Capítulo 13
Aclaraciones: Los personajes de Naruto, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Capítulo 13
Meses después
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— Sakura — Shizune le acarició dulcemente el cabello — Hija, ¿No piensas perdonarlo? — Interrogó entre preocupada y curiosa.
La aludida se incorporó un poco de la cama, con la ayuda de los codos y miró por el rabillo del ojo, hacia la mesita de su habitación, en la cual reposaba un enorme y hermoso arreglo de rosas rojas.
— No — Contestó tajante.
La morena suspiró con cansancio — Tú aún lo amas — Aseguró.
— Él mató a mi padre — Rebatió furiosa y dolida, apretándose con manos temblorosas, el camisón a la altura del pecho y luchando por no dejar escapar sus lágrimas.
— Eso no es así mi vida — Shizune la abrazó intentando menguar su tristeza.
— Por favor — Sollozó — No hablemos más de él, no me hace nada bien — Le dirigió una mirada a su abultado vientre, de ya nueve meses.
— Discúlpame mi niña — Apretó aún más el abrazo y depositó un beso en la cabeza de la menor.
— Auch — Se quejó Sakura, asustando a Shizune.
— ¿Qué sucede? — La separó de su cuerpo, para así poder mirarla a la cara, con la preocupación dibujada en su rostro.
La pelirosa soltó una risita — Tranquila tía, fue sólo una patadita.
La mayor suspiró — Que alivio. Debe ser que ese precioso bebé tiene hambre — Se levantó de la cama y se dirigió hacia la mesita, tomó la bandeja y la colocó frente a su sobrina — Provecho — Le sonrió.
Sakura correspondió a su sonrisa y asintió con la cabeza.
Sasuke sintió como una delicada mano se posaba sobre su hombro y sus fosas nasales eran invadidas por un dulce aroma a flores — ¿Estás listo? — Preguntó su acompañante.
Se giró lentamente, para encontrarse con la sonrisa de Ayami, que pretendía ser tranquilizante, pero se notaba nerviosa y hasta algo forzada. Tomó la blanca mano de la joven entre las suyas y asintió decidido — Lo estoy — Aseguró con firmeza — Deja de preocuparte — Le reprochó.
— Yo no.. — Pero fue silenciada por los labios de Sasuke que cubrieron los suyos, en un corto beso. Al separarse estaba completamente sonrojada. Aunque hacía un mes que se había convertido en la esposa de Sasuke y que compartían el lecho desde entonces, ella aún no lograba evitar sentir un enorme nerviosismo ante su cercanía — De..de acuerdo — Logró articular con algo de dificultad.
Sasuke acarició una de las mejillas con el pulgar derecho, sintiendo la tersura de su piel y lo caliente de su hermoso rostro producto del vacilante encuentro de sus miradas. Sonrió para sus adentros, Ayami seguía siendo tan inocente, que no pudo evitar recordar cuando conoció a Sakura. Sin embargo paró en seco sus pensamientos. Había amado a la pelirosa, sí y mucho. En su momento creyó que no podría olvidarla, sin embargo la hermosa castaña frente a él, había logrado colarse en su corazón y cautivarlo por completo. Eso no significaba que la Haruno ya no le importara, ella siempre ocuparía un lugar importante en su vida y aunque le costara demasiado aceptarlo, se sentía aliviado de que se encontrara al lado de Itachi. Tensó la mandíbula ante el recuerdo de su hermano mayor. Luego de varios meses de lo ocurrido, volvería a verlo y no sólo eso, se tendrían que enfrentar nuevamente, aunque esta vez fuese por un motivo algo más banal ante sus ojos.
— El carruaje aguarda — Les anunció Sora, desde la entrada de la sala.
Sasuke sólo atinó a asentir, algo muy típico en él y a lo que ambas mujeres ya estaban acostumbradas. Tomó a Ayami por el brazo entrelazándolo con el suyo y se dirigió hacia la entrada de la mansión, con una sola cosa en mente, exigirle a Itachi Uchiha lo que le correspondía por derecho.
Temari aguardaba en la sala, sentada en un cómodo sillón, a que Sakura y Shizune hicieran acto de presencia, pues como ya era su costumbre, todos los domingos iban a misa. Unos pasos en su dirección alertaron a la rubia, que se puso de pie inmediatamente.
— ¿Vas a salir? — Le preguntó a su marido quien caminaba de forma apresurada hacia la puerta principal.
Sai se detuvo, pero no la miró, continuó en su labor de colocarse los guantes negros de cuero — Es algo obvio — Espetó, ahora levantando la oscura mirada y fulminando con esta a su mujer.
— Yo… — Vaciló un momento, no sabía si por el miedo que la mirada del moreno le producía o por la honda pena que le causaba el saberse rechazada por el hombre a quien amaba — Solo quería saber a dónde ibas — Concluyó en casi un murmullo.
Sai bufó — No tengo porqué darte explicaciones — Se acomodó el abrigo y tomó el pomo de la puerta, dispuesto a marcharse.
— ¿Tanto me odias? — Inquirió la joven, dolida y a punto de que las lágrimas se escaparan de sus ojos.
— No tienes idea de cuanto — La encaró molesto — Por tu culpa estoy obligado a vivir con una mujer horrenda, a quien desprecio — Escupió con veneno.
La rubia ahogó un hipido, sabía del desprecio que su marido sentía por ella, pero escucharlo de su propia voz, era mil veces más doloroso — Pues yo no soy la única culpable — Rebatió entre sollozos, que sólo irritaron más al Haruno — Tú y Kiba me engañaron, se burlaron de mí haciéndome creer que te interesaba — Posó una manos sobre su pecho, que ahora subía y bajaba de prisa.
— Y no sabes cuanto me arrepiento de eso. Nunca debí dejarme convencer por ese idiota — Frunció el ceño.
— Debería odiarte — Musitó, sintiéndose ya sin fuerzas para continuar discutiendo.
— Pues hazlo — Respondió con simpleza, así el sentimiento sería mutuo — Abrió por fin la puerta y la azotó con fuerza al cerrarla tras de sí.
Al verse a solas, Temari le dio rienda suelta a su llanto, la actitud de Sai se le hacía tan cruel e injusta. Había sido él quien la engañó, quien se burló de sus sentimientos sólo para apoderarse de su fortuna, quien arregló un falso matrimonio con la ayuda de Kiba Yamanaka y aún así se atrevía a decirle que la odiaba, a tratarla como la culpable de su desgracia, sólo porque Gaara los obligó a casarse y a que ella viviera en la mansión Haruno, porque no le permitía gastar ni un sólo centavo de su fortuna, teniendo como consecuencia que Sai tuviese que comenzar a trabajar para mantenerla.
— ¿Qué haces allí parada como una estatua? — La voz de Mebuki la sobresaltó, provocándole un pequeño respingo.
Se limpió rápidamente las lágrimas, antes de girar en dirección a la mayor — Estaba esperando a Sakura y a la señorita Shizune.
La dama, pensaba agregar algo más, pero unos golpes en la puerta desviaron su atención de la joven — ¿Qué esperas?, abre — Ordenó fastidiada. Temari obedeció en silencio, como una pequeña niña a la que acaban de regañar por alguna travesura.
— Buenas tardes, ¿En qué puedo ayudarle? — Preguntó con amabilidad a un joven mensajero, que sostenía una gran caja entre sus manos.
— Buenas tardes, ¿Se encuentra la señora Sakura Uchiha?
— Yo soy su madre — Intervino Mabuki, haciendo a un lado a Temari — ¿Para qué requieres su presencia? — Miró al joven y a la caja que portaba con mucha curiosidad.
— Es que el señor Itachi Uchiha le envía esto — Señaló el objeto con la mirada.
— Pasa y déjala en la sala — Hizo un movimiento con la mano, indicándole el lugar mencionado.
— Permiso señoras — El joven acató la orden y se marchó, no sin antes hacerles una pequeña reverencia a ambas.
— Y ¿Esa caja? — Preguntó Shizune sorprendida.
— La envió Itachi — Respondió con simpleza la mayor.
— Devuelvela — Gruñó Sakura, entrando a la estancia y ganándose la atención de las tres mujeres.
— No es para ti querida — Rebatió su madre — Son cosas para el bebé — Le mostró una camisita azul, una de las tantas prendas que contenía la caja.
— Ni mi hijo, ni yo queremos nada de ese señor — Siseó.
— Puede que no las quieras, pero si las necesitas — Pronunció con mofa — Recuerda que estamos en la inmunda miseria y que de no ser por ese señor, cómo llamas a tu marido, estaríamos durmiendo en la calle, ya que esta casa aún le pertenece. — Sakura apretó los puños frustrada, sabía que su madre tenía razón, pero odiaba aceptarlo.
— Ya deja de hacerte a la digna, porque con eso no comerás, ni tu hijo tampoco — Aseguró, pasando por su lado y entregándole la pequeña camisa.
— Tranquila mi niña — Shizune la envolvió en un reconfortante abrazo — No le hagas caso a tu madre, ya sabes como es.
— Disculpen que me meta, pero creo que lo mejor es que vuelvas con el señor Uchiha, tu bebé merece criarse al lado de su padre — Señaló Temari con cierto pesar en su voz. Apreciaba a Sakura y no deseaba seguir viéndola sufrir.
— Creo que tienes razón — Ambas mujeres la miraron sorprendidas — Pero en este momento no deseo pensar en eso, mejor démonos prisa o llegaremos tarde —Se dirigió a la puerta, seguida por Shizune y Temari.
— Ino, Ino — La voz molesta de su marido y dos golpes en la puerta de la habitación de la joven la hicieron sobresaltarse.
Se levantó apresurada de la cama y giró el pomo intentando disimular su miedo — ¿Qué sucede Shikaku? — Forzó a sus labios a dibujar una pequeña sonrisa.
El severo hombre la contempló desde toda su altura y frunció aún más el ceño — ¿Por qué tardaste tanto en abrirme? — Inquirió destilando ira en su voz.
— Disculpame, es que me quedé dormida — Se hizo a un lado para que su marido pasara al interior.
El Nara chistó — A eso es a lo único a lo que te dedicas, eres una inútil. Ni siquiera has sido capaz de darme un hijo — La fulminó con la mirada.
— Lo siento — Sus ojos se llenaron de lágrimas — No es mi culpa — Agachó la cabeza derrotada.
— ¿Estás insinuando que yo soy el culpable? — Vociferó, tomando a la joven por el cabello y levantando su cabeza de un tirón.
Ino profirió un alarido de dolor y colocó sus pequeñas manos sobre las de Shikaku, intentando zafarse de su férreo agarre — No, claro que no — Se excusó entre sollozos — No es culpa de nadie. Sueltamente por favor, me estás lastimando — Suplicó
Shikaku la lanzó a la cama, provocando que la rubia se volviera a quejar, por la brusquedad del movimiento y lo mirara llena de terror.
— Luego continuaremos con esta discusión. Ahora arréglate y baja, hoy llega mi hijo Shikamaru y quiero que lo conozcas .
Ino sólo pudo asentir nerviosa, antes de que su marido abandonara la habitación. Se abrazó a sí misma y comenzó a llorar en silencio, odiaba a Shikaku, era una bestia que la golpeaba cada vez que se enojaba. Se levantó con cuidado una de las mangas de su vestido y contempló con tristeza, el enorme moretón que tenía en el brazo. Se maldijo a sí misma por haber sido tan ingenua al principio, por creer que su marido la cuidaría tan bien como su padre, sin sospechar que tras esa cara de hombre respetable, se escondía un despreciable monstruo. Lloró con más fuerza, sabiéndose atrapada en esa enorme jaula de oro, que era su casa, en donde su soñado príncipe azul se había convertido en su verdugo.
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En media hora bajó arreglada y fingiendo una sonrisa, como hacía todos los días. Algunos sirvientes que se enteraban del maltrato del que era víctima, la miraban con lástima disimulada. Muchos hubiesen querido hacer algo para ayudar a la dulce joven, pero dada la posición social y política de su señor, no se animaban por temor a las represalias.
— Buenas tardes — Saludó con amabilidad ensayada, al hombre que se encontraba de espaldas, mirando por uno de los ventanales que daba al enorme jardín.
Shikamaru se giró para mirarla y quedó petrificado, ante la hermosa mujer que tenía frente a sí. Conocía muchos países y en todos ellos tuvo la dicha de admirar la belleza femenina, pero la dama que contemplaba, parecía sacada de un cuento de princesas.
Ino tuvo una reacción similar, y aunque intentó disimularlo, el enorme sonrojo que pintó sus mejillas la delataba. El caballero frente a ella, se le antojó muy guapo, demasiado para su salud mental.
— Buenas tardes hermosa dama — Correspondió al saludo, saliendo de su aturdimiento momentáneo. Tomó una de las manos de la Yamanaka y depositó en ella un suave beso, que le erizó la piel y aumentó su sonrojo.
Ino tragó con dificultad, las piernas le temblaban y creía que sufriría un infarto. Sólo rogaba que el tiempo se detuviera y así poder quedarse un rato más cerca del joven, pero una vez más sus deseos no fueron escuchados.
— Ya veo que conociste a mi hijo — Los interrumpió Shikakau, rompiendo la magia del momento. El menor se enderezó y sonrió a su padre, quien se acercó a Ino y la tomó por la cintura, apegándola a su cuerpo, provocando un asco infinito en la rubia.
— Así es padre, aunque aún no me he presentado apropiadamente. Soy Shikamaru Nara, un placer — Le hizo una pequeña reverencia.
— Mucho gusto joven Nara, soy Ino Yamanaka — Imitó su gesto.
— Mi esposa — Agregó el mayor, para molestia de ambos jóvenes.
— Recuerdo que me lo mencionaste — Respondió Shikamaru, aparentando desinterés.
Su padre frunció el ceño —Veo que no has cambiado en nada, sigues tan despreocupado como siempre — Gruñó.
— Y tú tan amargado — Pasó junto a su padre y rió — Vamos a cenar, muero de hambre.
Ino tuvo que aguantar las enormes ganas de reír, ese joven no sólo era guapo, sino también muy divertido.
— General Yamato — Uno de los soldados irrumpió agitado en la oficina del militar, ganándose una mirada asesina.
— Soldado Baki, ¿Cómo se atreve a entrar en mi oficina, sin antes llamar a la puerta? — Vociferó, poniéndose de pie y estampando las manos sobre el escritorio.
— Mil disculpas mi general — Mantenía un semblante serio, pero intentaba controlar el pequeño temblor de su cuerpo, temía que Yamato lo mandará a fusilar por su osadía — Lo que sucede, es que me acaban de informar que el ex general Sarutobi viene hacia acá y a solicitado hablar con usted y…
— No veo cual es el problema — Le interrumpió más enojado que al principio
— Es que… el problema — Pronunció con dificultad — Es la persona que acompaña al ex general — Yamato lo miró interesado, pero aún sin abandonar su gesto de molestia — Sasuke Senju — Concluyó al fin.
El mayor palideció al instante — ¿Sasuke Senju? — ¿Qué tenía que hacer el aprovechado de Senju allí? Y peor aún, en compañía de alguien tan importante como Sarutobi.
— ¿Qué..les digo mi general? — Apremió Baki, sintiéndose más nervioso a cada minuto que transcurría.
El aludido se masajeó la sien y volvió a tomar asiento, dejando escapar un largo suspiro de cansancio — Hazlos pasar — Ordenó, intentando aparentar seriedad.
Baki asintió y salió presuroso a cumplir el mandato de su superior. Un par de minutos después Hiruzen y Sasuke ya se encontraban frente a Yamato.
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Sasuke y Hiruzen, regresaron a la casa que recientemente habían adquirido en la ciudad. Sora los esperaba impaciente en la terraza.
— ¿Cómo les fue? — Los interrogó, apenas estuvieron a unos pasos de distancia.
— Bastante bien, ahora Sasuke es coronel. Mañana mismo volverá al ejército — Respondió su hermano con una sonrisa divertida — Tenías que ver la cara de frustración que puso Yamato — Rió.
La dama desvió su atención del mayor, para posarla en el moreno, quien parecía ausente — ¿Estás bien? — Lo miró preocupada, logrando que Hiruzen detuviera su risa y la imitara.
— Lo estoy — Aseguró con seriedad, aunque los presentes no le creyeron en lo absoluto — ¿Dónde está Ayami? — Intentó desviar el tema de conversación.
— Se encuentra en la habitación, tal parece que el viaje la fatigó bastante — Respondió Sora, sin borrar su gesto de preocupación.
— Iré a verla, permiso — Se inclinó levemente y se marchó, sin esperar a que sus acompañantes objetaran algo.
— ¿Qué le sucede? — Cuestionó Sora a Hiruzen, frunciendo el ceño.
— Yamato, nos contó detalladamente el porqué relevó a Sasuke de su cargo, tal parece que no le cayó muy bien el comprobar que fueron los Haruno, quienes pidieron alejarlo de la jovencita.
— El general Kizashi, ¿También estaba involucrado? — Preguntó con pesar.
— No, sólo su esposa e hijo — Tomó a su hermana por los hombros y la miró con una expresión de dulzura — Sólo dale tiempo, el pobre muchacho ha sufrido demasiado, siendo tan joven.
Sora asintió — Es por eso que me preocupo por él, ha demostrado ser un buen hombre. Aunque no ama a Ayami, se ha dedicado estos meses a cuidarla y hacerla feliz. Eso es muy noble de su parte — Sonrió con tristeza.
— ¿Crees que no la ama? — Cuestionó, muy interesado en la respuesta de su hermana.
Ella dudó unos segundos — No lo sé, bueno creo que no. En mi opinión, aún sigue enamorado de la esposa de su hermano — Concluyó con un pequeño fruncimiento de labios — Sólo está con Ayami por cariño y en el fondo lástima — Desvió la mirada.
Sarutobi le besó la frente — Nuestra sobrina es una niña maravillosa, capaz de hacer florecer en el mismo desierto — Sonrió — Estoy seguro de que Sasuke se está enamorando de ella.
— ¿En verdad lo crees? — Lo miró esperanzada y él asintió — Eso sería maravilloso, mi niña se motivaría por ir a Francia y que así traten su enfermedad — Rió entusiasmada — Gracias hermano, no sabes lo feliz que me hacen tus palabras — Lo abrazó.
Orochimaru bajó de su caballo y se acercó a un pequeño arroyo, en donde lo puso a beber. Un par de minutos después, escuchó unas pisadas en su dirección. Miró por encima del hombro y esbozó una sonrisa socarrona — Llegas tarde — Volvió a fijar su mirada en el animal junto a él, que continuaba bebiendo agua.
El aludido se bajó del caballo y acortó la distancia que lo separaba de Orochimaru — El jefe te envía nuevas instrucciones — Respondió con seriedad, ignorando la queja emitida por el otro — Organiza a los hombres que tienes bajo tu mando y ordénales que ataquen la hacienda. Debes hacerle entender a Itachi Uchiha, que no se le puede negar la ayuda al ejército y mucho menos al alcalde Nara.
Orochimaru amplió sus sonrisa — Me ha quedado claro Danzou. Dile al jefe que me encargaré de todo, en dos días atacaremos Konoha y el Uchiha suplicará por la protección del ejército — Emitió una carcajada espeluznante, pero su acompañante ni se inmutó. El moreno le parecía un sujeto bastante extraño, pero mientras cumpliera con las órdenes de Shikakau y Yamato, a él le daba igual.
Sakura se sentía incómoda, el calor estaba haciendo mella en ella. Por más que se abanicaba, el poco aire que generaba su pequeño abanico de mano, no era suficiente para refrescarla — Iré un momento afuera — Le anunció a Temari y Shizune.
— Yo te acompaño mi niña — La morena se puso de pie y ayudó a su sobrina a incorporarse — No debes andar sola por ahí — Sentenció — Temari, te esperaremos en la plaza.
La pelirosa asintió y salieron con pasos lentos de la abarrotada iglesia. Caminaron en dirección a la plaza en busca de la refrescante sombra de un árbol y tomaron asiento en un banco blanco, que era protegido del sol, por un frondoso árbol de roble.
— ¿Te sientes mejor? — La interrogó la mayor, contemplándola algo preocupada.
— Sí, aquí está mucho más fresco, pero… — El sonido de su estómago, anunciando que tenía hambre, la interrumpió —Tengo hambre — Rió, algo avergonzada.
Shizune sonrió — Ya lo veo, iré a comprarte algo de fruta, el mercado está cerca de aquí. No te vayas a mover de este sitio — Le advirtió.
— De acuerdo tía, no tardes por favor — Se quedó observando el lugar por el cual se había ido Shizune y rápidamente la perdió de visita, entre las demás personas que transitaban la plaza. Acarició su abultado estómago y miró al cielo despejado. No pudo evitar dejar escapar un largo suspiro, pero su paz fue interrumpida al escuchar los gritos cercanos de mujeres y niños. Se sobresaltó al instante e intentó ubicar el lugar de donde provenían. Rápidamente varios soldados comenzaron a correr en su dirección y pasaron frente a ella, dirigiéndose hacia la derecha. Contempló con horror, como una gran cantidad de rebeldes se enfrentaban al ejército y los disparos no se hacían esperar. La gente seguía corriendo y gritando desesperada, convirtiendo el lugar en un verdadero infierno.
Su lado racional le dijo que debía huir de allí rápidamente, que su vida corría un gran peligro. Se levantó lo más rápido que su abultado vientre le permitía y caminó en dirección contraria al enfrentamiento, intentando no tropezar con nadie. Lastimosamente, sintió como en medio del caos, alguien la empujaba y perdía el equilibrio, la caída sería inevitable, sólo atinó a rodearse el vientre con los brazos, aunque sabía que no serviría de nada. Más el golpe no llegó. Sintió como era sostenida por los hombros y un cálido y fuerte pecho le servía de escudo contra el piso. Abrió los ojos lentamente, sintiendo el cuerpo tembloroso por el miedo que aún la recorría por completo. Levantó la mirada para ver a su salvador y grande fue su sorpresa al contemplar aquel rostro.
— Itachi — Musitó sorprendida. Hacían tantos meses desde la última vez que lo había visto, bueno tal vez no tantos, pero a ella le parecían siglos. Se separó lentamente de él y compuso una mueca de molestia.
— Vamos — La apremió él, ese lugar a cada minuto se volvía más peligroso.
— No iré contigo a ningún lado — Respondió mordaz — Además mi tía…. — Miró a todos lados angustiada.
— Sakura, este no es el momento para discutir, corres peligro aquí, ambos — Rectificó refiriéndose al bebé — Tú tía está bien, se encuentra resguardada en una de las tiendas del mercado. Fue ella quien me dijo donde estabas y me pidió que viniera por ti.
La pelirosa se mordió el labio inferior indecisa — De acuerdo — Concedió al fin, dejándose guiar por el Uchiha.
Doblaron en un callejón y ella se detuvo abruptamente.
— ¿Qué sucede? — La cuestionó Itachi, con algo de impaciencia.
— Este no es el camino a mi casa — ¿A dónde me llevas? — Frunció el ceño.
— Vamos a mi casa, queda más cerca de aquí — Respondió comenzando a caminar. Miró por encima del hombro a la joven, que se había quedado clavada en su sitio — Sakura, por favor — Intentó convencerla, pero se calló al instante al ver el semblante pálido de la pelirosa.
— No puede ser — Susurró ella — No ahora — Negó con la cabeza.
— ¿Qué sucede? — La tomó por el mentón para que lo mirara a los ojos — Sakura habla — Exigió endureciendo el tono de voz. La actitud de su mujer lo estaba poniendo nervioso.
— El bebé Itachi, el bebé — Lo tomó por el cuello del abrigo y se aferró con fuerza a él — Cre…cre..o creo que…va a…nacer — Consiguió decir al fin.
Itachi ensanchó los ojos por la sorpresa — ¿Sientes dolor?.
— La fuente se rompió — Miró hacia el suelo y un punzaso en su bajo vientre, la hizo emitir un jadeo ahogado — Comienza a doler — Anunció, apretando el agarre.
El joven la tomó entre sus brazos con cuidado — Debemos llegar rápido a la casa, por fortuna no queda muy lejos — Comenzó a caminar lo más rápido que sus piernas le permitían, mientras la pelirosa seguía aferrándose a su abrigo e intentando no dejar salir los gritos de dolor que luchaban por escapar de su garganta.
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El dolor se volvía cada vez más fuerte, al punto de dificultarle el respirar. Sentía que los huesos de sus caderas eran separados brutalmente. Ya no era capaz de acallar los gritos de dolor y aunque Itachi le pedía que intentara calmarse, que eso sólo la debilitaría más, la pelirosa no podía obedecerlo.
El moreno entró casi corriendo a la mansión y ordenó a dos sirvientas que le llevaran agua hervida y muchas toallas limpias a su habitación. Las mujeres obedecieron al instante, no sin antes dirigirle una mirada curiosa a la esposa de su patrón.
Itachi la acostó con cuidado en la cama y se dispuso a despojarla de su vestido dejándola sólo con el camisón de algodón. Agradecía internamente que no llevara corsé, ni todas las acostumbradas prendas femeninas, debido a su embarazo. Era un profesional y su carácter frío lo ayudaba en ese tipo de situaciones, aunque debía admitir que se sentía algo nervioso. Pocas veces había atendido un parto, pues en esas tierras aún no era muy acostumbrado que un hombre que no fuese el esposo, viera la desnudez de una mujer, aunque se tratara de una situación como esa.
Tomó una gran bocanada de aire y alejó esos pensamientos, ahora sólo debía preocuparse por atender a su mujer y a su hijo, que pronto tendría entre sus brazos. La puerta se abrió y las dos mujeres ingresaron entregándole lo que les había solicitado.
Odiaba que Shisui se hubiese marchado a la hacienda esa mañana, de lo contrario le pediría que fuese en busca de Chiyo, ella si que era una experta en ese tema.
— Itachi — Levantó la cabeza y fijó la mirada en el rostro sonrojado y empapado de sudor que tenía la Haruno — ¿To..todo saldrá…bien? — Se aferró del respaldo de la cama y arqueó la espalda, en un intento desesperado de menguar el dolor.
— Te lo prometo — Se acercó a su rostro, retiró un par de mechones que se le pegaban a la frente y depositó un pequeño beso en los labios entreabiertos de la joven — Necesito que seas fuerte, todo saldrá bien, pero tendrás que ayudarme, ¿De acuerdo? — Le habló con voz dulce, intentando tranquilizarla.
Sakura asintió frenéticamente, volviéndose a sujetar del respaldo.
El Uchiha se colocó en medio de sus piernas, aún no había dilatado por completo, pero le faltaba poco — Sakura, cuando te indique empujarás con todas tus fuerzas — Indicó.
Una de las sirvientas se hizo al lado de la pelirosa y ocasionalmente le secaba el sudor. Sakura mantenía su férreo agarre en la cama y se impulsaba con este, cuando las contracciones la atacaban.
Dos agonizantes horas después, el llanto de un bebé inundó toda la habitación. Itachi se permitió esbozar una pequeña sonrisa, al contemplar al pequeño entre sus brazos.
Lo limpió con una de las toallas y lo envolvió con otra. Se acercó a Sakura y con sumo cuidado lo depositó en sus brazos. La joven no pudo evitar dejar escapar un par de lágrimas, se sentía tan cansada y todo el cuerpo le dolía, pero había valido la pena el sufrimiento, sólo por poder vivir ese hermoso momento.
— Es precioso — Susurró, corriendo un poco la toalla dejando al descubierto el mechón de cabello negro, que coronaba la pequeña cabeza. El bebé mantenía sus ojos fuertemente cerrados, pero cuando su madre depositó un beso en la blanca y tersa mejilla, los abrió lentamente, maravillando a sus progenitores. Dos hermosas joyas verdes los miraban con curiosidad.
Sakura sonrió enternecida e Itachi imitó su gesto. El bebé era tan parecido a él, con la única diferencia que había heredado los ojos de su madre, los que su padre tanto amaba.
Se sintió un bastardo por haber duda de ella y por renegar de su hijo, presa de los celos y el odio que le causaron lo sucedido con su hermano menor, pero todo aquello ya era parte del pasado, tal parecía que ahora Dios le daba una nueva oportunidad para rectificar sus errores y ser feliz con la mujer que amaba y el fruto de ese amor.
— ¿Has pensado en un nombre? — Le preguntó a la pelirosa, que aún miraba embobada a su retoño.
— Hiroshi — Delineó el contorno de la pequeña cara con el pulgar — Así se llamaba mi abuelo paterno, mi padre siempre quiso que uno de sus hijos llevara ese nombre, pero — Un nudo se le formó en la garganta al recordar a Kizashi. Le hubiese gustado tanto que su padre estuviese allí y compartir ese momento con él.
— Lo siento — Expresó sinceramente el moreno — Sé que no remediará lo sucedido, pero no deseaba que le ocurriera nada, me dejé cegar por los celos. Fui realmente un estúpido — Confesó contrariado.
Ella lo miró sorprendida, era tan extraño verlo abandonar su semblante estoico y sincerarse de aquella manera — Lo sé, todo este tiempo le he sabido, es sólo que soy tan necia. También lo siento — Le sonrió.
Itachi se sintió aliviado, en verdad ahora tenía la oportunidad de recuperar a su familia y de ser feliz — Besó la frente de su esposa y esbozó una amplia sonrisa que ella no llegó a ver.
Itachi salió de su casa, debía ir a la mansión Haruno por Chiyo y algunas cosas para Hiroshi. Él hubiese preferido enviar a uno de los sirvientes, pero Sakura insistió en que fuera personalmente, pues su nana estaba molesta con él y no iría si él no se disculpaba primero, aunque eso significara conocer a Hiroshi cuando cumpliera 10 años. El moreno le dio la razón, sabía de sobra lo obstinada que Chiyo podía llegar a ser.
Prefirió ir a pie, en el carruaje le tomaría menos tiempo, pero seguramente las calles eran una locura, luego de lo ocurrido ese día. Iba tan sumido en sus pensamientos que no advirtió de la persona que lo observaba, recostada en uno de los árboles cercanos, sólo pudo sentir un fuerte golpe en su mejilla derecha y como su cuerpo era lanzado al suelo producto del impacto. Se incorporó levemente apoyándose en sus codos y quedó en shock al contemplar a su atacante.
— Eres un maldito, Itachi Uchiha, ¿Cómo fuiste capaz de hacerle eso a Sakura? — Vociferó el otro joven, quien lo contemplaba enfurecido.
— Sasuke — Musitó, aún sin podérselo creer.
Agradecimientos especiales a: Serenity usagi , Jeamie Soraya , Yukipab .
Hola a todas mis queridas lectoras, sé que no tengo justificación para mi enorme tardanza, pero me han sucedido tantas cosas malas en estos 2 meses. Les resumiré que mi pc se dañó y una tía muy querida murió. Espero que con eso se hagan una idea de lo que he pasado.
Estoy feliz, pues hoy cumplo un año como escritora en esta página y quise celebrarlo actualizando.
Deseo que les guste este capi con varias subidas y bajadas de emociones jeje.
También quiero agradecer a mi querido amigo Favio Sierra, quien ha sido mi beta en este capítulo.
Como siempre pido que me hagan saber su opinión a través de un comentario.
FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO. aunque sea un poco tarde.
Prometo no tardarme tanto para volver a actualizar.
Hasta la próxima.
Besitos.
