La miré por última vez antes de dar media vuelta y encaminarme hacia la salida. Cuando cerré la puerta, recordé a aquella mujer que vi anteriormente en el ascensor. Entonces, sentí que mi corazón se aceleraba y salí corriendo rumbo a los ascensores esperando alcanzar a esa mujer.

Salí corriendo del ascensor, pero cuando llegué al vestíbulo, había tanta gente que seria imposible encontrar a esa mujer ahí. Además, ella había salido antes de que yo perdiera mi tiempo con la ministro. Ahora, algo en mi interior me decía que esa chica no era Hermione, pero no podía quitarme ese aroma tan familiar y estaba comenzando a obsesionarme por saber quien era esa misteriosa chica. Sacudí la cabeza violentamente para concentrarme en lo más importante, encontrar a Hermione.

-¿Ha visto a ésta chica?-le pregunté a un grupo de magos que caminaba apresuradamente. Se detuvieron unos segundos a mirar el profeta para después negar con la cabeza y seguir su camino.

-¿Has visto a ésta chica?-cuestioné a una mujer que pasaba a mi lado enfrascada en un grueso libro.

-Lo siento señor, no la he visto-exclamó con miedo. Seguí preguntando a cuanta persona me encontraba, pero todas ellas me decían que no.

-¿Has visto a ésta chica?-cuestioné desesperado-por favor di que sí. Necesito encontrarla.

La joven de ojos azules, idénticos a los de Luna, me miró con preocupación y negó lentamente con la cabeza. En ese momento, sentí una fuerte opresión en el pecho. Me dejé caer recargado en un pilar y pasé mis manos por mi cabello. Respiré agitadamente y apreté la mandíbula para no gritar por todo el dolor que estaba sintiendo. Sabía que seria difícil encontrar a Hermione, pero a cada minuto que pasaba comenzaba a perder las esperanzas.

-¿Se encuentra bien, señor?- preguntó la joven, arrodillándose junto a mí para ver fijamente mis ojos.

-Necesito encontrarla- susurré.

-Yo nunca la he visto por aquí, pero sé quien puede darle información.

Al instante, me levanté rápidamente provocando que la chica cayera por el susto. La levanté con brusquedad y la miré fijamente.

-¿Quién? ¿Dónde puedo encontrarlo? ¿Segura que puede darme la información que necesito?

-Bueno, ha trabajado en este lugar por más de 50 años; difícilmente olvida un rostro, y mucho menos un nombre- respondió la joven luego de unos segundos.

-¿Puedes llevarme con él?- cuestioné. La joven asintió y me indicó que la siguiera. A pesar de que iba muy distraído pensando en Hermione, pude notar que me miraba fijamente, como si buscara reconocerme. La encaré esperando que se intimidara y girara su rostro a otra dirección, pero por desgracia, sonrió ampliamente y se detuvo.

-Me llamo Aníra Maurchan- dijo al tiempo que me tendía la mano.

-Harry Potter-respondí acelerando el saludo. Apenas y toqué su mano cuando seguí caminando, esperando que me siguiera y me llevara hacia el hombre que podía darme información.

-¿Sabe? Hace años que no creo en el profeta. Estoy segura que usted no les hizo nada a esas mujeres. Algo dentro de mí me dice que es una buena persona.

-Gracias-respondí más por compromiso que por otra cosa. No quería ser descortés, no quería perder la única oportunidad que se me presentaba de averiguar algo del paradero de Hermione, pero sabia que si esa chica seguía hablando, me molestaría de sobre manera y desquitaría con ella mi frustración. Parecía que quería entablar una conversación, pues me hablaba de temas triviales que no me interesaban, tan sólo me limitaba a responder con monosílabos. Luego de unos minutos, salimos del edificio, Aníra se detuvo y examinó el lugar.

-¡Ahí está!-dijo con entusiasmo, señalando al hombre que me había abierto la puerta al entrar.

-¿Es él?-cuestioné con incredulidad. Ella asintió enérgicamente y me tomó de la mano para arrastrarme hacia aquel hombre.

-Señor Daniels, necesito un favor- el hombre nos miró de arriba abajo y detuvo su mirada por largos segundos en nuestra manos (que aun seguían entrelazadas), me sentí incomodo por la situación y solté la mano de Anira como si quemara mi piel.

-El señor Harry Potter necesita de sus conocimientos-sus ojos brillaron cuando escuchó mi nombre y sin perder tiempo estrechó mi mano fuertemente.

-¿En qué puedo ayudarlo, señor Potter?

-¿Ha visto usted a ésta joven?-cuestioné sintiendo que con cada palabra el nerviosismo se instalaba en mi interior. Le tendí el profeta y vi como fruncía el ceño varias veces, apretaba los labios y finalmente negaba con la cabeza.

-No recuerdo haberla visto atravesar estas puertas. Pero dígame su nombre, quizás lo recuerde- agregó cuando solté un bufido de desesperación.

-Se llama Hermione Granger.

-En el archivo del personal no hay nadie con ese nombre-intervino Anira, mirándome con pena.

-Granger no es un apellido muy común-comentó el señor Daniels frotando su barbilla.

-Ella es hija de muggles-dije sin ánimos.

-¡De muggles!-respondió escandalizado.

-Algún problema con eso-susurré apretando los dientes. El señor Daniels me miró con miedo y negó frenéticamente con la cabeza.

-No es lo que cree, señor Potter; sucede que conozco a un matrimonio llamado Granger, ambos son lo que los muggles llaman dentistas y creo que tienen una hija de la edad de ésta joven-dijo señalando la fotografía de Hermione.

-¿Dónde puedo obtener información de ellos? ¿Sabe en dónde trabajan? ¿Sabe dónde viven?-cuestioné rápidamente.

-Los conocí hace años-dijo al tiempo que sacaba un pergamino de su túnica y su varita-, en ese entonces trabajaba en esta dirección.

Me entregó el pergamino en el que estaba escrita con trazos irregulares, la dirección en la que esperaba encontrar a Hermione. Lo miré con una sonrisa y estreché su mano nuevamente.

-Gracias-les dije a ambos.

Llevaba horas caminando por las calles de Francia sin saber exactamente en donde me encontraba. Miraba una y otra vez los letreros pero no entendía ni una sola palabra de lo que había escrito en ellos. ¿Por qué sólo las personas del ministerio hablaban ingles?

Luego de vario rato y de haber comprado un mapa y un diccionario de lengua, localicé el edificio que tanto buscaba. Lo admiré por unos segundos antes de correr al interior y acercarme al mostrador.

-Bonsoir, Monsieur, puis-je vous aider?- dijo una mujer rubia que parecía ser de la edad de la señora Weasley. La miré confundido y rasqué mi nuca sin saber que hacer.

-No habló francés-comenté apenado. Suspiré exasperado cuando creí que la mujer no me entendería, pero me sorprendió ver que sonreía y que con un gesto de la mano le restaba importancia al asunto.

-Disculpe-dijo en un perfecto ingles- buenas tardes, señor, ¿Puedo ayudarlo en algo?

-Quisiera saber si en este lugar trabajan los señores Granger- respondí, sintiendo un gran alivio de poder comunicarme con ella.

-¡Por supuesto!-dijo, logrando que una sonrisa de felicidad surcara mi rostro- los señores Granger son los mejores dentistas que hay en esta clínica; pero me temo que las citas se retrasaron debido a que están de vacaciones. Si quiere ser atendido por ellos tendrá que venir dentro de 5 meses.

-No, quisiera saber si usted podría proporcionarme la dirección de su casa. Tengo que entregarle un paquete a su hija. Un libro- dije cuando me percaté que me miraba con desconfianza.

-Claro, esa joven vive entre libros. Siendo tan bonita debería buscarse un novio y vivir la vida; uno nunca sabe cuando nos la arrebaten-susurró, creyendo que no la iba a escuchar.

-¿Podría darme la dirección?-cuestioné incomodo, sintiendo cómo sus palabras calaban en lo más profundo de mi ser. No había perdido la vida, pero sí había perdido algo mucho más importante. El destino se había encargado de quitarme al amor de mi vida, de la misma forma en que me quitó, a lo largo de los años, a las personas que quería. Sólo que esta vez, lucharía en contra de lo que está escrito, lucharía hasta recuperar a la mujer que me había robado el corazón. Esta vez no sería el Harry Potter que se deja vencer, sino el que daba batalla hasta las últimas consecuencias.

-Rue de cheville no. 346-murmuró mientras la escribía en un papel.

-Muchas gracias-le dije con una sonrisa en el rostro.

Salí de aquella clínica dental sintiéndome realmente feliz. Por fin tenía un lugar específico en donde buscar a Hermione, y aunque sabía muy bien que sus padres aun estaban en manos de los mortifagos, cabía la posibilidad de que ella estuviera en su casa. Caminé por vario tiempo hasta que me perdí y terminé en lo que parecía ser un parque. Ajusté mi abrigo cuando una ráfaga de viento golpeó mi cuerpo con rudeza y me vi obligado a tomar asiento en una banca que se encontraba resguardada del frio viento. Justo en ese instante, una lechuza se posó en mi hombro y picoteó mi mejilla hasta que quité el pergamino de su pata. Suspiré con fastidio en cuanto distinguí la caligrafía de Neville; ese pergamino sólo significaba que en Vancouver se había enterado de lo que ocurrió en el despacho de la ministro.

"Es urgente que te comuniques conmigo"

Decía, lo cual me hacía pensar que esta vez, Neville si me reprendería por mis impulsos. Suspiré una vez más y me levanté para llegar a casa de los Granger. Quizás, podría utilizar su chimenea para comunicarme con Neville, después de todo, traía un puñado de polvos flu en un pequeño saco de terciopelo. Justo cuando estaba oscureciendo, encontré el lugar. Era una hermosa casa al más puro estilo de Inglaterra, de color blanco con protecciones de madera y un hermoso jardín de rosas. Todo el lugar era rodeado por una barda blanca de no más de medio metro y una pequeña reja que daba paso a la entrada. Abrí la reja con un Alohomora y me adentré silenciosamente a la casa.

Pese a que el lugar contaba con muebles muy lujosos, no había fotografías ni nada que me asegurara que en ese lugar vivían los Granger. Recorrí toda la casa con la esperanza de ver a Hermione ahí, pero ella no estaba. Cuando busqué en los armarios, me di cuenta de que no había nada, ni ropa, ni objetos personales; era cómo si la casa estuviera deshabitada. Me senté en el elegante sofá frente a la chimenea y coloqué mi cabeza entre mis manos. ¿Por qué todo era tan complicado? ¿Por qué Merlín no me daba una pista?

Cómo si fuera una señal, el aire se coló por una ventana abierta y tiró a mis pies unos sobres procedentes de la mesita de noche, los tomé y vi que estaban rasgados justamente de la parte que contenía el destinatario, pero en uno de ellos, se alcanzaba a distinguir una G. ¿Acaso alguien quería impedir que localizara a Hermione? Aferré el sobre con fuerza entre mis manos y apreté los dientes con coraje.

Antes de salir de la casa, saqué de entre mis ropas el saco que contenía los polvos flu y los arrojé a la chimenea.

-Neville Longbottom, ministerio de Vancouver-dije lo más claramente que pude. Las llamas crecieron de tamaño y se volvieron de color verde, luego, el rostro de Neville apareció entre ellas.

-¿Neville?- cuestioné sorprendido. No esperaba que la chimenea estuviera conectada a la red flu, tan sólo estaba probando mi suerte, la cual estaba comenzando a sonreírme. Si esa casa poseía conexión con la red flu, eso quería decir que un mago o una bruja habitaban ahí.

-¡Lo hiciste de nuevo!-exclamó con un ligero tono de molestia.

-Lo lamento, estaba furioso, ella…

-Siempre estás furioso, Harry, pero ese no es motivo para atacar a tus superiores. ¿Podrías decirme cuál es tu excusa para haber atacado a la ministro de Francia?-cuestionó con voz seca, acostumbrado a hacerme esa pregunta por lo menos 2 veces al mes. A pesar de que era el mejor auror en todo el ministerio de Vancouver y Londres, tenía ciertos problemas para obedecer las normas, lo cual le ocasionaba al ministerio varios problemas y a mí varias multas.

-Sabe dónde está Hermione y no quiso decírmelo-respondí apretando los dientes.

-¿Hermione? ¿Cuál Hermione?-Neville contrajo el ceño y fijó sus ojos en mí, mirándome con confusión.

-Es la chica de la que habla el profeta.

-¿La que nos dijo la localización de los mortifagos?

-Sí, ella. Cometí un error y necesito encontrarla- informé. No solía contarle muchas cosas a Neville, por lo que me desconcertó decirle aquello. Neville me examinó con la mirada y luego de unos minutos sonrió.

-Supongo que no vendrás al ministerio durante algún tiempo-dijo, haciéndome saber que me permitía ausentarme.

-Gracias, Neville-susurré sintiendo una enorme gratitud por quien fue mi asustadizo compañero en el colegio.

-Sí me proporcionas el nombre, le pediré a los ministros que me mantengan informado sobre ella. Será más fácil localizarla si en todos los ministerios la buscan ¿No crees?

-¿Harías eso por mí?-cuestioné incrédulo.

-Claro, ¿para que estamos los amigos?- algo muy pesado se instaló en mi estomago estallando repentinamente para embargar todo mi cuerpo por la culpa. Nunca consideré a Neville mi amigo, tan sólo lo veía como un compañero agradable. Le sonreí y me di cuenta que desde ese momento, Neville era un gran amigo para mí.

-Y bien, ¿Cómo se llama?

-Hermione Granger. Lo poco que sé es que toda su familia es muggle, que vive en Francia y que tiene un trabajo parecido al de los aurores-dije rápidamente.

-Será complicado-susurró Neville acariciando su barbilla. Lo miré con desesperación y no pude evitar reprimir un suspiro lastimero-. Pero la encontraremos, te lo prometo- terminó con una sonrisa en el rostro.

-Gracias, Neville. ¿Alguna noticia de Hayden?- pregunté. El rostro de Neville se contrajo en una mueca de preocupación y en ese momento sentí una dolorosa punzada en el pecho.

-Aun no tenemos noticias de él, pero dijo que se reportaría en cuanto pudiera-agregó para tranquilizarme. Sonreí, sin embargo, aquella punzada no desapareció.


Notas de autor:

¡¡¡Feliz 2010!!!

Sé que he demorado mucho en actualizar, y ninguna justificación es valida. He de decir que durante estas "vacaciones" lo que más hice fue trabajar. En el poco tiempo libre que tuve, intenté escribir algo de esta historia pero mi inspiración se esfumó, dándole paso a la flojera. No me siento muy orgulloso de ello, realmente intenté escribir un poco, pero simplemente no me convencían las palabras vacías que plasmaba a través del ordenador.

Este capitulo es un poco largo, por lo que me vi obligado a dividirlo en dos partes. En cuanto al capitulo, debo decirles que realmente alguien está luchando por borrar todo rastro de Hermione, pues desea impedir que Harry la encuentre. Más adelante sabrán quien es ésta persona y que motivos tuvo. Les adelantaré que Hermione volverá a la madriguera, por lo que habrá mas intrigas de Cormac, Percy y se les unirán otras personas que desean hacerle mal a Harry o que simplemente no se resignan a perder "al ser amado".

Prometo actualizar lo más pronto posible, aun faltan varios días para volver al colegio, pero debido a mi trabajo, a unos entrenamientos y a que estoy haciendo mi servicio, no dispongo de mucho tiempo.

Espero que el capitulo sea de su agrado, y agradeceré cualquier comentario que me hagan. Me ayudan a ser un mejor autor.

……..OoOoO……..

Harry y Hermione

"Estamos juntos en esto"