Dinero sobre la mesa

Candy miro con exasperación a la chica rubia de ojos azules, la misma que no había dejado de tontear con Terry desde que habían llegado al ensayo, y es que todo parecía una maravilla, pues a Terry le habían dado el protagónico, con el único inconveniente que aquella jovencita haría de Julieta….

Candy solo estaba ahí de espectadora, la verdad era que aunque le gustaba el teatro no le llamaba mucho la atención formar parte de él.

Una copa tiene en las manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! No me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún resabio del veneno. Él me matará y me salvará.

Candy achico los ojos viendo la escena removiéndose en su asiento, mirando como sus caras estaban pegadas en un beso de amantes, después recordó que era mera actuación y respiro más tranquila.

— ¡Lo han hecho excelente chicos! — chillo el director, que al igual que ella se encontraba en los asientos de primera fila mirando todo.

Y mientras aquella joven actriz de Julieta se desvivía por atraer la atención de Terry, este no hacía más que ignorarle.

Sus ojos solo miraban hacia las butacas, mientras una mueca divertida surcaba de las comisuras de los labios del muchacho. Probablemente sabía que se sentía muy celosa y a Terry le gustaba molestarla, Candy decidió sonreírle de igual manera, de todas maneras cuando el ensayo terminara ambos se irían a casa y estarían juntos como siempre.

Entonces comenzaron a declamar sus líneas y Candy suspiro con pesadumbre, ambos se movían con naturalidad sobre el escenario, y por más que aquella chica no le agradara, no podía negar que algo de talento si tenía.

Cerro sus ojos y escucho la voz, aquella voz que comenzaba a volverse profunda sin notarse el cambio drástico de la inminente adultez, se dejó llevar por el matiz aterciopelado que desprendía a su paso y la pasión de cada frase, las palabras de promesas dulces que ni el mismo Terry diría en una mañana normal, puesto que era mera literatura romántica y ellos vivían en el mundo real.

Se imaginó tal cual fueran recitadas solo para ella.

Y justo cuando abrió los ojos el miedo la invadió, solo alcanzo a escuchar el sonido estruendoso de uno de los reflectores estrellándose sobre las tarimas.

— ¡TERRY!

Sus ojos se llenaron de lágrimas y mientras trataba de moverse para acudir a su ayuda lo único que podía hacer era escuchar aquel sonido horroroso repitiéndose en su cabeza una y otra vez, no podía moverse.

— ¡Candy!

Candy miraba su cuerpo inmóvil bajo aquella enorme lámpara sin poder hacer nada más que sollozar, como pudo trato de moverse y apretó los parpados con las mejillas húmedas, alguien la llamaba continuamente, cuando abrió los ojos volvió a escuchar su nombre:

— ¡Candy!

Se descubrió en la cama y afuera había una voz, todo había sido un mal sueño, pero los toquidos en la puerta se hacían cada vez más insistentes y fuertes.

— ¡Abre la puerta, Candy!

La chica se apresuró a ponerse las zapatillas y respiro aliviada de oírle.

Todo estaba bien.

Terry entro sin más, apestando a alcohol y con las ropas algo desacomodadas, el cabello alborotado y las mejillas rojas, el muchacho fue hacia la mesa y dejo en ella un montón de billetes y monedas sin mirarle ni una vez.

Tal vez no estaba tan bien….

La rubiecilla se acercó preocupada viéndole tambalear y escuchándole maldecir entre dientes, Terry tenía la mirada perdida y ni siquiera parecía importarle que ella lo viera así, tan pronto como había vuelto Candy olvido la pesadilla y quiso retarle, ¿Por qué había llegado así? ¿Qué le había hecho ponerse así?

Afuera ya era de noche y su pequeño departamento estaba helado como siempre, no había agua caliente y el olor de Terry no era muy agradable, Candy decidió reclamarle pero el muchacho estaba más borracho que una cuba, tal vez al siguiente día…

Sacándole los zapatos, cosa que parecía no poder hacer, después solo le ayudo a recostarse en la cama, era una cama vieja y habían tenido que lavarla al principio pues tenía pequeños animales habitando ahí, por suerte era lo suficientemente grande para que ambos durmieran sin chocar los cuerpos.

Terry temblaba bajo los cobertores y Candy se mordió los labios sin saber que más hacer, se suponía que solo iría a vender el reloj, el único día libre que tenían y él le había anunciado por la mañana que iría a conseguir algo de dinero con uno de los relojes que había traído consigo.

Trajo el dinero pero le había llevado todo el día.

Día en que ella se la había pasado limpiando y después arreglándose esperando a que llegara para hacer algo juntos, pero la mañana se había ido pronto y la tarde había oscurecido trayendo la noche, matando las esperanzas de la chica y haciéndola devolverse de nuevo en su bata de dormir para tomar una siesta, ahora él estaba aquí.

Respirando a su lado y temblando.

Se acordó de un día muy parecido a ese, los tiempos del colegio cuando él había entrado en su habitación sin permiso y por accidente, aun con aquella actitud de indiferencia y grosería, echando su aliento ebrio en su rostro.

Candy se acercó a él y lo abrazo, el castaño estaba más frio que un cubo de hielo, como autómata se deshizo de la mayoría de las ropas de ambos sin el menor morbo o importancia de sus pieles rozando, necesitaba darle calor.

Paso sus manos varias veces por su cabello y trato de calmarlo fundiéndose en un abrazo y cubriéndolos con todas las mantas que tenían.

Entonces le escucho llorar; Terry estaba llorando y Candy le abrazo más fuerte sin poder dormir en toda la noche.

Gracias a todas las que leen esto, disfruto mucho leerlas y si, este es el capítulo más corto de la historia pero prometo darles uno más largo la próxima vez, ¿Qué creen que le haya pasado a Terry?

Saludos a todas.