Todo este capi se lleva a cabo en el pasado, es decir, los flashbacks son en pasado, pero el tiempo presente se ubica en el pasado también.

No creo que sea tan confuso.

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-Aprovecha el momento-

Capítulo 13: Regresa

-Déjame un latido, porque te llevaste el mío-

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Por más que deseara evitar ese viaje, debía hacerlo.

Estoico no estaba para nada preparado con ese paso que debía dar, le daba más miedo casarse sin amor que enfrentar a su padre.

Estaba recargado contra el mástil.

Veía las nubes inconscientemente recordó cuando él y Valka estaban en la cala, viendo las nubes y hallándole formas divertidas.

Pero ese viaje sería decisivo.

Días atrás Valka le había salido con que no lo quería y que sólo había jugado con él.

Nada que ver, con el apoyo de sus amigos fue a seguirla, la encontró y sin pedirle permiso la besó.

Ella le explicó que alguien, no le quiso decir quién, le obligó a decirle que la olvidará, pero la mentira y el engaño no fueron más grandes que todo el amor que se profesaban.

Si esa persona creía que cada esperanza se hace sombra en el corazón, es porque sencillamente no tenía uno.

Apretó la pulsera debajo de sus prendas.

Valka le había regresado esa alhaja, se la volvería a dar cuando le pidiera matrimonio, lo cual esperaba fuera pronto.

Mientras tanto, debía desconfiar de todos.

Sus amigos estaban descartados, pues ellos lo ayudaron y Valka no miró mal a nadie cuando iban regresando.

-¿Estás bien hijo? –preguntó Hamish.

-Sí. –respondió. Su padre era el primero en la lista.

El jefe lo miró cauteloso, desde que habían ido a Berk él andaba muy alejado, esperaba que no fuera por el compromiso, aunque le agradó ver que su hijo trajera la pulsera.

-¿Se la darás a Brenda? –preguntó el jefe, algo emocionado.

Estoico retuvo la pulsera, sin saber qué decir.

-Es un gran detalle, después de lo que te conté de ese objeto, ha estado con el amor del jefe desde que…

-Desde que se deshojan las mañanas en Berk. Lo sé, desde siempre.

-Cuentale la leyenda a Brenda, y poco a poco verás que… olvidarás a Valka.

Estoico abrió los ojos impresionado.

-¿Qué?

Hamish rio ante la ignorancia de su hijo.

-Es mi isla, yo sé lo que ocurre en ella. –comentó con seguridad, pero Estoico sólo entendió el trasfondo de las palabras.

Tal vez, él era el que había manejado todo.

-¿Tú obligaste a Valka a romperme el corazón? –preguntó enojado, queriendo golpearlo con un puño de nostalgia.

-¿Qué dices? –preguntó, ahora el ignorante era él.

-No te hagas el que no sabe. Conoces lo que te estoy diciendo. Tú obligaste a Valka para que me dijera cosas horribles, pero ¿Qué crees?, no funcionaron, estamos más enamorados que nunca. –defendió

Hamish, lejos de sentirse ofendido se sintió orgulloso.

-No le levantes la voz a tu jefe. –le dijo, irguiéndose.

Estoico lo miró retante.

-No lo hago a mi jefe, sino a mi padre.

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Era increíble que ya hubiesen pasado tres años desde que Estoico y Valka se casaron.

Fue la noticia del archipiélago durante varias semanas.

Llegaron regalos de todas partes, pero esa no era la noticia, la noticia de ahora es que ya habían pasado varios años y no se daban señales de un heredero.

Pero… pronto cambiaría todo…

Valka se había sentido mal durante un par de semanas, como si su mundo diera vueltas y… ahora era oficial.

Después de varios años, era increíblemente maravilloso, y cuando Gylda le confirmó que estaba de encargo, su mundo no pudo ser más perfecto.

Estaba tejiendo, fue lo primero que se le ocurrió hacer cuando se enteró de eso.

Me gustaría que fuera una niña, pero mentiría si negaba que anhelaba un varón, sería muy hermoso para Estoico y para el pueblo en general.

Debía decirlo ya, porque no podía con esa emoción dentro de su cuerpo.

Escuchó a su esposo entrar a la casa.

-Hola, Val. ¿Cómo etuvo tu día? –preguntó después de darle un dulce beso y un abrazo.

-Bien… ¿y el tuyo?

-Lo de siempre, no hay mucho de nuevo, aunque aún siguen los comentarios desde que Alvin intentó hacer un alboroto por mi decisión de no pescar cerca de los acantilados.

-Esa fue una buena decisión, era peligroso. –agregó.

-Sí, tú me diste la idea. –recordó, haciendo ruborizar a su esposa.

Ese rubor le hizo pensar que ese día en específico tenía una mirada mucho más cautivante que antes.

-¿Está todo bien? –preguntó extrañado de verla tan relajada.

-Estoico… hoy me enteré que…

-¿Qué el mercader Johan llega mañana? ¿Quieres algo?

Valka negó, pero después pensó algo cuidadosamente.

-Bueno, quizá… quizá si necesitaremos algo.

-Tú dime, sabes que si pudiera comprarte el mundo lo haría.

Valka se mordió el labio.

Tomó su gruesa y áspera mano y la llevó hasta su vientre.

-Quizá necesitemos ropita de bebé… o una cuna. –dijo con la voz entrecortada.

-¿Por qué?

Hombres tan despistados como siempre.

-Mi amor… estoy embarazada.

Estoico dejó de respirar.

Apretó el vientre de ella, aunque con cuidado por temor a lastimarla.

Se quedó mirando al vacío, como si algo ocupara su mente.

-Estoico, regresa, regresa.

El pelirrojo sacudió su cabeza, no era un sueño, era una hermosa realidad.

No podía decir nada.

-Espera Valka… déjame un suspiro porque te llevaste mío. –Valka rio por esa ocurrencia. -¿Es en serio?

La mujer soltó una lágrima.

-Sí, Estoico, vamos a tener un bebé.

Y por ese instante, todo fue perfecto.

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Con ayuda de Bocón no tardó en encontrar al verdadero culpable.

Resultó que para sorpresa de la propia Brenda, Annek había sido la mente criminal de todo.

Lo que no quedaba resuelto era la manera en que ella había dado con Valka, pero eso lo averiguaría llegando a Berk.

De momento, él estaba tranquilo y feliz, porque Brenda había enfrentado a su padre, le había dicho la verdad, le había dicho que varios meses atrás, mucho antes de que la comprometieran con el heredero de Berk se había casado en secreto con Argus, que lo amaba demasiado y que ese amor ahora daba frutos, pues ella estaba embarazada.

Claro que se ganó una bofetada por parte de su padre, pero, sin planearlo, el embarazo extra marital había sido la única cláusula que rompía el compromiso arreglado.

Estoico se sintió bien de ayudar a su amiga, y no sólo eso, sino que ahora estaban invitados a la boda "oficial" de ellos, la cual se llevaría a cabo en la siguiente semana.

-Creo que debes dárselo a la mujer que amas, Estoico. –comentó la joven Brenda acompañada de Argus. –Este anillo lo compraste para la mujer que sería tu esposa, aun no conozco a Valka, pero espero que ella y tú vuelvan pronto, después de todo… serán los jefes de Berk.

Estoico sonrió al ver que el anillo seguía en la bolsita, que eél le regalo.

-Anda, ve y regresa antes de que otro te la gane.

El pelirrojo sonrió, no sólo le daría el anillo que mucho tiempo antes compró, sino que ahora le daría el anillo y la pulsera.

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Valka no soltaba los brazos de Estoico.

Las contracciones habían empezado a atacarla demasiado rápido.

Había luna llena, un frío atroz, pero también, como de costumbre, un ataque de dragones.

Dejar a Valka en la isla sería muy difícil y peligroso, por lo que la llevó a un refugio que su padre le platicó poco antes d morir.

Finn se había adelantado con su esposa Gylda a preparar el lugar, pues dentro, era muy probable que iniciara la labor de parto.

Estoico dejó a Valka sobre la tela que había sido puesta allí.

-Amor, no te vayas. –rogó la mujer, claramente asustada.

Estoico le besó la frente.

Mataré a esos dragones que llegaron en mal momento y regresaré. –prometió el jefe.

Valka se quedó sollozando, en parte por sentir un leve abandono y también por la falta de Estoico en ese momento importante.

Gothi también estaba allí, para dar fe y legalidad a lo que le ocurriera el hijo de los jefes.

-Hofferson, por favor cuida a Valka, hay dragones por donde quiera.

Sin decir más, el jefe desapareció entre sombras transparentes del bosque.

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El barco emprendió viaje a Berk.

Estoico jamás había estado tan emocionado de regresar, pero mientras lo hacían, tendría una larga charla con su padre.

-Te debo una disculpa. Pensé que habías sido tú, pero…

-Resultó ser Annek. Descuida, ella siempre ha sido una envidiosa. –comentó nostálgico, pero cambió su semblante cuando su hijo se sentó a su lado en el camarote. –Aunque, lo que no me esperaba era lo del embarazo de Brenda.

-Shh, baja la voz, nadie sabe nada.

El jefe rio por su hijo, siempre cuidaría el buen nombre de una doncella, bueno, de una mujer.

-Haces bien en darle la pulsera a Valka.

Estoico se ruborizó.

-La pulsera debe estar con la mujer que el jefe ame.

Estoico sacó la pulsera y la puso encima de la mesa.

-No recuerdo habérsela visto a mamá. –comentó, tratando de recordar.

Hamish se alteró un poco, era tiempo de decir la verdad.

-Eso es porque nunca se la di a tu madre.

Esa confesió descolocó a Estoico.

-¿Qué dices?

-Lo que oyes. La pulsera no se la di a tu madre, de hecho, creo que nunca supo de la existencia de ella.-

-¿No amabas a mi mamá? –preguntó dubitativo.

-Claro que sí, amé a tu madre muchísimo. De eso nunca tengas duda, pero…

-Pero no fue el amor de tu vida. –concluyó en lugar de él.

Hamish asintió.

-Hijo, un jefe debe realizar muchos sacrificios. Dejar a la mujer que amaba y después ver que ella formaba su vida sin mí fue uno de los peores castigos, no le deseo a nadie ese dolor. Yo, elegí a Berk por encima del amor, y no me arrepiento, porque ella debía alejarse de para cumplir su destino, mientras yo, me casé con mi mejor amiga, pero… aunque pasé momentos muy hermosos en mi vida, nunca he dejado de pensar qué hubiera pasado si hubiese sido más valiente y luchado por lo que mi corazón me decía. Pero en esos momentos de juventud, yo le dejé a la cabeza la tarea del corazón.

-Cielos, papá, no sabía todo eso.

-Estoico… un jefe protege a los suyos, no importa el costo; pero con esa decisión entendí la lección más importante para un jefe, si la sabes usar, podrás dirigir todo un reino.

El joven se interesó.

-¿De qué hablas?

-Un jefe debe escuchar a su pueblo, pero si quiere hacerlo bien, primero debe escuchar a su corazón.

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Desde esa noche de frío y ataques de dragones ya habían pasado varios meses.

Esa noche, y antes de tiempo, había nacido Hipo Haddock III: el siguiente jefe.

Por días estuvo prohibida la salida de él, incluso Valka llegó a pensar que moriría porque era demasiado frágil y prematuro.

"Tranquila Valka, nuestro hijo será el jefe más grande de todos, me lo dice el corazón".

Esperaba que él no se equivocara.

Pero con sumos cuidados y amor, el pequeño Hipo fue ganando poco peso y tamaño.

-Me parece una gran bendición que tu hijo esté mejor. –musitó Bertha, la esposa de Erick Hofferson, quien también traía en brazos a una pequeña llamad Astrid.

-Sí. –comentó Valka acariciando el rostro de su hijo.

De repente, amos críos empezaron a llorar. Bertha se acercó con su bebé y se puso de pie, al igual que Valka.

Misteriosamente, cuando ambos bebés se acercaron, menguaron sus llantos.

-Vaya, al parecer serán buenos amigos. –comentó la rubia, pero al ver cómo es que su hijita recién nacida le daba un trancazo en el brazo del futuro heredero, descartó esa posibilidad, pero hizo reír a los presentes.

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Valka acababa de arropar a su hijo, lo puso en brazos de Estoico y el disfrutó de la cercanía del bebé.

-Te dije Valka. Este niño hará la diferencia, estoy seguro.

-Pues ojala, yo lo dudé cuando nació.

-Sí, solo a él se le ocurre nacer en medio de problemas. –bromeó, poniéndolo en su cunita.

Estoico sonrió y le tomó la mano a la mujer, pero al hacerlo se alarmó por notar que no traía su pulsera.

-¿Dónde está?

Valka sabía a lo que se refería, por lo que le indicó que estaba colgando sobre la mesa.

-Se le cayó el broche hace unas horas, creo que se lo llevaré a Bocón para que me haga el favor de revisarlo, ¿estás de acuerdo?

Estico asintió, no le dio buena espina eso.

Pero calmó sus latidos y abrazó a su mujer.

-Te amo, Val… no sé qué haría sin ti.

La fémina correspondió el abrazo.

-Yo también te amo, Estoico. Y si algún día falto, estoy segura que te las arreglaras, después de todo, tenemos un lazo inquebrantable que nos unirá por siempre, nuestro hijo.

El jefe era inmensamente feliz, estaba complacido con su vida, iba a decirle algo, pero de la nada se escuchó una alarma, como siempre, interrumpiendo los momentos más hermosos.

Cuando se soltaron las manos, ambos sintieron que nos las volverían a tocar, y se equivocaron, pasaron veinte años para que volvieran a unirse como lo que eran: dos almas enamoradas.

Por favor, Valka, regresa.

Déjame un latido, porque te llevaste el mío… te llevaste mi corazón.

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Gracias por leer

Dios los bendiga

**Amai do**

-Escribe con el corazón… aunque te lo roben-

Publicado: 30 de agosto de 2015