Capítulo 11: Ingrid

Ava cayó de rodillas al lado de los arbustos, buscando a tientas a lo largo de la pared por la grieta que se había tragado a Perséfone. El bosque alrededor de nosotros se derritió, sustituido por un prado lleno de flores, pero yo estaba demasiado asustada para investigar.

—¿Ella no quiso decir eso, verdad? —dije mientras Puck soltaba una sarta de maldiciones que nunca pensé que saldrían de su boca.

—Está loca —dijo Ava—. A veces hace a Brittany parecer sana. Nosotros estábamos contentos de librarnos de ella cuando decidió tomar a Adonis y correr.

Puck se cernió sobre Ava y pasó sus manos sobre el punto donde Perséfone había desaparecido.

—No, tú te alegraste de librarte de ella. Rachel prácticamente intentó ahorcarse. Aquí. —Su mano resbaló por la roca y Ava cayó hacia atrás sobre sus talones con un suspiro de alivio.

—Por favor —pedí—. Déjame ir contigo. Me ocultaré mientras ustedes hablan, pero no puedo esperar aquí, sabiendo que cada persona que me importa puede morir allí.

—Y no puedo dejarte atravesar esa pared, sabiendo que nunca saldrás —dijo Puck—. Lo siento. Sé cuánto significa esto para ti, y haremos todo lo que esté a nuestro alcance para dejarlos en libertad. Pero no podemos arriesgar tu vida, no cuando esto significa la de Rachel, también. Por favor no hagas esto más difícil para nosotros de lo que ya es.

Lo miré boquiabierta; como si me hubiera abofeteado en la cara. En primer lugar, había sido mi idea venir. Ellos tres ni siquiera estarían aquí si yo no hubiera insistido en venir. Era yo la que había logrado quitar a Cronos de nuestras espaldas, sin embargo ¿yo era el problema?

—Siento ser tan malditamente problemática —escupí—. Siento no ser lo suficientemente poderosa como para no ser una carga, pero ¿cómo te sentirías si hubieras venido hasta acá para que te dijeran que eras inútil y no podías ayudar?

—Como una mierda —dijo sin pestañear un ojo—. Pero si cambiáramos nuestras posiciones, entendería que esto es lo correcto de hacer, sin importar cuán difícil fuera para mí aceptarlo.

Las lágrimas picaron mis ojos, y parpadeé rápidamente. Esto no era justo. Yo tenía todo el derecho de hacer lo que pudiera para ayudar. No quería morir, pero vivir en un mundo donde el consejo había sido aniquilado y Cronos gobernaba…

—Podemos hacerlo —dijo Ava. Sus ojos estaban rojos—. Puck, Perséfone y yo. Podemos hacerlo mientras no tengamos que preocuparnos por ti, también. Por favor, Quinn. Rachel te ama. Dale algo para volver a casa.

Hasta la última gota de fuerza de voluntad que había tenido se desmoronó, limpié mis mejillas con mis mangas sucias.

—Prométanme que volverán.

Ninguno habló. Puck se inclinó sobre mí y por primera vez en días, no me alejé. Él presionó sus labios en mi mejilla, y no tuvo que decírmelo para saber lo que esto significaba.

Adiós.

Los miré desaparecer en la pared, Ava primero y Puck de segundo para asegurarse de que no los seguía, y una vez que se fueron, me derrumbé en el musgo debajo mí. Un sollozo escapó de mi garganta cuando el peso de la impotencia y la pena me aplastaron, dejándome sin nada.

Perséfone abriría la puerta, y en el momento en que lo hiciera, Cronos los mataría a todos. Y no había nada que yo pudiera hacer para detenerlo.

No sabía cuánto tiempo me senté allí con mi cara enterrada en mis manos, mientras sollozos tras sollozos eran arrancados de mí. Mi pecho dolía y mi cuerpo entero tembló, pero tan desesperadamente como quería seguirlos, no podía. No importa qué sucediera, Brittany todavía ganaría. Me mataría en el instante que entrara por la pared, o Perséfone liberaría a Cronos y luego Brittany me mataría.

Mi pánico lentamente fue sustituido por una necesidad aplastante de ver lo que ocurría. Desesperada, luché por enfocarme y empujar mi mente en la caverna más allá de la grieta, pero todo lo que vi fue la roca negra delante de mí.

Intenté una y otra vez, una y otra vez, hasta que mis sollozos se convirtieron en gruñidos de frustración. Nada cambió. ¿Por qué puedo hacerlo tan fácilmente sin querer, pero cuando la vida de mi familia estaba en juego, no podía ver más que el rostro de Rachel?

—¿Hola?

Salté. Medio esperando que Brittany de algún modo se hubiera colado detrás de mí, me puse de pie, lista para escapar o romper su nariz, lo que fuera más fácil. En cambio, me encontré cara a cara con una pelirroja pecosa agarrando un conejito.

—¿Quién eres tú? —dije y cuando dio un paso hacia mí, retrocedí.

—Ingrid —dijo—. ¿Quién eres tú?

Me forcé a relajarme. El campo tenía que venir de alguien. La mayoría de los otros en el Inframundo nos habían evitado o no nos habían visto en primer lugar y cuando hablamos con ellos, habían sido breves y Ava por lo general lo manejaba. Eso fue en aquel entonces, pero esta vez estaba solo yo.

—Soy Quinn —dije—. Lo siento por importunar. Estoy esperando a…

—A Puck y Ava —dijo sin el menor asomo de sorpresa—. Lo sé. Los vi. Parpadeé.

—¿Cómo sabes sus nombres? —¿Había estado lo suficientemente cerca para escuchar por casualidad? No podía recordar si yo los había utilizado mientras habíamos discutido.

—Porque Rachel me los presentó. —Rascó su conejito entre las orejas y lo colocó abajo con cuidado. Se bajó de un salto para unirse con un grupo de animales que parecían estar esperando que Ingrid regresara a ellos.

—¿Rachel? —Tiré nerviosamente de mis mangas—. ¿Cómo… cómo sabes de Rachel?

—De la misma manera que tú lo haces —dijo alegremente—. ¿Tú eres su esposa, correcto? ¿Quinn? Tú eres de quién Brittany hablaba.

Mi corazón pegó un brinco.

—¿Brittany estaba aquí? ¿Cuándo?

—Hace años. —Ingrid se encogió de hombros—. Entonces ella se marchó y lo dejó a pesar que no debía. Dijo Rachel.

Rachel otra vez. ¿Cuánto podía saber ella de Rachel? ¿Él la había juzgado? Pero esto no explicaba cómo conocía a Brittany o qué hacía aquí.

Excepto…

Mis ojos se ensancharon.

—¿Eres una de las chicas que Brittany mató, no es así?

Sonrió, que era exactamente la respuesta que yo no había esperado.

—¿Has escuchado hablar de mí? Esto es asombroso. Eres como mi ídolo, sabes. Brittany había matado a once muchachas antes de que yo llegara a Edén, pero el Inframundo era tan vasto que nunca pensé que iría hacia una de ellas.

—¿Yo… soy yo? —tartamudeé—. ¿Por qué?

Me dio una mirada que aclaró lo que debería haber sabido.

—Porque tú ganaste y la castigaste por lo que me hizo. A nosotras, quiero decir. — Suspiró—. ¿Es terrible, verdad? Que se saliera con la suya tantas veces. Me la pasé siempre pensando que era una estúpida por caer en su trampa.

—No fuiste estúpida —dije—. Tú solo… ella es una diosa. Sonrió.

—Tú también lo eres ahora. Cuéntame todo sobre ello. ¿Cómo es eso? ¿Qué puedes hacer? ¿Puedes caminar por el agua? ¿Puedes volar? Siempre quise volar, sabes. ¿Sería increíble, verdad? Y vivir para siempre… quiero decir, el Inframundo es agradable y todo, pero esto no es la superficie.

¿Que importaba si yo era inmortal cuando un Titán quería matarme?

—Hasta ahora ser una diosa ha sido cualquier cosa menos increíble.

—¿Qué quieres decir? —dijo. Vacilé, pero Ingrid estaba muerta de todos modos, y no era como si pudiera marcharse. Además, probablemente había oído la caída de rocas, también. Por lo que sabía, el Inframundo entero lo había hecho. Ella merecía una explicación.

Así que le conté. La mantuve corto y retuve algunos detalles, pero cuando había terminado, toda la sangre se había drenado de su rostro, y sacó otro conejo para acariciarlo en busca de comodidad.

—¿Ellos se fueron allá y te dejaron aquí? —dijo, y asentí.

—Eso es horrible. Ya podrían estar muertos. Han pasado años.

—Sí —mascullé. No necesitaba el recordatorio.

—Deberías ir de todos modos —dijo, animándome ante la idea—. La venciste una vez, entonces no es como si no pudieras hacerlo otra vez. Si alguien puede, esa eres tú.

Me mordí el labio.

—Ella me mató, también —dije—. La única razón por lo que estoy viva es porque mi madre cambió de lugar conmigo.

—¿Y? —Ingrid dio un paso más cerca de mí, y esta vez no me alejé—. Eso fue cuando eras mortal. No lo eres más. Eres una diosa, también, y ¿qué si no puedes controlar tus visiones? No las necesitarás si vas allí.

—Pero si la dejo matarme, entonces no se sabe que es lo que Rachel hará —dije—. Si Perséfone le dice Brittany cómo liberar a Cronos, entonces ellos necesitaran a Rachel para tener una opción para ganar.

Ingrid suspiró.

—Tú no entiendes, ¿verdad? Eres uno de ellos ahora. ¿Qué si Brittany es más poderosa? Ella no es tan especial, lo sabes, y no puede matarte ahora. Los Dioses no pueden matar a otros dioses.

—Pero los Titanes pueden.

—Dijiste que hiciste un trato con Cronos. Eso me suena como que está menos dispuesto a matarte que los otros. Intentaste ser amable con él y no fuiste una de los que lo encerró.

Dudé. Pero tenía un punto, especialmente si Brittany seguía ordenando alrededor de Cronos. Él no parecía dispuesto a soportarlo por mucho tiempo. Más que nada, quería mandarlos al diablo e ir tras ellos, pero eso no resolvería el problema con Rachel.

—Si algo me pasa a mí…

—No lo hará —dijo firmemente—. Superaste a la Reina de los Dioses y ahora eres Reina del Inframundo.

—No lo soy. —Fruncí el ceño a una inofensiva flor—. Cronos interrumpió la ceremonia.

—¿Y? Sigues siendo la reina. No necesitas que una estúpida ceremonia lo demuestre.

Mientras miraba las flores a mis pies, me di cuenta que eran las mismas que Rachel había enviado. Esto era de donde las había conseguido, realmente había sido ella después de todo. Quería que viniera aquí. Quería mi ayuda.

—No puedo arriesgarme así —dije, aunque mi resolución estaba desvaneciéndose—. No puedo arriesgar la vida de Rachel.

Ingrid me dio una mirada de exasperación.

—Escucha lo que está pasando. Ha pasado un tiempo. Puck y Ava no han regresado aún, y quizás mientras estaban intentando colarse alrededor de Brittany, es probable que hayan sido capturados también. Y si no regresan ¿qué vas a hacer? ¿Esperar que Brittany lance sus huesos a través de la grieta para saber qué pasó? ¿O vas a ser reina y pelearás por tu reino? No era mi reino sin embargo. Era de Rachel.

—Yo ni siquiera merezco estar aquí. —Casi lloré—. Rachel debería haberme dejado morir. No merezco ser una diosa o su esposa o su reina o nada de eso. Nunca lo he hecho. Sólo estoy aquí porque era lo último que quedaba.

Ingrid inclinó la cabeza como un cachorro confundido.

—Por supuesto que mereces estar aquí. Rachel no es estúpida. Nunca confiaría su reino completo a alguien que pensara que no podría manejarlo.

No si la otra opción era perderlo completamente, pero no me atrevería a decirlo en voz alta. Dejó salir un bufido de frustración y saltó alrededor de mí, como si me estuviera midiendo.

—¿No lo entiendes? Fuiste elegida porque eres especial. Así era yo. —Apartó su cabello sobre su hombro—. Si no hubiera sido por Brittany, habría estado en tus zapatos, y ¿sabes qué? Estaría asustada también. Estaría realmente asustada. Ser valiente no significa no tener miedo, sabes. Significa ir de todas formas porque sabes que es lo correcto por hacer.

—No hay nada que pueda hacer —dije miserablemente.

—¿Cómo lo sabrás hasta que lo intentes? —Se detuvo frente a mí y asintió con la cabeza hacia la pared—. Eres la única qué tiene el trato con Cronos, no ellos. Si algo pasara, podrías ser su única esperanza. Ve a ayudarlos. Demuéstrate a ti misma que mereces esto. Muéstrate por qué Rachel cree en ti.

—¿Qué si logro que me maten? —Pateé una pequeña piedra, y se deslizó hasta que chocó contra una pared de roca—. ¿Qué si consigo que los maten a todos?

—¿Qué si eres la razón de que ellos sobrevivan?

Yo podía ver por qué Rachel la había elegido como reina potencial. Era inteligente, el tipo de inteligencia que yo no estaba segura de tener no importa cuántos años viviera, y su optimismo era infeccioso.

Y ¿si tenía razón? ¿Qué si Puck y Ava —y tanto como ella no me gustaba, Perséfone—, estaban en problemas, y me necesitaban? Si caminaba a través de la pared, había una buena oportunidad de que mi vida no estaría en mi control, ¿pero lo había estado alguna vez?

Había estado deslizando sin ninguna expectativa o ambición por tanto tiempo que olvidé lo que era estar a cargo de mi propia vida. Di tanto de mí misma ayudando a mi madre a luchar para mantenerse con vida que me había perdido a mí misma en el proceso. Había hecho lo que ella y Rachel y todo el mundo había dicho desde el principio. Incluso las elecciones que había tomado —como elegir no unirme a Rachel en el Edén cuando me había preguntado—, había terminado en un desastre que me forzó en una dirección y no había querido ir. No importaba, no realmente.

Amaba a Rachel, y el consejo se estaba convirtiendo en la familia que nunca había tenido. Y mientras sobreviviera a la ira de Brittany, la inmortalidad era una ventaja agradable, por lo menos hasta que todos los demás murieran y Rachel y yo fuéramos las únicas que quedáramos. Pero yo trataba de no pensar tan hacia allá.

Sin embargo, había hecho todo lo que tenía que hacer. Porque alguien me había hecho hacerlo o me había manipulado para que lo hiciera. Mi madre había pasado toda mi vida capacitándome para ser el tipo de persona que podía pasar las pruebas del consejo; las dos amigas que había hecho en Edén sólo se habían aprovechado de mí porque necesitaban guiarme hacia Rachel. El consejo había gobernado mi vida entera de una u otra forma. Sus expectativas me hicieron una carga para Rachel. Mi matrimonio fue gracias a ellos. Incluso mi nacimiento había sido su decisión.

Puck tenía razón: nada en mi vida había sido realmente mi elección. Pero esto era todo, y yo iba a hacer lo correcto.

—Está bien —dije—. Iré. Si Brittany me mata, te culparé. Ingrid resplandecía.

—Eso significa que tienes que darme crédito cuando salves sus vidas.

—¿Cómo puedes estar tan condenadamente segura que podré salir de allí cuando ni siquiera me conoces?

Puso el conejito abajo y rápidamente me abrazó. No tuve tiempo de moverme, pero no creo que lo hubiese tenido de todos modos. Sus delgados brazos eran cálidos a mi alrededor, y yo necesitaba un abrazo.

—Rachel cree en ti. Eso es suficiente para mí.

—Gracias —dije con torpeza—. Lo intentaré.

Una vez que me soltó, pasé mi mano sobre la piedra, intentando encontrar la grieta. Al hundir mis dedos en la roca, Ingrid dijo en voz baja:

—¿Quinn?

—¿Sí? —dije, suavemente deslizando mi mano completa dentro. Esto funcionó. Realmente funcionó. Mi corazón latió con fuerza y mis dedos se curvaron alrededor de la fría piedra mientras el prado a mi alrededor empezó a girar. Todo lo que tenía que hacer era recorrerla y luego….

Y luego, no regresaría o no podría, pero al menos no tendría que vivir sabiendo que no lo había intentado.

—¿Podrías venir a verme alguna vez? —dijo—. Cuando no estés ocupada, quiero decir. Brittany era la única compañía que tuve, además de Rachel, y ella no viene muy a menudo, tampoco.

Incluso si ella no hubiera preguntado, habría venido.

—Por supuesto. ¿No tienes familia?

Negó con la cabeza, y por una fracción de segundo arrugó su rostro.

—Rachel era mi familia. La conocí por mucho tiempo antes… —Aclaró su garganta y se enderezó, y esta vez su sonrisa fue forzada—. De todos modos. Ahora tienes que vivir, de lo contrario moriré de aburrimiento aquí abajo, y no quieres eso en tu conciencia, ¿verdad?

Me reí débilmente.

—Gracias por todo. Nos veremos pronto.

Y sin pensarlo un segundo, sin que la voz en el fondo de mi mente tomara la oportunidad de hacerme cambiar de opinión o dijera que Puck y Ava sabían lo que era mejor para mí que lo que hice, caminé a través de la pared, y mi mundo se volvió negro.