Sin exagerar demasiado, la vuelta a casa fue casi tan simple como conducir al supermercado y haber pasado la navidad en la sala de estar comiendo pavo con papas rellenas.
Martes treintaiuno y a cinco días de volver al trabajo, preparábamos una cena para cuatro en plan de ver los fuegos artificiales y beber champagne en copas alargadas. Chris y Lucas la pasarían con nosotros, luego de cenar y ver los fuegos, se irían a la casa de Lucas para la suerte de Chris, y quizás la nuestra.
Las festividades no son lo mío, así como los cumpleaños no son lo de Thomas. Tengo recuerdos muy deprimentes de las fiestas con mi familia, de lo poco que puedo recordar, porque ya he dicho antes que mi memoria no es una maravilla ni menos una cualidad que destacar en mí. Más bien, otro defecto. Aquellas celebraciones n o eran más que días comunes y corrientes para mí, me los pasaba en la computadora o dormía toda la tarde de preparativos. Nunca me gustó celebrar nada ni el hecho de que toda la familia se nos metiera en la casa. Desde siempre he sido un ser solitario, así que estas fechas no resultaban siendo nada más que un dolor de cabeza innecesario y obligatorio.
Todo comenzaba temprano, cerca de las ocho o nueve de la mañana. Para variar hacía frío y yo no tenía ganas de levantarme, entonces tomaba la primera cosa que estuviera encima de mi cama y me lo dejaba sobre las frazadas, fuese una camiseta, una cobija o un individual de la cocina que haya dejado ahí por accidente la noche anterior. Mis cortinas siempre estaban cerradas y nunca tenía idea de qué hora era. Mi madre entraba a regañarme, a decirme que ya era tarde y debía levantarme; me quitaba todo lo que tenía encima y abría las cortinas y ventanas. Mi hermano ya estaba ayudando con los preparativos y quehaceres, entonces mamá me lo hacía saber de una manera muy poco sutil.
-¡Christopher! ¿Tienes idea de la hora que es? Eres el único en casa que está holgazaneando, ¡todos llegarán cerca de las tres y apenas nos queda tiempo de arreglar todo!- Reclamaba ella moviéndose de un lado para otro mientras yo apenas me sentaba en la cama en plan de desperezarme la cara con las manos.
-¿Para qué los has invitado si te vas a estar quejando?- me preguntaba para mí mismo, mientras yo, como siempre y como todos los años, la miraba en silencio darse vueltas por toda mi habitación, la cual en cinco minutos volvería a estar igual de sucia y desordenada.
-¡No te quedes ahí, perezoso! Ya muévete, tu hermano ya está afuera ayudando a tu padre a sacar la nieve de la entrada.
Ella se iba de vuelta a la cocina y yo volvía a recostarme en mi cama, sin importarme que las ventanas y cortinas estuvieran abiertas y yo congelándome la espalda por el frío.
Dormía todo lo que podía hasta que otra vez volvía mi madre a estamparme en insultos, y así se fue repitiendo la escena hasta que pude finalmente irme de casa. Una vez que todas las visitas estaban en nuestra sala de estar, no se iban hasta el día siguiente, hablando tan fuerte que los podía escuchar desde cualquier punto de la casa, considerando que mi casa era muy grande. Nunca me importó irme a vivir a un lugar menos lujoso que la casa de mis padres, al fin y al cabo esos logros no eran míos, eran de ellos, y de todos modos a mi me daba igual vivir o no vivir con esas comodidades. Estoy mejor así, por mi propia cuenta y en un ambiente tranquilo.
Las visitas sonreían, alardeaban unas con otras los logros de los demás; de sus hijos, de sus hermanos. Parecían estar hechos para alardear y no hacer nada más que hablar de quién es mejor y quién gana más dinero. "Ah sí, ¿te has enterado de que tu prima Lourdes está por graduarse de medicina? ¿Y tú que estás estudiando, Chris?". Yo simplemente no los soportaba. Era todo una puta competencia, y mis padres siempre los hacían callar a la hora de hablar de mi hermano. Angello ha ganado el mejor comportamiento en preescolar, oh joder, Angello ha ganado el torneo de ajedrez y esgrima a fines de año. ¡A que no te la crees! Angello ha ganado el primer lugar en la feria científica. ¡A Angello le dan una beca para la universidad!
Venga, que ya todos nos dimos cuenta de que Angello es el tío perfecto.
-Cariño, ¿por qué llevas esa cara?- Me preguntó Thomas de pronto.
-Pues me estaba acordando de mis vísperas de año nuevo en casa-respondí.
-¿Y por eso llevas esa carita, tesoro?-me preguntó acercándose a mí y acariciándome por encima de la barba.
Asentí abrazándolo y plantándole un pequeño besito en la frente- Pero no importa, ¿quieres ayuda en algo?
-No cariño-negó él mientras me miraba dulcemente- ¡ah, sí! Podrías poner una toalla limpia en el baño, ¿qué piensas?-dijo riendo.
-Que pereza- reclamé dejando caer todo mi peso en sus hombros- no me gusta el año nuevo-
-¡Pero si no tiene nada de malo!-sonrió él.
-Los fuegos artificiales asustan a los perritos- argumenté sentándome en el sofá y encendiendo el televisor con el control remoto.
-Ya, cariño, pero debe haber otra razón por la que no te gusta celebrarlo-dijo él sentándose a mi lado.
-No tengo buenos recuerdos, eso es todo-confesé.
-Pues entonces tú y yo tendremos que crear algunos nuevos-contestó él.
-Claro-asentí.
Me sentía feliz de estar pasando estas fiestas con Tom. La verdad, cuando comencé a salir con él no esperaba nada. No sabía qué pensar, así que menos podía llegar a imaginar que estaríamos juntos en estas fechas ni menos que yo me habría hecho amigo de sus amigos y su familia. Todo marchaba bien. Cuando comenzamos a salir yo simplemente pensaba en el presente, pensaba en lo que sería salir con un hombre y no pensé en la clase de hombre con la que me estaba metiendo; con esto me refiero a que nunca se me habría pasado por la cabeza enamorarme de esta forma de alguien, ni menos que ese alguien fuese Thomas. Si me pongo a pensar en mi primera impresión de él, Thomas parecía ser todo lo contrario a mí y simplemente para mí estaba destinado a ser el vecino con el que nunca iba a congeniar, aquel vecino al que vería una vez a la semana en el ascensor e intercambiaríamos una mirada incómoda tras el periódico. Ese Thomas de expresión seria y ojos fríos, que me ponía los pelos de punta de solo mirarlo de lejos al verlo con su traje y su bufanda escocesa. Nunca imaginé que él se llegaría a fijar en mí. Dejando de lado el hecho de conocerlo ahora, no podía concebir el hecho de que una persona tan bella y perfecta se fijara en un bufón como yo… En alguien tan inmaduro y poco estable… Porque si tengo que describirme de una forma breve, no soy a alguien que quisieras tener de amante. Soy celoso, olvidadizo y no me gustan demasiado las formalidades. Soy fácil de incomodar y eso es lo último que alguien quisiera en una persona de confianza. Y es que no entiendo cómo a todos se les da tan fácil actuar tan normal, siempre estoy dudando acerca de hacer o no hacer las cosas que pienso porque todos siempre me han dicho que estoy mal. Sé que siempre lo digo, me gusta pensar distinto al resto porque de cierta forma me siento a salvo de ese patrón de comportamiento que todo el mundo lleva pegado en un código en la nuca, pero al no tener el apoyo de nadie a veces entro en duda… Quizás yo pienso demasiado y es por eso que termino haciendo otras cosas para mantenerme alejado de mis propios pensamientos. Y así, en fin, no sé cómo es que Thomas dice estar enamorado de mí, porque para mí el estar enamorado es un término muy fuerte que hasta me asusta usar. ¿Él? ¿Enamorado de mí? Me cuesta un poco creerlo, pero Thomas me hace sentir tan feliz todo el tiempo que me daría igual si me ama o no tanto como yo lo amo a él, porque sé que si él está intentando hacerme feliz es para hacerme feliz de vuelta. Y eso me tranquiliza. Si él está bien, yo lo estaré igual, y así nos mantendremos juntos por lo que más podamos.
Aunque si me preguntan, tengo mucho miedo de perderlo algún día…
-Cariño, ¿estás seguro de que estás bien?-volvió a preguntarme.
-Claro que estoy bien- dije suspirando y fingiendo una sonrisa.
-Ya, a mí no me mientas…- dijo molesto haciendo una mueca.
-¿No te aburres de mí?-pregunté de repente.
-¿Aburrirme de ti?-Preguntó de vuelta- qué dices, cariño, ¿por qué has salido con eso ahora?
-¿No te aburre mi forma de ser? Digo, que sea tan celoso, que sea desordenado o miedoso algunas veces…
-¿Por qué debería?-dijo él quitándome el control remoto y apagando la televisión. Sí, se dio cuenta de que era una excusa barata eso de sentarme a ver televisión, fue una estrategia evasiva y no me había dado cuenta.
-No lo sé, es que me da miedo aburrirte de repente-confesé.
-¡Pues tú nunca me aburres! Me divierto mucho estando contigo, y me encantan todas las cosas que podemos hacer y hablar juntos.- Dijo sonriendo Thomas.
-Si quieres que cambie en algo, no sé, que recoja la toalla y los calzoncillos luego de darme una ducha, o que me corte el cabello, que me afeite… que aprenda a cocinar… lo voy a hacer, cariño. Tú sólo pídemelo, ¿sí?
-Cariño, ¿por qué te has puesto así tan de repente? ¿Te pasa algo?-preguntó preocupado.
-¿Tú pensaste cuando nos conocimos, que íbamos a pasar el año nuevo juntos? ¿En que íbamos a dormir juntos todas las noches? ¿Qué íbamos a ser novios a estas alturas?
-No pensé nada, en realidad-confesó él- simplemente cedí y te hablé, y es que no soportaba el hecho de no llegar a conocerte.
-¿No pensaste en nada? ¿Ni en cómo sería salir juntos?-insistí.
-Sabía que esto me lo ibas a preguntar algún día, cariño-sonrió él.
-Bien, ¿y vas a responderme?- pregunté acercándome y apoyando mi cabeza en su pecho, como él lo hacía a veces.
-Claro, te lo diré todo- dijo rodeándome con su brazo y dejando una de sus manos sobre mi cabeza, acariciando despacio mi frente y mi cabello hacia atrás.
-Fue bastante simple-continuó- algo así como un arrebato de niños… Pero sí debo admitir que me entusiasmé un poco con la idea de poseerte- dijo riendo avergonzado.
-Lo noté, nunca olvidé nuestro primer encuentro-admití.
-Pero en fin, fue una tontería, me había hipnotizado la forma en que te veías y como andabas por ahí mirando tu alrededor como si fuese la primera vez que pasaras por ahí… Por eso te he preguntado hace cuánto vivías acá.
-¿Me habías visto antes?-pregunté sorprendido.
-Apenas un par de veces, antes de mudarme, en lo del papeleo con la oficina de abajo y el piso piloto-confesó él.
-¿Y desde ahí te gustaba?-pregunté.
-Sí, pero no se lo he dicho a Chris, sólo le he dicho que te había visto el día en que me mudé porque sino, me habría detenido y me habría dicho algo como que soy un arrebatado y cosas así.
Asentí.
-Bueno y en fin, pues tampoco pensaba que fuésemos a llegar hasta acá, ni que me fuera a enamorar de un tío tan lindo y adorable como tú. Y es que desde fuera no te ves como yo te conozco, ¿sabes? Yo te vi como un tipo sociable, brusco y gilipollas, de esos a los que no les importa nada ni nadie y sólo andan así por la vida… Al menos así te vi yo la primera vez que te vi, entrando con tu cara de semental que llega del gimnasio, y pensé en que un revolcón sin sentimientos con un tipo como tú me vendría bien… Alguien con los pies bien puestos sobre la tierra, ¡y mira con lo que me he encontrado! Después de observarte otras pocas veces, cuando saludabas cortés a la gente, abrías con cuidado tus cuentas y mirabas a tu alrededor con melancolía… Ahí me di cuenta de que no eras como yo pensaba. Y no te molestes, cariño, es que la primera vez que te vi, únicamente me fijé en lo guapo que eras y en la pinta de cansado y malhumorado que traías.
Lo miré en silencio, ¿Thomas me veía de esa forma y nunca me lo había dicho? Vale, no es que tuviera que hacerlo pero simplemente no me lo esperaba. Tampoco esperaba que lo fuese a admitir todo de una vez como lo estaba haciendo ahora, pero me intrigaba mucho lo que pudiera decir después.
-Y ahora-continuó- me he dado cuenta de cómo eres realmente y me he enamorado hasta más no poder, cariño, me he enamorado de todo lo que hemos construido y de todo lo que he conocido de ti hasta ahora… Y cada día despierto queriendo conocerte más y más, y crear y crear historias y anécdotas a tu lado, para que luego podamos compartirlas y reírnos de ello. Y si todo sale bien, recordarlas juntos, tomados de la mano cuando vayamos envejeciendo…- A Tom le comenzó a temblar la voz, su caricia se hizo mucho más suave y débil que antes. Suspiró fuerte para seguir- Y si alguna vez terminamos, recordarlas con alegría, y pensar… "Joder… nunca podré olvidarme de él".
No supe que decir, simplemente lo abracé, lo abracé fuerte y en silencio. Y lo siento, es que los días así me traen muchos malos recuerdos y me absorbe la melancolía, me pongo muy sensible. Esa es mi excusa.
-¿Ahora estás más tranquilo?-Me preguntó mirándome directamente a la cara, penetrando mis ojos cubiertos de lágrimas que intentaba retener.
-Sí-admití- discúlpame por arruinarte el día así.
-¡No me has arruinado el día, tonto! –me gritoneó seguido de robarme un beso juntando exageradamente nuestros labios- nada nos va a arruinar este día, ¿me has oído?
-¿Nada?-pregunté- ¿lo prometes?
-¿Qué bicho te ha picado? Claro que lo prometo, es la primera Nochevieja que pasaremos juntos, no podemos amargarnos en ella. Además, vamos a tener compañía y olvidaremos todas las cosas tristes, ¿sí?
-Vale-sonreí.
-Y no quiero que te estés acordando de tu familia, ¿sí? Que ya me han caído como patada en el hígado, si tan solo vieras como te pones cuando te acuerdas de ellos… -dijo poniéndose de pie y estirándome su mano para que lo hiciera también.
-Es que no puedo evitarlo-confesé.
-Ya, pero hoy se te va a olvidar, ¿sí? ¿Qué te parece si cuando se vayan Lucas y Chris, tú y yo tomamos un baño juntos, con las luces bajitas y nos mimamos un rato? Sin fines maléficos, lo prometo, a menos que a ti te entren ganas.
Me reí nervioso, la verdad me pareció una idea adorable, pero no dejaba de darme un poco de vergüenza. Asentí y me puse de pie también.
Al rato de eso, Chris llegó del supermercado con unas cuantas bolsas y fuimos a ayudarle con ellas.
-Ya es hora de que saques tu licencia de conducir- reclamó Thomas mientras dejaba unas cuantas bolsas en la cocina.
-Pues no me molesta caminar, no tengo prisa en obtener una-dijo Chris desempacando unos vegetales y dejándolos en el refrigerador.
-¡Cariño! Los vegetales no los puedes meter así como así en el refrigerador, debes ponerlos en una bolsa perforada… ¡Y eso tampoco se guarda allí dentro! Joder… tan solo deja las cosas encima- se lamentó Thomas quitándole todas las cosas de las manos a Chris.
-Ya ya, yo sólo quería ayudarte- dijo Chris alejándose- Que no tengo por qué saber cómo ordenar tus verduras.
Me reí, sí, siempre me causaba gracia escuchar a Chris quejándose, porque lo hacía de una forma adorable y graciosa. Además, también era una monada que Thomas ordenara mis refrigerador.
-¿A qué hora viene Lucas?-pregunté.
-Pues dentro de unas dos horas-respondió Chris.
-Oye pecas, ¿ya te he contado que a Chris le mola mi hermano?- Le gritó Tom a Chris desde la cocina. ¿Pecas? Yo nunca le había oído llamarle así, pero era bastante lógico que era para diferenciarnos, y porque sólo él tenía unas pocas pecas encima de la nariz y yo no tenía ninguna.
-¿Ah sí?- Respondió Chris acercándose a la cocina. Yo estaba de pie junto al comedor, por lo que podía verlos a ambos.
-Sí, ya sabía yo que no se iba a escapar de las garras de Gabriel-dijo Tom guardando algunas cosas en la despensa y revisando la comida dentro del horno a la vez.
-Pero es que tu hermano está buenísimo- dijo Chris riendo.
-¡Oye, no hables por mí! Ya te he dicho que no me gusta tu hermano- me defendí.
-Si te ha gustado, admítelo, cariño- insistió Tom.
-Si digo que sí, te molestarás conmigo, y si lo niego pues no me creerás- protesté molesto.
-Pues sí, estaré molesto de todos modos-admitió él.
-Chris, no te sientas mal, Gabriel tiene fama de enamorar a todos. Bueno, ha de ser por esa pinta de duendecillo que tiene, es tan mono que tan ganas de comérselo- comentó Chris con una mueca adorable, entrecerrando los ojos con ternura.
-Pues a mí no me gusta, sólo me gusta Tom- dije yendo hasta donde Thomas y abrazándolo por detrás.
Thomas cedió con el tema y terminó la cena, mientras que Chris y yo hacíamos algún quehacer pendiente. Llegó Lucas pasado las dos horas y nos sentamos a comer cerca de las once de la noche. No nos gustaba cenar tan tarde, pero en año nuevo si cenas muy temprano luego no te queda nada que hacer, a menos que estés en un evento en donde todos están bailando y tienen la cabeza llena de cotillón.
Lucas vestía un traje negro de chaqueta sin mangas similar a los de Thomas y llevaba el pelo hacia atrás, siempre se veía bien, aunque en realidad yo no lo había visto demasiadas veces.
-Sabes, Chris, he visto muy poco a Robert últimamente, ¿tú no has sabido nada?-Preguntó Thomas mientras cenábamos los cuatro.
-No, en realidad no tengo idea de qué será de Robert-confesó Chris.
-¿Y nos interesa realmente?-Preguntó Lucas mientras cortaba su comida.
-Pues quizás sería bueno mantenernos informados ante cualquier cosa-respondió Thomas.
-Sí, bueno… tienes razón- confesó Lucas- cariño, ¿de verdad quieres ir a casa? Es que me he quedado casi toda la semana en la estación y no me ha dado tiempo de ordenar nada.
Chris lo miró sarcástico- ¿me estás hablando enserio?
-Pues sí- dijo él serio.
-¿En la estación?- curioseé.
-En la estación de bomberos-respondió él- Ya, se nota que Chris no te habla de mí- dijo tomándole la mano a Chris.
-Bah, si casi ya no paso tiempo aquí- refutó Chris.
-Sí, nos lo estás robando, será mejor que nos dejes la identificación para asegurarnos de que nos lo devuelvas…- dijo Thomas seriamente mientras se servía un poco de ensalada. Lo más gracioso de las bromas de Tom era que no los decía con tono de broma y eso causaba más gracia aún.
Chris se puso de pie y fue hasta la cocina a buscar una tenaza para la lechuga. Se detuvo antes de llegar a la mesa con una expresión sorprendida.
-Oye Chris, hay alguien afuera-me dijo extrañado.
-¿Alguien? ¿Y quién podrá ser?- dije poniéndome de pie.
-Pues son varias personas- respondió mirando por el agujero de la puerta.
-Cariño, ¿está todo bien?- me preguntó Thomas.
-¿Quieres que abra la puerta?-Preguntó Chris.
-Joder… Chris, dime qué ves por la puerta- dije asustado.
-Un hombre, una señora de traje azul, una pareja de…
-Una pareja feliz y dos niños, una niña de cabello rizado y otro de traje de botones- adiviné.
-Sí, ¿Quiénes son?
-Mis padres. Mi hermano. Su esposa, sus hijos- Respondí petrificado.
-¿Te avisaron que vendrían?-Me preguntó Thomas poniéndose de pie preocupado.
-No, joder, no sé de ellos hace tanto tiempo… -respondí llevándome las manos a la cabeza.
-¿Qué problema hay con ellos?-Preguntó Lucas.
-¡Todo, joder, todo!- Dije entrando en desesperación.
De todos los días de mierda que pudiese mi familia visitarme, tenía que elegir el único día del año en que yo andaba de un humor desastroso. El único día del año en que yo lloraba por todo y me ponía a gritonear como una madre molesta, histéricamente. Pudiendo haberme visitado a cualquier otra hora del año nuevo, tenía que ser cuando estaba cenando con mi novio, y mis otros dos amigos homosexuales. ¡Hurra, joder! De verdad sentí como nunca había sentido el enojo y la irá por una visita inesperada de mi bella familia. ¿Ahora qué? No tenía otra cosa que hacer que abrirles la puerta y hacerlos pasar. Ya, ¿y luego? Hacer la última cosa que querría hacer en el día de hoy; darles la explicación de oro a mis padres, frente a mi puto hermano y su familia. Sí, familia, ¿les cuento algo? Pues soy homosexual, este es mi novio Thomas Kelleher, su mejor amigo Chris German que ¡ah sí! Que también es mariposa igual que nosotros. ¡Ah sí! Y ese que está ahí, pues es su novio, Lucas, pero no me sé su apellido porque apenas lo conozco. ¡Pero si conozco bien a su ex novio, ¿ah, mamá?! Que lo he conocido en un bar, la misma noche que me he peleado con Emma. ¿Te gustaba Emma, madre? Pues que pena, que ahora se está jodiendo al ex novio de mi amigo homo. ¿Te mola? Sí, pues esta es mi puta vida ahora. ¡Tapadle los oídos a Marianne y a Javier, joder! Que no se enteren de que su tío es maricón.
-Cariño, ya cálmate-me pidió Thomas.
-¡Que no puedo!-dije completamente alterado. Fui por mi copa y me bebí todo lo que contenía, luego volví al lado de la puerta.
-¿Vas a abrirles la puerta?
-Pues… no queda otra- decidí.
Armarme de valor no fue fácil, pero entre ser un cobarde frente a Thomas para salvarnos por un rato y salir de todo esto de una vez por todas, prefería arriesgarme. No importaba qué pasara después, mi familia debía saberlo. Estaban en su derecho, y yo también estaba en el derecho de decir la verdad y dejar de esconderme. Quizás así, de una vez por todas me dejarían tranquilo aunque se alejaran de mí por el resto de mi vida debido al asco que he de causarles, prefería que así fuera; Thomas y yo, tranquilos por este lado, y mi familia, asqueada y decepcionada por el otro. Pero aún así, siempre perfecta y con una moral intachable. Rechazar al hijo maricón ha de sumar muchos puntos en ese juego de petulancia.
Les pedí a Chris y Lucas que siguieran comiendo porque era un asunto que debía arreglar por mi cuenta, mientras que a Thomas no tuve que decirle nada; como era de esperarse, él estaba al tanto de todo y obviamente sabía cómo manejar la situación con cordura y la distancia estipulada. Aunque me daba un poco de miedo que él pudiese salir herido. Mi familia era demasiado directa para decir las cosas, tal como él lo era, y no quería pensar en que él, aunque se demostrase frío por fuera, tuviese que aceptar insultos que lo destruyesen por dentro.
Una vez decidido, abrí la puerta. Habían tocado ya el timbre muchas veces y de seguro estaban por marcharse resignados, pero para mi mala suerte, persistieron.
-¡Hijo! –exclamó mi madre al verme seguido de darme un abrazo distante y falso. Tal y como si abrazara a un pordiosero o a un cachorro mojado… Tal como un empresario abrazaría a los huérfanos en la inauguración de su campaña. Con la misma cara fingida, con el mismo afecto compasivo y obligado…
-¿Y ustedes?- pregunté sin importarme sonar descortés -¿Qué hacen por estos lados?
-Hace mucho tiempo no sabíamos de ti, cariño, ya han pasado tres navidades seguidas…
Ellos entraron sin esperar siquiera a que yo los invitara a pasar. Vaya qué prudentes. Se sentaron en la sala de estar, la esposa de mi hermano y mis pequeños sobrinos me saludaron amablemente, pero no con el cariño con el que alguna vez, en un pasado no tan lejano, lo hicieron…
-Así que tienes compañía-dijo mi padre acomodándose confianzudamente en el sillón, el cual no pareció agradarle demasiado.
-Sí, no esperábamos a nadie más. Hemos hecho cena para cuatro-respondí.
-Pues hemos querido venir a saludarte, Chris, ya que tú jamás te dignas a pasarte por casa. ¿Qué has hecho los otros años? –Preguntó mi hermano, Angello.
-Pasarla solo-respondí con sinceridad.
-Qué lástima-comentó mi madre, con un tono despectivo.
-No, yo elijo pasarla solo, es mi asunto así que para mí está bien. Es mi asunto-le corregí.
-Ya veo- dijo ella, seguido de su ademán de cruzar las piernas un millón de veces en un minuto. -¿Y Emma? ¿No quisiste pasarla con ella, o se ha ido donde su madre?
-Madre, Emma y yo hemos terminado- confesé- hace mucho, mucho tiempo- dije al percatarme de que Thomas abrió los ojos sorprendido, enfatizando la palabra "mucho" para tranquilizarlo queriendo decir "tanto tiempo que ya no recuerdo, éramos unos niños…".
-¿Ah sí?- exclamó mi hermano sorprendido- Qué mal, por fin habías encontrado a alguien de nuestro nivel… Siempre habías salido con puras mocosas, Chris, una estudiante de kinesiología era lo mejor a lo que podías apostar.
-¿Tú crees?-Pregunté molesto, fingiendo un tono real, así como diciendo ¿sí? Venga, cuéntame más, que tomo asiento y te escucho, hermanito.
-Pues sí, lamento mucho que hayan terminado-agregó- Espero vuelvas a encontrar a alguien como ella.
-No digas eso, quizás ya esté con alguien y no nos lo ha dicho- dijo mi padre incluyéndose.
Lucas y Chris comían callados, ambos se notaban bastante incómodos. Tom, por su lado, volvió a sentarse con ellos pero sin tocar su plato. No quiso entrometerse para que mi familia dijera no algo más.
-Sí, Chris, ¿estás actualmente viendo a alguien?-preguntó mi madre.
-Pues ahora que lo dices…-dije mirando a Thomas de reojo- sí, estoy saliendo con alguien hace ya cuatro meses.
-¿Ah sí? Venga, ¿y cómo se llama ella?-preguntó mi padre- ¿Qué hace? ¿Estudia? ¿Trabaja?
-¿Qué es lo que les hace creer que es un "ella"?
-Pues qué dices, cariño, ¿qué otra cosa podría ser acaso? ¿Un tío? –Dijo extrañada la esposa de mi hermano, agarrándole la mano mientras le acariciaba la frente al niño en sus brazos, que se dormía por la hora.
Me inquieté, para variar me molesté mucho y tuve ganas de echarlos a todos de mi casa. Thomas se notó incómodo y me comenzó a mirar seguido, en el silencio que transcurría en lo que yo daba mi respuesta final. ¿Qué es acaso? ¿Un tío? Sí, y el mejor que existe en el planeta…
-Conmigo- dijo Thomas poniéndose de pie sereno, y sentándose junto a mí.
-Ya, Chris, te estamos hablando enserio. Que tus amigos se dejen de bromas-insistió mi madre.
-Conmigo-insistió Thomas- Chris está saliendo conmigo.
-Chris, ¿me estás jodiendo?-preguntó mi hermano.
-No, ¿me preguntaron alguna vez si acaso era heterosexual? ¿Quién les ha autorizado a darlo por hecho?
-¡No, claro que no! Es que eso no es necesario, todo padre espera que sus hijos sean… ya sabes, normales. ¡Además tú antes salías con mujeres!-dijo mi padre alterado.
-¿Normal? ¿Entonces yo que soy?
-Cariño…-dijo mi madre.
-¿Anormal? ¿Subnormal?… ¡Ah, ya sé! ¡Maricón! Esa palabra me queda mejor, ¿no le gusta más?
-Joder, están mis hijos aquí presentes y no eres capaz de moderar tu vocabulario- me gritó mi hermano desde el sofá.
-Cariño, os esperaré en el auto. No tenemos por qué estar presenciando este tipo de cosas- dijo la mujer de mi hermano saliendo con los niños.
-Oh, lo siento, ¿maricón no es mejor que anormal? Bueno, pues eso es lo que soy, ¡qué lástima que no os guste! Eso soy, un chupapollas. ¿De qué otra forma lo grito?- dije irónicamente al ver las expresiones de los tres. Me enfermaban. Si antes ya los odiaba, ahora la palabra odio quedaba pequeña, incluso como un halago para gente como ellos…
-¡Christopher!-me gritó mi madre cubriéndose los ojos, avergonzada.
-¡¿Qué?! ¿Qué me van a decir ahora?
-Pues no sabemos qué decirte, esa es la verdad- agregó ella sin cambiar la posición de sus manos. Sí, si ya avergonzaba a mi madre por simplemente existir, ya me imagino cómo se sentía respecto a esta situación. Ha de estar muriendo por la impotencia y frustración de no poder tener un hijo menor tan perfecto como su primer hijo. De seguro se habla muy mal de las mujeres que tienen hijos así en el club de campo. Sí, porque cuando juegan golf el mejor tema para hablar es de con qué género se acuesta tu hijo…
-Yo sí, yo si sé lo que voy a decirle-dijo mi padre. – Chris, de todo lo que pudiste haber sido en la vida, todo el tiempo has estado eligiendo la peor opción. Siempre la cojonera peor opción entre todas las cosas. Que en vez de ajedrez prefieres los videojuegos, que en vez de humanista escoges ciencias, ¡y luego estudias otra cosa que ni si quiera tiene relación con lo que te has preparado en tu adolescencia! Estudiaste para estar dentro de un laboratorio, joder, para ser doctor y comprarte una casa en Barcelona, ¡no para luego meterte en medicina deportiva y sacar ese título de posgrado que de nada te ha servido! Si eres un entrenador como cualquier otro, ¿para qué has estudiado? Si para ser entrenador te bastaba con ser un técnico y ya. ¿Por qué coño siempre vas con tus malas decisiones a todos lados? Te lo dimos todo, Christopher, nunca dejamos que nada te faltara, ni una sola cosa en toda tu puta vida, ¿y así es como nos lo pagas?
-¡¿Qué no me faltara nada?! – Grité - ¿Se preocuparon alguna vez de cómo me sentía? ¿Les importó siquiera?
-Joder, encima tenías que ser marica… Ya, ¿y qué hay con tu novio? ¿Es uno de esos chicos mucama? ¿Modelo? ¿Diseñador tal vez?
-Gerente general de la Imprenta Lawson, magistrado en Administración y dirección de empresas. Me llamo Thomas Kelleher, mucho gusto-dijo Thomas frunciendo el ceño ante él.
-Vale, un hombre importante, hombre de negocios- dijo mi padre en aire burlón.
-Mucho más importante que tú, por supuesto. -dije yo, sonando muy molesto.
-Me parece entonces, de todas formas a él tampoco se le nota lo maricón-dijo mi padre sonando tan despectivo que parecía irreal- ¿Y tus amigos?-preguntó apuntando a Lucas y Chris con la mirada.
-Nosotros también somos maricones- respondió Lucas seguido de comer un bocado y reírse. Chris sonrió también y a mí no pudo no causarme gracia.
Independiente del comentario de Lucas, el momento seguía emanando tensión por todas partes.
-¿Y es que nunca te molestaste en decirnos?-me gritó mi hermano.
-¿Y para qué?-pregunté- Habrían reaccionado igual que ahora, ¿no es así?
- Ya, no te pido que le digas a tu padre, ni a tu hermano… ¡Pero yo soy tu madre! ¡Tenía derecho a saberlo y pensé que nos teníamos confianza!
-¿Confianza? ¡Pues no planeaba deciros! Si a ustedes nunca les ha importado lo que haga, a ti tampoco, mamá… ¡Todo lo relacionado conmigo os importa una mierda! Tengo una idea, ¿por qué no se retiran de mi casa, eh? Que dicen por ahí que quien se va sin ser echado, vuelve sin ser llamado… y pues no quisiera encontrarme con sorpresas después… Prefiero asegurar que no vuelvan. Porque tampoco veo intensiones suyas de mover sus culos de mi lindo sofá como para volver luego.
-¡Christopher! No seas insolente, aún somos tus padres, coño. Y si tú no sentiste que nos preocupamos de ti, pues no es nada más que culpa tuya- exclamó mi madre gritándome.
-¿Ahora son mis padres? ¿Y qué coño eran antes?-Le grité- ¿La gente con la que vivía? Pues eso me parece a mí. Extraños. Jodidos extraños. A que no sabes ni si quiera en qué año me he graduado… A que no sabes de qué color son realmente mis ojos, mamá- grité enfatizando la última palabra- A que no recuerdas ni una sola vez en la que me hayas brindado tu ayuda para superar algo. Y no, déjame anteponer algo. ¡El dinero no cuenta como ayuda! Si le das dinero para el almuerzo a un niño, no será lo mismo que a aquel niño que su madre le ha mandado el almuerzo preparado con cariño durante todo el año. ¡O a los que iban a ver a las obras! ¡A los partidos! ¿Por qué iban a ver los partidos de Angello y los míos no? Porque ser maricón no era excusa, si de todos modos antes no lo era. ¿Me pueden dar una explicación para eso? ¿Son mis padres ahora?
-Pues como quieras, lo que es yo, no voy a tener un hijo maricón, ¿te queda claro, Christopher? Y mucho menos a un maricón insolente con los que le han dado la vida y todo lo que tiene…
-¿Todo lo que tengo? ¿Mi carrera, dices tú? ¡Te la pago, coño! ¡Te la pago! Y si no vas a tener un hijo maricón, pues Angello- dije ahora dirigiéndome a mi hermano- ahora eres hijo único, ¡felicidades! Ahora, no pierdan el tiempo en la casa de este pobre marica, que la Nochevieja se pasa en familia y no deberían estar en casa de extraños a estas horas de la noche… Y menos interrumpir su cena así como así…
-¡Que te calles la puta boca, chupapijas! –me gritó Angello arrebatándoseme encima, cuando Thomas lo detuvo sosteniéndole ambas muñecas- que no te hayan dado todo lo que tú querías no era excusa para volverte marica… joder, qué asco, ya suéltame –dijo zafándose de Tom.
-¿Todo lo que quería? ¿Ya, vamos otra vez? ¡Paren ya de lanzarse flores por encima, ¿no?!Y pues nada, ¿sabes? Donde te has sentado me he cogido a Thomas una y otra vez… Y ha estado de puta madre- dije riendo burlonamente, mirándolo a la cara- ¿Te quieres ir ya, o te cuento más a ver si te doy más asco?
-Christopher, ya detente, ¡déjate ya de tanta payasada, hombre! ¿Cómo piensas arreglar esto? –Preguntó molesto mi padre, acercándose a la puerta y abriéndola muy bruscamente.
-No voy a arreglar absolutamente nada, ¡y se van de mi casa cagando leches!; que en mi casa mando yo.
Mi madre se me quedó viendo con la misma cara de ofendida, sin derramar una sola lágrima ni con la voz temblando. Nada de nada, ella no sentía absolutamente nada, ni ella ni mi padre, ni menos a Angello les importaba una mierda. Lo sabía. El ofenderse no era más que un pequeño espectáculo para subir la moral en su mundito de porquería y dejar que su superyó domine sus limitadas cabezas.
Cerraron la puerta en ademán dramático y volvimos a quedar solos los cuatro en el departamento. Thomas me miró en silencio, ninguno de los dos sabía qué decir después de tal escena con mi familia.
Sí, como era de esperarse estaba sintiendo un millón de cosas en ese momento. Estaba tan enojado, tan irritado y molesto con mi familia… A su vez, me sentía aliviado de poder haber confesado todo, decirles que estoy con Thomas y de que no soy heterosexual, eso me dejaba tranquilo… Pero también estaba muy triste. Ellos me provocaban tristeza, el simple hecho de relacionarme con ellos otra vez o verlos a la cara me producía el peor vacío del mundo. Me sentía solo, me sentía inútil… Me sentía pasado a llevar por gente frívola y sin corazón… Me sentía vulnerable.
Chris se me quedó mirando de pronto seguido de cambiar la expresión a preocupado. Se me acercó rápidamente y me envolvió en un abrazo. Sí, rompí en llanto en aquel momento y él ya sabía que lo haría. Hundí mi cara en su hombro y dejé caer mi peso sobre él. Humedecí su ropa enseguida con mis lágrimas, y Thomas se me acercó, poniendo su mano en mi espalda sin decir nada.
-Todo va a estar bien, Chris- me dijo Chris acariciándome la espalda suavemente, con compasión.
-Déjamelo a mí- oí a Tom decirle a Chris, seguido de que Chris me soltara con una sonrisa y Thomas me abrazara como nunca, apretadamente y con fuerza. Esta vez no estaba envuelto en mis brazos, esta vez estaba yo en los de él, tal y como al principio; él, fuerte e inmortal, y yo, frágil y cobarde como una rata.
-Cariño, hemos prometido que hoy nada nos arruinaría la noche, ¿lo recuerdas?-me dijo en son de calmarme.
-Lo sé… pero es que han llegado demasiado lejos, joder… Han llegado sin avisar y me han hecho esto… Me han hecho hacer esto, ¡y yo ni siquiera tenía planeado verlos a la cara en quizás cuanto tiempo!
-Lo has hecho porque tú así lo has decidido, cariño- me dijo él. Tenía razón. Yo lo decidí, yo tenía que aceptar el precio de ello, pero es que me hacía sentir mucha rabia y tristeza a la vez, y eso no me dejaba en paz. No pude controlarme de llorar.
-¿Has escuchado todo lo que me han dicho?-sollocé mirándolo a la cara- ¿lo has escuchado?
-Sí, cariño-se lamentó él- pero tú siempre dices que no importa lo que ellos piensen, ¿Cuál es el problema, osito? No tienes que dejar que eso te afecte, eso es todo… Has como que nunca ha pasado, o piensa en que ellos no son nadie para decirte esas cosas… Es lo que tú me has dicho, vamos… cúmplelo.
-Comienzo a pensar que de verdad soy un fracaso…-dije.
-¡Chris! No te pongas a hablar tonterías ahora-dijo Chris poniéndose de pie- tú mismo nos has dicho que tu familia es una manga de idiotas y que te importa un rábano crudo lo que ellos digan o piensen de ti, porque por ti no han hecho más que darte un techo del cual no pudiste escapar jamás ¿y ahora te vienes a contradecir? Vale, eso no lo haría el Chris que yo conozco… Él a pesar de que es un poco inseguro, cuando toma una decisión y dice algo, pues no cambia de parecer y cumple su palabra hasta el final. Obstinado, terco como su puta madre… Y además está muy bueno…- dijo él en son de animarme, y hacerme reír.
Sonreí en respuesta- Ya ya, pero es que no tienen idea de qué se siente que estos tipos vengan así como así a tratarme como se les da la gana. Soy un imbécil para todos ellos porque no encajo en su mundito de mierda, y he debido aguantarlo por tantos años… que ahora que apenas comenzaba a superarlo de a poco y he recordado lo doloroso que era enfrentarme a ellos. Y más que enfrentarme y defenderme, es darme cuenta de que les importo una mierda, aunque digan que están decepcionados y que me quieren, no lo hacen, de verdad no les importa. ¡Y no les pasa nada al fingir y mentir como unos descarados! Sus expresiones son tan normales como si me saludaran, ¿sabes? Me duele lo descarados que son… Me avergüenza venir de una familia así…
Thomas tomó mi mano y la besó, caminó conmigo hasta la mesa y nos sentamos, apoyando yo mi cabeza en él sin dejar de abrazarlo en ningún momento.
-No vamos a dejar que esto te afecte, cariño- me dijo Tom.
-Sí, y si es necesario te mantendremos ocupado toda la noche… Para que no pienses nada relacionado con ello, me refiero. Yo me apunto- dijo Chris riendo.
-Yo también me apunto, siempre he querido hacerlo con dos heteros potentes -dijo Lucas, que aunque nunca hablara demasiado, siempre salía con su broche de oro y me hacía explotar de risa.
-Ya, a ver, que ya han salido con sus comentarios maricas por si les sale algo con mi novio-rió Thomas- es mío, joder.- agregó tomando mi mano y sonriendo al igual que yo.
-Es broma, Kelleher- dijo Lucas, seguido de buscar la mano de Chris por debajo de la mesa y tomarla.
-¿Quieres hablar, cariño?-me preguntó Thomas mirándome.
-Vale, pero no sé qué más pueda decir- al respecto dije yo poniéndome de pie al ver que él lo hacía también.
-He de solicitar una remuneración por tantas interrupciones durante esta cena, ¿ahora se van a la habitación?- dijo Lucas en broma.
-No, vamos a esperar hasta que se vayan- rió él- vamos a hablar, ¿vale?-dijo Thomas tomándome la mano y yendo hasta mi habitación. Thomas cerró la puerta, me senté en la cama.
-¿Crees que Chris y Lucas se molesten por haber cagado la cena así?-Pregunté.
-Chris no se va a enojar, cariño, lo sabes. Él se preocupa por ti-me respondió.
-¿Y Lucas?-insistí.
-Pues no nos importa demasiado si Lucas se enoja o no, ¿verdad?-sonrió seguido de darme un beso, pero eso no pudo animarme. –Vamos, cariño- dijo al percatarse de que su beso no me alegraba en lo absoluto- cambia esa carita.
-Ya estaré bien-dije.
-Yo quiero que estés bien ahora-se lamentó abrazándome- ¿Hay algo que pueda hacer para animarte, cariño?
-No, bebé, todo está bien-dije con la voz desanimada.
-Pero estamos aquí solos… algo puede haber que pueda sacarte una sonrisa-dijo con un tono insinuante.
-Lo dudo- respondí riendo.
-Te puedo hacer un espectáculo, como aquella vez que íbamos a lo del aniversario de Lawson y te has quitado la toalla-propuso.
-No quiero que hagas eso-dije.
-Entonces puedo… puedo darte besitos en la pancita, ¿te mola?-dijo intentando a toda costa que yo aceptara y se me pasara la tristeza.
-Pues no tengo ganas de eso-confesé.
-Entonces… -dijo pensando- puedo darte muchos muchos besos mientras ves el canal de deportes.
-No quiero ver el canal de deportes, cariño-me lamenté. No me gustaba decirle que no.
-¿Y qué quieres hacer entonces?-preguntó.
-Dormir, supongo-respondí.
-No puedes ponerte a dormir, cariño- me reclamó sentándose sobre mí y abrazándome nuevamente- ¿Vas a dejar que ellos te arruinen el día?
-Pues sí-admití. Estaba derrotado.
-¿Y me vas a arruinar el día a mí?-dijo en su último intento de ver si yo decía algo, pero no quería decir nada. Sabía que no estaba molesto, y que sólo estaba intentando invertir la situación para que yo me olvidase de todo esto.
-Lo siento, cariño-dije desanimado otra vez-
-¿Entonces no habrá sexo de año nuevo? ¿Ni baño? ¿Ni fuegos artificiales?- dijo él poniéndose una mano en la cintura en ademán de esposa molesta- Ni beso de media noche, ni abrazos ni buenos deseos. ¿Sólo dormir?
-Dormir, sí-dije recostándome en la cama.
-No, claro que no-dijo lanzándoseme encima y envolviéndome en un abrazo. Sus piernas me envolvieron también y hundió su rostro en mi cuello, llenándolo de pequeños besos para animarme- no vas a arruinarnos la noche por gente que no nos importa, cariño, vamos a tener la mejor noche de todas, y si quieres seguir deprimido, pues te lo voy a permitir hasta las 23:59 P.M. porque después de eso, me vas a dar un gran beso y un abrazo de año nuevo- dijo levantando su cuerpo con sus brazos y dejando su cara frente a la mía.- Le darás un gran abrazo a Chris y a Lucas, y cuando ellos se vayan, vamos a meternos en la bañera quieras o no, vamos a mimarnos con poca luz y luego…- Thomas dejó de hablar cuando se percató de que yo tan solo lo escuchaba sin cambiar mi expresión ni tocarlo. Me quedó mirando también por unos segundos, pero luego continuó- y luego, vamos a cumplir los fetiches que nos falten- concluyó.
-¿Fetiches?-Dije extrañado, y a la vez, sonrojándome.
-Claro, es que siempre lo hacemos en la cama, ¿eso te animaría un poco? Mira cómo te ha cambiado la cara, Christopher- dijo riendo, seguido de darme un suave beso en los labios. Sonreí también y lo abracé.
-No es necesario, cariño-dije- estoy mejor, gracias.
-Oye, no estoy dándote la opción- dijo Tom- Es un sí o un sí.
-Bueno, pero los míos, supongo- dudé esperando a que me dijera que sí.
-Claro, me sacrificaré- dijo con un tono dramático seguido de largarse a reír.
-Ya, lo dices como si te estuviera obligando… Ya te he dicho que no quería-protesté.
-Es que han de ser muy guarros, pensar en que eres deportista o que juegas con controles de formas extrañas ya me asusta un poco-se defendió él.
-Nada que no hayamos hecho antes-respondí yo con sinceridad.
-¿Nada?-se preguntó extrañado. –Que aburrido eres.
-Pues sí, eres tú el que siempre nos lleva a esto, yo soy un tradicional y eso va a ser difícil de cambiar.
-Bueno, ya se me ocurrirá algo… -dijo él, saliéndose de encima de mí y sentándose a mi lado- Veamos, lo hemos hecho aquí, en la ducha y en el sillón. Eso nos deja bastantes lugares, cariño… De seguro debes tener un fetichismo que te lleve a cosas muy raras, y es que no me las quieres decir porque te avergüenzan –dijo él, insistiendo con el tema.
-¿Por qué tenemos que hablar de sexo en un momento así?-le pregunté molesto.
-Porque te sube el ánimo, ¿qué no lo has notado?
-Bueno… un poco-admití- es que me causa gracia.
-Ya, somos hombres, idiota- dijo seguido de darme un beso.
-Bueno, entonces si no me vas a decir nada respecto a ti, haremos uno mío, ¿vale? –dijo llevándose una mano a la barbilla-
-¿Y de qué va?-pregunté intrigado.
-Pues de hacer un pastel-confesó.
-¿Un pastel?-pregunté extrañado.
-Así es-respondió.
-¡Pero si a ti no te gustan los pasteles!-exclamé riendo.
-¿Recuerdas una vez que te he preguntado si harías un pastel para mí?
-Bueno, sí-admití sin pillarle una relación-y te he respondido que no sabía hacer pasteles, si apenas sé hervir agua, cariño… Pero hacer un pastel no lleva mucho tiempo estos días, cariño, no le veo la gracia. Le pones la crema a los biscochos y ya está terminado.
-Pues hay que hacerlo de la manera más larga, osito, ¿Cómo es que no lo entiendes?… –Suspiró en un aire maléfico- ¿quieres que hagamos un pastel mañana?
-Solo si me explicas de qué va lo del pastel-dije con aire asustado, cuando Thomas abrió la puerta y se dirigió a la sala de estar.
-Vamos, cariño. Volvamos-dijo. Lo seguí.
Chris y Lucas permanecían sentados y ya no había comida en sus platos, estaban charlando ahora mucho más de cerca y se separaron al vernos llegar. Chris estaba sonrojado y ocultó su sonrisa apenas nos sentamos, intentando parecer serio.
-¿De qué nos hemos perdido?-Preguntó Thomas.
-¿De qué nos hemos perdido nosotros?-Preguntó Chris- ¿Le has dado la charla?-agregó riendo.
-Pues sí, la de los fetiches-dijo Tom.
-Venga, que noche se te viene, Chris-me dijo Lucas- Ha de ser el truco más viejo que conozco.
-Lo hemos dejado para mañana-dije yo.
-Cierto, habíamos pospuesto este tema de los roles para después, ¿recuerdas? Aquella vez que nos pusimos a charlar sobre…
-Sí, lo recuerdo, cariño-dije interrumpiéndolo.
A veces Thomas decía cosas impertinentes frente a las personas. Frente a Chris no me importaba, en realidad, pero es que estaba Lucas ahí y a él no le tenía demasiada confianza, a pesar de que me agradara y le hubiese dado mi aprobación a Chris. No, en realidad no le tenía "esa" clase de confianza, porque sí creo que podría hablarle y contarle mis cosas. Pero no hablar de estos temas. Que por cierto, había quedado con Thomas de discutirlo algún día y que me explicara todo lo que tuviera que ver con las cosas del sexo homosexual, ya que yo cumplía con mi parte al pie de la letra y no hacía nada más que eso. Quizás a Thomas le molestaba, y quizás también le molestara que aún yo no quisiera cambiar los roles, pero por lo que me daba a entender ya se había acostumbrado a ser la chica en ese asunto.
En ese momento me di cuenta; Thomas me había cambiado el tema completamente, y me había cambiado de en un estado de melancolía extrema, a hablar de sexo. Él tenía el poder de zafarme de situaciones así con facilidad, porque de todas formas no me gusta decirle que no, entonces, le resulte o no, yo le termino aceptando para que no se frustre intentando animarme, porque lo intenta todo.
-¿En qué minuto hemos cambiado el tema?-pregunté frustrado, llevándome ambas manos a sostenerme la cabeza. No quería tener que hablar de eso en la mesa, sobre todo con Lucas ahí que era experto en molestarme al respecto de no saber las cosas de su mundo. Mi plato se había enfriado y Thomas lo llevó al microondas, por lo que quedamos sólo los tres en la mesa.
-Y bueno, ¿aún Thomas no te ha explicado nada?-me preguntó Chris.
-Es que no hablamos de estas cosas-confesé.
-Pues deberías mantenerte informado… Bueno, sé que no es relevante si es sólo con una persona con la que te acuestas, pero piensa en que algún día será otro el que esté en tu cama-dijo Lucas.
Chris lo miró molesto, tal y como lo hice yo. No habrá otro en mi cama que no sea Thomas, definitivamente no. Estoy cerrado a cualquier posibilidad. Es Thomas o Thomas.
-No habrá otro en mi cama, sólo Thomas-dije decidido.
-Vale, vale-dijo él, rendido ante mi terca postura-entonces deberías aprenderlo por mera curiosidad, ¿no?
-¿Y para qué? Si ya sé todo lo que le gusta a Thomas, no es necesario, ¿no?
-Cariño- me dijo Chris- Thomas es un fetichista del infierno, es que nunca vas a saber lo suficiente-susurró.
-¿Y tú eso cómo lo sabes?-le pregunté molesto. Thomas aún no volvía con nuestros platos y me estaba sintiendo incómodo respecto a la situación.
-¿Y con quién crees que se ha quejado toda su vida?-me preguntó Chris, obviando la respuesta.
-Pues…
-Ya, yo soy bueno explicando cosas, ¿puedo yo?-preguntó Lucas, de la misma forma en que un pequeño le pregunta a su madre, "Mamá, ¿me compras un helado? ¿Sí? Anda, por favor…
Chris sonrió en respuesta, su típica respuesta afirmativa, su sonrisa siempre lo decía todo. La sonrisa de Chris decía más que todo lo que hablaba en un año. Sus palabras no eran en realidad torpes, pero es que no le gustaba dar explicaciones al respecto. Si la persona que preguntaba realmente creía tener un vínculo con Chris, pues una sonrisa debería bastar como respuesta. Si no, él ya sabía que no tenía nada más que hacer ahí.
-Bueno, primero que nada, eres activo, ¿verdad?-preguntó entrecruzando los dedos de sus manos y apoyando el mentón en ellos.
-¿Está permitido preguntar eso?-exclamé avergonzado.
-Eso lo puedo tomar como un no-dijo él.
-Sí, sí, lo soy-respondí apresurado. Thomas se puso de pie cerca de nosotros, procurando no interrumpir la gran explicación de Lucas.
-Bueno, entonces por si nadie te lo ha dicho antes, ser el activo pues no te hace menos homosexual otros, ¿lo sabías? Eres tan gay como Chris, así que siéntete ofendido.
-¡Oye!-protestó Chris golpeándole fuertemente el hombro por detrás.
-Sabes que te amo, pastelito-le dijo a Chris seguido de besarlo con una sonrisa. Chris sonrió también y volvieron a sus posiciones iniciales.
-También, puede que hayan razones que deberías plantearle a Thomas, para que no se pase horas al teléfono con Chris y no perjudiques también nuestra vida sexual. Puede haber sido una mala experiencia. ¿No es nada de eso?- Preguntó. Negué con la cabeza- Pues entonces, tienes miedo de que te duela, o es porque te han volado el culo alguna vez antes y es que ya no puedes estar abajo nunca más.
-Joder, no… con el único con el que me he acostado es Thomas-respondí enojado. Ya, ¿tenía que dar explicaciones también?
-¿No es adorable?-Preguntó Thomas volviendo con nuestros platos y sentándose a mi lado otra vez.
-Joder, sí que lo es-dijo Chris.
-Bueno, también puede ser que hayas decidido ser activo para ligarte a más tipos, o que haya sido por tu condición heterosexual, ¿no? Pero los activos están casi extinguidos, puedes aún luchar por tu puesto, ¿no?-rió él.
Volví a permanecer callado. De verdad no me gustaban estos temas, y si los iba a hablar sería con Thomas.
-Cariño, no te molestes, es solo un tema más-me dijo Tom.
-Es que es extraño, como que no quiero aceptarlo. Me incomoda, ¿sabes?
-Lo sé, también me pasaba al principio-dijo Tom tomando mi mano- no pasa nada, osito- sonrió él.
Una vez que Thomas y yo terminamos de comer, comimos el postre que Tom preparó y esperamos las doce de la noche en el balcón. Hacía bastante frío, pero estábamos abrigados y de todos modos no sería más de un rato el que pasaríamos afuera. Me puse mi chaqueta favorita-la cual Thomas odiaba y me reprochó por ello- y una bufanda. Bastante ridículo me veía, pero Tom me obligó a usarla para que no me resfriara. Tenía una gran obsesión con eso de no resfriarse, era molesto, pero en el fondo era un reproche mío; Thomas me cuidaba porque me quería y debería estar agradecido.
La noche estaba muy fría y oscura y sólo la iluminaban los faroles de las calles y los pocos autos que transitaban a lo lejos, de todos modos, ya serían las doce y era poco probable andar conduciendo a esas horas. Aún estaba algo triste por lo de mi familia, pero con todos los cambios de tema y Tom intentando animarme, ya me sentía un poco mejor y sólo me preocupaba de hacer un lindo recuerdo de Nochevieja con Tom.
En un momento Thomas se puso delante de mí y tomó mis manos, dejándome abrazarlo por la espalda y apoyando mi cabeza en su hombro. Planté un pequeño beso en su mejilla, y luego le di muchos, hasta que movió su cara y terminé besándolo como de costumbre. Lo abracé con fuerza, cerré los ojos despacio y me dejé llevar por el momento. Todo desaparecía entonces; el frío, los amigos, las luces, la Nochevieja. Éramos en ese minuto sólo Thomas y yo.
-¿Ya pasó?-me preguntó al finalizar nuestro beso.
-Sí-le respondí, seguido de sonreír y besarlo de nuevo- gracias.
-Nada de gracias, sabes que siempre estaré para hacerlo-respondió él.
Lucas y Chris permanecían abrazados en la orilla del balcón, mirando hacia afuera cual Titanic en la escena del salto. Ambos nos parecían adorables, estábamos felices de que Chris estuviera finalmente bien.
Quedaban unos minutos aún para los fuegos artificiales, pero el momento estaba siendo tan inolvidable que se pasaron volando, se pasaron tan rápido que no nos dimos cuenta en qué momento el cielo se iluminó de todos colores, y al estar ya abrazados, nos miramos a los ojos sonriendo. Eso era lo que nos decía todo. Una mirada, las miradas en nuestra relación lo eran todo, y más valía saber qué significaban cada una. Thomas, mi némesis, estaba tomado de mis manos en la fría noche del primero de enero, en el primer minuto de un nuevo año, en el cual yo me veía, hace cuatro meses, solo, comiendo comida instantánea y durmiendo temprano. Thomas, mi némesis, habría pasado hasta entonces cuatro meses haciendo de mi vida un arsenal de risas y caricias, y en la noche de hoy, luego de menuda escena, me había demostrado que no importaba qué pasara, él se quedaría ahí. Y lo hizo. "Nada nos arruinará esta noche"… Me dijo él.
-Nada pudo arruinar nuestra noche, ¿ya lo ves?-dijo él, seguido de abrazarme de frente.
-Gracias-le susurré.
-No importa qué tan grande fuera, nada pudo arruinar este momento-agregó.
Sonreí en respuesta.
-¿Has deseado algo al sonar las doce?-Me preguntó. Ambos estábamos en la orilla contraria a Lucas y Chris, ninguno quería interrumpir nada de los cuatro.
-Pues qué más que a ti-respondí.
-¡No debías decirme! Que así no se cumple- exclamó riendo, y rodeando mi cuello con sus brazos sin despegarse de mí.
-Ya te tengo, eso no importa- respondí yo-No quiero nada más que a ti, así que pedir algo que ya tengo nunca está de más… Especialmente si hay sólo uno en el mundo. Y si ese uno en el mundo eres tú, quien me da todo y me hace feliz.
-¿Y me pides aunque ya me tengas?-preguntó.
-Sí- respondí.
-¿Me deseas de nuevo?-Insistió mirándome a los ojos conmocionado.
-Una y otra vez, por el resto de mis Nocheviejas –respondí yo.
