjunto que había sido un regalo de su madre, el cual consistía en una blusa rosa de mangas cortas, con lo que parecía un overol de color celeste, el cual se ceñía a su delgada figura y unas zapatillas deportivas. Cepilló su cabello de tal forma que este escondiese su tercer ojo, y se recogió el restante en una cola alta.

Se miró al espejo una vez más, sonriendo ante el resultado.

-¿Qué dices rubí?- dijo Yue mirando hacía el pequeño zorrito, el cual se acercó a ella y se froto contra su pierna.

-Muy bien, lo tomare como algo positivo- dijo la rubia riéndose un poco.

-¿realmente crees que hará la diferencia? Que niña tan tierna eres-

En ese momento, rostro de la princesa se tornó pálido, mientras sus manos comenzaban a temblar, volteó lentamente su mirada hacía el espejo, rogando internamente porque solo fuesen cosas suyas, pero no fue así.

Estaba ahí, su mismo reflejo, con una mirada burlesca y altanera hacía ella.

-oh, ¿te comió la lengua el gato, princesita? No importa que tanto lo intentes, jamás podrás ser lo que no eres, a donde vayas, siempre serás diferente, y siempre serás temida. -

Antes de que aquel reflejo pudiera seguir hablando, Yue volteó el espejo, causando que este mirase la pared.

"No puedes escapar de ti misma, princesita"

CON STELLA

"No puedo creer lo que hizo, me costó tanto trabajo" pensaba la joven pelirroja mientras caminaba hacía los establos, realmente necesitaba distraerse.

Llegó hacia donde se encontraban los guerricornios, acercándose a su favorita, una hembra de pelaje color lila, qu le fue obsequiada por su madre cuando cumplió los 11 años.

-Hola, Stormy- dijo la princesa mientras acariciaba la crin de la equina, la cual relinchaba en respuesta. -Sé que no he venido en estos días, es que he estado algo ocupada y estresada, en gran parte por culpa de Yue.-

Stella miro a Stormy, quien la miraba fijamente, como esperando una explicación a lo que acababa de decir.

-Es decir, ósea, no es su culpa, pero estoy enojada con ella ¿bien? Y no pienso darte explicaciones-.

-Sabes que los Guerricornios no hablan ¿verdad?- dijo alguien a sus espaldas.

La joven sintió como los colores poco a poco subían a su rostro, junto con una gran sensación de pena.

-¿Qué no te enseñaron que es malo espiar a la gente, gato?-.

-Yo no espío a nadie- dijo Silas mientras levantaba una gran paca de heno para ponerla frente a Stormy. –Fuiste tú la que llego de repente a hablar con ella- señaló a la equina. – ¿O es que ahora la gran princesa desarrollo el poder de hablar con los animales?- Agregó poniendo las manos en sus mejillas a la par que abría sus ojos desmesuradamente fingiendo impresión.

Stella lo fulminó con la mirada, mientras seguía acariciando la crin de su preciada amiga. –Puede que ella no me responda, pero sé que me escucha-.

-Sé que no debo meterme en esto, y que probablemente me vaya a arrepentir por hacerlo- dijo el chico moviendo un poco sus gatunas orejas. –Pero creo que puedo ayudarte-.

-¿ayudarme?-

-Estoy de acuerdo en que están pasando cosas extrañas, desaparecen monstruos, pero nadie hace nada, y los esfuerzos de la reina siempre son frenados de una u otra forma por los miembros del consejo real-.

-Oh ¿quieres decir que hay gato encerrado?- dijo la joven de forma burlesca, ganándose una mala mirada por parte de su compañero.

-Odio tu forma de decirlo, pero sí, lo hay, y ahora que Yue se va a la tierra, necesitarás a alguien que te ayude.-

A la mención de su hermana, Stella volteo la mirada, no quería hablar de ella, en ese momento, sintió un peso en su cabeza, Silas acababa de colocarle un casco.

Un casco de montar.

-Espero que la princesita sepa montar guerricornios- dijo el pelinegro pasándole la silla de montar.

-Estás hablando con Stella Butterfly Lucitor, soy el mejor jinete de todo Mewni, después mi madre, claro.-

-El segundo lugar es el primer perdedor ¿sabías eso?- dijo el joven con una sonrisa torcida mientras ayudaba a Stella a subirse sobre Stormy.

-Eres molesto- respondió la chica, mientras veía como aquel chico usaba su caso, que se diferenciaba al de ella debido a que el de él traída dos orificios por el cual sobresalían las orejas del chico, y posteriormente subía sobre Comet, un guerricornio macho cuyo espacio en el establo estaba al lado del de Stormy.

-Sígueme si puedes, princesa- Dijo el chico mientras comenzaba la caminaba hacía las praderas silvestres de Mewni.

-¿desde cuándo sabes montar?- preguntó ella.

-Mi padre me enseñó cuando aún era un pequeño niño-

Ambos jóvenes siguieron montando durante un rato más, en completo silencio, pues ambos chicos sentían que si decían cualquier cosa, se iba a romper la atmosfera de paz que se había creado.

EN LA TIERRA

-¡wow! Sharlyn, tu hermano tiene mucho talento- dijo Matías mientras caminaban hacía la casa de la joven al término del recital en que tocó interpretada por el hermano de la susodicha.

-me alegra que te haya gustado, que pena que mi hermano tuviese que quedarse a ayudar a limpiar ¿tocas algún instrumento, Matías?-

-Pues toco un poco la guitarra.-

-¿De verdad? Me gustaría poder escucharte tocar algún día.-

Él chico le sonrió un poco apenado ante lo que su acompañante acababa de decir.

-¿no te encanta Echo Creek?- dijo la joven de repente, a lo que él la miro bastante confundido.

-Quiero decir, es un lugar tranquilo, mientras estuve en Nueva York viví en un lugar muy concurrido, cuando salías a las calles solo veías personas, personas y más personas, que vivía cada una sumida en su mundo, podías incluso chocar con una, que lo más probable era que te insultase un poco, sin si quiera mirarte, lo haría con sus ojos pegados en su teléfono celular o en su periódico, y ni hablar del tráfico, por lo que puedes imaginarte el bullicio del ambiente, en cambio aquí es todo tan tranquilo, tan apacible- dijo la chica mientras cerraba sus ojos y sentía una ligera corriente de brisa que sopló de repente.

El joven miró a su amiga, su semblante tranquilo, su boca ligeramente curveada en una pequeña sonrisa y los rizos de su cola alta, los cuales se movían con la ligera corriente de aire. Él sabía exactamente a lo que Sharlyn se refería, había vivido en Echo Creek durante toda su vida, sabía por experiencia que era un lugar tranquilo, bastante calmado, y a su parecer.

Aburrido

Si, aburrido, Matías Díaz era conocido por su personalidad tranquila, pero nunca se ha considerado un chico aburrido, y para él, las pocas veces que sentía emoción realmente, era cuando hacía skateboard con su madre, o cuando iba a la playa a surfear, practicaba karate con su padre muy a menudo, no negaba que era realmente divertido en su momento, pero eran solo eso momentos.

No podían culparlo por sentirse de esa forma, ¿verdad? Era un chico de 15 años, a diferencia de su hermana Sara, que aún era una niña, y para ella era bastante sencillo encontrar fascinante cualquier detalle, por mínimo que sea, estaba cansado de que sus días fuesen tan rutinarios. Porque de eso se trataba su vida, de seguir la rutina, y no, eso no iba a consigo ¡para nada!

A veces desearía poder vivir aquellas historias que cuenta su padre, aquellas en las que llega esa persona, esa persona que es capaz de hacer que el mundo se ponga de cabeza, que cada día sea distinto, sin embargo, son historias, solo eso, en el momento en que llegue a casa, no estarán sus padres presentándole a una extraña chica que proviene de una dimensión desconocida para el hombre, la cual increíblemente puede hacer magia con una varita mágica sacada de yo no sé dónde.

Sin haberse dado cuenta, llegaron a la casa de Sharlyn.

-Gracias por haberme acompañado a casa- dice la chica con una tímida sonrisa.

-No fue nada Sharlyn, lo pase increíble.-

Sharlyn se acercó y le dio un beso en la mejilla a Matías, antes de darse la vuelta y entrar a su casa lo más rápido que pudo.

Matías decidió no darle importancia al asunto y comenzó su camino hacía casa.

-¡Mati, ya llegaste!- Dijo Sara una vez el chico cruzó la puerta de entrada. -¡ven, ven conmigo!- en eso, la niña comenzó a jalar a su hermano por la manga de su camisa.

-¿Qué pasa Sara?-

-¡Ven a conocer a la princesa amiga de papá antes de que se vaya!-

Matías miró a Sara con una ceja enarcada ¿conocer a la princesa dice?

Sin oponer resistencia, el joven se dejó llevar por su hermanita hacía la sala de estar, en donde observó consternado la espalda de la mujer que se encontraba sentada en frente de su madre y padre, la cual llevaba el cabello en una trenza que se veía bastante elegante y elaborada… e inhumanamente larga.

-Oh, Matías, que bueno que llegas.- dijo Marco al verlo llegar, al tiempo que aquella mujer volteaba la vista hacía el, dejándolo contemplar su rostro.

Tenía su tez pálida, la cual contrastaba con el rojo de sus labios, sus ojos eran azules y expresivos, cubierto de una gran capa de pestañas, pero lo que más resaltaba de ella, eran la corona que portaba con la gracias de una mismísima reina, y un par de corazones rosas en sus mejillas. La mujer le sonrió cálidamente mientras se ponía de pie en su dirección.

-Hijo…- comenzó Jackie. -Ella es Star Butterfly-